El arrepentimiento genuino produce frutos visibles, y el libro de Esdras lo ilustra con claridad. Cuando el pueblo de Israel se arrepintió después de dieciséis años de indiferencia hacia la reconstrucción del templo, algo cambió: el texto dice que "el ojo de Dios velaba sobre los ancianos de los judíos." El gobernador Tatnai intentó detener la obra, pero no pudo porque Dios estaba con ellos. Este es el primer fruto del arrepentimiento: Dios obra favorablemente hacia aquellos de corazón arrepentido. El pecado había bloqueado el proyecto durante años; la confesión removió el obstáculo.
Lo que sigue es aún más sorprendente. El rey Darío no solo permitió la reconstrucción, sino que ordenó pagar todos los gastos del tesoro real y proveer animales para los sacrificios día por día. Los enemigos se convirtieron en colaboradores y la oposición se transformó en provisión. Es posible que la falta de gracia en el corazón de otros hacia nosotros sea resultado de nuestro propio pecado no confesado, pues como dice Proverbios, el corazón del rey es como canales de agua en la mano del Señor.
El templo fue terminado en menos de cuatro años y el pueblo celebró con júbilo la fiesta de los panes sin levadura. El texto dice que "el Señor los había llenado de regocijo." Pero ese gozo vino después de que sacerdotes y levitas se purificaron. El gozo no se manufactura ni se compra; es fruto del Espíritu en una vida que vive en relación con Dios. La falta de arrepentimiento es la causa número uno de ausencia de gozo. Cuando hay pecado no confesado, no hay motivación, no hay fortaleza, no hay disfrute de las provisiones de Dios. El arrepentimiento restaura todo eso.
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Lo que queremos hacer hoy es ver cuál es el fruto del arrepentimiento en esta gente. Ya vimos cómo el pueblo se ha arrepentido. En este mensaje vamos a tratar de ver cuál es el fruto de ese arrepentimiento, de tal manera que cuando yo comienzo a verlo en mi vida, yo pueda reconocer: esto es el resultado de yo haber arreglado cuentas con Dios.
La primera pregunta que tenemos que hacer es: ¿qué ocurrió inmediatamente después que el pueblo se arrepiente y comienza a reedificar el templo? Yo voy a leer de los versículos 3 al 5 de Esdras 5, que dicen lo siguiente: "En aquel tiempo Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del río, y Setar-boznai y sus compañeros vinieron a ellos y les hablaron así: ¿Quién os dio orden de reedificar este templo y determinar este edificio? También les dijeron así: ¿Cuáles son los nombres de los hombres que están reedificando este edificio? Pero el ojo del Dios de ellos velaba sobre los ancianos de los judíos, y no les detuvieron la obra hasta que un informe llegara a Darío y volviera una respuesta escrita tocante al asunto."
Tan pronto comenzaron a reedificar, otro oficial de nombre Tatnai se acercó a ellos y les cuestionó acerca de quién les había dado permiso para hacer lo que hacían y cuáles eran los nombres de aquellos que estaban edificando. Pero se decidió no parar la reedificación hasta que viniera un reporte por escrito de parte de Darío. Se hizo una investigación. Se le envía una carta al rey Darío; el gobernador Tatnai lo hizo pidiendo que se buscara si ciertamente en los archivos del rey aparecía un decreto del rey anterior, Ciro, que daba permiso para la reedificación del templo, y que como los judíos habían informado, hasta permiso dio para traer los utensilios que Nabucodonosor había extraído del templo. Se hace la búsqueda, se encuentra que ciertamente hubo tal decreto, y se encontró el rollo.
Y esto es lo que Darío decide. Esdras 6, versículo 6: "Ahora pues, Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del río, Setar-boznai y vuestros compañeros, los oficiales del otro lado del río, alejaos de allí. No impidáis esta obra de la casa de Dios, y que el gobernador de los judíos y los ancianos de los judíos reedifiquen esta casa de Dios en su lugar. Además, este es mi decreto en cuanto a lo que habéis de hacer por estos ancianos de Judá en la reedificación de esta casa de Dios: del tesoro real de los tributos del otro lado del río se han de pagar todos los gastos a este pueblo, y esto sin demora. Y todo lo que haga falta, sea becerros, carneros, corderos para los holocaustos al Dios del cielo, y trigo, sal, vino y aceite de unción, según lo pidan los sacerdotes que están en Jerusalén, se les dará día por día sin falta, para que puedan ofrecer sacrificios agradables al Dios del cielo y orar por la vida del rey y de sus hijos. Y he proclamado un decreto de que cualquiera que quebrante este edicto, de su casa se arranque un madero, y levantándolo, sea colgado en él, y que su casa sea reducida a escombros a causa de esto. Y que el Dios que ha hecho morar allí su nombre derribe a todo rey o pueblo que intente cambiarlo para destruir esta casa de Dios en Jerusalén. Yo, Darío, he proclamado este decreto, que se ejecute con toda exactitud."
"Entonces Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del río, Setar-boznai y sus compañeros ejecutaron el decreto con toda exactitud, tal como el rey Darío había ordenado. Y los ancianos de los judíos tuvieron éxito en la edificación según la profecía del profeta Hageo y de Zacarías hijo de Iddo, y terminaron de edificar conforme al mandato del Dios de Israel y al decreto de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia. Y este templo fue terminado el tercer día del mes de Adar; era el año sexto del reinado del rey Darío."
Ahí tienes una idea de qué ocurrió. Tatnai trató de parar el trabajo, pero el texto dice que el ojo de Dios estaba con los ancianos de los judíos. La intención era detenerlos, y la única razón por la que no fueron detenidos era precisamente porque Dios estaba a su favor. Y este es el primer fruto del arrepentimiento: Dios obra favorablemente hacia aquellos de corazón arrepentido. Dios obra favorablemente hacia aquellos de corazón arrepentido. Una sola razón por la que el trabajo no fue detenido: el ojo de Dios estaba con los ancianos de los judíos. En otras palabras, Dios estaba con el liderazgo del pueblo.
Y eso nos habla a nosotros de que la condición espiritual del liderazgo del pueblo de Dios es esencial para que Dios pueda hacer fluir su gracia y bendecir a su pueblo. Eso no implica que la condición espiritual del resto del pueblo no es importante, pero la disposición de espíritu, la sumisión, su entrega, su estilo de vida, un espíritu sumiso versus un espíritu irreverente o insubordinado, son vitales para determinar cómo Dios ha de obrar a través del liderazgo del pueblo de Dios.
Hasta ese momento el pecado en el corazón del pueblo había impedido precisamente que Dios obrara a su favor, pero una vez Dios comienza a ver el arrepentimiento del pueblo, Dios quita todo bloqueo. Y Darío proclama un segundo decreto a favor del pueblo. Dios pudiera detener o bloquear uno de mis proyectos, como persona, como familia, como iglesia, simplemente para probar nuestra fe. Pero en ocasiones la razón del bloqueo es precisamente pecado en nuestras vidas.
Y a manera de aplicación, desde aquí es posible hacerte esa pregunta: ¿es posible que haya algo en tu vida que esté estancado? Algo que tú has querido ver hace mucho tiempo y no lo has podido ver, simplemente porque mientras tú esperas que eso ocurra, Dios espera por tu arrepentimiento para orquestar su acontecimiento. Mi arrepentimiento mueve la mano y el rostro de Dios a mi favor, y mi falta de arrepentimiento mueve a Dios en mi contra. Y ese es uno de los frutos del arrepentimiento: la disposición que Dios tiene hacia mi vida.
Preguntémonos: ¿qué es eso? ¿Qué has estado tratando de hacer quizás desde hace tiempo y que no has podido hacer, simplemente porque Dios conoce que en tu pecado no puede, no debe, no va a hacer que ese proyecto, que esa idea, que eso que buscas ocurra, y es precisamente la causa de su bloqueo? Eso se da a veces en nuestras vidas. Y lo opuesto es cierto: una vez yo me he arrepentido, pues esa razón ha sido removida y Dios permite que las cosas comiencen a fluir.
El gobernador Tatnai vino y cuestiona a esta gente: ¿quiénes son ustedes? ¿Cuáles son los nombres de aquellos que están edificando la casa? Y la respuesta de esta gente fue la siguiente: "Somos los siervos del Dios del cielo y de la tierra." Esta gente cuando responde está apelando a la soberanía de Dios sobre todo el universo: el Dios del cielo y de la tierra, nosotros somos sus siervos. Y quizás esa firmeza de la respuesta, quizás esa respuesta tan categórica, pudo haber intimidado al gobernador, y parte de su eficacia fue su disposición a esperar a que llegara una carta de Darío para que confirmara o no lo que ellos le habían informado.
Y en ocasiones lo que le ha faltado al pueblo de Dios o al liderazgo del pueblo de Dios es precisamente coraje para enfrentar las circunstancias y los opositores. Y de repente lo que antes había sido detenido, o la oposición que había ocurrido, de repente es cambiada por Dios. ¿Cuál es la diferencia entre los dieciséis años de detenimiento, donde no hubo reedificación, donde hubo una indiferencia hacia la reconstrucción del templo, y la obra que se había iniciado ahora? ¿Cuál fue la única diferencia? El arrepentimiento del pueblo de Dios. Eso marcó la diferencia.
Y lamentablemente lo que ocurre es que el pecado en nosotros muchas veces nos roba la motivación incluso para trabajar, independientemente de si eso es en el mundo secular o dentro de lo que son los planes y el pueblo de Dios. No tenemos la motivación, no tenemos la dirección, no tenemos el entusiasmo, porque ciertamente como Filipenses 2:13 dice, Dios es quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer. Pero el pecado en nosotros muchas veces hace que yo no me sienta motivado a hacer el trabajo de Dios, mucho menos en el tiempo de Dios, y mucho menos de la manera de Dios.
Quizá tú puedes comprobar eso en algún momento de tu vida. Nuestra dejadez y nuestra apatía en ocasiones es simplemente consecuencia del pecado en mi vida, no confesado, del cual no me he arrepentido, y que me ha robado la motivación porque Dios no está poniendo en mí ni la motivación ni las energías para yo hacer. Porque es Dios quien pone en nosotros tanto el querer como el hacer. Dios da la dirección, Dios da el propósito, Dios da la motivación, Dios da la energía, y cuando el pecado no permite que Dios haga fluir su gracia a través de mí, hasta la motivación para trabajar se me va.
Y ese es el segundo fruto del arrepentimiento: el arrepentimiento produce en nosotros un despertar a la acción y nos motiva y nos energiza para realizar los propósitos de Dios para su complacencia. Porque Filipenses 2:13 dice que Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer para su beneplácito. De manera que la mejor forma de yo vivir una vida motivada es vivir una vida en relación con Dios. Es tener una actitud de arrepentimiento a lo largo de mi vida. No hay nada como la confianza en el control de Dios en una persona que está en relación con Dios para motivarnos a hacer el trabajo de Dios.
Cuando perdemos la perspectiva de ese control que Dios ejerce, nos amedrentamos, retrocedemos, y como decíamos un par de meses atrás, tendemos a hacer algo que nosotros podamos manejar, cuando la invitación de Dios siempre es hacer algo que yo no pueda manejar. Y lo ilustramos con la vida de Pedro y su caminar sobre las aguas cuando Cristo le invitó a salirse de la barca.
Los líderes del pueblo, ante la pregunta o el cuestionamiento de Tatnai, le explicaron que Dios había juzgado al pueblo por su desobediencia y que Ciro, el rey anterior, había dado ciertamente un decreto que había autorizado la reconstrucción del templo. Se envió entonces esa carta, que en esa ocasión no fue acusatoria, no fue inflamatoria. Y simplemente le pidieron al rey Darío que averiguara si ciertamente había en los archivos del rey tal documento. Buscaron y apareció el rollo, y habiendo encontrado entonces, el rey Darío proclama otro decreto donde se autoriza no solamente la reconstrucción del templo, donde se le pide a Tatnai y a sus oficiales que se retiren inmediatamente de aquel lugar y que no lo impidan, y que provean los novillos, carneros, corderos para el holocausto al Dios del cielo, y trigo, vino y aceite de unción según lo pidan los sacerdotes que están en Jerusalén. Escucha: se les dará día por día sin falta.
¿De dónde le ocurre a un rey pagano proveer tan abundantemente para el pueblo de un Dios a quien él no sigue, a quien él no cree, a quien él no adora? ¿De dónde surge la motivación? Darío pudo haber dicho que él no tiene nada que ver con ese Dios, no tiene nada que ver con ese pueblo a 900 kilómetros de distancia, no tiene nada que ver con sus costumbres, no tiene nada que ver con su historia y no tiene nada que ver con el rey Ciro que ya se murió: "Este es mi nuevo decreto". Sin embargo, el mismo Dios que movió el corazón de Ciro es el Dios que movió el corazón de Darío. Y ahora aquellos opositores se convirtieron en contribuidores.
Y ahí hay un tercer fruto del arrepentimiento, y es que mi arrepentimiento causa con frecuencia que Dios ponga gracia en el corazón del otro. Hasta el punto que muchas veces tus enemigos son convertidos en colaboradores y la oposición transformada en provisión. Los enemigos convertidos en colaboradores y la oposición transformada en provisión, eso es exactamente lo que vemos en este texto.
Pregunta: ¿Es posible que la falta de provisión para mis necesidades básicas se deba precisamente a que la gracia de Dios no me está visitando en ese momento, producto de pecado en mi corazón, en el matrimonio, en la familia, y que hasta que eso no ocurra Dios no ha de mover su mano? ¿Es posible que la negatividad de parte de un jefe, de parte de un individuo, en una oficina gubernamental o en una oficina privada, su negatividad ante mi petición se deba a que Dios no ha puesto gracia en esa persona precisamente porque Dios sabe lo que está ocurriendo en mi corazón? Y eso resulta, entonces, en ocasiones, en falta de provisión para mis necesidades más cotidianas.
No podemos olvidar Proverbios 21:1: "Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place". Cambia la palabra rey y pon ahí: "Como canales de agua es el corazón de mi esposa, mi esposo, mi jefe, mi vecino, mi empleado, y Él lo dirige como a Él le place". Lo que implica que yo tengo una necesidad de vivir en relación con Dios de tal manera que su gracia pueda visitar mi vida y la de los míos.
Darío fue tan poderosamente movido por Dios, que escucha lo que Darío dice en el versículo 11 de Esdras 6. Él proclama un decreto de que cualquiera que quebrante este edicto, de su casa se arranque un madero, y levantándolo sea colgado en él, y que su casa sea reducida a escombros a causa de esto. Y que el Dios que ha hecho morar allí su nombre derribe a todo rey o pueblo que trate de cambiarlo, para destruir esta casa de Dios en Jerusalén. "Yo Darío he proclamado este decreto, que sea ejecutado con toda exactitud". El quebrantamiento del decreto llevaría a la horca. Hay un deseo expreso en el decreto de que si hay un rey futuro que se levanta en contra de esto, que Dios mismo se encargue de derribarlo. Y hay una orden obligatoria de que el decreto sea llevado a cabo con toda exactitud.
¿Cuál es la diferencia entre antes y ahora? El arrepentimiento del pueblo. Y por tanto, la gracia de Dios en favor de un pueblo arrepentido. Déjame leerte esto: muchas veces la falta de gracia en el corazón del otro hacia nosotros no es más que el resultado de nuestro pecado. Muchas veces la falta de gracia en el corazón de ese otro con quien estoy tratando no es más que el resultado de nuestro propio pecado. Y hasta que eso no sea tratado, confesado, y yo me haya arrepentido, esa condición no ha de cambiar, porque como canales de agua en la mano del Señor es el corazón de toda persona. No importa quién sea esa persona que me está haciendo la oposición.
Tatnai, el gobernador del otro lado del río, Setar-boznai y sus colegas son los nombres de esta gente que estaba cuestionando a los que edificaban. Y quien les dio permiso, es el que dice el versículo 13, que ejecutó el decreto con toda exactitud. Y el próximo versículo dice que los ancianos de los judíos tuvieron éxito en la edificación según la profecía del profeta Hageo y de Zacarías, hijo de Iddo. Y terminaron de edificar conforme al mandato del Dios de Israel y al decreto de Ciro, de Darío y de Artajerjes, que era el próximo rey. Lo que pasa es que Esdras está escribiendo 50 años después de que esto ocurre. En el momento que está escribiendo, le está escribiendo 450 años después, y ya Artajerjes había subido al reinado. Y él continuó la misma obra de contribución, de apoyo al pueblo de Israel, que Ciro y Darío habían iniciado.
Pero, ¿cuándo movió Dios su mano? ¿Qué ocurrió? Tuvieron éxito. Pero esa mano fue movida después que el pueblo se arrepintió. Y tuvieron éxito cuando Dios movió su mano.
Pregunta: ¿Es posible que la falta de éxito en algunos de los planes de mi vida, de mi profesión, de mi oficina, se deba a pecado en mi corazón no confesado? Tenemos que recordar que Nehemías 2:20 dice que nuestro éxito depende del Señor. ¡Wow! Job 5:12 dice que Dios frustra las tramas de los astutos para que no tengan éxito. Mi éxito depende del Señor, dice Nehemías. Job dice algo similar, pero en otro sentido: dice que Dios frustra las tramas de los astutos para que no tengan éxito. En otras palabras, la falta de éxito de los astutos perturbada por Dios es precisamente un mover de la mano de Dios.
Y Josué 1:8 nos dice que Dios le dijo a Josué: "Esta es mi ley, no te apartes de ella ni para la derecha ni para la izquierda, para que tengas éxito". ¡Ah! Lo que Dios está diciendo es: aquí está mi ley, aquí está el camino de la obediencia y de la desobediencia. Si quieres éxito, tendrá que ser por el camino de la obediencia de mi ley. Si caminas por el camino de la desobediencia, aquel proyecto que has querido realizar no tendrá éxito. El éxito depende de mí.
Y eso es exactamente lo que nosotros vemos aquí, que los ancianos de los judíos tuvieron éxito en la edificación. Pero mira cómo: según la profecía del profeta Hageo y Zacarías. ¿Y cuál fue su profecía? Los confrontaron con su pecado y ellos se arrepintieron. Y entonces tuvieron éxito. ¿Te das cuenta que Dios está más relacionado a las cosas cotidianas de nuestras vidas mucho más de lo que nosotros pensamos?
Como resultado de la confrontación de estos dos profetas, mira todo lo que ocurrió: el pueblo se arrepintió, volvió a trabajar en la obra del Señor, comenzaron a ofrendar debidamente como no lo estaban haciendo, el rey Darío dio permiso para la construcción de la obra, el rey pagó todos los gastos. Tú le escuchaste bien cuando el rey Darío dijo: "No solamente estoy dando permiso, es que los gastos para construir el templo se paguen del tesoro real. Y cuando necesiten corderos y carneros para los sacrificios, que se les provea día a día según pidan los sacerdotes, y que esto ocurra con toda exactitud". E hizo que el decreto se cumpliera de esa misma manera. Todo eso como resultado del arrepentimiento del pueblo.
El versículo 15-16 dice: "Y este templo fue terminado el tercer día del mes de Adar; era el año sexto del reinado del rey Darío". El mes de Adar es el último mes del calendario hebreo. El calendario hebreo sigue una trayectoria diferente al gregoriano, que es el que nosotros seguimos. El calendario gregoriano básicamente está calculado en base al movimiento de traslación de la tierra alrededor del sol, que dura 365 días y un cuarto, y el movimiento de rotación de la tierra sobre su eje en 24 horas. El calendario hebreo toma en consideración ambos movimientos más el movimiento de traslación de la luna alrededor de la tierra, que tiene 29 días y medio. Y esta es la razón por la que en ocasiones ellos necesitan agregar un decimotercer mes a su calendario para hacer los ajustes correspondientes, y ese decimotercer mes también es llamado Adar Segundo. Adar es el último mes del año.
De manera que esta obra se terminó en este último mes del año sexto del rey Darío, pero había comenzado, leímos en Esdras 4:24, en el año segundo. De manera que en menos de 4 años la obra quedó completamente terminada. Y el pueblo entonces comenzó a celebrar lo que antes no había podido celebrar.
Escucha lo que dicen los versículos 16 y 22: "Y los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás desterrados, celebraron con júbilo la dedicación de esta casa de Dios". Y el 22 dice: "Y con gozo celebraron por 7 días la fiesta de los panes sin levadura, porque el Señor los había llenado de regocijo y había vuelto hacia ellos el corazón del rey de Asiria para animarlos en la obra de la casa de Dios, el Dios de Israel". Ellos reconocieron que Dios había vuelto el corazón del rey hacia ellos y celebraron por 7 días con regocijo la fiesta de los panes sin levadura, que es la que continúa inmediatamente después del día de la Pascua. Tienes la Pascua el 14 del mes de Nisán, que es el primer mes del calendario hebreo, y luego los 7 días de la fiesta de los panes sin levadura, y celebraron con regocijo.
Cuando tú estás fuera de la voluntad de Dios, como ya estuvieron por dieciséis años, consumiendo sus propios ingresos, no dándole a Dios lo que le correspondía, en su pecado, en su apatía, en indiferencia, cuando estás fuera de esa voluntad de Dios, no hay manera de que tú puedas experimentar el gozo del Señor. Es en medio de su voluntad que tú puedes experimentar su gozo independientemente de las circunstancias. La alegría, véase, ha sido definida más bien como una emoción que experimentamos de acuerdo a las circunstancias, pero el gozo más bien es una actitud interna de vida ante lo que Dios orquesta.
De Cristo, Hebreos 12, dice que por el gozo puesto delante de él soportó la cruz. ¿Qué fue lo que hizo que Cristo tuviera esa actitud? El reconocer que su Padre estaba en control y que por esa orquestación que Dios estaba haciendo de los eventos, él podía gozarse ahora contemplando el futuro. Cristo no entrega su alma contemplando la cruz; él entrega su alma contemplando su resurrección. El énfasis todo el tiempo para los discípulos fue: "Y al tercer día yo resucitaré", "y al tercer día yo me levantaré", "y al tercer día yo los encontraré, espérenme en Galilea". Nosotros necesitamos tener el mismo enfoque.
Cuando estamos fuera de la voluntad de Dios no hay gozo. Cuando no hay gozo, no hay motivación. Escucha lo que Nehemías dice en el capítulo 8, vamos a llegar ahí en varias semanas: "El gozo del Señor es nuestra fortaleza". En otras palabras, cuando el gozo no está, no tengo fortaleza. Estoy débil, no tengo motivación.
Después de dieciséis años de indiferencia, de inactividad, de estar fuera de la voluntad de Dios, de no poder gozarse, porque la conciencia les acusaba, hay algo que disfruto ver en la Palabra de Dios y que probablemente no lo vayamos a ver hasta la nueva Jerusalén. A diferencia de nuestras naciones, en la tierra de Israel su cultura era su religión y su religión era su cultura. La gente no iba a conciertos seculares a gozarse; no necesitaban eso. La gente iba a conciertos, entre comillas, a fiestas de Dios planificadas por Dios que duraban no tres o cuatro horas de una noche, sino siete días. Y en medio de esas fiestas religiosas, culturales, porque no había diferencia entre una cosa y otra, Dios les visitaba y les hacía experimentar el gozo del Señor.
Pero cuando estamos fuera de su voluntad, no tenemos ese gozo, porque fuera de su obediencia no puede haber gozo. Y cuando estamos fuera de su voluntad estamos en pecado, y cuando estamos en pecado estamos contendiendo con Dios. Y lo increíble es que muchas veces otros pueden ver que yo estoy contendiendo con Dios, pero yo no lo veo. De hecho, en ocasiones todo el mundo que está alrededor de mí puede ver que yo estoy contendiendo con Dios menos yo. Yo soy el que estoy haciendo el esfuerzo, yo soy el que me estoy desgastando, y sin embargo la persona que mejor debiera saber con quién estoy contendiendo soy yo, y mi pecado no me lo deja ver.
El gozo es una actitud del alma y al mismo tiempo es una sensación, es una experiencia que resulta como consecuencia de conocer a Dios, de servir a Dios y de obedecer a Dios. Nota que no es una sensación que yo experimento cuando las cosas me salen bien. Es algo que mi interior, mi corazón, mi alma puede disfrutar simplemente como resultado de conocerle, servirle y obedecerle, aun si esa obediencia me lleva al calvario.
La palabra "gozo" aparece en la Biblia más de 150 veces. La palabra "regocijarse" aparece más de 200 veces. Y esto nos da a nosotros una idea de que nuestra fe, cuando es bien vivida, debe ser fuente productora de gozo. Y cuando no está, no está siendo bien vivida. Hay algo que hace falta, y muchas veces lo que hace falta es precisamente que yo pueda entrar en relación correcta con Dios.
Y el cuarto fruto del arrepentimiento, el gozo, no es más que el resultado de vivir en relación con Dios, una vida caracterizada por una actitud de arrepentimiento. ¿Por qué hablo de una vida caracterizada por una actitud de arrepentimiento? Arrepentimiento no es confesar, aunque requiere confesión. Arrepentimiento no es llorar, aunque yo puedo llorar. Pero el arrepentimiento es más bien una actitud interna del corazón, del alma, que odia desobedecer a Dios y que cada vez que encuentra que ha faltado, que ha pecado, tiene la disposición inmediata de devolverse en U y arreglar cuentas con Dios. Lamentablemente nuestro orgullo, nuestra desobediencia, rompe esa relación. Y al romper esa relación nos roban el gozo del Señor.
Quizás tú nunca has experimentado el gozo del Señor porque todavía no le has entregado tu vida al Señor. Quizás no le has confesado tus pecados. Quizás él no es tu Señor aún. Quizás entonces no tienes salvación, y el gozo nunca ha llegado a ti. Si ese es el caso, necesitas hoy, si oyes su voz, no endurecer el corazón. Y antes de salir de este lugar, poder cerrar tus ojos y decir: "Señor, perdóname por mis pecados. Yo entiendo que la cruz es lo único que me puede limpiar de mis pecados, y te pido perdón en base a lo que hiciste en la cruz. Reconozco que no hay ningún otro nombre debajo del cielo por medio del cual yo pueda ser salvo, y hoy te entrego mi vida para que tú me puedas dar la tuya, y que finalmente yo pueda experimentar el gozo que hasta el día de hoy no he podido experimentar".
El gozo es una experiencia que está prácticamente en cada página de la Biblia, si pudiéramos decirlo así. En Lucas 15 hay tres parábolas: la parábola de la oveja perdida, la parábola de la moneda perdida y la parábola del hijo perdido o del hijo pródigo, que es como se le conoce. Cada una de estas parábolas termina en una experiencia de gozo por un pecador que se ha arrepentido, donde no solamente aquí abajo, en el interior del corazón del pecador arrepentido, hay gozo, sino que hay gozo en el reino de los cielos con cada pecador que se arrepiente y con cada vida que le es entregada a nuestro Señor.
Y cuando yo hago eso, yo puedo tener una conciencia tranquila o una conciencia calmada. El gozo es el fruto de yo poder tener una conciencia calmada, porque ya yo no tengo el dedo acusador del Espíritu Santo que día a día me ha estado diciendo: "Tienes problema conmigo, tienes problema conmigo, estás violando mi ley, estás fuera de relación conmigo". Y como yo sé que estoy fuera de relación con él, mira tus relaciones alrededor: tus relaciones con tus padres, con tu esposa, con tus hijos, con tus amigos. Relaciones rotas alrededor tuyo implican una relación rota de arriba. Y hasta que tú no enmiendes tus relaciones, hasta que tú no enmiendes tus caminos, no habrá gozo en tu vida.
El pecado en nosotros nos roba el gozo. Escucha a David, Salmo 51, el versículo 8 al 12. Cuando David había pecado y no se había arrepentido aún: "Hazme oír gozo y alegría". "Hazme oír", es como si estuviera tan lejana esa experiencia de mi vida hoy en día. "Hazme oír", David reconoce que eso tiene que venir de Dios. "Hazme oír gozo y alegría, que se regocijen los huesos que has quebrantado. Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia y no quites de mí tu Santo Espíritu. Restitúyeme", escucha, "restitúyeme el gozo de tu salvación". Se me ha ido, no lo tengo, no lo puedo conseguir, no lo encuentro y yo no sé dónde encontrarlo. Restitúyelo tú, es de ti que viene. "Restitúyeme el gozo de tu salvación y sostenme con un espíritu de poder".
La falta de arrepentimiento es la causa número uno en nosotros de ausencia de gozo. La falta de arrepentimiento es la causa número uno de ausencia de gozo.
Mira cómo termina el capítulo 6 de Esdras: "Y con gozo celebraron por siete días la fiesta de los panes sin levadura, porque el Señor los había llenado de regocijo". Porque el Señor los había llenado de regocijo; es de él que viene. Por siete días. Pero, ¿qué fue lo que precedió la experiencia de gozo? Los versículos 20 y 21 nos van a decir, porque en esos dos versículos se nos dice que los sacerdotes y los levitas, antes de la fiesta de la Pascua, se purificaron, junto con todos aquellos que se habían apartado de las impurezas de las naciones. Básicamente es una referencia a gentiles que se habían convertido al judaísmo, habían sido debidamente circuncidados. Aquellos que se purificaron, ¿de qué se purificaron? De sus pecados. Experimentaron el regocijo por siete días.
¿Te das cuenta cuál es el requisito, prerrequisito, para mi experiencia de gozo? Mi purificación. Los levitas lo hicieron, los sacerdotes lo hicieron, y todos los demás que se apartaron de las impurezas de las naciones. Dios está dándonos a entender que estos gentiles que tuvieron esa experiencia tuvieron que hacer algo, y eso que hicieron fue precisamente separarse, alejarse de las impurezas de las naciones gentiles. Su purificación no fue más que el resultado de un arrepentimiento.
Decíamos que el gozo es algo que proviene de Dios, y Gálatas 5:22 no deja duda de eso, porque en la descripción del fruto del Espíritu que comienza ahí, el gozo es uno de ellos. En otras palabras, yo no puedo fabricarlo, yo no puedo comprarlo, yo no puedo manufacturarlo; tiene que ser el Espíritu que lo haga en mí. Es fruto del Espíritu de Dios en una vida que vive en relación con Dios, con una actitud continua de arrepentimiento día a día, de hecho en hecho. A mayor actitud de arrepentimiento, mayor llenura; a mayor llenura, mayor gozo. Es el fruto del Espíritu.
Dios no fue a la cruz en la persona de Cristo para que tú y yo vivamos una vida cabizbaja y triste. Dios fue a la cruz para que tú y yo vivamos una vida de abundancia. Y como decíamos recientemente en una de las clases de Romanos, todo cristiano tiene vida eterna, pero no todo cristiano tiene vida abundante. Y la abundancia de vida me la roba el pecado que mora en nosotros. Y en la medida en que nosotros podemos confesar, arrepentirnos, el gozo del Señor nos inunda.
En Juan 15, Cristo, ya tratando de despedirse de los discípulos la última noche, les habla de obedecer sus mandamientos.
Y luego le dice: "Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea perfecto." En otras palabras, hay un gozo que Dios disfruta. Cristo dice: "Yo vivo en gozo y yo quiero que mi gozo sea vuestro gozo. Cuando mi gozo sea vuestro gozo, vuestro gozo será perfecto." Pero ¿qué es lo que le dice antes de la experiencia de gozo? "Si me amáis, obedeced mis mandamientos." Es la obediencia a sus mandamientos que hace posible el disfrute del gozo perfecto del Señor.
Y es el gozo del Señor que es mi fortaleza. La Palabra de Dios habla múltiples veces del gozo que Dios experimenta. Y yo creo que no ha habido ninguna otra persona ni lugar con más gozo que Dios mismo. Piensa un poco en Dios y en nosotros. En ocasiones hay circunstancias que nos roban el gozo, pero ese no es el caso del Señor porque nada lo toma desprevenido. En ocasiones hay personas que nos roban el gozo, ¿sí o no? Una mala noticia del pastor o la pastora. No sé, una mala noticia porque no la sabemos manejar, pero eso no es el caso de Dios. En ocasiones hay cosas que se nos van de la mano, pero Dios nunca ha tenido esa experiencia.
De manera que nuestro Dios tiene que ser por obligación la persona en todo el universo, durante toda la historia, que más gozo ha experimentado. Y cuando Cristo viene dice: "Amigos, yo quiero darles mi gozo. Obedezcan mis mandamientos y vuestro gozo será perfecto." ¿Por qué perfecto? Porque no es el de ustedes, es el mío. Nuestros orgullos a veces nos roban el gozo, pero cuando Cristo viene dice: "No, aprended de mí que soy manso y humilde." No ha habido nada en la historia de la vida de Dios que haya podido robarle el gozo al Señor. Y por eso es que necesitamos vivir en relación con él para disfrutarlo.
La vida cristiana, yo lo he dicho una y otra vez, yo no sé cuántos me lo creen, no es difícil, no es complicada, no es para individuos súper extraordinariamente dotados de inteligencia. Es sencilla, sencilla. Para vivirla tienes que hacer una sola cosa, nada más. Tú complaces a tu Señor y el resto se da por añadidura, incluyendo tu gozo, que es el resultado de vivir una vida de relación con Dios.
El gozo del Señor nos permite disfrutar de su provisión. Cuando no puedes disfrutar de tu trabajo, ¿sabes qué? No tienes el gozo del Señor. Cuando no puedes disfrutar la ropa y la comida que él te da, poco o mucho, no importa, no tienes el gozo del Señor. Cuando no puedes disfrutar los amigos, la iglesia que el Señor te da, no tienes el gozo del Señor. Y cuando yo no puedo disfrutar las provisiones de Dios, eso es ingratitud, y la ingratitud es un gran ladrón del gozo. La ingratitud no me permite disfrutar lo que Dios quiere darme.
Es ingratitud hacia mi Creador que él provea trabajo, comida, ropa, amigos, relaciones, iglesia, lo que tú quieras. Una casa donde vivir, padres que me permitieron vivir, me educaron, me ayudaron a crecer, y a la vez educándome fui de su casa y todavía continúan bendiciéndome. Es una ingratitud no estar viviendo eternamente agradecido, complacido por la provisión de Dios a lo largo de los años de mi vida. Y eso nos roba el gozo del Señor.
Pero si tú le conoces, si te has arrepentido, si vives con una vida de arrepentimiento día a día, con esa actitud de la que hablamos, entonces tú tienes muchas cosas por las cuales darle gracias a Dios. Por buscarte cuando tú no le buscabas a él, por encontrarte cuando estabas perdido, por sanarte cuando estabas espiritualmente enfermo, por perdonarte cuando vivías en violación de su ley, por darte vida cuando estabas muerto, por hacer brillar su luz en tu oscuridad, por remover tu dolor cuando estabas herido, por sostenerte cuando estabas a punto de caer, por preservarte cuando querías alejarte, por proveerte cuando estabas en necesidad. En definitiva, por todas las bendiciones: las que ves y las que no puedes ver.
Estoy convencido que la mayoría de las cosas por las cuales tenemos que darle gracias a Dios ni siquiera las podemos ver. Trascienden nuestro entendimiento, trascienden el tiempo, trascienden el espacio, trascienden mi naturaleza humana. Y en mi incomprensión de cómo Dios maneja el universo, ni me percato de todas las enormes bendiciones que día a día, continuamente, Dios me hace compartir, de las que soy continuamente partícipe. Y de ahí que tenemos que hablar de las bendiciones que podemos ver y las que no podemos ver.
Es un privilegio ser hijo del Dios del universo, es un privilegio servir, es un gozo obedecerle, es un privilegio tener un lugar donde yo puedo ir a arrepentirme y salir perdonado una y otra vez, una y otra vez. Es algo extraordinario tener un lugar donde yo puedo ir a limpiar mi conciencia. Es un privilegio poder vivir en relación continua con mi Dios. Y entonces el gozo del Señor va a permear toda área de mi vida, no importa si es en el mundo secular o en el mundo de la iglesia, que delante de Dios no hay diferencia. Toda la vida es sagrada delante de Dios.
Que Dios nos ayude a vivir, primero, una vida de arrepentimiento y disfrutar del gozo del Señor, para que podamos vivir entonces continuamente diciendo: "Gracias, Dios."