Integridad y Sabiduria
Sermones

Una esposa que exhibe el evangelio y un esposo que lidera como Cristo

Miguel Núñez 18 abril, 2021

La fe cristiana contiene los principios éticos más elevados para la convivencia humana, pero el ser humano los rechaza por su sentido innato de rebelión y autonomía heredado desde la caída. Queremos los beneficios sin llenar los requisitos, sin entender que las bendiciones manan directamente de la obediencia. El pasaje de 1 Pedro 3 presenta instrucciones profundamente contraculturales para el matrimonio: una esposa que exhibe el evangelio con su vida y un esposo que lidera como Cristo.

Pedro llama a las esposas a estar sujetas a sus maridos, no como sumisión ciega, sino como instrumento de evangelización. El contexto sugiere mujeres casadas con hombres inconversos que podrían ser ganados sin palabra alguna, observando la conducta casta y respetuosa de ellas. Así lo vivió Mónica, madre de Agustín, quien sirvió a su esposo hablándole de Dios por medio de su conducta hasta ganarlo para Cristo al final de su vida. Pedro también instruye que el adorno verdadero no sea externo sino el de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.

A los esposos, Pedro les ordena convivir de manera comprensiva, conociendo el mundo interior de sus esposas, tratándolas como vaso frágil y dándoles honor como coherederas de la gracia. La historia del doctor Robertson McQuilkin ilustra este llamado: renunció a la presidencia de una universidad para cuidar a tiempo completo de su esposa enferma de Alzheimer, porque la integridad, la justicia y el amor se lo demandaban. Si el esposo no cumple su rol, sus oraciones serán estorbadas. El llamado es claro: dejar de jugar al cristianismo y reflejar el evangelio con nuestras vidas.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Hay que decir dos cosas naturales. Señor, nosotros acabamos de cantar que en mi vivir yo pueda darte a conocer. Las palabras, la idea es sencilla, la realidad es otra cosa. Porque tú me estás llamando a reflejar en mi vivir lo que tú eres. Tú me estás llamando a poner en práctica tu Evangelio. Que más que proclamarlo con palabras, aunque eso es necesario, que de alguna manera mi vivir refleje la verdad de todo el Evangelio, de la misma manera que tu creación refleja tu gloria sin poder hablar. Los cielos no hablan pero cuentan tu gloria. De esa misma manera, cuando cantamos que mi vivir pueda reflejarte, darte a conocer, lo que me estás diciendo, Dios, es que aunque yo no hable, ni dirija, la gloria del Evangelio sea realidad en mi vida.

El texto de hoy, el texto de tu Palabra, tiene tanto que ver con esa realidad. De hecho, tiene todo que ver con esa realidad. De manera que yo te pido que por medio del Espíritu de Dios, en quien confiaba mientras preparaba tu mensaje y en quien confío a la hora de entregarlo, yo te pido que tú hagas algo especial en mí, en quienes escuchan, pero que sea que no sea efímero, que sea permanente. Abre nuestros ojos a la realidad de lo que tú tengas que decir hoy. Y te lo pedimos en Cristo Jesús, y su pueblo dice amén.

Voy a pedir que abran la carta del apóstol Pedro, capítulo tres, y la marquen ahí porque todavía no la vamos a leer. Decía el gran pensador del siglo XX, G.K. Chesterton, que la fe del cristiano no ha sido probada y encontrada deficiente. Más bien ha sido encontrada difícil y dejada sin probar. En otras palabras, la dificultad del cristianismo o el problema con el cristianismo no es su deficiencia a la hora de llevarlo a la práctica. El problema está en lo difícil que la gente encuentra que la fe cristiana es, y por tanto la ha dejado sin probar. Yo creo que eso es una gran verdad que ha sido vista a lo largo de los últimos dos mil años, dos mil años de comprobación empírica de esa verdad.

Sin embargo, la fe cristiana encierra los principios éticos de convivencia más elevados que tú pudieras encontrar en cualquier código de creencias. Los principios más sublimes que tú puedas agrupar en cualquier código religioso o no religioso. Y si eso es cierto, la pregunta es entonces: ¿qué es lo que hace que el ser humano de manera natural rechace los postulados que Dios le ha dado para su bienestar, para su bendición, para su florecimiento, para su paz, para su gozo, para su desarrollo, es más, para su vida eterna? Dios nos ha entregado unos postulados que producen todas y cada una de esas cosas que yo acabo de mencionar, incluyendo la vida eterna, y la inclinación natural del ser humano es a rechazarlos todos. Esta es la pregunta: ¿cuál es la razón?

Yo creo que la respuesta es relativamente sencilla a la luz de la Palabra de Dios y aún a la luz de la revisión de nuestras propias vidas, y es más o menos obvia. Es el sentido de rebelión y de autonomía que tú y yo heredamos a partir de la caída de Adán y Eva. Y es esa rebelión que nos lleva a rechazar cada principio, cada mandato, cada ordenanza de la ley de Dios que nos llame a hacer cosas que yo encuentro son contrarias a los deseos de mi voluntad, o de mis emociones, o de mis sentimientos, o de mis planes, o de mi entendimiento, o de la manera como yo entiendo mi libertad.

En pocas palabras, el hombre, y eso obviamente me incluye a mí porque soy parte de la raza humana, en sentido general quiere hacer lo que quiere hacer, cuando lo quiere hacer, como lo quiere hacer, donde lo quiere hacer, sin que nadie interfiera con sus propósitos, planes o proyectos. El ser humano quiere una serie de beneficios sin necesariamente llenar los requisitos, no entendiendo que el disfrute de los beneficios o las bendiciones manan directamente del llenado de los requisitos.

Yo ilustraba parte de esto que quiero comunicar, por parte de nuestra lucha interna y parte de lo que necesita ocurrir, con una conversación que tuve con uno de nuestros pastores esta semana. Y él estaba aquí en la mañana temprano y decía que le estaba ahí para no dejarme mentir, que así se dio. Yo creo que cualquier persona que haya estado en el ministerio suficiente tiempo y haya estado manejando situaciones múltiples y complejas, en algún momento de su caminar, en una ocasión, y más probablemente más de una ocasión, se ha sentido tentado a dejar el ministerio.

Yo compartía con esta persona esta semana y le decía que cuando yo he hablado con Dios acerca de eso, invariablemente lo que yo he escuchado, no de forma audible, es: ¿desde cuándo tú crees que tú te gobiernas? ¿Desde cuándo tú estableces las reglas del juego? ¿Desde cuándo descubriste que tu camino es mejor que el mío?

Yo menciono todo lo anterior porque el texto que yo estoy a punto de leer es uno de los textos más contraculturales en el momento histórico en el que la iglesia se encuentra. La iglesia cristiana es probablemente el código de conducta más contracultural de toda la historia, por mucho. Y la razón es muy sencilla, hermano. Es cuando tú piensas lo que Dios ha revelado: nosotros somos extranjeros y peregrinos, de manera que nosotros no somos residentes de este planeta, en el sentido de este mundo, en el último sentido de la palabra. Nosotros estamos, me permiten la repetición, peregrinando hacia una patria celestial. De ahí nosotros somos ciudadanos, ahí es que nosotros tenemos nuestros valores, ahí es que nosotros tenemos nuestros principios, la ley que nos rige es de allá, el Señor que nos ordena es de ese gobierno que lo hace.

Y Cristo nos advirtió de una manera muy clara. Ahora, antes de su crucifixión, él estaba en el aposento alto. Entonces es un segmento de la Palabra que yo visito, yo no sé con cuánta frecuencia, para recordar cosas, pero también porque me alimenta de forma enorme. Entonces en el capítulo 15 del Evangelio de Juan, un poco antes de que el Señor comenzara a orar por los discípulos, en esta etapa final, horas finales de su vida, él está hablando con los discípulos y está hablando con los discípulos de la relación que ellos guardan con el mundo, para que podamos entender cuán contracultural es la fe cristiana.

Entonces esto es lo que él les dice: "Si ustedes fueran del mundo," Juan 15:19, "el mundo amaría lo suyo, pero como no son del mundo, sino que yo los he escogido de entre el mundo, por eso el mundo no los ama." No es nada lo que dice. No es simplemente que el mundo no los ama, el mundo los odia. ¿Tú puedes creer que nuestro sistema, código de valores, está tan contracultural que cuando el mundo nos ve vivirlo? Ese es el problema, que muchas veces no nos ve vivirlo y no sentimos el odio del mundo. Pero cuando nos ve vivirlo, cuando lo exhibimos, nuestras vidas confrontan los estilos de vida del mundo, y ese mundo termina odiándonos y rechazándonos. No es simplemente que el mundo es indiferente, no, no es simplemente indiferente. El mundo experimenta un rechazo y un odio hacia aquellos que exhiben el carácter de Cristo.

Esa es la razón por la que Pablo le dice a Timoteo: todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido. ¿Por quién? Por el mundo. El mundo, le decía yo al grupo que estaba viniendo de voluntarios al estudio de guerra espiritual, el mundo no es pasivo con relación a nosotros, el mundo es altamente activo hasta el punto de odiarnos.

Y con eso yo quiero que tú leas como digo este pasaje contracultural de 1 Pedro capítulo 3, versículos 1 al 7: "Así mismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres, al observar ellos su conducta casta y respetuosa. Que el adorno de ustedes no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios. Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y ustedes han llegado a ser hijas de ella si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarlas. Esposos escuchen: ustedes, maridos, igualmente convivan de manera comprensiva con sus mujeres como con un vaso más frágil, puesto que es mujer. Escucha otra vez: dándole honor por ser heredera, como ustedes, de la gracia de la vida. Escucha nuevamente: para que sus oraciones no sean estorbadas."

Ustedes saben que el apóstol Pedro viene ayudándonos a entender una serie de relaciones de la sociedad. Hablamos un poco de eso la semana pasada. En 2:13 nos llama a someternos a toda institución humana, y ahí mismo, en el mismo versículo, nos dice: al rey de una manera particular. En 2:14 nos dice: a los gobernadores, como si fueran o como enviados de Dios. En otras palabras, Dios es quien los permite. Luego en 2:17 nos llama a honrar a todos, ahí nos cubre a todos, amar a los hermanos y a temer a Dios, a honrar a Dios, a glorificar a Dios. En 2:16 nos dice que andemos como libres, pero que no usemos nuestra libertad como pretexto para pecar, para hacer lo que queramos porque tengo la libertad de hacerlo. No creas que puedes hacer eso, sino que más bien usemos la libertad como siervos de Dios, sabiendo que entonces tendremos ciertas limitaciones a donde llega la libertad.

Y en 2:13, me voy a devolver, antes de él presentar todas estas enseñanzas contraculturales, lo que Pedro hace es lo que todo buen maestro debiera hacer, es que antes de traer la parte como dura de roer, entonces presenta la razón por la cual ellos deberán hacer esto. Y en 2:13 él dice: por causa del Señor. Pedro no está diciendo ni que es bueno, ni que es justo, ni que es fácil, ni nada. Eso le está diciendo todo lo que está. Su misión implica: yo quiero que tú entiendas que la motivación no está aquí debajo, está allá arriba. Por causa del Señor.

Y Pedro pudo haber dicho "por amor a Cristo", pudo haber dicho "por amor al Evangelio" o "por honor al Evangelio", "por honrar el Evangelio". Pedro pudo haber dicho "por su causa". Serían como frases sinónimas. En otras palabras, hay una razón superior, ulterior, futura, más grande, más poderosa que toda esta sumisión que se nos está requiriendo. Y esa es la misma razón para seguir estas instrucciones en el capítulo 3.

Yo les mencioné que desde 1 Pedro 2:11 a 4:11 es una serie de recomendaciones para ayudarnos a vivir. Y dado todo lo que he dicho hasta ahora, entonces yo titulé mi mensaje: "Una esposa que exhibe el Evangelio y un hombre que lidera como Cristo". Una esposa que exhibe el Evangelio y un hombre que lidera como Cristo.

Entender el título de mi mensaje y entender el contenido del pasaje requiere entender los componentes del Evangelio, o algunos de los componentes del Evangelio. Creo que ahí es donde está el problema, el meollo del asunto: que la mayoría de los hijos de Dios han sido convertidos por el Evangelio, pueden dar una definición del Evangelio, pueden teológicamente quizás explicarle a otro lo que es el Evangelio, pero a la hora de vivir como que no entienden la conexión que existe entre los componentes del Evangelio. Y estoy llamando el Evangelio a la persona de Cristo y su mensaje de manera inseparable. Como que no entienden los componentes del Evangelio que nos deben llevar a seguir en obediencia las instrucciones de Dios.

Entonces, voy a citar algunos de los componentes. Yo ni siquiera estoy tratando de ser exhaustivo en cuanto a los componentes del Evangelio, para que nosotros podamos ver eso en el texto de hoy. Cuando tú piensas que el Evangelio es la persona de Cristo con su mensaje, entonces te das cuenta que hay un desprendimiento de sí mismo que llevó a Cristo a dejar su gloria. Y de esa misma forma, yo tengo que experimentar un desprendimiento a la hora de casarme.

Hay una humillación de parte del Hijo que se encarna. El Creador se hace criatura y eventualmente se hace hombre. Ese es un requisito: la humillación, la humildad, es un requisito indispensable para un buen matrimonio. Es una imposibilidad, no dificultad, es una imposibilidad tener un matrimonio de cierta calidad en ausencia de humildad.

Hay un componente de sacrificio de parte de la segunda persona de la Trinidad, un sacrificio que Él hizo en aras de otro. Y de esa misma manera, para que un matrimonio pueda funcionar adecuadamente, tiene que haber un auto sacrificio en aras de ese otro también, como una forma de imitar lo que Cristo hizo y reflejar el Evangelio.

En el mensaje del Evangelio hay una sobredosis de gracia sobre gracia. No solamente para perdonar pecados de manera recurrente, sino también hay una sobredosis de gracia sobre gracia para lidiar con las condiciones de un compañero, de una compañera que es un pecador o pecadora, y que lo es hoy, lo fue ayer y lo será mañana. Y esa es la forma como Cristo lidia con nosotros todos los días, por medio de la gracia, con un pecador que seguirá pecando hasta que entra en gloria. Y la forma como Él entonces permanece con nosotros, sigue caminando con nosotros, es por medio de su gracia. Si esa gracia no está en medio de los cónyuges, será imposible ser una sola carne.

Tan pronto tú escuchas eso, tú tienes que admitir que exhibir el Evangelio de una manera consistente como esposa no es una cosa fácil. Pero al mismo tiempo tienes que admitir que liderar como Cristo lideró no es solamente que no es fácil, no es solamente que es sumamente difícil, es que es imposible. Pero es mi estándar, es mi meta, de manera que nosotros estamos tratando de alcanzar algo que Cristo es, que Cristo alcanzó, que yo no puedo, pero yo tengo que intentarlo.

Y yo menciono los componentes del Evangelio porque vivir al estándar del matrimonio como Pedro lo está presentando aquí requiere el entendimiento y la aplicación de esos principios o componentes. Primera de Pedro tiene varias instrucciones: tiene instrucciones para las mujeres, tiene instrucciones para los hombres. Yo las voy a seguir en el mismo orden.

Lo primero que es, instrucción número uno: mujeres, estén sujetas a sus maridos. En la cultura en la que nosotros vivimos, en el tiempo que vivimos, eso suena tan contrario a la naturaleza humana. Y sin embargo, yo no creo que eso es para nada distinto a la sumisión que se nos pide a nosotros como ciudadanos cuando se nos dice que nos sometamos al rey o a los gobernadores. Creo que es la misma, es la misma acción, requiere lo mismo.

Yo creo que no es ni siquiera parecido a la sumisión que se requirió de Cristo, no solamente a la voluntad de su Padre, sino que cuando Él y el Padre conversaron acerca de venir y cumplir con toda justicia, hubo un entendimiento en la mente del Creador, en el Juez soberano del universo, de que por ese tiempo Él tendría que someterse también a todo lo que se venía. Y a toda autoridad humana, en las buenas y las insoportables también, como fueron todas ellas a su paso por aquí, hasta el punto que Él llegó a lavar los pies. Cuando Juan el Bautista entendió que no era digno de bautizar al Mesías, sino que debería ser al revés, Él se sometió a Juan y le dijo a Juan: "Entiende que es que nosotros tenemos otras reglas de juego y yo tengo que cumplir toda justicia".

Yo menciono esto para que podamos entender que el estándar para las mujeres hacia su marido no es distinto al estándar requerido en otras condiciones. Yo no sé si se percataron, pero aunque el contexto no lo dice de manera clara, el contexto presupone que estas son mujeres que están casadas con esposos inconversos, y que por tanto se están comportando de una manera que no es fácil de sobrellevar.

Yo digo que están casadas con esposos inconversos porque inmediatamente después de Pedro llamarlas a estar sometidas a sus maridos, él explica la razón por la que ellas deben hacer eso. Y la razón es que Pedro está apuntando a un resultado cuyo instrumento para conseguirlo es el espíritu sumiso de la esposa. En otras palabras, aquí está la esposa, aquí está el resultado. ¿Y cuál es el resultado? El resultado es la evangelización del esposo inconverso. ¿Cuál es el instrumento? El espíritu sumiso de la esposa. Escucha cómo lo dice: "Esposas, estén sometidas a sus maridos, de modo que si alguno de ellos es desobediente a la palabra, pueden ser ganados..." Ahí está la inconversión. "...sin palabra alguna, por la conducta de sus mujeres, al observar ellos su conducta casta y respetuosa".

Pedro estaba apuntando a la evangelización de su esposo por medio de una esposa que probablemente no se le iba a permitir predicar el Evangelio, pero que Pedro entiende que ella podía desplegar el Evangelio en su convivencia, y que podría llegar el día, juzgando Dios si había algo en esa persona.

Mira, cuando tú entiendes el contexto cultural, esto cobra mayor importancia y mayor entendimiento. Cuando una esposa se casaba en la antigüedad, se suponía que ella adoptara los dioses de su marido. El marido no tenía que hacer eso cuando se casaba, adoptar los dioses de su esposa, pero la esposa estaba obligada a adoptar los dioses de su marido. Ella podía continuar con sus dioses, pero tenía que incorporar los dioses paganos de su marido.

Pero ¿qué resulta? Que cuando esta mujer ahora conversa al cristianismo se casaba, ella no podía, por prohibición de la Palabra, ni siquiera continuar con sus dioses, pero tampoco podía adoptar los dioses de su marido. De manera que esa sola acción podía verse como una subversión o una rebeldía de su parte hacia el marido que era su cabeza. Y Pedro le está diciendo: "Mantente sumisa y va a levantar la bandera para que él pueda ver tu estilo de vida, de forma que quizás el Evangelio vivido te permita ganarlo".

Tú puedes ver que esa sumisión a la que Pedro le está llamando no es ciega ni absoluta, porque ella no podía adoptar los dioses de su marido. De manera que iba a tener que decirle: "Hasta ahí llegamos, porque ahora cuando me pides hacer algo que es contrario a la ley de mi Dios, yo no puedo hacerlo". Yo creo que eso es importante, que podamos ver hasta dónde llega la sumisión.

Yo creo que más que un silencio absoluto, lo que Pedro le está pidiendo a estas mujeres es que sean prudentes al hablar. A evitar, en buen dominicano se lo digo con respeto, el cacareo continuo señalándole a su esposo la necesidad de creer en Cristo. "¿No? ¿Por qué tú no crees? ¿No? ¿Por qué tú eres duro? Oye, que tú eres terco. Mira, porque con todo lo que tú has pasado y aún todavía no crees. ¿Y de qué te han ayudado estos dioses paganos? No te han ayudado en nada".

Yo creo que Pedro está llamando a un silencio, a evitar los esfuerzos continuos de evangelización hasta el punto que el esposo termina rechazándola a ella junto con su mensaje, y evitar la condenación continua, entendiendo que un hombre o una mujer no puede comportarse como cristiano si no lo es.

Ahora, esto no puede ser llevado hasta el extremo. Hay límites de la sumisión. Ya mencioné uno de ellos: ella no podía adoptar los dioses de su esposo. Tampoco una mujer puede permitir por sumisión el adulterio de su esposo, porque ya Dios legisló incluso anterior a la Ley de Moisés, y entonces en contra de eso. De manera que hay límites de esta sumisión, pero la idea es que el instrumento de evangelización sería la conducta de ellas.

Y escucha cómo Pedro lo dice en el versículo dos, en la segunda parte: "Al observar ellos su conducta casta y respetuosa". Cuando yo veo una conducta respetuosa o una conducta casta, digna, moral, ellos podían ser ganados. Eso no es diferente. Yo estoy tratando de mostrar que la cosa que Dios le está pidiendo a la esposa no es diferente a la que le ha pedido a otras personas en diferentes condiciones, en diferentes relaciones. Eso no es en nada diferente a lo que Pedro nos pide a todos en esta misma carta, en 2:12, que ya vimos.

Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable. A las mujeres, que mantengan una conducta casta y respetuosa. A fin de que —ahora viene el propósito— en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras, está la conducta de la mujer de ustedes, al considerarlas. Allí dice: "al verlas, observarlas", y glorifiquen a Dios en el día de la visitación. En otras palabras, Dios nos está diciendo a nosotros todos: observa una conducta irreprochable y ve y evangeliza, vive de tal manera que cuando Dios decida visitar a los gentiles, ellos puedan, por medio de lo que observaron en ustedes, llegar a creer y glorificar a Dios. Pedro, lo que está diciendo, lo que está enseñando aquí en estas diferentes relaciones, es el mismo principio: cómo luce en una relación, en otra, y en otra, y en otra. La razón de mantener la conducta: la potencial conversión del esposo, en el caso de Pedro.

Déjame leerte, contarte una historia real que ilustra lo que ya acabo de decir. En el año 397 de nuestra era, un santo que ya había alcanzado cierta madurez en la fe cristiana escribió lo que llegaría a ser una de las autobiografías más convincentes de toda la historia redentora. Cuando el libro finalmente se terminó, se describió y se llamó Las Confesiones de San Agustín. Encerrada en esa narrativa aparece el tributo de Agustín a su madre Mónica, por la influencia que ella tuvo en su esposo Patricio para llevarlo a creer y hacerlo un hijo de Dios, de tal manera que a la hora de su muerte, su esposo Patricio era un creyente.

Estas son las palabras de Agustín como tributo a su madre: "Ella sirvió a su esposo como si fuera su amo. Hizo todo lo que pudo para ganárselo para ti, Dios, hablándole a él de ti, Dios." ¿Cómo le habló? ¿Qué le dijo? Por medio de su conducta. Lo mismo que Pedro dice: hablándole de ti, Dios, por medio de su conducta, por medio de la cual tú, Dios, la hiciste hermosa. Su conducta la hizo a Mónica hermosa ante tus ojos. Finalmente, cuando su esposo estuvo al final de su tiempo terrenal, ella se lo había ganado para ti, Dios. El propósito del matrimonio de Mónica con Patricio fue la salvación de Patricio.

Para todo el que piense: "Eso es pesado." Yo soy muy pesado, soy originalmente pesado. Pero no es más pesado dejar la gloria y tu condición de ser igual a Dios, y siendo Creador convertirte en criatura, y que te abofetean y te escupan y te hieran y te claven y se burlen, siendo tú quien eres.

Instrucción número dos. Que el adorno de ustedes —dice Pedro a las mujeres— no sea el externo: peinados ostentosos, joyas de oro, vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno. Escucha ahora: lo cual es precioso delante de Dios.

El ser humano siempre ha tenido una preocupación de manera prioritaria con la manera como luce, como habla, lo que piensa el otro de ella, cómo es percibido, y hemos desarrollado una idolatría hacia la apariencia, hacia la buena reputación, hacia el buen nombre, hacia la aprobación de los hombres. Así, aquello que es llamativo. Y Pedro dice: esposas, si te vas a adornar, que el énfasis no esté en peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Estas cosas en sí mismas no necesariamente son pecaminosas, pero frecuentemente son usadas de manera pecaminosa. De hecho, en esa ocasión, ese tipo de peinado y el lucir de cierta manera era muy típico de mujeres promiscuas.

Lo interesante es que el mundo secular del primer siglo estaba de acuerdo con Dios en estas instrucciones. Eso no es común. Lo usual es que Dios legisla y el mundo está en contra. Pero en el mundo grecorromano —recuerda que hemos dicho que Roma conquistó a Grecia militarmente, pero Grecia conquistó el imperio romano culturalmente—, eso se llama el mundo grecorromano: esa Grecia conquistando a Roma de una manera, pero Roma gobernando. En el mundo grecorromano se creía exactamente lo mismo que Pedro escribe en este texto.

Escucha lo que Aristóteles dijo, Aristóteles, trescientos años y tantos antes de Cristo: "La verdadera belleza está en una mujer con dominio propio en todo lo que ella hace, y con una inclinación hacia una vida honorable y bien ordenada, con paciencia y ternura." Es un inconverso. Es un inconverso a quien Dios le dio gracia común para decir estas cosas.

El filósofo griego Filón, muy conocido, nació como veinte años antes de Cristo y luego enseñó después de Cristo, dice lo siguiente: los adornos externos eran percibidos frecuentemente como instrumento de seducción. Cuando la sabiduría humana y la sabiduría divina coinciden, yo no creo que tenemos otra alternativa. No hay más sabiduría. Hay una divina que debemos seguir siempre, y hay una humana que frecuentemente es discordante con la de Dios. Pero resulta que en este momento en que Pedro está escribiendo, la sabiduría humana y la divina coincidían.

Cosas que en sí mismas no son necesariamente pecaminosas. El problema comienza cuando el cristiano emplea más tiempo, más énfasis, está más preocupado con la manera como su mundo exterior luce, incluyendo su apariencia y belleza, descuidando al mismo tiempo su mundo interior. Su mundo interior, mi mundo interior nadie lo conoce, no se ve. Y es posible que mi mundo interior esté en un estado caótico y de descomposición ético, moral, emocional, y que yo luzca completamente en orden en el mundo exterior, y que luzca atractivo y llame la atención de otros y tenga éxito, cuando todo el tiempo hay una parte de mí que me está llevando a derrumbarme, que yo no lo sé hasta que me caigo.

En este caso, Pedro está hablando de formas de peinados y joyas, una vez más, no necesariamente pecaminosas en sí, pero frecuentemente usadas de forma pecaminosa. Filón dice que estos adornos externos frecuentemente eran usados como instrumentos de seducción. Esto es lo que Pedro está diciendo: si te vas a preocupar, si vas a emplear tiempo, si vas a gastar energía, si le vas a dar mente a algo, pues entonces ocúpate en desarrollar un espíritu tierno y sereno.

Ahora, "tierno" en el original —Sproul dice— significa más que ser humilde. Bíblicamente, esa palabra implica el ejercicio de la fuerza de Dios bajo el control de Dios. Una persona tierna, en el sentido que se está usando aquí, es una persona que exhibe una cierta ternura, amabilidad, no sé si llamarle dulzura, pero eso que tú ves es el fruto que fluye de una fortaleza extraordinaria que viene de Dios y es ejercida bajo el control de Dios. Por eso se usa "tierna". Es el espíritu de Cristo del cual hablaron los profetas.

Isaías 42:3, hablando del carácter de ese Cristo que vendría, la Nueva Traducción Viviente dice de esta manera: que él no aplastará a la caña más débil ni apagará a una vela que titila, una vela que está parpadeando, que está moviéndose, que está vibrando, que está por apagarse. Dice que el carácter de Cristo es tal que la caña, llámale la rama más débil, no va a quebrarla, y la vela más en peligro de apagarse no la va a tocar, no la va a apagar. De eso es de lo que Pedro le está hablando a las mujeres.

Ahora, hermanos, honestamente, si eso suena como difícil, hermanos, eso no es en nada diferente a lo que Cristo nos dice a todos nosotros, incluyendo los hombres. Yo creo que particularmente a los hombres, cuando dice: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón." Yo creo que eso es un llamado a todos, pero yo creo que en el contexto en que Cristo estaba enseñando, la mayoría de los que estaban ahí probablemente eran hombres. Es más, quizá mayormente sus discípulos. Y él dice: "Aprended de mí, que soy manso y humilde."

Ese espíritu no es en nada diferente al espíritu tierno de que Pedro está hablando, que las mujeres debieran tener. Y Cristo dice que aprendamos de él, que es tierno, manso y humilde de corazón, y no por obligación; de corazón, y no por simulación; de corazón, y no para dar la impresión. Yo no quiero que te muestres manso ni que te muestres humilde si no lo eres, para dar una impresión. Yo quiero que lo seas de corazón, de adentro hacia afuera. Que emplees tiempo en cultivar lo que verdaderamente vale.

Porque la parte externa que tratamos de embellecer, con el tiempo, tú lo sabes, todos lo sabemos, a menos que tú seas muy joven. Pero con el tiempo la piel comienza a arrugarse, y entonces comienzan las cremas y tú conoces eso. El pelo comienza a caerse —yo tenía pelo antes, no me lo crean, yo tengo fotos que enseñarles— y comienza a ponerse blanquecino, y los músculos comienzan a hacerse flácidos, y el abdomen comienza a crecer, y el cuerpo comienza a encorvarse. Tengo un paciente ahora hoy en día que fue mi profesor, y yo siempre hablaba con él así como para arriba, y lo veo ahora de ochenta y tantos años casi como de mi tamaño.

Mientras eso está ocurriendo, el envejecimiento —y hoy en día con el afán de cirugías y demás— Pedro está diciendo: mira lo que debe estar ocurriendo en tu mundo interior. Y en este caso está hablando de las mujeres, pero tiene una aplicación desde la palabra de Cristo para nosotros, ser manso y humilde, que es válido para todos. Al mismo tiempo, esto es lo que debe estar ocurriendo.

A la edad que yo tengo, este año 2021, yo me estoy examinando. Yo quiero ver si esto está pasando en mi vida. Se supone que yo debo tener un espíritu más manso, más humilde, más tierno, más amable, más sensible, más empático, más compasivo, más amoroso, más servicial, en fin, más santo, más como Cristo. Porque el cuerpo externo se va desgastando, pero en el mundo interior se supone que mi espíritu debe irse renovando. Entonces Pedro le está hablando a las mujeres, que ya deben tener justamente ese espíritu tierno y sereno.

Ahora nota lo que Pedro dice, porque esto es importante. Esa cualidad a la faz del pastor no le fue vendida, él la aprecia porque es por causa del Señor. Y aquí Pedro te lo dice: lo cual es precioso delante de Dios.

Cuando Dios encuentra algo precioso, eso implica que Dios cree que eso tiene un valor extraordinario. Dios entiende que ese espíritu tierno y manso tiene valor porque refleja lo que Él es. Mira cómo el autor del famoso Proverbios 31, la mujer de Proverbios 31, dice el texto en el versículo 30: "Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada". El mundo de hoy tiene muy poco valor por la mujer que teme al Señor, tiene poco valor por la mujer que exhibe el carácter de Cristo. Lo que valora es la belleza, pero el libro de Proverbios nos dice que eso es engañoso, que de hecho la belleza es vana. ¿Por qué es vana? Vana es vacía, es vacía al largo porque es temporal, pasa, es pasajera. De hecho puede ser que en la mañana ni siquiera la luzca también, y luego después de una especie de maquillaje y un tune up, entonces la luce diferente. Pero es muy pasajera.

Y ahora Pedro se remonta al pasado. Versículo 5, dice: "Porque así también se adornaban en otro tiempo las santas mujeres". ¿Cómo es que se adornaban? Con espíritu tierno y sereno, y porque esperaban en Dios estando sujetas a sus maridos. Pero está diciendo que lo que le estoy diciendo a mi generación, pero a todas las generaciones que vienen, es que en generaciones anteriores tú puedes ver la aplicación de la verdad de Dios. Generaciones anteriores de mujeres santas se adornaban de la misma manera. ¿Y cómo se adornaban? Bueno, eran mujeres santas. ¿Y por qué eran tan santas? Y yo tenía una esperanza en Dios. Del mundo no esperaban nada, del mundo no les atraía nada, no les seducía nada, nada les parecía con tanto brillo en el mundo. Del mundo de hecho solamente esperaban la muerte, más nada. Y esas mujeres, Pedro, dice que estaban sujetas a sus maridos.

Ahora, en el contexto cultural en que nosotros estamos, con toda esta revolución de ideología de género y la previa del feminismo que comienza probablemente como el año 1920, la primera ola del feminismo fue el año 1920, ya tiene un siglo, y después una segunda ola probablemente alrededor de 1950, y ahora estamos no en una ola, no en un tsunami. En medio de eso, hablar de que estén sujetas a sus maridos, eso es como hablar de soga delante de alguien que lo condenaron a la horca.

Ahora, se me ocurre una pregunta. ¿Qué es más paradójico? ¿La sumisión de la esposa a su marido o la sumisión del Creador a la criatura, la sumisión del Rey al siervo y del Amo al esclavo? ¿Qué es más paradójico? ¿Que la esposa esté sujeta al marido de esa manera, con ese espíritu tierno, o que el Creador, el agente creador de un universo soberano, con todo el poder, sea el que se arrodille y le lave los pies, y luego tolere ser golpeado, escupido, lacerado, flagelado, clavado, traspasado, desnudado?

Pedro entonces se va al principio de la revelación bíblica. Versículo 6: "Así obedeció Sara a Abraham, llamándolo señor, y ustedes han llegado a ser hijas de ella si hacen el bien y no tienen miedo de nada que pueda aterrorizarlas". La realidad es que no hay evidencia en la Biblia de que Sara llamara a Abraham señor. Quizá lo hizo, pero dado que no hay ninguna evidencia de eso, quizás es más el contexto cultural en que Sara vivió y que es una forma respetuosa. Yo he conocido un par de esposos que le llaman a su esposa... no tengo idea, porque me suena un tanto extraño, pero bueno, hablan de "la doña" y hablan de "doña Fulana". Tengo alguien que me está escribiendo en estos días acerca de la condición de salud de doña Fulana, refiriéndose a su esposa. Pero no sé si es el contexto cultural que hacía que Sara le llamara señor. Yo sí creo que Pedro está refiriendo al respeto, a la honra que Sara le dio, le concedió a Abraham como su cabeza, como su esposo, y la usa entonces como ilustración.

Ahora, ¿cuál es el problema y cuándo comenzó el problema, esta tensión, esta dificultad? Eva no tuvo ningún problema en sujetarse a Adán, para nada. Ni los ángeles tienen problema de sujetarse potencialmente a los arcángeles, y así sucesivamente. Somos nosotros los que tenemos el problema, pero eso ocurrió tan pronto ocurrió la caída, y está anunciado en Génesis 3. ¿Cuál es el problema? Cuando Dios comienza a hablarle a Eva después de la caída, esto es lo que le dice. Él le anuncia lo que va a ocurrir como fruto de la caída, en el versículo 16, y le dice: "Tu deseo será para tu marido y él tendrá dominio sobre ti". La palabra ahí "deseo" no es el deseo sexual. Es una palabra que aparece quizás una vez más y aparece en el libro de Génesis. Es una palabra hebrea y se refiere a Caín cuando Dios le dice que el pecado terminará dominándote.

La idea que la mayoría de los académicos entiende es que lo que Dios le estaba diciendo a Eva es: a partir de ahora, debido a la naturaleza carnal pecaminosa que tú has adquirido, ¿sabes qué? Tú vas a querer usurpar la posición del liderazgo de tu esposo, pero como es más fuerte que tú, él va a terminar dominándote. Y ese es el machismo de todos los siglos, y esa es la lucha de los sexos de todos los siglos. Pero eso es lo que Pedro quiere revertir, eso es lo que Dios quiere revertir, eso es lo que Pedro está tratando de enseñar. ¿Sabes cómo vamos a revertir eso? Bueno, primero, porque les voy a hablar a los hombres ahora, no hemos terminado hombres. Primero, yo quiero que las mujeres tengan un espíritu tierno y sereno, ahí vamos a comenzar a revertir Génesis 3. Pero lo que Adán no hizo en el huerto, que no lideró, no protegió a Eva, no fue su cabeza, no fue su guía, tenemos que revertir eso.

Y ahora viene el versículo 7: "Esposos", paren las orejas, "ustedes maridos igualmente". ¿Cómo que igualmente? Sí, lo que Pedro está diciendo es: mucho de lo que yo dije a las mujeres yo se lo voy a decir a ustedes, pero como de otra forma. Ustedes son hombres, ya va a lucir diferente porque son hombres, pero tiene un estándar, tiene un fin, un sentido similar. "Ustedes maridos igualmente convivan de manera comprensiva con sus mujeres", yo voy a explicar eso, "como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honra por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida, para que sus oraciones no sean estorbadas".

Pablo dice algo parecido cuando en el libro a los Colosenses, en el capítulo 3 versículo 19: "Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos". Ahí está el llamado a ser tiernos y a ser mansos y a ser similar a lo que Pedro está diciendo.

Entonces, la instrucción número 3 para los esposos nos pide que convivamos de manera comprensiva. De hecho, la palabra ahí "convivir", "convivan de manera comprensiva", esa palabra siempre es usada para hablar de la intimidad sexual. Y quizá Pedro no está hablando necesariamente en este caso de la intimidad sexual, sino que sí está hablando de que convivamos íntimamente, y en la convivencia íntima haya una comprensión de las esposas. De hecho, el texto que he traducido como "de manera comprensiva" en el original dice "de acuerdo con el conocimiento". ¿Conocimiento de qué? Con el conocimiento de quién es tu esposa, de cómo siente, de qué le gusta, de cuáles son sus necesidades espirituales y emocionales, el conocimiento de sus temores, de sus debilidades, de su necesidad de protección y de apoyo, de su mundo interior, de qué le ofende, de qué le afirma.

Y si vas a vivir, a convivir íntimamente, y Pedro no creo que en el contexto que está hablando tiene que ver con intimidad sexual, yo creo que está hablando más bien de que conozca incluso su alma, su mundo interior, para que sepa cómo llenar esas necesidades. Porque tienes un llamado de liderar como Cristo, y como Cristo conocía las necesidades de la iglesia y la conocía y trata de llenarlas, de esa forma tú y yo tenemos una obligación similar.

Pero conocer o comprender a nuestras esposas va a requerir un cierto nivel de confianza mutua, va a requerir tiempo con ellas, va a requerir poder hablar con ellas de muchas cosas distintas de forma abierta, va a requerir escuchar no solamente las palabras sino escuchar su mundo interior. De hecho yo hablaba, no sé con quién, hablaba con otro, el mismo pastor con quien hablaba esta semana, decía: cuando alguien viene a consejería, nosotros tenemos una obligación de escuchar con cuidado, porque hay dos cosas que tienes que escuchar. Una es la pregunta que se está haciendo, y dos, ¿cuál es la intencionalidad o la motivación o el origen de la pregunta? Porque frecuentemente la pregunta que se está haciendo está originada en un temor que la persona tiene y no te lo va a decir porque ella misma ni siquiera lo sabe. Tienes que escuchar con atención, y eso tiene que ver con la forma comprensiva de convivir. Eso va a requerir poner su necesidad por encima de la nuestra.

El esposo tiene que conocer que su esposa ha sido llamada a someterse a él. Déjame combinar esto ahora, porque ahora está hablando de que él tiene que liderar como Cristo, pero ya hablé de que la esposa tiene que someterse a él. Pero tiene que entender esa sumisión. Él tiene que entender que cuando la Palabra llama a la esposa a someterse, no es porque ella es inferior en lo más mínimo. Eso tampoco implica que la esposa no opine. De hecho, la esposa no solamente debe opinar, tiene que opinar como ayuda idónea, y su opinión debe ser tomada en cuenta.

Yo mencionaba esta mañana, a manera de ilustración, cuando yo creí en un ministerio y Kat estaba en contra, yo tomé en cuenta su opinión, me quedé callado. Ahora fui yo el que entré en silencio a hablar con Dios. Oré por dos años hasta que ella volvió a hablarme de lo mismo. Esa sumisión no implica que la esposa no pida cuentas al esposo. Eso no implica que ella no confronte su irresponsabilidad o su pecado. Eso no implica que ella no confronte su abuso verbal, físico, o el abuso de sus hijos. Lo que sí implica es que cuando ella lo hace, lo hace como Cristo lo haría, de una manera piadosa.

Como Cristo hizo con la mujer samaritana, cuando Cristo le dijo: "Llama a tu marido", y ella dice: "No tengo marido". Cristo no le dice: "Mira, tú, mentirosa, me estás hablando mentira". No. "Tú has tenido cinco maridos", y Él le dice: "No, tú acabas de hablar verdad, porque tú has tenido cinco maridos, y ahora convives con uno que tampoco es tu marido". La mujer no salió corriendo por lo áspero que Cristo le habló, pero la confrontó.

Y ahora Pedro le dice que tiene que hacer eso como reconociendo que ella es un vaso frágil. Con toda probabilidad, el texto se está refiriendo al hombre físico, la fuerza física del hombre versus la de la mujer. Está establecido eso biológicamente. Pero yo creo, y estoy convencido, es mi convicción, que el hombre, si va a ser cabeza y va a ser líder, él necesita una fortaleza emocional y espiritual por encima de la de su esposa, o no puede liderar.

Y lamentablemente, le estoy hablando a los hombres ahora. Lamentablemente, dado el hecho de que los hombres cristianos no se han ocupado de cultivar su mundo emocional y espiritual de manera consistente, más frecuentemente que no, quien provee la estabilidad y la seguridad emocional es la mujer. Perdón, quien provee la estabilidad emocional y seguridad espiritual para el hombre más que el hombre a hacer esa provisión. Pero si Dios me hace cabeza y me hace pastor de mi hogar, ¿no tiene toda la lógica del mundo que yo debiera estar desarrollándome en mi mundo emocional y espiritual, de manera que como Cristo es el sustento de la iglesia, como Cristo es la roca de la iglesia, que de esa misma manera yo sea la roca para mi esposa? De tal forma que ella es la que no quiere que yo me separe, y no al revés, que no sea el esposo el que está continuamente deseando que ella no se aleje porque su lejanía lo hace sentir inseguro.

La fragilidad de nuestras esposas las va a llevar muchas veces a alejarse emocionalmente. Esto es lo que hemos experimentado todos. En momentos de pleitos, de diferencias, de conflictos, cómo la esposa, aunque se quede en la casa, pero como que se aleja emocionalmente. La fortaleza que tú y yo tenemos que experimentar es de permanecer firmes en el mismo lugar, para que cuando regresen, nosotros podamos recibirlas con amor y respeto y perdón. De ahí la necesidad, entonces, de que nosotros como esposos podamos hacerlas sentir seguras. Después de todo, representamos a Cristo. Y Cristo... no es la iglesia la que le ofrece seguridad a Cristo, es Cristo el que le ofrece seguridad a la iglesia.

Número cinco: pero él nos recuerda que la mujer no es inferior. Y sabe cómo lo hace, escucha cómo lo hace. "Ella es heredera como ustedes". No simplemente dice "heredera", no. Ella es coheredera contigo de la gracia de la vida. Pero sabe cómo Pedro hace eso: nos llama a darle honor, a honrarlas, respetarlas, cuidarlas. Y luego nos dice el porqué. Tenemos que darle honor, ¿por qué? Ella es heredera como ustedes de la gracia de la vida. Es un regalo de Dios. Ella es imagen de Dios. Ella es provisión de Dios. Ella es una hija de Dios. Cuídate de no descuidar a quien Dios llama hija.

Entonces, eso implica cuidar de ella como Dios cuida de una hija. Ayudarles a crecer seguras en su relación con Dios, en su relación con nosotros. Ayudarles a encontrar su identidad primero en Cristo y luego en su relación con nosotros. Las mujeres son eminentemente relacionales. Eso implica que nosotros tenemos que aprender, tenemos que aprenderlo. Estamos de acuerdo que el producto crudo del hombre caído es un arrecife cuando las olas vienen. Que vamos a pensar en las mujeres como las olas, que tienen altas y bajas en sus emociones. No lo estoy diciendo eso de manera despectiva. Mi esposa me enseñó eso, no porque ella tiene estas emociones que suben y bajan, sino porque ella habla de eso en una charla que se llama "La montaña rusa de las emociones de las mujeres".

Entonces ellas son como esas olas. Entonces para ellas nosotros podemos ser arrecifes o podemos ser playas, donde las olas vienen y como que se recuestan sobre ellas. No lo vamos a hacer siempre bien. Cuando lo hayamos mal hecho, nos arrepentimos y tratamos de volver a ser arena en las playas.

Este Pedro nos dice que nosotros tenemos que convivir, eso es intimidad, de manera comprensiva. Sus conocimientos, hablamos de todo eso. Tenemos que recordar que es un vaso frágil, hablamos de eso. Y que tenemos que darle honor porque son coherederas con nosotros.

Finalmente, vital, enseñanza número seis: si tú no haces eso, para que tus oraciones no sean estorbadas. En otra sola hora está diciendo esto: no es poca cosa el que tú no cuides de tu esposa, el que tú no lideres a tu esposa, el que tú no la consideres como un vaso frágil, el que tú no la trates con honor. A mí me molesta tanto que yo cierro mis oídos y no te hago caso cuando tú oras conmigo. ¡Wow!

A todo el proyecto: "Yo estoy orando, estoy orando, mi esposa no cambia, mi esposa aquello, mi esposa lo otro". Hay múltiples razones, no es tan sencillo como eso que yo acabo de decir. Pero hay una cosa que yo sé, y es que Dios dice: si no lleno mi papel que Él me ha asignado, que Pedro me explica, mis oraciones no van a pasar del techo de mi casa. Mi falta de llenado de ese lugar no es de poco peso para Dios.

Es como Tony Evans. Es un pastor norteamericano con mucha chispa. Ya tiene cierta edad, pero acaba de escribir un libro para hombres. Y en ese libro él usó una frase muy típica de ciertos grupos en Estados Unidos y le dice: "Man up", que es como "empantalonarte". Y cuando camines como un hombre de Dios, cuida a la hija de Dios. Eso es en esencia lo que todo el texto está diciendo. Y esa expresión significa: empantalónate, camina como un hijo de Dios y cuida a su hija.

Yo tengo que cerrar. Te voy a compartir una historia real que ilustra cómo se supone que sea. Es una historia que algunos de ustedes pueden conocer porque ha sido más o menos conocida de unos años atrás, no muchos, pero es su historia. Se trata... yo te lo voy a leer porque no quiero que pierdas nada.

Se trata del doctor John Robertson McQuilkin. Se había desempeñado como presidente del Columbia Bible College and Seminary por veintidós años. Hoy se llama Columbia International University. Él renunció en el año 1990 para cuidar a tiempo completo de su esposa Muriel, que padecía de la enfermedad de Alzheimer.

El doctor McQuilkin conoció a Muriel en la escuela cuando eran estudiantes. Cuando se conocieron, descubrió que era encantadora, inteligente y talentosa, una gran amante de la gente, y más divertida de lo que puedes imaginar. En 1981 recibieron una trágica noticia: Muriel tenía la enfermedad de Alzheimer temprana.

Los primeros años de la enfermedad, Robertson intentó ir a su oficina y cumplir con sus responsabilidades en la escuela, en el seminario. Pero tan pronto como él dejaba a Muriel y se iba a la universidad, ella se ponía ansiosa y angustiada, a veces incluso aterrorizada. Entonces ella lo seguía caminando media milla hasta la escuela. Llegó a hacer ese viaje hasta diez veces al día. Una vez por la noche él la estaba ayudando a prepararse para ir a la cama y notó que ya tenía los pies ensangrentados porque había caminado tanto para intentar acercarse a él.

Cuando Robertson reflexionó más tarde sobre la devoción de su esposa, admitió para sí mismo: "Ojalá yo amara a Dios así, hasta el punto de estar desesperado por estar cerca de Él en todo momento". Cuando él habló, comenzó a fallar a Muriel. Una de las últimas frases que ella pudo decir fue: "Te amo".

En 1990, Robertson hizo algo que pocos harían. Sabía que la escuela lo necesitaba cien por ciento y sabía que Muriel lo necesitaba cien por ciento. Él eligió renunciar a su puesto de presidente de la universidad para poder dedicarse a tiempo completo a ser el cuidador de su esposa. Esto es muy raro porque muchos hombres se sienten impulsados a anteponer el trabajo, el éxito profesional y los logros a sus compromisos con sus familias.

Lo que sigue es aterrador e indignante. Las estadísticas dicen que cuando un hombre sufre una enfermedad grave, cuatro de cada cinco mujeres se quedan al lado de sus maridos. Pero cuando los roles se invierten y la mujer contrae una enfermedad grave, cuatro de cada cinco hombres la abandonan. Cuatro de cada cinco hombres abandonan a sus esposas si sufren una enfermedad grave. Pero no Robertson.

Robertson eligió tomar su cruz y seguir el camino de Jesús, quien dio su vida por su esposa, la iglesia. Cuando Robertson dejó la universidad, escribió una carta para explicar su decisión: "Para mí está claro que Muriel me necesita ahora a tiempo completo. Y me decidí un esfuerzo más a lo incierto. Hace cuarenta y dos años, cuando prometí cuidar a Muriel en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. Como hombre de palabra, la integridad tiene algo que ver con eso. Pero también lo tiene la justicia".

Ella me ha cuidado completa y sacrificadamente todos estos años. Si la cuidara durante los próximos 40 años, no saldaría mi deuda. El deber, sin embargo, puede ser sombrío y estoico, pero hay más: amo a Muriel. Ella es un deleite para mí. Su dependencia infantil y su confianza en mí, su cálido amor, destellos ocasionales de ese ingenio que solía disfrutar, su espíritu feliz y su firme resistencia frente a su continua y angustiosa frustración. No es que debo preocuparme por ella, es que tengo que hacerlo. Es un gran honor cuidar de una persona tan maravillosa.

Entonces Robertson se convirtió en ama de casa y cuidador de su esposa, asumiendo la asignación especial de Dios para él en esta temporada de sus vidas. Cuando la gente le preguntaba si alguna vez se cansaba de cuidar a Muriel, a menudo decía: "No, me encanta cuidar de ella". La historia sigue un poco más largo, pero la voy a terminar aquí. Eso es lo que implica cuidar de tu esposa como vaso frágil y como coheredera de la gracia de Dios contigo. Muriel murió en septiembre del 2003. El doctor John Robertson McQuilkin la siguió y murió en junio 4 del 2016.

¿Qué vamos a hacer? Los días son malos, el mal empeora, la noche avanza, la oscuridad cada vez es más densa. ¿Vamos a seguir jugando al cristianismo o vamos a empuñar el rol que Dios nos ha asignado el uno al otro y reflejar el satisfacción con nuestras vidas? Yo no voy a decir más que proclamarlo, pero después de proclamarlo, que la gente crea lo que decimos por lo que vivimos. Que la gente, incluso cuando nos vea vivir, desee lo que tenemos, que nos permite vivir como vivimos.

Yo creo que vamos a cantar, y después que cantemos yo voy a subir y voy a hacer algo que nunca lo habíamos hecho: le voy a pedir a Kathy, mi esposa, que suba para que ella pueda orar por las mujeres, y yo voy a orar por los hombres. Ahí cerraremos el día.

Pero después de cantar: Gracias por tu Palabra, clara, contracultural, poderosa, convincente, inerrante, infalible, santa, protectora, empoderadora, reveladora. Y gracias porque luego pones el Espíritu en mí para ayudarme a cumplir la Palabra que me bendice. Ayúdame a cantar esta canción y a prepararnos para el arrepentimiento en Cristo Jesús.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.