Integridad y Sabiduria
Sermones

Un fiscal y un juez a favor tuyo

Miguel Núñez 6 diciembre, 2020

Si el Dios del universo está a tu favor, ¿quién podría estar en tu contra? Romanos 8:31-39 representa lo que el pastor Miguel Núñez describe como el Everest de toda la Escritura: el punto más alto de la revelación divina. Después de afirmar que Dios nos conoció, predestinó, llamó, justificó y glorificó, Pablo lanza siete preguntas que buscan remover toda duda de nuestra mente sobre el amor de Dios.

La imagen que emerge es la de una corte judicial donde todo está a favor del acusado. El fiscal que podría traer cargos contra nosotros es Cristo, pero Él murió por nosotros. El juez que podría condenarnos es también Cristo, pues el Padre le entregó todo juicio, pero Él está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. En esta corte celestial, tanto el fiscal como el juez están de nuestro lado. Como lo resume el pastor Núñez en buen dominicano: "Tú vas en coche". La Trinidad entera se ha invertido en cada creyente: el Espíritu intercede desde la tierra con gemidos indecibles, y Cristo intercede desde el cielo ante el Padre.

Pablo enumera siete circunstancias que podrían amenazarnos —tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada— y luego diez realidades que podrían intentar separarnos del amor de Dios. Ninguna puede lograrlo. Ni siquiera nosotros mismos, pues somos criaturas, y ninguna cosa creada tiene poder para arrancarnos de la mano de Dios. Como Jonás descubrió en el vientre del pez, no hay lugar donde podamos huir de Su presencia. Dios nos salvó de nosotros mismos, para Él mismo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Que Dios bendiga su pueblo en esta mañana. Es una mañana gloriosa, un día glorioso porque Dios lo ha hecho para que nosotros nos gloriemos o nos gocemos en él. Eso es lo que venimos a hacer un domingo en la mañana: proclamar lo que Dios es y gozarnos en todo lo que él ha hecho y en todo lo que él es por nosotros.

En el día de hoy nosotros, como habíamos anunciado, estamos cerrando el capítulo 8 del libro de Romanos, quizás el capítulo más rico en bendiciones y afirmaciones para todos los hijos de Dios. Y de ese capítulo, el texto que nosotros tenemos por delante es probablemente el pico no solamente del capítulo sino de toda la Biblia, si nos imaginamos la Biblia como una cordillera, por así decirlo.

De manera que tenemos que recordar algunas cosas que ya dijimos la semana anterior. Habíamos hablado que del versículo 28 al 30 de Romanos 8, la Palabra nos dice que Dios nos conoció en la eternidad pasada, y eso implicaba, dijimos, no solamente que nos conoció en términos de información, sino que nos conoció mucho más allá que simplemente tener información acerca de nosotros. Porque eso es lo que la palabra significa en el original y sobre todo con todo lo que el libro bíblico implica: conocerte, amarte e incluso separarte para él, como él hizo con la nación de Israel. Nos conoció.

Pero Dios también nos predestinó, y dijimos que Dios nos había predestinado desde toda la eternidad para que cada uno de nosotros pudiera ser conformado a la imagen de su Hijo, y que todas las cosas estaban cooperando para bien precisamente para ver en mí, al final de mi historia, una persona que va a lucir como su Hijo luce hoy. Seremos como él es, dice la Palabra. Y a esos que él conoció, a esos que él predestinó, él entonces llamó. Y vimos también cómo Dios nos había no solamente extendido una invitación, sino que nos había capacitado y equipado para responder a dicha invitación, de tal manera que al escuchar la invitación yo iba a tener no solamente la capacidad de respuesta sino también la motivación para decir: sí, yo quiero entrar a tu reino. Nos llamó, y dijimos que eso llamamos el llamado eficaz y no un llamado general.

Y a esos que Dios llamó, Dios también justificó. Y hablamos de eso: que Cristo en la cruz, cuando derramó su sangre, él no nos hizo simplemente justificables, como que no simplemente creó la posibilidad de que yo llegara a ser justificado, sino que él literalmente llegó a justificarme, y que lo único que faltaba en el tiempo era la aplicación de la justificación a mi vida el día que yo pudiera abrazar su reino y proclamarle Señor y Salvador. Y finalmente, esa cadena de cinco cosas que Dios hizo desde la eternidad pasada implicaba también el último peldaño: la glorificación. Aquellos que él conoció, los llevó hasta glorificarlos. Aunque eso es algo que es todavía futuro para nosotros, eso es algo que en la mente de Dios ya es una realidad. Y de todo eso habla Pablo acerca de la obra de Dios a nuestro favor.

Con esa idea es que él abre entonces el próximo texto con una pregunta cuando dice: "Entonces, ¿qué diremos a esto?" ¿Qué vamos a decir? ¿Cómo vamos a responder a todo eso que Dios ha hecho? Y en realidad es más que lo que yo acabo de revisar. Pablo está concluyendo, si pudiéramos tener el tiempo para verlo, toda una sección desde el capítulo 5 al capítulo 8, y está diciendo: dado todo esto que Dios ha hecho, que está descrito en el capítulo 5, 6, 7 y 8, ¿qué diremos a esto? De manera que Pablo está como alcanzando la cima de lo que viene estado rodeando por cuatro capítulos cuando llega a esta parte que vamos a estar leyendo a partir del versículo 31 hasta el final.

Entonces dice Pablo: "¿Qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está sentado a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque yo estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro."

¡Aleluya! ¡Amén! ¡Amén! Terminé de predicar y no necesito decir más nada. Esto fue un sermón en alguna ocasión. Cada epístola de la Palabra en alguna ocasión fue un sermón, literalmente, de tal forma que a la hora de leerlo nosotros tenemos que darle inflexión, entonación, pues esto fue predicado de la manera que yo lo leí.

Este texto ha sido considerado por algunos como un himno de seguridad, la seguridad del creyente, seguridad de su salvación. Otros lo han considerado una canción de triunfo, pues claro que es una canción de triunfo. Otros han dicho que este es el punto más alto de la revelación divina. James Montgomery Boice murió en el año 2000, pero fue una de las grandes figuras del siglo 20. De hecho, cuando él murió, creo que les mencioné en una ocasión, R.C. Sproul dijo que su muerte representaba el juicio de Dios sobre Estados Unidos, de tan extraordinaria que era su influencia.

Montgomery Boice, haciendo referencia a este pasaje, piensa en las montañas del Himalaya del Oriente, la cadena de montañas más alta de toda la tierra, y él dice que este pasaje es el pico más alto entre las montañas más altas de toda la cordillera himalaya de la Escritura. En otras palabras, tú tomas la Escritura y tú consigues los ocho o diez picos más altos de la revelación de Dios. Entre esos ocho o diez picos más altos de la revelación de Dios, este es el Everest de la cordillera. Con Montgomery Boice yo me puedo bajar y nos vamos.

Esto realmente es extraordinario, y Pablo está diciendo: dado todo lo que yo vengo enseñándote por cuatro capítulos y que ahora estoy cerrando, ¿qué diremos a esto? Lo que Pablo está haciendo con esa primera pregunta es que Pablo va a darnos siete preguntas en el texto que acabo de leer. En los días previos había cinco afirmaciones: Dios nos conoció, y si nos conoció nos predestinó, nos llamó, nos justificó, nos glorificó. Dadas esas cinco afirmaciones, él tiene ahora siete preguntas para nosotros, y las vamos a ver una por una.

Pregunta número uno: ¿Qué diremos a esto? Esta es una invitación a reflexionar, a rumiar las verdades que él ha estado desempacando. ¿Cómo es que vamos a responder a esta increíble, enorme gracia de parte de Dios? ¿Cuál será la respuesta que tú y yo le vamos a dar? Para Pablo es inconcebible que habiendo sido conocidos, predestinados, llamados, justificados y glorificados, que ahora nosotros respondamos de una forma endeble, considerando que nosotros somos personas mortales, pecadoras, enemigos de Dios. Y entonces, dado todo esto que Dios ha hecho por personas como nosotros, él está diciendo: ¿y qué diremos a esto?

Lo que él hace con esa primera pregunta, que es como una pregunta retórica porque él no estaba esperando respuesta de parte de su audiencia, es que él comienza a responderla con otras preguntas y algunos comentarios. La pregunta número uno es: ¿qué diremos a esto? Y esta es la pregunta número dos: Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

Lo que Pablo quiere que yo considere es que si el Creador del universo, Señor de toda la creación, soberano sobre todo lo creado en el mundo material y espiritual, si la persona que está en control de todo lo que se mueve en el mundo físico y espiritual está a favor de nosotros, ¿quién en tu imaginación más libre pudiera estar contra ti?

Alguien pudiera decir: bueno, pastor, yo he leído en la Palabra que Satanás está contra nosotros porque nosotros representamos como un punto de envidia para él, porque nosotros vamos para el reino de los cielos y de ahí lo expulsaron a él. Bueno, él pudiera estar contra nosotros. Otros pudieran decir: bueno, yo también he leído que el mundo está contra nosotros porque para el mundo nosotros representamos la oposición o la resistencia. Eso es verdad. Otros pudieran decir: pastor, pero yo he leído que aún la carne se opone a los deseos del Espíritu. Eso es cierto.

Pero lo que Pablo está diciendo en última instancia... Recuerden que hay un espíritu de la ley y una letra de la ley. Bueno, la letra de la ley es: ¿quién podrá estar contra nosotros? Pero el espíritu de la ley es que no importa el opositor que tú y yo tengamos, nosotros tenemos a nuestro favor un defensor mucho mayor, de mucho mayor tamaño, magnitud y poder. Y por tanto, no hay fuerza ni cosa ni ser que pudiera vencernos, porque nadie puede estar en contra tuya cuando el Dios del universo está a tu favor. Esa es la idea. Si la persona con mayor poder, la mayor autoridad que existe en toda la creación está a tu favor, no hay nada que pueda competir contigo.

La manera como les dije en otras ocasiones es que si Dios está contigo no importa quién no esté, y si Dios no está contigo pues no importa quién esté. Entonces, si tú tienes a Dios de tu lado, ¿quién importa el que no esté? Pero si tú no lo tienes de tu lado, ¿quién importa quién está contigo?

De los tres posibles opositores que se han mencionado —Satanás, el mundo y tu propia carne—, de Satanás la Palabra nos dice que Cristo despojó los poderes de las tinieblas. Él es un enemigo vencido.

Del mundo, Cristo dijo: "Confiad en mí, que yo he vencido al mundo". Y de la carne, Cristo venció su pecado en la cruz el día que murió sin pecado, sin haber fallado, sin haber tropezado, y venció su muerte el día que resucitó. De manera que los tres enemigos que pueden operar en contra nuestra ya han sido vencidos. De manera que tú no tienes nada que temer, porque tú no tienes nada que te pueda vencer. Así es, otra vez: no tienes nada que temer porque no tienes nada que te pueda vencer. Al final de la historia, nosotros ganamos.

Algunos de ustedes siempre han estado interesados en escatología: que cuándo viene Cristo, que cuánto falta, que si habrá tribulación, que si habrá un rapto, que si viene al principio, que si viene en el medio, que si el rapto viene al final. ¿Y qué si les doy un resumen de la escatología en una sola frase? ¿Tú quieres un resumen? Nosotros ganamos al final. Este es el resumen de todo lo que ha de venir en el futuro. Y ganamos porque Dios está por nosotros, y por tanto nada podrá estar contra nosotros.

¿Qué tan por nosotros está Dios? Bueno, déjame mostrarlo desde este texto y del texto anterior que vi una semana pasada. En 8:26, el Espíritu de Dios estaba por nosotros porque Él intercedía por nosotros con gemidos indecibles, en vista de nuestra ignorancia y debilidad en nuestra vida de oración. Y como Él conoce la voluntad de Dios, Él intercedía conforme a la voluntad de Dios. El Espíritu estaba por ti; el Espíritu es el 8:26. En 8:32, el Padre está por ti porque Él nos dio al Hijo. Y en 8:34, el Hijo está por ti porque Él fue quien murió en tu lugar. La Trinidad entera está por ti, hermano.

¿Tú te imaginas eso? El Dios trino por completo, persona por persona, ha dejado testimonio de que Él está a favor de aquellos que Dios eligió en la eternidad pasada. Si eso no te hace brincar de tu asiento, bueno, vete a un gimnasio y comienza a practicar, porque tú necesitas energía para poder brincar cuando tú escuches revelaciones como esta. Toda la Trinidad a favor de una sola persona. "Pastor, yo soy tan importante entonces". Bueno, no, no, no, no te vuelvas megalómano. No, no es que tú eres tan importante; es que Dios nos ama tanto que tiene toda la Trinidad invertida en ti y en mí.

Pregunta número 3: "El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?". Lo que Pablo te está ayudando a rumiar aquí es: ¿cómo se te ocurre pensar que pueda haber alguna circunstancia en algún momento de tu vida donde Dios no quiera o rehúse bendecirte de alguna manera, cuando Él te dio su propio Hijo? De manera que Pablo está ayudando a los romanos y a nosotros a remover toda duda de nuestra mente de que haya algo en algún momento que Dios entienda que es para mi bien y que Dios quiera retener, cuando lo mejor de lo mejor, por así decirlo, el Everest del cielo, su Hijo, ya nos fue dado y nos fue entregado.

¿Imaginas qué es lo que Dios está ayudándonos a entender? Yo no creo que nosotros hemos considerado detenidamente el hecho de que Dios tenía un Hijo santo, que era igual al Padre, y que lo entregó para que fuera maltratado por hombres que habían maltratado su ley, pisoteado su ley, para que nosotros pudiéramos pasar la eternidad con Él. Yo no creo que hemos pensado en eso lo suficiente. Porque eso solo, el hecho de Dios entregar a su Hijo sin necesidad, sin que el Hijo tuviera necesidad alguna, sin que Dios tuviera necesidad de compañía, sin que Dios fuera a estar más satisfecho y más alegre, contento o gozoso, al tenernos a nosotros que estando Él en sí mismo como estuvo por toda la eternidad gozando de la Trinidad, no teniéndose a necesidad, entregó al Hijo. Eso debiera remover de una vez y para siempre la idea de tu mente de que "Dios no me escucha, Dios no me ama, Dios no me busca, Dios no me bendice, Dios no, Dios no, Dios no...". ¡Dios sí! ¡Dios sí! ¡Dios sí!

Oye, Calvino, ayudándonos a entender mejor este texto, ayudándonos a entender de qué manera es que Pablo está ayudándonos a confiar en ese Dios que ya dio a su Hijo, menciona dos o tres pasajes de la Palabra que yo quiero mencionárselos rápidamente. El Salmo 23:4, que ya lo leí y lo cantamos: "Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento". ¿Tú escuchaste lo que David estaba pensando? Hay circunstancias en la vida donde realmente es como una sombra de muerte; en otras palabras, tus posibilidades de salir con vida son muy pocas. Pero aunque yo pase por una circunstancia como esta, Tú vas a estar a mi lado durante mi travesía, y no solamente vas a estar a mi lado, Tú vas a estar a mi lado de tal manera que tu vara y tu cayado me infundirán aliento cuando yo esté a punto de desesperar en medio de mi circunstancia.

Y como yo sé que eso es así, porque te dio al Hijo, y si te dio al Hijo, ¿cómo es que no te va a dar su compañía en esos momentos? El Hijo experimentó la soledad sin el Padre para que tú y yo jamás, nunca, en ningún momento de la vida, tuviéramos que experimentar la soledad que el Hijo experimentó en la cruz.

Salmo 56:11: "En Dios he confiado". Y entonces, ¿cuál es la consecuencia de eso? Una y otra vez se han estado meditando con el equipo de trabajo acerca de las implicaciones también, acerca de considerar las implicaciones de lo que la Palabra dice. El salmista te dice: "En Dios he confiado". Entonces, ¿cuál es la implicación de eso? "¿Cómo no temeré?". ¿Y hay alguna otra implicación? Pastor, escucha lo que el salmista te dice: "¿Qué puede hacerme el hombre?". Si yo he confiado en ti y nadie puede estar contra mí si Tú estás por mí, entonces, ¿qué es lo que el hombre me puede hacer?

Salmo 3:6: "No temeré a los diez millones de enemigos que se han puesto en derredor contra mí". Hay una canción que celebra eso: pueden haber diez mil hombres a mi alrededor, no los temeré. Pero, ¿cuál es la razón? Porque si Dios está por mí, ¿quién puede estar contra mí?

Pablo quiere que el creyente tenga la confianza de que el Dios que entregó a su Hijo hará todo lo necesario para garantizar que aquella persona que fue conocida en la eternidad pasada atravesará toda su vida hasta llegar a su presencia, y que Él va a mover cielo y tierra, ángeles y principados, y todo lo que tenga que mover, para garantizar que su elegido arriba seguro a casa. "Pastor, pero habrá tribulaciones serias en este mundo". Él dijo que en este mundo tendríamos tribulación. Él no nos garantizó un vuelo sin turbulencia; lo que Él garantizó fue un aterrizaje seguro. En las alturas se va a mover el avión; lo que yo tengo garantizado es que a la hora de aterrizar va a ser como un colchón que tú ni lo vas a sentir.

Después de que Dios ha hecho eso, ¿qué es lo que Dios no va a hacer? Escucha cómo Pablo entonces hace la pregunta: "¿Cómo no nos va a dar todas las cosas?". Esta es la tercera pregunta que estamos considerando. Si ya nos dio al Hijo, ¿cómo es que no nos va a dar todas las cosas? ¿Cómo se te ocurre? Todas las cosas relativas a la salvación y a la piedad, todas las cosas para que tú no te pierdas en el camino, todas las cosas para que tengas verdadera vida abundante.

Pregunta número 4. Habiendo dado todo lo revelado, Pablo dice: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?". Y luego hay un comentario: "Dios es el que justifica". En una corte, en una corte judicial, hay varios individuos que se supone que estén. Y frecuentemente habrá siempre un acusado; frecuentemente habrá un fiscal, dependiendo del caso. Pero en estos casos que tienen que ver con el gobierno, puede haber un fiscal que representa al gobierno, y en estos días hemos estado oyendo mucho de eso, no solamente aquí, pero también en los Estados Unidos. Y luego hay un juez.

Entonces, la pregunta aquí que Pablo hace es: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?". Si los escogidos de Dios seríamos, estaríamos como los posibles acusados, y como si él estuviera preguntando: "¿Dónde está el fiscal? ¿Dónde está el fiscal que ha de acusar a los escogidos de Dios?". Bueno, la Palabra dice que Satanás es el acusador por excelencia, pero no tiene autoridad para acusarnos. De hecho, desde el Antiguo Testamento ha sido revelado que, a pesar de que él es el acusador, él no tiene autoridad para acusar a los escogidos de Dios.

Tú recuerdas el texto en el libro de Zacarías, capítulo 3. El libro de Zacarías, capítulo 3, hay una escena donde aparece Josué, el sumo sacerdote. No Josué, el que cruzó el Jordán y entró a la tierra prometida, sino el sumo sacerdote que viene con el pueblo judío desde Babilonia en su primer regreso. Hubo tres regresos; el primero es el primero con Zorobabel; este es Josué. Josué está ahí en esa escena, es como una visión, representando a toda la nación de Israel, de manera que lo que se diga en este pasaje de Josué se está diciendo de Israel.

Y esto es lo que el pasaje dice, escucha: "Entonces me mostró al sumo sacerdote Josué", dice Zacarías, como una visión, "que estaba delante del Ángel del Señor". El Ángel del Señor representa a Cristo. "Y Satanás estaba a su derecha para acusarlo". Ok, ahora esto se pone bueno. Josué es el acusado, está el acusador Satanás, y está el Ángel del Señor identificado como Cristo. ¿Qué tú piensas que hizo el Ángel del Señor? Es como que en esa escena el fiscal era Satanás, y el Ángel del Señor dijo: "Satanás, el Señor te reprenda, Satanás. Repréndete el Señor que ha escogido a Jerusalén". Dijimos que Josué está representando a Jerusalén, a Israel. "¿No es este un tizón arrebatado del fuego?".

"Josué estaba vestido de ropas sucias" —ese es su pecado—, "en pie delante del Ángel. Y este habló" —¿quién habló? Cristo, el Ángel del Señor— "y dijo a los que estaban delante de él: Quítenle las ropas sucias". Quítenle su pecado. Él le dijo: "Mira, he quitado de ti tu iniquidad" —nota cómo las ropas sucias son su iniquidad—, "he quitado de ti tu iniquidad, y te vestiré con ropas de gala".

Después dijo que le pongan un turbante limpio en la cabeza, y le pusieron un turbante limpio en la cabeza, y le vistieron con ropas de gala, y el Ángel del Señor estaba allí. Ahí está Josué representando a la nación de Israel. Satanás estaba trayendo a colación todos los pecados de la nación de Israel como para que Dios desechara a su remanente de una vez y por siempre. Y está como enrostrándole en el rostro a la nación: "Esta es la nación sacerdotal que tú escogiste, con todos estos pecados." Y el Ángel del Señor le dice que el Señor te reprenda, Satanás. Repréndete el Señor, este es uno de mis elegidos. Es como un tizón arrebatado del fuego.

De manera que en la corte celestial hay una corte, habrá un juicio, va a haber un fiscal. Pero Satanás no va a entrar a la corte celestial, no ese día, porque él entra como acusado, o sea que no puede ser el fiscal. Entonces, ¿quién es el posible fiscal? ¿Quién es quien tiene la autoridad en el cielo y en la tierra? ¿Quién nos envió a hacer la Gran Comisión? Cristo. Pero resulta que ya dijimos que Cristo estaba por ti.

De manera que tú vas a estar en el último día ante el trono de Cristo para rendir cuentas, pero resulta que el fiscal está a favor tuyo. Imagínate en una corte, una corte en la que tú entres como acusado y estés tranquilo porque el fiscal, cuando él se pare, él va a declarar a tu favor. ¿Dónde tú encuentras una cosa semejante? Y el texto dice: "¿Quién acusará a los elegidos de Dios?" La razón por la que el fiscal no te va a acusar en la corte celestial es porque ellos son los elegidos de Dios. ¿Qué? Él fue y murió por ti. ¿Cómo que él te va a acusar? ¿Por qué murió por ti y derramó su sangre para limpiarte?

Y si tú piensas que realmente no tenemos un abogado defensor en el cielo, bueno, Juan nos dice en su primera carta, en 2:1, que Cristo es nuestro abogado defensor. Y dice inmediatamente después que si alguien peca, abogado tenemos frente al Padre. Eso es increíble. Que cuando yo peco yo tengo un abogado frente al Padre, que cuando yo oro a ese Padre, tengo a Cristo ayudándome. ¿Por qué? Porque tienes una naturaleza caída. Tú andas peleando, luchando. "Yo derramé mi sangre por ese pecado." Tú estás en una corte donde el fiscal está a tu favor.

Pero déjame desarrollar la próxima pregunta para decirte ahora. Pregunta número cinco: ¿Quién es el que condena? Tú sabes quién condena en una corte, ¿verdad? ¿Quién condena? El juez. Hay un fiscal, hay un juez. ¿Quién es el que condena? Pablo dice, déjame comenzar a responder: "Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros."

De manera que en esta corte judicial hay un acusado, hay un fiscal y hay un juez. El acusado podría ser yo, pero nadie me va a acusar, porque ya dijimos que el fiscal que podría traer la acusación, que tiene la autoridad, está a mi favor. Pero, ¿qué del juez? ¿Quién es el que condena? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Resulta que Cristo nos dice en Juan 5:22 que el Padre a nadie juzga, sino que ha dado todo juicio al Hijo. O sea que el fiscal y el juez son la misma persona, son la misma persona. Y el fiscal está a favor tuyo y el juez está a favor tuyo. Entonces, ni hay acusación ni hay condenación.

Eso es lo que Pablo dice en Romanos 8: no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús. No, no la hay. Él no lo va a hacer. Él murió por ti. Él murió para librarte de la condenación. ¿Cómo te va a condenar al final cuando no lo hizo al principio, sino que te liberó?

Pero, ¿quién es el que condena? Pablo dice: bueno, Cristo es el que condena, pero resulta que Él murió por ti. Y no solamente murió por ti, Él resucitó por ti. Y no solamente murió y resucitó por ti, resulta que Él está a la diestra del Padre ahora. Y no solamente está a la diestra del Padre, que representa la posición de autoridad, Él está a la diestra del Padre intercediendo por ti. Entonces, ¿cómo es que Él te va a condenar al final del camino? No, no hay condenación.

¿Te imaginas lo que Dios ha hecho por nosotros? A su diestra, que es la posición de autoridad, está Él sentado. Pero cuando llegas al final del camino y llegas a Apocalipsis y ves el trono, Jesús no está sentado a la diestra del Padre en la visión de Apocalipsis. Él está de pie. Él está de pie porque Él está presto a defenderte a la hora de cualquier acusación. Él es tu abogado defensor. Como el fiscal se pone de pie a la hora de la acusación, entonces Él declara a favor tuyo y luego dicta una sentencia que Pablo te está diciendo desde ya: será a favor tuyo, porque eso es como ha sido diseñado desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura.

A la diestra del Padre, pastor, Él está intercediendo por nosotros. Pero, ¿no nos dijiste que el Espíritu Santo intercede por nosotros? Sí, desde aquí abajo, en la tierra, desde mi morada, Él intercede por mí. ¿Tú sabes? ¿Tú te has percatado cómo es que la Trinidad se ha invertido en ti? Desde la tierra, la tercera persona de la Trinidad intercede con gemidos indecibles, y cuando el clamor llega allá arriba, se encuentra con Cristo que está a la diestra del Padre intercediendo también ante el Padre, también por ti.

¿Cómo vamos a responder a todo esto? Por eso es que la primera pregunta de estas siete preguntas de Pablo es: "¿Qué diremos entonces?" ¿Qué es lo que tú... cómo vas a responder a toda esta revelación que yo te he traído?

En la corte judicial celestial, el Hijo está en control de todo. Él es el fiscal, Él es el juez. Él acusa, pero no acusa a los hijos de Dios, y Él dictamina la sentencia. De hecho, 2 Corintios 5:10 dice que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Sí, se llama el tribunal de Cristo, ¿sabes por qué? Porque Dios le dio todo juicio a Cristo, como dice Juan 5:22: el Padre no juzga a nadie, sino que le dio todo juicio al Hijo. Y ahora entonces, todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo, pero el fiscal y el juez están a mi favor. Es el único tribunal en todo el universo donde tú puedes encontrar una cosa semejante.

Déjame decirlo en buen dominicano. Nuestros hermanos internacionales quizás no entiendan, pero tú vas a entender. Habiendo dicho todo lo que yo he dicho, hermano, tú vas en coche. Es el resumen de todo lo que yo he dicho: tú vas en coche. Que nadie me diga que esta vida es tan complicada, tan difícil, tan pesada. No, tú vas en coche. Tú tienes la Trinidad entera invertida en una sola persona, y eres tú. Como diría en inglés: "You got it made." Tú lo tienes hecho. ¡Wow!

Los versículos 31 al 34, esto es lo que Pablo hace. Es lo que ha venido haciendo hasta ahora. No ha entrado al 35. Pablo dice: mira, considera la obra de Dios a favor tuyo. Te conoció, te predestinó, te llamó, te justificó, te glorificó. Y luego hice notar que Cristo vino y se encarnó, murió por ti, resucitó, está a la diestra del Padre. Todo esto es la obra de Dios, versículos 31 al 34.

Los versículos 35 al 39, lo que Pablo te está diciendo ahora es: considera el amor de Dios. Considera primero la obra de Dios, pero la obra de Dios habla del amor de Dios. Entonces, ya que consideraste la obra de Dios a favor tuyo, yo quiero invitarte ahora a que consideres el amor de Dios, porque es el amor de Dios de este lado lo que motivó la obra de Dios de este lado. ¿Me entendiste? ¿O no me entendiste? Ok.

La obra de Dios: Dios está por nosotros, versículo 31. Dios entregó a su Hijo por nosotros, versículo 32. Dios es quien justifica, versículo 33. Y Cristo es el que murió, resucitó y está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros, versículo 34. Ok, la obra de Dios. Ahora vamos a ver el amor de Dios.

Pregunta seis. Comienza la exploración del amor de Dios: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? Esta pregunta obedece a la inseguridad que a veces experimenta un verdadero hijo de Dios. Porque hay personas que se consideran cristianas que no lo son; experimentan esta inseguridad y con razón deben experimentarla. Pero un verdadero hijo de Dios a veces también se siente en la inseguridad de que... "¿Y qué es si yo al final...?" Y eso le hace caminar así, caminar, ¿sabes? "¿Y si al final yo no paso el estándar, y cuando me examinen me quedo afuera?"

¿Qué está diciendo Pablo? Hermano, ¿quién te puede separar del amor de Cristo? Si en la eternidad pasada Él hizo algo por ti con la intencionalidad de que se completara, ¿cómo tú piensas que puede haber algo, que puede ocurrir algo en algún momento, en algún lugar de tu historia, de tu existencia, que te pueda separar del amor de Dios? Esta pregunta como que es innecesaria, porque Dios no tiene rival, y ya dijimos que si Dios está por nosotros, ¿quién pudiera estar contra nosotros?

Entonces, lo que Pablo hace para contestar la pregunta número seis —¿qué nos separará del amor de Dios?— es que hace otra pregunta, para que tú puedas ver que él ha considerado todas las posibilidades de cosas que te pudieran separar del amor de Dios.

Entonces él comienza. Hace la pregunta número siete, signo de interrogación: ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Hay siete circunstancias que Pablo las ha vivido todas, descritas por él. Y él comienza a considerarlas una por una. Entonces déjame repetírtelas una por una y comentarlas brevemente.

Pablo dice: tribulación. Bueno, la respuesta es: ¿pudiera el creyente pasar por una tribulación tan grande que venza su fe y que él abandone la fe? No. Porque Pablo dice a los corintios, en la segunda carta, capítulo 1, que Dios, bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, escucha, quien nos consuela en toda tribulación nuestra para Él enseñarnos lo que es la consolación, y que nosotros podamos enseñar a otros, consolar a otros con el mismo consuelo con que hemos sido consolados. De manera que en la tribulación, quien me acompaña y me consuela es el mismo Padre, Dios de misericordias. Y dice Pablo: la tribulación no te va a vencer. De hecho, esto es lo que quizá Pablo tenía en mente: Isaías 43:2-3.

"Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo." Tú no estás en ningún momento solo. "Pastores, que yo siento que Dios me ha dejado solo." ¿En serio? "Y si por los ríos, no te cubrirán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás." Y como yo sé, bueno, me echaron al horno de fuego los tres amigos de Daniel. "Ni la llama te abrasará, porque yo soy el Señor tu Dios." ¿Tú escuchaste cuál es la razón por la que yo no me voy a ahogar, yo no me voy a quemar? Y estoy hablando de tribulación; son figuras de habla para expresar tribulación, angustia, dificultades. Oye lo que Dios dice: la razón no es que tú eres tan bueno, la razón no es que te has portado también, aunque nosotros deberíamos portarnos bien. "Porque yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador."

Ahora, escucha esto, increíble: "He dado a Egipto por tu rescate, a Cus y a Seba en lugar tuyo." Dios le está diciendo la razón a Israel. Yo entregué a Egipto, a Cus y a Seba, a tres naciones en rescate por ti. Entonces, ¿cómo se te ocurre que yo te voy a dejar solo? Esto es algo que está diciendo: angustia no es imposible, nos consuela en medio de la perdición, tribulación, nos consuela en la tribulación próxima, angustia. En buen dominicano: "dutdolo."

Oye lo que Dios dice de la angustia, otra vez del Salmo 50, creo que 15: "Invoca mi nombre en el día de la angustia." ¿Y qué hay que hacer? Te va a decir: "Yo te libraré y tú me honrarás." Invoca mi nombre. Yo te reto, yo te desafío a que invoques mi nombre en día de la angustia. Cuenta conmigo, tú puedes estar seguro de eso. Llámame, yo estaré ahí y de alguna manera yo te voy a librar. "Yo hice eso, pero resulta..." Ahora, tú no estás en el cielo porque te morí. Te libró, te libró de este mundo, te libró de esta prisión, te libró de este mundo pasajero, de este mundo temporal. Ya no habrá más lágrimas ni dolor ni todas estas vicisitudes. La más grande liberación es cuando te vayas para el cielo.

Ayer hablábamos en mi casa en un momento dado acerca de algo en particular, y el día de hoy Dios me puede mandar a buscar ya, ahora mismo. Persecución. Mira, se Pablo, si no se podía desatar. Estamos hablando de que la persecución viene de camino, y créeme que viene de camino. Estuve escuchando este testimonio de Pablo. Hacerle la persecución en una sola frase, a ver: "Somos perseguidos, pero no abandonados." A ver, realista: "Sí, me han perseguido, lo que yo nunca he estado solo." Yo he corrido, yo he dado, en buen mexicano, he dado pata en este mundo, pero cada vez que me echaba pa' un lado, ahí estaba Cristo conmigo.

¿Hambre? Dice Pablo: "No, yo aprendí." De hecho, es imposible que el hambre nos separe del amor de Dios, que hoy el Dios me enseñó a estar contento en la escasez y en la abundancia. Saciado o con hambre, he estado en hambre y en sed, dice Pablo, pero aprendí a estar contento. ¿Desnudez? Bueno, hermano, una vez que he sido vestido con la rectitud de Cristo, la desnudez te importa poco. Cristo estuvo desnudo en la cruz, el Dios del universo, Creador del universo. ¿Tú crees que le estaba preocupado? "¡Uy, me están viendo!" No, porque él tenía una vestidura de mucho mayor trascendencia que las ropas que yo tengo. Desnudez, no.

¿Peligro? La amenaza del peligro pudiera en un momento dado hacer que yo salga corriendo y abandone, adiós, abandone la carrera. Bueno, escucha a Pablo en Segunda de Corintios 11:26-27, escucha su propio testimonio: "Con frecuencia en viajes, en peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de mis compatriotas, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos, en trabajos y fatigas, y en muchas noches de desvelo, en hambre y sed, con frecuencia sin comida, en frío y desnudez." ¿Tú piensas que Pablo ha abandonado la fe? No, porque justamente antes de esto Dios le había dicho: "Pablo, ¿sabes qué? Bástate mi gracia. Mi gracia es suficiente para el peligro, para la sed, para el hambre, para la desnudez, para la carencia, para la dificultad, para la tribulación, para la persecución. Pablo, tú tienes lo que se requiere para permanecer en el camino hasta el final."

Además, si tienes algo más, Pablo no solamente tiene el Espíritu de Dios que te provee todo eso que necesitas. Aquí arriba tú tienes un Sumo Sacerdote que se compadece con nosotros o por nosotros en todas esas circunstancias, porque al igual que nosotros, él fue tentado en todo. Desnudez: él estuvo en la cruz desnudo. Hambre: tuvo el desierto cuarenta días sin comer. Peligros: lo vivían persiguiendo hasta que lo crucificaron. Peligros de hermanos: y los judíos. Peligro de gentiles: Pilato y Herodes.

Cuando Pablo escribió a los romanos, esto, a los corintios, perdón, bueno, vamos, él escribió a los corintios acerca de estas experiencias, y luego le escribió a los romanos de que si podría haber alguna circunstancia que nos separe del amor de Dios, él estaba hablando por experiencia personal. Tú y yo estamos leyendo ahora, pero puede ser que tú y yo no hayamos estado en estas cosas que Pablo estuvo, en estos peligros. Y nosotros podemos quizás leer el texto, alguien como yo te lo lee a ti, y alguien podría decir: "Pastor, ¿por qué? No he estado ahí." Sí, es verdad. Así como Pablo escribió, no, yo no he estado, nunca, ojalá no tenga que estar. Pero a Pablo tú no le podías decir eso, porque Pablo te diría: "No, yo estoy escribiendo dada mi experiencia en los peligros, en la angustia, en la vicisitud, en la tribulación, en la persecución, y yo te estoy diciendo de qué manera su gracia me fue suficiente."

Entonces, dado que la Trinidad entera está a favor nuestro, Pablo ahora va a terminar con dos ideas. Una es la admisión de la realidad y la otra es la actitud ante esa realidad. La admisión de la realidad y la actitud ante esa realidad.

Versículo 36: "Tal como está escrito: Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día." De la realidad. "Somos considerados como ovejas para el matadero." En otro texto Pablo dice que nosotros somos la escoria del mundo, la basura del mundo. Somos considerados como ovejas para el matadero, somos considerados de poco valor hasta el punto que nos llevan como ovejas que van a ser muertas. Esa es la realidad, versículo 36.

¿Cuál deberá ser tu actitud y la mía? Versículo 37: "Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó." Dios nos da el poder para pasar por esas vicisitudes hasta el punto que nosotros vencemos. Y al vencer no necesariamente implica que no voy a perder la vida, porque tú puedes mirar a la cruz y ver cómo Cristo perdió la vida, pero en la cruz él venció la muerte, venció al pecado primero, perdón, cuando murió sin pecado, y en la resurrección venció la muerte. Y cuando tú resucites, tú habrás vencido también el pecado y la muerte, porque cuando él murió, tú moriste; cuando él resucitó, él resucitó por ti. Yo te dije que al final nosotros ganamos.

Y ahora, para cerrar el capítulo, el apóstol Pablo menciona diez circunstancias. A manera de ilustración él dice, era ninguna de ellas no podrá separarnos del amor de Dios: "Porque estoy convencido que ni la muerte," número uno, "ni la vida," número dos, "ni ángeles," número tres, "ni principados," cuatro, "ni lo presente," cinco, "ni lo por venir," seis, "ni los poderes," siete, "ni lo alto," ocho, "ni lo profundo," nueve, "ni ninguna otra cosa creada," diez, "nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro."

Ni la circunstancia de esta vida presente, ni la circunstancia de la muerte. Ya lo leímos: "Aun si paso por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento." No, no podrán hacerlo.

Ni ángeles ni principados. La Nueva Versión Internacional dice: "Ni ángeles ni demonios." ¿Y por qué Pablo menciona ángeles aquí? Porque los ángeles uno esperaría como que estarían tratando de separar al creyente de la presencia de Dios. Bueno, no está claro, pero una posibilidad es que desde los tiempos antiguos, incluyendo la iglesia de Colosas, entre los colosenses había gente que estaba siendo tentada a adorar ángeles. Y tú lo puedes ver en la misma Biblia de parte de hombres piadosos. Juan está en la isla de Patmos y recibe una visitación de parte de un ángel, y resulta que Juan está tan impresionado con la imagen de esta figura que lo que hace es que se arrodilla y está listo para adorar al ángel, y el ángel le dice: "No, no, no, a mí no me adores. Adora a Dios." En otras palabras, los ángeles no van a intentar separarte de Dios porque ellos son adoradores de Dios, y el ángel le recuerda: "Juan, no, yo soy un consiervo contigo. Yo no soy más ni menos que tú, yo sirvo al Dios Altísimo de la misma manera que tú sirves al Dios Altísimo." De manera que, es más, mejor me uno yo a ti a adorar al Dios que me envió a hablar contigo. Ni ángeles ni demonios, ya fueron derrotados en la cruz, desarmados.

Ni lo presente ni lo por venir. Yo no sé en qué circunstancia tú te encuentras. Quizás es muy pesada, quizás es muy oscura, pero escucha, Pablo dice: tus circunstancias presentes no tienen el poder ni la autoridad, si tú eres verdaderamente un hijo de Dios, para sacarte finalmente de la familia de Dios. Ni las circunstancias presentes ni lo por venir. "Pastor, ¿y si se pone peor la cosa?" Bueno, eso está dentro de lo por venir, y Pablo te dice: "No, ni lo por venir." Porque no es que tú tienes a Dios agarrado por una mano y hay fuerzas que te están halando y se te va a soltar la mano. No, es que la mano de Dios te tiene a ti agarrado. Y su poder es infinito, de manera que no importa lo que te empuje, te hale, te trate de llevar, no, tú permanecerás en su mano. Es más, Dios te tiene abrazado para que tú no te puedas salir de lo que es su posesión.

Ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes. No estamos seguros de por qué Pablo, ya habiendo mencionado demonios y potestades, habla de poderes. Quizás tienen que ver, algunos piensan que quizás son poderes terrenales, la persecución de regímenes totalitarios que han perseguido a los hijos de Dios.

Pero resulta que los poderes terrenales tampoco tienen autoridad sobre nosotros. ¿Qué pastor no han matado? Mucha gente han martirizado. Pero mira lo que dice el libro de los Hechos, mira cómo es que lo matan. En Jerusalén se reunieron, tú conoces la historia, los judíos, los romanos, Pilato, dice el libro de los Hechos, y Herodes para conspirar contra tu santo hijo Jesús. "Vamos a conspirarlo, vamos a matarlo". Tú conoces lo que hicieron el resto del texto: para hacer todo cuanto tu mano había previamente determinado. De manera que cuando las autoridades terrenales se reúnen a conspirar contra mí, terminan haciendo lo que Dios había previamente determinado, y Él va a hacer que eso también coopere para bien.

Porque resulta que cuando Herodes, Pilato, los romanos, los fariseos mataron a Cristo, ellos no se daban cuenta que estaban logrando la mayor victoria de todo el universo: la conquista del pecado, la conquista de la muerte, la justificación de todos los hijos de Dios. Y yo creo que si le damos para atrás la historia, Pilato y Herodes y los judíos y los fariseos dicen: "Vamos para la casa, porque nosotros lo que vamos a hacer es aquello que nos va a vencer a nosotros mismos". ¿Me entendiste? O no me entendiste, para comenzar a predicar de cero otra vez.

Ni lo alto ni lo profundo. Yo creo que aquí lo que está consiguiendo es como la dimensión: ni lo alto, nada, ni nada para allá abajo. Quizás él pudo haber dicho "ni nada alrededor", como considerando nada que esté en la creación lo podrá hacer.

Y finalmente, esta es la que a mí más me gusta de todo: ni ninguna otra cosa creada. No voy a olvidar en algún momento que lo único que no ha sido creado es la Trinidad. Todo lo demás fue creado. Entonces pensaba: ¿ves ahora lo que Pablo está diciendo? "Mira, yo mencioné nueve cosas hasta ahora, pero ahí no está todo". Entonces para lo que se quedó afuera, que va a incluir los ángeles, los demonios, Satanás, los ángeles caídos, no caídos, todos los hombres, gobernadores, todos los sistemas de gobierno, todas las circunstancias del mundo físico. Pero por si acaso, te dice: "¿Se te ocurre que tú podrías separarte del amor de Dios? Ni tú puedes. Ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios". Tú eres algo creado, ¿sí o no? Ni tú puedes separarte del amor de Dios en Cristo Jesús.

Tú puedes tratar. Gente ha tratado de salir corriendo de Dios, de alejarse de Dios. Pero el problema con Dios es que Él está en todas partes. Entonces cuando tú sales corriendo de Dios, te chocas con Dios. Si Dios está aquí, "no, yo no quiero esto", ¡boom!, ahí está Dios. Entonces, mejor Jonás no tenía toda la revelación bíblica, y Jonás dice: "Dios quiere que yo vaya a Nínive. Voy a huir de la misión a Nínive, y Dios me encontró aquí, me dijo... No, yo tengo que salir corriendo de aquí donde Dios me habló, porque Él debe estar aquí". Y sale corriendo, y Dios dice: "¿Está bien? Te espero en Nínive, Jonás".

Y resulta que Jonás, tú conoces la historia, se levantó un viento, los marineros lo tiraron. Jonás reconoció que la tormenta se había levantado por su pecado, se lo traga un gran pez. Escucha el versículo, capítulo dos, versículo uno: "Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el interior del pez". Ahí se encontró contigo otra vez, porque en el interior del estrés lo estamos hablando con Dios. Y dijo: "En mi gran aflicción clamé al Señor y Él me respondió". ¡Oh, lo oyeron! De allá abajo, del fondo del mar, en medio de un estómago, ¡lo oyeron! "Desde la tierra de los muertos te llamé". Sí, porque estaba casi muerto. Lo mejor del texto de Jonás dice: "¡Y tú, Señor, me escuchaste!"

Versículo seis y siete: "Pero tú, oh Señor mi Dios, me arrebataste de las garras de la muerte. Cuando la vida se me escapaba, recordé al Señor, elevé mi oración sincera". Ahí estaba. Sin saber cómo hacerla sincera, la hizo sincera. "A ti, en tu santo templo". Y escucha cómo Jonás concluye en el versículo nueve: "Pues mi salvación viene solo del Señor". Salí corriendo del Señor, me tragó un pez, clamé a Dios del pez y me encontré con el Señor en el interior del pez. Clamé a Él, me escuchó, y resulta que mi salvación vino del Señor.

De hecho, cuando tú y yo no conocíamos a Cristo, estábamos en el mundo corriendo de Dios, saliendo corriendo del Señor para que no nos alcanzara. Y como Dios corre más rápido que nosotros, Él salió corriendo detrás de nosotros, nos alcanzó, nos salvó. Y sabes que Dios te salvó de ti mismo. Dios salvó a Jonás de Jonás. Nos salvó de nosotros mismos. Nos salvó de su ira, porque cuando hablamos de salvación nunca se piensa: ¿de qué me estás salvando? Por el que me condena. De manera que Dios me salva de Él para Él. Me salva de la ira de Dios para darme entonces la gracia de Dios.

Y por eso es que Pablo dice: "Estoy convencido que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro". No, nadie nos va a separar. Él nos llamó, nos predestinó, nos justificó, nos glorificó. Él dio a su Hijo. Su Hijo muere en mi favor, resucita en mi favor, asciende a los cielos, intercede en mi favor, me da la morada del Espíritu que también intercede en mi favor. Dios es el que me elige. El Padre eligió, el Hijo redimió, el Espíritu Santo mora. Todos interesados en que yo llegue a casa. Todos los tres orquestando que todas las cosas cooperen para bien, para que yo llegue a su presencia.

De manera que yo puedo transitar por esta tierra en medio de la tribulación, en medio de la dificultad, tranquilo, sostenido en el poder de Dios, en el poder del Espíritu, precisamente porque para eso Dios me ha dado su Espíritu: para que me ministre, me sostenga, para que me recuerde las verdades y las promesas que Él me ha hecho, de tal forma que yo pueda correr sin tropezar, sin caer, sin desviarme. Y aun cuando yo me tropiezo, su mercado me caigo, Dios está ahí para levantarme y recordarme que tengo que seguir corriendo, porque hay una morada que me está esperando, hay una línea final que tengo que cruzar. Y cuando yo llegue, yo también podría decir: "Yo he corrido, he peleado la buena batalla, yo he terminado la carrera, y ahora yo estoy listo para ser derramado como una ofrenda de libación".

Que Dios nos encuentre corriendo bien. Que Dios nos encuentre meditando en sus grandes verdades del Dios soberano, el Dios que dio a su Hijo, el Dios que nos limpió. Que yo pueda recordar entonces que ese Dios está por nosotros, que nadie podría estar contra nosotros.

¡Gracias por tan grandes verdades! Gracias por darnos, como decía Boice, el Himalaya de la Escritura en este pasaje. La revelación de Dios no va más alta que lo que acabamos de escuchar. Gracias por celebrar con nosotros lo que tú has hecho por nosotros y recordarnos a nosotros el amor que te movió a hacer todo lo que has hecho por tus hijos. Gracias por tu obra y gracias por tu amor, gracias por el amor que te movió a obrar. Para nosotros queremos alcanzar, celebrar, recordar ambas cosas. La verdad es que hemos rumiado en esta mañana. Permite que nosotros podamos seguir haciéndolo el resto de la semana y que nuestras vidas reflejen la gracia con la que tú nos has salvado. En Cristo Jesús, si su pueblo dice, amén. Bendiciones.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.