La cruz de Cristo logró lo que parecía imposible: exaltar la gloria de Dios que el pecado había menospreciado y, al mismo tiempo, liberar al pecador para la eternidad. En la muerte de Jesús, la gloria divina fue vindicada y nuestra salvación asegurada. Pero hay más: el gozo del creyente en Dios no compite con esa gloria, sino que la magnifica. Cuando estar con Cristo satisface el alma hasta el punto de considerar la muerte como ganancia, Cristo es engrandecido. Esta satisfacción en Dios libera para amar a otros. La pregunta práctica entonces es inevitable: ¿cómo se obtiene ese gozo?
La lucha por el gozo es tanto una batalla constante como la recepción de un regalo. Pablo exhorta a pelear la buena batalla de la fe, y esa fe incluye atesorar a Cristo. Sin embargo, el gozo no se manufactura con técnicas; es un don que Dios concede momento a momento. Trabajamos nuestra salvación con temor y temblor, pero es Dios quien obra en nosotros el querer y el hacer. El camino es difícil porque el mundo es atractivo, pero es fácil porque el yugo de Cristo es liviano cuando él carga el peso.
Estrategias prácticas sostienen esta lucha: meditar diariamente en las Escrituras, orar mientras se lee pidiendo que Dios incline el corazón y abra los ojos, y esperar pacientemente en temporadas de sequedad espiritual. Un hombre pasó siete años en profunda depresión hasta que un día la Palabra penetró de manera nueva y fue liberado. El enfoque debe mantenerse en Cristo crucificado, porque el Espíritu Santo se deleita en glorificar esa obra, y contemplándola, el alma encuentra su gozo.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Así que, incluso si algunos de ustedes no están en la conferencia, este mensaje es el cuarto en la serie, pero no necesitan haber estado aquí para poder entenderlo. Déjenme tomarme unos minutos para resumir dónde hemos estado y poner este sermón en el contexto general. El tema de la conferencia es "De regreso a la cruz", y mi tema particular es experimentar la cruz y la gloria de Dios.
Cuando Jesús murió, él logró dos cosas que parecían ser contradictorias. Yo soy pecador. Mi pecado, tu pecado, ha menospreciado la gloria de Dios día tras día. Me parece que para Dios exaltar su gloria, la cual yo he menospreciado, yo debo ser castigado. O la otra posibilidad es que él diga: "Lo voy a pasar por alto, no te voy a castigar, te voy a dejar ir libre". Lo cual implicaría que su gloria no es tan importante; simplemente la voy a menospreciar y no me va a pasar nada. Entonces, ¿cuál de las dos cosas sucede? ¿La gloria de Dios va a ser exaltada y vindicada, o voy a ser liberado para eternidad?
Cuando Dios envió a Jesús a morir, en su muerte él mostró que ninguna de las dos tiene que ser el único camino. Las dos son logradas en la cruz. La gloria de Dios es exaltada y mi salvación como pecador también es lograda. Y luego dimos otro paso. No solamente vimos que la gloria de Dios y mi gozo no son contrarios, sino que vimos que mi gozo glorifica a Dios.
Vimos en Filipenses 1 que Pablo quería magnificar a Dios en su cuerpo. Y él dice que la manera en que lo hace es que Cristo es su vida y el morir es ganancia. Y él piensa que Cristo es magnificado cuando ir a estar con Cristo le satisface. Por medio de la muerte él llega a un nivel de satisfacción en Cristo, y en esta misma satisfacción Cristo es magnificado. Entonces nosotros sacamos la implicación de eso: que nosotros realmente deberíamos buscar nuestra satisfacción en Dios todo el tiempo. Y vimos que la vida que viene de estar satisfecho en Dios es la vida de amor. Cuando tú estás satisfecho en Cristo, tú puedes dejarlo todo ir. Estás libre para entonces amar a las personas.
Entonces, si estamos en el camino correcto, la pregunta enorme es: ¿cómo luchamos por este gozo? Si tu satisfacción en Dios es lo que glorifica a Dios, y si tu satisfacción en Dios es lo que te da el poder para amar a los demás, entonces la pregunta práctica y enorme aquí al final de esta conferencia y en este servicio de adoración es: ¿cómo obtener ese gozo? Eso es lo que quiero hablar en nuestro tiempo juntos.
Ahora, estoy usando el término "luchar por el gozo". Y voy a dar tres clarificaciones sobre la naturaleza de esta batalla. El primer comentario aclaratorio es que yo tengo que luchar por el gozo, pero el gozo es un regalo, un don gratis de parte de Dios. ¿Cómo piensas eso? Yo estoy luchando por eso y es un don gratis. Sientes la tensión de que yo debo luchar por él, pero al mismo tiempo es un regalo gratis. Y quiero mostrarles algunos textos en las Escrituras que muestran que es tanto una lucha como un don o un regalo.
Primero, algunos pasajes que muestran que nuestra búsqueda por el gozo es una lucha que debemos llevar por todas nuestras vidas. Primera Timoteo 6:12: "Pelea la buena batalla de la fe. Echa mano de la vida eterna a la cual has sido llamado". Entonces, él dice: pelea por la fe. Yo he contado en la conferencia que en el corazón de la fe hay un atesoramiento de Cristo. Todo el mundo está de acuerdo que fe en Cristo implica recibir a Jesús. Pero recibirlo, ¿como qué? Y una de las respuestas es recibirlo como un tesoro, recibirlo como algo precioso, y traerlo y disfrutarlo. Eso es lo que la fe implica. Así que cuando Pablo dice "pelea la buena batalla de la fe", para mí incluye pelea por el gozo.
Y al final de Segunda Timoteo dice lo siguiente: "He peleado la buena batalla. He terminado la carrera. He guardado la fe". Entonces, él dice que la fe está ilustrada ahí. El guardar la fe es como correr en una carrera, pero también luchar en una batalla. Así que la batalla de fe, la batalla por el gozo, es una batalla que dura toda la vida.
Es lo que dice Jesús en Mateo 24: "La maldad aumenta. El amor de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, será salvo". ¿Notan lo que dice sobre perseverar hasta el fin? El amor de muchos se está enfriando. Eso es que nuestra pasión por Dios, nuestro deleite en Dios, nuestro amor por Dios se está enfriando. Pero luego dice que el que perseverare hasta el fin será salvo. Es decir, perseverando en amor, perseverando en gozo, en estar satisfecho en Dios.
La batalla constante en tu vida es que otras cosas, fuera de Dios, empiezan a parecer más atractivas. Puede ser el dinero, puede ser la aprobación de los demás. Puede ser la comida, puede ser el sexo, puede ser el ser famoso. Puede ser el ministerio cristiano. Estamos en una batalla constante de decirle no a cualquier cosa que puede convertirse en un ídolo. Así que mi primera observación es que es una lucha mantener tu gozo en Dios y no caer en idolatría.
Pero este gozo en Dios es un regalo. Voy a tratar de mostrarles cómo vemos que es un regalo a partir de la Biblia. Una de las cosas que la Biblia presenta con mucha claridad es que como persona caída yo no puedo disfrutar de Dios. Dice Pablo en Romanos 8: "La mente que está puesta en la carne está en enemistad contra Dios. No se somete a la ley de Dios. No puede someterse a la ley de Dios". Eso es verdad de todos nosotros sin el Espíritu Santo. Hasta que recibimos el Espíritu Santo, tenemos la mente de la carne y somos moralmente incapaces de gozarnos en Dios. Estamos en esclavitud del disfrute de otras cosas. Y si la ley nos dice "deléitate en Dios", no podemos hacerlo.
Pablo dice lo mismo en Primera Corintios capítulo 2: "El hombre natural no acepta las cosas del Espíritu. Son necedad para él. No es capaz de entenderlas porque deben ser discernidas espiritualmente". Así que ahí está de nuevo: la mente natural no puede percibir, no puede entender la hermosura espiritual de Cristo. Cuando un hombre natural ve la cruz, es necedad lo que ve y ve debilidad. Pero cuando una persona nace de nuevo, él ve la cruz como algo sabio, como algo poderoso y hermoso.
Así que una vez estuvimos muertos en nuestros delitos y pecados. Y esa condición de muerte significa que no amo a Dios, que no me deleito en Dios, que no me gozo en Dios. Y luego, en su gran misericordia y su amor, Dios me da vida en Cristo Jesús. Esto se le llama el nuevo nacimiento. Y el nuevo nacimiento principalmente es capacitarnos a ver cuán valioso, cuán precioso es Cristo.
Ahora que somos cristianos y se nos ha concedido ojos para ver, ¿cómo vivimos entonces? ¿Es el gozo ahora algo automático? Cuando tú naces de nuevo, ¿ya tienes gozo siempre? ¿Es siempre un regalo, mis ojos han sido abiertos y siempre tengo gozo? No, la vida que vivimos es una paradoja. Seguimos luchando, seguimos trabajando, seguimos obrando, pero también seguimos recibiéndolo como un don.
Escuchen esto. Filipenses capítulo 2, versículo 12: "Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que obra en vosotros tanto el querer como el hacer por su buena voluntad". Ahí está la paradoja de trabajo y don.
Ahí está la paradoja entre obrar y recibir el regalo. Es otro versículo que dice básicamente lo mismo. Primera de Corintios 15:10: "Por la gracia de Dios soy lo que soy. Y su gracia para conmigo no ha sido en vano, antes he trabajado más que todos. Pero no yo, sino la gracia de Dios en mí."
Este es el misterio de la vida cristiana. Nosotros obramos, nosotros luchamos, nosotros buscamos. Pero cuando terminamos, no fui yo, fue la gracia de Dios. El poder de Dios no viene solamente después de mi obra, sino en mi obra y a través de mi obra. Mi presencia de hoy es la gracia de Dios para atraer a otros a las clases que están disfrutando, a los retiros. Ellos están especializados como agricultores que plantamos semillas. Primera de Corintios capítulo 3, versículo 6: "Yo planté, Apolos regó, pero Dios dio el crecimiento." Así que cuando servimos a las personas, trabajamos, laboramos, pero no causamos el gozo. Dios causa el gozo. Es un don de Él. Es un regalo de Él.
Todos ustedes saben, he escuchado a su pastor citar esto. Díganle a todos que escuchen a su pastor citarlo. La famosa palabra de San Agustín: "Oh Señor, ordena lo que quieras y da lo que ordenas." Eso es lo que quiero decir con que la lucha por el gozo es tanto una batalla como también un regalo.
Y creo que hay que mantener esto siempre en mente por lo menos por dos razones. Primero, si no mantenemos en mente la parte que es un don, vamos a convertir la vida cristiana en una técnica. Si tú cumples estas dos o tres reglas vas a tener el resultado. Vas a dejar el regalo. Si cumples estas dos o tres reglas vas a tener la experiencia apropiada. Pero la vida cristiana es un milagro constante, momento a momento. No importa cuánto estamos trabajando y luchando, también estamos descansando y recibiendo.
Y la segunda razón es porque le da gloria a Dios. Permíteme leer el versículo que probablemente es el que más utilizamos para ayudarnos en nuestro ministerio. Es Primera de Pedro 4:11: "El que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo."
¿Dónde se ve la lógica de ese verso? Estoy obrando en la fortaleza que Dios suple. Estoy trabajando en mi salvación, estoy buscando mi gozo. Y estoy haciendo todo momento sabiendo que en cada momento estoy recibiendo el don de Dios, el poder de Dios para hacerlo. Y la apuesta del verso es que Dios recibe la gloria. Y como resultado Dios recibe la gloria. Yo recibo la ayuda, Dios recibe la gloria. Yo recibo el gozo, Dios recibe la honra.
Así que es tan importante cuando les digo luchen por el gozo, que no piensen que depende de ustedes. La vida cristiana es una paradoja. Hay un esforzarse y un descansar. Hay un batallar, pero también hay un esperar y descansar.
Yo no sé si ustedes han tenido que luchar tratando de unir estos dos textos de las Escrituras. Por ejemplo, en un texto Jesús dice que el camino es angosto y la puerta estrecha que lleva a la vida. Así que el camino que lleva a la vida es difícil. La vida cristiana es dura. Pero ¿qué tal Mateo 11:29? Jesús dice: "Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y ligera es mi carga."
¿Es difícil o es fácil? ¡Es difícil y es fácil! Me parece que es más fácil que ser feliz. El mundo es demasiado atractivo para ti. Es difícil ver a Dios más atractivo que el mundo. Es imposible ver a Cristo más atractivo que el mundo sin la gracia de Dios.
Nosotros luchamos como pecadores justificados, no para ser justificados. Esto es tan importante que entendamos. Tantos cristianos ven la vida cristiana como una lucha por ser aceptados por Dios. La lucha por el gozo no es una lucha para ser aceptado por Dios. La lucha por el gozo solo se hace posible porque ya hemos sido aceptados por Dios. Y la razón por la cual somos aceptables delante de Dios no es porque estamos buscando el gozo. La razón por la cual somos aceptables delante de Dios es por Jesucristo.
Cristo murió por mis pecados. Cristo me vistió de una justicia perfecta. Y recibo esto como un regalo gratis el cual no merezco. La vida cristiana empieza con tu ser totalmente aceptable delante de Dios, basado en la obra y persona de Jesucristo solo, de su vida perfecta.
Entonces, ¿en qué se convierte la vida cristiana? Ya delante de Dios somos perfectos a causa de lo que Cristo ha hecho. Ya tengo una justicia perfecta que es considerada como mía. ¿Qué queda por hacer en la vida cristiana? Y la respuesta es que pasamos a convertirnos en la práctica en lo que somos en la realidad.
Y yo quiero darles dos versos que para mí capturan esta misteriosa paradoja de una manera hermosa. La primera ilustración es de ustedes, de la iglesia, como una masa de harina. Y el pecado es como levadura en la masa que está en todas partes. Y cuando nosotros somos salvados, Dios considera esa masa perfecta sin ni una gota de levadura.
Ahora voy a leer el verso. Primera de Corintios 5:7: "Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como sois sin levadura." Es sorprendente. Dice saca la levadura, saca tu pecado, saca el pecado de tu vida. ¿Por qué? Porque no tienes pecado en tu vida. Conviértete en lo que eres. El pecado es una contradicción de lo que eres.
Ahora, aquí está el segundo versículo que amo aún más. Es Filipenses 3:12: "No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús." Él dice no he alcanzado la perfección, sino que voy a seguir adelante para alcanzar total libertad del pecado. Y la razón no es para pertenecerle a Cristo, porque ya he sido alcanzado por Cristo.
Así que mi segundo comentario aclaratorio sobre la lucha por el gozo es que luchamos como pecadores justificados. El único pecado sobre el cual podemos tener victoria es el pecado perdonado. Uno no vence el pecado en la vida para que el pecado sea perdonado. Uno vence el pecado en la vida porque el pecado ya ha sido perdonado. Y si lo volteas te conviertes en legalista y te has apartado del Evangelio.
Por eso es que si ustedes escuchan las predicaciones de muchos predicadores jóvenes reformados en Estados Unidos, uno se sorprende que ellos dicen y repiten una y otra vez que el Evangelio no es solo para iniciar la vida cristiana, sino para vivir la vida cristiana. Y es porque todos los días es una lucha por vencer el pecado y disfrutar a Dios. Pero en cada momento de nuestra batalla estamos basándonos en la obra de Jesucristo.
Tercer comentario aclaratorio sobre la lucha por el gozo: es una lucha principalmente para ver. Hay dos tipos de ver. Escuchen esta palabra de Jesús. Mateo 13:13 dice: "Por esto les hablo en parábolas, para que viendo no vean." Viendo no vean. Ellos ven y no ven. ¿Qué quería decir Jesús cuando dijo eso? Él estaba en frente de ellos y lo veían.
Él es lo que quería decir: estoy frente a ellos, que me vean. Pero no me vean por lo que soy en el mundo de hoy, en el mundo de ellos, en el mundo de la vida que se vive. Hay millones de personas en el mundo de hoy, en vuestro país y en mi país también, que ven a Cristo, pero no lo ven. No lo ven por lo que Él es. Él es infinitamente valioso. Él es la persona más hermosa que jamás ha existido. Él es la fuente de su conocimiento perfecto. Él es la fuente de su poder, es omnipotente. Su amor es sobre todo. Su paciencia y su bondad son sin fin. Él es simplemente cautivador, lo más precioso, lo más atractivo, lo más interesante, de una belleza especial, incomparable.
Escuchen cómo Pablo ora por nosotros los cristianos. Esto es Efesios capítulo 1, versículos 17 al 19: "Oro para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la satisfacción suprema de su poder para con nosotros los que creemos."
Noten que en el versículo 18 él está orando para que sus ojos sean iluminados. Y él está orando por cristianos, no por incrédulos aquí, lo que significa que estamos en una batalla porque los ojos de nuestro corazón pueden empezar a cerrarse. Hoy estamos viendo la televisión, y nuestros ojos espirituales empiezan a debilitarse. Los ojos de nuestros corazones empiezan a cerrarse y dejamos de ver a Dios como atractivo. Pablo está orando: "Oh Dios, abre los ojos de su corazón."
¿Qué quiere él que ellos vean? Para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento. Nosotros los cristianos tenemos una herencia que es indescriptiblemente grande. Pero muchas veces no la vemos con mucha claridad. ¿Dónde te has quedado el día de hoy? Cuando te levantas en la mañana, ¿te levantas encantado con lo que Dios ha hecho y ha prometido hacer por ti? Probablemente no. Por lo que necesitamos es que los ojos de nuestros corazones sean abiertos.
¿Dónde podemos ver la gloria de Dios para satisfacer nuestras almas? Escuchen este versículo de 1 Samuel capítulo 3, versículo 21: "El Señor apareció una vez más en Silo, porque el Señor se revelaba a Samuel en Silo por la palabra del Señor." ¡No pierdan esto! El Señor se revela por la palabra. El Señor se revela a Samuel por la palabra. ¡No lo pierdan! El Señor revela al Señor por la palabra.
Así que mi respuesta a la pregunta de dónde vemos al Señor es: lo vemos con nuestros oídos. Dios se revela a nosotros, a los ojos de nuestro corazón, cuando escuchamos Su Palabra. Y cuando lo vemos con los ojos del corazón, nos deleitamos como debiéramos deleitarnos. Hay una transformación sorprendente que sucede cuando vemos a Cristo y a Dios como realmente son.
Escuchen 2 Corintios 3:18: "Y nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor." Así que si tú quieres ser transformado de gloria en gloria para ser más como Jesús, ¿qué debes hacer? Tienes que verlo. Tienes que contemplar la gloria del Señor.
Estas son las tres clarificaciones sobre la lucha por el gozo. Ahora tomemos un tiempo para darles estrategias prácticas de cómo luchar por el gozo. Yo espero que sean cosas obvias para ustedes y que simplemente esté reforzando lo que ya ustedes saben.
Primero, mediten las Escrituras todos los días. Aparta un tiempo y aparta un lugar donde puedas abrir la Palabra de Dios, leerla y meditar en ella. Los preceptos del Señor son justos, regocijando el corazón. Jesús dice: "Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros." Les habló para que Su gozo esté en ustedes. Así que levántate en la mañana y escucha a Jesús. Por eso te dio este libro. Este es tu arma principal en la lucha por el gozo. Es aquí donde los ojos de tu corazón serán abiertos.
Y también te estimulo de manera práctica a que tengas un plan de cómo vas a leer la Biblia. Es increíble cuán distraídos podemos ser cuando no sabemos en qué parte empezar. Es sorprendente cuán extraviados podemos estar cuando no sabemos dónde empezar a leer. No sé si pueden ver estos pedacitos de papel en mi Biblia. Por ejemplo, primero en 1 Reyes capítulo 8, porque hoy una cuarta parte de mi lectura proviene de 1 Reyes. Eso fue lo que leí esta mañana en el hotel Hilton. Y el otro está en Salmo 119, y leí seis versículos del Salmo 119. Y el otro en Lucas 1, y leí los versículos 1 al 20 de Lucas 2. Ese es mi plan. Estos pedacitos de papel me dicen cuál es el próximo texto que debo leer. Y si sigo el plan, leo la Biblia en un año.
Y este pedacito de papel son notas que tomé al leer la Biblia esta mañana. Es esto: 1 Reyes 8:57. Salomón está orando: "Que Dios no nos deje ni nos abandone, para que incline nuestros corazones a Él." No puedo decirte cuánto me ayudó este texto esta mañana. Es Salomón orando que Dios incline el corazón del pueblo hacia Él. Así que leí ese versículo y me detuve. Y yo dije: "Señor, yo necesito que inclines mi corazón en este hotel, inclinado a ti. Mi corazón está distraído hacia muchas cosas. Y yo necesito que tomes mi corazón y lo inclines, lo empujes hacia ti."
Así es como yo leo mi Biblia. Dios me habla personalmente y luego yo le respondo según lo que Él me ha dicho. Y las cargas de mi vida se disminuyen. Y la hermosura de Cristo aumenta. Y puedo venir aquí al centro de convenciones y hacer lo que tengo que hacer. Así es como vivo mi vida. No sé cómo un cristiano pueda vivir la vida cristiana si en la mañana no escucha a Dios para que le ayude. Así que esa es la sugerencia práctica número uno.
Ustedes deben adivinar la segunda: oren al leer la Biblia. He estado hablando con mi esposa de un acróstico que se usa en inglés pero que no funciona en español. Voy a intentarlo de todas maneras. Para hacer lo que yo hago, para orarle a Dios mientras leo mi Biblia, tengo estas cuatro letras: I, O, U, S. Y cada una corresponde a una palabra de oración. Ustedes deben hacer su propia versión en español.
"Inclina mi corazón a tus testimonios." Funciona. Así que lo que estoy haciendo en la primera parte de mi oración es tomar mi corazón e inclinarlo a Su Palabra. Porque hay mañanas cuando me levanto y no tengo deseo de leer la Biblia. Y eso le da mucho miedo a un pastor. Así que yo le pido: "Dame deseo de leer tu Palabra."
La segunda letra es la O: "Abre mis ojos para ver las maravillas de tu ley." Todo esto viene del Salmo 119. El primero fue Salmo 119:36. El segundo es Salmo 119:18. "Abre mis ojos." Así que Él me inclinó para abrir la Palabra. Estoy leyendo, pero no estoy viendo nada maravilloso. ¿Qué hago? Yo oro: "Abre mis ojos para ver las maravillas de tu ley."
La tercera letra es la U: "Une mi corazón para temer tu nombre." Salmo 86:11. Así que aquí estoy: ya inclinó mi corazón para leer, está empezando a abrir mis ojos para ver, y mi corazón está todo fragmentado.
Es todo en un ciento por ciento en una dirección, pero mi corazón está fragmentado, está dividido en muchas direcciones. Estoy pensando en un problema de la iglesia, en un problema familiar, en una situación económica. Satisfáceme por la mañana con tu amor que es para siempre y me regocijaré en ti. Salmo 90 versículo 14. Así que le estoy pidiendo: satisfáceme en ti.
Estoy mirando algunas de estas porque quiero reforzar lo de la última vez. Voy a saltar algunas de las direcciones porque quiero enfocarme en lo que tengo que decir al final. Estoy seguro de que puedes hacer todo lo que yo he dicho, pero a veces quieres sentirte muy bien hacia Dios. ¿Qué haces? Han leído la Biblia, han orado por el gozo y te parece que estás en un desierto emocional. No quiero desanimar aquí, quiero estimularles a que no se rindan. No digan: bueno, ya perdí, ¿para qué hay que tener gozo? Dios permite que sus hijos pasen por periodos extendidos de tinieblas.
¿Qué haces si te encuentras en un periodo de frialdad o de tinieblas? Yo estoy pidiéndote que no te apartes de Cristo. Quiero leerte un texto de las Escrituras para estimularte a esperar en el Señor. El Salmo 40, versículos 1 al 3.
Cuando yo llegué a la Iglesia Bautista Bethlehem hace ya 30 años, durante el verano yo pensé: en el servicio de la noche vamos a predicar sobre los Salmos. Y me es sorprendente que todavía puedo recordar uno de esos sermones con mucha claridad. Yo lo llamé "En los hoyos con el rey". Estaba refiriendo a David en sus periodos de tinieblas. Esto es de ese sermón que todavía puedo recordar.
Salmo 40: "Al Señor esperé pacientemente y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor. Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso, asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios. Muchos verán esto y temerán y confiarán en el Señor."
Él dice que esperó pacientemente en el Señor. ¿Por qué tuvo que esperar? Porque él estaba en el hoyo de la destrucción, él estaba en el lodo cenagoso. Yo lo considero una situación miserable. No creo que tenía mucho gozo en esa situación. Él probablemente no tenía mucha esperanza. Él estaba en el hoyo de la nada y no podía moverse. Él estaba como con sus pies en el lodo así que no podía moverse. ¿Y qué hizo? Él estuvo esperando, y estoy estimulándote: si estás en una temporada donde sientes que no puedes casi ni moverte, espera en el Señor, mira al Señor, busca su rostro.
¿Qué pasó cuando él esperó? Pues yo noto que no se dice cuánto tuvo que esperar. ¡Qué bueno que no nos dice cuánto tuvo que esperar! ¿Tres días? ¿Tres semanas? Siete años estuvo en una profunda depresión. Él me dice que hubo, había momentos cuando él caminaba y ponía su rostro frente a frente a la puerta del baño mientras su esposa estaba en el baño. La meditación no ayudó, la consejería no ayudó. Y luego, en una temporada salió. Él fue liberado y quedó liberado hasta el día de su muerte.
Para los que están aquí, estoy hablando de alguien que conocen. Él me contó que él salió un día que estaba leyendo las Escrituras, meditando las Escrituras, y un día penetró en una manera que antes no había. Él se pasó el resto de sus días haciendo tarjetas de versículos, estimulando a toda la iglesia a memorizar las Escrituras.
¿Cuánto tiempo tuvo que esperar? Como siete años. Yo no entiendo los caminos del Señor así. Él ha tenido que haber hecho miles de oraciones, y su esposa también miles de oraciones. ¿Por qué Dios contestó la oración número mil y no la novecientos noventa y nueve? Yo no sé. Yo no sé, pero esto es para estimularte a esperar en el Señor. Si tú te rindes y te apartas al mundo y dices "nada es real", entonces perderás toda tu esperanza.
Él dice: "Asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios." Y noten el resultado que tuvo: "Muchos verán esto y confiarán en el Señor." Pagando el precio de estar con sus pies en un lodo y esperando pacientemente, Dios dio como resultado un evangelismo efectivo en su vida. Tantas veces el Señor utiliza el sufrimiento que tienes que pasar para luego hacerte más eficaz en su obra.
Permítanme cerrar con este consejo final. Cuando leas tu Biblia, cuando ores, cuando esperes, enfócate en la cruz. Enfócate en el Cristo crucificado. ¿Por qué digo eso? ¿Por qué así se llama la conferencia? Esta es la razón por la cual estoy diciendo: el Espíritu Santo te fue concedido con una razón principal. Jesús dijo: "Yo voy a enviar el Consolador" y Él me glorificará a mí. Tú tienes el Espíritu Santo dentro de ti principalmente para ver a Cristo como glorioso. Así que si quieres la totalidad de la obra del Espíritu Santo en tu vida, ¿qué debes hacer? Mirar a quien Él quiere glorificar.
Y la crucifixión de Jesús fue el momento donde su gloria y su amor son más manifiestos. Y si el Espíritu Santo te va a ayudar a ver a Cristo crucificado como magnificente y glorioso, tienes que mirarlo. Así que cuando estás pasando por un periodo de depresión o de oscuridad, no te mantengas todo el tiempo mirando hacia adentro. Mantente constantemente mirando hacia afuera, hacia la obra objetiva de Cristo en la cruz, porque el Espíritu Santo se deleita en magnificar la obra que se hizo en esa cruz.
John Piper es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.