Vivir para Dios requiere sacrificio. Eso queda claro cuando Nehemías, tras completar la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, enfrenta un problema: la ciudad está protegida pero despoblada. El plan fue diezmar la población de los alrededores, trayendo a uno de cada diez para habitar dentro de la ciudad. Algunos fueron seleccionados por suerte, otros se ofrecieron voluntariamente. Gente acostumbrada a cultivar la tierra abandonó su lugar de residencia y su sustento para cumplir los propósitos de Dios. Nuestra seguridad no está en el lugar donde vivimos ni en nuestra producción económica, sino en el Señor. Cuando el profeta Jeremías advirtió al pueblo que no huyera a Egipto, quienes desobedecieron murieron; Jeremías se quedó en Jerusalén durante la invasión y sobrevivió.
Dios nos creó para funciones específicas. En estos capítulos aparecen gobernadores, sacerdotes, levitas, cantores, porteros, guerreros valientes, cada uno desempeñando su tarea con dones particulares. Y aunque hay muchas tareas, la gente sigue siendo el propósito. Por eso el texto menciona ochenta y cuatro nombres individuales solo en el capítulo diez: Dios se relaciona personalmente con cada uno.
Después de confesar sus pecados, arrepentirse y consagrarse, el pueblo finalmente pudo dedicar las murallas con gozo genuino. El texto enfatiza que se regocijaron porque Dios les había dado gran alegría, no por haber terminado la construcción. El gozo no se manufactura; viene de caminar en intimidad con Dios. David lo entendió cuando, tras su pecado, clamó: "Restitúyeme el gozo de tu salvación". Ese mismo gozo que el pueblo había perdido en el exilio ahora les era devuelto porque habían vuelto a su Dios.
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En Nehemías 11, lo vamos a leer en un momento. De hecho, vamos a tratar de cubrir el capítulo 11 y 12, ambos muy largos. Pero comenzando con el versículo 1 del capítulo 11: "Los jefes del pueblo habitaron en Jerusalén, pero el resto del pueblo echaron suertes a fin de traer uno de cada diez para que habitara en Jerusalén, la ciudad santa, mientras los otros nueve se quedarían en las otras ciudades. Y bendijo el pueblo a todos los hombres que se ofrecieron para habitar en Jerusalén. Estos son los jefes de la provincia que habitaron en Jerusalén y en las ciudades de Judá; cada cual habitó en su propiedad, en sus ciudades: los israelitas, los sacerdotes, los levitas, los sirvientes del templo, los descendientes de los siervos de Salomón."
A partir de ahí aparece una larga lista de nombres, a los cuales vamos a aludir en su momento. Hasta el final del capítulo 11 nos habla de una serie de personas, en ocasiones de familias o de grupos de individuos que vinieron a habitar dentro de la ciudad de Jerusalén. Pero no hemos hablado mucho de ellos porque realmente no sabemos nada de ellos excepto su nombre. Y con eso, entonces, yo quisiera que viéramos cómo abre el capítulo 12, para ver a partir de dónde vamos a estar leyendo.
El capítulo 12 comienza de una forma similar: "Estos son los sacerdotes y los levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Salatiel, y con Jesúa: Seraías, Jeremías, Esdras…" Y a partir de ahí comienza otra larga serie de nombres, una lista de nombres a los cuales vamos a aludir más adelante.
El versículo 22, que es de donde quiero tomarlo hasta el final del capítulo 12: "En cuanto a los levitas, jefes de casas paternas, fueron inscritos en los días de Eliasib, Joiada, Johanán y Jadúa; también los sacerdotes hasta el reinado de Darío el Persa. Los jefes de los levitas, jefes de casas paternas, fueron inscritos en el libro de las Crónicas hasta los días de Johanán, hijo de Eliasib. Y los principales de los levitas eran Hasabías, Serebías y Jesúa, hijo de Cadmiel, con sus hermanos frente a ellos, para alabar y dar gracias conforme a lo prescrito por David, hombre de Dios, sección frente a sección. Matanías, Barbucías y Obadías, Mesulam, Talmon y Acub eran porteros que mantenían guardia en los almacenes junto a las puertas. Estos sirvieron en los días de Joiacim, hijo de Jesúa, hijo de Josadac, y en los días de Nehemías el gobernador, y de Esdras el sacerdote y escriba."
"En la dedicación de la muralla de Jerusalén buscaron los levitas de todos sus lugares para atraerlos a Jerusalén, a fin de celebrar la dedicación con alegría, con himnos de acción de gracias y con cánticos acompañados de címbalos, arpas y liras. Y se reunieron los hijos de los cantores del distrito alrededor de Jerusalén, de las aldeas de los netofatitas, de Bet-gilgal y de los campos de Geba y Azmaret, pues los cantores se habían edificado aldeas alrededor de Jerusalén. Y los sacerdotes y los levitas se purificaron; también purificaron al pueblo, las puertas y la muralla."
"Entonces hice subir a los jefes de Judá sobre la muralla y formé dos grandes coros. El primero marchaba hacia la derecha por encima de la muralla hacia la puerta del Muladar, y tras ellos iba Osaías y la mitad de los jefes de Judá, con Azarías, Esdras, Mesulam, Judá, Benjamín, Semaías y Jeremías, así como algunos de los hijos de los sacerdotes con trompetas. Y Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías, hijo de Micaías, hijo de Zacur, hijo de Asaf, y sus parientes Semaías, Azarel, Malalai, Guilalai, Maai, Natanael, Judai y Ananías, con los instrumentos musicales de David, hombre de Dios. Y el escriba Esdras iba delante de ellos. Y a la puerta de la Fuente subieron directamente por las gradas de la ciudad de David, por la escalera de la muralla, por encima de la casa de David, hasta la puerta de las Aguas al oriente."
"El segundo coro marchaba hacia la izquierda, y yo iba tras ellos con la mitad del pueblo por encima de la muralla, pasando por la torre de los Hornos hasta la muralla ancha, y por la puerta de Efraín, junto a la puerta Vieja, junto a la puerta del Pescado, y la torre de Hananeel y la torre de los Cien, hasta la puerta de las Ovejas; y se detuvieron en la puerta de la Guardia. Luego los dos coros tomaron su lugar en la casa de Dios; también yo y la mitad de los oficiales conmigo, y los sacerdotes: Eliaquim, Maasías, Miniamín, Micaías, Elioenai, Zacarías y Ananías, con trompetas. Y Maasías, Semaías, Eleazar, Uzi, Johanán, Malquías, Elam y Ezer. Los cantores cantaban con su director Izrahías."
"Y ofrecieron aquel día grandes sacrificios y se regocijaron porque Dios les había dado gran alegría. También las mujeres y los niños se regocijaban; el regocijo de Jerusalén se oía desde lejos. Aquel día fueron designados hombres a cargo de las cámaras destinadas a los almacenes, de las contribuciones, de las primicias y de los diezmos, para que recogieran en ellas, de los campos de la ciudad, las porciones dispuestas por la ley para los sacerdotes y levitas. Pues Judá se regocijaba por los sacerdotes y levitas que servían. Ellos ministraban en la adoración de su Dios, en el ministerio de la purificación, junto con los cantores y los porteros, conforme al mandato de David y de su hijo Salomón."
"Porque en los días de David y de Asaf, ya de tiempos antiguos, había directores de los cantores, cánticos y alabanzas e himnos de acción de gracias a Dios. Y todo Israel, en días de Zorobabel y en días de Nehemías, daba las porciones correspondientes a los cantores y a los porteros, como se demandaba para cada día; y consagraban parte para los levitas, y los levitas consagraban parte para los hijos de Aarón."
Una larga lista de personas, de familias y luego de actividades que ellos realizaron a raíz de la dedicación de las murallas. La sección del capítulo 11, del versículo 13 al 24, nos provee la lista de familias laicas que no iban a servir en el templo y que vinieron a residir en Jerusalén. Y luego nos da otra lista de familias que sí fueron asignadas al servicio del templo, dentro de las cuales estaban los sacerdotes, los levitas, los porteros y los sirvientes del templo. La sección de ese capítulo 11, del versículo 25 al 36, menciona las familias que habitaron en las ciudades de las tribus de Judá y de Benjamín, que fueron las dos tribus que se quedaron fieles al trono de David en el sur y formaron el reino del sur.
El capítulo 12 podemos dividirlo en tres o cuatro grandes secciones. La primera, del versículo 1 al 9, menciona los sacerdotes y los levitas que habían regresado con Zorobabel en el primer retorno, hace noventa o cien años atrás. El versículo 10 y 11 habla de los sumos sacerdotes de ese momento. El versículo 12 al 26 nos da la lista de los sacerdotes y levitas que vinieron después de Zorobabel. Y finalmente la última sección, del versículo 27 al 47, nos habla de la dedicación de las murallas y del sustento económico-financiero del templo por parte del pueblo.
A medida que usted lee toda esa larga porción que estuvimos leyendo, hay cuatro cosas sobre las cuales yo quisiera llamar la atención y sobre las cuales nos vamos a enfocar hoy. Usted las podrá recordar quizá hasta cierto punto, porque cada palabra clave comienza con una "S". En primer lugar, quiero que veamos el sacrificio del pueblo que vive para su Dios. En segundo lugar, el servicio del pueblo creado por Dios. En tercer lugar, la satisfacción del mismo pueblo que agrada a Dios. Y finalmente, el subsidio del pueblo para el templo de su Dios. El sacrificio, el servicio, la satisfacción y el subsidio.
Vamos a orar un momentito. Padre, gracias te damos por la oportunidad de poder entrar a un texto tan largo como este, en principio y de manera superficial tan árido quizá. Sin embargo, si Tú lo plasmaste, si Tú le pusiste tinta a estas palabras y a estos nombres en Tu mente y en Tu corazón, debieron haber tenido la importancia necesaria para que hoy nosotros nos detengamos y tratemos de obtener enseñanzas del mismo texto inspirado por Tu Espíritu, cientos y cientos de años atrás. Sé con el predicador hoy, para que aquellas enseñanzas que realmente están aquí y que son parte de Tu revelación puedan salir a la superficie. No lo dejes desviar ni para la derecha ni para la izquierda, y no le permitas deshonrarte en la predicación de Tu Palabra santa. Y te lo pedimos en el nombre precioso, inmaculado, poderoso y redentor de nuestro Señor Jesucristo. Y todo Su pueblo dice: amén, amén.
Como habíamos mencionado, hemos recorrido un largo trayecto. En los últimos mensajes hemos visto cómo el pueblo, después que estuvo en Jerusalén por años, en esta ocasión fue expuesto a la Palabra de Dios mientras Esdras el sacerdote la leía, y cómo ellos fueron recibiendo convicción de pecado. Y al recibir convicción de pecado, cómo fueron confesando el pecado, arrepintiéndose del mismo, enmendando sus caminos, separándose de los pueblos extranjeros. Y vimos cómo en el último mensaje, en el capítulo 10, estas familias entonces dedicaron sus hijos y dedicaron no solamente sus hijos sino también sus finanzas al Señor.
Ahora que las murallas están terminadas, ahora que la población se ha dedicado al Señor, que se ha consagrado, se ha arrepentido, todavía quedaban algunas tareas por hacer. Uno de los problemas que Nehemías, como buen gobernador y tremendo organizador y constructor de la ciudad, confrontó cuando terminó fue darse cuenta de que la ciudad estaba protegida pero despoblada, y había que realizar un plan de población o de repoblación de la ciudad. Mucha gente se había retirado a los campos precisamente porque se consideraron inseguros con unas murallas destruidas, pero ahora la ciudad necesitaba ser repoblada. Esta es la ciudad donde el Mesías, cuatrocientos y tantos años después, vendría.
Esta es la ciudad de Dios, la ciudad santa; no la podemos dejar ahora despoblada. Entonces se preparó un plan que es descrito al principio del capítulo 11 para diezmar la población. Esto es lo que el texto dice al principio del capítulo 11: los jefes del pueblo habitaron en Jerusalén, pero el resto del pueblo echó suertes a fin de traer uno de cada diez para que habitara en la ciudad. De manera que hubo un grupo de la población que estuvo dispuesto a echar suertes, de tal forma que uno de cada diez, de acuerdo a este proceso que no sabemos exactamente cómo lo hacían, se iba a ir a Jerusalén.
El pueblo entendía que Dios en su soberanía les había guiado a través de este proceso de echar suertes, que leemos por última vez en el libro de los Hechos capítulo 1, y jamás volvemos a hablar u oír una cosa semejante. El Espíritu de Dios mora en nosotros y su Palabra está completa ahora para su guianza, pero en ese momento era una manera de hacer las cosas. Así, una décima parte de la población que vivía fuera de la ciudad va a venir a vivir dentro de la ciudad. Hubo otro grupo que voluntariamente se ofreció para eso, porque así lo entendemos: el versículo 2 dice que el pueblo bendijo a todos los hombres que se ofrecieron para vivir en Jerusalén.
En esos dos primeros versículos está la primera enseñanza del día de hoy: el vivir para Dios requiere sacrificio. Acá hay un grupo de gente que tiene años viviendo fuera; acá hay un grupo de personas predominantemente agrícolas que está acostumbrada a cultivar la tierra y vivir de ese cultivo. Y sin embargo, esa gente ahora está dispuesta a abandonar su área de residencia, abandonar de hecho incluso lo que les producía su manutención, su producción, para irse a la ciudad a realizar un plan, a realizar un propósito que entendían pertenecía a los propósitos de Dios.
Yo mencionaba más temprano que la idea que a veces escuchamos —que yo quisiera obtener ciudadanía americana porque si me tengo que ir un día, si la cosa se aprieta, me puedo ir; que yo quisiera irme fuera de la ciudad, fuera del país, a vivir a un área más tranquila; o que yo quisiera irme, producir dinero y regresar con cierta seguridad económica— que todo eso es tan pagano como cualquier otra idea. La única razón para vivir en un lugar y no en otro es que Dios me ha llamado a vivir en ese lugar. Dios en su soberanía nos mueve, nos lleva y nos trae conforme a los propósitos que Él tenga para realizar en mí en ese lugar y a través de mí en ese mismo lugar, y nosotros no podemos olvidar eso.
Hay cosas que Dios pudo haber hecho en mí de una mejor manera durante los 15 años en los Estados Unidos donde Él me sacó, pero hay cosas que Dios pudo haber hecho y está haciendo en mí y a través de mí de una mejor manera aquí, no allá, en este tiempo de mi vida. Dios es quien conoce cómo necesita mover a sus hijos, y nosotros necesitamos recordar que nuestra seguridad no está en el lugar, no está en la ciudad o la nación, no está en la producción; está en el Señor. Recordaba uno de nuestros jóvenes que cuando Nabucodonosor venía a invadir la ciudad, el pueblo se quería ir a Egipto para protección, y Jeremías les dijo: "No se vayan, dice el Señor." El pueblo se fue, y Dios garantizó que todo el que se había ido a Egipto ninguno de ellos permanecería con vida por haber desobedecido su voz. Jeremías se quedó en Jerusalén en medio de la invasión, y Jeremías y otros sobrevivieron.
Nuestra garantía está en Dios, no en las circunstancias ni en las cosas alrededor nuestro. El libro de los Hechos nos recuerda que Dios, cuando pensó en el hombre y en el mundo, determinó los límites de su habitación, y ahí Dios nos ha puesto, y ahí debiéramos nosotros vivir. El libro de los Hechos dice en 17:26 que de uno solo hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación. Dios determina nuestros lugares de habitación. Cuando David cumplió su propósito en su generación, en su nación, David durmió; no antes. Tenemos que recordar eso.
Ahora, si yo insisto en hacer mi voluntad, Dios pudiera en su voluntad permisiva permitirme hacer o ir donde yo quiera, para luego mostrarme por qué yo no debía haber ido allá en el primer lugar. Decimos que estamos dispuestos a servirle a Dios, pero luego queremos trabajar donde queramos, vivir donde queramos y hacer lo que queramos. Y Dios dice: "Bueno, eso no suena, no luce como verdaderamente una voluntad rendida a mi voluntad." Los misioneros se van y viven en otros lugares, dejan sus familias, dejan sus amigos, crían a sus hijos en lugares inhóspitos, a veces en lugares extraños, desprovistos de múltiples facilidades que tenían en su país de origen, porque Dios los llamó. Yo casi puedo oír a alguien decir: "Sí, pero eso es porque ellos son misioneros." No, no; no se fueron porque son misioneros. Ellos se fueron porque son obedientes. Esa es la diferencia.
Cuando el apóstol Pablo testificaba delante del rey Agripa de cómo él había sobresalido en el judaísmo y ahora estaba viajando por las naciones dando testimonio de su fe en Cristo, y ahora le había tocado testificar delante del rey, una de las cosas que le dijo a Agripa —fue en Hechos 26— es que él no fue desobediente a la visión. Dios le hizo un llamado a través de una visión y ahora estaba cumpliendo su llamado. De esa misma manera, esta gente que tenía años en condiciones agrícolas, viviendo más tranquilamente fuera de la ciudad, ahora resulta que hubo un grupo de ellos que estuvo dispuesto a regresar, o a venir por primera vez, a vivir en un lugar donde antes no habían habitado, precisamente para cumplir los propósitos de Dios.
Enseñanza número uno: el vivir para Dios requiere sacrificio. Enseñanza número dos: Dios nos creó para ejercer funciones específicas en lugares específicos. Nosotros leemos en este capítulo acerca de gente que iba a trabajar fuera del campo todavía, aun en este momento, cuya producción agrícola iba a ser importante para aquellos que iban a venir a vivir dentro de la ciudad. Ellos tenían su propósito, su función; estos tendrían su propósito, su función. Leemos acerca de un gobernador extraordinario en la organización de la ciudad, leemos acerca de un sacerdote —Esdras, experto en la ley— que sirvió para reconstruir la vida espiritual de la nación, leemos acerca de levitas, leemos acerca de cantores, porteros, servidores en el templo, y otros identificados como guerreros valientes. Cada cual haciendo su trabajo, desempeñando su función con ciertos dones, talentos, oportunidades y lugar de residencia donde Dios le había puesto para que llevaran a cabo el propósito de Dios en su generación.
Cuando nosotros hacemos eso, y lo hacemos bien, a la manera de Dios, en el tiempo de Dios, eso es lo que me produce a mí sentido de satisfacción. Llamado, dones, talentos, tareas: todo eso está entrelazado porque Dios me ha preparado y me ha llamado precisamente para ejercer funciones específicas.
Ahora bien, habiendo dicho todo eso, habiendo hablado de los dones y talentos y el llamado para cumplir con ciertas tareas, tenemos que recordar algo. Yo conversaba con una pareja de misioneros norteamericanos esta semana mientras desayunaba con ellos, y luego lo discutía con mi esposa. La esposa de esta pareja mencionó algo, y yo lo retomé y les dije: "Bueno, en realidad, people are the purpose —la gente, el pueblo, es el propósito." Y ella sin pestañar me respondió: "Esa es la diferencia entre americanos y dominicanos." Yo creo que va más allá de la cultura, pero no hay duda de que esas dos culturas, y otras también, se manejan y viven de manera muy diferente.
Nosotros somos muy orientados al evento, mientras que hay otras culturas muy orientadas a la tarea. Tú invitas a alguien a tu cumpleaños, de nuestra cultura, y puede ser que él llegue muy tarde, en la última media hora, en la última hora, y tú le das la gracia porque por lo menos hizo el esfuerzo de venir: "Gracias por venir." En aquella otra cultura se esperaba que tú llegaras a tiempo; llegan en la última hora y resulta que a veces se ve como un irrespeto, porque no le prestaste atención suficiente ni respetaste la hora a la que se te llamó. Uno está orientado a la tarea y el otro está orientado a las personas.
Ahora bien, nosotros necesitamos un balance, porque tú no puedes llevar a cabo el propósito sin la gente, pues la gente es el propósito, pero tampoco puedes llevar a cabo el propósito sin las tareas, ni puedes llevar a cabo la tarea a expensas de la gente. Conversando con mi esposa, ella me recordaba que esto va más allá de las culturas y tiene mucho que ver con nuestros temperamentos. Los coléricos y los melancólicos con frecuencia son muy orientados a las tareas, mientras que los sanguíneos y los flemáticos están más orientados a las personas. Los sanguíneos, que saben vivir la vida, tienen más de esa orientación. Pero nosotros estamos llamados al balance, y Dios nos coloca en un lugar precisamente para que no quedemos desequilibrados como iglesia o como grupo de personas.
Menciono todo esto porque tú puedes ver aquí que, aunque hay muchas tareas que están siendo realizadas por un gran organizador que es Nehemías, también puedes ver que hay un trasfondo en el que él tuvo que haber realizado múltiples tareas. Pero, por otro lado, el propósito personal de Dios en la vida, no solamente del pueblo en general sino de las personas, de los individuos, es algo que está ahí altamente registrado. En el capítulo 10, por ejemplo, solamente en ese capítulo tú tienes 84 nombres de personas mencionados de forma individual, porque Dios quiere que entendamos que su relación con la nación de Israel no es simplemente con la nación, sino que es más bien una relación personal, y que Él le da importancia a los individuos y a esa relación personal de ellos con Él.
De hecho, nosotros leemos en la Palabra de Dios que cuando entremos en su presencia, a cada uno de nosotros se nos dará un nombre en particular, específico, de tal forma que Dios nos va a reconocer por él, como una manera de decirme: "Yo voy a relacionarme contigo y evaluar tu vida de forma personal." También, cuando Cristo vino, los fariseos se le acercaron y le pidieron que definiera, que resumiera en esencia, nuestra vida de obediencia a Dios. Es por eso que vienen donde Él y le dicen: "Maestro, ¿cuál es el más grande mandamiento de la ley?" Mateo 22:36 en adelante. Y Él les dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas."
Cristo resumió toda la vida, toda mi vida de obediencia, toda mi obligación, en términos de dos relaciones: mi relación vertical con Él y mi relación horizontal con el hermano. De eso se trata; ese es el propósito de todo lo que nosotros hacemos: la administración de aquellos a quienes Dios ha llamado. Recuerden cómo Cristo, en un momento dado, se estaba retirando con sus apóstoles a descansar al final de la tarde, después de todo un día de ministerio. Las multitudes se acercaron, y los discípulos, que ya estaban orientados a la tarea, querían darles de alta y decirles: "Váyanse a su casa, es muy tarde." Pero el Maestro, camino a su descanso, se detiene y les dice a los discípulos: "No, mandenlos a sentar, que les vamos a dar de comer." ¿Por qué? Porque el Maestro tenía siempre en mente que la gente es el propósito.
De esta manera, tú puedes ver cómo Dios ha inspirado que estos nombres queden ahí plasmados, para que sepamos que de manera personal Él dio importancia a estas vidas, que no ha olvidado sus nombres. Y te das cuenta de la forma en que Dios, cuando comienza a regresar al pueblo, en los tres regresos que hemos hablado, nos deja ver claramente cuál es el orden de prioridad que Él entiende. Zorobabel viene con el primer regreso y lo primero que construye es el altar y el templo: Dios primero. Años después, Esdras viene con un segundo retorno y se dedica a reconstruir la vida espiritual de la nación: la gente, segundo. Y Nehemías viene años después y se enfoca en la reconstrucción de las murallas, las cosas y las tareas: después. Dios, la gente, las cosas.
Y esto es lo que hemos venido enfatizando en nuestras últimas enseñanzas: tenemos que recordar que nosotros no podemos amar las cosas y usar a las personas. Dios nos ha llamado a amar a las personas y a usar las cosas. Este pueblo, ahora que se ha consagrado, está listo para dedicar las murallas, pero no antes. ¿De qué valdría dedicar las murallas si la gente no se había dedicado? ¿De qué valdría dedicar y bendecir cosas cuando el pueblo no estaba todavía consagrado al Señor? Es como cuando se nos pide ir a bendecir una casa, pero resulta que los dueños de la casa no viven como creyentes. No vale bendecir la casa si aquellos que viven dentro no se consagran primero. Esa es la misma idea aquí: ellos se han consagrado primero, han confesado, y ahora están listos para dedicar las murallas.
Lo que quiero enfatizar ahora, después de haber hablado del sacrificio del pueblo y del servicio de ese pueblo en sus diferentes capacidades, según el llamado de cada uno, es la satisfacción de ese pueblo después de haber reconstruido las murallas, expresada en gozo delante de su Dios y en celebración. No sé cuántos de ustedes, al leer un texto tan largo, pudieron percatarse del énfasis extraordinario que este texto hace acerca de esa celebración, de esa adoración y de esa alabanza a nuestro Dios. En la última porción del capítulo 12, cuando habla de los cánticos que estuvieron cantando los cantores y demás para esta celebración, la acción de cantar es mencionada no menos de ocho veces; cuando se habla de acción de gracias, no menos de seis veces; cuando se habla de regocijo, no menos de siete veces; y cuando se habla de instrumentos musicales, no menos de tres veces.
De tal manera que, ahora que están listos para dedicar la muralla, hay un sentido de algarabía y de gozo que quizás el pueblo con mucho tiempo no había podido experimentar. Ahora que terminaron de trabajar, van a dedicar las murallas. Nosotros habíamos leído acerca de centinelas, de guardias, de trabajadores en las murallas, pero ahora Nehemías está instruyendo a los adoradores que se suban a las murallas a cantar, a adorar, a marchar, de tal forma que aquello que fue construido ahora pueda ser dedicado a nuestro Dios.
Y tú lees eso en el versículo 27 a partir del capítulo 12: "En la dedicación de la muralla de Jerusalén buscaron a los levitas de todos sus lugares para traerlos a Jerusalén, a fin de celebrar la dedicación con alegría, con himnos de acción de gracias y con cánticos, acompañados de címbalos, arpas y liras. Y se reunieron los hijos de los cantores del distrito alrededor de Jerusalén, de la aldea de los netofatitas, de Bet-gilgal, de los campos de Geba y Azmavet, pues los cantores se habían edificado aldeas alrededor de Jerusalén. Y los sacerdotes y los levitas se purificaron; también purificaron al pueblo, las puertas y la muralla." Entonces dice que subieron los jefes de Judá sobre la muralla y formaron dos grandes coros: el primero marchaba hacia la derecha por encima de la muralla hacia la puerta del Muladar, y el segundo coro, según el versículo 38, hacia la izquierda. "Y yo iba tras ellos con la mitad del pueblo por encima de la muralla, pasando por la torre de los Hornos hasta la muralla ancha." Esdras iba con el primer coro, con el grupo que iba hacia la derecha; Nehemías, con el segundo coro, con el grupo que iba hacia la izquierda. Le dieron la vuelta, se juntaron en el templo, todos tomaron sus lugares y ofrecieron aquel día grandes sacrificios.
"Y se regocijaron, porque Dios les había dado gran alegría." El texto no dice que se regocijaron porque habían terminado las murallas; no dice que se regocijaron porque ya experimentaban seguridad dentro de las murallas reconstruidas. Se regocijaron porque Dios les había dado gran alegría. Hay un reconocimiento de que es Dios quien nos da el gozo, y que nosotros no podemos manufacturar ese sentimiento. Yo no puedo levantarme mañana y decir: "A partir de hoy, yo prometo ser una persona de gozo." El gozo es algo que viene y se va de acuerdo a cómo ande mi relación con Dios. Aquellos que viven en íntima comunión con Dios obviamente experimentan gozo de propósito y de vida; en la medida en que esas personas se separan de Dios, en esa misma medida el gozo se va muriendo. Yo no soy responsable de producir el gozo; yo soy responsable de matarlo. Dios es el responsable de dármelo de manera natural, en la medida en que nosotros entramos en relación con Él.
Y ese día se nos dice que las mujeres y los niños también participaron de esta gran celebración, y el texto nos dice que las voces se oían desde lejos. No sé exactamente qué tan lejos, pero me imagino que, en la medida en que la gente venía acercándose a la ciudad, al llegar decían: "¡Wow, increíble! Desde que venía por aquí comenzaba a escuchar el cántico, la celebración, los címbalos, los tambores." El que venía por otro camino decía lo mismo, y te encuentras al pueblo en medio de esta algarabía. Pero es bueno recordar que el pueblo está experimentando este gozo precisamente después de que ha leído la Palabra, ha sido confrontado, ha confesado, se ha arrepentido y se ha consagrado al Señor.
Inventado sus caminos, se ha separado de los pueblos extranjeros, ha comenzado a ofrendar, que la había estado robando a Dios de acuerdo al profeta Malaquías, y luego entonces Dios le devuelve su experiencia de gozo. El gozo es más fácil experimentarlo que definirlo, o definirlo correctamente, o por lo menos apropiadamente. Es un estado de alegría, de satisfacción, de bienestar, de contentamiento que resulta como algo secundario a la condición, a la situación en la que yo me encuentro, pero que en el caso del cristiano, en el caso del ser humano punto, esa satisfacción y sentido de bienestar depende directamente de mi relación con Dios.
Antes de este tiempo de la cautividad, en diferentes momentos el pueblo había podido disfrutar del gozo, del regocijo, de la alegría del Señor, pero llegó un momento donde Dios le anunció por medio del profeta que se acabaría la voz del gozo, la voz del novio, la voz de la novia. Aquí no va a haber más celebración porque Yo ha decidido juzgar la nación. La nación se va al exilio, en el exilio pierde el gozo, pero lo que le roba el gozo a la nación, el exilio, es lo mismo que nos roba a nosotros nuestro gozo.
La nación, el orgullo de la nación, le llevó a la rebelión de la nación; su rebelión le llevó a apartarse del Señor, y cuando tú te apartas de Dios tú terminas entonces adorando dioses paganos, y al mismo tiempo tú terminas perdiendo el gozo, la alegría, la satisfacción emocional y espiritual que antes había disfrutado. Pero la razón por la que se te ha ido es el pecado que mora en ti, porque nuestro Dios es un joy-giving God, un Dios dador de gozo. Por su naturaleza, es su naturaleza el darnos gozo en la medida en que nosotros guardamos una relación con Él, y es entonces la naturaleza de nuestra relación, una en la que cuando nosotros nos separamos de Él, ese gozo que ha venido a mí de manera natural, de esa misma manera se me va también de forma natural. Yo no puedo producirlo.
El rey David, el rey que logró organizar la adoración, el rey que logró escribir múltiples salmos, el rey que logró por inspiración de Dios regocijarse de manera extraordinaria, es el mismo rey que perdió el gozo. Y de la misma forma que este pueblo recibió ahora alegría dada por Dios después de confesión, arrepentimiento y de enmendar sus caminos, David, cuando es encontrado por Dios en su pecado, reconoce ante Dios que ha perdido el gozo, le está pidiendo a Dios que se lo restituya porque no lo puede producir. Aún después de la confesión, aún después del arrepentimiento, yo no puedo producir eso, Dios.
En el Salmo 51, David escribe lo siguiente, a partir del versículo 8: "Hazme oír gozo y alegría." Usted oyó la manera verbal de esa expresión, de esa petición. Si hay algo que yo aprecio de David, es que este hombre sabía cómo arrepentirse, cómo confesar y cómo pedir. Me impresiona la manera tan personal y tan bíblica, porque no encuentro otra palabra, de ver sus oraciones. Él sabe que no puede crear este gozo y le dice: "Hazme oír gozo y alegría, que se alegren los huesos que has quebrantado." El pecado ha quebrantado mis huesos, mi alegría se ha ido. "Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto delante de mí. No me eches de tu presencia y no quites de mí tu Santo Espíritu."
Escúchame, versículo 12: "Restitúyeme el gozo de tu salvación y sostenme con un espíritu de poder." Restitúyeme, devuélveme. Se me ha ido y solamente Tú me lo puedes dar. Se me fue con mi pecado, y ahora que me estoy arrepintiendo, aún después de eso, Tú eres la única fuente de donde puede provenir y el único dador de ese gozo. Tú puedes ser la fuente, pero si Tú no me lo das, yo no lo voy a recibir, no lo voy a experimentar.
De tal manera que ahora, cuando usted está en su casa pensando que le hace falta gozo, que nunca lo ha experimentado o que lo tuvo y se le ha ido, usted necesita ir donde Dios. Y hacer lo mismo que esta gente hizo: revisar su Palabra, permitir que Dios revise su vida a la luz de la Palabra, pedirle a Dios que le dé iluminación de dónde están mis pecados, dónde yo he violado su ley, dónde yo he estado fuera de diseño, dónde yo he estado fuera de lo que es mi llamado, y que entonces, al revelarme eso, yo pueda devolverme, enmendar mis caminos, arrepentirme, y Dios, que es un Dios dador de gozo, me hará regocijar mis huesos nuevamente.
David lo dijo en el Salmo 32: mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día. Escucha: en el caso de David, en el caso de lo que muchos estamos pensando ahora, creemos que a eso sí, si tú estás en pornografía, de acuerdo; a eso sí, si tú estás en adulterio, de acuerdo; a eso sí, si tú estás en este otro pecado de sexualidad, de acuerdo. Pero no, no, no: si tú estás en pecado, punto. La mayoría de nuestros pecados, muchas veces, ni siquiera están en esa área. Están en el área del orgullo, de la rebelión, de la resistencia, de mi inhabilidad para abrirme, de la inhabilidad para dejar que Dios me escudriñe, de mi inhabilidad de admitir, en mi falta de sumisión, en no doblar mi voluntad, en no someterme a sus propósitos. Ahí es donde radican la mayoría de nuestros problemas. Las otras áreas sí son importantes y vitales, pero si las comparas con estas, están en la minoría, no de los individuos, sino en la minoría de las prácticas, porque antes de llegar a esas, nosotros tenemos todo eso que yo acabo de mencionar. Y todo eso es lo que muchas veces nos lleva entonces a estas otras prácticas.
El gemir de David en el Salmo 32, en pecado, lejos de Dios, es el gemir del pueblo de Dios en Babilonia, en pecado, lejos de Dios. Es el mismo gemir. La alegría que le está pidiendo a Dios que le devuelva es la misma alegría que este pueblo, ahora que ha confesado y se ha arrepentido, está experimentando. Es la misma experiencia de gozo que está pidiendo el uno y que está experimentando el otro. Este pueblo decidió regresar, pero no inmediatamente después de su regreso, porque estuvieron en Jerusalén. Llegué a los míos, llegué a mis ciudades, llegué a mi país; no por eso yo me voy a regocijar.
Los dominicanos que viven fuera y con frecuencia están añorando volver a su país, cuando llegan y entran por el aeropuerto, no van a llenarse de gozo al montarse en el taxi o el carro que los va a llevar a su casa. Eso no ocurre de esa manera. Es una relación con Dios, es un caminar, es una intimidad que produce el verdadero gozo. Los ángeles que están en el cielo pueden dar testimonio de lo que eso es. Los seres angelicales que viven en la presencia de Dios no se levantan un día down, tristes, y dice alguien: "¿Oye, qué te pasa?" "No sé, no tengo ánimo." No, ellos no viven de esa manera, ellos no saben lo que es eso, a menos que miren para abajo y nos vean a nosotros, entonces sí tienen una idea de qué es eso.
Es la presencia de pecado en nuestra vida la que produce esos estados de ánimo donde el gozo se nos va. Los que viven en la presencia de Dios, esos serafines, los querubines, y todo el que haya muerto creyendo en Cristo y que hoy está en su presencia, viven en un gozo eterno, constante, sin parar y sin alterarse. De este lado de la gloria, de acuerdo, no es la misma experiencia, y estamos de acuerdo: este cuerpo de muerte produce muchas de esas sensaciones. Pero mientras más cerca camino de Dios, más constante es mi experiencia de gozo. No son las circunstancias, no es el país, no es el lugar de residencia y no es la ciudadanía tampoco. Es Dios.
Para esto yo decía al principio que cuando tú lees estos textos y te encuentras con tantos nombres, te das cuenta de que Dios le da importancia a esa relación personal con los individuos. Te das cuenta también, al ver esto, de que unos eran cantores, otros porteros, otros sirvientes, otros sacerdotes, otros levitas, otro gobernador, y cuando tú ves todo eso, te das cuenta de que cada uno de nosotros ha sido llamado para un propósito con una función, y equipado con dones y talentos para ese llamado.
Yo menciono eso porque en la última sección del capítulo 12, el nombre de David aparece no menos de cinco veces, y el nombre de David, a quien Dios y su Palabra han dado importancia de manera personal, ese individuo fue dotado con ciertas capacidades, le fue dado un propósito, y él lo llevó a cabo. Y resulta que las cinco veces que su nombre es mencionado están relacionadas a una experiencia de adoración.
Yo quiero leer y luego hacer el comentario. El versículo 24 habla de que los principales y los levitas vinieron a dar gracias, conforme a lo que David había prescrito. Lo que David había prescrito, la norma, la forma de hacer la adoración davídica de que se habla; esto es lo que ellos están haciendo hoy en día, quinientos años después. El versículo 36 hace referencia a los instrumentos musicales de David, quizá no los originales, pero sí los que él introdujo a la adoración, que antes no existían. El versículo 37 habla de las gradas de la ciudad de David, pero en el contexto de la adoración. El versículo 45 habla de los levitas, los porteros y cantores que ministraban y adoraban según el mandato de David. El versículo 46 nos habla de que en los días de David y de Asaf, en tiempos antiguos, había directores de los cantores, cánticos de alabanza e himnos de acción de gracias a Dios; todo en el contexto de la adoración.
Es increíble que cuando Dios te llama a realizar un propósito, te da don, te da talento, y tú entras allá a llenar ese llamado y lo haces bien, es increíble el impacto que esa persona puede dejar después de su muerte. Que quinientos años después ellos estaban adorando conforme al patrón, al diseño, al modelo de adoración de David, que tenía cinco siglos de muerto. ¿Por qué? Porque cuando Dios te llama, te dota, te equipa, y tú llevas a cabo tu llamado, eso que tú haces muchas veces deja un impacto muy significativo.
Pastor, y de aquellos que están mencionados ahí con grupos: cuando habla de porteros, de sirvientes, de cantores que no tienen nombres y que hoy no los sabemos, hoy están lejos de ellos, ¿cuál fue su importancia? No te preocupes, que lo que tú y yo no vemos, Dios lo ve, y Dios nos garantiza que tu labor no es en vano. De tal manera que Dios también les estaba viendo de manera personal e individual; les vio, y hoy en día te sigue viendo a ti de manera personal. Es una importancia que Dios le da, y no deja plasmada en su Palabra la relación personal que Él establece con individuos.
Vimos el sacrificio del pueblo, sus servicios, su satisfacción. Finalmente, yo quiero que veamos el subsidio del templo, versículo 44, capítulo 12: "Aquel día fueron designados hombres a cargo de las cámaras destinadas al almacenaje de las contribuciones, de las primicias y de los diezmos, para que recogieran en ellas, de los campos de la ciudad, las porciones dispuestas por la ley para los sacerdotes y levitas." Estos son los contables, que llevan la cuenta, que registran los ingresos y egresos. "Pues Judá se regocijaba por los sacerdotes y levitas que servían."
Ahora tú tienes otro grupo de personas cuyo don, talento, función y llamado es recibir los diezmos, las primicias, las ofrendas, contarlas, registrarlas y administrarlas, de tal manera que los sacerdotes y los levitas pudieran recibir su porción. Y Dios le dice incluso el porqué ellos deben contribuir a la manutención, al sostenimiento de los sacerdotes y los levitas. Escuchen la última frase: "Pues Judá se regocijaba por los sacerdotes y levitas que servían."
En otras palabras, Dios le está diciendo al pueblo: ustedes se están regocijando, pero la manera como Yo los estoy ayudando a regocijarse ha venido a través de sus sacerdotes y de sus levitas, y ustedes tienen una responsabilidad con ellos. Ellos tienen una responsabilidad con ustedes desde el punto de vista espiritual; ustedes tienen una responsabilidad con ellos desde el punto de vista de su sostenimiento. Y eso fue exactamente lo que aquí se produjo, pero eso también ocurrió en medio de esta experiencia de adoración, porque el dar es adorar cuando lo damos para Dios.
En este momento el pueblo entendió su responsabilidad también. El pueblo entendió, en medio de esta experiencia de avivamiento, de iluminación que Dios estaba trayendo al pueblo, la necesidad del sacrificio, la necesidad del servicio conforme a su don, talento y llamado, la necesidad de adorar a Dios en medio de mucha alegría, y la necesidad de subsidiar a aquellos que trabajaban para el ministerio.
Ojalá que nosotros podamos ser una iglesia que cumpla sus responsabilidades. Y como este texto habla incluso, no solamente entendamos nuestras responsabilidades cuando habla del diezmo y las ofrendas, más que eso, la palabra "primicias" —yo quisiera enfatizar eso por encima de cualquier otra cosa—. Porque las primicias, en el contexto histórico, implicaban posiblemente la mejor producción agrícola de la cosecha que ellos tuvieron. Pero internamente, en nuestras primicias, es lo mejor —como hablamos el domingo pasado—: lo mejor y lo primero para Dios, lo mejor de nuestro tiempo, lo mejor de nuestros dones.
Que yo no espere: "Si yo voy a trabajar para Dios, voy a hacer algo para el ministerio, pero voy a esperar retirarme; yo tengo 65, 70 años, y voy a hacer eso." No, eso no son las primicias, son las últimas cosas. "Sí, yo he estado ocupado; yo leo su Palabra," eso también es de lo último. Los hijos, ¿cuántos padres se han puesto amedrentados —no, molestos— es la palabra que anda a buscar, disgustados, porque los hijos se les van al campo misionero? Tus hijos son las primicias cuando tú se los das al Señor.
Los padres, a veces cristianos, incluso no se sienten tan alegres cuando un hijo les dice que quiere ser pastor, como cuando el otro dice que quiere ser ingeniero, médico, abogado o arquitecto. ¿Sí o no? ¿Era así? "Pastor, ¿y de qué tú vas a vivir?" En otras palabras, el dinero es nuestro dios, hijo; pastor, tú le vas a servir a ese otro Dios, en vez de a este otro que es el dinero. Nuestros hijos son nuestras primicias también. Nuestro mejor esfuerzo son nuestras primicias.
En nuestras compañías, dueños cristianos —quizás esto les toca a algunos—, debiera haber un tiempo de primicias en la mañana temprano, donde usted voluntariamente ora con algún grupo de sus trabajadores, los que quieran, porque usted no tiene ese nombre de dictador en su compañía. Las primicias de todo lo que yo tengo, de lo que yo administro, de lo que yo hago, de lo que yo soy. Y eso es lo que honra a nuestro Dios. Cuando esas cosas se producen, Dios, que por naturaleza es un Dios dador, se complace en darnos sus gozo. De manera natural, necesito vivir en obediencia, en sumisión, a nuestro Dios.
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