Integridad y Sabiduria
Sermones

La gloria del Cristo incomparable

Miguel Núñez 4 abril, 2021

La resurrección de Cristo no solo mira hacia atrás como un hecho cumplido, sino hacia el futuro como garantía de todas las promesas de Dios. Ese primer domingo, las dudas de los discípulos se convirtieron en certidumbre, el temor en confianza, y la desesperación en consuelo. La muerte murió, y la vida comenzó a llenarse de propósito eterno. Pero más allá del evento histórico, el poder que levantó a Cristo de los muertos permanece activo en quienes creen, capacitándolos para correr la carrera hasta el final.

Cristo es singular e incomparable en todo sentido. En él fueron creadas todas las cosas, por medio de él y para él. Él es la causa primaria, instrumental y final de toda la creación, tanto visible como invisible. Antes de que el tiempo comenzara, ya desplegaba su gloria junto al Padre. Su nacimiento fue único: una virgen concibió sin participación de hombre. Su vida fue única: nunca necesitó modificar una palabra, excusarse por una acción, ni confesar pecado alguno. Su muerte fue única: siendo inocente, fue vestido de culpa para que los culpables fueran vestidos de su justicia. Y su resurrección fue única: ningún líder de la historia profetizó su propia muerte y resurrección para luego cumplirla.

En la cruz, la justicia, la misericordia, el poder, la santidad y el amor de Dios fueron glorificados simultáneamente. Cristo reconcilió todas las cosas consigo mediante su sangre. Hoy él gobierna con toda autoridad en cielos y tierra, y un día volverá como Rey de reyes y Señor de señores.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

En la cruz, mi pecado tú lo resististe. No fue tu uniforme, no fue tu naturaleza, fue simplemente mi vestido sobre tu cuerpo. Gracias por tomar mi lugar. Gracias porque lo que aquel día parecía como una pérdida total, el domingo, aquellos que vieron tu cuerpo resucitado pudieron pensar y declarar y creer que la victoria está en ti. Señor, hoy tu pueblo puede cantar a lo largo de toda la tierra: ¡Aleluya! Él ha resucitado, la tumba ha hablado, la tumba ha proclamado tu triunfo, y el triunfo es nuestro en ti, oh Dios.

Gracias, gracias porque nosotros somos tan bendecidos de tantas maneras, pero nuestra mayor bendición, nuestra mayor recompensa es Jesús mismo. Él, nuestro Dios y Salvador, a quien serviremos, a quien veremos, con quien estaremos, quien nos redimió. Señor, ayúdanos a vivir la libertad que tú compraste, pero ayúdanos a vivirla en gloria para ti. Ayúdanos a pensar mientras estamos en esta tierra para dónde vamos. Señor, ayúdanos a pensar lo que costó poder, por así decirlo, tener un tiquete de entrada a tu presencia: la sangre, la vida, el sacrificio, la muerte, el dolor de tu Hijo Jesús.

Gracias por hacer cosas que nosotros ni siquiera entendemos bien hoy. ¿Cómo es que un Dios, cómo es que el Dios pudo hacerse hombre y seguir siendo Dios? Ayúdanos a ir esta mañana a entender las singularidades de Jesús, para gloria tuya y beneficio nuestro. En tu nombre oramos esto, si su pueblo dice amén. Vamos a sentarnos.

Dios bendiga a su pueblo en esta mañana, día especial. Aunque hemos celebrado la resurrección de Jesús por años, yo creo que estoy seguro que nosotros estaremos celebrando por el resto de la eternidad. Y ciertamente, como todos sabemos, a lo largo del globo terráqueo, los creyentes, hemos estado creyentes y no creyentes, incluso creyentes culturales por así decirlo, hemos estado recordando la vida, la muerte y la resurrección de nuestro Dios.

El viernes pasado era el día que tradicionalmente usamos para recordar su crucifixión a favor nuestro. Es un hecho como que de alguna manera tiende a mirar hacia atrás, porque ha redimido, por lo oído, la cruz de mi pasado fue redimido. Pero llega el domingo y en un día como hoy estamos recordando la resurrección. Y es un hecho como que mira hacia el futuro, porque la resurrección es lo que a mí me dice que mis promesas han sido garantizadas.

Lo tradicional es que un día como hoy se predique acerca de la resurrección, y lo hemos hecho por más de veinte años, porque la resurrección es el hecho que lo cambió todo, lo cambió todo y lo sigue cambiando todo. Ese primer día, ese primer día de resurrección, las dudas pasaron a ser, fueron cambiadas en certidumbre. Y las preguntas en respuestas. Y el temor, el temor de "¿qué pasó?", "¿dónde nos equivocamos?" en confianza. Y la desesperación de "ahora qué, ahora qué hacemos, aquellos de nosotros que dejamos nuestras profesiones, qué hacemos", esa desesperación pasó a ser consuelo.

Y aquello que quizás había sido visto como temporal, como lo ve el mundo, como lo ve el resto de la población, una vida temporal, comenzó a cobrar sentido de lo eterno. Y el dolor que los invadió el viernes en la mañana, comenzando con el apresamiento de Cristo y luego viendo los clavos y el cuerpo ensangrentado y el Señor en la cruz como alguien que había sido abandonado, ese dolor se llenó de sentido. Y ese domingo la muerte murió, la muerte perdió su poder.

La vida aquí debajo, que quizás algunos habían comenzado a repensarla otra vez en lo limitado de esta vida aquí debajo, comenzó como a llenarse de propósito por primera vez o por segunda vez quizás. Y las riquezas de este mundo comenzaron a perder su brillo. Y finalmente como que había un hálito de esperanza de que la causa de Cristo pudiera ser verdaderamente la meta de la vida de aquellos que habían llegado a creer.

De manera que ciertamente ese domingo fue el comienzo del cambio total, de un giro, como la bisagra que cambió la dirección en la que la historia de la redención continuaría de ahí en adelante. Pero ese es el mismo cambio, que es la misma resurrección, pero de otra manera sigue siendo, sigue teniendo en nosotros el poder de cambio que siga en nosotros. Porque ahora, aunque Cristo ya resucitó y no lo va a continuar haciendo año tras año, el poder de la resurrección, el poder que lo levantó de entre los muertos está en nosotros, y ese es el poder que a ti y a mí nos permite correr la carrera bien hasta el final.

Este es el poder que nos permite a nosotros terminar la carrera, que nos permite reflejar la imagen de Cristo. Es el poder de la resurrección en nosotros que nos permite desplegar la gloria de ese Cristo en nuestras propias vidas. De manera que la resurrección es un hecho crucial, es la columna vertebral junto con la cruz de la fe cristiana. Le quitas la cruz, le quitas la resurrección, cualquiera de los dos, y la fe cristiana es no más.

Sin embargo, en el día de hoy, en vez de hablar solamente de la resurrección, lo cual yo comencé a hacer ya, yo quisiera más bien hablar de la singularidad del Cristo resucitado. Y para eso yo he titulado el mensaje hoy: "La gloria del Cristo incomparable". Como es incomparable, es singular, pero no lo puedes comparar con ninguna otra persona, no puedes comparar con ningún otro personaje de la historia. La gloria, yo quiero hablar no solamente de Cristo, yo quiero hablar de la gloria de ese Cristo. Están íntimamente relacionadas, pero son dos cosas distintas, porque una cosa es lo que Él es y otra cosa es lo que Él despliega.

Y esta es la gloria que Él compartía con el Padre desde antes de la fundación del mundo. De hecho, eso es algo que Él mismo pide en oración en el aposento alto, ya al final, el día antes, la noche antes de su crucifixión. Él está ahí con sus discípulos orándole al Padre, y eso quedó registrado en el capítulo 17 de Juan. En el versículo 5 está la petición de Jesús: "Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes de que el mundo existiera."

Si tú te percataste, verás que Él está aquí abajo, no ha dejado de ser Dios. Sin embargo, hay algo que Él dejó atrás, hay algo que a Él le pertenece, le pertenece, que Él había dejado temporalmente atrás. Le está diciendo: "Padre, regrésame, devuélveme la gloria que yo compartía contigo, yo que desplegaba, que aquí debajo dejé de desplegar porque vine como representante de los hombres. Eso que yo desplegaba de manera natural continuamente junto a ti, permíteme ya volver a hacerlo una vez más."

Una gloria que Cristo había desplegado desde la eternidad pasada, que desplegó antes de que los tiempos comenzaran, antes de que nada fuera creado, ya Cristo desplegaba dicha gloria. La gloria que en cierta manera Pedro, Juan y Jacobo vieron en el monte de la transfiguración, y es por eso que Juan registra en su Evangelio: "Y nosotros fuimos testigos y vimos su gloria." Ellos vieron en un buen momento un cachito de la gloria de Cristo ese día, de algo que Él reflejó, y de eso es que Cristo le está hablando a su Padre: "Quiero volver allí."

La pregunta es: ¿cómo es que Cristo, de qué manera Cristo como Dios despliega, refleja una gloria hacia fuera de Él? Porque eso es lo que la gloria de Dios es, es el despliegue de sus atributos. En la medida en que Dios existe, simplemente tiene que existir y hay un despliegue de lo que Él es. ¿De qué manera Él hizo eso desde antes de la fundación del mundo?

Y para explorar esa primera pregunta y poder hablar de la singularidad de Jesús, yo quisiera leer un texto de Colosenses 1, del versículo 13 al 20. Yo no lo voy a exponer versículo por versículo y en el orden que está dado. Yo iré exponiendo a lo largo del camino de todo el texto por el desarrollo que el mensaje tiene, pero yo voy a comenzar leyéndolo por completo.

El versículo 13, Colosenses 1, Pablo escribiendo, el Espíritu inspirando: "Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en Él —escucha— en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles, ya sean tronos, dominios, poderes o autoridades. Todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía. Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él —repito— ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos."

El apóstol Pablo quería enfatizar "todas": las que están en los cielos, las que están en la tierra. Ya lo había dicho, vuelve y lo repite, vuelve y lo dice.

La pregunta entonces: ¿de qué manera Cristo comienza a desplegar su gloria antes de la creación? No tenemos una clara idea de cómo ocurrió exactamente cuando solamente la Trinidad estaba en existencia, pero tenemos una iglesia y el texto como que nos deja ver algo de eso. Cuando nos habla de que en el momento en que la creación inició, eso lo estaba haciendo Cristo. De manera que la creación, al llegar a ser, no era otra cosa que el despliegue de atributos propios de la segunda persona de la Trinidad como miembro de esa Trinidad. En Él fueron creadas todas las cosas.

Escucha: en Él. No solamente por Él, no solamente para Él. No, en Él. El apóstol Pablo está tratando de ayudarnos a entender algo que es difícil para nosotros de comprender, sobre todo esta primera parte. ¿Cómo que en Él? Bueno, "en Él" es diferente de "por Él" y es diferente de "para Él".

Yo creo que Pablo está ayudándonos a entender algo que en filosofía se ha mencionado desde la época de Aristóteles, y es cómo entender las diferentes causas. Entonces, Aristóteles hablaba de lo que era una causa primaria. Y la causa primaria, si les ha tocado aquí, la causa primaria es Dios. Entonces, ¿qué es la causa primaria? Bueno, la causa primaria es como la cosa que da origen a algo. En otras palabras, la causa instrumental de esto pudo haber sido, ¿cómo se llama eso, el que trabaja la madera? El ebanista, gracias. Esa es la causa instrumental, pero la causa primaria de esto es qué, madera, madera. Aprendida es la causa primaria.

Bueno, Cristo es la causa primaria: en Él. Pero la postura de Pablo está ayudando a entender también, no solamente la causa primaria; Él es la causa instrumental, porque el universo se llegó a crear por medio de Él. Pero hay algo más. No solamente que se creó en Él y por medio de Él, Él es la causa final. El propósito final de esto es un pastor que lo va a usar en la predicación desde este púlpito. El propósito final de la creación es Cristo, porque la creación es para Él. Es en Él, es por medio de Él y es para Él. Tú puedes ver cómo Cristo es como todo en todo. Es el Cristo que vino y se colgó en una cruz por tus pecados y los míos. ¡Wow! ¿Quién entendió esto?

Porque Juan escribió en Juan 1:3: "Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho". Es como sin esta madera ningún púlpito de madera, por lo menos, sería hecho. De manera que Juan está haciendo eco, no solamente de que toda cosa fue hecha por medio de Él, es que sin Él, sin la causa primaria, nada fue hecho. El autor de Hebreos, refiriéndose a Cristo, a Dios Padre y Cristo, dice: "Por medio de quien, Cristo, también hizo el universo". De manera que los autores del Nuevo Testamento coinciden: el autor de Hebreos, Juan, Pablo en Colosenses, en que todo fue hecho.

Bueno, de hecho, el libro de Romanos, el pastor Luis citó Romanos 11 cuando dijo que todo fue hecho por Él, todo fue hecho de Él, por Él y para Él. Es exactamente lo que Pablo en Colosenses dice de otra manera, podría decir de una manera muy similar. Si todo fue creado para Él, parece que le plació al Padre regalarle toda la creación a su Hijo. ¡Extraordinario!

Y ahora nosotros sabemos que no solamente la creación material, porque Pablo dice: "No, no es que todo lo que es visible y lo invisible, sean tronos, dominios, poderes o autoridades". Nosotros no sabemos exactamente qué tipo de seres angelicales estas cosas son. Son mencionadas aquí, son mencionadas en Romanos 8 al final, pero evidentemente, además de los ángeles, arcángeles, serafines, querubines, aparentemente hay otros seres angelicales denominados de otra forma, quizás con diferentes rangos. Y Pablo está diciendo: "No, eso también fue creado en Cristo, por medio de Cristo y para Cristo".

¿Te imaginas el momento de la creación material? El despliegue de, yo me lo imagino, el despliegue de sonido, de luces, de poder, de energía. Todo eso es el despliegue de la gloria de Cristo al momento de la creación, una gloria que Él tenía antes. ¿Te imaginas el momento de crear a estos seres angelicales extraordinarios? Yo no sé, yo no sé cómo lucen, pero a uno de los ángeles cuando lo describen en la Palabra, suenan como algo extraordinario. Imagínate otros seres al mismo tiempo, y Cristo siendo el agente de la creación. Ahí Él estaba desplegando su gloria.

Y el próximo versículo de Colosenses, el 1:17 que leímos, nos afirma y amplifica lo que acabamos de exponer, porque él dice: "Y Él es antes de todas las cosas". Ahí está la eternidad de Cristo. Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. De manera que Cristo no solamente fue el originador de esa creación, es que esa creación después de originada tenía que ser mantenida, y en Él permanece. En el libro de los Hechos se nos dice que en Él nosotros vivimos, nos movemos y existimos. Porque es que en Él, Él tiene el poder de ser. Y si hay algo que existe, alguien tiene que tener el poder de ser para mantenerlo siendo, por así decir, y Cristo es ese poder. En Él todas las cosas permanecen.

Pero el autor de Colosenses, Pablo, nos acaba de decir que Él es antes de todas las cosas. Él es anterior al tiempo, y ahí tú comienzas a ver, bueno, continúas viendo más bien, la singularidad de Cristo. Jesús fue único en el tiempo. "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". "Yo soy el Alfa y la Omega, yo soy el que es, el que era y el que ha de venir, el Dios todopoderoso". Cristo proclamando su eternidad de diferentes maneras. Eso es lo que Colosenses 1:16-17 nos dice. En Él, o Él es antes de todas las cosas, y Él la dirige. Y ahora la sostiene, la mantiene, Él le continúa dando vida. De manera que tú estás viendo ahora la singularidad de Jesús y la gloria de ese Cristo incomparable. Si Él es singular, es incomparable. Cristo, ese es el Cristo antes de la creación.

Pero ahora llegamos a un nacimiento. Cristo fue singular a la hora de nacer. Isaías 7:14 dice que una virgen concebirá. ¿Cuándo tú has visto una virgen concebir? Por primera vez va a salir, va a venir a existencia un hombre sin la participación de otro hombre. En la historia de la redención tú encuentras un momento donde hay un ser humano que llega a ser sin la participación de ningún ser humano: Adán, Dios solamente lo creó. Hay otro momento en que otro ser humano llega a ser con la participación de un hombre: Eva salió de Adán. Hay otro momento en que seres humanos llegan a ser con la participación de un hombre y de una mujer: los descendientes de Adán y Eva. Pero en el caso de Cristo, Él es la primera y única persona que llega a ser con la participación de una mujer, pero sin la participación de un hombre.

No solamente eso, pero en su nacimiento estábamos presenciando un ser humano que había unido su naturaleza divina en una sola persona, y como ser humano se convirtió en siervo de todos. Él es el Emanuel de que habló Isaías, y en la ciudad comenzó a crecer, comenzó a vivir. Y cuando comenzó a vivir, entonces Cristo pasó a ser único en su forma de vivir, único en su santidad. De hecho, eso es lo que Pablo declara a los Corintios: que aquel que no conoció pecado, nunca en toda su vida, fue hecho pecado, fue vestido de pecado en la cruz, para que llegásemos a ser justicia de Dios en Él, para que nosotros llegásemos a ser vestidos de la gloria de Él, de su santidad que nos permite entrar a la gloria.

Cuando hablamos de que Cristo vivió sin pecado, estamos hablando de que Cristo cumplió la ley justamente, porque si cumples la ley a cabalidad, pues vives sin haber pecado. Su vida perfecta lo calificó para ir a la cruz. Ahora, la otra pregunta que pudiéramos hacernos: entonces, en términos prácticos, en el día a día, en términos no teológicos, en términos de cómo tú y yo vivimos la vida, ¿cómo luce una vida como la de Cristo? ¿Cómo debía haber lucido su vida?

Escucha esta cita, un tanto extensa, de Oswald Sanders. Él escribió un libro que se llama "El Cristo incomparable". De hecho, hay varios libros con el mismo título, pero este es de Oswald Sanders. Escucha lo que él dice: "Ninguna palabra que Él hablara necesitó ser modificada o retirada". ¿No te ha pasado eso? Como que tú dices: "Bueno, yo quise decir...", "Yo no quise decir...", "Yo dije... donde dije Diego, digo digo". Ninguna palabra que Él hablara necesitó ser modificada o retirada, porque Él nunca habló de manera inadvertida o con exageración. Nunca se excusó, ya sea por palabra o por una acción, porque Él nunca hizo ninguna acción o habló ninguna palabra que requiriera una excusa. Él nunca confesó pecado.

Los hombres más santos de la historia, dice Sanders, han estado abiertos a confesar sus fallos y sus fracasos. Cristo nunca tuvo que admitir un fallo por no haber vivido a la altura del estándar. Por el contrario, Él invitó a que se le investigara de la forma más cercana posible, preguntando incluso: "¿Cuál de ustedes me convence de pecado?" Eso es cómo lució su vida en el día a día. Su vida, dice Sanders, fue un libro abierto. Nada de lo que Él hizo fue en secreto. ¿Wow? ¿Te gustaría haber vivido una vida así? Como que nada de lo que hiciste fue en secreto.

Esa es la razón por la que Él se sorprende cuando lo van a aprehender en el huerto de Getsemaní y viene esta gran cantidad de soldados, y Él dice: "Yo no entiendo. Ustedes han venido como que vienen contra un ladrón, como que van a aprehender a un ladrón, como para asegurarse de que me iban a aprehender, me iban a arrestar". Entonces les decía: "Cada día me sentaba en el templo para enseñar y no me prendieron". En otras palabras: "Yo hablé en público. En el templo yo enseñaba; en privado a mis discípulos. Yo no viví una cosa en privado y luego viví otra cosa en público. No, no. Lo que yo fui en un lugar, lo fui en el otro". Wow. Ninguna otra vida pudo haber sobrevivido la crítica virulenta de sus enemigos, pero Él terminó con una reputación intachable.

La cita continúa: "Él nunca pidió perdón. En ningún lugar se habla de que Él sintió remordimiento. Exhibió temor. Él enseñó a los discípulos a decir 'perdona nuestras deudas', pero Cristo nunca pidió perdón porque Él no tenía ninguna deuda, ni moral ni espiritual, que se le perdonara. Nunca buscó consejo de los hombres ni de los hombres más sabios de sus días. Aún David, aún Salomón necesitaron consultar, pero no Jesús". Y la cita termina así: "En Él se combinaron la majestad y la humildad". Wow. La combinación de la majestad y la humildad.

No importa cómo tú lo miras a Cristo. No importa cómo tú le das vuelta al personaje. Él sigue siendo singular. Él sigue siendo único. Él sigue siendo incomparable.

Jesús fue único en su naturaleza. Ya lo dimos tangencialmente a esto, pero otra vez, para poderlo enfatizar: ¿cómo es que Dios, que existía antes de que los tiempos comenzaran, existía desde toda la eternidad, en un momento dado decide encarnarse y adquiere una naturaleza humana, pasando a ser cien por ciento Dios, cien por ciento hombre? Y habiendo sido Él igual a Dios, no ha considerado su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse, de tal forma que esas dos naturalezas se unieron de manera permanente e indivisible. No puedes dividir las dos naturalezas a partir de ese momento.

Y como declaró el Concilio de Calcedonia, esas dos naturalezas se unieron sin confusión —o sea, quedaba claro cuál es una y cuál es la otra—, sin cambio —de manera que ninguna de las dos experimentó ningún cambio como fruto de la unión—, sin división y sin separación. Cristo exhibió características humanas, y tú puedes ver: esto era humano, esto era humano, esto era humano. Y características divinas: esto era divino, esto era divino. Todo el tiempo, a su paso por la tierra.

La iglesia primitiva entendió esto también. Hay una inscripción en latín, escrita en un pedazo de mármol, como si Cristo lo hubiese escrito, y dice lo siguiente: "Yo soy lo que antes era: Dios". Se refiere a Cristo como Cristo escribiendo. "Yo no era lo que ahora soy: hombre. Yo ahora soy ambas cosas: Dios y hombre".

Cristo no solamente fue único en el tiempo. No solamente fue único en su nacimiento. No solamente fue único en su vida de santidad. No solamente fue único en su naturaleza. Cristo fue único en su muerte. Vivió una vida perfecta, murió como un rechazado, murió como un culpable, y sin embargo, esta es la muerte que dio vida a todos y cada uno de nosotros. Millones y millones de personas han recibido vida por medio de una muerte. Él es único en su muerte. Él no conoció pecado, pero fue hecho pecado, fue vestido de pecado. Pero cuando todo eso terminó, resulta que su muerte es la que estaba dando vida.

Y escucha cómo el texto de Colosenses que yo leí en el versículo 13 —yo había leído a partir del 16 y por eso decía que no iba a seguir el orden, pero ahora me devuelvo para considerar el 13—: "Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas" —¿cómo? Por su muerte— "y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados". ¿Cómo Él hizo eso? Por su muerte.

Entonces, escúchate lo que el texto dice: que su muerte nos libró del dominio de las tinieblas. Es una expresión para decir que su muerte tomó el poder que el pecado ejercía de manera completa, el dominio. Porque el pecado me influencia, y el pecado ejercía influencia y poder sobre mí, pero no me domina. Pero hubo un momento en que nosotros estábamos dominados por el pecado, y su muerte, al perdonar nuestros pecados, nos liberó del dominio de las tinieblas, del dominio y la autoridad que el pecado ejercía sobre nosotros. Y nos tomó, nos sacó del reino de las tinieblas. Me encanta esta frase ahora: y nos llevó al reino de su Hijo amado. ¿Te fijaste cuál es el nombre de ese reino? El reino del Hijo. El reino de los cielos, del cual habla Mateo a lo largo de todo su evangelio, resulta que ahora es llamado el reino de su Hijo. Es como que Dios le dijo: "Mira, te regalo la creación y te regalo el reino también". Eso es amor incuestionable. Eso es amor ágape. Eso es amor infinito.

El mundo fue creado por Él. Él le dio vida a todo lo que existe. Luego Adán y Eva murieron, y ahora de nuevo Él nos volvió a dar la vida, porque en Él tenemos redención por el perdón de los pecados. Y cuando Cristo fue a la cruz, si hubo un momento de la vida de Cristo —una vez adquirió la naturaleza humana— donde Él desplegó gloria, fue en la cruz. Literalmente hablando, en la cruz ocurrieron cosas que fueron extraordinarias. Él desplegó su propia gloria y desplegó la gloria del Padre, y como que las dos se combinaron de una manera que es difícil separar una de la otra. Pero tú puedes comenzar a ver que Cristo llama la crucifixión en Juan 7:3 "la hora de mi glorificación", de manera que tenemos que creerle que es la hora donde Él entiende que Él será glorificado. Y si estaba siendo glorificado, gloria tiene que haber sido desplegada. Y esto es cómo pudiéramos ver eso.

En la cruz, la justicia de Dios fue glorificada. Dios había revelado en Éxodo 34:7 que "yo no tendré por inocente al culpable". No hay culpable que piense que yo lo voy a dejar libre. Yo no voy a violentar mi ley para considerarte libre cuando te voy a declarar culpable. Pero resulta que tú y la humanidad entera somos culpables. Pero hay un problema: yo soy culpable, Dios tiene un plan de salvación, su justicia no puede ser violentada. Y es como, obviamente estoy creando como una historia para que la puedas entender, es como si el Hijo le hubiera dicho: "Padre, yo soy la solución". ¿Cómo así? "Si no, no podemos violentar tu justicia, de manera que yo me ofrezco como voluntario para que me trates a mí como culpable y los dejes a ellos en libertad. De esa manera, tú eres la persona que eres justificada porque la ley se está haciendo cumplida, pero también eres el que justifica. ¿Por quién? Por medio de mí". Eso es Romanos 3:26, literalmente hablando. "Tú, yo te voy a justificar a ti, tú quedas justificado, pero por medio de mí tú justificas al pecador". ¡Wow! ¿Entendiste? Estaba medio complejo. Lee Romanos 3:26, te va a quedar más claro.

En la cruz, la misericordia de Dios fue glorificada, porque en el mismo texto de Éxodo 34:7, donde se habla de donde Dios dice "no dejaré al inocente" o "no tendré por inocente al culpable", justo antes Él dice que Él es abundante en misericordia. Y si hay un lugar donde la misericordia de Dios se desplegó de una forma extraordinaria... ¿Tú sabes que los ángeles del cielo nunca han experimentado la misericordia de Dios? Creo que no. Ellos han experimentado gracia, ellos existen y están acompañados de Dios por gracia, pero misericordia no es parte de su experiencia. Tú tienes que pecar para experimentar misericordia, porque misericordia es no recibir lo que tú mereces. Y en la cruz, Cristo entonces hace que yo no reciba la condenación que yo merezco y Él la recibe por mí, de manera que ciertamente la misericordia de Dios fue glorificada en la cruz.

El poder de Dios fue glorificado en la cruz. Cristo es maltratado, Cristo es herido, Cristo es flagelado, Cristo está deshidratado, Cristo es clavado, está en su momento de mayor debilidad. Y sin embargo, se nos dice en Colosenses 2:15 que en ese momento, de esa forma, esa condición en la que Él estaba, Él desarmó por completo los poderes de las tinieblas. Y no solamente que los desarmó, no solamente que les quitó el poder, lo quitó de una forma tan vergonzosa que el texto dice que hizo un espectáculo público de ellas. Quizás nosotros no lo pudimos ver o no lo pudimos apreciar, pero los ángeles del cielo, a quienes Dios les está enseñando cosas por medio de la iglesia conforme lo que Pablo nos dice en Efesios, vieron algo ese día que fue un espectáculo público de la manera tan vergonzosa como Cristo los desarmó.

En la misma cruz, la santidad de Dios fue glorificada. ¿Cómo así? Bueno, Dios había revelado a través del profeta Habacuc en 1:13, Habacuc que escribiendo por inspiración de Dios dice: "Muy limpio" o "muy puro", dependiendo de la traducción que tú tengas, "son tus ojos para mirar el mal". Y entonces, cuando tu Hijo tome mis pecados y se vista de mis pecados en la cruz, ¿qué es lo que va a pasar? Exactamente lo que pasó: que en su santidad Dios volteó el rostro. Es una forma teológica de expresarlo: abandonó al Hijo en la cruz hasta el punto que el Hijo literalmente sintió lo que estaba pasando. Quizás los que estaban ahí debajo no lo hubiesen podido ver, quizás a nosotros nos resulta difícil verlo, pero el Hijo sintió lo que realmente pasó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué me has volteado el rostro? ¿Por qué no me atiendes? ¿Por qué no estás conmigo? ¿Por qué no me visitas?" Es que tus ojos son tan puros y tan limpios que no pueden mirar el mal, no pueden mirar el pecado. La santidad de Dios había sido glorificada.

Tú puedes ver entonces el despliegue de gloria de Dios Padre, pero está ocurriendo por medio del Hijo. Y no para que el Hijo pueda traer gloria al Padre, reflejar gloria al Padre, Él tiene que de alguna forma también estar reflejando gloria en sí mismo. De otra manera, ¿cómo va a reflejar algo que Él no es, que Él no tiene? ¿Cómo va a proyectar algo hacia afuera si no está en Él también?

La fidelidad de Dios fue glorificada. Dios había prometido en el libro de Génesis, tan pronto Adán y Eva cayeron, tan pronto la serpiente fue encontrada culpable de tal maldad, Él dice: "No te preocupes, que tu día llega. Va a llegar un momento en que yo voy a enviar a mi Hijo. Tú eres el anticristo, pero el antituyo, el antidiablo, el antisatanás va a venir, y ustedes se van a encontrar". Me voy a decir, te voy a profetizar lo que te va a ocurrir: tú lo vas a herir, tú vas a ir detrás de mi Hijo, tú vas a ir detrás de Él, pero tú le vas a hacer una pequeña herida en el calcañar. Pero cuando Él te hiera, la herida será fatal, será en tu cabeza, y tú serás derrotado de una vez y para siempre.

Esa promesa estaba ahí, esa promesa estaba sin cumplir. Génesis, y luego Éxodo, y luego Números, y Levítico, y Deuteronomio, y Josué, y los libros de los Jueces, y luego continuamos los libros, y 1 Samuel, y 2 Samuel, y 1 Reyes, y 2 Reyes, y 1 Crónicas, y 2 Crónicas. Oye, esa promesa sigue sin cumplir. No te preocupes, que esa herida se viene. Y Isaías, y Daniel, y Ezequiel, y Sofonías, y Malaquías, y Zacarías, y todos los profetas, y la promesa sin cumplir. Pero en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, envió a su Hijo en carne, vestido de carne, como un hombre. En el cumplimiento de los mismos tiempos, su Hijo fue a la cruz, y allí la cabeza de Satanás fue mortalmente herida. Y el domingo, el triunfo proclamado, el Rey resucitado, el decir: "La muerte ha sido vencida, el pecado también".

El amor de Dios fue glorificado en la cruz. Que Dios, hecho hombre, haya ido a la cruz a morir por pecadores depravados —no nos cabe otra palabra— corrompidos, corrompidos en todas nuestras capacidades humanas, por amor. Pero ¿cuál fue el motivo del amor por nosotros? Dios mismo, su misma esencia, su carácter. "Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, mas tenga vida eterna". La cruz glorificó la bondad de Dios, que te lleva al arrepentimiento.

Pero eso no fue solamente único en su muerte, fue único en su resurrección. ¿Cuál líder del mundo ha profetizado su muerte y resurrección y luego la haya cumplido? Nadie, absolutamente nadie. Jesús se apareció, de acuerdo a lo que Pablo escribió a los corintios, a más de 500 testigos. Y luego esta misma gente, alguna de la cual ni siquiera habían creído originalmente, terminó muriendo por no negar una cosa que ellos habían visto, de lo cual habían sido testigos.

Los hermanos de Jesús no creían en Jesús, pensaban que estaba perdiendo la cabeza, que estaba desacreditado. Vinieron para llevárselo un día, los hermanos y su madre vinieron a buscarlo. Tomás no creía en Jesús. Pablo era perseguidor de la iglesia de Jesús. Tomás creyó, terminó de rodillas. Pablo creyó, terminó en el suelo. Y los hermanos de Jesús creyeron, y algunos como Judas y Santiago terminaron escribiendo epístolas del Nuevo Testamento.

Jesús fue único en autoridad. Él murió, Él resucitó, está a punto de ascender, y antes de ascender les dice a los discípulos: "Nos vemos en Galilea". Ahí se encuentran, y ahí en ese monte que se encontraron, esto les dice: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos".

Nótate lo absoluto de eso: toda autoridad. Ya mi autoridad no está limitada por mi encarnación, ya mi autoridad no está limitada por la representación del hombre a la que yo vine, ya mi autoridad no está limitada por el tiempo ni al espacio, no está limitada al planeta tierra. No, no, toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. El Padre me ha dado la creación, el Padre me ha dado toda autoridad, el Padre me ha dado el reino, el Padre me lo ha dado todo. De manera que, basado en mi autoridad, vayan, no temáis. Cuando vayan por el camino a hacer discípulos, a naciones, a tierras extranjeras, no tienen que temer a los gobernantes, porque el único poder, la única autoridad que ellos pueden tener son las que yo les delegue. Y se las voy a delegar para que lleven a cabo mis propósitos.

Y eso es exactamente lo que Cristo le dice a Pilato, cuando Pilato lo amenaza y dice: "¿Tú no sabes que yo tengo el poder de liberarte o de dejarte preso?" Y Cristo dice: "Ninguna autoridad tuvieras si no te hubiese sido dada. Si tú supieras delante de quién tú estás, yo simplemente estoy limitando mi autoridad para llevar a cabo los propósitos de Dios".

Como toda autoridad me ha sido dada, de manera que cuando vayan por el mundo, hay lugares peligrosos. Ya estaba leyendo esta semana un libro acerca de estas vidas extraordinarias que han vivido en lugares difíciles, y el libro se llama algo así como "Caminando con Jesús en lugares difíciles". Yo estaba leyendo una historia, no te la voy a traer ahora en tanto es larga, pero es extremadamente poderosa, ocurrida en Rusia. Y tú te quedas pensando, a la verdad que como que, ¿dónde está? ¿Qué tamaño es mi fe al lado de estos gigantes de la fe desconocidos, casi anónimos?

Pero si piensan en otros lugares donde hay terremotos frecuentes y amenazas de tsunamis y demás, Cristo está diciendo: "Toda autoridad me ha sido dada, de manera que yo controlo la naturaleza. De hecho, antes de yo subir a los cielos, yo demostré que yo tengo control sobre la naturaleza. Yo hablo y los vientos se calman, yo hablo y el mar se duerme". Eso vamos a leer prontamente.

"Señor, porque hay una guerra espiritual", dice Pablo. No te preocupes, yo soy el capitán de los ejércitos de los cielos. Tú puedes decir, no tienes que temer a Satanás. Satanás fue usado en mi Hijo, pero es un enemigo derrotado. No hay nada que te pueda hacer. Yo he triunfado sobre él, lo he desarmado a él y a todos sus secuaces.

No tienes que temerles a los demonios, no tienes que temer a Satanás. "Señor, ¿por qué me mandas a un lugar donde la pandemia arrecia?" No tienes que temerles a las enfermedades. Yo tengo autoridad sobre la enfermedad y sobre la salud. Como diría él: "¿En qué quedamos? Tú me estás regañando, tú te estás preocupando por un bendito virus 19 microscópico, que yo tengo la capacidad de usarlo como yo quiero. ¿Tú no leíste la historia de los cojos, de los ciegos, de los mudos, de los paralíticos? Es más, ¿no leíste la historia de los muertos que yo levanté de la tumba? ¿A qué es que me vas a temer? Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra."

Esto es lo que Cristo le dice al grupo de los setenta que envió, que está registrado en Mateo 10. Les dice: "Cuando vayan por el camino, no lleven nada, no lleven más que un par de sandalias." Y de paso: "No teman a los que matan el cuerpo." ¿Cómo que no teman a los que matan el cuerpo? Por aquí anda un Herodes, bueno ya no faraón, pero ahí anda un César, un Pilato, un Herodes. "No, no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien teman a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno." ¿Quién es ese? Dios. La única porción a la que un humano debe tenerle miedo es a Dios.

Ahora, si Dios está contigo, ¿a qué le vas a temer? ¿Quién pudiera estar contra ti? Eso es bíblico, ¿no lo leímos en Romanos 8? Que si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Ahora, si Dios no está contigo, ¿quién puede estar por ti? Y es lo que Cristo le está diciendo a estos que él está enviando: él tiene autoridad sobre todo y sobre todos. No tiene nada que temer.

El Padre le envió con autoridad, con tanta autoridad que hoy es lo que Cristo dice en esa oración final registrada en el aposento alto: que el Padre le envió a él con autoridad para dar vida eterna a todos los que tú le habías dado. En el Evangelio de Juan tú hiciste una lección: "Eran tuyos y tú me los diste." Literalmente así está en la narración de Juan. Dice: "Eran tuyos y tú me los diste, y tú me diste la autoridad para dar la vida eterna, pero a todos los que tú me habías dado."

Cristo no solamente mostró su singularidad en cada una de las áreas mencionadas. Cristo mostró su singularidad en su sesión. Sesión, con dos eses: S-E-S-I-Ó-N. Cuando se sentó, así es que se llama la sesión. Cuando se sentó a la derecha del Padre en los lugares celestiales. Obviamente no es que a la derecha del Padre haya un lugar para sentarse; es el lugar de autoridad. Entonces, en un momento dado él ascendió a los cielos, y la Palabra de Dios nos dice que luego que él ascendió, se sentó a la diestra del Padre. Y ese es el lugar de autoridad, ese lugar desde donde él hoy juzga, gobierna, determina, dirige. Ese es el lugar desde donde ejerce su autoridad.

Y eso es justamente, dicho de otra manera obviamente, lo que se nos dice en el libro de Filipenses capítulo 2, cuando se habla de que aquel que siendo igual a Dios no consideró su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó y se hizo siervo y se hizo hombre y fue a la muerte, sufrió muerte, muerte de cruz. Es lo que sigue: "Por tanto, en vista de esa humillación voluntaria, en vista de la increíble entrega de convertirse en siervo, de llegar a hacerse hombre, por lo cual Dios Padre también lo exaltó a lo sumo." Él bajó hasta lo sumo, él lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para la gloria de Dios Padre. Fue exaltado al máximo, a la máxima posición.

Eso es lo que el texto de Colosenses que comenzamos, Colosenses 1, le dimos del 13 al 20, expusimos el 16 y el 17, el 13, el 14. En el 15 se nos dice: "Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación." La palabra primogénito es prototokos en el griego. No es el primer nacido, es el primero en rango, es el primero en jerarquía. Por eso el versículo 18 del mismo texto de Colosenses que leímos, pero ahora en el 18, dice: "Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que él tenga en todo la primacía."

¿Cómo que él tenga en todo la primacía? Sí, sí, sí, que él tenga el primer lugar, la mayor gloria, la máxima autoridad, la completa adoración, la hermosura inigualable, el máximo reconocimiento y la obediencia incuestionable. Por eso él fue exaltado hasta lo sumo.

¿Y por qué? El versículo 19 de Colosenses 1 que leímos: "Porque agradó al Padre que en él habitara toda la plenitud, toda la plenitud de la divinidad." Si él es toda la plenitud de la divinidad, entonces él es el que merece esto.

Jesús no solamente fue único en cada una de esas áreas, o singular. Jesús es único como reconciliador y mediador. Escucha Colosenses 1:20, donde termina el texto de hoy que leímos: "Y por medio de él," ahí está otra vez la causa instrumental, "por medio de él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de él, repito, ya sea las que están en la tierra o las que están en los cielos."

Cuando todo haya sido dicho y hecho, nosotros veremos que era claro que la enemistad que existía entre Dios y el hombre quedó disuelta. Por eso él es el reconciliador por excelencia. Nosotros vamos a ver que el gemido de la creación, del cual Pablo habla, que toda la creación gime con dolores de parto, será apagado. Y veremos cómo todos sus enemigos serán sometidos, porque hay un solo mediador entre Dios y el hombre: Cristo Jesús, dice Pablo a Timoteo.

Todo lo anterior hace de Jesús una persona incomparable, única y gloriosa. A la gloria del Cristo incomparable. No solamente es único en el tiempo, en su nacimiento, en su santidad, en su fidelidad, en su muerte, en su resurrección, en su poder y autoridad. Jesús es único en la historia de la civilización. Jesús es único en la historia de la civilización. Nadie, nadie, absolutamente nadie ha hecho lo que Jesús ha hecho ni ha logrado el cambio de la civilización como Jesús lo ha hecho. Jesús fue singular en todo: como Dios, como hombre, como siervo, como profeta, como sacerdote, como Rey, como maestro, como líder religioso, como mediador entre Dios y el hombre, como personaje de la historia.

Escucha, con esto cierro. Escucha esta cita acerca de Jesús como personaje único de la historia:

"Más de 1900 años atrás hubo un hombre nacido contrario a las leyes de la vida. Este hombre vivió en la pobreza y fue criado en la oscuridad. No viajó extensamente. Solamente una vez cruzó los límites del país en el que vivió; eso fue durante su exilio en la infancia, cuando José y María fueron a Egipto. Una sola vez él cruzó los límites del país donde vivió. Él no tuvo riqueza ni influencia. Sus parientes no fueron notables y no tenían entrenamiento ni educación formal. En la infancia él alarmó a un rey, pero en su niñez él sorprendió a doctores en el templo. Como hombre, él dirigió el curso de la naturaleza, caminó sobre las aguas como si fuera pavimento, ¿te imaginas eso?, y puso a dormir el mar. Él sanó a las multitudes sin medicina y no cobró por sus servicios, oigan médicos. Él nunca escribió un libro, sin embargo, todas las bibliotecas del país no podrían contener los libros que sobre él se han escrito. Él nunca escribió una canción, sin embargo, él ha inspirado el tema de más canciones que todos los autores de canciones combinados. Él nunca fundó una universidad, pero todas las universidades juntas no podrían tener tantos discípulos como él. Él nunca dirigió una armada ni reclutó a un soldado ni disparó una pistola, y sin embargo ningún líder tuvo más voluntarios quienes lograron bajo sus órdenes que la mayor cantidad de rebeldes abandonaran armas y se rindieran sin que un solo tiro fuera disparado. Él nunca estudió medicina y sin embargo él sanó más corazones enfermos que todos los doctores del mundo. Cada siete días las ruedas del comercio cesan de girar y las multitudes emprenden su camino a los servicios de adoración a darle honor y gloria. Los nombres del pasado, orgullosos hombres de Estado de Grecia y Roma, vinieron y se fueron. Los nombres de científicos, filósofos y teólogos han venido y se han ido, pero el nombre de este hombre se propaga más y más. Aunque 1900 años han pasado entre la gente de esta generación y los burladores de su crucifixión, él aún vive. Herodes no lo pudo destruir y la tumba no lo pudo retener. Él se levanta en el pináculo más alto de la gloria celestial, proclamado por Dios, reconocido por los ángeles, adorado por los santos, temido por los demonios, como el Cristo resucitado, nuestro Señor y Salvador."

Amén, amén, amén. Ciertamente él ha resucitado, él ha triunfado. ¿Él vive o no vive? Él vive. Él gobierna, él busca y sobre todo, él vuelve. Oh sí, él vuelve, él volverá. Él es el que era, el que es y el que ha de venir. Él es el que ha prometido y el que ha de cumplir. Él vuelve por los suyos, vuelve por su iglesia. Él volverá, tú puedes contar con eso. Tú puedes esperar, tú puedes dormir con ojos abiertos, porque habrá un día que al sonar la trompeta los muertos en Cristo se levantarán, y Cristo vendrá acompañado de los ejércitos celestiales, y en su muslo habrá un nombre tatuado, habrá en cierta manera simbólicamente grabado el verbo de Dios: Rey de reyes, Señor de señores.

Él es singular en toda la historia, él es singular en toda la creación, él es tu Cristo, él es tu Señor, él es tu Salvador. Pero sabes qué también: él es tu hermano y tú eres su coheredero. Como diría en inglés: "It just doesn't get any better than that." Simplemente no hay nada mejor que eso que acabo de decir y describir. Hermano de Cristo, coheredero con él, redimido por él, garantizado en él, en él amado.

Padre, gracias. Señor, ¿qué Padre y qué Hijo Tú nos has dado? ¿Qué padre daría a su hijo por hombres pecadores? ¿Qué hijo se entregaría, daría su vida para ser tan maltratada por los mismos pecadores? Señor, en este lugar lo único que vemos aquí, somos hombres pecadores, unos perdonados y otros por perdonar.

Si el Señor te trajo aquí esta mañana para escuchar un mensaje acerca de tu Salvador y aún no tienes salvación, recuerda que todo esto que nosotros celebramos toda esta semana está relacionado a un Dios que se hizo hombre, vivió una vida perfecta para cumplir la ley, murió una muerte perfecta y derramó sangre sin pecado para el perdón de los suyos. Y donde tú estás, tú puedes simplemente decir: "Señor, gracias. Yo sé que yo soy un hombre pecador o una mujer pecadora. Yo sé que estoy en necesidad de tu perdón. Perdóname. Perdóname porque nadie más lo puede hacer. Yo he abierto, me has abierto los ojos hoy y no quiero seguir en dirección a la condenación donde yo iba. Ahora, cambia mi rumbo hacia el camino de la salvación. Te entrego mi vida, confieso que Tú eres mi Salvador, mi Señor, y te pido que me ayudes a caminar contigo de aquí en adelante para honrar tu nombre."

El resto de nosotros, que ya podamos recordar otra vez esta frase que recordamos el miércoles: dado el sacrificio de Cristo, del cual estuve hablando, y la manera como lo hizo, no hay nada que Tú me puedas pedir que para mí sea un sacrificio. De manera que ayúdanos, oh Dios. Aquí está este día de resurrección, en medio y quizás, quizás en tu misericordia, hacia el final de una pandemia, representa un antes y un después. Ayúdanos a vivir de otra manera, de una manera más gloriosa, que te traiga a ti mayor gloria.

Y gracias, porque Tú has cumplido todas las promesas que hasta el día de hoy estaban como pendientes. Hay muchas más, pero hay una en particular que Tú hiciste, que hoy quisiéramos verla y saludarla desde lejos, y es que Tú volverás. Gracias, porque el mismo que era, ese mismo que es, es el mismo que vendrá. Bendito sea tu nombre, en Cristo Jesús.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.