Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando eres adoptado por Dios como Hijo y no lo sabías

Miguel Núñez 31 octubre, 2021

El día que una persona es salva ocurre algo que la mayoría no percibe: en ese mismo instante pasa a ser parte de la familia de Dios por adopción. Si realmente comprendiéramos lo que eso implica, saldríamos saltando de gozo, transformados para siempre. Gálatas 4 revela esta verdad extraordinaria: Cristo vino en la plenitud del tiempo —cuando el pueblo estaba cansado de la ley, cuando Roma había construido caminos que facilitarían la expansión del evangelio, cuando el griego era idioma universal— con un propósito claro: redimir a los que estaban esclavizados bajo la ley para que recibiéramos la adopción como hijos.

Las implicaciones de esta adopción son asombrosas. Dios coloca su Espíritu dentro de nosotros para guiarnos, no con una influencia pasajera sino dominante. Nos libera del temor a la condenación y de la esclavitud del pecado. Nos invita a una intimidad impensable: podemos llamarle "Abba, Padre", un término de cariño tierno que ningún hebreo se atrevió a usar en oración hasta mil años después de Cristo. Además, el Espíritu testifica a nuestro espíritu que somos hijos, cultivando en nosotros su fruto como evidencia.

El amor que hace posible esta adopción es de otro mundo —eterno, inmutable, sacrificial y fiel. Dios entregó a su único Hijo natural para adoptar a enemigos rebeldes. Como escribió Frederick Lehman: si el firmamento fuera pergamino y el mar tinta, no alcanzarían para describir ese amor. Satanás bombardea nuestra mente con dudas sobre nuestra identidad, pero la verdad permanece: somos lo que Dios dice que somos —hijos suyos, coherederos con Cristo, llamados a vivir como príncipes que reflejan el carácter de su Rey.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bienvenidos a la casa de Dios, bienvenidos al servicio de Dios, a la comunidad de Dios, para estudiar la Palabra de Dios con el pueblo de Dios. Abre tu Biblia, enciende tu Biblia en el capítulo 4 de la epístola a los Gálatas. No hay mejor epístola que la epístola a los Gálatas para estudiar un domingo donde estamos celebrando la Reforma Protestante, porque aquí en esta epístola está la controversia entera por completo que se originó en el siglo XVI, encabezada por Martín Lutero. Literalmente, lo que está en Gálatas es la explicación completa de por qué las cosas no podían ser de la manera que eran.

Yo voy a revisar brevemente dónde estuvimos en el pasaje anterior y te darás cuenta de que hay algunas cosas que parecen repetirse. Por eso es que Pablo le estaba hablando a una audiencia no muy instruida en general, y mucho menos teológicamente, que estaba confundida, confundida por falsos maestros. Entonces él tiene que explicar los conceptos y quizás buscarle otros ángulos al mismo tiempo, y las verdades se van desarrollando como en círculos concéntricos que van expandiendo el entendimiento de lo que ya fue dicho. De esa forma, entonces, yo voy a tratar de decirte algunas cosas de las que dijimos en el mensaje anterior y entonces entrar al mensaje de hoy, entendiendo que algunas cosas de alguna manera ya fueron tocadas.

Habíamos hablado el domingo anterior acerca de la temporalidad de la ley. La ley, que fue justa, buena, santa, fue dada por un periodo, por un tiempo, de manera que sirviera de preparación para cuando viniera la promesa. Y la promesa la definimos como Cristo Jesús. La postura del Pablo nos habló de que la ley fue dada para que sirviera como una especie de guía o de nodriza, como alguien que va a tomar un niño de la mano y lo va a ayudar a caminar hasta que él tenga cierta edad. Literalmente explica que familias adineradas hacían eso: tomaban un esclavo, un esclavo usualmente educado, porque había esclavos profesionales educados, para que ellos se hicieran cargo del niño y lo criaran hasta que tuviera cierta edad. Él tenía a cargo su protección y tenía que llevarlo al lugar de instrucción, esperarlo y traerlo, y eso continuaba así hasta que el niño ya podía alcanzar cierta libertad. Pero hasta ese entonces, ese niño estaba sometido a reglas, a instrucciones, a horarios.

Por otro lado, hablamos de que la ley reflejaba y refleja el carácter moral de Dios, el carácter perfecto, y eso la hacía demandante porque no toleraba ningún tipo de transgresión o violación. Hasta el punto que Santiago 2:10, que leímos, dice que si fueres culpable de transgredir un solo punto de la ley, tú eres considerado transgresor de toda la ley.

En la segunda parte del mensaje anterior, nosotros mencionamos que cuando llegó Cristo entonces se hizo evidente, llegó la promesa. Se hizo evidente ahora que algo que estaba como escondido en el Antiguo Testamento ahora estaba claro, y es que la salvación siempre ha sido por gracia, siempre ha sido depositando la fe en Dios, en Cristo Jesús, y que Él era el único camino de entrada al Padre. De manera que una vez nosotros hacemos eso y depositamos esa fe, nacemos de nuevo y alcanzamos un nuevo estatus. Ahí entonces tú entras en una unión con Cristo, y pasamos bastante tiempo tratando de definir, explicar, de exponer las increíbles bendiciones y beneficios que recibimos por estar en Cristo de una manera inseparable.

Nuestra unión con Cristo no es teológica, no es conceptual, no es filosófica, no es simbólica: es real. Hasta el punto que lo que Cristo recibe, yo recibo. Si Cristo va a gobernar en el futuro, nosotros gobernaremos con Él. Nosotros somos coherederos con Él. Si Cristo es la cabeza de la iglesia, nosotros somos el cuerpo. Y de esa manera entonces pudimos ver que una de las más grandes bendiciones que el cristiano pudiera disfrutar es precisamente su unión con Cristo.

Tratando de ir entonces avanzando al mensaje de hoy, déjame recordarte que antes de venir a ese Cristo, antes de mi unión con Cristo, la Palabra no me declara hijo de Dios, sino hijos de ira. Hijos de ira porque al haber transgredido la ley de Dios, la ira de Dios permanece sobre mí, la justicia de Dios, el juicio de Dios permanece sobre mí. De hecho, es exactamente lo que Juan dice en 3:36: que el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él. El que cree en el Hijo y deposita su fe, entonces ahora la ira de Dios que visitó al Hijo en la cruz ya no tiene que visitarle a él y es removida, y por eso no permanece sobre él. Pero mientras tanto, yo soy hijo de ira.

Así es que Sproul, en una de sus exposiciones, dice que lo que Cristo hizo cuando vino, para ayudarnos a entender nuestra nueva relación con Dios a través del Hijo, nuestra formación ahora como hijos, es que Jesús definió nuestra relación como hijos de Dios en términos de obediencia a Él. El incrédulo tiene dos opciones: él puede pecar o pecar. No tiene conocimiento de lo que son los estándares de Dios, y mucho menos el poder dentro de él o dentro de ella para poder obedecer. Pero cuando el Espíritu de Dios viene a morar en mí y pone en mí el querer y el hacer, y me empodera para poder ahora obedecer, entonces ahora Jesús, bajo ese entendimiento, definió mi nueva relación como hijo de Dios en términos de nuestra obediencia a Él.

Una vez yo paso a ser hijo de Dios, la Palabra declara que somos coherederos con Cristo, yo recibo la misma herencia que Cristo recibe. De hecho, Cristo pasa a ser mi hermano. El mismo Jesús dice o dijo: "No me avergüenzo de llamarlos hermanos." Aun cuando pecas, aun cuando te caes, aun cuando ocasionalmente pecas profundamente, aunque esa vergüenza está sobre mi nombre, no me avergüenzo de llamarte hermano. Ahora, Jesús no es simplemente mi hermano, Él es mi hermano mayor y es mi Hermano Señor. No me puedo olvidar de eso.

Y en cierta manera es bueno recordar cómo ocurría en la antigüedad, porque guarda relación con lo que yo acabo de decir. Cristo es definido como el primogénito entre los muertos después de la resurrección, y en la familia de la antigüedad, sobre todo en la familia hebrea, el primogénito heredaba el liderazgo de la familia entera. El primogénito recibía una doble porción de la herencia con relación a los demás hermanos. De manera que el primogénito tenía primacía sobre los otros, y de esa misma manera, Cristo tiene primacía sobre nosotros, sus hermanos. Él es mi hermano mayor y Él es mi Hermano Señor.

Hay algo que ocurre cuando yo soy salvo que la mayoría de las personas el día de su salvación no se percatan de lo que ocurrió, y la mayoría de los cristianos tampoco reflexionan mucho acerca de esto que voy a decir. Y es que el día que yo soy salvo, al instante, no solamente ya soy exonerado de la condenación eterna, al instante yo paso a ser parte de la familia de Dios por adopción.

Si nosotros entendiéramos lo que eso significa, vamos a tratar de hacer algo acerca de eso. Pero si entendiéramos lo que la adopción como hijo de Dios implica... El día en que yo soy salvo, suponte que yo estoy aquí, paso adelante y es una profesión de fe, fue genuina, Dios me salvó. Si yo entendiera en ese momento: "¡Wow! De ahora en adelante yo soy hijo de Dios por adopción, con todos los beneficios y bendiciones que eso implica", yo me devolvería saltando, brincando. Y el resto de ustedes diría: "Bueno, pero este hombre se volvió medio..." Digo, perdón. Saldría brincando, saltando. Transformaría tu vida totalmente: tu vida de obediencia cambiaría, tu vida de oración cambiaría, tu vida de intimidad cambiaría, tu vida también.

Con eso yo quiero que leamos el pasaje de Gálatas 4 del 1 al 7. Yo he titulado el mensaje: "Cuando tú eres adoptado por Dios y no lo sabías." Cuando tú eres adoptado por Dios y ni siquiera lo sabes. Gálatas 4:1-7: "Digo, pues, mientras el heredero es menor de edad, en nada es diferente del siervo" —con la palabra esclavo, porque es lo que dice el original— "aunque sea el dueño de todo, sino que está bajo guardianes y tutores hasta la edad señalada por el padre. Así también nosotros, mientras éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre bajo las cosas elementales del mundo. Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos." Ahí está. "Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba, Padre! Por tanto, ya no eres esclavo, sino hijo. Y si hijo, también heredero por medio de Dios."

La estructura del texto es simple, hay dos puntos. Y el segundo punto tiene varios acápites, pero en esencia, los versículos 1 al 3 hablan de la condición del hombre bajo la ley. Les son familiar. Y del 4 al 7 es la condición de ese mismo hombre cuando él está en Cristo, con varios acápites diferentes.

Como habíamos dicho anteriormente, la ley sirvió de guía, sirvió como un ayo, sirvió como una nodriza. La ley me decía lo que debía hacer, lo que no debía hacer, cómo debía hacer, cuántos sacrificios al año, en qué ocasión yo debía ofrecer esos sacrificios, por qué un animal y no otro animal, qué incienso podía usar, qué fórmula podía usar, a través de quién podía sacrificar. En caso de cada violación había una penalidad. La ley fue ese guardián. De manera que por eso el apóstol Pablo está usando esta analogía; está diciendo que ese hijo menor tenía un guardián hasta que él creciera a la madurez, y que la ley servía más o menos como eso, porque la ley actuaba precisamente con tantas limitaciones en mi caminar, en mi vida, que yo no tenía libertad.

Y Pablo dice exactamente la misma cosa en el versículo 4: mientras el heredero es ese hijo pequeño, es menor de edad, en nada es diferente del esclavo. No es diferente del esclavo, porque al esclavo se le decía todo lo que debía hacer, cómo debía hacerlo, cuándo lo podía hacer. Y a nosotros, sin el entendimiento de Cristo y su gracia y todo lo demás, la ley nos trataba —recuerda que Pablo la personifica— de la misma manera: la libertad estaba coartada. El heredero es menor de edad, en nada es diferente del esclavo.

Entonces el heredero, que seríamos nosotros bajo la ley, teníamos en título la propiedad de las riquezas, de las promesas futuras, pero no podíamos usarlas. De la misma manera que este hijo menor de edad era el heredero en título, pero no en administración. Su derecho al uso había sido postergado. De hecho, leía esta semana que en algunas familias reales los padres han firmado un documento y han pedido que, si ellos mueren antes de que su hijo alcance la mayoría de edad, que no se le entregue nada de la herencia hasta que no tuviera 25 años. No sé si eso se puede en nuestro país, si fuera el caso, pero en alguno de sus países sí se podía. Entonces nosotros estábamos, al igual que ese niño menor, bajo la guardia de la ley.

Y ese niño estaba bajo guardianes, hasta la fecha que el padre señalara. Versículo 2: sino que estaba bajo guardianes y tutores, hasta la edad señalada por el padre. Así estaban los creyentes del Antiguo Testamento por todas las limitaciones que ya mencioné que la ley le imponía. Ahora, el creyente bajo la ley estaba limitado al igual que el hijo al que nosotros hicimos alusión. Y ese es el entendimiento que Pablo quería pasar en los primeros versículos de este capítulo 4.

El segundo punto del mensaje tiene que ver con el hecho de cuál es nuestra condición en Cristo Jesús. Y entonces, bajo ese punto, por así decirlo, hay varios acápites que tienen que ver con la venida de Jesús, el propósito de su venida, la bendición de su venida y lo que implica ser hijo de Dios en vista de su venida. Vamos a tomar cada uno de ellos por separado.

La venida de Jesús, versículo 4: "Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley." Cristo no vino un día antes, Cristo no vino un día después, Cristo vino justo en el momento preciso.

Cristo vino en el momento en que el pueblo de Israel estaba cansado de la ley. Cientos de años, sacrificios van, sacrificios vienen, la conciencia seguía cargada. Cientos de años: no puedes hacer esto, tienes que hacer aquello, estas son las únicas cosas que puedes hacer, esto es cuándo puedes ayunar, una vez al año, el día de la expiación, no tienes que ayunar ninguna otra ocasión, cuándo vas a ayunar comienza a esta hora, termina a esta hora. El pueblo estaba cansado. El pueblo estaba cansado porque tenía 400 años sin un profeta, tenía 400 años sin nueva revelación. Lo que había era mucha religiosidad, pero nada de relación con Dios.

Por otro lado, Cristo aparece en el momento en que Roma era el imperio gobernante, y Roma había dejado... el poderío de Roma, la gloria de Roma había dejado al hombre también vacío. Pero mientras Roma se desarrollaba, desarrollaron grandes carreteras. Esas grandes carreteras contribuyeron enormemente a la expansión del Evangelio. Al mismo tiempo, Grecia había conquistado a Roma culturalmente. Roma conquistó a Grecia militarmente, Grecia conquistó a Roma culturalmente, y el idioma griego era idioma universal. Así se escribieron los documentos del Nuevo Testamento, la gente lo podía entender, la gente lo podía leer, cuando se leía se lo podían entender. Había un idioma que era como generalizado.

En el momento preciso en que el idioma estaba generalizado, en que las vías de comunicación se habían abierto, en ese mismo momento Cristo viene. En el momento en que la historia secular del imperio romano y la historia religiosa del pueblo hebreo se juntaron, estando Roma sobre el pueblo hebreo, ahí, en esa intersección, en la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo.

La manera de aplicación, mirando nosotros el presente y el futuro: si las carreteras de Roma contribuyeron a expandir el Evangelio, las bandas de Internet de hoy en día sirven de carreteras de mucho mayor amplitud, con mayor velocidad, de manera que nosotros estamos viendo frente a nuestros ojos el cumplimiento de Mateo 24:14: "Y estas buenas nuevas se predicarán a todo el mundo, y entonces vendrá el fin." Es más tarde de lo que tú te imaginas.

Pues en ese momento Dios envió a su Hijo, en el momento en que el pueblo estaba sediento, en el momento en que el pueblo estaba cansado de la ley, en el momento en que el pueblo estaba esperando al Mesías, esperado por cientos de años. Cuando Juan el Bautista aparece, esa es como la primera pregunta que le hacen: "Juan, ¿eres tú el Mesías? ¿Eres tú el profeta? ¿Eres tú la persona que debíamos esperar?" Y Juan dice: "No, no. Detrás de mí viene uno, del que yo no soy digno de desatar sus sandalias."

Pero el texto me dice que en ese momento en que Cristo vino, vino nacido de mujer. Claro que tenía que nacer de mujer, claro, porque Él venía a representar al hombre. Él se encarnó, Dios encarnó y se encarnó como hombre para venir a representar al hombre y sustituir al hombre en la cruz. De manera que esa frase "nacido de mujer" no está ahí de manera poética; está ahí para que yo entienda una realidad de cómo fue y para qué fue su venida.

Y luego me dice que fue nacido bajo la ley. Por igual, eso no es una frase simbólica, es una frase que me permite entender que Él nació bajo la ley, por tanto tenía que cumplir la ley, y el cumplimiento perfecto de la ley fue lo que lo calificó precisamente para que eventualmente Él pudiera ir y ofrecerse en la cruz por el perdón de los pecados. "Nacido de mujer" es el cumplimiento de Génesis 3:15, la simiente de la mujer. Ahí está, en el momento preciso, cientos y cientos de años más tarde. De manera que el apóstol Pablo está ayudándonos a entender no solamente que Cristo vino, sino para qué vino.

Punto número dos, acápite número dos, es el propósito de su venida. Está ahí, versículo 5, no nos hemos salido de él: "a fin de que..." Para eso vino: redimiera a los que estaban bajo la ley. Cuando tú redimes algo, cuando tú redimes algo de una casa de empeño, tú vas y pagas un dinero y lo sacas de ahí, de donde estaba, donde no se podía mover. Bajo la ley, así estábamos tú y yo, así estaba el pueblo hebreo. Y Cristo vino a pagar un precio para sacarme de la esclavitud, vino a redimir a los que estaban bajo la ley. Aquellos que tenían una imposibilidad de cumplir la ley a cabalidad, mas salvar a aquellos que podían ahora poner su fe en Cristo Jesús y por gracia recibir salvación. Su misión fue redimir, rescatar lo que se había perdido.

Número tres, la bendición de su venida. Vimos la venida en el tiempo preciso, la razón de su venida: redimir a los que estaban presos, esclavos bajo la ley. La bendición de su venida está en el versículo 5 todavía, en el mismo versículo: "para que recibiéramos la adopción de hijos." El fin último de la obra de Jesús fue hacerte a ti hijo de Dios.

Esa es la razón por la que Packer habla de que la bendición más alta del Evangelio no es la justificación por la fe, porque Dios pudo haberte justificado y no hacerte hijo. Aceptarte en su reino, recibirte en gloria, permitir que estés ahí por la eternidad, pero no eres heredero, no eres coheredero, no estás unido a Cristo. Pero eso no fue como Él quiso. Dios tuvo un solo Hijo natural, el resto éramos hijos ilegítimos. Y en la eternidad pasada, Dios hizo una elección de tal manera que aquellos que éramos descendientes de Adán y Eva, que fueron sus primeros hijos creados pero que desobedecieron y fueron expulsados y quedaron bajo la ira de Dios y pasaron a ser hijos de ira, Dios decidió que en vez de dejarnos bajo su ira, nos iba a redimir y nos iba a sacar de su ira y nos iba a adoptar como hijos. Es increíble. Cristo vino a redimir a los que estaban bajo la ley para que recibiéramos la adopción de hijos, versículo 5.

El resto del tiempo lo vamos a emplear en desempacar lo que implica ser hijo de Dios. Versículo 6: "Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones." La primera implicación de ser hijo de Dios es que Dios tomó la tercera persona de la Trinidad y la colocó dentro de nosotros. Cuando Cristo vino a entrenar a los discípulos, lo hizo desde afuera. La Trinidad decidió que, llegado el momento, nos iba a dar un mejor entrenador: misma calidad, misma esencia, de la misma altura, misma jerarquía. Mejor en el sentido de dónde lo iba a recibir: no afuera, sino adentro.

Como ya te mencioné, Packer dice que la bendición suprema del Evangelio es la condición de ser hijo de Dios. Entonces, la pregunta que tenemos que hacer a medida que exploramos cuáles son las implicaciones de ser hijo de Dios, es cuáles son esas ventajas, cuáles son las bendiciones extremas que hacen esta adopción, como dijo, la máxima bendición que el Evangelio te puede traer.

Y yo voy a decir que la implicación número uno es precisamente la guía del Espíritu, la morada del Espíritu que ahora comienza a darnos los beneficios necesarios. Como la Palabra interpreta la Palabra, yo me voy a ir a Romanos 8:14 para que tú puedas comenzar a ver. Voy a seguir en el 8:14, 15, 16 y 17, dejando que la Palabra interprete la Palabra. "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios." Si tú eres alguien que está siendo guiado por el Espíritu, entonces tú eres un hijo de Dios. Si tú eres un hijo de Dios, tú estás siendo guiado por el Espíritu.

La pregunta es qué significa eso. Bueno, el académico Douglas Moo dice que ser guiado por el Espíritu no es simplemente que el Espíritu te da discernimiento a la hora de tomar decisiones, sino más bien que tú estás bajo la influencia dominante del Espíritu. No es simplemente la influencia del Espíritu.

Es la influencia dominante del Espíritu. Lo que implica que, como hijo de Dios, tú debieras tener más batallas ganadas que perdidas, porque la influencia es dominante. No es suficiente tener el Espíritu de Dios, o mejor dicho, no es suficiente que tú tengas la morada del Espíritu, sino que el Espíritu tiene que tenernos a nosotros. En términos de la influencia que ejerce, el Espíritu nos fue dado para dar muerte a las obras de la carne. El Espíritu nos fue dado para matar el hombre viejo, el Espíritu nos fue dado para que nos ayude a revestirnos del nuevo hombre y vivir conforme a la nueva vestidura.

De manera que la primera implicación de ser hijos de Dios, que lo leímos de mi texto de hoy, es que Dios nos ha dado el Espíritu de Cristo, el Espíritu de su Hijo, y como consecuencia, entonces, de esa morada del Espíritu, el Espíritu nos guía.

Implicación número dos de la adopción como hijos de Dios: es la libertad de no experimentar el temor de sentirme condenado por la ley, ni tampoco vivir esclavizado por mi pecado, porque a libertad nos llamó Cristo. ¿Dónde está eso, hermanos? Romanos 8:15: "Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor." Ni esclavitud ni temor. Ni la esclavitud del pecado, ni el temor de sufrir las consecuencias del pecado, ni el temor de no saber cómo aproximarme a Dios porque no puedo hacerlo con mucha confianza, ni el temor de vivir continuamente acusado por mi conciencia porque no encuentro perdón de pecado, ni el temor de sentirme acusado por un Dios que es un juez que al final me va a castigar severamente. Ni esclavitud ni temor.

De manera que si tú eres un hijo de Dios, Dios quiere que tú vivas tu condición de hijo y que experimentes libertad del pecado, libertad de las consecuencias, y que al mismo tiempo experimentes libertad del temor. Porque Dios está por ti, Dios está a tu favor, Dios está en control, Dios está adelante de ti, Dios está detrás de ti, Dios está a la derecha de ti, Dios está a la izquierda de ti, Dios está por arriba de ti, Dios está debajo de ti. Como dirían en inglés: "I got you covered." Él te tiene cubierto. Ni esclavitud ni temor.

Implicación número tres de la adopción como hijos de Dios. Hermanos, todavía en el versículo 15, veamos la segunda parte del versículo 15: intimidad con Dios. Esto es vital. Escucha lo que dice Romanos 8:15 en la segunda parte: "Sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!" La clave de ese texto está en "Abba, Padre", porque Abba es un término de confianza, de cariño tierno. Eso no es cualquier cosa. Eso es una fórmula que me invita a mí a acercarme a Dios con tanta confianza, porque voy a encontrar en Dios a alguien que me va a recibir con un cariño tierno.

Y de hecho Dios reveló eso, Dios reveló eso en el Antiguo Testamento aún bajo la era de la ley, porque Dios se está revelando su carácter, cómo él es todo el tiempo desde el principio. Escucha lo que el salmista escribió en el Salmo 103:13-14: "Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen." Escucha ahora: "Porque él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos, de que solo somos polvo."

Wow. El Señor nos ve en nuestras luchas, en nuestro dolor, en nuestros tropiezos, incluso en nuestros pecados con nuestras consecuencias, y en vez de airarse y molestarse, el Señor tiene compasión por nosotros, porque sabe que somos tan frágiles, tan fáciles de engañar, tan arrastrados por el pecado remanente en nosotros, y concluye: es que somos, es que son polvo.

¿En qué religión del mundo tú vas a encontrar un Dios, en qué sistema religioso del mundo entero tú vas a encontrar un Dios que se compadece de sus criaturas como acaba de ser descrito en este solo texto? No existe. No lo hay. No lo hay en el islam, no lo hay en el hinduismo, no lo hay en el budismo, no lo hay en ningún lugar. Solo en este libro encuentro una expresión como esa. De ahí que "Abba, Padre" no es cualquier expresión.

Este es el Dios que solamente sabe dar cosas buenas a sus hijos. No puedes, no debes concluir nunca, no importa dónde te encuentres, no importa cuán profundo sea el valle donde estás o cuán seco sea el desierto donde estás, no debieras concluir nunca ni que Dios es cruel ni que Dios es injusto, porque él no sabe cómo hacer eso con sus hijos.

Escucha lo que él dice en el Sermón del Monte, Mateo 7:11, Cristo hablando: "Pues si ustedes, siendo malos..." Nosotros sabemos que somos malos. Si no lo sabemos, lee Romanos 3 otra vez: "No hay justo, ni siquiera uno. No hay quien haga lo bueno." Salmo 116: "Todos los hombres son mentirosos." Somos malos. "Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?"

¿Cómo se te ocurre pensar de otra manera de mí? Te lo he probado. Te di a mi Hijo, lo clavé en una cruz. Yo dije que los romanos lo clavaron, pero fui yo. Romanos 3:25-26: Dios exhibió públicamente a su Hijo como propiciación para aplacar su ira, de manera que él pueda ser justo y al mismo tiempo el que justifica. Justo en la reivindicación de su ley, y el que justifica: lo voy a justificar matando a mi Hijo, a mi Hijo natural.

De manera que el texto de hoy nos enseña a acercarnos con confianza e intimidad a nuestro Dios. Recuerdo, evidentemente, una de las exposiciones de R.C. Sproul, a la que ya me referí, donde él hablaba de este académico alemán, Joachim Jeremias, que se propuso investigar todas las oraciones dentro de la tradición hebrea para ver con qué frecuencia alguien se atrevía a dirigirse a Dios directamente como Padre. Y no encontró una sola hasta el siglo X de nuestra era. Mil años después que Cristo vino, por primera vez apareció una oración en el contexto de la cultura hebrea donde alguien tuvo la osadía de dirigirse a Dios como Padre.

Y los discípulos vienen donde Cristo y le dicen: "Enséñanos a orar." Cristo dice: "Cuando oren, digan: Padre nuestro." Yo imagino que Pedro, Juan, o sea, alguno de ellos estaba ahí con los ojos cerrados, y oye a Cristo: "Padre nuestro", y como que abrió los ojos y dijo... Quizás, no sé, Pedro el impulsivo quizás miró para el lado y dijo: "¿Y esto?" Y él... Nadie se atrevía a hacer eso.

Y ahora Pablo viene detrás y dice: "Escúchame, esto es como tú debes pensar acerca de tu Padre: ¡Abba, Padre!" El Padre nuestro que está en los cielos, el Padre que es capaz de perdonar nuestros pecados, el Padre que está pendiente de tus carencias para darte el pan de cada día, el Padre que quiere que tú le pidas que él te proteja del enemigo. Eso es parte de lo que implica ser hijo de Dios: que tú tienes un Padre de esa calidad, de esa cercanía, que te hace ese tipo de invitación.

Implicación número cuatro de la adopción como hijos. Todavía en Romanos 8, el versículo 16, venimos bajando: 14, 15, 16. "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios." Yo creo que Dios pensó y dijo: "Mira esta gente, tienden a la incredulidad, y ahorita me van a comenzar a pensar: 'Yo no sé si soy hijo de Dios, yo no sé si pertenezco, yo no sé si yo pertenezco.' De manera que yo voy a poner mi Espíritu dentro de ellos, y una de las funciones de ese Espíritu va a ser que les asegure que ellos son mis hijos."

Y aunque la Palabra no dice cómo eso ocurre, yo creo, junto con algunos académicos, que la mejor manera como el Espíritu de Dios puede testificar a mi espíritu de que yo soy hijo de Dios es por medio de lo que él cultiva. ¿Y qué es eso? El fruto del Espíritu. Cuando yo puedo ver que lo que yo era antes, un árbol sin fruto, ahora yo soy un árbol que tiene fruto del Espíritu, yo debiera concluir: el Espíritu de Dios vive dentro de mí, es porque esto yo no lo puedo producir. Y la ausencia de ese fruto militaría en contra de la morada del Espíritu y, por tanto, de que soy hijo de Dios.

Yo creo que la otra manera como el Espíritu da testimonio a mi espíritu de que soy hijo de Dios es cuando él pone en mí tanto el querer como el hacer. Cuando yo no tengo el querer por algo y comienzo a pedírselo a Dios, y mucho menos el hacer, y el Espíritu que vive en mí comienza a producir en mí el deseo de querer y de hacer.

Yo no tenía el menor deseo de ser pastor. Yo no tenía el menor deseo de regresar a la República Dominicana. Aquí estoy yo siendo pastor y disfrutándolo, y nadie que no sea Dios me devuelve en ningún momento, en ningún lugar, de ninguna manera. Ni me puede dar más gozo que lo que yo estoy disfrutando haciendo lo que estoy haciendo. El Espíritu de Dios está testificando a mi espíritu: "Eso no es de ti. Yo sé lo que era de ti, y sé cómo pensabas, y sé dónde estabas, y sé lo que querías para el Señor." Es tuyo. Yo digo: "No, yo estoy de acuerdo."

Lloyd-Jones dice que una de las maneras como el Espíritu testifica a mi espíritu es por el poder de servir. Y yo diría, con respeto, que el doctor Lloyd-Jones merece que todos lo respetemos enormemente por lo que Dios hizo con él. Yo creo que no es solamente el poder para servir, es cómo servimos.

Déjame leer de este párrafo de la vida de John Wesley. Yo no voy a dar todos los detalles, pero yo conozco los detalles de cómo Dios lo salvó en medio de una tormenta. Él fue a predicar a Carolina del Norte, y de regreso le tomó, le cogió una tormenta en el mar, y él vio unos moravos que estaban orando. Y él estaba terrorizado: "Aquí voy a perecer." Y descubre ahí que no era creyente. Había ido a predicar, a evangelizar, y de regreso, después de evangelizar, descubro: "Pero yo no soy creyente."

Entonces déjame leer este párrafo de Phil Ryken, el presidente de Wheaton College, acerca de esto de John Wesley: "Un buen ejemplo de lo que esto significa en términos del fruto del Espíritu viene de la vida de John Wesley. Antes de que Wesley viniera a los pies de Cristo, era un hombre cristiano, era un hombre, o era un mejor cristiano que muchos creyentes, por lo menos en lo que tenía que ver con su conducta externa."

En otras palabras, si tú examinabas la conducta de John Wesley, él vivía mejor que muchos cristianos verdaderos. Antes de conocer a Cristo, durante sus días en Oxford él ayudó a establecer un grupo que se llamaba "The Holy Club", o el Club Santo. Los estudiantes del club iban a la iglesia, estudiaban sus Biblias, ayunaban y oraban. Ellos solían visitar las cárceles y los asilos para evangelizar. Ellos proveían comida, ropa y educación para los niños pobres de la ciudad, y sin embargo ellos eran huérfanos espirituales, bajo esclavitud, escucha, de religiosidad. No fue hasta años más tarde que Wesley finalmente puso su confianza en Cristo solamente para salvación. Esa fue la historia que te conté.

Mientras él contemplaba todo lo que él había hecho para Dios anteriormente, antes de servir a Cristo, él se puso a pensar: "Antes de mi conversión, pero yo estaba sirviendo a Dios, ¿y qué fue lo que pasó antes de eso?" Entonces él escribió cuando lo meditó: "Para ese entonces yo tenía la fe de un esclavo, pero no la de un hijo." ¿Notas la diferencia? Él tenía una fe, pero no tenía una fe de hijo. La fe de un hijo con una buena relación con su padre es extraordinaria. Es como que su padre es más grande que la vida.

Yo recuerdo, estando pequeño, tratando de cruzar con mi padre a nado el río Masipedro que estaba crecido, y él cruzó conmigo agarrado de la mano. No creo que fue una buena idea, pero lo hizo. Pero para mí yo no tenía miedo. Yo estaba seguro que si mi padre estaba cruzando el río, nada me iba a pasar. Retrospectivamente, ahora que soy adulto, creo que nos pudo haber llevado a los dos. Pero en mi mente, no, yo estaba seguro. Mi papá estaba ahí.

Si eso es un padre terrenal con limitaciones enormes, que es solamente polvo, te imaginas la seguridad que yo debo sentir cuando mi Padre celestial me da la garantía de que está por mí, de que está delante de mí, de que Él es mi refugio, de que Él es mi fortaleza, de que Él está conmigo, que no importa quién me abandone. Aun si es mi padre y mi madre me abandonan, Él va a estar ahí conmigo. Imagina lo que eso debiera hacer para mí.

Implicación número cinco de la adopción como hijos de Dios, todavía en Romanos 8, versículo 16: la adopción garantiza nuestra herencia, dice Romanos 8:16, literalmente hablando. Mira cómo Pablo lo dice en este texto de Gálatas que estamos analizando: "Y si somos hijos," versículo 7, "somos también herederos. Herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él, a fin de que también seamos glorificados con Él." "Por tanto, ya no eres siervo, ya no eres esclavo, sino hijo. Y si hijo, también heredero por medio de Dios."

En este versículo el apóstol Pablo está enfatizando que si tú eres un hijo de Dios, tú eres heredero de Dios y coheredero con Cristo. Que ya no eres esclavo, sino hijo. Y si eres hijo, también heredero por medio de Dios.

Ahora, la pregunta es: ¿Qué movió a un Dios tres veces Santo a quitarle la vida a su único Hijo natural para ir en búsqueda de hijos ilegítimos que no querían saber de Él, que eran rebeldes, que violaban su ley, que eran enemigos de Él? ¿Qué movió a ese Padre, Santo, Santo, Santo, a quitarle la vida a su único Hijo unigénito para que estos rebeldes enemigos de Él llegaran a ser hijos adoptados?

¿Cómo la Palabra interpreta la Palabra? Yo te voy a leer un texto que leímos la semana pasada y recordarte lo que el texto significa. Primera de Juan 3:1: "Miren cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios, y eso somos." Yo te mencioné que la frase "cuán gran" es como imposible de traducir a nuestros idiomas, pero es la palabra en griego "potapós", que literalmente significa "de qué país, de qué región." Es como que Juan está diciendo: "Miren un amor que no tiene ni país ni región, no tiene origen, tú no puedes encontrar en ningún lugar. Miren qué tipo de amor con el que Dios nos ha amado, que no se puede encontrar en ningún sitio que no sea en Él, es un amor fuera de serie." Ese es el amor que me ha hecho hijo de Dios, y eso somos. Eso es Primera de Juan 3:1.

Ahora, ¿qué hace el amor de Dios fuera de serie? ¿Por qué es la causa de mi adopción? Estamos tratando, Pablo está tratando de ayudar a entender mis privilegios y mis beneficios de ser hijo de Dios, pero yo tengo que entender lo mejor que yo pueda cuál es ese beneficio, de manera que yo pueda responder a la adopción adecuadamente a la hora de vivir. Entonces, ¿qué fue? ¿O qué es lo que hace el amor de Dios fuera de serie?

Número uno: es un amor eterno. Jeremías 31:3: "Con amor eterno te he amado." ¿Cómo con amor eterno? Sí, en la eternidad pasada. Antes, miles y miles de años antes de que tú nacieras, yo te vi en mi mente y te amé. Y también tan especialmente que sabía que ibas a ser enemigo mío, y en tu estado de enemistad te escogí. Y llegó el tiempo y naciste, y efectivamente eras mi enemigo, pero como te había elegido, te llamé. En su amor eterno, Él prometió esperanza de vida eterna desde antes de la fundación del mundo, Tito 1:2. En la eternidad pasada Dios me prometió a mí que me iba a dar esperanza de vida eterna, y resulta que Él consiguió un plan para encontrarse contigo. Él consiguió un plan para encontrarse con su enemigo y traerlo a Él dentro de su familia. Y luego lo haría inmolando a su Hijo a favor tuyo y mío.

Por eso es que 2 Timoteo 1:9 dice que Dios Padre nos dio su gracia en Cristo Jesús desde la eternidad. ¿Cómo que nos dio su gracia en Cristo Jesús desde la eternidad? Ni siquiera éramos. ¿Sí? Nos dio su gracia en la elección. En Cristo Jesús, una elección es en Cristo desde la eternidad pasada.

En segundo lugar, su amor no solamente es eterno, es inmutable, desde la eternidad hasta la eternidad. Dios nos ha amado de la misma forma antes de nacer y después de nacer. Dios nos ha amado de la misma forma antes de mi conversión y después de mi conversión. Dios amó a Pedro antes de que lo negara de la misma forma que lo amó después que lo negara. ¿Tú puedes creer eso? Dios nos ha amado, nos va a amar de la misma forma antes de yo morir y después que yo muera.

Su amor es tan constante y no cambiante, tan inmutable, que cuando Dios me disciplina, Él me dice: "Hijo, recíbelo bien, que es mi amor." Hebreos 12:8: "Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no verdaderos." Si no recibes disciplina, tú debes concluir que tú no eres hijo mío. Si te dejo ir, si te dejo que hagas lo que quieras, en buen dominicano, si te suelto en banda, concluye que no eres mi hijo. Pero si te disciplino, debes concluir que yo te amo como tú eres, pero te amo tanto para no dejarte como tú eres. Es mi amor en acción tu disciplina.

El amor de Dios no solamente es eterno, no solamente es inmutable, es un amor sacrificial. Él clavó a su Hijo brutalmente y vilmente en la cruz por enemigos, Romanos 5 dice, por enemigos de Él. Déjame hacerte una pregunta, y trata de pensarlo como si verdaderamente estuviera ocurriendo. ¿Tú estarías dispuesto? Algunos de ustedes tienen un hijo, otros tres, cuatro, pero suponte que tengas uno solo. Darían lo mismo si tuvieran cinco lo que voy a preguntar. Ponte más que antes que es uno solo el que tiene. ¿Lo harías tú? A ese hijo, ¿lo entregarías para que lo mataran por una persona desconocida? Claro, si me muevo, ¿tú lo darías por un amigo? Déjame hacerte una pregunta: ¿Tú lo darías por un amigo que no quiere saber de ti?

Como decía el pastor Idígoras, creo que él murió, pero hablando de ese concepto: "Si yo tengo un nietecito de cuatro años, y ese nietecito es el amor de mi vida, y si alguien me preguntara que diera mi nieto para salvar a alguien y no se condene, yo le voy a decir: él se va a ir directo al infierno y yo no voy a dar a mi nieto." Pero Dios vio a gente criminales, ladrones en una cruz que estaban maldiciendo su nombre, a gente que no quería saber de Él, fornicarios, homosexuales en Corintios, ladrones. Y dijo: "A esos yo los quiero limpiar. Y lo único que los puede limpiar es la sangre de mi Hijo. Y yo y mi Hijo nos hemos puesto de acuerdo. Yo lo voy a entregar y Él se va a sacrificar, porque nosotros queremos hacer de enemigos, hijos." Eso fue lo que ocurrió, literalmente hablando.

En una ocasión Abraham Lincoln, entonces presidente, uno de sus generales le dice que algunos hombres que él estaba usando eran sus enemigos. Y él entonces le dice: "Yo a mi enemigo no lo pongo en puesto de posición como usted está haciendo, demando. Yo destruyo a mis enemigos." Y Lincoln le dice: "Pero si yo hago a mis enemigos mis amigos, ¿no he destruido al enemigo?" Si Dios toma al rebelde y lo limpia y lo redime y lo hace su hijo, ¿no destruyó al rebelde? Ese es el amor de Dios. Pagó un precio enorme por la vida tuya para hacerte parte de su familia.

El amor de Dios es eterno, es inmutable, es sacrificial, es un amor fiel. Segunda de Timoteo 2:13: "Si nosotros somos infieles, Él permanece fiel." Sin cesar. O sea, tú te portas de manera infiel, y yo te digo de antemano, de anuncio: "No, si tú me eres infiel mañana, yo voy a permanecer fiel." Eso es como una invitación a que seas infiel. Pues si tú vas a seguir igual, Dios te dice: "No, tú puedes cambiar todo lo que tú quieras y portarte como infiel. Yo estoy diciendo, antes de que se te pudiera ocurrir, que yo voy a permanecer fiel." ¿De qué país, de qué región? Donde lo vas a encontrar, en ningún lugar. En ningún lugar. Nosotros por naturaleza somos personas infieles. Y Dios dice: "Yo sé, y yo por naturaleza soy una persona fiel."

Ahora, Dios pudo habernos dado salvación sin hacernos hijos, pero Dios no iba a estar contento con eso. Dios pudo haber dicho al hombre: "Mira, yo te voy a dar salvación. Y como quiera, mi gracia va a tener que operar, pero tú vas a tener que colaborar con algo. De manera que dime a ver con qué tú vas a colaborar." Y quizás tú lo hubieras hecho: "Bueno, Señor, yo te voy a dar todas mis obras." Y Dios te dice: "Bueno, trata otra vez, porque tus obras son como trapo de inmundicia."

Bueno, Señor, mira, yo tengo mucho dinero. Quizás tiene lo que tiene el que leía ayer, el dueño de los carros Tesla, 273 mil millones de dólares. Alguien hizo el cálculo de que si alguien iba a ganarse un millón de dólares semanales desde el reinado de Saúl hasta el día de hoy. Te voy a dar mis finanzas, y Dios probablemente te diga: "No, trata otra vez, porque te voy a mostrar cuán pecaminosamente las ganaste."

Te voy a ofrecer mis dones y talentos. No es suficiente, porque eso te lo di yo. Te voy a ofrecer la vida de mis hijos, voy a hacer como tú, ofrecer tu hijo, te voy a dar la vida de mis hijos. Es que ya yo examinaré a tus hijos y te voy a enseñar lo pecaminosamente que ellos viven. Sí, sigue tratando. Bueno, te voy a ofrecer un camino de obediencia. Es que ya vi tu vida de desobediencia. Te voy a dar mi amor y mi humildad. Es que tu amor es tan imperfecto, tan egocéntrico, y lo que tú llamas humildad, desde aquí arriba se ve como puro orgullo.

Te puedo dar la larga lista de pecados, te dice, pero sabes que yo sigo fiel. Yo sigo, mi amor sigue inmutable. Desde la eternidad, lo que se entiende la eternidad antes de crearte, y ahora que tú has transitado por esos caminos, quiero que sepas que te sigo amando igual.

Creo que este autor de este himno, algunos de ustedes lo conocen en español, lo conocen en inglés, lo escribió en inglés, Frederick Lehman, "The Love of God", algunas estrofas: Si el cielo o el firmamento fuera un pergamino, y si en vez de agua el mar fuera tinta, si cada palito de la tierra fuera un lapicero y cada hombre un escriba para escribir de su amor, se secaría el mar de tinta y el pergamino no pudiera contener las palabras que describen el amor de Dios, aun si ese pergamino se extendiera de un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo.

Si quieres hablar del amor de Dios, si quieres escribir el amor de Dios, extiende un pergamino a lo largo de todo el firmamento. Usa el mar como tinta. Toma cada palito, cada rama de la creación y úsalo de lapicero, y busca cada hombre y úsalo de escriba. Y por lo escribir, primero se acaba la tinta del mar que el amor de Dios. Es infinito, es incomprensible, es ilimitado.

Hermanos, yo no creo que nosotros tenemos la más mínima idea de lo que implica ser hijo de Dios. Yo creo que eso es como una frase bonita. Yo creo que pensamos que eso es como: "Wow, qué bueno, sí, que Dios nos hizo coherederos con Cristo." Pero yo no creo que nosotros entendemos el privilegio que implica ser parte de la familia de Dios como la Palabra de Dios está tratando de describir la adopción que Dios nos ha dado.

Yo creo que esa es la razón por la que Pablo, cuando les escribió a los efesios en el uno dieciocho, te lo voy a leer de la Nueva Traducción Viviente, dice: "Pido que Dios les inunde de luz el corazón para que puedan entender la esperanza segura que él ha dado a los que llamó, es decir, a su pueblo santo, quienes son su rica y gloriosa herencia."

Yo no creo que nosotros tenemos la idea de lo gloriosa que es esa herencia, de lo rica que es esa herencia, cuando tú consideras el estatus de hijo coheredero con el Unigénito de Dios. Es una herencia rica, gloriosa, impresionante, indescriptible. ¿Y tú me vas a comparar eso con lo que nosotros podemos conseguir, acumular, comprar en la tierra? ¿En serio? ¿En serio? ¿La fama o las cosas de este mundo, me vas a comparar eso con las riquezas en gloria? Cosas que tú no puedes, ni yo puedo, ni la mente entera puede imaginar lo que eso será, lo que eso implica. Que cuando Dios diga: "Mira, hijo, todas estas riquezas en gloria son tuyas", que yo esté al lado y pudiera decir: "Wow, mías también."

Pedro escribe en su primera carta en uno, cuatro, dice que esas riquezas son incorruptibles. Todo lo que está aquí abajo se va a corromper. Inmaculada, no cambia, y que están guardadas para que no se marchiten. Tú no conoces la manera como el libro, la carta a los Gálatas, ha sacudido mi vida, para yo poder saborear de mucho mejor manera lo que Dios me ha dado en Cristo Jesús.

Por eso es que yo estoy convencido hoy: en esta guerra espiritual, una de las estrategias de Satanás es precisamente bombardearte con ideas que contradicen tu situación o tu posición como hijo de Dios. Porque si tú verdaderamente entendieras y vivieras conforme a lo que implica ser parte de la familia de Dios como hijo, Satanás ni siquiera tuviera el menor chance de influenciarte. El efecto de eso en ti sería tal que Satanás ni siquiera pudiera acercarse a una pulgada de distancia.

Pero como él sabe que si él puede poner en duda tu posición como hijo y tus bendiciones como hijo, él no solamente puede acercarse, él puede dominarte. Y es por eso que continuamente bombardea tu mente con cosas como: "No eras hijo de Dios, no vale la pena, olvídate, ya tú perdiste la salvación, tú no tienes esperanza." Fíjate, Pedro lo negó una vez, dos veces, tres veces. No, Pedro, olvídate de eso, tú eras historia. Yo no merezco las cosas que Dios ha ofrecido para sus hijos. No, ya Dios no me ama igual. Yo creo que él me amaba mucho, pero mira, yo hice tal cosa y ya no me ama igual. Es más, Satanás nos convence incluso que yo no merezco estar en la iglesia con los otros hijos de él, yo tengo que quedarme afuera.

Y ciertamente nadie merece la bendición de Dios, ser hijo de Dios, absolutamente nada, porque se originan en la gracia de Dios y en el amor de Dios. Pero, hermano, yo quiero animarte hoy. Quiero que salgas de este lugar pensando: yo no soy lo que Satanás dice que yo soy, yo no soy lo que otros dicen que yo soy, yo no soy lo que mis sentimientos dicen que yo soy, yo no soy lo que mis emociones dicen que yo soy, yo no soy lo que mis logros dicen que yo soy, yo no soy lo que mis fracasos o tropiezos dicen que yo soy, yo no soy lo que mis datos económicos dicen que yo soy, yo no soy lo que el mundo dice que yo soy.

¿Tú sabes qué yo soy? Yo soy lo que Dios dice que yo soy. Eso soy yo, nada más, nada menos. Y Dios ha dicho que yo soy su hijo en Cristo Jesús, y esa es mi condición. No importa lo que Satanás piense, no importa lo que yo piense, no importa lo que el otro piense. Yo soy lo que Dios dice que yo soy, y Dios ha dicho que yo soy su hijo. Ha puesto su Espíritu a morar en mí para que me dé testimonio. Yo soy todo lo que yo soy, exactamente lo que él me hizo: un hijo de Dios comprado a precio de sangre.

Sal de este lugar y vive conforme a lo que implica ser uno de los suyos, de manera que si él es el Rey, tú puedes caminar como un príncipe. No de gloria terrenal, sino como un príncipe que exhibe el carácter del Rey que te hizo su hijo y te adoptó a precio de sangre. Vive lo que eres: del linaje escogido, como real sacerdocio y como nación santa. Tú eres hijo del gran Dios.

Gracias, Padre, y gracias porque tu Palabra está repleta de afirmaciones acerca de lo que yo soy. Tu Palabra está repleta de cómo tú lograste que yo llegara a ser lo que soy. Tu Palabra está repleta de la garantía de lo que yo soy hoy, continuaré siendo por el resto de la eternidad. Gracias por recordarme que mi infidelidad no borra, no cambia, no altera, no diluye tu fidelidad. Padre, gracias por tener un amor obstinado, en el buen sentido, por los tuyos. Ayúdame a ser tan obstinado para contigo y tu causa y tu nombre como tú lo eres para conmigo. Gracias por amarme como me amas. Desde la eternidad hasta la eternidad, Tú eres Dios. En Cristo Jesús, amén.

Gracias por acceder a este recurso. Espero que haya sido de gran bendición para tu vida. Te sugiero que te suscribas a este canal de forma que tú puedas recibir notificación la próxima vez que hayamos subido un nuevo recurso que pueda servirte de instrucción y bendición.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.