Integridad y Sabiduria
Sermones

Fidelidad a pesar de la presión

Héctor Salcedo 7 marzo, 2021

Vivir como creyente en un mundo moralmente enfermo y espiritualmente perdido genera una doble presión: la seducción que nos atrae hacia lo que el mundo ofrece, y la resistencia que nos empuja por no conformarnos a sus valores. Daniel 1 presenta a cuatro jóvenes judíos que enfrentaron exactamente esa tensión cuando fueron llevados cautivos a Babilonia, una cultura completamente ajena a su fe.

El texto revela desde el inicio una verdad fundamental: fue Adonai, el Señor Supremo, quien entregó a Judá en manos de Nabucodonosor. No fue el poderío militar babilónico; fue el Dios que quita y pone reyes según su voluntad. Esta certeza sostiene al creyente cuando las circunstancias parecen contradecir la bondad divina. El programa babilónico buscaba borrar toda memoria de Israel y su Dios: les cambiaron los nombres vinculados al Dios verdadero por nombres asociados a deidades paganas, les enseñaron literatura y lenguas caldeas, y les ofrecieron la comida del rey para generar dependencia y lealtad hacia Nabucodonosor.

Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse. Era la única decisión que podía tomar, y la tomó con respeto pero con firmeza. La obediencia tuvo costo: riesgo de muerte, presión de grupo, posible estancamiento en su carrera. Sin embargo, Dios honró esa fidelidad: les dio gracia ante sus superiores, los hizo lucir más saludables con solo legumbres y agua, y los dotó de sabiduría superior a todos los sabios del reino. Daniel permaneció allí setenta y cinco años, sobreviviendo a cuatro emperadores. Un Dios así merece obediencia completa.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, buenos días, hermanos. Luis oraba por el pastor Héctor y por un segundo, honestamente, yo pensé que estaba orando por otra persona porque yo no me identifico con el nombre de Héctor. Escuché "Echacho", entonces caí de una vez, o sea, inmediatamente reaccioné.

Bueno, buenos días, hermanos. El Señor nos bendiga y nos hable a través de su Palabra. Quisiera traerles una reflexión personal, es algo que yo me imagino que muchos de nosotros han notado, han visto, algunos han reflexionado al respecto. Y es lo siguiente: a partir de esa reflexión, entonces traer un pasaje que nos pueda dar luz en medio de esa reflexión.

Todavía no les he dicho de qué se trata, pero es lo siguiente. Yo entiendo que es evidente, aunque quizás no todos estén de acuerdo, que el mundo en el que vivimos está moralmente enfermo y espiritualmente perdido. Eso es algo que no tenemos que ser muy sabios e inteligentes para verlo. Vemos las consecuencias del pecado, vemos cómo el pecado de la gente hace que el mundo mal funcione en todos los aspectos. Es cada vez más frecuente que lo que muchos asociamos o entendemos que es algo bueno, hoy se le llame malo, y cosas que son llamadas malas, consideradas malas, o lo eran por lo menos, hoy se consideran buenas. La gente busca plenitud y satisfacción en cosas temporales y en muchos casos en cosas perversas.

Pero nosotros los creyentes, los que hemos puesto nuestra fe y nuestra confianza en Jesucristo, estamos en ese mundo y ese mundo no es parte de nosotros. De hecho, Jesús hablando a su Padre de sus discípulos dice: "Ellos están en el mundo, pero no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo". Este mundo que yo acabo de describir, que está moralmente enfermo y espiritualmente perdido, nos es extraño en muchas ocasiones. Nos sentimos lejos, sentimos presión sobre nosotros, y la presión se puede sentir de dos maneras.

Hay una presión seductora, porque nosotros tenemos una naturaleza pecadora que a veces se inclina a considerar lo que el mundo hace, cómo el mundo procede, y a querer hacer las cosas que el mundo hace y buscar las cosas que el mundo busca. Y esa es una presión seductora, atractiva. Pero hay una presión también de resistencia, donde el mundo resiste nuestra manera de pensar, nuestras posturas, nuestros planteamientos. Nuestros valores... hay términos que se usan para referirse a nosotros. El término de moda es que somos ultraconservadores. Algunos dicen que somos extremistas, radicales e ilusos diferentes.

¿Qué hacemos entonces en ese mundo que nos es extraño, una cultura, una generación que es hostil a lo que nosotros creemos? ¿Cómo podemos vivir de manera fiel en medio de ese ambiente, sintiendo esas presiones, tanto de atracción como de resistencia a nosotros? Esa es la pregunta que yo quisiera que respondiéramos en el día de hoy a partir de la Palabra.

Voy a usar el capítulo uno del libro de Daniel, porque las condiciones en las que este hombre, Daniel, tuvo que vivir junto con un grupo de judíos, describen muy bien lo que yo les estoy describiendo. Ellos vivieron en una cultura que era muy diferente a la de ellos. Ellos eran judíos, ellos vivían en la cultura babilónica. La cultura babilónica tenía una manera de pensar muy distinta a la cultura judía en todos los aspectos. Estos hombres pudieron ser fieles a su Dios a pesar de vivir en un mundo que era totalmente ajeno a ellos.

Eso es lo que nos está pasando a nosotros. Eso es lo que le ha pasado a lo largo de la historia a todos los creyentes. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. ¿Cómo permanecer fieles en medio de esa diferencia? Entonces, si pueden, por favor, buscar en sus Biblias Daniel 1. Vamos a leer todo el capítulo y vamos a ir caminando a lo largo del capítulo y sacando, extrayendo algunas lecciones para nosotros, tratando de responder, como les dije, esa pregunta de cómo ser fieles en medio de un mundo hostil a nosotros.

Nos dice así la Palabra en Daniel 1: "En el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén y la sitió. El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, así como algunos de los utensilios de la casa de Dios. Estos se los llevó a la tierra de Sinar, a la casa de su dios, colocando los utensilios en la casa del tesoro de su dios. Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los israelitas algunos de la familia real y de los nobles. Estos jóvenes no debían tener defecto alguno, serían de buen parecer, inteligentes en todas las ramas del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir, y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey, y le dio órdenes de que les enseñara la escritura y la lengua de los caldeos. El rey les asignó una ración diaria de los manjares del rey y del vino que él bebía, y mandó que los educaran por tres años, después de los cuales entrarían al servicio del rey. Entre ellos, entre estos, estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá. Entonces el jefe de los oficiales les puso nuevos nombres: a Daniel le puso Beltsasar, a Ananías, Sadrac, a Misael, Mesac, y a Azarías, Abed-nego. Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con los manjares del rey ni con el vino que él bebía, y pidió al jefe de los oficiales que le permitiera no contaminarse. Dios concedió a Daniel hallar favor y gracia ante el jefe de los oficiales, y el jefe de los oficiales dijo a Daniel: Temo a mi señor el rey, porque él ha asignado su comida y su bebida. ¿Por qué ha de ver sus rostros más pálidos que los de los demás jóvenes de su edad? Así pondrían en peligro mi cabeza ante el rey. Pero Daniel dijo al mayordomo, a quien el jefe de los oficiales había nombrado sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: Te ruego que pongas a prueba a tus siervos por diez días, y que nos den legumbres para comer y agua para beber. Que se compare después nuestra apariencia en tu presencia con la apariencia de los jóvenes que comen los manjares del rey, y haz con tus siervos según lo que veas. El mayordomo los escuchó en esto y los puso a prueba por diez días. Después de los diez días el aspecto de ellos parecía mejor y estaban más rollizos que los jóvenes que habían estado comiendo los manjares del rey. Así que el mayordomo siguió suprimiendo los manjares y el vino que debían beber, y les daba legumbres. A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría. Además, Daniel entendía toda clase de visiones y sueños. Después de los días que el rey había fijado para que fueran presentados, el jefe de oficiales los trajo ante Nabucodonosor. El rey habló con ellos, y entre ellos no se halló ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Entraron pues al servicio del rey, y en todo asunto de sabiduría y conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores a todos los magos y encantadores que había en todo su reino. Daniel estuvo allí hasta el primer año del rey Ciro."

Un poco largo, pero es una historia que teníamos que leer completa. El primer capítulo de hecho es una historia en sí misma, es como una epístola en sí misma. Como se pudieron dar cuenta, relata la historia del pueblo judío y algunos jóvenes que fueron deportados por Nabucodonosor a Babilonia.

El versículo 1 comienza diciendo que en el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a Jerusalén y la sitió. Esto es un momento clave en la historia de Israel. Los judíos recuerdan este momento todavía hoy en día como uno de los hitos más importantes de su historia. En este año, aproximadamente en el 605 antes de Cristo, el más famoso rey de Babilonia, Nabucodonosor, ocupa la nación judía. En ese momento fíjense que se refieren a Joacim, el reinado de Joacim, rey de Judá.

Y aquí una nota histórica tengo que hacer, y es la siguiente: luego de la muerte del rey Salomón, la nación de Israel se dividió en dos. Por un lado estaba la nación del norte o el reino del norte, que agrupaba diez tribus, el reino del norte o Israel. Y por otro lado estaba el reino del sur con dos tribus, que era Judá. Y uno lee las Escrituras, sobre todo el libro de los Reyes o de Crónicas, y uno se da cuenta que siempre hablan del rey de Israel, del rey de Judá, del rey de Israel, del rey de Judá. En este caso están hablando del rey de Judá, o sea, el rey de la nación del sur, del reino del sur de los judíos. El reino del norte se había perdido como ciento veinte años antes con la conquista de los asirios. Esta es la nación que quedaba, dos tribus aproximadamente, dos tribus en el reino de Judá, y este fue el reino que ocupó Nabucodonosor. Joacim entonces era su rey.

Nabucodonosor llega y no se lleva a toda la población en ese momento, solo se hace una selección de la población, incluidos unos jóvenes dotados, inteligentes, como ya vamos a ver un poquito más adelante en la descripción, y se lleva estos jóvenes y a un grupo de la población en cautiverio hacia Babilonia. Esto fue un tiempo de confusión, un tiempo de dolor, un tiempo de incertidumbre. Era un tiempo difícil. Algunos de los judíos dudaron del amor de Dios, de su protección. Algunos se preguntaban: ¿cómo es posible que Dios permita que a su pueblo le pase esto? ¿Cómo es posible que Dios permita que su pueblo sea conquistado por una nación pagana, cuyo entendimiento de la vida es contrario a los mandatos de Dios? El pueblo de Dios estaba contrariado. Es en esas condiciones que Daniel escribe su libro.

Y entonces en el versículo 2, Daniel nos dice lo siguiente y nos comienza a dar luz de la manera en que nosotros, o el pueblo de Dios, permanece fiel en medio de la persecución o de la presión que ya describí al principio. Miren lo que dice el versículo 2. Habiendo descrito la conquista, dice: "El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, así como algunos de los utensilios de la casa de Dios."

Quiero leer la Nueva Traducción Viviente en este versículo 2. Dice: "El Señor le dio la victoria sobre el rey Joacim de Judá y le permitió llevarse algunos de los objetos sagrados." Aquí hay varios detalles que yo quiero mencionarles que son vitales para entender por qué Daniel está escribiendo esto de la manera que lo escribe. El pueblo estaba descorazonado, el pueblo estaba hasta cierto punto decepcionado, dolido, confundido por lo que les estaba pasando. Y Daniel comienza diciendo: "El Señor le dio la victoria a Nabucodonosor."

La palabra Señor que Daniel usa no es cualquier palabra. Cuando nosotros leemos en español la Biblia, vemos la palabra Dios o la palabra Señor, pero no sabemos la palabra original que hay detrás, que eran múltiples palabras. En el hebreo había múltiples palabras para Dios. Una era Yahweh, que es el nombre propio de Dios; otro era el nombre Adonai, o Elohim. Elohim, eran diferentes nombres que usaban para su Dios, dependiendo del contexto. En este contexto, Daniel utiliza la palabra Adonai: "Le dio la victoria a Nabucodonosor." Y la palabra Adonai significa Supremo Señor. El Gobernador de todo le dio la victoria al rey Nabucodonosor. Eso no es casual. Daniel está diciendo, y nos está diciendo a nosotros: sí, aunque Nabucodonosor conquistó, realmente fue con la autorización y el permiso del Gobernador de todo, de quien lo controla todo: Adonai.

Literalmente dice que Adonai le dio la victoria a Nabucodonosor. Literalmente dice que le permitió llevarse objetos sagrados del templo. Esto no es algo que Nabucodonosor logra por su extraordinaria capacidad militar, ni por el poderío militar babilónico. Eso era importante, era humanamente impresionante, pero en último caso quien permite que estas cosas sucedan es Adonai, el Dios Supremo, que lo gobierna todo, que lo controla todo.

En esa época se entendía que cuando una nación conquistaba a otra, también había una conquista no solo de un pueblo sobre otro pueblo, sino de una deidad sobre otra deidad. Se entendía que las deidades del pueblo conquistador eran superiores a las deidades del pueblo conquistado. Y esa es la razón por la que Nabucodonosor entra al templo y se lleva los objetos sagrados, como una forma de decir: "Mis deidades son superiores y tus deidades no pueden hacer nada contra mí." Y se lleva los objetos sagrados. Eso era un espanto para los judíos, eso era un espanto para cualquier pueblo en ese momento, pero claramente Daniel dice desde el principio: Adonai le dio la victoria, Adonai le permitió llevarse los objetos del templo.

Dios está en control, Dios no ha soltado su dominio, y esa es la primera verdad que nosotros debemos recordar en medio de un mundo que es hostil a nosotros, en medio de un mundo que nos ataca, nos resiste, nos seduce. Nuestras circunstancias, hermanos, son orquestadas, permitidas, absolutamente controladas por nuestro Dios, por nadie más. Todo lo que nos acontece es controlado por nuestro Dios.

¿Por qué ustedes creen que Daniel pone en el versículo 2: "El Señor le permitió," o "El Señor le dio el control," o "Le dio la victoria," "El Señor le permitió llevarse los utensilios"? Es para que lo tengamos absolutamente claro. A mí me sorprende mucho que Daniel también agregue el comentario sobre los utensilios del templo, porque parece un detalle. Pero Daniel le hace ver al pueblo judío: no, no, eso, aun eso, el que sacara algunas copas y algunos utensilios del templo sagrados, aun eso está en el control de nuestro Dios.

Un capítulo más adelante, en el capítulo 2, en el versículo 20, Daniel dice, orándole a Dios: "Alabado sea el nombre de Dios por siempre y para siempre, porque a Él pertenecen toda la sabiduría y todo el poder. Él controla el curso de los sucesos del mundo, Él quita reyes y pone otros reyes." Qué claro lo tenía Daniel. Qué tranquilo está un hombre o una mujer que cree que su Dios es quien quita y pone reyes.

Sí, a veces nosotros vemos los cambios políticos en el mundo, vemos los cambios geopolíticos, a veces nos intimidamos por las cosas que estamos viendo. A veces decimos: "¿Qué va a pasar? ¿Qué va a ser de nuestros hijos en veinte, treinta años, si ya estamos espantados con lo que está pasando, con las decisiones que los políticos están tomando?" ¿Saben qué, hermanos? Dios está en control. A nosotros nos toca confiar y hacer lo que nos toca hacer, pero Dios está en control. Nuestro Dios le permite a los paganos tener el poder en momentos específicos para hacer obras concretas y específicas según sus propósitos.

Esta conquista de hecho no es algo casual, no es algo circunstancial. De hecho, la conquista había sido predicha cientos de años antes por varios profetas. Jeremías habló de eso, Isaías habló de eso, de cómo el pueblo judío iba a ser llevado cautivo a Babilonia literalmente. Entonces el pueblo no podía estar muy sorprendido porque estas cosas les estuviesen aconteciendo. Era producto de su pecado y de su idolatría que Dios había decidido llevarse al pueblo cautivo. La razón por la que Nabucodonosor conquista Judá es porque Dios quería tratar con su pueblo. ¿Saben eso? Imagínense cómo este Dios controla las cosas.

Pero como dice Proverbios 19 en su versículo 3: "La gente arruina su vida por su propia necedad y después se enoja con el Señor." A mí me encanta ese versículo. Yo me he visto ahí en varias ocasiones. La gente arruina su vida por su propia necedad y después se enoja con el Señor. Así estaba el pueblo de Israel, por lo menos un grupo, enojado con el Señor porque se lo llevó al exilio, cuando no se daban cuenta que eran precisamente sus pecados los que los habían conducido a esa condición.

Primera verdad entonces, que es importante para nosotros permanecer fieles: Dios, nuestro Dios, Adonai, tiene el control de todas nuestras circunstancias, sean estas las que sean.

Pero Daniel prosigue su relato y en el versículo 3 dice: "Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los israelitas algunos de las familias reales y de los nobles. Estos jóvenes no debían tener defecto alguno, serían de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir, que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey. Y les dio órdenes de que les enseñaran la escritura y la lengua de los caldeos. El rey les asignó una ración diaria de los manjares del rey y del vino que él bebía, y mandó que los educaran por tres años, después de los cuales entrarían al servicio del rey. Aquí estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, hijos de Judá. Entonces el jefe de los oficiales les puso nuevos nombres: a Daniel le puso Beltsasar, a Ananías le puso Sadrac, a Misael Mesac, y a Azarías le puso Abed-nego."

Era costumbre, sobre todo en Nabucodonosor y en otros reyes de la época, que cuando conquistaban un territorio querían encontrar la crema y nata, los jóvenes potenciales de ese territorio, los líderes potenciales, para hacer uso de ellos en sus reinados. Gobernar junto con estas mentes brillantes. Eran gente que tenían una visión de imperio, una visión de gobernar bien los territorios conquistados. Nabucodonosor nos muestra claramente su política de reclutar jóvenes prometedores de las naciones conquistadas como una forma de ayudarse a gobernar estas naciones conquistadas u otros territorios.

Aquí se nos habla del perfil de los jóvenes, se nos habla del programa que iban a seguir con estos jóvenes para formarlos. El perfil era impresionante. Yo no sé cómo encontraron muchos muchachos así. La edad promedio se calcula que era, cuando los reclutaban, entre catorce y quince años. Esa era la edad posiblemente que tenía Daniel y sus amigos cuando entran a ser formados por el rey. Muchos estudiosos e historiadores de la época dicen que era costumbre entender que la edad de catorce años era la más tierna para el aprendizaje.

Entonces Daniel y sus amigos tenían entre catorce y quince años. Tenían que ser de la familia real y de los nobles, o sea, ellos no querían gente del populacho, vamos a ponerlo a decirlo así. Querían gente de cierta alcurnia dentro de las naciones conquistadas. Daniel y sus amigos, por lo visto, tenían ascendencia noble, vinculados a la familia real, posiblemente al rey Sedequías de Judá, de Israel.

Sin defecto alguno, este es el perfil: catorce y quince años, de la familia real, sin defecto alguno, de buen parecer, buenos mozos, inteligentes en todas las ramas del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir, capacidad para servir en el palacio del rey. O sea, con buen manejo social, con tacto, con inteligencia emocional para poderse desenvolver. La verdad que eran unos pollos, esos muchachos. ¡Oye, qué candidatos! Qué tareíta tenían los reclutadores. Porque bueno, en tu tierra y aquí, ¿dónde encuentras muchachos así? Sin defecto alguno, no podía haber ningún tipo de defecto físico visible, inteligentes, brillantes. Ese es el perfil de los jóvenes.

El programa era: cambiarles los nombres, enseñarles la literatura y lengua de los caldeos. Esta literatura incluía literatura legal, literatura científica incluyendo las matemáticas, y literatura religiosa. Enseñarles las lenguas de los caldeos. Entienden que Daniel y sus amigos, los que fueron llevados y formados por este programa, hablaban hebreo, arameo, acadio y persa, por lo menos. Y además de eso, alimentarlos con la comida del rey.

Es interesante que los nombres de Daniel y sus amigos —Daniel, Ananías, Misael y Azarías— todos sus nombres tenían que ver con el Dios verdadero. Daniel significa "Dios es mi juez," el Dios del cielo es mi juez. Ananías significa "el Señor me ha mostrado gracia." Misael significa "¿quién como Dios?" Y Azarías significa "el Señor ha ayudado." Los cuatro nombres fueron cambiados a cuatro nombres babilónicos que tenían que ver con sus dioses. A Daniel se le llamó ahora Beltsasar, que significaba "Bel protege tu vida." Era un dios babilónico que se llamaba también Marduk, el principal dios del panteón babilónico.

Ananías se le cambió el nombre por Sadrac, que significa "mandato de Acu", que es un dios mesopotámico también. A Misael se le puso Mesac; él se llamaba "quién como Dios" y se le puso "quién como Acu". Y Azarías, que significa "Dios ha ayudado", se le puso Abednego, que significa "servidor del dios Nebo" o Nabu, de donde viene Nabucodonosor, que era un nombre de un dios. La idea era cambiar sus lealtades del Dios verdadero a los dioses paganos. La idea era que ellos olvidaran su historia y sus afectos por el Dios verdadero.

Dice el comentario reformado: "El propósito fundamental de todo este procedimiento era anular toda memoria de Israel y del Dios de Israel, de los labios y de las mentes de estos jóvenes, e inculcarles un sentido de total dependencia de Nabu por todo lo bueno que disfrutaban en la vida". La idea era cambiar sus lealtades. Recuerden que eran alimentados todos los días por comida directamente de la mesa del rey.

Y sigue diciendo el comentario reformado: "¿No es así que Satanás opera aún hoy? Ciertamente él persigue violentamente a muchos creyentes en algunas partes del mundo, pero frecuentemente su trabajo es más efectivo seduciéndonos y engañándonos, al procurar que olvidemos a Dios y que lleguemos a pensar que nuestra bendición, nuestra plenitud, nuestro bienestar, nuestra seguridad y provisión vienen de otra fuente que nuestro Dios".

Esa era la presión a la que estaban sometidos estos tiernos jóvenes, brillantes pero jovencitos, sin mucha experiencia, sin apoyo ahora familiar ni social. Y Daniel se percata de esta presión, de esta cultura que quiere cambiar su manera de pensar y hacerlos depender de otras cosas y de otra gente, que se olviden de su Dios, que la imagen de su Dios se vea bajo una neblina de duda y de lejanía. Y al percatarse de esta presión, de este programa, entonces él sabe que hay decisiones que debe tomar para no ser espiritualmente y moralmente succionados por esta cultura.

Y eso es lo que dice el versículo 8: "Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con los manjares del rey ni con el vino que él bebía, y pidió al jefe de los oficiales que le permitiera no contaminarse". ¡Qué sabiduría, qué discernimiento tuvo Daniel! Si yo me dejo llevar por esta corriente impetuosa de esta cultura, yo terminaré siendo infiel a mi Dios. Y dice Daniel: yo no me voy a contaminar de esta manera.

Y Daniel decide no contaminarse con los alimentos del rey. Era lo único que él podía decidir, porque él no podía decidir no ser educado en las leyes y en la cultura babilónica, en las lenguas babilónicas. Él no podía decir "yo no voy a tomar esa clase", no lo podía decir. Él podía decir "yo no quiero ser alimentado de esa manera, no me quiero contaminar".

La razón no está clara de por qué era. Evidentemente los alimentos babilónicos posiblemente eran prohibidos en la ley de Moisés: ellos comían cerdo, comían caballos, bien preparados obviamente. No nos espantemos, que hay gente que come cosas peor. Posiblemente tenía que ver con eso, o posiblemente tenía que ver con que quizás era alimentos, buena carne, pero eran mal preparados, no eran preparados de una manera judía o kosher como lo conocemos hoy, que les sacaban la sangre de una manera específica y lo preparaban de una manera específica. O tenía que ver con que los alimentos babilónicos, antes de ser comidos, muchos de ellos, la mayoría de las veces eran ofrecidos a las deidades babilónicas como un sacrificio.

Por eso algunos sugieren, y yo comparto esta visión, que Daniel tenía una razón más profunda y espiritual, que era: yo no quiero depender de Nabucodonosor, yo quiero depender de Dios. Él quería recordar que su Dios era la fuente de su fuerza, no Nabucodonosor. No tendría que agradecerle a Nabucodonosor esa provisión diaria. Como dicen, nadie muerde la mano de quien te alimenta. Bueno, pues él no quería generar esa lealtad.

Y parece una decisión simple cuando la vemos de manera superficial, pero realmente no fue así. Esto debió haberles sido muy difícil. En primer lugar, era meterse en lío con Nabucodonosor. Era una cultura vasallante, era un hombre vasallante, era un emperador sanguinario. "¿Cómo que tú no vas a comer? ¿Tú me estás diciendo a mí que mi comida es impura? ¿Cómo así?" De hecho, Aspenaz, que era el jefe de los oficiales, le dice a Daniel: "Oye, me pueden matar por esto". O sea que no era poco lo que estaba en juego con este rechazo, se sabía.

Hay culturas que entienden que si tú les rechazas su comida, ellos no se ponen muy contentos. Yo aprendí eso en mi experiencia con mi esposa, medio árabe. Los árabes son ñoños con su comida. Yo recuerdo cuando yo tenía amores con Charls, cuando éramos novios, ella a veces... su mamá me iba a servir algo. Yo no soy muy amplio en mis apetitos de comida, yo soy picky. Entonces Charls a veces me miraba así, así con los ojos, me hacía: "Cómetelo, cómetelo, lo que sea". Y la mamá de Charls venía y me servía comida. Yo no quería, yo estaba lleno, pero ella me ponía más comida y yo me la comía.

Yo recuerdo una vez, y quizás va a salir en el video, quizás Pepe lo escuche, pero nosotros llevamos a Pepe, el pastor Pepe Mendoza, a la casa de mis suegros. Y Pepe, saben todos los que lo conocen cercanamente, saben que es un buen cubierto, es un buen diente, y él come bien, come mucho. Y Pepe prácticamente no habló, Pepe nada más comió. Y lo llevamos esa vez, y un año después todavía mi suegro me decía: "¿Y por qué tú no traes de nuevo a ese amigo tuyo tan buena gente?" Y yo decía: "Pero si nada más comió aquí, ¿qué fue lo que...?" Porque era una... o sea, la comida en ciertas culturas del Medio Oriente sobre todo es una cuestión muy... hay un apego emocional al tema de la comida. Estoy ilustrando un poquito lo que también pudo haber pasado. Ahí había un tema con la comida, y meterse a decir esto era meterse en lío con Nabucodonosor.

Pero además de eso era difícil, era una decisión difícil, porque seguramente había una presión de grupo. Ellos, estos judíos, este grupo de Daniel y sus tres amigos, no eran los únicos que estaban en el programa de capacitación. Había otros jóvenes, y de hecho el texto así lo indica en otro lugar. Había otros jóvenes también en este proceso de formación, quizás había unos sesenta, setenta jóvenes siendo formados de diferentes naciones. Y cuando Daniel sale con esta propuesta medio extraña, "¿cómo así que tú vas a rechazar la mejor comida del reino?", quizás decían: "Oye, tú eres un loco, tú eres raro, ¿qué es lo que te pasa? Tú nos va a meter en problemas a todos, ¿qué es lo que te pasa? A ti quizás nos quitan la comida a todos entonces por haber tú rechazado". O sea que había una presión de grupo que Daniel también y sus amigos tuvieron que resistir.

Pongámonos nosotros ahí, en esos zapatos, cuando también nosotros tenemos que resistir ciertas presiones, porque no vamos a meternos en lío con alguien o porque vamos a soportar la presión de grupo.

En tercer lugar, este comportamiento también pudo poner en peligro sus avances futuros en el imperio. "Esta gente, evidentemente Daniel y sus amigos, tienen su propia manera de pensar. Quizás sus lealtades generaban que en el futuro no le ponían responsabilidades en el imperio tan importantes". O sea, había un sacrificio posible en su rol en el imperio. Ellos van a ser formados para ser usados en el imperio, pero "esta gente no come ni la comida del reino, no confiamos en ellos".

Pero había una cuarta cosa muy obvia, y era que era un rechazo a algo muy bueno. La comida del reino era muy buena, era de su misma mesa. O sea que muchas veces nuestra resistencia también a las presiones y las seducciones del mundo va a implicar que hay cosas buenas, humanamente hablando, que vamos a tener que rechazar porque no son compatibles con la fe que nosotros hemos abrazado. Es así.

Entonces, todas estas cosas nos dan una idea de lo difícil que pudo haber sido para Daniel esta decisión. Y yo quiero extraer dos verdades adicionales de esta segunda parte del pasaje que leímos.

En primer lugar, si nosotros vamos a permanecer fieles a nuestro Dios en medio de una cultura que es hostil a nosotros y a lo que creemos, nosotros tenemos que tener una fuerte determinación en algunas ocasiones de resistir de manera específica la presión de la cultura que nos quiere dar forma. En Romanos 12:2 el apóstol Pablo dice: "No imiten las costumbres de este mundo". O sea, tendremos que ser específicos en nuestra manera de resistir a veces.

Pero hay otra lección también en esta resistencia de Daniel, y es que nuestra obediencia a nuestro Dios en ocasiones, en muchas ocasiones, puede resultar humanamente costosa. Sí, la obediencia va a tener un costo. También hay beneficios de la obediencia, como vamos a ver más adelante, pero va a tener humanamente un costo y tenemos que abrazarlo.

Entonces, luego de esta propuesta de Daniel, el texto nos dice lo siguiente en el versículo 9: "Dios concedió a Daniel hallar gracia y favor ante el jefe de los oficiales". ¿No es glorioso? A mí me encanta esto. "Dios concedió a Daniel hallar favor y gracia ante el jefe de los oficiales". Y el jefe de los oficiales dijo: "Temo a mi señor el rey, porque él ha asignado su comida y su bebida. ¿Por qué he de ver sus rostros más pálidos que los demás jóvenes de su edad? Así pondrían en peligro mi cabeza".

¡Qué historia tan increíble, tan instructiva! ¿Qué es lo que aprendemos aquí? ¿Qué más está Dios dejándonos saber a través del profeta Daniel en este texto? Bueno, claramente, si vamos a permanecer fieles en este mundo que es extraño a nosotros, otra de las cosas que tenemos que abrazar y creer es que, aunque la obediencia resulte humanamente costosa en ocasiones, muchas ocasiones, Dios la honra. Dios honra la obediencia. Y la honra de muchas maneras. Una de las maneras en que fue honrada la obediencia de Daniel y sus amigos es que ahora dice que Aspenaz tenía afecto especial por Daniel. Dice que Dios le concedió a Daniel hallar favor y gracia. Daniel era como la carita.

Ahora, el jefe de los oficiales le cayó en gracia al hombre. Pero increíblemente Daniel se toma, o sea, el Espíritu Santo inspirando a Daniel dice: "Dios concedió esa gracia." No era que Daniel era muy simpático, que puede ser que lo sea, pero Dios fue que concedió esa gracia. Por Proverbios 16:7 dice: "Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor, aun a sus enemigos hace que estén en paz con él." Génesis 39:21, hablando de José, se parece un poco a Daniel, porque José sirvió en el Imperio Egipcio y Daniel sirve en el Imperio Babilónico o el Persa. Dice, hablando de José: "Pero el Señor estaba con José, le extendió su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel." José estaba preso y Dios le concedió gracia ante el jefe de la cárcel, y ahora José, perdón, era el principal preso de la cárcel.

Nuestro Dios, hermano, no solamente está en control de las circunstancias, sino que mueve la gente según su soberana voluntad. Y si vamos a ser fieles en este mundo, nosotros tenemos que abrazar esa verdad y confiar en Dios. Dios mueve la gente. Hoy en día para mí es muy frecuente verme orando para que Dios cambie el corazón de alguien. En mi labor pastoral, cuando viene la gente a consejería y busca dirección en cualquier área de su vida y yo le doy cierto consejo, yo sé que yo le puedo dar un consejo, incluso basado en la Palabra, pero al final lo que tiene que pasar adentro en el corazón depende de Dios, no de mí. Y con más y más frecuencia comienzo a orar por el cambio de corazón que tiene que ocurrir para que esa persona abrace el consejo con determinación y con decisión.

Cuando estoy lidiando con mis hijos, a veces los corrijo, los instruyo conforme a la Palabra de Dios, pero al final yo le digo: "¡Haz tú la obra que yo no puedo hacer, pon en ellos el deseo de obedecer y de escuchar!" Porque no es de mí que depende eso. Cuando estoy lidiando en mis asuntos cotidianos, aun con gente que me sirve o que trabaja para mí o conmigo, oro con mucha frecuencia: "Señor, ayúdame, dame gracia con esta persona, tengo que hacer una llamada difícil, tengo que pedir algo, Señor, dame gracia." Dios controla las circunstancias de nuestras vidas, Dios controla la gente según su soberana voluntad.

Entonces, luego de Daniel hablar con Aspenaz y pedirle esto, el jefe de los oficiales, entonces Daniel se dirige aparentemente a un instructor que estaba sobre ellos. Y nos dice el versículo 11: "Pero Daniel dijo al mayordomo a quien el jefe de los oficiales había nombrado sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías." O sea, había como un individuo entre Aspenaz y Daniel. Y él le dice, Daniel le dice, versículo 12: "Te ruego que pongas a prueba a tus siervos por diez días, y que nos den legumbres para comer y agua para beber, que se compare después nuestra apariencia en tu presencia con la apariencia de los jóvenes que comen los manjares del rey, y haz con tus siervos según lo que veas."

Tomen nota que la petición que Daniel le hace a Aspenaz y la petición que Daniel le hace al mayordomo la hace con mucho respeto. A Aspenaz le dice: "Mira, yo te pido que me permitas no contaminarme." A este le dice en el versículo 12: "Te ruego que pongas a prueba." Daniel se sabía manejar. Para nosotros resistir la cultura que nos rodea y la gente que nos rodea que piensa diferente a nosotros, no tenemos que ser ácidos, como yo siempre a veces lo he puesto. Nosotros hemos sido llamados a hacer sal, no ácido de batería. La sal da sabor, el ácido de batería destruye, desgarra.

Entonces, aquí hay una verdad también, hay una quinta verdad que nosotros la vemos claramente en la forma como Daniel, ve esto, en la prueba que Daniel acaba de pedir. Daniel acaba de hacer una solicitud: "Pongan a prueba." Daniel sabía que su Dios puede hacer cosas humanamente inexplicables. Daniel sabía que a él le tocaba obedecer, a Dios le correspondía hacer lo que él quisiera, pero que Dios era capaz. Y si nosotros vamos a ser fieles en este mundo caído, hostil a la fe cristiana y la fe del Dios verdadero, tendremos que creer que hay ocasiones donde tenemos que obedecer y dejarle a Dios que haga aun cosas milagrosas. Yo no sé cómo se va a resolver eso, pero a mí me toca hacer esto. Yo no sé, pero esto es lo que a mí me toca; a Dios le corresponderá hacer lo otro. ¿Pero es que eso es imposible? No es imposible si Dios está por ahí.

Eso es lo que Daniel le dice: "Oye, pongan a prueba." A mí me encanta esa expresión, él le dejó a Dios la bola en la cancha. Dios, batea tú. Es muy parecido a un pasaje que está mucho más adelante en el capítulo 3, cuando hay una estatua de oro que se levanta, que tiene todo el mundo que adorarle, está Nabucodonosor. Y ellos, estos judíos, Daniel y sus tres amigos, o más bien los tres amigos de Daniel, porque Daniel no está en ese relato, los tres amigos de Daniel se niegan a postrarse ante la estatua de oro que hizo Nabucodonosor. Se cree que era del mismo, pero no se sabe con exactitud, pero una estatua de oro, un ídolo que levantó para que todo el pueblo se postrara y adorara. Los judíos dijeron: "No lo vamos a hacer." Los llamaron a capítulo ante Nabucodonosor. Les dice: "¿Es verdad que ustedes no se van a postrar?" Y ellos le dicen: "No tenemos que decirte nada en este asunto. Nuestro Dios, oh rey, con respeto, nos puede librar de tu mano, pero si no lo hace, sepa usted, oh rey, que tampoco nos postraremos ante la estatua de oro que usted ha levantado."

Entonces es más o menos lo mismo. Daniel pone la bola en la cancha de Dios. Dice: "Yo voy a obedecer, Dios. Mayordomo, pon a prueba." Increíblemente, una vez más, Dios honra la obediencia de Daniel y de sus amigos y responde de una manera portentosa. Versículo 14: "El mayordomo los escuchó en esto, los puso a prueba por diez días. Después de los diez días, el aspecto de ellos parecía mejor y estaban más rollizos que los jóvenes que habían estado comiendo los manjares del rey." Gordos y colorados. Con legumbres. Algunos han querido interpretar eso de manera muy humana y decir: "Bueno, lo que pasa es que ellos tomaron una dieta, una dieta como la que se hace ahora, una dieta light en vegetales y variedad de colores, y entonces eso los hizo..." No, lo que dice el original es que estaban más gordos. Porque esa es otra cosa de esa cultura: que es salud la gordura. Estaban más rollizos, se veían más gordos, mejor alimentados con vegetales y agua. Dios tiene control de las circunstancias, de las conquistas, de la gente, de nuestros cuerpos. ¿No les queda claro el mensaje?

A estos cuatro jóvenes, versículo 17, ahora como si todo eso fuera poco, en el versículo 17: "A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría." Eran uno por lo, en todo lo que le estaban enseñando. Además, Daniel entendía toda clase de visiones y sueños. Muy conveniente ese don que le dieron a Daniel, porque en el momento histórico Nabucodonosor y el reino que le dio a Daniel, que no había sido el babilónico, creía mucho en visiones y sueños.

Versículo 18: "Después de los días que el rey había fijado para que fueran presentados, el jefe de los oficiales los trajo ante Nabucodonosor. El rey habló con ellos y entre todos ellos no se halló ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías." Me encanta, que Daniel está escribiendo y resiste poner los nombres babilónicos. Nosotros no somos eso. Nosotros somos Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Nombres que están vinculados al Dios verdadero, no al dios babilónico. Y a pesar de que él escribió bajo el dominio babilónico, siendo un servidor del imperio babilónico, habiendo recibido los nombres babilónicos, su escritura siempre se refirió a sí mismo y a sus amigos con los nombres hebreos que lo identificaban con su Dios. No perdieron su identidad.

Y dice: "Entraron, pues, al servicio del rey." Bien, pasaron la prueba, bien, les fue muy bien en la prueba, en la evaluación, y ahora serán consultados, porque eran como consultores sabios. Serán consultores legales, educativos, científicos. Eran gente brillante, este grupo de jóvenes que el rey tenía. Y en todo asunto de sabiduría y conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores. Obviamente esto no es una cosa exacta, esto es un decir. Es como nosotros decimos hoy en día: "No, mil veces mejor." Eran superiores a todos los magos y encantadores que había en todo su reino. Brillantes.

Parecería arrogante que Daniel escribiendo de sí mismo diga que yo era más brillante que todo el mundo, pero tome nota que ya él dijo que fue Dios que le dio eso. Entonces, en apenas un capítulo, este es el capítulo uno de Daniel, Daniel expone un relato que presenta a Dios. ¿Quién es el protagonista? ¿Daniel y sus amigos? No. Miren, si el protagonista es Daniel y sus amigos, lo primero que dice en el versículo 2 es que Dios controla las circunstancias de la conquista, las circunstancias en las que nos encontramos. Dios las controla. Dios permite que Nabucodonosor conquiste, Dios permite que él se lleve los utensilios del templo.

Daniel presenta a Dios como aquel que pone gracia en el corazón de la gente hacia nosotros, hacia su pueblo. Daniel presenta a Dios como aquel que hace milagros y que hace que nuestros cuerpos respondan de una manera humanamente inexplicable. Dios es capaz incluso de hacer de su pueblo un pueblo más sabio y capaz que el resto de los pueblos. Lo que está diciendo Daniel es: este es sin duda un Dios que está por nosotros. Es un Dios digno de ser obedecido, de ser adorado. Aunque las circunstancias no nos parezcan como que cuadran con su bondad, sí están cuadradas con su bondad.

Dios permanece en control, él es nuestro Adonai, él es nuestro Gobernador supremo. A ese es al que somos leales. Nuestros nombres no son cambiados, nuestras identidades no son cambiadas, seguimos siendo delante de Dios sus hijos, su pueblo. Pero no solamente eso, eso nos queda, y el versículo 21 es glorioso. Parece un detalle histórico sin mayor importancia.

El versículo 21 dice: "Y Daniel estuvo allí hasta el primer año del rey Ciro." Se les va a dar cuenta por qué yo le digo que es un versículo glorioso. Daniel, al decir esto, que él estuvo hasta el rey Ciro, entre Nabucodonosor y Ciro había 75 años de diferencia. O sea, ¿qué es lo que está diciendo? Es que yo estuve aquí por los próximos 75 años. Daniel vivió más que Nabucodonosor, físicamente él. Daniel estuvo en el gobierno más allá que Nabucodonosor.

Daniel sirvió al emperador Nabucodonosor, sirvió al que le siguió que se llamó Belsasar, sirvió al que le siguió que se llamó Darío y sirvió al último que se llamó Ciro. Soportó todo el exilio judío en Babilonia 70 años, soportó persecución e intriga de sus colegas, salió vivo de una cueva de leones y permaneció ahí vivo y pegado al poder. Dígame usted, ¿quién hizo eso? Dios. ¿Cómo no ser fiel a ese Dios? ¿Cómo no rendir nuestra devoción completa? ¿Cómo no obedecerle en todos nuestros caminos a ese Dios, cuya última expresión de interés por nosotros fue la cruz?

Sin creer, no tengo el tiempo para hablar de eso, pero Daniel habla de Cristo. Daniel profetiza a Cristo y lo ve como el Hijo del Hombre. Ese famoso término que utilizaba Jesús en el libro de Lucas, el Hijo del Hombre, el Hijo del Hombre, el término es de Daniel, que Daniel tuvo una visión y vio a uno como un Hijo de Hombre que venía en las nubes, como un rey, hablando de nuestro Señor Jesucristo, hablando del interés de Dios de preservar a su pueblo. Dios está por nosotros, ¿cómo nosotros no podemos serle fieles también? Así que el Señor bendiga su satisface y sea con nosotros en nuestra vida, hermanos, que podamos serle fieles en todo nuestro proceder.

Señor, te alabamos y te bendecimos en esta tarde. La verdad que cuando vemos lo que tú eres y lo que tú haces, las palabras se quedan cortas. ¿Cómo poder expresar tu poder, tu sabiduría, tu conocimiento absoluto de todas las cosas, tu control minucioso de todos los detalles de la creación? Es inconcebible para la mente humana. Alabado seas tú, Señor. Permítenos responder apropiadamente a lo que tú eres, permítenos, Señor, responder en confianza y en fidelidad a lo que tú nos has revelado de ti mismo. Gracias, Señor, por ser nuestro Dios y por llamarnos tu pueblo, no por nuestros méritos, sino por los méritos de nuestro Señor Jesucristo. Te alabamos, Señor. Amén, amén.

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Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.