Integridad y Sabiduria
Sermones

Encuentro del pueblo con su Palabra

Miguel Núñez 14 junio, 2009

La renovación espiritual de un pueblo comienza cuando este se reúne como un solo hombre para escuchar la Palabra de Dios. Eso es precisamente lo que ocurrió cuando Esdras, el sacerdote y escriba, abrió el libro de la ley frente a la multitud reunida en la plaza de Jerusalén. El pueblo se puso de pie durante seis horas mientras la Palabra era leída, traducida del hebreo al arameo y explicada por los levitas para que todos pudieran entenderla. Este pueblo, que había regresado del exilio babilónico tras setenta años de cautiverio, finalmente tenía hambre por la Palabra, un hambre que solo la humillación y el desierto espiritual habían podido despertar en ellos.

Antes de poder gozarse en las fiestas santas, el pueblo necesitaba llorar su pecado. Y eso fue exactamente lo que sucedió: cuando la Palabra comenzó a iluminar los rincones oscuros de sus vidas, no pudieron contener las lágrimas. Los levitas les decían que no lloraran, que era día de celebración, pero la realidad es que antes de experimentar el gozo del Señor, hay que enterrar el yo. Como ilustra el pastor Núñez, uno mismo debe matar ese yo, llevarlo al cementerio, enterrarlo y dejarlo abandonado allí. Solo entonces, cuando el orgullo ha sido quebrantado y el corazón ablandado por la Palabra, puede venir el verdadero avivamiento: exposición a la verdad, arrepentimiento genuino y renovación del pacto con Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mi familia, Israel, pasté.

Yo no voy a leer Nehemías 7, que es el capítulo que normalmente no hubiese tocado cubrir, pero sí lo voy a usar por lo menos alguna porción del capítulo de manera introductoria para lo que es el capítulo 8. Y es que el capítulo 7 continúa una larga lista de genealogías que no vamos a estar cubriendo en el día de hoy. Yo voy a estar leyendo a partir del versículo 1 de este capítulo 8.

Nehemías 8: "Se reunió todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y pidieron al escriba Esdras que trajera el libro de la satisfacción que el Señor había dado a Israel. Entonces el sacerdote Esdras trajo la satisfacción delante de la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían entender lo que oían. Era el primer día del mes séptimo, y leyó en el libro frente a la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, desde la mañana hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender. Y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley."

"El escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que habían hecho para esta ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías; y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. Y abrió Esdras el libro a la vista de todo el pueblo, pues él estaba más alto que todo el pueblo. Y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. Entonces Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo respondió: '¡Amén, amén!', mientras alzaban las manos. Después se postraron y adoraron al Señor rostro en tierra."

"También Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Quelita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaías y los levitas explicaban la Ley al pueblo mientras el pueblo permanecía en su lugar. Y leyeron el libro de la Ley de Dios, traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura."

"Entonces Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: 'Este día es santo para el Señor vuestro Dios. No os entristezcáis ni lloréis', porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley. También les dijo: 'Id, comed de la grosura, bebed de lo dulce, y mandad raciones a los que no tienen nada preparado, porque este día es santo para nuestro Señor. No os entristezcáis, porque la alegría del Señor es vuestra fortaleza.' Los levitas calmaron a todo el pueblo diciendo: 'Callad, porque el día es santo. No os entristezcáis.' Y todo el pueblo se fue a comer, a beber, a mandar porciones y a celebrar una gran fiesta, porque comprendieron las palabras que les habían enseñado."

"Al segundo día, los jefes de casas paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto al escriba Esdras para entender las palabras de la Ley. Y encontraron escrito en la Ley que el Señor había mandado por medio de Moisés que los hijos de Israel habitaran en tabernáculos durante la fiesta del mes séptimo."

Padre, gracias te damos nueva vez por la historia de tu redención plasmada en tu Palabra, por la manera que la escribiste a través de hombres y mujeres que dejaron su vida y su legado plasmado en esa Palabra. Te pedimos que tú seas con nosotros hoy, que tú seas el maestro, que nosotros seamos todos tus discípulos, que tu Espíritu sea el instrumento por medio del cual tú puedas hablarnos, que tu Palabra sea la revelación que ha de impresionarnos, Dios. Dótanos a tu siervo con sabiduría y entendimiento en tus estatutos, para que aquello plasmado hace miles de años atrás tenga vigencia en nuestros días. En tu nombre, Jesús. Amén.

En el capítulo 6, o hasta el capítulo 6 yo debería decir, nosotros encontramos a Nehemías enfocado en la construcción o la reconstrucción de las murallas. En esos seis capítulos nosotros vemos, o vimos, a un líder en su relación con su Dios, un líder que cuando se refería a su Dios hablaba del Dios grande y temible, el Dios que guardaba el pacto y la misericordia con aquellos que le aman y guardan sus mandamientos, un líder en una íntima relación con el Dios que dirigía su vida.

Nosotros vimos también la manera en cómo este líder supo manejar la oposición, una oposición que era muy continua, muy obstinada, muy recurrente. Y cómo él no solamente tuvo que enfrentar eso, sino que también tuvo que enfrentar injusticias sociales dentro del pueblo, la usura, como estuvimos viendo en mensajes anteriores. Y un líder que tenía una enorme sensibilidad hacia los necesitados, algo que nosotros vimos hoy en el texto una vez más cuando él daba ordenanzas de que se guardaran, se enviaran porciones, raciones para aquellos que no tenían nada, que no habían preparado nada.

Pero ahora hay algunos aspectos de la vida de Nehemías que yo quisiera resaltar y que nos siguen sirviendo de ejemplo a nosotros para el día de hoy. Yo quiero usar un par de porciones o un par de pasajes o de versículos del capítulo 7, el anterior a este, para introducirlo de tal manera que no pasemos por alto algunas cosas que creo importante enfatizar en esta mañana.

Al principio del capítulo 7, en el versículo 2, nosotros leemos las próximas o las siguientes palabras: "Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Hanani y a Hananías, jefe de la fortaleza, porque este era un hombre fiel y temeroso de Dios más que muchos." Nosotros vemos ahora un líder que ha comenzado a delegar funciones, y en esta ocasión él ha delegado el control, la administración de la ciudad de Jerusalén a este a quien él llama "mi hermano", probablemente no en términos de su consanguinidad, sino simplemente en términos de la relación estrecha que guardaba con Hananías.

Pero la razón por la que Nehemías escoge a este Hananías es precisamente por algo que el texto nos deja ver, y es que era un hombre fiel y temeroso de Dios más que muchos. Cuando se habla de alguien que es temeroso de Dios, está hablando de alguien que es reverente, que tiene respeto hacia el nombre de Dios, hacia la causa, hacia su verdad. Alguien que tiene reverencia de una manera especial, y en este caso mucho más que muchos otros. Y esa es la razón de su elección.

En el Nuevo Testamento, Pablo le habla a Timoteo y le dice que él debiera pasar las enseñanzas que recibió de Pablo a hombres idóneos, hombres que pudieran tener un buen testimonio, que pudieran representar la causa bien. Y una y otra vez llama la atención en la Palabra de Dios el énfasis que Dios hace cuando va a elegir a alguien, no tanto en lo que es su propia preparación académica, aunque yo creo que eso es importante a la hora de exponer la Palabra de Dios, sino más bien en lo que es la formación de su carácter. Cuando se habla de los ancianos, todas y cada una de las características tienen que ver con su carácter.

Y en este caso, la elección de Hananías tiene que ver también con su carácter y en especial con la relación que él guardaba con su Dios. Él era considerado un hombre fiel y temeroso, y nueva vez, o nuevamente, nosotros vemos cómo Dios elige para servirle a aquellos que se han entregado, consagrados de una manera especial a su causa. Y muchas veces la única razón, decíamos en el retiro a los hombres, por la que Dios todavía no acaba de usarme es la falta de santificación que mi vida todavía exhibe. Y en este caso, Hananías ha sido puesto a servir basado precisamente en su vida de santificación; él era un hombre fiel y temeroso de Dios.

En el caso de Nehemías, que nosotros comenzamos a ver cómo él comienza a delegar funciones, decíamos que Nehemías observa o sigue un patrón que todo líder debe seguir, y es la delegación de funciones que o él no las puede hacer o otros las pueden hacer mucho mejor que él. Tenemos que entender lo que son nuestros llamados, nuestros dones y talentos, y que muchas veces lo que impide que ese líder delegue funciones es su propio ego, su propio orgullo: el querer llevarse los créditos solamente él, o querer que a la hora cuando todo se ha dicho y hecho, que realmente él termine con todo el crédito posible. Y que por tanto muchas ocasiones ese líder con un gran ego no se atreve, no quiere delegar las funciones.

Por el miedo, precisamente, por la inseguridad, que es otra de las causas de que esta delegación no ocurra: la inseguridad de que alguien pueda reemplazarlo, de que alguien pueda lucir mejor que él, de que alguien pueda hacer el trabajo de una manera superior y que entonces él quede relegado. Y lamentablemente ninguna de esas cosas son cosas piadosas ni cosas que Dios pudiera aprobar en lo más mínimo. En otras ocasiones es el temperamento rígido, inflexible de ese líder, que necesita que todo se haga a su manera, en su forma, con sus colores, a su estatura, y eso impide entonces que otros puedan enriquecer la visión con sus dones, talentos y creatividad que Dios les ha dado.

Pero tú no encuentras eso en Nehemías. Tú encuentras en Nehemías un gobernador que sabe que, terminada su función de restaurar las murallas, él está organizando algo más, pero él ha comenzado a delegar esas funciones. Y la administración de la ciudad de Jerusalén ha quedado delegada, como quedará delegada otra función más, como la vamos a ver en un momento.

Pero lo próximo que leemos en el capítulo 7 del libro de Nehemías es esto, a partir del versículo 5: "Entonces mi Dios puso en mi corazón reunir a los nobles, a los oficiales y al pueblo para que fueran inscritos por genealogías. Y encontré el libro de la genealogía de los que habían subido primero, y allí encontré escrito en él..."

Estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, aquellos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado cautivos y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad. Los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum y Baana. El número de hombres del pueblo de Israel, etcétera, etcétera. Nehemías está haciendo ahora un censo por genealogía para determinar quiénes son los hijos de Israel, de dónde proceden. Y en el contexto hebreo eso era importante porque, al fin de cuentas, solamente los levitas y aquellos descendientes de la tribu de Leví precisamente podían servir en el templo.

Este censo que aparece en este lugar es prácticamente idéntico al censo que nosotros leímos en Esdras capítulo 2, que Zorobabel hizo hace noventa a cien años atrás, antes de salir de Babilonia para Jerusalén, para saber precisamente quiénes iban con él. Y ahora hay un segundo censo que es muy similar y que pudo haberse corregido en algún momento, y quizás eso explica las diferencias entre uno y otro.

Pero la razón por la que yo menciono esto, aparte de que si Dios tiene este censo y esta genealogía enlistada es porque alguna importancia Dios habrá encontrado, pero la razón por la que yo quise mencionar este hecho es que el texto comienza diciendo: "Entonces mi Dios puso en mi corazón". No es lo mismo hacer un censo y hacer un censo. Y usted podrá estar pensando qué es lo que quiere decir, como ese trabalenguas. Bueno, tú tienes a Nehemías haciendo un censo que Dios puso en su corazón, y en Primera de Crónicas 21 tú tienes a David haciendo otro censo que Dios no puso en su corazón, que Satanás incitó a David a hacerlo, y que terminó precisamente con setenta mil muertes como causa del juicio de Dios. Contra un censo que David hizo cuando este no encontró la aprobación de Dios, porque no fue iniciado por Dios.

Y es importante que nosotros recordemos que no hay ninguna actividad, no importa si es estadística, matemática, censal, que no tenga importancia para Dios. Dios quiere, Dios se entiende que si Él es quien nos guía, quien nos dirige, entonces todas nuestras actividades debieran estar dirigidas por Él y solamente por Él, y motivadas por Él. David actuó conforme a su propia carne. David quiso censar al pueblo para confiar precisamente en cuántos soldados tenía, y Dios se airó contra David. Este censo no fue hecho de la misma manera.

Entonces, "mi Dios". Escucha cómo Nehemías se dirige a Dios. No le habla "entonces Dios", sino "entonces mi Dios", de una manera muy íntima, muy personal, que revela precisamente la relación que él guardaba, que él mantenía, que él había cultivado con su Dios.

Organizado el pueblo, restauradas las murallas, ya estamos más seguros aquí dentro, preservado incluso el templo y preservadas las genealogías, él comienza ahora a encontrar o a producir un encuentro del pueblo con la Palabra de Dios, ayudado por el sacerdote y escriba, ¡Esdras! Lo que tú tienes ahora entonces en el capítulo 8 que leímos es la lectura de la Palabra. En el capítulo 9 tú tienes un arrepentimiento como resultado de la lectura de la Palabra. En el capítulo siguiente, en el capítulo 11, tú encuentras una renovación del pacto de Dios para con ellos.

La renovación del pacto se debe al hecho de que Dios no hace pactos nuevos con nosotros. Dios hizo un pacto y Él es fiel a él. Sin embargo, cuando ese pueblo se desenfrena, cuando ese pueblo se desvía, Dios toma su pacto, lo pone, como se dice en inglés, "on hold", en suspenso, detiene sus bendiciones sobre nosotros. Y entonces, cuando hay un arrepentimiento de parte nuestra, Él vuelve a reanudar sus bendiciones hacia nosotros.

Y en este caso, Dios había suspendido sus bendiciones por setenta años durante el tiempo de la cautividad en Babilonia. El pueblo ahora regresa, el pueblo tenía setenta años, había aprendido otro idioma, el idioma arameo, que es el que traen. Muchos de ellos ni siquiera habían leído la Palabra de Dios porque estaba en hebreo, nunca habían sido expuestos. Ahora ellos vienen y son confrontados con la Palabra de Dios, el pueblo se arrepiente, hay una renovación del pacto de Dios, y las bendiciones vuelven a llover sobre ellos.

El texto de Nehemías 8:2 nos dice que él hizo esto en el séptimo mes del calendario. En el calendario judío eso corresponde al mes de Tishrei, y eso es en nuestro calendario más o menos entre septiembre y octubre, el mes más religioso del calendario hebreo. El primer día del mes es la fiesta de Rosh Hashaná, lo que los norteamericanos pronuncian como "Rosh Hashaná". Es la fiesta de las trompetas, el día que iniciaba el año civil, el año eclesiástico, donde con trompetas se anunciaba el comienzo del nuevo año, y es el primer día de celebración.

El día 10, la expiación, Yom Kipur, el día en que el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo y ofrecía sacrificio por todos los pecados del pueblo. Y del día 15 al 22, entonces la fiesta de los tabernáculos, donde el pueblo vivía en pequeños tabernáculos, en chozas afuera de sus casas por siete días, recordando cómo Dios les sostuvo durante los 40 años en el desierto. Y es en este mes cuando todas estas fiestas se están reanudando.

De hecho, el final del capítulo 8 que yo no leí dice que el gozo y la celebración durante la fiesta de los tabernáculos fue tal que el pueblo no recuerda haberlo celebrado de la misma manera desde los tiempos de Josué. Y después de Josué pasaron muchos años: 350 años solamente de jueces, y luego el reinado de Saúl, David, Salomón; del reino dividido, 22 reyes circularon por el reino del norte, 22 reyes circularon por el reino del sur. Y desde la época de Josué el pueblo no recordaba haber celebrado los tabernáculos con tanto gozo como en esta ocasión.

Claro, había una renovación, había un avivamiento de parte de Dios que estaba siendo traído al pueblo, pero estaba siendo traído a través del trabajo mancomunado, en equipo si tú quieres, de Esdras, Nehemías, los levitas, y todos ellos juntos trabajando en equipo pudieron ver la renovación del pueblo.

Pero ese trabajo en equipo que Nehemías está realizando requiere en primer lugar que sea hecho bajo la dirección de Dios. Cuando Dios no está dirigiendo el trabajo, el trabajo no puede salir bien, el trabajo no va a ir en la dirección en que Dios quiere, el trabajo no le va a dar la gloria a Dios, y al contrario, muchas veces lo que va a realizar es traer muchas consecuencias sobre el pueblo.

El trabajo en equipo requiere un entendimiento de lo que es el llamado. Nehemías es el gobernador, él no es el sacerdote. Esdras es el sacerdote, Esdras es el encargado de leer la ley al pueblo, es la cabeza de los levitas en este momento, encargado de explicarle la ley al pueblo. Requiere el trabajo en equipo un entendimiento de los dones y talentos de cada persona, de tal manera que cada uno de nosotros pueda funcionar en el área de mayor efectividad conforme a su llamado, dones y talentos.

Yo compartí esta mañana que hay cosas que ya yo no estoy haciendo en la iglesia porque entiendo que hay personas que lo hacen mucho mejor que yo. Yo lo hice en una ocasión, pero si ya hay otros que lo pueden hacer mejor, pues yo debo seguirme moviendo en la dirección donde Dios más me pueda usar, más eficientemente me pueda usar conforme a mi llamado, dones y talentos. Y que cuando alguien es escogido para ejercer una función, en vez de preguntarnos "¿por qué él y no yo?" de una forma como si estuviéramos escogiendo entre mejor y peor, superior e inferior, que simplemente entendamos que muchas veces se debe absolutamente a llamados, dones y talentos.

Una buena ilustración que usaba esta mañana era: ¿quién es mejor, un limpiabotas o un médico? Depende si tú tienes los zapatos sucios o un paciente enfermo. Si tú tienes los zapatos sucios, tu limpiabotas es la persona ideal indicada. Si el paciente está enfermo, él no necesita que le lustren la cara, necesita un médico. De tal manera que cada uno de nosotros debe funcionar en el área donde Dios le ha llamado: Nehemías como gobernador, Esdras como sacerdote, los levitas como ayudantes en la enseñanza de la Palabra.

Entre todos ellos, como vamos a ver en un momento, este trabajo en equipo requiere de humildad, de tal forma que no haya sentido de competencia. Que Nehemías no tenga la necesidad de sentir: "Bueno, Esdras, tú lee parte de la ley y leo la otra parte de la ley, porque cuidado si Esdras me quita... me serrucha el palo, como decimos aquí. Si después ahora de repente Esdras es el sacerdote y gobernador también." No encuentras nada de eso en el espíritu de Nehemías. Un verdadero siervo de Dios no tiene cabida para ese tipo de emociones, sentimientos e inseguridades.

El trabajo en equipo requiere una actitud de servicio. Nehemías llama: "Esdras, te necesito." "¿Qué necesitas, Nehemías?" "Que leas la Palabra, que confrontes al pueblo con la Palabra, que le expliques la Palabra." "¿Cómo no, Nehemías?" Esdras aquí. Y habrá de llamar a Nehemías posteriormente: "Nehemías, yo te necesito en administración, en organización." "¿Cómo no, Esdras?" De tal forma que ninguno de ellos tenga que sentir que es amo del otro, sino que todos somos siervos de todos. Y cuando nosotros comencemos a trabajar de esa manera, con ese espíritu, seremos un solo corazón, de un mismo sentir, como dice el texto al inicio del capítulo 8 que voy a leer en un segundo.

El trabajo en equipo requiere que cada uno de nosotros entienda que no importa quién se lleva el crédito, porque al final solamente debiera haber uno que se lleva el crédito, y es Dios. Que nunca deberíamos estar pensando si alguien hace más o hace menos, porque alguien va a ser más aplaudido o menos aplaudido. Tú no encuentras eso en el espíritu de Nehemías tampoco.

Y finalmente, el trabajo en equipo requiere una visión común. El pueblo ha entendido, Nehemías ha entendido: tenemos que asegurar a Jerusalén, construyamos las murallas. El templo había sido ya previamente reedificado, el lugar de adoración había sido previamente reedificado, fue lo primero que se hizo. Asegurada la ciudad, ahora nos toca organizar el pueblo. Hagamos el censo, pero junto con eso, confrontemos ahora al pueblo con la lectura de la Palabra de Dios. Y eso es lo que Nehemías se propone hacer.

Versículo 1, capítulo 8: "Se reunió todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y pidieron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel." Probablemente el Pentateuco, probablemente los rollos que tenían el Pentateuco, los primeros cinco libros de Moisés, el libro de la ley. Pero escucha cómo es definido: "que el Señor había dado a Israel." Ellos reconocieron la autoridad que este libro tenía, porque aunque vino por medio de Moisés, sabían que en último caso la autoridad del Pentateuco no radicaba en Moisés, sino en el Señor que se lo había dado a Moisés.

Y eso es importante, porque dependiendo de cómo tú entiendas lo que la Palabra es, de esa misma manera pudiera haber tu disposición o no a someterte a ella. Una de las cosas que el apóstol Pablo le dice a los tesalonicenses, por la cual les aplaude, es que "cuando yo vine a vosotros y vosotros escuchasteis mis palabras, no las recibisteis como si fueran palabras de hombre, sino como la Palabra de Dios." Y ya eso demanda, requiere, impone sobre nosotros una disposición a escuchar completamente distinta.

El versículo 3, entonces, del texto que yo leí dice que Esdras leyó la Palabra desde la mañana, que posiblemente en el contexto hebreo implique seis de la mañana, hasta el mediodía. Pero tú recuerdas lo que yo leí, de qué fue lo que ocurrió cuando Esdras se aparece con el libro de la ley, un rollo, no exactamente un libro como este, un rollo, y lo abre. Dice que el pueblo, ¿qué cosa? Se puso de pie. Seis horas, nadie se atrevía a sentarse mientras la ley de Dios estuviese siendo leída.

Todavía eso se conserva en ocasiones en algunas iglesias, que cuando la Palabra de Dios es leída la gente se pone de pie. Lamentablemente, en muchas iglesias, no estoy diciendo obviamente en todas, pero en muchas iglesias, eso no pasa de ser un ritualismo, donde la gente se pone de pie cuando la Palabra está siendo leída y al salir del lugar dijo la Palabra que supo o quiso o dijo reverenciar cuando estaba siendo leída. Y de nada nos sirve ponernos de pie delante de la lectura de la Palabra si la vamos a violar al momento de vivir. Pero este pueblo entendía que la Palabra de Dios tenía una autoridad detrás que era Dios mismo, y por tanto, al ser leída, es como si Dios le estuviera hablando, y por tanto el pueblo se puso de pie.

Dice el versículo 5 y el 6: "Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios." Son esas frases pequeñas, esos comentarios de esos lados que no me gusta pasar por alto. Cuando habla de la Palabra o Esdras bendijo al Señor, coma, el gran Dios, porque frases como esta nos hablan de cómo esta gente reverenciaba a Dios, pensaba de Dios, el tipo de relación que tenía con Él, cómo lo concebía, y de esa misma forma hablaba entonces. Y por eso el texto nos habla de que Esdras bendijo al Señor, el gran Dios, y todo el pueblo respondió: "Amén, amén." La palabra en arameo no es muy distinta: amén, amén. Posiblemente el pueblo respondió en arameo, porque el pueblo se había ido a Babilonia, había estado fuera de Jerusalén por 70 años, perdió su hebreo, aprendió arameo, y al regresar vino hablando arameo. Ese es el lenguaje popular en que hablaba la gente cuando Cristo vino.

Y la Palabra de Dios no ha sido leída, sino que Esdras la abrió, bendijo al Señor, el gran Dios, y antes de él, el pueblo dijo: "Amén, amén." Es el mismo "en verdad, en verdad os digo" de Jesucristo. A mí me parece que en la misma frase el pueblo estaba diciendo amén, y todavía no la habían leído. ¿Por qué? Porque ellos sabían que lo que venía era Palabra de Dios. Y tú no tienes que esperar a escuchar la Palabra de Dios para estar de acuerdo con ella. Tú te puedes poner de acuerdo antes que la lean, porque es Palabra de Dios. Amén, amén. Se tienen que esperar a que yo hable para decir amén, amén, para ver si está de acuerdo conmigo. Pero cuando Dios habla, podemos amenizar eso antes de decirlo, porque es Dios que lo está diciendo. Amén, amén. Mientras alababan, mientras alzaban las manos, se postraban y adoraron al Señor rostro en tierra.

Y luego, seis horas parado mientras leían toda la ley. El texto dice que el pueblo escuchaba, tenía, escuchaba atentamente, tenía los oídos atentos. Seis horas. Esta gente tenía hambre por la Palabra en este momento, porque esta es la gente que se había ido a Babilonia precisamente por no tener hambre por la Palabra. Esta es la gente que había sufrido las consecuencias por no haber reverenciado la Palabra de Dios. Y ahora, después de 70 años de disciplina, de cautiverio, de humillación, ahora hay hambre por la Palabra de Dios.

Y eso es exactamente lo que Moisés le dijo al pueblo en Deuteronomio, al final de los 40 años en el desierto, ya unos días antes de Moisés morir, a unas semanas antes de ellos entrar a la tierra prometida. En Deuteronomio 8:3: "Y te humilló," refiriéndose al Señor, "y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías ni tus padres habían conocido." Escucha: "Para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca de Dios," o de la boca del Señor.

Es increíble que para nosotros tener hambre por la Palabra, muchas veces Dios tiene que humillarnos primero. Que muchas veces vivimos tan saciados, tan distraídos, que no podemos poner atención como puso el pueblo atención durante seis horas. Que no estamos atentos, no podemos estar atentos, cuando ya estamos distraídos. Y estamos distraídos con nuestras relaciones, con nuestros negocios, con nuestros entretenimientos, con nuestras casas, con nuestras construcciones, con nuestros carros, con nuestras cirugías, con nuestros salones de belleza, con nuestros gimnasios. Y como estamos tan distraídos, no podemos poner atención cuando la Palabra de Dios está siendo leída o expuesta, porque nuestra mente está en todos los lugares menos centrada en la voluntad de Dios expresa en su Palabra. Este pueblo vivió así distraído hasta que se fueron cautivos. Y cuando regresa, cuando leen la Palabra por seis horas corridas, ellos están atentos.

Pregunta: ¿Es posible que ahí es donde yo estoy hoy? ¿Que yo no tengo hambre por su Palabra y que Dios tendrá que humillarme antes de yo poder tener apetito por su Palabra?

El pueblo judío en el desierto, recuerda cómo vivía anhelando los pepinos, el pescado que comíamos gratis en Egipto. ¿Cuándo los esclavos han comido gratis? Tenían que trabajar para que le dieran comida, y mala. Y sin embargo, en el desierto: "Nos acordamos el pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas, los ajos." Como que era filete que le estaban dando. Pero ahora no tenemos apetito.

No, no iban a tener apetito. Cuando tú no puedes disfrutar la dieta de Dios, llega un momento en que no puedes disfrutar ninguna otra dieta. Llega un momento en que Dios trabaja contigo de tal forma que ya nada te va a satisfacer. Porque si tú no puedes disfrutar con contentamiento lo que Dios te ha servido en tu plato, entonces no podrás disfrutar con contentamiento lo que el mundo te sirve en el suyo. Y eso es lo que Dios le ha dicho a este pueblo. Moisés se lo dijo, que para que ellos pudieran aquilatar, apreciar, valorar lo que era la Palabra de Dios, Dios iba a tener que humillarlo. Segunda condición: para yo poder aquilatar el manjar divino, Dios iba a tener que dejarlo pasar hambre.

Y Dios puede dejarnos pasar hambre de dos maneras: físicamente o espiritualmente. Físicamente es simplemente, usted la conoce igual que yo, es el hambre que el estómago siente cuando a veces tenemos necesidad de comer pero no podemos comprarla. Eso es hambre, porque el hambre que se va a hartar, como dice el refrán, más adelante no es hambre. Estamos hablando de lo que el estómago experimenta pero no tiene cómo comprar para saciarse. Esa es una manera de Dios dejarnos pasar hambre y humillarnos, de tal forma que podamos finalmente aprender a consumir su dieta.

Pero hay otra manera de pasar hambre espiritual, donde Dios no produce en mí, como parte de mi disciplina, el querer, el sabor, el deseo por leer su Palabra, de tal forma que yo no la quiero ni la busco. Porque como parte de mi disciplina, Dios ha creado un alejamiento, un distanciamiento, un desierto espiritual en mí, de tal forma que ahora yo tengo desnutrición espiritual.

Usted ha visto un niño desnutrido: los cabellos se le ponen corticos, la piel le cambia, si está creciendo deja de crecer. En la desnutrición espiritual ocurren casos, ocurren cambios distintos, pero también como resultado de inanición espiritual yo dejo de crecer espiritualmente, mis relaciones se afectan con mis esposos, con mis esposas, con mis hijos. Todo eso, muchas veces, con mis empleadores, con mis empleados, con mis clientes, con mis pacientes, no importa quién sea. ¿Por qué? Porque hay un estado de malnutrición espiritual que ha causado disfuncionamiento, mal funcionamiento, en mi vida emocional, social, relacional, que está causando graves problemas. Y muchas veces Dios tiene que dejarnos pasar por cada una de esas experiencias y desiertos para que el hambre por su Palabra, que no estoy consumiendo de manera continua y diaria, pueda ocurrir nueva vez.

No es lo mismo pasar por dificultades que ser quebrantado. Hermanos, nosotros equiparamos las dificultades con quebrantamiento, y no, eso no es lo mismo en lo más mínimo. Yo puedo pasar por las peores dificultades y salir ileso, entrar con ellas quejándome, doliéndome, llorando, pero con el ego y el orgullo sin quebrantar. Cuando salgo de esa manera, todavía no tengo hambre por su Palabra. Pero cuando yo soy finalmente quebrantado, verdaderamente quebrantado, entonces al final de la experiencia hay un hambre en mí que resulta, o que busca, que desea consumir su dieta continuamente.

Fausto nos hablaba en el retiro de hombres acerca de lo que implica, lo que significa tener una vida devocional diaria, continua, ininterrumpida. Y yo decía que en algún momento él tiene que dar ese mensaje al resto de la iglesia, porque el resto de la iglesia tiene que conocer, recordar, entender el beneficio, el fruto de lo que es una vida de devoción continua, exposición continua a la verdad de Dios. Y esa hambre espiritual que nos hace falta, lamentablemente la razón por la que no la tenemos es por lo que Dios nos deja ver en Deuteronomio: "Y él te humilló para que pudieras saber que el hombre no vive solamente de pan, sino que vive de todo lo que sale de la boca de Dios."

¿Y qué es lo que sale de la boca de Dios? Su Palabra. ¿Y qué fue lo que Dios tuvo que hacer? Tuvo que humillarme. ¿Y qué es lo que pasa con el orgullo? Que tiene que ser humillado. Y la ausencia de hambre por la Palabra es que el orgullo vive saciado, no puede tener hambre. Vive saciado consigo mismo, vive saciado con sus logros, vive saciado con sus sueños, vive saciado con lo que tuvo, con lo que tiene, con lo que va a tener. Vive saciado con lo que compró, vive saciado con lo que va a comprar. Se cree sabio, se aplaude a sí mismo, se exalta a sí mismo.

Y entonces en ocasiones dicen: "No, pero yo no necesito tanta Palabra porque yo tengo experiencia." Sí, pero mala, pues la Palabra nos dice: "No te fíes en tu propia sabiduría." "No tengo tiempo." Ese es el problema. El problema es, no me des eso como excusa. El problema es que no tienes tiempo para darle al Dios del universo. Ahí está tu pecado.

Capital, en que el Dios del universo se hace disponible y tú le dices: "No tengo tiempo para ti hoy, pero lo tengo para mi amigo, para mi mamá, para mi papá, para mi socio, para mi empleado, para mi empleador, para mi cliente, para mi paciente. Lo tengo para todo el mundo menos para ti, y tú tienes que entenderlo. Y tienes que bendecirme también, y si entro en problema tienes que resolverlo". Ok, Dios. Ok, entendido. Dios dice: "Ok, nos encontramos en el desierto, número uno. Y número dos, tú sabes, todas esas personas para quienes tú has hecho tiempo, no podrás estar satisfecha con ninguna de ellas, en relación con ellas, hasta que no me hagas el tiempo a mí. Te puedes olvidar de lo que es gozo y propósito en cada una de tus relaciones. Te puedes olvidar de lo que es gozo y propósito en cada uno de tus quehaceres hasta que entiendas que el Altísimo gobierna sobre la vida de los hombres y que Él merece prioridad temprano todos los días y durante el resto del día. Y no me puedes relegar a un segundo plano y pretender que yo me conforme y que yo entienda. Tu falta de tiempo para conmigo es el mayor pecado precisamente".

Pero vivimos llenos de bagazo. Bagazo es todo aquello que a mí me produce más placer que mi Dios y mi Palabra. Todos esos bagazos ni casabe, bagazo, basura sin poder nutritivo que lo termino consumiendo, me llena pero no me aporta ninguna nutrición. Es como, ¿cuál es este vegetal que no tiene ningún sabor? La tayota. Ustedes lo conocen igual que yo. Se come una tayota, se la ponen en el bolsillo y la misma cosa. Eso es bagazo. Siempre hay que hacerla con otra cosa la tayota, hay que rellenarla, pues si no tiene sabor hay que rellenarla para darle sabor. ¿Cómo es? ¿Rellenar solo? Pienso yo, bueno, para eso es mi pariente. Pero esto es algo que no aporta absolutamente nada. De eso vivimos llenos. Y ese bagazo para muchos es una cosa y para otros es otra, desde diversiones a ocupación, hasta trabajo. Este o lo otro, aquello que nos llena, no deleita. Escúchame, me quita el apetito para consumir la dieta de Dios que es su Palabra.

Los judíos no aprendieron lo que era bagazo y lo que era su Palabra hasta que fueron humillados: "Y te humilló y te hizo pasar hambre para que aprendieras, para que entendieras que el hombre no vive solamente de pan sino de todo lo que sale de la boca de Dios". A veces ayunamos, tiramos un ayuno espiritual, y sin embargo nuestra mente permanece en las mismas cosas no espirituales: pensamientos, tendencias, costumbres, hábitos. Y el ayuno del estómago no nos sirvió absolutamente para nada porque el espíritu continuó consumiendo bagazo en vez de consumir una Palabra que Él define como perfecta, eterna, poderosa, impresionante, justa, verdadera, llena de maravillas.

Dios dice, ¿eso te sabías? Dios dice: "Mi Palabra es perfecta, eterna, poderosa, impresionante, justa, verdadera, llena de maravillas". Y el hombre le dice: "Puede ser perfecta, puede ser eterna, puede ser poderosa, puede ser impresionante, puede ser llena de maravillas, pero no la quiero". Y ¿qué es lo que quiere? Tus bendiciones. Eso sí.

Una Palabra que cuando Dios le habla a Ezequiel en una visión, Ezequiel está viendo los huesos secos que representan a Israel en un valle, muertos todos, sin vida. Y Dios le dice a Ezequiel en la visión: "Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?" "Quién sabe, Señor, solamente tú sabes". "Profetízales, profetízales a estos huesos secos. Oíd la Palabra del Señor. Huesos secos, oíd la Palabra del Señor". Y los huesos cobraron vida, representando a la nación de Israel, como hoy muerta. Llegará el día en que ellos cobrarán vida cuando vuelvan, o cuando mejor dicho escuchen finalmente la Palabra de Dios que es poderosa, viva, eficaz.

La Palabra que cuando Dios la habla, si tú estás muerto en delito y pecado, te trae de la muerte a la vida, de las tinieblas a su luz admirable. La Palabra que cuando Dios la pronunció, galaxias fueron creadas. La Palabra que hoy sostiene todo el universo. Dios sostiene todo el universo por el poder de su Palabra, dice el autor de Hebreos. La Palabra que el salmista decía: "Postrada está mi alma en el polvo, vivifícame conforme a tu Palabra". La Palabra que Cristo decía: "Mis palabras son espíritu y son vida". A veces nuestra falta de vida, nuestro estado depresivo, nuestra tristeza, nuestra falta de ánimo, de propósito, se debe a una sola cosa: la falta de consumo de la Palabra vivificante. Porque el resto no me puede dar vida. Mis palabras son vida, son espíritu y son vida.

Esdras comienza a leer la Palabra. Nota cómo el trabajo en equipo se sigue produciendo. Déjame leerte con relación a la lectura de la Palabra, la explicación de todo esto. Déjame leerte los versículos 7 y 8 una vez más: "También Jesúa, Baní, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maaseías, Quelita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaías y los levitas explicaban la ley al pueblo mientras el pueblo permanecía en su lugar. Leyeron en el libro de la ley de Dios, traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura".

El pueblo no entendía hebreo, el pueblo entendía arameo. Le están leyendo en hebreo. Los levitas se repartieron, este grupo de hombres se repartieron entre la multitud de cientos de miles, y ellos le explicaban al pueblo lo que Esdras leía, y ellos le traducían al pueblo lo que Esdras leía. El texto del versículo 8 dice: "Traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura". Estaban haciendo hermenéutica. Para que ustedes lo entiendan, estaban estudiando, explicándole el sentido del texto para que le entendieran.

Un trabajo en equipo. Diferentes maestros con diferentes dones. Y Dios dota a su pueblo como esto, con diferentes dones. Y uno explica la Palabra de una forma y otro explica de otra forma. Uno le explica desde un ángulo y otro explica desde el otro ángulo. Uno le explica con una personalidad y el otro con la otra personalidad. Pero al fin de cuentas todos están tratando de alimentar al mismo pueblo con la misma Palabra para la gloria del mismo Dios. Y este pueblo tiene maestros, los levitas estaban entre ellos explicando la Palabra.

Y cuando el pueblo oyó la Palabra, capítulo 8, el pueblo se arrepiente en capítulo 9, y Dios trae un avivamiento en capítulo 10, una renovación de su pacto. Siempre es en ese orden. Para yo experimentar avivamiento necesito arrepentirme. Para yo arrepentirme necesito exponerme a la verdad de Dios. Siempre es en ese orden.

Aquellos que han de explicar, enseñar la Palabra, tienen que hacerlo con precisión, tienen que hacerlo con claridad, tienen que hacerlo con autoridad. Esta es la responsabilidad del expositor. Pero los que están oyendo la Palabra tienen que tener una disposición a oírla también. Y la disposición es una de sumisión y reverencia. La explicamos, la enseñamos con precisión, con claridad, con autoridad. La escuchamos con sumisión y reverencia, para que luego podamos hacer el tercer paso que es la aplicación. Exposición, audición, aplicación. Y cuando la llevamos a aplicar, nuestras vidas son cambiadas. Eso es como tiene que darse el proceso.

Cuando Esdras comienza a leer el texto, el pueblo comienza a llorar. La intención incluso no era hacerlos llorar en esta ocasión. De hecho, los levitas le dicen que paren de llorar, que no os entristezcáis porque esto es un día santo. Era el primer día del año eclesiástico, era día de jubileo. Que se gocen, esa era la intención. Y les hacían incluso callar porque el día es santo: "No os entristezcáis, el gozo del Señor es tu fortaleza, no lloren". Pero no podían dejar de llorar. ¿Por qué? Porque este pueblo que ha regresado, que está siendo expuesto a la Palabra, sabe ahora, al escuchar la Palabra, que tiene pecados que confesar de los cuales arrepentirse. Y en la medida en que esa Palabra comenzó a cortar su corazón y a cortar su corazón, no podían contener sus lágrimas.

¿Y qué es lo que produce dolor cuando la Palabra es expuesta? En ocasiones yo decía que hay varias cosas. Es que cuando la Palabra trae luz a los rincones de tu vida y tú comienzas a ver la ceguedad que tú habías tenido hasta tu propio pecado, al verlo, eso duele. Y cuando la Palabra de Dios comienza a abrir los ojos y tú comienzas a descubrir lo egocéntrico que yo había vivido, cómo había vivido para mí y solo para mí, y no había visto el mundo que estaba a mi alrededor, y el daño que había producido en medio de mi pecado, eso produce dolor. Pero eso es la Palabra que abre esos ojos.

Cuando la Palabra comienza a ser escuchada, y permítanme usar la expresión, comienza a masajear tu corazón, un corazón que había estado duro por el pecado, un corazón que había estado duro por la lejanía de Dios que habías mantenido por tanto tiempo, y la Palabra comienza a masajearlo, a masajearlo y a ablandarlo, el corazón vuelve y se hace sensible y blando hacia lo que es el pecado y lo que es la santidad de Dios. Y ese corazón ahora sensible llora cuando la Palabra de Dios te deja ver el daño que trajiste a tu vida o a otros, cuando la Palabra de Dios te deja ver cómo mancillaste su nombre, su causa, su cruz, su santidad. Eso le duele al pecador.

Y Esdras estaba leyendo la Palabra, los levitas la estaban explicando, traduciéndola en algunos casos, y lo que había sido leído para motivo de gozo de ellos, como le decían los levitas, estaba produciendo mucho llanto. Y lo que les dice es: "No, no, es día santo, callar, es día de celebración, ir y comer y beber". Y no podían, porque las realidades son que, antes de tú poder gozar y disfrutar del gozo del Señor, tú tienes que llorar tu pecado primero.

Y parte del problema, como ilustramos esta mañana, es que ese yo tiene que morir. Y el problema es que el yo tú tienes que cometer, perdón, suicidio. Tú tienes que matarlo tú mismo. Luego de muerto, tú mismo lo tomas y lo pones en su ataúd y lo llevas al cementerio, lo entierras, y tú mismo lo lloras, a tu propio yo. Y luego tú lo dejas abandonado en el cementerio. Y luego que el yo ha muerto y que ha sido enterrado, matado por ti, enterrado por ti y abandonado por ti, finalmente tú eres libre para disfrutar el gozo del Señor que es tu fortaleza. Pero no hay otra manera. El yo tiene que morir y tú tienes que llorar la muerte de tu yo. Tú tienes que asistir a su funeral. Y sabes que tú asistes solo a la muerte, al funeral del yo. Nadie te puede acompañar. Dios no quiera que te

Acompañen al funeral del yo. Es un individuo demasiado malvado; el único que merece que lo llore eres tú mismo, porque era tuyo. Cuando eso ocurra, tú podrás tener el gozo del Señor, que es tu fortaleza.

Integridad y Sabiduría es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org.

Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos con Integridad y Sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.