Integridad y Sabiduria
Sermones

La inmoralidad sexual

Héctor Salcedo 21 mayo, 2008

La inmoralidad sexual es el pecado que ha esclavizado a la iglesia de hoy con una crueldad devastadora. Pero combatir este pecado no significa oponerse al placer, sino defenderlo: Dios creó la sexualidad y la llamó buena; sus mandatos no buscan restringirla, sino proteger el disfrute pleno que diseñó para el matrimonio. Cuando la lujuria y la pornografía invaden el corazón, no solo roban la satisfacción sexual genuina entre esposos, sino que ciegan la mente y distancian del gozo en Dios mismo. Renunciar a la inmoralidad no es perder algo, sino abrir la puerta al verdadero placer.

El problema tiene dimensiones epidémicas. La pornografía genera más ingresos que todas las ligas deportivas profesionales de Estados Unidos combinadas. Entre cristianos, casi la mitad reconoce que es un problema significativo en sus hogares. Y el pecado sexual tiene características adictivas: comienza con curiosidad, escala hacia contenidos cada vez más explícitos, desensibiliza la conciencia y termina en frustración vacía. Por eso la Escritura ordena abstención total: que ni siquiera se mencione entre los santos.

La historia de Reinaldo el Gordo ilustra esta esclavitud: encarcelado en una habitación sin cerrojos, no podía salir porque su apetito lo mantenía prisionero. La solución exige radicalidad: hacer pacto con los ojos, establecer límites estrictos en relaciones y medios de comunicación, rendir cuentas a otros. Cristo dijo que si el ojo es ocasión de pecar, hay que arrancarlo. El fuego de la lujuria solo se apaga con el fuego mayor del placer en Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Voy a hablar hoy de una manera muy directa, que para algunos quizás le puede parecer dura, pero eso no tiene que ver con ustedes en un sentido. Tiene que ver con la dureza de este pecado, con la crueldad con la que este pecado ha arremetido a la iglesia de hoy y tiene muchos de sus miembros esclavos de la impureza, inmoralidad y falta de santidad en sus vidas. Y de ahí mi dureza. Estoy siendo cruel con el pecado, estoy duro con el pecado, porque el pecado ha sido cruel con nosotros.

Lo tercero es que en una ocasión a Jonathan Edwards, que es un gran predicador y teólogo del siglo XVIII, quizás uno de los más grandes teólogos que ha dado Estados Unidos, él predicó un sermón muy famoso que se tituló "Pecadores en manos de un Dios airado". Y se cuenta que él lo predicó con tal grado de reverencia y temor, porque era un sermón muy duro, que sus notas... él llevó el sermón íntegramente, no improvisó absolutamente nada, lo había plasmado palabra por palabra. Subió todas las hojas, se las puso en frente de la cara, no vio a la gente en todo el sermón, las hojas temblaban durante todo el sermón. Y cuando las bajó, gran parte de la congregación estaba de rodillas orando por lo que había predicado. Lo predicó con temor. Y así vengo yo delante de ustedes hoy. Es con temor que predico. Es un sermón, digamos, una enseñanza que hago con temor, porque entiendo que Dios está intensamente airado con actitudes y prácticas de nuestras vidas, y cómo hemos permitido que esas actitudes y prácticas entren a nuestras iglesias, a nuestros hogares y a nuestros corazones.

Entonces, con esas aclaraciones, yo quisiera empezar con un par de notas de reflexión. La primera, Malcolm Muggeridge, un individuo, un pensador inglés muy, muy profundo, decía que el sexo es la religión sucedánea o sustituta del siglo XX. Y cuando él dice eso, él se refiere a que la gente adora literalmente al dios del placer sexual. Lo vemos en la televisión, en los medios de comunicación, cómo de lo único que se habla, de lo que más se habla y de lo que más la gente quiere hablar, es de las relaciones sexuales, de la intimidad física entre un hombre y una mujer, o entre hombres y hombres, o entre mujeres y mujeres. La gente es de eso que habla, es de eso que vive, es de eso que se nutre gran parte de lo que consume a través de los medios. Y él hablaba de esa manera.

Joshua Harris, por otro lado, decía que la lujuria es la lucha que define a esta generación. La generación que nos ha tocado vivir, es la lucha principal, más significativa, que está enfrentando hoy en día. Y eso entiendo que es una realidad.

Yo quisiera abordar esto de la manera correcta. Y lo primero que voy a decir es que Dios no está en contra de la sexualidad, sino que Dios está a favor de la sexualidad. Dios nos creó siendo seres sexuales, siendo seres que tienen estímulos y responden a estímulos sexuales. Y cuando Dios nos creó de esa manera, él dijo que era bueno todo lo que él había creado. Por lo tanto, las funciones sexuales no pueden ser pecaminosas en sí mismas. Pero lamentablemente, así como muchas otras cosas en nuestra vida, no todo lo que es natural es bien manejado por el ser humano, y el sexo es una de esas áreas. El sexo es algo natural y creado por Dios, pero si lo ejercemos fuera de los límites que Dios ha definido para eso, estamos pecando.

Entonces, Dios no está en contra de la sexualidad, sino a favor. Él la creó. De hecho, las reglas de Dios con respecto a la sexualidad no son para impedirla, sino para protegerla. A veces creemos que Dios lo que quiere es que nosotros nos abstengamos del placer sexual, y Dios lo que quiere es que lo disfrutemos verdaderamente como él lo diseñó, como él lo estipuló y como él lo pensó. Y lamentablemente, la relación sexual hoy en día se ha degradado a tal punto que las parejas no sienten satisfacción, no sienten plenitud en sus relaciones íntimas como esposos. ¿Por qué? Porque ha habido toda una serie de inmoralidad en sus vidas, tanto en los hombres como en las mujeres, que han impedido que disfrutemos de este regalo que Dios le ha dado a las parejas casadas. Ha impedido disfrutar de ese regalo, lamentablemente. Dios lo que quiere es proteger el placer, no oponerse al placer.

Cuando combatimos la lujuria y la inmoralidad, no luchamos contra el placer, sino que luchamos por el placer. Yo vengo aquí hoy a defender el placer según Dios, a defender el concepto que Dios tiene de nuestra sexualidad y la forma como Dios la ha diseñado, y que la podamos vivir de esa manera, de tal manera que podamos disfrutar lo que Dios ha creado. Por tanto, ya eso lo mencioné: yo no vengo a hablar en contra del placer, sino a su favor.

La lujuria y la inmoralidad nos roban la posibilidad de recibir el placer máximo pensado por Dios para la relación sexual. Aparte de eso, la lujuria e inmoralidad no solamente nos roban el placer sexual, nos roban el placer en Dios, o sea, el placer de nuestra vida espiritual. Porque la inmoralidad y la lujuria, cuando ocupan el corazón, ciegan la mente, el pecado se hace presente, y obviamente la distancia que existe ahora entre yo y Dios es mucho mayor, fruto de la inmoralidad y la lujuria. Entonces no solamente está haciendo un daño contra el disfrute de las parejas mismas, es un daño contra mi relación directa con Dios lo que estoy permitiendo que eso provoque.

La renuncia a la inmoralidad no la podemos ver como la pérdida de algo, sino la puerta de entrada para el verdadero placer que Dios diseñó para nosotros. Y cuando me refiero al verdadero placer, no me refiero solamente al placer sexual, me refiero al gozo integral de la vida, a la plenitud de vida. Cuando yo renuncio a la inmoralidad, estoy contribuyendo a la plenitud de vida que Dios diseñó para nosotros, incluyendo el genuino, sano y santo placer sexual, efectuado dentro de los parámetros que Dios ha determinado.

Eso es importantísimo que nosotros lo sepamos, porque cuando el joven o la joven, o el hombre o la mujer, ven que los mandatos de Dios en el área de la pureza, en el área de la sexualidad, le impiden obtener un placer, uno ve el mandato como restrictivo. Pero cuando yo veo el mandato como protectivo de un placer mayor que Dios quiere que yo disfrute, entonces yo digo: "No, es mejor aguantarme, porque así disfruto un disfrute mayor, un placer mayor, no solamente en mi relación sexual, sino en mi relación con Dios".

Conceptos claves. Yo quería... Esto es sumamente importante, porque las palabras que aparecen en la Biblia es importante que las sepamos, y esto nos va a dar una idea a nosotros para saber definir a qué es que nosotros estamos expuestos. La palabra "porné", que es la palabra más usada en el griego para inmoralidad, o "porneia", significa en el lenguaje original "prostituta". "Grafó" significa "escritos". Por lo tanto, pornografía: escritos de prostitutas. Eso es lo que literalmente significa la palabra pornografía. El objetivo de la pornografía en tiempos antiguos era incitar a una persona sexualmente, sea cual sea, sea hombre o sea mujer. Ese es el objetivo.

Si pensamos de esa manera, eso significa que pornografía no es la revista Playboy, no es la revista Penthouse, no es la revista Maxim, no son las revistas que son directamente pornográficas, sino otras revistas e imágenes y series y películas que, aunque no presentan relaciones sexuales explícitas, también incitan a la sensualidad. ¿Por qué? Porque el objetivo original de la pornografía cuando fue creada era incitar sexualmente. Por lo tanto, todo aquello que me incite sexualmente es pornográfico.

Una revista de modas es pornográfica. Un inserto del supermercado Jumbo de ropa interior en el periódico es pornográfico. Una serie en la televisión donde yo vea relaciones no matrimoniales teniendo sexo, teniendo relaciones íntimas, o insinuando relaciones íntimas, y eso de alguna manera me produce cierta incitación sexual, por definición es pornográfico, porque está produciendo lo que la pornografía está llamada a producir: incitación sexual. Todo lo que produce incitación sexual, una serie donde salen mujeres en traje de baño y me incita sensualmente, es pornografía. ¿Por qué? Porque es la definición de pornografía: incitación sexual. Y todo aquello que lo cree en mí lo puedo definir como pornografía.

No hay aquello de "eso es una foto artística", la mujer desnuda que tiene una sombra así en medio del cuerpo y entonces como que se ve medio artístico. Si tiene y si produce incitación sexual, es pornográfico. Eso implica que la definición de pornografía es mucho más amplia de lo que nosotros pensamos. Abarca mucho más series, películas, escritos de lo que nosotros imaginamos. Hasta las novelas caen dentro del ámbito pornográfico, por el contenido que tienen, no solamente visual, sino de discusión de todo tema que tiene que ver con temas sexuales y sensuales.

Hoy en día, según el diccionario, es la presentación del comportamiento erótico o sensual con el objetivo de motivar sexualmente. Si ustedes se fijan en esa definición, como es algo que yo presento eróticamente, es una definición que los liberales o aquellos que no tienen una mente bíblica tratan de distorsionar: "Y diseñé una foto artística con una mujer desnuda, no es erótica", "Una serie que presenta algunos cuerpos no es erótica porque no son estos, no es una presentación explícita".

Hay dos tipos, de hecho. Técnicamente hablando, la gente que estudia la pornografía habla de dos tipos de pornografía: la pornografía suave, "soft porn", y la pornografía dura, "hard porn". Esos dos tipos de pornografía. Hay gente que con "soft porn" cree que está más o menos bien porque está consumiendo imágenes que no son pornografía explícita. La otra ya es más elevada, pero ambas son pornografía. Y hay cosas incluso por debajo de esa que también tienen un contenido pornográfico, dado que incitan sexualmente.

Toda imagen que me motive sexualmente es, por definición, pornográfica. No aparece en la Biblia la palabra "pornografía"; no aparece en la Biblia. Para eso aparece "porneia", y porneia es una palabra amplia para todo lo que es inmoralidad sexual. La inmoralidad sexual puede ir desde el consumo de pornografía hasta conversaciones eróticas, o conversaciones o participación en chistes que tienen contenido erótico, o el consumo de imágenes que dicen no ser pornográficas pero tienen una connotación sexual, o el consumo de todo tipo de programas y demás que tienen un contenido donde se habla de sexualidad. La inmoralidad es más que pornografía; incluye todos los actos que no se corresponden con el diseño de Dios de la relación sexual.

Ahí cae la fornicación. Una pareja no casada que esté teniendo prácticas de relaciones sexuales, eso es pecaminoso, altamente doloroso para Dios. No solamente la pareja que tiene relaciones sexuales consumadas está cometiendo el acto de inmoralidad. Hay muchos actos antes de llegar a la cama que se pueden considerar como pecaminosos y como fornicación, porque la palabra fornicación no significa en el lenguaje original el acto sexual propiamente, sino que significa inmoralidad sexual. Y la inmoralidad sexual para los solteros es hoy también... Los solteros, ustedes olvídense del sexo. La inmoralidad sexual para los solteros es todo el sexo, todo, todo lo que incluye sexo: desde conversación, imágenes, contacto físico con persona del sexo opuesto, todo, porque el sexo es algo reservado para el matrimonio.

Para los casados, inmoralidad sexual es toda aquella gratificación sexual que no venga de tu pareja: imágenes, fantasías, lo que sea. Toda aquella gratificación sexual que no venga de tu pareja es inmoralidad sexual, es pecado sexual. Nosotros conocemos parejas que consumen como pareja pornografía y alquilan películas pornográficas para verlas como parejas como parte de su intimidad. Algunas de ellas entendían que no estaba mal porque era un consumo como pareja. No todo está permitido incluso dentro del matrimonio. Eso no está permitido. ¿Por qué? Porque yo estoy nutriendo mis ojos con imágenes de otra persona; por lo tanto, cuando yo voy y tengo intimidad con mi pareja, ¿qué tengo en la mente? No es a mi pareja, es a la otra persona. Y Cristo dijo en Mateo 5 que aquel que mira a una mujer y la codicia con sus ojos ya cometió con ella adulterio en su corazón.

Entonces, miren lo que dice 1 Tesalonicenses 4: "Porque esta es la voluntad de Dios". Hay muchos versículos que no nos hablan así; uno quisiera encontrar más versículos así. ¿Cuál es la voluntad de Dios? "Vuestra santificación; específicamente, que os abstengáis de inmoralidad sexual", de porneia. "Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación. Por consiguiente, el que rechaza esto no rechaza a hombre, sino al Dios que os da su Espíritu".

Interesantemente, en el primer siglo se llevó a cabo el primer concilio de la iglesia. Un concilio es cuando se reúnen los líderes de la iglesia para ventilar un tema, y se reunieron en Jerusalén. Eso está en Hechos 15, para el que le interesa. En Hechos 15 se reúnen los líderes de la iglesia de Jerusalén para hablar de si se les va a exigir a los gentiles que se circunciden o que no se circunciden. Y entonces, cuando concluyen el primer concilio, miren cuál es su conclusión. El primer concilio dice esto: "Por tanto, yo juzgo que no molestemos a los gentiles que se convierten a Dios poniéndoles muchísimas reglas de los judíos, y en vez de molestarlos mucho, digámosles lo siguiente: sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación —porneia—, de lo estrangulado y de sangre".

Es decir, la iglesia primitiva en el primer concilio tenía cuatro cosas que señalaba, cuatro cosas: lo contaminado por los ídolos, que eran cosas sacrificadas a ídolos paganos; de fornicación, de porneia; de lo estrangulado y de sangre. Sencillo, pero dentro de eso estaba la inmoralidad sexual. Así de importante fue para la iglesia primitiva, desde el principio, que todo el que se convirtiera al cristianismo tuviera claro que la práctica inmoral a la que uno está acostumbrado tiene que cambiar. Como les dije hace un momentito: a los solteros, que se abstengan de todo lo que es sexual; y a los casados, de todo lo que es sexual fuera de su pareja. Ese es el llamado. No lo podemos rebajar, no lo podemos reducir; ese es el llamado.

Lamentablemente, muchas personas tienen normas donde se comparan con otros: "Bueno, pero yo no estoy tan mal como fulano, tan mal como sultano, tan mal como sultana", y sus normas de santidad en cuanto a la pureza son relativas. Dios no tira una curva, hermanos, en el pecado. Dios tiene un estándar que es único, y ese es Él, y ese es el estándar: que nos abstengamos de toda inmoralidad. Yo no puedo estar coqueteando con el pecado sexual, con la inmoralidad, y pretender que no voy a salir quemado de ahí. ¿Saben por qué? Y ya adelanto algo que les voy a decir en un momentito: el pecado de la inmoralidad sexual tiene características adictivas. Y cuando yo me involucro en hábitos que ya son adictivos, no es tan difícil caer en adicción a la inmoralidad sexual. Es muy difícil volver para atrás.

¿Cuál es el llamado? ¿Entonces qué tanta cantidad de inmoralidad podemos consumir? Efesios 5:3: "Pero que la inmoralidad —porneia— y toda impureza o avaricia ni siquiera se mencione entre vosotros, como corresponde a los santos". ¡Wow! Ni siquiera se mencione entre vosotros. ¿Saben por qué? Porque la píldora de la inmoralidad sexual te produce un cierto placer, y si consumes media, vas a querer una completa, y si consumes una completa, vas a querer dos, y vas a querer aumentar la dosis. La fórmula bíblica para tratar con el pecado sexual es abstención total, porque tiene características adictivas.

Cuando un adicto, un alcohólico, se va a restaurar y se va a desintoxicar, no le dicen: "Mira, ven, ven a esta habitación y lo que vamos a hacer es que te vamos a reducir gradualmente en las próximas semanas tu consumo de droga". El tratamiento normalmente incluye un paro inmediato a todo consumo. Quizás hay algún tipo de droga que genera hasta daños físicos y no se separan de golpe, pero los hábitos adictivos tienen que ser parados inmediatamente. ¿Por qué? Porque si dejo una pequeña pizca de ese componente adictivo, no estoy curando absolutamente nada y no estoy sanando absolutamente nada.

Es la razón por la que Efesios 5 dice que ni siquiera se mencione entre vosotros, como corresponde a santos. Entonces eso implica que nuestras conversaciones deben cambiar, que nuestras insinuaciones deben cambiar, que los chistes de doble sentido deben cambiar, que lo que nosotros escuchamos debe cambiar, que lo que nosotros vemos debe cambiar. Yo cada día estoy más convencido de que los cristianos vamos a tener que sacar la televisión de nuestras casas. Yo todos los días estoy más asustado y sorprendido de la depravación que nosotros recibimos por la televisión. Y llegará un punto... De hecho, ya estamos en ese punto, lo que no lo hemos acabado de aceptar, no sé, nos ha faltado de licencia, pero estamos en un punto que la televisión no se puede prender a ninguna hora ni casi en ningún canal, casi en ningún canal.

Yo creo que vamos a tener que desconectar el cable y comprar un reproductor para los niños de nosotros, que vean los videos, sin ver televisión. Porque si estoy viendo noticias, viendo noticias con mi hijo en el regazo, estoy pasando un canal y hay una pareja a las doce del día entre sábanas, y otras escenas más explícitas también. Estoy pasando un programa de los sábados o los domingos donde hay dos o tres bailarinas, donde hay dos o tres, ¿cómo les llaman?, ellas como que ambientan el lugar. Hay un tipo hablando, entonces hay dos mujeres dando vueltas al lado. O sea, es una cosa enfermiza. O sea, como que yo le decía a Charbela un día, estaba pasando un canal, dije: "¿Qué hace este estadio de mujeres?", porque había un tipo hablando muy serio, en saco, fresquito, tipo serio hablando, y las dos mujeres al lado moviéndose, y dije: "¿Qué es esto?".

Simulando... El baile simulaba, el baile simulaba una relación sexual. El baile de hoy en día, el baile simula relaciones sexuales, señores. Eso es lo que la mujer que baila y el hombre que baila quiere proyectar. Altamente pornográfico el baile. Cuéntenme todas sus cosas, pero el tipo de baile es altamente pornográfico. Ni siquiera se mencionen entre vosotros, por la característica adictiva. Un poco me hace daño, esa es la realidad. Un poco, un chin, un poquito me hace daño.

En los últimos cuatro meses, Charbela y yo hemos ido dos o tres veces al cine. Nos hemos salido de dos películas; vimos una de cuatro. De dos películas nos hemos salido. Vemos una cosa y le digo: "Así no nos vemos", decimos si no, e inmediatamente nos vamos, y caminamos y nos vamos; así es. Y normalmente no vemos películas sin recomendación previa. Cometimos ese error recientemente, que vimos una. Dijimos: "No, pero ese actor nunca hace ese tipo de películas, además esta película es una película histórica". Cuando entramos, la primera, la segunda escena era algo inmoral.

Estamos enfrentando una situación bien, bien difícil. La inmoralidad sexual es, sin duda, el pecado preferido del hombre, aunque no sé si circunscribirlo al hombre; es tanto de hombres como de mujeres, aunque de manera diferente. Es el pecado de más fácil acceso desde cualquier punto, dada cualquier condición económica. En este momento hay gente aquí que está en una práctica de consumo de pornografía. Consulta páginas de internet pornográficas; las estadísticas lo dicen. En un grupo como este, yo estoy seguro que hay hombres que están consumiendo pornografía. Y mujeres quizás también; de toda la pornografía consumida, un 30% es consumida por mujeres. Y es fácil, es privado, no es costoso, pero no es privado delante de Dios.

Nubla tu razón, obstaculiza tu relación con Dios y te hunde en un espiral de degradación moral que no sabe dónde va a parar. Pero es la realidad hoy en día, en este momento, aquí. Lo cotidiano de la pornografía y la inmoralidad disfraza su gravedad; nos hemos acostumbrado. Está cotidiano, está normal ver una mujer medio desnuda en cualquier lugar. Me he acostumbrado, nos hemos acostumbrado y pensamos que no es grave. De ser un tema moralmente reprochable hace treinta años ha pasado a ser la norma de la sociedad.

La lujuria es para la inmoralidad lo que el hambre es para la comida. Lujuria es el apetito por lo sexualmente inmoral, y es el estado en el cual está ahora mismo mucha gente. Yo quiero hacer una aclaración de los géneros en cuanto a las mujeres y los hombres. Yo me pregunto si la lujuria de un hombre, descarada y evidente, muchas veces más descarada y evidente, es peor que la de una muchacha, que es refinada y sutil.

¿Qué ustedes creen que motiva a una mujer a gritar como una desenfrenada frente a un artista de rock o frente a un artista cualquiera? ¿Qué creen ustedes que motiva a una mujer a subirse a un escenario, como pasó aquí con Ricky Iglesias, y besarse en la boca con un desconocido, y luego de eso los periodistas acediarla de qué tal fue su experiencia de besar a Ricky Iglesias, y cómo sus amigas estaban vueltas locas y sin idea porque ella tuvo esa gran experiencia? Eso es nada más y nada menos que lujuria. Muchas veces el hombre lo hace más evidente, pero la mujer también sufre de lo mismo. La lucha de las mujeres, aunque diferente, no es menos pecaminosa.

La diferencia es la siguiente: los hombres quieren poseer su objeto de lujuria, poseer sexualmente su objeto de lujuria. Las mujeres quieren relacionarse con su objeto de lujuria. El hombre fantasea con una relación sexual; la mujer fantasea con una relación con la persona que es su objeto de lujuria. Y por lo tanto, como es un hombre que no le pertenece, la relación es ilegítima en la mayoría de los casos. Y si son mujeres cristianas que están pensando en hombres que no son cristianos, sería también otro pecado de yugo desigual. Pero es un tema muy, muy serio.

A los hombres los tienta el placer que ofrece la lujuria; a la mujer la tienta el poder que ofrece la lujuria. La mujer quiere sentir que atrae. El hombre se siente atraído por la mujer. Eso es algo natural que Dios diseñó. El ser humano se ha dado cuenta de eso. Los hombres entonces somos, obviamente estamos diseñados para ser los que toman el primer paso. Las mujeres son más receptivas, pero ellas saben que con su vestimenta, con su forma de ver, con su forma de hablar y caminar pueden atraer a los hombres, y se sienten tentadas incluso a manipular al hombre por su forma de vestir, por su forma de actuar, por su forma coqueta de hacer las cosas. Y es un tipo de incitación también.

Hermanas, ustedes no se imaginan lo que en la mente del hombre puede haber en cuanto al deseo de los cuerpos de las mujeres. Hemos hablado varias veces aquí desde el púlpito el peligro que tienen, más bien, el cuidado que tienen que tener con su manera de vestir. Esto es algo significativo. Cuando ustedes se visten de manera sensual y llamativa o atractiva, están haciendo pecar a un hermano de una manera muy atroz, y eso es significativamente pesado para Dios. No se vistan para atraer. Se pueden vestir atractivamente, bonitas, elegantes, pero no se vistan con la mentalidad de atraer. No se compren cosas que resaltan sus atributos físicos; reserven eso para sus esposos, reserven eso para su cónyuge. Sean castas, pudentes. Eso es lo que la Palabra les dice.

Por más atracción que un hombre pueda tener hacia ustedes, si no es su hombre, es pecado que la desee. Nosotros hemos tenido aquí en la iglesia personas, hombres que se nos acercan y nos dicen: "Tienen que tomar medidas aquí con las mujeres, porque nos hacen pecar dentro de la iglesia con la forma como vienen vestidas y como vienen arregladas."

Miren estos datos. La industria de la inmoralidad, de la pornografía, maneja 57 billones de dólares anualmente en el mundo. Videos para adultos, 20 billones. Yo les voy a poner una idea a ustedes. Vengan acá: 57 billones. La economía dominicana en todo el año 2007, todo el país, produjo 40 billones de dólares, todo el país. La industria de la pornografía produce en el mundo 57 billones de dólares, o sea, una vez y media más que lo que la economía dominicana produjo en el año 2007 completo.

Videos para adultos, 20 billones. Servicio de acompañantes, prostitutas, 11 billones. Revistas, 7.5 billones. Sex clubs, 5 billones. Llamadas sexuales, 4.5 billones. Pay per view, 2.5 billones. Internet, 2.5 billones. City rooms, 1.5 billones. Novelas, 1 billón. Otros, 1.5 billones. Los ingresos de la pornografía son mayores que todos los ingresos combinados de todos los equipos profesionales de fútbol, béisbol y básquetbol.

Los ingresos en Estados Unidos de la pornografía superan los ingresos combinados de ABC, CBS y NBC juntos. Lo que producen las tres cadenas televisivas: 6.2 billones. La pornografía produce 12 billones en los Estados Unidos. Y la pornografía infantil genera ingresos por 3 billones anualmente. Un problema epidémico grave, grave. Una situación altamente preocupante lo que está pasando en el mundo.

Quería mencionar algo, y es que hay mucho consumo de material pornográfico que no es oficial porque es informal. Estos son datos de empresas formalmente constituidas, pero cuánto servicio de acompañantes, cuántas llamadas telefónicas... La industria de la pornografía, por su razón misma de ser, que es altamente inmoral, a la gente que está detrás de ella no le importa registrar ingresos de menos para pagar menos impuestos y para ser menos perseguidos por la renta. O sea, que probablemente esos datos están muy subestimados, muy subestimados.

La pornografía por internet en Estados Unidos: hombres que admiten haber accedido a pornografía desde el trabajo, un 20% de todos los hombres entrevistados dicen que han accedido a pornografía desde el trabajo. Adultos norteamericanos que regularmente visitan webs pornográficos: 40 millones de personas. Hombres de Promise Keepers que vieron pornografía la semana pasada: 53%. Oigan esto. Promise Keepers es un movimiento cristiano en los Estados Unidos que reúne anualmente o bianualmente 50,000 o 60,000 hombres en un estadio, y se reúnen a orar por sus familias y demás. Ellos un año dado hicieron una encuesta a la entrada del seminario, y los hombres reconocieron anónimamente que un 53% había visto pornografía la semana pasada.

Yo me pregunto si nosotros ponemos una encuesta allá afuera y hacemos una serie de preguntas. No solamente si ha visto pornografía, porque quizá la palabra es muy dura, pero si lo definimos un poquito más: series con contenido sensual, series con contenido que incita sexualmente, ¿cuántos aquí habrían contestado positivamente?

Cristianos que dicen que la pornografía es un problema significativo en el hogar: 47%. O sea, casi la mitad de los cristianos está lidiando con este problema. Adultos que admiten ser adictos sexuales por internet: 10%. Eso es lo que lo admiten, porque la mayoría no están diagnosticados, ni saben ellos que son adictos todavía. Saben que no se pueden desprender del hábito, pero no lo han determinado como adicción todavía. Visitantes a sitios pornográficos: el 72% son hombres, el 28% son mujeres. O sea, que también la mujer está siendo invadida mentalmente por este problema de la inmoralidad y la pornografía.

¿Qué es lo que pasa? Que todo esto tiene una serie de secuelas. Cuando la pornografía e inmoralidad sexual aumentan, aumentan los divorcios, aumentan los adulterios, aumentan las agresiones. Porque este tipo de relaciones inmorales son relaciones que no tienen compromiso, que no se sostienen por un compromiso de matrimonio ni demás. Entonces, la secuela de la inmoralidad sexual es hijos sin padres, esposas sin esposos o mujeres sin esposos, hombres literalmente que agreden a sus amantes o a sus parejas porque no tienen compromiso con ellas. Y toda una secuela también de salud y de enfermedades de todo tipo que se genera fruto de este problema.

Miren lo que indica un estudio que hizo esta gente. Stephen Arterburn, que es uno de los que escriben La batalla de cada hombre, ellos dicen que según su experiencia existe esta curva, esta campana de probabilidad. Que del total de hombres hay un 10% libres de luchas sexuales. El 10% de los hombres están libres de la lucha sexual, más o menos libres pudieran considerarse. Un 80% enfrentan luchas en el área de pureza sexual. Ellos les llaman "adictos fraccionados". Son gente que está pasando algunos límites algunas veces, y vuelve y se reconcilia con el Señor, y vuelve y pide perdón, y se siente culpable, y se recoge otra vez, y vuelve para atrás, y vuelve para adelante. Y un 10% de adictos sexuales significativos que incluso requieren hasta tratamiento.

Muchos de los que están aquí pueden estar cerca del área de adicción. O sea, no estoy hablando de que están aquí pegados a la libertad de la sexualidad. Probablemente están más pegados de la adicción. ¿Por qué digo eso? Porque como la inmoralidad sexual genera adicción, el que es un adicto fraccionado siempre va a tender a la adicción más que a la libertad, a menos que renuncie completamente a sus hábitos.

La lujuria no respeta personas: agudos profesionales, hombres y mujeres, contratistas, estudiantes, carpinteros, artistas, músicos, pilotos, banqueros, senadores, plomeros, promotores, y predicadores también. Su voz fascinante puede infiltrar la mente más inteligente y hacer que su víctima crea sus mentiras y responda a su atractivo. Y cuidado, porque nunca se da por vencida. Charles Swindoll escribió eso. Eso es así. No respeta estatus, no respeta profesión, no respeta grado de espiritualidad aparentemente. Predicadores también, lamentablemente.

Mire, gente. Encuesta en la iglesia entre mil pastores, la revista Leadership: uno de cada ocho reconoce que había cometido adulterio. Uno de cada ocho. 23% había hecho algo sexualmente impropio, o sea uno de cada cuatro. Estamos hablando de pastores. 51% dijo que la pornografía por la web era una tentación fuerte; eso significa que la están consumiendo, probablemente. 37% respondieron que era una lucha en sus vidas. Pastores.

No pastores: 23%, o sea el doble —aquí era 12, aquí es 23— había cometido adulterio, y el doble de los que habían hecho algo sexualmente impropio. El doble, se decía aquí entre no pastores. Eso hace que la iglesia hoy en día, dice Ken Huech, la iglesia evangélica contemporánea, considerada en su conjunto, es corintia hasta la médula. "Corintia" llegó a ser una palabra incluso que se usa para definir la inmoralidad. La iglesia de hoy es una iglesia inmoral sexualmente hablando en su esencia. Es una de las razones por la que la iglesia tiene poco poder, es una de las razones por la cual puede cambiar poco las vidas de la gente. De los casos de disciplina efectuados en la iglesia, dicen las estadísticas, un alto porcentaje tiene que ver con inmoralidad sexual. Un altísimo porcentaje de las disciplinas de la iglesia que la ejercen tiene que ver con inmoralidad sexual. Estamos en un problema grave de la iglesia.

En cuanto a tu pureza, yo tengo algunas preguntas: ¿Estás llevando una vida interior secreta muy diferente del tú que conocen los demás? ¿Has oído esa pregunta? A ti, hombre o mujer: ¿hay una vida secreta en tu interior que nadie conoce? ¿Te daría vergüenza si los demás supieran lo que hay dentro de tu mente? Si tus pensamientos fueran audibles, ¿te pediría el divorcio tu esposa o tu esposo? ¿Qué pasa con ese yo interior que nadie conoce, que nadie escucha? Es el tú que Dios conoce, sin mayores tapujos. Olvídate que tú impresiones a Dios y que yo impresione a Dios con apariencia de santidad, con apariencia de piedad. Dios conoce el corazón y Dios conoce exactamente las horas, los minutos, las imágenes. Contados si tienen los cabellos contados, cuánto más tendrá contados los momentos y las exposiciones que hemos nosotros tenido ante imágenes inmorales, actos inmorales, chistes inmorales, conversaciones inmorales y todo tipo de inmoralidad sexual.

¿Cuáles son entonces las implicaciones morales del que practica inmoralidad sexual? Así yo definiría una persona que está en una práctica de inmoralidad sexual de cualquier tipo, sea de consumo de pornografía, sea de consumo de cualquier otra cosa que no considere pornográfica. ¿Cómo se define una persona que está en fornicación quizás, o esté en adulterio? ¿Cómo moralmente incluso la Biblia nos algo y nos aconseja que la viola lo define?

En primer lugar, es un inmoral por el acto mismo, porque Dios ha establecido un principio de que no incurramos en actos de inmoralidad; por lo tanto, el que lo comete es un inmoral por el acto mismo. Número dos: es un egoísta, porque priva a su pareja de su derecho de intimidad. ¿Tú sabes lo que pasa con las parejas donde el esposo o la esposa consumen pornografía o tienen otro tipo de inmoralidad sexual en su vida, como relaciones paralelas o adúlteras y demás? Que su relación de pareja comienza a sufrir. Él comienza a sentir menos interés hacia su pareja, incluso comienza a sentir menos atracción hacia su pareja, menos atracción física hacia su pareja. Las cosas comienzan a empeorar, comienzan a discutir, la tolerancia disminuye, la relación... "incompatibilidad de caracteres", dicen, y lo que hay es una práctica inmoral que está acabando con la belleza de la relación, con la pureza de la relación, con la santidad del lecho matrimonial.

Es un inmoral, es un egoísta. El que está cometiendo inmoralidad sexual es un adúltero, porque desea en su corazón mujeres o hombres que no le pertenecen. Es un mentiroso, porque miente u oculta su condición. Es un hipócrita, porque aparenta algo que no es. Es un desobediente a Dios. El inmoral sexualmente es un inmoral, es un egoísta, es un adúltero, es un mentiroso, es un hipócrita, es un desobediente a Dios. Te he pesado, señores, te he pesado sumamente. Si tú estás casado o casada y tú consumes material pornográfico, material inmoral, todos esos epítetos nos caen a nosotros si estamos en esa práctica, porque de alguna manera estoy incurriendo en todas esas cosas.

Miren lo que dice una mujer al encontrar que su esposo consumía pornografía. Dice: "Al descubrirlo me sentí como un pedazo de carne que había sido usado de la misma manera en que él usaba las imágenes en la web. Me sentí sin esperanza sabiendo que nunca podré llegar al nivel de perfección de los cuerpos que él deseaba. Me sentí tan traicionada como si él estuviera con otra mujer. Sentí que nuestro matrimonio era un fraude. Me sentí ignorada, sin valor." Yo corté este testimonio, pero este testimonio es mucho más emotivo de lo que uno lo ve ahí. Se sentía obviamente traicionada, infravalorada, ofendida, traicionada. Eso está en ese escrito de Pornography Community Standards, que es un estándar de la comunidad, lamentablemente.

Miren cuál es el problema con la práctica de la inmoralidad si no la detenemos a tiempo. En primer lugar, comienza con una simple curiosidad. Santiago dice que nosotros somos tentados cuando somos llevados y seducidos por nuestra propia pasión. La inclinación sexual es natural, pero si no se hace dentro de lo que Dios ha determinado, se convierte en pecaminosa. Entonces yo voy a tener inclinación o curiosidad sexual a explorar otras prácticas o a buscar satisfacción en lugares donde Dios no me ha dado permiso. Pero no solamente yo aparentemente busco satisfacción, sino que yo oscurezco la satisfacción que yo puedo obtener por las vías legítimas. Ese es el problema.

Siento curiosidad, luego rápidamente, si no paro la curiosidad, caigo en una adicción de pequeño grado. Adicción, señores, es cuando tú tienes un hábito al cual tú prácticamente no puedes renunciar, y tú tienes que ver, y tú tienes que consumir imágenes, tienes que consumir inmoralidad de alguna manera, y tú no lo puedes parar cuando tú quieres pararlo. Ya está sufriendo de algún grado de adicción, porque te controla y te maneja.

Gálatas 6, versículos 7 y 8: "No os dejéis engañar; de Dios nadie se burla, pues todo lo que el hombre siembra, eso también segará." La adicción viene combinada de la autogratificación compulsiva, y la autogratificación es una palabra para indicar la satisfacción personal sexual. Primera de Corintios 6, versículo 12 dice: "Todas las cosas me son lícitas, pero no todas me son de provecho; todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna." Y cuando me dejo dominar por alguna, estoy pecando.

Hay dos problemas con la autogratificación. Uno: es un acto egoísta, contrario al diseño de Dios para la relación sexual, número uno. Y número dos: normalmente es un acto que viene acompañado de fantasías e imágenes inmorales. Mucha gente... yo leí incluso que hay cristianos que dicen que la autogratificación no es pecado, que el hombre necesita eso, sobre todo el no casado. Eso no es así. El cuerpo humano tiene sus propios mecanismos para descargarse. Cuando incurrimos en esto, en la autogratificación, estamos primero desvirtuando la relación que Dios pretendió que fuera la relación íntima, y número dos, estamos también probablemente haciendo uso de imágenes inmorales.

No se queda ahí, porque ¿qué pasa con la lujuria y la sexualidad? Yo les voy a explicar ahora: pues se produce un escalamiento. En Efesios 4 dice: "Y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas." Desmenucen lo que pasa, lo que pasa con la droga. Con la droga, el que usa un gramo de cualquier droga y siente una sensación determinada, en una semana para sentir la misma sensación va a necesitar dos gramos, y en tres semanas para sentir la misma sensación va a necesitar tres gramos. Así mismo sucede con el consumo de inmoralidad sexual y de pornografía. Yo comienzo viendo imágenes incluso de mujeres que no están descubiertas del todo, o de hombres en ciertas maneras, y más adelante yo comienzo y necesito, para satisfacer mi deseo de consumo de inmoralidad, mayores grados de inmoralidad y de actos. Así que se pasa del soft porn al hard porn, donde la gente tiene que ver incluso pornografía explícita para poder sentir los mismos niveles de satisfacción que sentía antes. Y es una degradación, señores. Se produce una degradación.

La inmoralidad sexual y la pornografía tienen un efecto tan increíble en la mente de la gente, que muchos dicen que ellos pueden recordar el momento exacto y el lugar donde ellos estaban cuando consumieron por primera vez pornografía. Se les grabó en la mente. Un hombre o una mujer que consume pornografía o cosas inmorales y decide dejarlo tiene un problema ahora: quizás él no comete nuevos actos, pero tiene un problema. Tiene un archivo inmoral en su mente. ¿Cómo lo limpia? ¿Cómo lo quita? Y entonces hay hombres que han sufrido de adicciones a la pornografía que lamentablemente van a pasar años que no pueden ver a una mujer puramente, porque las asocian a todo tipo de inmoralidad en su mente. Y eso es un problema.

Se produce un escalamiento; luego del escalamiento se produce una desensibilización. Mire lo que dice Jeremías 6:15: "¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido? Ciertamente no se han avergonzado, ni aún han sabido ruborizarse." A mí me deja pasmado con la facilidad que la gente habla de sus cosas íntimas en la televisión, sin ningún tipo de cuidado, de pudor, de sensibilidad, de nada. "No, eso es algo natural", dicen ellos, "no hay problema." La gente se desensibiliza. Por eso es tan común hoy en día la pornografía y el consumo de material inmoral, porque lo ven como algo tan normal, "no hay problema."

Muchas veces hay una actuación deseada. En muchos casos, el que tiene imágenes constantes en su mente y las consume va a lograr a tratar de satisfacerse ahora físicamente, porque las imágenes no lo satisfacen y busca relaciones fugaces, sin compromiso, para poder satisfacer eso. Y luego viene la decepción. Entonces, en un sentido de frustración, porque ha llegado al final del espiral, ha llegado a una vida sexual activa y ahora se encuentra vacío y se da cuenta de que nada de eso lo llenó. Ahora ni lo llena la pornografía, porque no hay pornografía que lo satisfaga, y no lo llenan las relaciones fugaces, porque no hay relaciones que lo satisfagan. Ahora están en una frustración, una decepción de toda la práctica de su vida.

Esta es una historia que a mí me impactó significativamente. Reinaldo había llevado una vida de indulgencia y estaba en extremo excedido de peso; se le decía "Crassus el Gordo". Este señor Reinaldo era rey. Su hermano, luego de una discusión, su hermano menor Gerardo hace una revolución contra su indisciplinado hermano Reinaldo y lo mete a la cárcel, lo encarcela en una habitación del castillo de Nieuwkerk, y dependía de él que recuperara su libertad. ¿Ustedes saben por qué el Gerardo le decía "Gordo"? Que el hermano le dejó las puertas abiertas, no le puso cerrojos, no le puso ventanas, pero no cabía por ninguna de las puertas y ventanas. Qué tan gordo era.

Esto es lo que hacía el hermano: le mandaba comida, manjares todos los días, manjares del palacio a la cárcel. Y Reinaldo, Crassus el Gordo, duró nada más y nada menos que diez años preso de su apetito. Porque él podía rebajar y salir de la cárcel, pero como le mandaban comida todos los días, él no se aguantaba y la consumía, y duró diez años preso de su apetito.

¿Ustedes saben la gente que hay presa de su apetito de la inmoralidad, de la lujuria y de la pornografía hoy en día, que están encarcelados y no pueden salir de ahí porque sencillamente no están dispuestos a decir "voy a matar la lujuria de hambre"? Y no pueden hacerlo porque están en una adicción ya, que ni fuerzas les quedan. Diez años, casual.

Yo quisiera irme a la parte de las soluciones. Yo creo que parte de las soluciones comienzan con el reconocimiento de esta verdad, y dice lo siguiente: debemos combatir fuego con fuego. El fuego de los placeres lujuriosos debe combatirse con el fuego de los placeres de Dios. Si solo intentamos combatir el fuego de la lujuria con prohibiciones y amenazas, incluso con la terrible advertencia de Jesús, fracasaremos. Debemos combatirlo con la promesa de una felicidad superior. Debemos tragarnos el insignificante parpadeo del placer de la lujuria con la conflagración de la satisfacción santa.

En otras palabras, el que renuncia a la inmoralidad, a la pornografía, a la sexualidad pecaminosa, no solamente está renunciando al placer; está aceptando un placer mayor, que es el placer que Dios nos puede dar si nos mantenemos puros y santos. Yo combato el placer pecaminoso inferior con un placer santo superior que me va a dar mucha más satisfacción que lo que aquello me daba.

Tengo esperanza de ser puro. Entendemos que si la impureza es un hábito, no es una predisposición genética, y como hábito puede cambiar. Siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito. Lo mismo es cierto con la pureza: es un hábito y funciona como tal. El esfuerzo te parece arduo mientras formas el hábito, pero luego el hábito hará su trabajo.

Me gustó esta expresión: esto es como descubrir que el abusador del barrio tiene un frágil mentón y ya no tienes que sentirte intimidado. Cuando lo vemos como un hábito, como lo que es, y tratamos con el hábito con también hábitos santos, para evitar que nos arrope la inmoralidad.

¿Cuál es el plan de batalla? En primer lugar, en muchos casos tendrá que haber un arrepentimiento y quizás confesión, dependiendo de dónde haya llegado la inmoralidad. A veces hay que confesar adulterios, a veces hay que confesar la lujuria y el consumo de pornografía. Dependiendo de caso a caso, siempre tiene que haber un arrepentimiento delante de Dios y un cambio de hábitos y de accionar en función de la santidad, pero muchas veces va a haber que pedir perdón y confesar también ese pecado. Es lo primero que debemos hacer: cambiar nuestro caminar y nuestra dirección.

En segundo lugar, hay que escoger pelear. Dios peleará contigo, pero no por ti. Si yo le digo a Dios y le pido a Dios: "Dios, quítame la lujuria", quizás Él me responda para atrás: "Bueno, lleva todo pensamiento cautivo a los pies de Cristo. Bueno, huye de las pasiones juveniles, huye de la fornicación". Dios nos ha dado las enseñanzas que son necesarias para yo pelear contra la fornicación. No va a ser un acto místico que va a venir y se me va a llevar la lujuria; es un acto de obediencia, a huir de aquello que es pecaminoso y es contra Dios.

Edifica parámetros, perímetros, perdón, alrededor de tus ojos y sé radical. Deja que la lujuria se muera de hambre. Mira lo que dijo Job. Dice: "Hice un pacto con mis ojos; ¿cómo podía entonces mirar a una virgen?" Habla de pureza. Él hizo un pacto de que él no iba a mirar a una virgen, una mujer que no fuese su mujer.

Y aquí yo le pongo el verbo "rebotar", porque yo creo que a eso es que vamos a estar obligados. Son tantas las imágenes que a nuestro alrededor, en la televisión, en dondequiera que nos movemos, dondequiera que vamos; son tantas las vestimentas inadecuadas e inapropiadas que vemos en todo lugar, que vamos a tener que desarrollar ojos que reboten: bum, bum, bum. No va uno de loco, pero si es lo que toma, es lo que toma; si es lo que va a ser necesario, es lo que va a ser necesario.

Hay otros límites que vamos a tener que tomar. Por ejemplo, yo les voy a poner unos ejemplos, porque son casos que pueden servir de utilidad para otras personas. No solo tenemos como norma aquí los pastores de la iglesia y la consejería: nosotros no damos consejería a mujeres solas. Hay otros límites que yo tengo en mi vida también privada. Nosotros no hablamos en privado con ninguna mujer sola. Si es de problemas personales y sentimentales, le referimos a una consejera. Si yo le voy a dar consejería a una mujer de sentimientos y demás, yo le pido a mi esposa que esté conmigo, y si no puede estar, que vaya donde una mujer.

Yo personalmente no como nunca con una mujer sola, ni salgo con una mujer sola, ni hablo por teléfono con una mujer sola. Yo no tengo amistades con mujeres. Todas las mujeres con las que yo hablo, mi intercambio de ideas, opiniones y demás, tienen que venir a través de mi esposa. Probablemente se habrán dado cuenta algunos de los que están aquí. Quizás hay parejas que trabajan con nosotros en algunos ministerios. Normalmente yo llamo al esposo: "Fulano, estoy buscando a tu esposa, ¿en qué, dónde está?" No llamo a la mujer; es muy raro que llame a una mujer directamente. Son límites, límites que nos van a mantener sanos, nos van a mantener lejos. Yo no quiero caminar en el límite; queremos caminar lejos de la tentación.

Cuando una mujer viene necesitada a nosotros, sabemos que es un tiempo muy vulnerable. Imagínense: viene donde el pastor y el pastor le ha dado un buen consejo, solo ahí. ¿Qué estamos alimentando? Estamos alimentando un deseo pecaminoso, probablemente, no sano, lamentablemente.

Sé radical. Edifica perímetros alrededor de tus ojos y sé radical. En la televisión de mi casa, nosotros tenemos en mi habitación como dieciocho, diecinueve canales bloqueados, totalmente bloqueados. En la televisión de la sala, yo nunca veo televisión de la sala si Charla no está presente. Eso es casi una norma; es una norma, de hecho, que yo me he autoimpuesto. Si Charla se va de mi lado, quizás me puedo quedar casi unos cinco minutos leyendo algo, pero me voy atrás de ella. No veo televisión solo. Todo eso va a haber que hacerlo.

Si voy a un hotel, si tengo un viaje de negocios y voy a un hotel, no prendo la televisión. Lamentablemente, los viajes solos de negocios de los hombres son oportunidades ideales para consumir pornografía e inmoralidad. Ni prendo la televisión. Límites que tienen que ponerse para proteger nuestros ojos.

Una cosa importante: la solución de inmoralidad no admite gradualidad. Tiene que ser radical, tiene que ser absolutamente radical. Porque, miren esto, no podemos separarnos del pecado como de un amigo, con el propósito de volver a verlo y tener la misma familiaridad con él que antes, o posiblemente mayor. Tenemos que sacudirlo de nuestras manos como Pablo sacudió de su mano a la víbora en el fuego. Así hay que sacudir al pecado de nuestras vidas.

Los puritanos, esta gente que escribió en los siglos XVII y XVIII, ellos tenían una expresión que a mí recientemente he descubierto y a mí me ha encantado. Se llama la mortificación del pecado. Al pecado hay que mortificarlo. "Tú no te vas a apropiar de mí de ninguna manera. El Señor es mayor que mi carne, que Satanás que me puede tentar y que mi carne que me puede tentar. Y te voy a mortificar, pecado". Yo creo que es la actitud que a veces vamos a tener que tomar: mortificar el pecado.

Imagínense que un cirujano le pregunta a su paciente: "Tiene cáncer, ¿lo sacamos todo? Tiene cáncer, ¿qué hacemos? ¿Quiere que lo saque todo?" "Doctor, sáquelo con todo y órgano". Bueno, la inmoralidad sexual es un cáncer. No admite gradualidad. Hay que ser radical.

Yo prefiero pasar por pesado ante una muchacha que resbalar. Prefiero que me tilden de frío y de distante a resbalar. Así que, mujeres, si sienten una frialdad o que nosotros no queremos dar una cita en algún momento dado, quizás tiene que ver con que estamos protegiéndonos y protegiéndolas a ustedes.

Eso tiene que ver también con todo tipo de amistad. Por ejemplo, qué saben de hombres que tengan amistad con mujeres. Hombres casados no deben tener amistad con mujeres fuera de su esposa. Cercanas, mejores amigas, mejores amigos: dañino, pecaminoso, puede conducir a una relación no sana.

Sigo con la radicalidad. Mateo 5 dice: "Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo vaya al infierno." Radical con el pecado. Eso es lo que Jesús dice. Absoluta radicalidad con el pecado, y este es uno con el cual hay que ser radical. Es el único pecado, por lo menos de lo que tengo conocimiento yo, del cual la Palabra dice que huyamos. Huir de la inmoralidad, de la fornicación. Fornicación es porneia, no es acostarse solamente con una pareja, es porneia, es inmoralidad. Huyendo de la inmoralidad sexual, huyendo de ella. Eso es algo importante, porque muchas veces la carne no tiene la herramienta para lidiar con la inmoralidad sexual. Tenemos que huir y salirnos de ahí.

Sigo con el plan de batalla: pon una aduana en tu mente y sé un inspector difícil. Lo que pasa es que 2 Corintios 10:5 dice: "Poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo." Bueno, el pastor puso un ejemplo ahorita que él venía de viaje, había un inspector ahí que estaba por poner la cosa difícil. Gracias a Dios no sucedió, pero yo recuerdo que hace años uno venía al aeropuerto y uno siempre venía con un nudo en el estómago, porque uno no sabía con qué le iban a salir aquí en la aduana. "¿Qué usted trae ahí? Esa maleta es nueva. ¿La compró allá? ¿Compró muchas ropas, paquetes?" Comenzaba a preguntar: "¿Qué viene ahí? ¿Qué tú empacaste? ¿Qué tú traes?" Yo creo que con los pensamientos y las imágenes tenemos que ser así de difíciles. ¿Qué entra a mi mente? Yo tengo que poner un control de qué entra a mi mente, qué yo le permito entrar a mi mente. Y si eso implica no prender la televisión ni ver películas jamás en mi vida, eso va a implicar. Y no ir al cine, a menos que tengamos todas las precauciones de que no vamos a encontrar nada que no queramos, pues eso va a tomar.

Yo creo que la dificultad de los tiempos va a determinar lo grande de las medidas que tenemos que tomar. Creo que hay un refrán que dice: "Antes que la junta sea difícil, bueno, pues se toman las decisiones más difíciles." Si estamos viendo tiempos difíciles para la inmoralidad, tenemos que también tomar decisiones radicales. Proteger los ojos, proteger la mente. Obviamente es parte de lo mismo, lo que yo permito que entre a mis ojos, pero podría ser por otra vía también. Edifica parámetros alrededor de tu corazón. Aquellos que están casados, enfoquen y fortalezcan sus afectos hacia su esposa.

Y todo esto, todo lo que esto hace, no es disminuir el deseo, sino redirigirlo. Lo que estamos haciendo de huir de la fornicación, huir de la inmoralidad, nada de eso va a reducir el deseo sexual. ¿Sabes lo que va a hacer? Que todo el deseo sexual que ustedes tengan como personas, tanto hombres como mujeres, va a ser dirigido hacia su cónyuge. Y ahí entonces Dios los va a premiar. Además los va a premiar en la relación espiritual que vamos a tener con Él.

Los solteros, como les decía, tenemos que hablar quizá en otra charla de los solteros, pero olvídense de eso. Olvídense del sexo hasta que se casen. Créanme, no se están perdiendo de nada que Dios no se lo vaya a recompensar cien veces. No se están perdiendo de nada que Dios no se lo vaya a recompensar cien veces cuando se casen y se cuiden y se guarden para su pareja, la pareja que Dios tenga. Rindan cuentas en esta área, rindan cuentas.

Bueno, ya mencioné esto de evitar relaciones íntimas con mujeres. Esto está muy diseñado quizá para hombres, pero también a las mujeres se les aplica esto. Yo creo que la mujer no debe buscar ninguna amistad con ningún hombre que no sea su esposo o su novio. Relaciones periféricas o a través del esposo y la pareja puede ser, pero no individuales, porque es peligroso.

Y por último, si nada de eso te detiene, si nada de eso funciona, piensa en las posibles consecuencias de un adulterio, de que te descubran, de que sepan lo que estás haciendo. Yo recientemente estaba con alguien, como para hacerle entender la gravedad de lo que estaban haciendo. Yo les dije con mucho cuidado y mucho tacto, pero les dije: "Si nosotros hubiésemos estado pendientes de la situación que ustedes están viviendo, nosotros los hubiésemos expulsado de la iglesia." Con cuidado se lo dije, pero tenía que ver con inmoralidad sexual en su vida, para que ellos entiendan que esto no es un juego. Pero no es que la iglesia esté insana. Si queremos que se sane, es que su vida se está destruyendo también. Es un acto de amor, decíamos, la disciplina que tenemos que tener hacia los que están cometiendo estos actos.

Viene este testimonio de Agustín, del tercer siglo. Señores, qué dulce fue librarme de inmediato de aquellas cosas infructuosas que alguna vez temí perder. Los quitaste de mí y tomaste su lugar. Tú eres más dulce que todos los placeres juntos. Solo decía San Agustín, tildado de promiscuo antes de ser sacerdote, pero cuando llegó al Señor, él decía que eso era mejor que todo, que absolutamente todo. Por eso les digo que no hay ningún placer del cual ustedes se abstengan que Dios no se los recompense cien veces más. Dios es el gozo pleno en todo el sentido de la palabra.

Y por último, esto es para pensar. Esto es una cita de C.S. Lewis, pero yo creo que es para pensar. Con esto termino: "Las tan claras promesas de premios y la naturaleza de las recompensas prometidas en los Evangelios parecieran decirnos que nuestro Señor no cree que nuestros deseos sean demasiado fuertes, sino demasiado débiles. Somos criaturas desganadas que pasamos el tiempo jugando con la sexualidad, con las bebidas y con la ambición, cuando lo que se nos ofrece es un gozo infinito. Somos como aquel niño del barrio pobre que en su ignorancia quiere seguir jugando con sus pasteles de lodo, pues es incapaz de imaginarse lo que significan unas vacaciones en la playa." O sea, somos demasiado fáciles de complacer.

Y nosotros, cuando estamos lidiando con la inmoralidad en nuestra vida, lo que estamos es cambiando un placer de un pastel de lodo por unas vacaciones en la playa. Y quizás ni hace justicia la comparación con el placer que Dios nos está prometiendo, no solamente en la relación sexual, sino en nuestra vida misma, en nuestra plenitud de vida hacia Él.

Yo creo que este es un tema que Dios no quisiera. Honestamente se lo digo, cada vez que tengo que hablarlo lo he hablado tres veces nada más así de esta manera; privadamente lo he hecho. Pero la razón por la que le dije al pastor y le dije a los ancianos que creía que debíamos hacerlo es, primero, porque desde el púlpito no recuerdo que hayamos dado un mensaje nunca así tan claro, tan específico de la inmoralidad sexual. Número uno, sí lo hemos hablado como parte de otros mensajes. Pero número dos, porque después del retiro que hablamos, que yo dije este material como parte del retiro, todas las sesiones de consejería que he tenido, si de diez hombres han venido, cuatro o cinco o seis vienen con este problema. Mucha de la consejería a hombres que he tenido que dar en los últimos años y medio ha tenido que ver con luchas en el área de inmoralidad sexual, con adulterios, con inmoralidad de pornografía, con temas de todo tipo de estas cosas.

Entonces yo creo que es una necesidad imperante que nosotros entendamos que el llamado de nosotros los cristianos es huir de todo, de todo lo que huela a inmoralidad sexual, a doble sentido, a imágenes, a películas, a series que insinúen actos que Dios nuestro Señor aborrece. Y les pido que seamos radicales con esto, que no le demos espacio al pecado ni a Satanás en nuestras vidas. Y yo creo que si la iglesia como un todo se une en un mismo sentido a vivir de una manera distinta en esta área de su vida, yo creo que Dios va a bendecir grandemente la iglesia por esa vía.

Una última palabra para las parejas de novios que están aquí. Normalmente las parejas de novios tienen un mentor asignado. Nosotros tenemos un ministerio en la iglesia donde cada pareja de novios tiene un mentor asignado, que puede ser un anciano, puede ser un pastor, puede ser alguna otra persona que le sirva de mentoreo, alguna otra pareja casada que le sirva de mentores a la pareja de novios. Les digo a esas parejas que están mentoreadas que mantengan cuentas con su pareja mentor. A las parejas mentoras les pido que sean específicos en preguntarles a las parejas que están mentoreando: "¿Cómo están ustedes con la pureza? ¿Han tenido alguna práctica que consideren indebida delante de Dios?" Específicamente preguntarles.

A las parejas que no están mentoreadas: tienen que tomar límites en sus vidas aunque parezcan anticuados. Tienen que evitar salir solos, estar en lugares, en posiciones que propician la inmoralidad sexual en su vida. Aun aquellos que están comprometidos, ustedes pueden estar comprometidos para casarse la semana que viene, pero la semana que viene es que Dios les va a regalar el cuerpo el uno al otro, no es hoy. Entonces, aun las parejas que están comprometidas, que tienen una tentación mayor porque "bueno, ya vamos a ser esposos y esposas," en algún momento sí, pero cuando se dé eso es que Dios les da el permiso, no es ahora. Cuídense, cuídense, porque la consecuencia de pecado como este es significativa y pesada para nuestras vidas.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.