Integridad y Sabiduria
Sermones

¿Por qué la iglesia es relevante?

Joel Peña 23 mayo, 2021

¿Por qué seguir reuniéndose con un grupo de personas imperfectas cuando puedo adorar a Dios desde casa, a mi manera, sin complicaciones? Esta pregunta, intensificada por la pandemia, revela cuántos han llegado a ver la iglesia como algo opcional o anticuado. Sin embargo, el apóstol Pablo presenta una realidad radicalmente diferente: la iglesia no es un club religioso sino la casa del Dios vivo, una familia comprada por Cristo donde habita el Padre celestial. Así como Gustave Eiffel defendió su torre contra quienes la llamaban monstruosa, Cristo fundó su iglesia y la defendió hasta la muerte porque sabía que estaba destinada para la grandeza.

La relevancia de la iglesia descansa en tres pilares. Primero, su identidad como familia de Dios, donde las relaciones de unos con otros —amarse, soportarse, perdonarse, edificarse— manifiestan una gracia que el mundo no posee. Como aquel nativo de Papúa Nueva Guinea para quien el mejor camino no era el más corto sino el que permitía desarrollar más relaciones, la vida cristiana es un proyecto comunitario, no individual. Segundo, su misión como columna y sostén de la verdad: levantar en alto el evangelio para que todos lo vean y defenderlo sin importar el costo. Tercero, su mensaje: Cristo manifestado en carne, vindicado por el Espíritu, proclamado entre las naciones, creído en el mundo y recibido en gloria.

El compositor Puccini murió antes de terminar su ópera Turandot, pero sus discípulos completaron la obra. Nuestro Maestro también murió, pero resucitó victorioso y dejó a su iglesia la tarea de proclamar su verdad hasta que él vuelva.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Así es, Tú eres el Rey de reyes y has levantado a un pueblo desde la oscuridad, desde la enemistad, para que este pueblo hoy proclame tu verdad, hoy se goce en la libertad que Tú le diste. Gracias, Señor Jesucristo. Hoy, Señor, no solo en esta iglesia, sino en muchos lugares, miles y tal vez millones se unen para exaltar a ese Salvador. Y nos unimos también con el coro celestial que dice "Santo", que dice "Gloria a tu nombre" y que dice "Gracias, gracias por darnos vida nueva, por darnos, Señor, esperanza". Bendito sea tu nombre, amén.

Que Dios les bendiga, amados. Qué honra es poder adorar al Señor juntos con la Palabra de Dios cantada. Aunque a veces damos las cosas por sentado, esto es un privilegio, un privilegio estar exaltando al Señor, sobre todo juntos con otros que también quieren hacerlo.

El mensaje que vamos a compartir en esta mañana lo he compartido en cierta forma con los jóvenes, algunos elementos, y en otros lugares también. Pero recuerdo que para el momento en que meditaba el mensaje y cómo llevarlo, recordaba que me gusta mucho conocer de muchos lugares, de muchos sitios, y visitarlos. Y en ese sentido conocer su historia, cómo fueron fundados o construidos, etcétera. Pensaba en las pirámides de Egipto, esos monumentos tan antiguos. Algunos de los que están aquí han ido a las pirámides, por allá, hay algunos. Yo también; ha sido una bendición. Las cataratas del Niágara, algo impresionante, una creación de Dios, y ya no es solamente algo que el hombre hizo, sino que Dios hizo. ¿Alguno ha pasado por las cataratas? ¡Wow, buen grupo! Yo también, hermano.

Y además de eso, me recordaba de una de las obras de Dios, impresionante también, que es el Gran Cañón en Colorado. ¡Wow! El Gran Cañón, y viendo esa inmensidad, uno se siente pequeño. ¿Alguien ha pasado por el Gran Cañón? Oh, qué bien. Yo también, hermano, yo también he pasado por allí... por internet, lamentablemente, porque no ha habido la posibilidad, como sí la han tenido algunos, de estar allí en persona.

Pero uno de los lugares, monumentos y obras que yo he visitado cibernéticamente, virtualmente, me encantó mucho: su historia, cómo fue desarrollado y, al final, cómo quien lo construyó defendió esa obra. Este monumento fue construido en 1889 para una exposición comercial de su ciudad, y el arquitecto fue designado para construir algo que llamara la atención. Sin embargo, la impresión de las personas cuando vieron esa estructura fue decir: "Esto es algo monstruoso, qué feo, qué mal gusto, ¿a quién se le ocurre poner eso allí en medio de esta exposición?" Y las personas comenzaron a pedir que, desde que acabara la exposición, eso fuera quitado y destruido. Pero el arquitecto de esta estructura defendió su obra hasta el último momento. Él tenía en mente que esta obra iba a tener un impacto y una trascendencia impresionante, a diferencia de los que la veían en ese momento. Y hasta hoy, esta maravilla arquitectónica todavía está de pie. El arquitecto Gustav Eiffel defendió la Torre Eiffel hasta que murió. Increíble cómo alguien puede hacer eso con una obra material.

Similarmente, hay otro Arquitecto que también creó una estructura impresionante, que no solamente la fundó diciendo que la iba a fundar, sino que pagó con su vida y la defendió hasta el último momento. Jesucristo fundó la iglesia y Él dejó esta iglesia en manos de hombres comunes y corrientes como tú y yo, imperfectos, muchos de ellos sin preparación. Las puso en sus manos, pero Él defendió este grupo ordinario de discípulos porque Él tenía en cuenta que esta estructura estaba destinada para la grandeza: su iglesia. La iglesia que lo representa, que es sus manos en esta tierra, sus pies, que es su boca para dar a conocer a este gran Arquitecto y Salvador.

Nosotros vemos que, al pasar los años y los siglos, muchas personas hoy consideran a la iglesia no como algo tan grande, no como algo tan impresionante ni relevante. "Un grupo de gente ahí que se junta a cantar y escuchar a un hombre predicar, y que hace muchas cosas para sentirse bien. Yo no necesito la iglesia", dice mucha gente. Y muchas encuestas hablan de que no es necesario buscar a Dios en una iglesia ni formar parte de una iglesia: "Yo lo puedo hacer por mi cuenta y yo solo, aparte."

Sobre todo en este tiempo, cuando hemos experimentado una pandemia que nos llevó por un buen tiempo a estar lejos, sin congregarnos, sin estar cerca los unos de los otros, e incluso a limitarnos de hacer cosas que normalmente celebra la iglesia. Muchos de nosotros estábamos deseosos de que por fin estuviéramos juntos y viviéramos la experiencia de iglesia. Sin embargo, si somos sinceros, sabemos que otros vivieron todo lo contrario: se acomodaron, se conformaron y llegaron a la misma conclusión: "Si yo puedo ver la iglesia desde casa, desde cualquier lugar, ¿para qué tengo que estar ahí con esa gente? ¿Para qué tengo que viajar hasta allá, estar en un grupo de personas?" ¿Habrá pasado la iglesia ya de moda? ¿Será la iglesia relevante hoy? Esa es la pregunta que vamos a tratar de responder en esta mañana.

Utilizaremos el pasaje de 1 Timoteo 3:14-16. ¿Por qué la iglesia es relevante? Si puedes unirte conmigo buscando ese pasaje; algunos ya lo van a tener en pantalla allí detrás, otros, como a mí, nos gusta tenerlo en las manos también y poder ir revisándolo y seguir la enseñanza. 1 Timoteo 3:14 dice así:

"Te escribo estas cosas esperando ir a verte pronto, pero en caso de que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad. Indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad: Él fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por los ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria."

Pablo, escribiendo a su verdadero hijo en la fe, como él menciona y se refiere a él, Timoteo, quien era nada más y nada menos que el líder principal, el pastor de la iglesia en una ciudad llamada Éfeso, estaba instruyendo a Timoteo a través de esta carta sobre muchas cosas, sobre muchos retos que Timoteo tenía. Uno de ellos era el reto de tener hombres allí dentro de esa iglesia que eran falsos maestros, hombres que traían, como dice la misma palabra en el capítulo 1 de Timoteo, doctrinas extrañas, o como la Reina Valera dice, doctrinas diferentes, es decir, contrarias a la verdad de Dios. "Timoteo, prepárate, porque necesitas confrontar a esos hombres que quieren dañar la doctrina verdadera, y tú eres el responsable."

Aquí nosotros podemos ver cómo, desde el principio del capítulo 1, Pablo está enlazando la iglesia de Dios y la verdad de Dios. Esas dos cosas tienen que ir juntas: "Timoteo, tienes que preservar esa verdad dentro de la iglesia." Eso que comienza en el capítulo 1 ocurre en toda la carta, pero también termina en el capítulo 6. Pablo, refiriéndose a esos hombres, aquellos que enseñan una doctrina diferente, dice en el versículo 3 del capítulo 6 que no se conforman a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo. Y en los versículos 4 y 5 dice cómo son hombres con un interés corrompido, con mente depravada, que están privados de la verdad. Una vez más: "Timoteo, la verdad debe defenderse, debe proclamarse, y esta verdad va ligada a la iglesia. La iglesia tiene un rol para guardar esa verdad."

Si nosotros vamos a nuestro pasaje de hoy, desde el versículo 14, Pablo está con una esperanza, una esperanza de ver pronto a Timoteo y a esta iglesia en Éfeso. Dice: "Te escribo estas cosas esperando ir a verte pronto, pero en caso de que me tarde, yo te escribo." Asombrosamente, Pablo está consciente de algo: él tiene un deseo, "yo quiero ir a verte pronto", y sin embargo es posible que se tarde. Y es como si Pablo expresara lo siguiente: "Como posiblemente yo no podré ir en el tiempo en que yo deseaba, Timoteo, te escribo para que, en caso de que yo no llegue, tú recibas el mensaje. Tú debes saber estas cosas. Esto que te voy a decir es importante."

Y la pregunta es: "Te escribo estas cosas", ¿cuáles son esas cosas? Nosotros sabemos que hay varias opciones. ¿Serán los últimos versículos que anteceden a esta expresión? ¿Serán estas cosas la carta completa, o serán los pasajes anteriores del capítulo 1 al 3? Bueno, no tenemos ese detalle, pero es evidente y está claro que "estas cosas" es todo lo que él describe en la carta completa. "Estas cosas te escribo porque, si yo me tardo, yo quiero que tú sepas. ¿Y qué cosas le escribe?"

Si nosotros revisamos lo que ha expresado Pablo antes de este momento, antes del versículo 14, hemos visto que en el capítulo 1 él le expresa que la iglesia de Cristo debe preservar la doctrina apropiada. Por eso le manda defender la verdad frente a estos falsos maestros: "Timoteo, confróntales." También en el capítulo 2 él le ha mencionado que en la iglesia los hombres y las mujeres deben comportarse de forma apropiada. Los hombres, por este lado, escuchen esa instrucción; las mujeres, por este lado, escuchen esa instrucción. Y allí conocemos instrucciones muy famosas que dicen: "En todo lugar los hombres oren levantando manos santas, sin ira ni contienda." A las mujeres les dice que se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia. "Todo esto debe ocurrir en la iglesia. Esto es importante, Timoteo."

Y en el capítulo 3, en los versículos anteriores al versículo 14, en la iglesia de Cristo debe haber un liderazgo apropiado, un liderazgo que cumpla requisitos. Y aquí Pablo habla entonces de los requisitos de los ancianos, pastores y diáconos en la iglesia. Qué empeño tiene Pablo en el comportamiento, el funcionamiento, la enseñanza y el liderazgo de los que sirven en la iglesia.

¿Por qué? Porque ese empeño, ¿cuál es el propósito de todo esto? Habla del propósito: "Timoteo, el propósito por el cual te escribo es para que sepas cómo debe conducirse uno en este lugar, en este grupo de personas que es llamado iglesia." Y no pudiéramos pensar que tantos requisitos existen para que la gente no pueda venir, escuchar, hacer lo que quiera, comportarse como quiera y salir. No estamos en un lugar militar, nada de eso. Pero sí es un lugar que representa a alguien, un Señor Santo, Santo, Santo, que tiene mandamientos claros, voluntad clara. Y tú, Timoteo, debes guardar ese ambiente, esa conducta y ese comportamiento adecuado a ese Señor, a ese Dios por el cual ustedes se reúnen. Por esto, estos estándares; por esto, estos requisitos.

No pudiéramos pensar, ¿verdad?, de que Pablo aquí está hablando de límites para la mujer y roles de los hombres y de los líderes, pero lo que está resaltando es que este lugar es tan importante, tan relevante, que necesitan estándares que sean coherentes con ese lugar y esa congregación de personas. Por eso Pablo entonces afirma la relevancia de la iglesia, y lo hace de tres formas. Primero, la iglesia es relevante por la identidad que Dios le dio: nuestra identidad. Segundo, la iglesia es relevante por la misión que Dios le entregó. Y tercero, la iglesia es relevante por el mensaje que debe proclamar y que debe defender. Y eso lo veremos en estos textos cortos pero con tanto contenido.

Leamos entonces y estudiemos un poco acerca de que la iglesia es relevante por su identidad. El versículo 14 nuevamente, al 17: "Os escribo estas cosas esperando ir a verte pronto, pero en caso de que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno" —aquí viene la identidad— "en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo."

Primero, Pablo le llama a la iglesia "casa de Dios." Hay cosas que resaltar aquí. Este grupo de personas pertenece a alguien: a Dios. Alguien los compró, los redimió, pagó por ellos y ahora son su propiedad. Antes eran muertos, advenedizos, extranjeros; ahora han sido adoptados en una familia cuyo Padre es Dios y ellos son hermanos. ¿Te hablas últimamente con tu hermano? Chequea a tu hermano, y a otra hermana. Qué bueno, ¿no? No importa cómo sea, es tu hermano y tu hermana. Dios los compró, Dios los puso en un lugar, en un contexto que Él llamó casa de Dios, y todo lo que se hace en esa casa debe honrar a ese Dios. No se hace lo que los miembros de la casa quieren; no, se hace lo que ese Dios que los compró quiere, desea y establece. Eso es importante para aquellos que somos parte de la casa de Dios.

Ahora, esta expresión "casa" puede usarse para dos cosas: uno, para edificios, para los lugares, las localidades; pero más aún para las personas que habitan y hacen cosas dentro de esos lugares. Nosotros vemos incluso que la utilización de esa palabra en esta carta, y sobre todo en este mismo capítulo, se refiere completamente no a casa como edificio sino a los que viven allí: la familia de esa casa. Pueden ver esto en los requisitos para los pastores. Recuerdan que el pastor debe gobernar bien su casa. Eso no significa estar al tanto de que la bombilla esté funcionando —aunque en ese tiempo no había bombillas—, ni de que todo esté bien limpio. Puede que se involucre con eso junto con su esposa, pero ese no es el llamado aquí. Es que gobierne bien su familia: su esposa, sus hijos; que respete a su esposa, que la cuide, que la lidere; que ame a sus hijos, que los instruya en el Señor. "Gobierna bien su casa, porque si un hombre no sabe gobernar bien su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?"

Por tanto, aquí la expresión "casa de Dios" es familia de Dios, el hogar de Dios; son las relaciones que aquí se forman, que son parte de lo que es esta familia. Si vamos un poco más abajo en este mismo capítulo 3, el versículo 12, ahora hablando a los diáconos y no a los pastores, dice que los diáconos sean maridos de una sola mujer y que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Otra evidencia clara de que esto es la familia: sus hijos, sus esposas, lo que ocurre allí en los corazones y en los miembros de esa familia.

Ahora estamos claros de que cuando Pablo dice que somos la casa de Dios, estamos hablando de los miembros, los hijos, las hijas de este Padre que han sido adoptados para esta familia, que son ahora hermanos y hermanas. Calvino decía lo siguiente: "Hay muchas razones por las que Dios llamaría a la iglesia su casa, no solo porque Él nos ha hecho una familia, sino porque Él habita en medio nuestro." Él es el Padre de esta familia y está en medio de ella; Él habita en medio nuestro, y por eso todo lo que hacemos es para honrar a este que habita en medio nuestro, y tratamos de que así sea. Como casa de Dios, Él es el Señor; como casa de Dios, Él es la cabeza; como casa de Dios, nosotros somos la familia.

Así como el ideal en las familias humanas es que se persiga y haya un ambiente de amor, de aceptación, de apoyo mutuo, esto es indispensable también en la familia de Dios. Dios quiere que en su familia reine el amor sobrenatural de aquel que es el Padre. Y esto es muy importante porque nosotros sabemos que estar en una familia humana conlleva retos, ¿verdad? Conlleva amar a un padre que a veces es cabezón —decimos cabezón cuando queremos decir necio—, o hijos que tampoco se comportan bien, y tenemos que amarlos, tenemos que perdonarles, tenemos que convivir juntos. Imagínate eso en aquella familia que es llamada de Dios. Somos una familia que se llama así, pero hay retos para amar. Debemos sobrepasar a veces barreras, sobrepasar a veces dificultades, para vivir lo que es el amor y la aceptación en la familia.

Y a mí me impresiona cómo el Nuevo Testamento principalmente está lleno de expresiones de "unos a otros." Ustedes las han escuchado seguro: amados, "unos a otros"; soportaos "unos a otros" —esa no nos gusta mucho, pero está ahí—; perdonaos "unos a otros." Y así la lista es a veces interminable de los "unos a otros" que nosotros tenemos que vivir como familia de Dios. Si pudiéramos tener como sombrillas para agrupar esas expresiones de "unos a otros," pudiéramos decir: aquí podemos poner una sombrilla de unidad, mantenernos unidos el uno al otro. Y eso requiere vulnerabilidad, humildad, amor y cercanía, elementos indispensables en toda relación familiar.

Mantenernos unidos a pesar de las diferencias de opiniones, de comportamientos, de madurez espiritual a veces. Oye, a veces me voy a encontrar con el hermano que es, como decimos en Dominicana, un cacho. Yo le digo: "Mano, mira, eso no estuvo bien." Y él me dice: "¡Ay, gracias por ayudarme, mi hermano! Dios te bendiga, yo necesitaba eso." Otros no van a ser así; a otro tú le vas a decir: "Mira, eso que tú dijiste no estuvo bien," y te responde: "¿Así que tú eres perfecto, verdad? ¿Qué es lo que tú me estás diciendo?" Y tú te vas a encontrar con eso en la familia que es de Dios, porque muchos estamos en diferentes lugares en la imagen de Jesucristo. Pero estamos llamados a permanecer unidos, amándonos, perdonándonos, soportándonos.

Otra sombrilla que pudiera mostrar esa relación de familia y de los "unos a otros" es la hospitalidad de los unos a otros. Esto implica abrir nuestras vidas primero, y a veces hasta nuestras casas. Y a mí me impresiona cómo uno de los versos que habla de esta hospitalidad dice: "Sed hospitalarios unos a otros, sin murmuraciones." ¡Ay, papá! Yo no sé si les ha pasado, pero cuando has tratado y te has forzado en ser hospitalario: "Ahora, sí, bienvenido acá, vengan a cenar, ¿verdad?" Y ahí compartimos y estamos alegres; llegaron a las siete, todavía son las once y no se han ido, y tú le dices a tu esposa... Y ahora, ¿qué es esto? No puedes hacer nada, hay trabajo mañana, y comienzan las murmuraciones. Imagínense si están varios días en su casa: llegamos de viaje, ¿podemos quedarnos allá? "Sí, claro." Hay alegría en los primeros días; pasa el tercer día, el cuarto día... ¿Cuándo es que sale el vuelo? Porque para ser hospitalario hay que mostrar un amor desinteresado, que no piensa en uno mismo sino que piensa en el otro; es un amor como el de Cristo, ¿verdad? Entonces, ser hospitalarios recibiéndonos unos a otros en mi vida, pero también en mi casa, en mi hogar.

Pero si yo pudiera hablar de una sombrilla importante en esto de la familia y los "unos a otros," es la sombrilla de edificarnos los unos a otros. Esto que significa edificar es formar un edificio, ¿verdad?, construir la imagen de Cristo en el otro. Y aquí entonces yo tengo que involucrarme en la vida del otro, preguntar por la vida del otro, con el fin de llevarlo a Cristo cada día más. O sea, quiero ver al cristiano maduro; quiero ver la imagen de Jesús allí. Quiero su santidad, su santificación, quiero su edificación. Pero por otro lado, como es "unos a otros," yo también estoy abierto a ser edificado y a ser confrontado por mi hermano para llevarme a santidad. Y esta dinámica en la iglesia es un fruto hermoso y poderoso que, si lo hacemos bien, podemos entonces disfrutar de la bendición de ver al hermano crecer y yo crecer junto a ellos, para escuchar sus consejos, sus amonestaciones y sus exhortaciones.

Y por eso, en la reunión de líderes hace poco, nuestro pastor hablaba de que mi caminar con Dios es un proyecto comunitario. No es posible estar en una iglesia sin estar en comunidad, en relaciones con otros. Es verdad que se da el caso de que muchos venimos solamente a un momento y nos vamos y no hay relación. Pero ese no es el diseño de iglesia: es familia. Involucra dar pasos para que esa familia se forme, se dé, y pueda yo ser edificado, mantener la unidad y ser hospitalario, y recibir entonces todas las bendiciones de las relaciones familiares.

Las relaciones son tan centrales que me hizo recordar una historia de un misionero que fue a Papúa Nueva Guinea.

Este misionero norteamericano, en un momento, le pregunta a un nativo de allí: "Mira, yo quiero que me digas la mejor forma de llegar a aquel lugar". No recuerdo el nombre del lugar, pero necesita que le explique la mejor forma de llegar allí. Y el nativo, con la cara un poco confusa, comienza a explicarle: "Mira, hay todo tipo de rutas, amigo. Podrías irte por los arbustos y visitarías allí a algunos amigos en el camino. O podrías tomar la costa, aunque el sol será más fuerte por ahí; encontrarás un anciano que vive por allí, el cual conoce muchas historias de la Segunda Guerra Mundial. Y si tomas la calle, podrás hablar con algunos miembros de la familia de mi esposa que viven de este lado del río". Ahí terminó la explicación.

El misionero se queda preguntando en su mente: "Pero, ¿ves? Te pregunté la mejor forma de llegar. ¿Qué tiene que ver esto con la familia, con el viejo de la Segunda Guerra Mundial?" Y después él cae en cuenta de que, debido a su mente e ideas occidentales, lo mejor para él, la mejor forma de llegar para el misionero, era la más corta, la de menor tiempo, la que requería menos lucha. Pero para el nativo de esta ciudad, lo mejor se determinaba por cuántas relaciones tú querías desarrollar en el camino.

Y hermanos, si somos transparentes ante Dios y ante los demás, muchos de nosotros tenemos la mente como ese misionero norteamericano. Estamos siendo parte de una iglesia, pero eso lo hacemos para obtener lo más eficiente, recibir, y yo estoy complacido. Ocupo una silla en ese lugar, mientras recibo, participo y me ausento de la silla, y ya. Pero Dios quiere que seamos como este nativo de Papúa: que lo más importante aquí no es lo que recibes, aunque es importante; no es lo que eres beneficiado, sino las relaciones que formas con los demás, que son tu familia, mi familia.

Tanto así, y brevemente, que Dios no solamente utiliza la imagen de familia de Dios, sino que habla del cuerpo de Cristo, miembros entrelazados los unos a los otros, que forman un cuerpo. Y dice la Palabra que si algunos sufren, los demás sufren con él; si alguno es honrado, los demás se regocijan con él. Para eso se requieren relaciones. Y Dios nos está llamando aquí la atención de que tu identidad como iglesia tiene que ver con la familia de Dios, y por eso la iglesia es relevante, porque aquí está la familia de Dios y se manifiesta algo que el mundo no tiene: la gracia de Dios. Eso es relevante.

Dentro de la identidad, también Pablo dice que somos la iglesia del Dios vivo, o viviente, como dicen otras versiones. La iglesia del Dios viviente: la asamblea, la congregación de personas que han sido tomadas fuera del mundo, del pecado, para servir a Dios. Eso es iglesia. Y hay características y verdades de que somos un grupo. Una característica es que somos llamados fuera, pero a mí me llama aún más la característica del Dios vivo, viviente. ¡Uy, hermanos!

Cuando tú te pones a pensar dónde Pablo está escribiendo esto, a qué lugar está escribiendo Pablo esto —Éfeso—, donde había triunfado el paganismo por doquier. Tenía un templo que era una de las maravillas del mundo antiguo, a una diosa llamada Diana o Artemisa. Y esto era impresionante, pero estas personas adoraban a esta diosa. Y Pablo dice: "Aquí nosotros somos la asamblea, el grupo de personas, la iglesia, pero del Dios no muerto, sino vivo". No adoramos ídolos que no hacen nada ni escuchan, sino a aquel Dios que sí escucha, que se manifiesta. La Palabra está también llena de referencias al Dios vivo, y voy a leer algunas brevemente.

Josué 3:10 dice: "En esto conocerán que el Dios vivo está entre ustedes, y que ciertamente expulsará adelante de ustedes a los cananeos". En esto lo conocerán: este Dios vivo va a echar fuera a los dioses muertos de los cananeos. En 1 Samuel 17:26, ustedes conocerán a este pequeño joven frente a un gigante, y dice: "¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?" Dios está vivo. Este filisteo, que no adora nada, ¿quién es para desafiar a un Dios que está vivo? Si él no tiene amparo en ningún dios, yo tengo un Dios que sí; tengo amparo porque Él me defiende. Esa era la convicción de David.

Si vamos a los Salmos: "Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?" Salmo 42:2. Oigan bien, hermanos: David tenía una expectativa. "¿Cuándo vendré y me presentaré delante de Dios?" Pero usted sabe por qué él tenía una expectativa tan grande: por lo que dijo antes, "mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente". Cuando yo me voy a presentar allí, Él habla, transforma, sana, restaura; yo quiero estar allí. ¿Tendrás tú esa expectativa cuando viene ese momento de adorar a Dios aquí? "Yo quiero estar allí, porque Dios está vivo. Yo voy a congregarme con los demás porque Dios está vivo, y ahí Él va a hablar, y Él me va a sanar, y ahí Él va a tratar con mi mente, con mi corazón, con mis emociones, porque Él está vivo." Esa es la iglesia del Dios viviente.

Es una iglesia que está convencida de que no adora a un Dios muerto, con los brazos cruzados y lejano, sino a un Dios cercano que habla, que escucha, que obra, que transforma, que se manifiesta. Y sobre todo, que si Dios está vivo, Dios quiere una relación personal contigo. ¿Es posible que alguno de los que están aquí estén de visita, o no sean cristianos, o como te sientas? Pero si no tienes esa relación, Dios está vivo y quiere relacionarse contigo. Quiere enseñarte su voluntad, que es la que te llevará a libertad y a salvación. Él está vivo; no lo dudes.

Nuestras vidas deberían ser diferentes si entendiéramos la profundidad de esta verdad, de que somos la iglesia del Dios viviente. Para no redundar ni repetir, les recordaré la frase famosa de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Pero no se queda allí; ahora Jesucristo le responde en relación a la iglesia: "Sobre esta roca", esa expresión que tú dices, Pedro, "edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella". Oigan bien la relación, hermanos: Pedro habla de que "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente", y Jesucristo le responde: "Sobre esa verdad, mi iglesia será edificada y nada la destruirá". Por tanto, la iglesia de Cristo está edificada sobre la gloriosa verdad de que nuestro Dios es un Dios vivo, y por esto ni siquiera el infierno prevalecerá contra aquellos que somos iglesia.

Dios está vivo y somos la iglesia de ese Dios vivo. La relevancia entonces de la iglesia, hermanos, tiene que ver con nuestra identidad como familia de Dios, como iglesia del Dios vivo. Y la segunda razón tiene que ver con la misión que tiene la iglesia, y en estos pasajes vemos esa misión en el verso 15: "Es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad". Podemos decir que eso es parte de la identidad, porque aquí le está hablando de que el que es columna y sostén de la verdad ciertamente puede ser parte de la identidad; sin embargo, esta identidad ahora incluye una misión, algo que hacer: ser una columna para la verdad, ser un sostén para la verdad. Parecieran dos palabras sinónimas —columna y sostén—, ambas sirven para lo mismo; otras versiones dicen "columna y baluarte de la verdad".

Pero si nosotros nos detenemos un poco y entendemos el contexto donde Pablo escribe, sabemos, como ya les mencioné, que en Éfeso estaba un templo impresionante que era una maravilla. En el comentario de William Barclay, hablando de esto de columna, él hace una descripción maravillosa. Escuchen, dice: "En Éfeso, esta palabra 'columna' tenía un significado especial. La más grande gloria de Éfeso era el templo de Diana, una de las siete maravillas del mundo, caracterizada por sus columnas, las cuales ascendían a un total de 127 columnas, cada una regalada por un rey, decorada con joyas y revestida de oro". Hay algunos por aquí que tienen imaginación y se están imaginando esto: un templo con 127 columnas que sostienen el techo, todo de mármol, y ahora estas columnas están decoradas con joyas y revestidas de oro.

Los efesios sabían lo hermosa que podría ser una columna. La idea de usar esta palabra no era tanto para describir su función de soporte, sino más bien resaltar una de las funciones características de la época para las columnas, que era la de colocar estatuas de personajes famosos sobre ellas o colgar algún anuncio. Sigue la cita: "Esto nos da la idea de que la misión de la iglesia como columna es la de exhibir y proclamar la verdad para que todos puedan verla". La columna levanta, pone en alto algo: la estatua que estaba allí, el anuncio que estaba allí, el techo de esa edificación; pero la idea era poner en alto.

Y esa es parte de la misión de la iglesia: tomar la verdad de Dios y darla a conocer, ponerla en alto de una forma que no solamente se hable a veces en voz alta, como yo estoy hablando ahora, sino también con mi vida, para que otros puedan ver qué es lo que pasa allí, y aquí entonces decirles lo que pasa: "Esta es la verdad de Dios". Exhibe, proclama esa verdad para que otros la conozcan. Y hoy tuvimos un ejemplo maravilloso de jóvenes que se bautizaron, donde Dios les hizo entender la verdad proclamada por otros, y ahora ellos han sido bautizados para entonces decirle a otros: "Esta es la verdad: Cristo salva. Esta es la verdad del Evangelio; tiene el poder para redimir y restaurar".

Por eso tu misión, mi misión como columna de la verdad implica el ir por todo el mundo, por todas las naciones, por todos los lugares, por todos los trabajos, vecindarios, familiares, conocidos y amigos, y predicar el Evangelio a toda criatura. "El que creyere será bautizado; el que no creyere será condenado." Esa es la verdad que tú proclamas y levantas en alto: Cristo vino a salvar.

También dice que dentro de la misión es sostén de la verdad, no solamente levantar la verdad y proclamarla, sino también ser un sostén, un fundamento que hace que lo que está arriba permanezca firme y sea defendido de cualquier ataque o amenaza que quiera destruirlo. Esto es sostén de la verdad. Aquí entonces la función de la iglesia es defender esta verdad, no solamente proclamarla, no solamente darla a conocer, sino que nosotros somos aquellos agentes que somos sal de la tierra y defendemos la verdad que es de Dios, porque esa es la que salva y la que ilumina al hombre.

Por eso, abogados aquí en sus lugares y con las leyes defienden la verdad en todo lugar. Ingenieros en todo lugar procuran que la verdad de Dios se aplique. Cristianos en general, en esta sociedad que cada día más tiene antivalores, no importa el precio, van a defender la verdad porque recuerdan que la verdad que tienen es la única verdad que lleva a Dios, que lleva a la luz a alguien que está en oscuridad. Y mártires, hombres y mujeres, cientos y miles, a través de años y años, han muerto por la verdad.

La iglesia de hoy no debe ser la que se quede atrás. Por decir "esta es la verdad", no importa lo que me cueste, no importa si tengo que pagarlo con el trabajo, lo haré; con la vida, pues lo haré, porque yo soy sostén de la verdad. Y lamentablemente, hermanos, muchos de nosotros a veces nos hemos desenfocado en esta función y misión. Somos columna, somos sostén, y nos hemos quedado rezagados, nos hemos quedado atrás en proclamar y en compartir la verdad que debe ser conocida, la verdad que debe ser defendida. Dios nos llama en esta mañana a cumplir esa misión. La iglesia es relevante por su misión; el mundo necesita salvación y la iglesia tiene la verdad que proclama y defiende.

Como soy pastor y más de jóvenes, a veces no me gusta dejar conceptos que son muy sencillos y aéreos, y me gusta ser muy práctico para que se pueda digerir lo más posible. A veces es difícil y no se cumple, pero volvamos a la pregunta: ¿cómo podemos desarrollar esta misión de ser columna y sostén de la verdad? Voy a ir desde lo más básico hasta lo más difícil.

Tú necesitas escuchar la verdad continuamente para poder defender la verdad. Tú estás aquí en esta mañana escuchando la verdad; tienes que seguir escuchándola como parte de tu vida, en cada reunión que se tiene como cuerpo de Cristo. Debes seguir escuchando la verdad, seguir meditando en esa verdad, leyendo y escudriñando esa verdad, y meditándola para ver cómo aplica a tu vida. Debes retener esa verdad en tu mente.

A mí me encanta una cita de un misionero y predicador chino que fue preso durante 25 años debido a su fe. Dice lo siguiente: "Memoriza, memoriza las Escrituras; vendrán tiempos en que ellas serán lo único que tendrás contigo." Él no tenía una Biblia en 25 años, y lo único que tenía era su memoria de lo que una vez había estudiado. En muchas ocasiones tú y yo no tenemos la Biblia para hablar con un tío, con un familiar; lo único que va a salir es lo que tiene la memoria. Por eso leerla, escucharla, meditar en ella, aprenderla para que se quede tallada allí es importante. Estudiarla, obedecerla y vivirla es lo necesario para ser columna y sostén de la verdad. Una vida que refleje lo que creemos la defiende, la proclama, como el pastor Miguel nos habló el miércoles pasado. Eso debe ser un estilo de vida que nos caracterice.

Somos una iglesia relevante. La iglesia lo es porque tiene una identidad, porque tiene una misión, y ahora porque tiene un mensaje. Último versículo, 1 Timoteo 3:16: "Indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad: Él fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido en gloria."

Este es un texto que a muchos les ha parecido difícil, porque parece estar desconectado. Ahora estamos hablando de columna y verdad, de la iglesia, de la familia de Dios, y de repente Pablo dice: "Indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad", y comienza a hablar de este que fue encarnado. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos, dentro de los cuales me incluyo —aunque no soy un estudioso sino un simple estudiante—, coinciden en la interpretación de que este es un himno de la iglesia primitiva. Incluso está escrito de forma poética, y todo lo que está allí habla de la verdad que debemos sostener, proclamar y defender: el Evangelio de Cristo, su historia para salvar al hombre. Aquí Pablo está hablando justo de eso, de forma encapsulada y resumida.

"Indiscutiblemente grande es este misterio de la piedad." Nos llama la atención esta frase, "misterio de la piedad". Cuando vemos esto, es algo que Pablo usa en muchos lugares: misterio de la fe, misterio de la piedad. Es simplemente aquello que una vez estuvo oculto, que nadie conocía o no entendía bien, pero que Dios lo ha revelado ahora. Es el plan de salvación, cómo el hombre tiene una relación con Dios y es salvo. Y ahora este misterio ya no está en misterio, porque es conocido: es de la piedad, de la fe, de la sumisión a Dios que debemos tener. Grande es este misterio de la piedad; grande es este Evangelio de salvación.

Aquellos que conocen un poco la historia de Pablo en Éfeso pueden remontarse a una expresión muy parecida. Devuelve la cinta para atrás y ubica a Pablo en Éfeso, en su viaje misionero, evangelizando allí, con gente creyendo, incluso durando años allí entrenando personas. En un momento él sale brevemente camino a Macedonia y deja Éfeso. Pero allí se arma un lío, hermanos. Una turba de gente, motivados por plateros, hombres que confeccionaban templos en miniatura de Diana en plata y los vendían para aquellos que adoraban a Diana, estaban airados porque Pablo y sus discípulos habían enseñado que no hay Dios fuera de Dios, que ese dios Diana estaba muerto, y que ahora tu vida debe estar amparada en este Dios que sí está vivo. Las ventas estaban cayendo, y estos hombres comenzaron a incomodarse. Y así comenzó una turba, una asamblea, una junta de personas gritando esta frase: "¡Grande es Diana de los efesios! ¡Grande es Diana de los efesios!"

No puedo entrarme en el resto de la historia, pero Dios libró a estos discípulos y a Pablo. Aquí Pablo, hacemos una comparación: podemos escuchar a Pablo diciéndoles, "¿Grande, Diana de los efesios? No. Grande es este misterio de la piedad, este misterio que sí salva y que pertenece a un Dios que sí está realmente vivo." Este es el misterio, y este es el mensaje que hace a la iglesia relevante.

"Él fue manifestado en carne" nos apunta a la encarnación del Verbo hecho carne, el Hijo de Dios que se hace visible en la tierra, porque antes existía, pero ahora en su encarnación se hace visible y se manifiesta. Su nacimiento es parte central del mensaje como iglesia; no es posible hablar del Evangelio sin hablar de que Cristo vino, se encarnó y tomó nuestro lugar como hombre. Esto es central, y uno de los acontecimientos más grandes, acompañado de su resurrección.

"Él fue también vindicado por el Espíritu", o en el Espíritu. La palabra "vindicado" es también "justificado" o "reconocido" por el Espíritu. ¿Qué hizo el Espíritu Santo en el ministerio de Jesucristo? Es otro sermón, y qué sabe, una serie grande de sermones. Pero en resumen, vemos al Espíritu en su bautismo reconociéndole allí, descendiendo como paloma, y Dios desde el cielo diciendo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." El Espíritu, en el momento de reconocimiento de Jesús. Pero otro momento aún mayor es la resurrección de Cristo. Romanos 1:4 dice: "Y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, nuestro Señor Jesucristo." El Espíritu le justificó como Hijo de Dios, como Salvador, y le reconoció.

"Él fue contemplado por los ángeles." Así como con el Espíritu podemos encontrar muchas escenas donde el Espíritu interactúa en la historia de Jesucristo, los ángeles están por todo lugar. Cuando Cristo nace, hay una fiesta en los cielos: ángeles en Dos Sanas, en las Escrituras, y los pastores del crédito viendo lo que está pasando. Ellos se aparecen hablando a José, ellos se aparecen hablando a María. Los ángeles también están en el momento de la tentación; cuando Jesucristo sale, le confortan. En el jardín de Getsemaní, donde Jesucristo suda como grandes gotas de sangre, los ángeles allí le confortan también. En su resurrección, en la tumba vacía, allí dicen: "¿A quién ustedes buscan? El que estaba aquí ya está vivo." Allí están los ángeles. En la ascensión también los ángeles dicen a los apóstoles: "Miren, aquel que ya ascendió y ustedes lo vieron, ese mismo volverá." Los ángeles están allí presentes, y los ángeles estarán en la celebración gloriosa que tú y yo tendremos cuando seamos la iglesia en los cielos.

"Proclamado entre las naciones." Once hombres —porque uno, verdad, se ahorcó—, once hombres sin preparación, hasta temerosos, fueron capaces de proclamar la verdad con la ayuda del Espíritu y el poder de Dios, haciendo que en menos de setenta años el mundo conocido de esa época conociera de Jesucristo. ¿Qué podremos hacer tú y yo? Yo creo que mucho, si dependemos de ese mismo Dios.

"Creído en el mundo." Aquí habla de una respuesta que estas naciones tuvieron, porque al compartir el Evangelio hay una exigencia, una petición de respuesta. Esto no es simplemente un mensaje bonito y ya. No, hermano, hay una respuesta que tú tienes que dar, y es esta: ¿lo crees? ¿Crees esto? Y dice este himno: "Él fue creído en el mundo." Una respuesta. Por tanto, las citas que nosotros encontramos en Hechos, de que la iglesia creía y crecía y era aumentado el número, esto era real, y esto fue parte de este himno.

Por último, "él fue recibido arriba en gloria." El mensaje termina con la ascensión de Jesucristo.

Victorioso, resucitado, o como él dijo: "Voy, pues, a guardar y a preparar lugar para vosotros." Y han creído. Gloria. Esta es la corona de su exaltación. Cuando él sale de la tierra victorioso, entonces le deja a los discípulos la encomienda de llevar este mensaje. Tenemos una identidad, tenemos una misión, tenemos un mensaje.

Y ese es el reto que nos retiene a veces, hermanos. Es que la iglesia de Cristo, a veces, en naciones como la nuestra, en Estados Unidos y muchas otras que son abiertas al cristianismo, por lo menos que tienen historia de cristianismo, a veces en encuestas se han dicho, se han hecho preguntas y estudios de qué opinan los cristianos de qué es el evangelio, y muchos cristianos no saben lo que es el evangelio. Y este es el mensaje de la iglesia que la hace relevante.

Y muchas respuestas son: "El evangelio es la voluntad de Dios." Sí, hermanos, pero el evangelio es algo más. O sea, la voluntad de Dios resume todo, la voluntad de Dios, pero eso no es el evangelio. "El evangelio son los diez mandamientos." Bueno, hermano, los diez mandamientos deben ser incluidos tal vez en la predicación del evangelio, porque ningún hombre ha cumplido los diez mandamientos y por eso estamos en condenación, pero eso no es el evangelio. "El evangelio es la Biblia." Y podemos decir: "Bueno, hermano, sí, el evangelio está descrito en la Biblia", pero no en todo pasaje de la Biblia está el evangelio.

Por tanto, es necesario que la iglesia, que tiene una misión para levantar la verdad y un mensaje que proclamar, deba conocer ese mensaje. Y si no lo conoces, aquí Pablo ha descrito una cápsula, pero te voy a decir otra cápsula más: todos los seres humanos están en condenación, perdidos y sin esperanza. Dios, en su infinito amor, envió a su único Hijo al mundo para que todo aquel que en él crea no se pierda, mas tenga vida eterna. Si tú crees y te arrepientes de tus pecados, eres salvo, tienes vida eterna, tienes esperanza y nueva vida, y un día vas a estar con él en los cielos, porque él vendrá y estaremos con él en gloria. Eso es el evangelio. Cree, arrepiéntete de tus pecados, vive para él y espera la manifestación de su Hijo en gloria.

John Stott decía en su libro *La iglesia viviente*: "No inventamos el evangelio, por tanto no tenemos la libertad de editarlo ni manipularlo." No es nuestro, hermano. Nuestra labor es tomarlo del pacto de Dios, creerlo, vivirlo y ahora pasarlo a otros. No añadirle otras cosas. No es nuestra labor. Es simplemente llevar el mensaje.

Su iglesia, entonces, terminando, es relevante por su identidad, por su misión y por su mensaje. Una historia para cerrar. Un gran compositor italiano —y me disculpan porque no soy fluido en el italiano, no sé nada de italiano, mucho— pero el gran compositor se llamaba Giacomo Puccini. Sus obras se encuentran entre las más favoritas del mundo, y él, lamentablemente, fue diagnosticado de cáncer en 1922, justo en medio de cuando estaba por concluir su obra más famosa, llamada *Turandot*, que seguro algunos han escuchado.

Sus estudiantes, como veían que él se estaba cada vez más debilitando debido a la enfermedad, le imploraban: "Descansa, maestro, tómate tiempo para que guardes fuerzas." Pero él insistía y afirmaba: "Si yo no llego a concluir mi música, esta obra, mis estudiantes lo harán." En 1924, Puccini fue operado y murió a los dos días de la operación. Los estudiantes, aun con ese ánimo, se esforzaron por terminar la obra y organizaron la gala premier de *Turandot* en 1926, liderada por uno de los estudiantes de Puccini.

Todo iba brillante esa noche: la orquesta, las armonías, la composición, todo mostrándose allí. El director, con su batuta, de repente se ve forzado a bajarla y se voltea al público de la audiencia con la cara y los ojos llenos de lágrimas, y exclamó en alta voz: "¡Hasta aquí el maestro escribió, pero murió!" Hubo un silencio sepulcral por un momento en esa sala. Y el estudiante tomó nuevamente la batuta, sonríe al auditorio y exclama nuevamente: "¡Pero sus discípulos terminaron su obra!"

Nuestro Maestro también murió, hermanos, pero esta es la diferencia con Puccini: se levantó de los muertos y ascendió al Padre victorioso. Y él le dejó a su iglesia la tarea más importante en el mundo: completar la obra de proclamar su verdad entre las naciones, defenderla de los ataques, hasta que él venga por nosotros. Esa es su iglesia.

Si no es así y quieres serlo, los de esta mañana, esta tarde, habla con Dios.

Señor, estaremos a tus ojos. Padre, no tendremos la forma de comprender, como hombres y mujeres pecadores, enemigos tuyos, cómo tú decidiste formar un pueblo, una nación, una familia, una iglesia. Pero sí hemos podido experimentar la grandiosa gracia tuya cuando hemos recibido tu amor y tu perdón y hemos nacido de nuevo, y hoy podemos disfrutar, Señor, de esto que tú llamas tu familia, tu iglesia, de un Dios que está vivo.

Yo te pido, con mis hermanos, que aquellos que aún en esta tarde no han creído en ese Salvador que fundó la iglesia, que en esta tarde puedan hablar contigo y decirte: "Yo he caminado lejos de ti, yo he rehusado escuchar tu mensaje muchas veces, yo he recibido invitaciones a formar parte de una iglesia y me he negado, pero hoy he entendido que soy pecador y no merezco nada, pero tú me amaste así, y te clavaste en la cruz, viniste en carne y venciste el pecado que a mí me atrapa, me esclaviza. Perdóname, Señor, me arrepiento, y hoy quiero ser tu hijo, tú mi Padre. Yo quiero tener hermanos que te aman, yo quiero crecer como tu familia y servir a un Dios vivo." Si eres alguien así, dile al Señor: "Sé tú mi Salvador, sé tú mi Señor."

Iglesia, cristianos que estamos aquí, reconoce delante de tu Dios cuando lamentablemente has olvidado tu identidad y más aún has olvidado tu misión. Te has quedado rezagado y la iglesia se vuelve irrelevante, porque una iglesia que no cumple su misión es una iglesia que pierde su relevancia. Señor, ayúdanos a vivir la misión y a hacerlo con valentía, confiando no en nuestras fuerzas sino en ti, y a llevar el mensaje que salva al pecador y al perdido. En el nombre de Jesús, amén.

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Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.