La oración del Padre Nuestro coloca a Dios primero y luego las necesidades humanas, revelando un orden de prioridades que transforma la manera en que nos acercamos al trono de la gracia. Cuando Jesús enseña a sus discípulos a orar "danos hoy el pan nuestro de cada día", no les entrega simplemente palabras para repetir, sino toda una enseñanza sobre dependencia, confianza y el carácter dadivoso del Padre. Cada palabra de esta petición tiene peso propio: "danos" revela que Dios es dador por naturaleza; "hoy" nos libera de la preocupación por el mañana; "pan" nos llama a contentarnos con lo básico; "nuestro" nos recuerda que vivimos en comunidad; "cada día" refuerza la confianza diaria en su provisión.
El pueblo hebreo en el desierto recibió maná suficiente solo para un día, y quien acumulaba para el siguiente lo encontraba podrido. Esa lección resuena todavía: la preocupación por el mañana pone en tela de juicio la soberanía de Dios, su gracia y su fidelidad. El pastor Núñez ilustra cómo nuestra sociedad tecnológicamente suplida ha perdido el sentido existencial de esta oración; abrimos neveras llenas y perdemos la capacidad de confiar en Dios para lo básico.
La petición no es un arrebato de bendiciones a Satanás, sino un acto de recibir de la mano abierta del Padre lo que Cristo ganó en la cruz. Él es el pan de vida, el sustento del alma, la provisión para hoy y la garantía del mañana.
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Mateo capítulo 6. Seguimos con lo que es la exposición de esa oración que conocemos también con el nombre del Padre Nuestro. Es una oración que está dentro de lo que es el sermón del monte, que es una serie que venimos haciendo desde hace un tiempo, de manera que esto es una mini serie dentro de esa serie. Para los que han estado aquí, ya usted conoce la dinámica. Vamos a leer toda la oración a partir del versículo nueve.
Vosotros podéis orar de esta manera: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día y perdona nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores, y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal, porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén.
La exposición de hoy se limita al versículo 11: danos hoy el pan nuestro de cada día. Cuando comenzamos a exponer esta oración dijimos que ella contenía seis peticiones. Tres tenían que ver con Dios mismo: su nombre, su reino, su voluntad; y tres tenían que ver con nuestras necesidades. El domingo pasado terminamos de exponer las tres primeras y hoy comenzamos con la primera de aquellas que tienen que ver con nosotros, y esa es precisamente la que yo acabo de leer.
La oración nos ayuda a reconocer el orden que Dios espera que nosotros le demos a nuestras prioridades: Dios primero y luego nosotros. Si el hombre no está en segundo lugar, Dios nunca estará en el primer lugar. Yo quiero que recordemos que Dios diseñó la historia, creó el mundo de una manera que todo el universo y toda la historia son Dios-céntricos. Y creo que ese es el problema fundamental en nosotros: entender el propósito de nuestras oraciones. Hasta que yo no tenga claro que el propósito de mi oración no soy yo, no son ni siquiera mis necesidades aunque pedimos por ellas, sino Dios y su gloria, yo nunca voy a acabar de entender para qué oramos.
Una vez nosotros hemos glorificado el nombre de Dios, santificado su nombre, una vez hemos pedido por la extensión de su reino y por el ejercicio de su voluntad, entonces estamos listos para comenzar a pedir por nuestras necesidades. Y esta oración, el Padre Nuestro, engloba cada una de nuestras necesidades. El teólogo alemán Helmut Thielicke decía que toda la vida podía ser resumida de esta manera: cosas grandes y cosas pequeñas, cosas espirituales y cosas materiales, cosas internas y cosas externas, y que la oración del Padre Nuestro básicamente las englobaba a todas.
Orar es más que simplemente pedir. Es la expresión de nuestra dependencia, es la expresión de nuestra confianza en Dios para que Él llene nuestras necesidades. Orar no es un ejercicio en devengar beneficios; orar es un ejercicio en crecimiento. Yo crezco a través de la oración en entendimiento de su carácter, y entonces mi carácter crece.
Cuando yo comienzo a orar, se supone que lo que este ejercicio haga es que comience a producir en mí un crecimiento de la confianza que yo tengo en Dios como proveedor, que yo pueda comenzar a crecer en lo que es gratitud al dar gracias, que yo pueda comenzar a crecer en reverencia al santificar su nombre. Pero al mismo tiempo, la oración que me sirve para crecer en esas áreas me sirve para decrecer en otras: que yo pueda decrecer en lo que es mi orgullo, en lo que es mi sentido de importancia, al entender que Él es el que está en los cielos y que yo soy la criatura que está aquí debajo en la tierra; que mi orgullo pueda deshacerse en la medida en que yo reconozco que no se trata de mi voluntad sino de la suya; que yo pueda decrecer en mi sentido de autosuficiencia en la medida en que yo entienda en oración que Él es el dador y el proveedor de cada una de nuestras cosas. Y entonces yo voy a comenzar a entender el propósito de la oración.
Yo no puedo olvidar, si yo quiero entender el Padre Nuestro, que esta es una oración que Cristo le da a los discípulos cuando ellos se acercan a Él y le dicen: "Maestro, no sabemos cómo orar, enséñanos a orar." Ellos habían visto a Cristo orar toda la noche, lo habían visto orar en diferentes momentos durante el día, a lo largo de todo el día, el día de la inauguración, y ellos no sabían cómo hacer eso. Y vienen donde el Maestro y le dicen: "Maestro, nosotros tenemos que confesarte que no sabemos orar, enséñanos." Y entonces Él les da una oración.
Él pudo haber predicado varios mensajes, sermones acerca de la oración, pero no lo hizo. Él les dio una oración, lo que implica que también me queda claro que Cristo no simplemente les pasó una oración para repetir, sino que Él les dio todo un conjunto de enseñanzas acerca de la oración. ¿Y cómo lo hizo? Les dio una ilustración y luego nos dijo: "Ahora es su responsabilidad desempaquetar todo lo que yo puse en esa oración a la luz de todo el resto del consejo de Dios." Y eso es lo que hemos estado tratando de hacer.
Menciono eso porque yo creo que no hago violencia del texto cuando le sugiero que cada palabra de esta petición tiene una enseñanza distinta detrás. La palabra "danos" tiene una enseñanza, la palabra "hoy" tiene otra, la palabra "pan" tiene algo que decir, la palabra "nuestro" tiene algo que nos deja ver, y finalmente la frase "cada día" nos comunica algo distinto.
Yo quiero comenzar, antes de hablar un poco acerca de la primera de esas palabras "danos", recordando que todo lo que Dios hace lo hace para revelar su carácter. De manera que cuando Cristo pasó esta oración, esta oración se supone que revele parte del carácter de Dios, porque Dios no hace nada que no sea una revelación de lo que es, lo que Él tiene y lo que Él hace. Cuando Dios se revela, yo le conozco mejor. Cuando yo le conozco mejor, yo le amo más, le amo mejor. Cuando yo le amo mejor, yo me siento gozoso de una mejor manera, yo puedo vivir más satisfecho, yo puedo vivir más en paz, yo puedo tener más sentido de propósito. Y sin lugar a duda, cuando yo le conozco más, le amo más, le obedezco mejor, y si le obedezco mejor puedo disfrutar mejor de sus bendiciones. Pero todo comienza con una revelación de parte de Dios y un conocimiento de parte mía, y la oración se supone que contribuye significativamente a cultivar eso que yo acabo de decir.
De manera que cuando Cristo nos dice: "Ve al Padre, ve al trono de la gracia," y comienza diciendo en un momento dado "danos," Él está revelando el carácter dador, la naturaleza dadora de su Padre. Eso es lo que Dios es por naturaleza. Él quiere que yo sepa y recuerde que su Padre es el dador de aquellas cosas grandes y de aquellas cosas pequeñas. De hecho, el apóstol Pablo nos recuerda eso en 1 Corintios 4:7, cuando dice: "¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?"
¿Qué es aquello que tú tienes que alguna vez haya llegado a tu vida en cualquier forma o manifestación que no te haya sido dado por Dios? El ateo que no reconoce a Dios, que rechaza a Dios, no quiere admitir que la vida que él tiene la recibió de Dios, la inteligencia que él tiene para pensar la recibió de Dios, que si tiene un trabajo lo recibió de Dios, que él come por la gracia de Dios, que hace llover todos los días sobre el campo de los buenos y los malos, aquello que puede luego producir y permitirle a él comer. No quiere admitir eso, pero es la realidad.
Quizá esta ilustración nos ayude un poco. El muy conocido pastor del pasado Harry Ironside fue pastor de la Iglesia Moody por casi 20 años en la primera mitad del siglo 20. En una ocasión él fue a un restaurante de comida rápida, se sirvió la comida, ya la tiene en su bandeja. Cuando se va a sentar, se da cuenta que todas las mesas están ocupadas. Y mira una mesa finalmente que tiene una silla vacía, ya tiene una persona sentada. Él se acerca a la mesa y le dice al señor: "Señor, no encuentro ninguna otra silla, ¿le molesta si yo me siento aquí con usted a comer?" Y el señor lo ve un poco extraño pero le dice: "No, no hay problema." Él se sienta. Tan pronto él se sienta, él pone su mano en su cabeza, cierra los ojos, la baja, comienza a orar. Cuando él termina, mira a este hombre que está sentado y, para su sorpresa, este hombre lo está mirando con una cara medio extraña. Y le dice: "¿Qué le pasa? ¿Está malo?" Dice: "No, ¿por qué?" Y dice: "Bueno, porque lo veo con la mano en la cabeza, los ojos cerrados." Dice: "No, yo estaba simplemente dando gracias a Dios por la comida que me voy a comer." Y él dice: "¡Ah! Usted es de los que creen esas cosas. Yo no. Cuando yo tengo la comida delante, yo simplemente me lanzo sobre ella y comienzo inmediatamente." Y el pastor le dice: "Ah, usted es como mi perro, que cuando yo le pongo la comida delante, nunca me da las gracias y simplemente se lanza sobre ella y comienza inmediatamente."
Así somos, así somos cuando no queremos reconocer que Dios es el dador. Y alguna gente solamente sabe pedirle a Dios sin santificar su nombre, sin tener interés en la extensión de su reino, sin querer ejercer su voluntad, pero sabe pedir. Hay otro grupo que no se atreve a pedir, que de hecho no se atreve a pedir cuando tiene que ver con cosas pequeñas, porque entienden —y yo he estado con estas personas más de una vez— entienden como si Dios tuviera un límite de peticiones que Él va a considerar, y yo no voy a gastar mis peticiones en cosas que yo me puedo conseguir, como el pan de cada día. "Eso lo resuelvo yo, yo mejor le pido a Dios por cosas grandes."
Y Cristo está tratando de ayudarnos a entender que para Dios no hay cosas grandes, que Dios no tiene esa escala de grande y pequeño. A Dios no le cuesta más trabajo abrir el Mar Rojo que quitarte un dolor de cabeza. A Dios habla y ocurren ambas cosas al instante.
Y la realidad es que muchas veces no tenéis porque no pedís, dice Santiago. Una vez yo tengo mis prioridades en orden, entonces ahora eso abre con creces lo que son las puertas de los cielos para nuestro Padre querer darme, porque es la naturaleza de mi Padre darme. Eso es lo que lees: Él disfruta darme de lo que Él es y de lo que Él tiene. Y yo creo que eso es bueno recordarlo, porque estamos en medio de un movimiento que hoy se está expandiendo enormemente vía los cinco continentes, vía jergas, vía canciones, que entienden que Dios nos ha dado bendiciones y que esas bendiciones, después de concedidas, Satanás las ha arrebatado, y que ahora Satanás las tiene en su mano, y que ahora es mi responsabilidad arrebatárselas a Satanás.
¿Han oído la canción "Arrebato", verdad? Se quiere que se las cante. Los grupos anteriores no quisieron, no sé si conocen mi voz, pero yo pensé que estaban prejuiciados. Pero eso la voy a leer y así no tienen que dejarme solo. Escucha, un grupo de verdades bíblicas distorsionadas: "Aunque se levanten mil gigantes contra mí, eso no me aterra. El enemigo no podrá tocar mi fe, porque Dios me ha cambiado el nombre y me hizo su hija. Y hoy soy cabeza y no cola, y ahora vivo de gloria en gloria. Hoy me apodero de lo que a mí me pertenece, lo que me has quitado me lo devolverás con creces, porque Dios me hizo su hija y con los hijos de Dios nadie se mete. Hoy me apodero de lo que a mí me pertenece, lo que me has quitado me lo devolverás con creces, es que Dios me hizo su hija y con los hijos de Dios nadie se mete. Él me hizo coheredera juntamente con Él y me ha dado el poder para atar y desatar y declarar una palabra que cambia tu generación, y hoy declaro que Él te devuelve lo que te robó. Yo te arrebato mi familia, te arrebato mi salud, yo te arrebato los tesoros de los cielos que pertenecen a mi casa. Arrebato, arrebato, arrebato todo lo que es mío. Arrebato, arrebato lo que es mío, lo que es mío". Tiene que orar por esta autora y cantautora.
La idea detrás de esto es que Satanás me ha robado las bendiciones que ya Dios me ha concedido, ya están en las manos de Satanás, y yo tengo que arrebatárselas. Pero ¡qué cosa más descabellada es esta! El maná no está en la mano de Satanás. No es la mano de Satanás la que está llena de bendiciones robadas de Dios y que ahora yo tengo que arrebatar. No, es la mano de mi Padre la que está llena de bendiciones ganadas en la cruz del Calvario por los méritos de Cristo, selladas con sangre y garantizadas por el poder de su Espíritu.
Dios quisiera bendecirme una y otra vez; su mano está presta para bendecir la vida de sus hijos. Dios voltea su mano, mi único rol es recibir sus bendiciones. La voltea hacia abajo y la voltea hacia arriba, y Jesús me enseña en esta oración: ve donde tu Padre y dile "danos nuestro pan de cada día", no porque yo tengo méritos, sino porque Cristo ha ganado los méritos. Todas las promesas de Dios son sí y amén en Cristo, nos dice Pablo en la Segunda Carta a los Corintios solamente.
De manera que Jesús está tratando de ayudarnos a desarrollar nuestro sentido de dependencia de Dios como dador, y por eso yo tengo que venir donde Él, lo cual va a curar mi sentido de preocupación en el día de hoy. La preocupación por el mañana no me deja hacer la voluntad de Dios hoy. Mi preocupación por el mañana no me permite enfocarme hoy. La preocupación por el mañana no me permite confiar en Él hoy.
Yo te dije que cada palabra de esta petición tiene enseñanza detrás. "Danos" tiene enseñanza y el "hoy" tiene enseñanza. No fue por accidente que cuando Dios sacó al pueblo al desierto, en un momento dado, Dios le dice a Moisés: "Moisés, aquí no hay donde pescar, aquí no hay donde cultivar, aquí no hay ríos, aquí no hay lagos, aquí no hay mares, aquí no hay plantas, aquí no hay colmado ni supermercado. Moisés, aquí no hay tiendas de cadenas, aquí no hay restaurantes. Y tú tienes dos millones de personas que alimentar todos los días. Pero yo tengo buenas noticias para ti: todos los días yo voy a proveer maná, y yo lo voy a hacer llover cada día. Pero dile al pueblo, enfatízale al pueblo, que la porción que va a caer en el desierto cada día es solamente para un día. No quiero que el pueblo acumule pan para mañana; el pan que se acumule para mañana va a salir podrido".
Y el primer día llegó, y el primer maná llegó, y el pueblo hebreo en el desierto que tenía hambre en ese momento ve el pan caer. Algunos comenzaron a acumular grandes cantidades en canastas para el próximo día, y como se habían anunciado, el pan, el maná, se pudrió esa noche. Usted ha leído el texto. Cuando usted lo lee, usted experimenta un sentido de "¿pero cómo es posible que este pueblo haya podido hacer eso?" Pero yo estoy aquí en la mañana para recordarnos a todos nosotros que eso es exactamente lo que nosotros experimentamos cuando nosotros nos preocupamos hoy por el día de mañana. Yo no estoy seguro si Dios proveerá mañana, yo no estoy seguro si Dios va a estar presente, si va a hacerse presente a la hora de la necesidad.
La realidad es que aquellos que tienen sus prioridades verdaderamente en orden —esto es, su nombre primero, su reino segundo, su voluntad tercero— usualmente ellos no tienen tanta preocupación en el día de hoy. La preocupación en el día de hoy habla del trastueque de mis prioridades a la hora de yo vivir. En la petición del Padre Nuestro de "danos el pan de cada día hoy" es en base a la fidelidad de Dios de que Él proveerá mañana. Cada día tiene su propio afán, y me interesa velar por el día de hoy porque el de mañana yo lo tengo depositado en Dios. Dos millones de personas sin lugar donde poder proveerles, y Dios les proveyó por cuarenta años.
¿O no recuerda la historia de Elías y la viuda? El día llega donde la viuda de Sarepta ya tiene un hijo. Elías llega por instrucción de Dios y le dice a la viuda, también por instrucción de Dios, que le dé una porción de pan. Y la viuda le dice: "Pan, yo tengo una porción de harina con un poco de aceite, y mi hijo y yo estábamos planificando comerlo, y después nos vamos a morir porque no hay más". Y Elías le dice: "El Dios de los cielos me manda a decirte que me des la única porción que tú tienes". Ella lo pensó, pero obedeció, y luego el texto nos dice entonces que hubo provisión para Elías, para la viuda, para el hijo por muchos días, un día a la vez, no más.
Pero Dios pudo haber provisto para el pueblo en el desierto un pan que pudiera durar dos semanas, un mes. ¿Le hacía falta a Dios preservativos de alimento como tenemos hoy? Claro que no. Pero ese es el punto: "Yo quiero proveerte lo suficiente solamente para el día de hoy", para que "hoy" —que es la palabra que estamos tratando de decirte que tiene sentido y enseñanza en esta petición— para que hoy tú puedas confiar en que Él será tu provisión mañana. Ese es el punto. Que Dios no quiere la confianza depositada en cosas externas a Él, en seguridades que yo voy sembrando, guardando, que yo voy colocando. Dios quiere darme la seguridad en Él, y quiere dármela hoy.
De manera que ahora yo entiendo por qué esta oración, que es más que una simple oración, es toda una enseñanza acerca de cómo orar, de cómo construir mi carácter y cómo conocer el suyo a través de esta oración. A nosotros nos hace difícil identificarnos realmente con esta oración. Nosotros, los que vivimos en el siglo XXI, donde tenemos despensas y tenemos frízer y tenemos nevera, y cuando la abrimos, en sentido general —porque hay gente probablemente quizás aún entre nosotros que quizá no pueda vivir de esa manera— pero en sentido general, abrimos la despensa y está llena, abrimos el frízer y está lleno, abrimos la nevera y está llena. A nosotros nos hace difícil captar el impacto de esta oración de que me dé mi porción para hoy.
Pero el pueblo hebreo no tenía ninguna de esas facilidades ni tenía los medios en la mayoría de los casos, sino que cada día tenía que pedir por la porción de ese día. Algunos de ustedes me han contado historias de haber estado en situaciones donde se levantaron un día y no había comida en la casa. Y ese día, de alguna manera, Dios providencialmente les proveyó. Algunos han abierto la puerta de la galería y han encontrado una pequeña compra que alguien les trajo y les depositó eso ahí; hasta el día de hoy ni siquiera saben quién se la trajo. Cuando los famosos cuervos alimentaron a Elías, día por día.
Bueno, Dios está tratando de decirnos: ahora esta oración debiera tener sentido existencial para ti, pero no la tiene, porque estás tan ampliamente suplido. Estamos tan tecnológicamente avanzados que nosotros podemos hacer hoy con nuestra tecnología, llenar muchas de las necesidades que esta gente anterior no tenía. Y nuestros avances nos impiden muchas veces desarrollar una mejor relación en confianza en Dios.
A mí, ilustrarte de una forma sencilla: te levantas mañana o esta tarde y tienes dolor de diente o de cabeza, ¿qué haces? Vas, buscas un analgésico y te lo tomas. Y si no tienes, vas a la farmacia, y si no se mejora, llamas al médico, llamas al dentista. Hace cientos de años, al creyente le dolió la misma cabeza, el mismo diente, pero no había analgésico. ¿Y qué hacía? Él tenía un solo recurso, y era Dios. ¿Me estoy sugiriendo con esto que los analgésicos y los médicos y los dentistas no tienen sentido y que el usarlos sería pecaminoso? No. Dios nos ha permitido el desarrollo de la ciencia y eso puede ser una de las bendiciones con las que podemos disfrutar. Oye, pero lo que estoy diciendo es que el desarrollo de nuestra vida, de nuestra sociedad, al suplir nuestras carencias frecuentemente interfiere con lo que es el desarrollo de una mejor confianza en Dios, porque vivimos demasiado suplidos y confiamos entonces demasiado en lo que nosotros podemos hacer.
Para que esta gente tenía que confiar en la provisión de Dios para ese día. Esta oración con el "danos hoy" nos llama a una vida de simpleza, a una vida de sencillez, a una vida que puedas reducir lo que nosotros tenemos de tal forma que eso que yo tengo no me impida continuar desarrollando una relación con Dios. Y aún así vivimos preocupados por el mañana, por un mañana que nosotros no conocemos, por un mañana que nosotros no construimos y por un mañana que yo ni siquiera sé si voy a vivir, pero me preocupa.
Dios no nos ha dicho que no nos ocupemos. Escucha lo que la Palabra dice: es que no te preocupes. Mañana vas al médico, mañana te vas a ocupar de tu salud, pero hoy yo quiero hacer algo. La preocupación es de mañana, y hoy yo me preocupo de lo que yo me voy a ocupar mañana, y Dios dice: eso te ha secado. Porque ¿cuál de vosotros podía añadir una sola hora con preocuparse, una sola hora a vuestra vida con preocuparse? Tu preocupación es hoy. Danos, dador, danos hoy lo que necesito. Mañana vuelvo y te digo lo mismo, y pasado lo mismo.
Vimos la palabra "danos", vimos la palabra "hoy". La palabra "pan" tiene algo que decir. El pan era el alimento básico de la dieta judía. Esto no quiere decir que Jesús tenía problema con que pidieran por pescados y los corderos que ellos comían también de vez en cuando. Ese no es el punto. El punto es que Dios quiere que yo entienda que cuando yo pido lo básico, Él conoce lo que son las exquisiteces de la vida, lo que son los excesos de la vida, y cuando Él quiera, Él podrá bendecirme con esas otras cosas. Pero mi preocupación es con lo básico, y lo otro Dios lo podrá proveer conforme a su abundancia, porque es su carácter dar, su carácter es dadivoso. Pero yo estoy conforme con lo básico, con el pan de cada día.
Esto es una ilustración. Con eso yo no estoy sugiriendo que el ascetismo y la vida severa, el privado del cuerpo de cosas, es parte de la forma de cómo santificamos nuestras vidas. No, eso no es parte de la enseñanza cristiana. Eso no es lo que estoy diciendo. Lo que estoy tratando de comunicar es que Dios quiere que, en la medida en que yo entienda que yo tengo confianza en Él con el simplemente pedir por lo básico, Dios podrá suplir el resto. Que yo no tengo que aclararle a Dios que yo necesito el pan y el pollo y la carne y los vegetales y las frutas, pero tú sabes, Dios, que yo necesito estar bien nutrido y me dicen los médicos que yo necesito todos estos componentes. Dios no necesita esa información. Él te conoce mejor que tú y antes que tú.
En el desierto, donde no había toda esta variedad, Dios proveyó un solo alimento, y ese solo alimento fue suficiente para niños, para embarazadas, para mujeres lactantes, recién nacidos, para viejos y jóvenes, por cuarenta años. Y nadie sufrió de desnutrición ni de deficiencia vitamínica. Dios proveyó en un solo alimento todo lo que el pueblo necesitaba a cualquier edad. Dios quiere que yo pueda confiar en Él de esa misma manera.
El maná era el tipo, era aquella cosa que apuntaba hacia la persona de Cristo. El maná no era una ilustración de Cristo, no era una ilustración. Era una señal de que este maná verdadero vendría en el futuro, de tal forma que lo que el maná hizo para el pueblo, que fue suficiente en el desierto, es lo que Dios Padre quería que yo entendiera: y es que su Hijo a mí me es suficiente. Si lo tengo a Él, lo tengo todo. Si lo tengo todo sin Él, no tengo nada. Y eso es lo que yo necesito recordar en este momento. Él es mi pan de vida.
Ahora yo quiero volver a traer a colación nuestra sociedad de nuestros días, porque en la medida en que oramos "danos hoy", en esa medida yo reflexionaba acerca de cosas que damos por sentado. Y yo mismo recibía convicción porque yo recuerdo que yo crecí en un hogar donde había una nevera pequeña, como un freezer arriba pequeño, y no oía nadie nunca quejarse de que la nevera era demasiado chiquita y el freezer también. Y eran pequeños, pero nadie se quejó. Ahora nosotros, incluyéndome a mí y mi esposa, tenemos una nevera separada y un freezer separado, y encontramos las dos cosas chiquitas. ¿Te das cuenta dónde estamos como sociedad? ¿Te das cuenta para dónde vamos? ¿Te das cuenta por qué no podemos confiar más en Dios en ocasiones?
Nuestro problema usualmente no es con la carencia, de manera que esta oración pierde su fuerza, pierde su sentido existencial en el día de hoy, porque honestamente yo tengo comida para varios días en la casa y tenemos provisión muchas veces en los bancos para varios meses. Y esta oración entonces como que pierde su sentido. Carencia no es nuestro problema la mayoría de las veces. ¿Sabes cuál es nuestro problema? Exceso. Pasamos años comiendo en exceso y luego vamos al cirujano que nos quite todo lo que nos hemos comido por varios años. Y más que pedir el pan de cada día, nuestra petición yo creo que andaría más por "líbranos del colesterol", del exceso de lo que yo me como. Yo creo que andaría más que la gente pediría más, no tanto que me libre de los excesos que como, sino de la consecuencia de todo lo que me como. "Líbranos del colesterol" en vez de "líbranos del mal".
De manera que cuando lo vemos así entendemos por qué es que esta oración en un buen dominicano como que muchas veces no nos hace tilín. Es como que no puedo relacionarme a ella. Pero yo tengo que, porque es la oración del Señor para sus discípulos. Esta oración me ayuda y me llama —recuerda, esto es una enseñanza, no simplemente una oración— esta oración me ayuda y me llama a una vida de cierta simpleza. Y Cristo lo dijo de diferentes maneras: no os preocupéis por el día de mañana, cada día tiene su propio afán, no sabes si vas a estar vivo mañana. Cuando pidas, pide pan básicamente. El resto, yo sé que a ti te gusta, tú lo necesitas, yo me encargaré de suplir conforme a mi voluntad. No te preocupes por lo que vas a vestir ni lo que vas a comer. El Padre tiene todo bajo su control. Busca el reino de Dios primero; el resto, mi Padre te lo dará por añadidura. Y por tu salud, recuerda, tú no puedes añadir una sola hora a tu vida con preocuparte. Con ocuparte podrías, preocuparte ninguna.
¿Te das cuenta qué es lo que Cristo está tratando de enseñarme simplemente dándome una oración? No es para que la repitas, es para que la entiendas, es para que yo sepa qué es todo lo que está detrás y dentro de esta oración. Pedir conforme a la necesidad de hoy es congruente con el estilo de vida para el reino que Cristo está tratando de que nosotros construyamos. Es un estilo de vida de suficiencia en Dios, de dependencia de Dios, entendiendo que Dios puede suplir lo grande y lo pequeño. No hay cosas de diferentes tamaños para Dios.
¿Qué es lo que nos tiene enseñanza? "Hoy" tiene enseñanza, "pan" tiene enseñanza, la palabra "nuestro" tiene una enseñanza. Esta oración básicamente es una oración que hacemos de manera personal. El judío, incluso en uno, el mismo sermón del Señor lo dijo: ve a tu casa, métete en tu clóset, cierra, y ahora tú con el Padre. De manera que estas oraciones eran personales. Y sin embargo llama la atención que Cristo no dice: cuando vayas, ahora dile: "Padre mío que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase Señor tu voluntad en la tierra como en el cielo, dame el pan mío hoy". No. "El pan nuestro".
Eso debe llamar la atención grandemente a esta sociedad individualista, personal, privada. En el mundo occidental esas son cosas que nosotros todos valoramos, pero en el Medio Oriente, aún hoy, aún hoy, hay un sentido comunitario acerca de la vida. La vida se supone que se viva en comunidad. Hoy en el 2011, en Israel, todavía hay campamentos llamados kibbutz, y en esos kibbutz la gente vive en comunidad. Todo lo que la gente gana pasa a la comunidad, todo es de la comunidad, nadie tiene nada personal. En estos campamentos la gente vive comunitariamente. En el pueblo judío, en el pueblo hebreo en aquella ocasión, eso era como la gente vivía, de manera que al pedir por el pan, vamos a pedir por el pan nuestro de toda la comunidad. El pan nuestro.
Nosotros no somos eso. Piensa por un momento: si estamos sin trabajo, le pedimos a Dios por un trabajo. ¿Cuántos de nosotros, al pedir por ese trabajo, inmediatamente nos recordamos de Simón y le pedimos: "Te pido también por todos los que en mi comunidad"? Le hace falta quizás en la IBI, porque no estoy hablando del mundo entero —esas oraciones son personales, no es de eso—, en mi comunidad, yo te pido que proveas trabajo para todos los que no tienen. ¿Cuántas veces hacemos eso? Cuando estamos enfermos y pedimos por nuestra sanación, ¿cuántas veces decimos: "Señor, y a la vez en la IBI, todos aquellos que están enfermos, supe de fulano, me enteré de sutana, yo quiero pedirte que tú también les sanes"? Que te pedimos por nuestro pan y te pedimos por nuestro trabajo y te pedimos por nuestra sanación porque tenemos un sentido de comunidad. Nosotros no vivimos de esa manera.
¿Recuerdas la parábola que Cristo les mencionó en una ocasión, cuando este hombre es despertado por un visitante a medianoche, y él va donde su vecino a medianoche? No donde sus primos, su mamá o abuelo, donde un vecino que le quedaba a la mano. Le dice: "Mira vecino, yo no sé si tú puedes porque me ha llegado un visitante y yo no tengo pan para darle". ¿Por qué tú crees que esa parábola está ahí? ¿Por qué tú crees que esa palabra les hizo sentido a ellos? Porque es que en aquella ocasión, una persona que visitaba a otra persona, una persona de afuera que visitaba a una persona de la comunidad, inmediatamente ese visitante pasaba a ser visitante de la comunidad. Y la responsabilidad de llenar sus necesidades no era solamente de la persona donde él se estaba alojando, sino de toda la comunidad. Él va donde el vecino y le dice: "Ayúdame a llenar esta necesidad, porque tú sabes, es nuestro visitante".
De manera que esta oración por el pan nuestro tiene un sentido comunitario que Cristo está tratando de comunicarnos y que para esta sociedad es altamente saludable. No es lo mío, lo tuyo; es lo nuestro.
Y eso es como tenemos que vivir. Tenemos que aprender a vivir así. Yo no soy así, tú no eres así. Pero tenemos enseñanzas delante de nosotros. Quizás tenemos que contextualizar esto un poco al siglo XXI, puede ser, pero aún así tenemos que aprender a vivir más comunitariamente y a lograr más comunitariamente. No es simplemente tu necesidad, son nuestras necesidades.
Vimos la palabra "danos", la palabra "hoy", la palabra "pan", la palabra "nuestro"; no queda una más. "Cada día", que es una sola palabra en el griego, es la palabra epiousios, una palabra que volvió locos a los académicos por años porque usted puede creer que esta palabra no aparece ni en ningún otro lugar de la Biblia, ni en ninguna otra literatura griega del pasado. Esta palabra es singular, solamente ahí, en ese lugar. No hay documento en toda la literatura secular o sagrada que tenga esta palabra. La pregunta era entonces exactamente cómo la traducimos.
Resulta que en el siglo XIX apareció un papiro. En ese papiro había una lista de alimentos para ir a comprar, lo que en inglés llaman un "grocery list", lo que usted hace cuando va al supermercado: hace una lista. Y ahí aparecía esta bendita palabra, con lo cual ellos pudieron llegar a entender que básicamente la petición era para el pan diario. Por eso es que en inglés el Padre Nuestro dice: "Give us our daily bread", nuestro pan diario. En español ha sido traducido como "nuestro pan de cada día", reforzando la idea de que te estamos pidiendo pan hoy para el día de hoy, pan diario o para aproximadamente 24 horas. Pero te estamos pidiendo pan no para toda una semana, no para todo un mes, no para todo un año, no para mí y mis hijos y mis nietos. Yo te pido hoy el pan de hoy. Eso es lo que el texto está diciendo. ¡Wow!
Y mañana tú vuelves y pides lo mismo, y pasado tú vuelves y pides lo mismo, porque eso va a afianzar nuestro sentido de dependencia y de confianza en Dios. La oración es un ejercicio en crecimiento, en crecimiento de confianza en lo que es la fidelidad de Dios, en crecimiento de entendimiento de lo que es su carácter dadivoso, proveedor. Y en la medida en que yo entiendo su carácter, yo crezco con el mío. Eso es lo que esta oración, y muchas otras cosas, están supuestas a hacer.
Para nada entonces he explicado a no ahorrar; yo no he dicho eso. Estamos hablando de dos cosas distintas. Sabemos que Dios instruyó a José a ahorrar y hacer provisión por siete años. Pero de la misma manera tenemos que recordar que José fue instruido por Dios a hacer eso, y que debemos entonces hacerlo en la medida en que Dios nos instruye, porque Dios nos guía. Entonces de nuevo, no he dicho que no lo haga de esa manera, pero usted necesita ser dirigido por Dios.
Déjenme ilustrarle cómo a mí me pasó. Y al pasarme, ¿qué? Se va años atrás mientras había estado en Estados Unidos. Un amigo nuestro que se dedicaba a esta cosa me persiguió por varios años para que sacara un plan de retiro. Y yo entendía por oración que Dios me decía que no, pero lo hice lamentablemente. Lo hice, y lo único que el plan hizo, porque era un plan de inversión, fue perder dinero todos los años. Y finalmente decidí retirarlo, habiendo recibido suficiente convicción de que eso no era lo que Dios quería que yo hiciera. Y al retirarlo perdí más dinero, pero está bien. Mejor perdemos dinero y no a Dios o sus bendiciones o su aprobación. Yo no me siento menos seguro hoy en su ausencia, en la ausencia de ese plan, que en el día de ayer.
Si alguno de ustedes lo tiene y se siente seguro y Dios se lo ha aprobado, pues gloria a Dios. Yo estoy hablando de mi vida. Dios tiene que dirigir nuestros planes. Él quiere ser mi guianza, Él quiere ser mi confianza, Él quiere ser mi provisión. Y Él tiene una opinión y Él quiere dármela.
La preocupación con la que frecuentemente nosotros vivimos hoy pone en tela de juicio la soberanía de Dios en su creación, pone en tela de juicio la gracia que Él me ha impartido en el Amado, pone en tela de juicio la misericordia de su corazón, la fidelidad de su paternidad, y pone en tela de juicio el amor para conmigo. Por eso es que Cristo quiere que yo pueda llegar a entender el carácter de Dios, en este caso el carácter dadivoso de Dios, de tal forma que me pueda atrever a venir y decirle: "Padre, danos hoy". Pero dame lo único que voy a pedir, es que me des lo básico.
Por eso el apóstol Pablo decía: si yo tengo con qué comer y con qué vestirme, estamos contentos, estamos satisfechos. No necesito excesos, no necesito cosas de más. Si Tú me las das, pues bueno, ya eso es tu soberanía, pero yo no las necesito. Lo básico me basta.
¿Y cuál es la razón por la que muchas veces lo básico es lo que nosotros necesitamos? Míralo aquí expresado en Proverbios 30 por Agur, versículos 8 y 9: "Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas". Escucha claramente, escucha, agudiza el oído: "No me des pobreza ni riqueza; dame a comer mi porción de pan". Eso es lo que es lo básico: mi porción de pan. Escucha ahora por qué: "No sea que me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién es el Señor? O que sea menesteroso y robe, y profane el nombre de mi Dios".
En la medida en que mis necesidades están ahí presentes, yo comienzo a pedirle a Dios. En la medida en que mi necesidad está siendo llenada, mis negocios están creciendo, en la medida en que yo estoy bien suplido, en esa misma medida yo comienzo a decir, o directamente o implícitamente: "Va, Dios, va, va, no te necesito, estoy suplido". Por eso Agur fue muy sabio al plasmar estas palabras. O sea, yo no quiero ser pobre, pero yo no quiero ser rico, porque yo he visto en la vida algo que es terrible, y es que una vez me sacio, comienzo a negarte, a veces de palabras, a veces de hecho.
Y es por eso que esta oración es muy rica en su contenido, porque tiene muchas cosas que decirme y tiene muchas cosas que quiere cultivar. En medio necesito cultivar la confianza en Dios. Yo tengo que recordar todo el tiempo: Él es mi pan de vida, Él es el alimento de mi alma, Él es tu provisión. Mejor con Él y con nada más, que con todo lo demás y sin Él. Él es tu sustento en medio de la carencia, Él es tu depósito que garantiza lo que tú le has entregado. Él no es solamente tu depósito, Él es tu respaldo en el desamparo, Él es tu garantía en medio del peligro, Él es tu seguridad en medio de la incertidumbre. Él, y solamente Él, es quien controla el mañana, quien conoce el mañana, quien diseña el mañana, y no nosotros. De hecho, Él es tu mañana.
Cuando no lo piensas así, oye, Tú estás orquestando el mañana, pero yo no tengo mucha confianza en esa edición que Tú estás haciendo de mi mañana. Tú estás planificando mi salud para mañana, pero yo no tengo confianza en esa salud que Tú estás tejiendo para mí. Hoy Tú estás literalmente... Mira, Dios está orquestando hoy lo que va a ocurrir en mi día mañana. Hoy Tú estás orquestando eso que va a pasar con mi familia, pero yo no tengo mucha confianza en ti. Déjame comenzar a preocuparme, porque yo no sé. ¿Y si Tú no te haces presente a la hora de la necesidad? ¿Y si al final yo tengo que buscármela? Yo sé que no lo pensamos así, pero cuando tú trabajas la ecuación, al final eso es exactamente como luce, y no hay otra forma.
Por eso es que esta oración es un llamado a la simpleza, a la confianza. No necesito largas palabras, yo puedo comunicarle a Dios en simples términos mi confianza en Él. Pero Él quiere que yo tenga esa confianza completa depositada en Él, de tal manera que yo entienda: Él es mi sustento, Él es lo que necesito, Él es mi provisión. Y lo es hoy, y de la misma manera que lo ha sido hoy, lo será mañana. Él no tiene que mostrarme hoy lo que Él va a hacer mañana, porque ya hoy he confiado en Él, y mañana será el hoy, y yo necesito reposar en Él. Él es tu canción en el desierto, Él es la lluvia en el desierto, Él es el oasis en medio de la sequedad, Él es el pan cuando tienes hambre, Él es el abrigo cuando tienes frío, Él es el refrigerio cuando las circunstancias te han calentado. Él es tu Dios, Él es tu Señor.