La preocupación que carga a tantos hijos de Dios revela un problema profundo: no están buscando el reino de los cielos como prioridad. Cristo ofrece un antídoto claro en Mateo 6: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Pero buscar no es lo mismo que desear, anhelar o soñar. La palabra griega implica una investigación minuciosa, activa, dinámica, que involucra toda la vida bajo el señorío de Cristo. Donde hay áreas de desobediencia, ahí el reino no está siendo buscado.
El problema tiene raíces antiguas. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Edén, la humanidad heredó tres temores fundamentales: el miedo al fracaso, el miedo al rechazo y el miedo a la soledad. Estos temores generan ídolos que compiten con Dios por la supremacía del corazón. El miedo al fracaso nos vuelve controladores; el miedo al rechazo nos hace buscar el aplauso de los hombres; el miedo a la soledad nos lleva a manipular nuestras circunstancias de formas incompatibles con la verdad.
Esto se refleja en la crianza. Forzamos a los hijos a estudiar, les pagamos tutores, vigilamos su rendimiento académico, pero ¿cuántas veces les preguntamos cómo está su alma? ¿Cuántas veces invertimos el mismo esfuerzo en su formación espiritual? La diferencia entre ambas inversiones revela dónde está realmente nuestra búsqueda prioritaria. Cristo promete descanso para el alma, pero ese descanso viene cuando aprendemos de él, que es manso y humilde, y sometemos toda nuestra vida a su yugo.
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Mateo 6, versículos 33 y 34. Padre, tú dijiste cuando le enseñaste a tus hijos que esto que él estaba hablando tenía que ver con algo que era prioritario en su mente y que sigue siendo prioritario en tu mente. Eso hace la predicación de esta verdad para mí más peligrosa, porque yo no quisiera dañar algo que tú consideras tan prioritario como esto. Cuídame, oh Dios, en la exposición de tu verdad. Cuida la gloria de tu nombre, la gloria de tu reino, y hazlo por amor a ti mismo. Cambia a tu pueblo en la dirección de tu imagen, en tu nombre, Jesús.
Bueno, esas palabras que yo acabo de leer sin duda alguna son familiares, nosotros las conocíamos. Yo creo que representan algunas de las enseñanzas más conocidas de aquellas que Cristo enseñó y que tenían que ver con lo que es la prioridad del reino de los cielos, de la vida en el reino de los cielos. Estas palabras las hemos escuchado, las hemos leído, probablemente las hemos usado incluso en consejería con alguna persona, y sin embargo son tan conocidas y tan difíciles de llevar a la práctica. Y la pregunta es: ¿por qué?
Esta enseñanza es vital porque Cristo la está ofreciendo como el antídoto, el fin de mis ansiedades, de mis inquietudes. Hablábamos de cómo nuestras inquietudes ponen de manifiesto nuestras incredulidades. Y Cristo dice: este es tu antídoto. En otras palabras, la falta de paz en la vida de muchos de los hijos de Dios revela que de alguna forma ellos no han aprendido, no han sabido o no han querido hacer de esta búsqueda su prioridad. De ahí cuán vital es esta enseñanza.
Nosotros hablamos la semana pasada de Mateo 6, a partir del versículo 25 hasta el 32, y dijimos algunas cosas. Por entre ellas dijimos que, de acuerdo a la luz de las enseñanzas de Jesús, la preocupación no es bíblica ni es lógica. Y Cristo nos animaba y nos decía el porqué nosotros no debiéramos vivir como el resto de la humanidad que vive cargada. Que si un día yo nací de nuevo, ese nuevo estado en el que yo ahora me encuentro debiera caracterizarse en un período relativamente corto por un nuevo período o estado emocional y espiritual que debe ser típico de los ciudadanos del nuevo reino en el que tú has arribado.
Los hijos de Dios están en este reino. Perdón, los hijos que todavía no han nacido de nuevo, las criaturas, los seres humanos que todavía no han nacido de nuevo, están en el mundo de las tinieblas como estábamos en un momento dado nosotros: cargados, preocupados, agobiados. Nacemos de nuevo, tenemos un nuevo amo, pertenecemos a un nuevo reino, tenemos una nueva ciudadanía, tenemos un nuevo dueño, estamos bajo una nueva administración. Y a pesar de todos esos cambios nuevos, hidramáticos y grandes, seguimos en este reino cargados, preocupados y agobiados. Y hay algo como que no computa.
La semana anterior dijimos que la preocupación —para poder ayudar a algunos de ustedes que quizás no han oído el mensaje a conectar— definimos la preocupación como pesimista porque siempre anticipa lo peor. Otras veces es futurista y por eso trata de controlar un futuro que realmente le pertenece a Dios. Cuando no es futurista, dijimos, vive en el pasado tratando de cambiar cosas que ya no podemos cambiar porque ya ocurrieron. Entonces, o es pesimista, o es futurista, o es preterista, o es especulativa, porque muchas veces está haciendo afirmaciones, llegando a conclusiones basada en una imaginación, no en hechos reales. Y más que otras veces, ese conjunto de cosas hace la preocupación ilógica.
Y Cristo nos dice por qué es bíblicamente ilógica. Él nos decía: ustedes tienen un Padre. Y vuestro Padre les ha dado la vida y el cuerpo, y por tanto, él se encargará de darles el alimento y la ropa. Cristo nos decía: es bíblicamente ilógica porque vuestro Padre cuida de las aves y vosotros valéis más que las aves. Y es bíblicamente ilógica porque vuestro Padre viste la hierba del campo, que hoy está aquí y mañana no está, y vosotros valéis mucho más que la hierba. La hierba, hombres de poca fe, con lo cual nos dejaba ver que la preocupación es pecaminosa, revela nuestras incredulidades. Y no solamente es pecaminosa —para terminar resumiendo lo que dimos la semana pasada— pero es pagana, y por eso Cristo nos animaba a no preocuparnos como los paganos, los gentiles, los incrédulos lo hacen, aquellos que no tienen a Dios por Padre, aquellos que no están de este lado del reino, del lado de la luz.
Pastor, muy bien, yo entendí todo eso, pero ¿cómo lo hago? ¿Dónde comienzo? ¿Cuál es mi inicio? ¿Cómo dejo de preocuparme? Y Cristo dice: bueno, pues buscar el reino de Dios primero. La búsqueda prioritaria del reino es el fin de tu preocupación. E inmediatamente después que dice "buscad el reino de Dios primero y su justicia", hay un punto y luego un "por tanto". El "por tanto" es la conclusión de lo que Cristo acaba de decir: por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Esa es una enseñanza sencilla, pero como que su aplicación no nos queda tan clara, y por tanto tenemos que desempacar eso.
Bueno, en primer lugar, la palabra "buscar" en el original, zetéo, que implica, que es definida como el conocer o encontrar algo que estaba oculto. El diccionario continúa, el diccionario del griego continúa, dice que implica también tratar de encontrar algo haciendo una investigación minuciosa. Y que en el contexto entonces en el que esto se encuentra implicaría no solamente un proceso activo, dinámico, minucioso, sino que entonces tiene que ver con un enfoque único, exclusivo, de mi mente en esa búsqueda.
Tengo una mejor idea ahora, o comienzo a entender de qué manera yo tengo que llevar a cabo esta búsqueda. No es pasiva, no es general, es minuciosa, es cuidadosa, detallada. Me ayuda a entender entonces que desear el reino, añorar el reino, soñar con el reino, anhelar el reino, no es lo mismo que buscar el reino. Muchos hijos de Dios quieren las bendiciones de Dios, y genuinamente incluso las quieren. Anhelan las bendiciones de Dios, anhelan la paz de Dios, genuinamente incluso lo hacen. Pero pocos son los que hacen todo lo que está en su poder para poder disfrutar de las bendiciones que Dios quiere darnos. Y eso nos ayuda a entender otra vez que buscar activamente, minuciosamente, no es lo mismo que desear, anhelar, soñar con algo.
La palabra es zetéo. Está en el presente imperativo, lo que implica que esto no es una alternativa que el Señor nos da. Entonces, una sugerencia, esto no es como: a mí me parece que a ti te haría bien buscar el reino de Dios primero. Esto es un mandato, esto es una orden que no debiera ser violada entonces.
Pero resulta que el texto me dice que yo debo buscar primero, proton, que significa, viene de su raíz protos, que significa encabezar algo prioritario, prominente, lo más importante, y que significa primero en tiempo, lugar, orden e importancia. Lo que esto quiere decir es que mi búsqueda del reino de Dios primero es algo que tengo que hacer detalladamente, minuciosamente, de una forma dinámica, activa, y yo necesito hacer de esta búsqueda lo más importante, lo prioritario, en orden, en importancia, en tiempo. En otras palabras, mi vida completa debe estar dominada por esta búsqueda. Mi vida debe girar en torno a esta búsqueda, no debe haber un aspecto de mi vida que no tenga que ver con esta búsqueda. Y entonces yo podría concluir: por tanto, no me preocupo.
Cristo me está dando la fórmula, pero yo necesito entender bien cómo es que esto funciona. Ya sé lo que significa buscar, ya sé lo que significa primero, yo necesito saber qué es el reino, porque si no sé lo que es el reino, no sé qué es lo que voy a buscar. Bueno, si usted no lo tiene fresco, yo le voy a recomendar que oiga otra vez el sermón de hace no sé, cinco, seis, siete domingos atrás, "Venga tu reino", porque todo ese sermón tenía que ver con el reino.
Pero rápidamente, el reino es una realidad por un lado interna, inaugurada en mi persona cuando el Espíritu Santo vino a morar en mí. El reino se inauguró, trajo nuevos valores, trajo una nueva cosmovisión, trajo una nueva vida. El reino es interior, es una realidad interior. Pero el reino es también una realidad exterior que se expande vía la propagación de su mensaje, de su verdad, que al propagarse va reemplazando, empujando, sacando hacia afuera los valores de este mundo, y los va reemplazando por los valores del mundo venidero en personas que van recibiendo el reino. Y en la medida en que ellos entonces afectan su entorno, el reino de Dios, de este lado de la gloria, sigue creciendo.
Definimos entonces en esa ocasión el reino como el ejercicio, la llegada del Señorío de Cristo, en el caso del creyente, a cada una de las áreas que tienen que ver con su vida particular. Cuando hay áreas en la vida del cristiano donde el Señorío de Cristo aún no está siendo reconocido, esa área de su vida no representa una búsqueda prioritaria del reino de los cielos, porque el reino de los cielos está directamente relacionado al concepto de Señorío en acción. Podemos pensar: ¿cuántas áreas de mi vida están todavía en desobediencia? ¿Cuántas veces después de obrar tengo que reconocer que no lo hice conforme a los valores del reino? Y en ese aspecto, en mi vida todavía hay una falta de la búsqueda prioritaria del reino de Dios. La búsqueda del reino de Dios primero implica, como dijimos, que toda mi existencia está involucrada o bajo el Señorío de nuestro Señor Jesucristo.
Pero el texto me dice también que yo necesito buscar no solamente el reino de Dios primero, sino que hay algo que Cristo quería agregar. No porque no estuviera incluido en el reino, sino para que les quedara más claro a los ciudadanos de ese reino: y es su justicia. La palabra que en inglés hemos mencionado tantas veces es "righteousness", es rectitud moral. Eso es como aparece en el inglés. Es que yo necesito que la búsqueda de Dios, el reino de Dios, todo aquello que representa el señorío de Cristo, que toda mi vida esté sometida a ese señorío. Y en segundo lugar, mi vida esté caracterizada por una búsqueda dinámica, continua, activa, minuciosa de lo que es la santidad de Dios reflejada en mi vida, la formación de su imagen. Y luego te puedes relajar.
Si pudiera decir: tu única preocupación debe ser la preocupación por la búsqueda del reino de los cielos. La búsqueda del reino tiene que ver con dos cosas: la autoridad de Cristo, el señorío de Cristo completamente ejercido en mi vida, y los valores y los mandatos de Dios que cuando yo los pongo en práctica contribuyen a la formación de la imagen de Cristo en mí. Y esa es la parte que tiene que ver con su justicia. Y cada área de desobediencia es un área que no estaba bajo ese señorío. Cada vez que yo violo un valor del reino, cada vez que yo violo uno de los mandatos de Dios, cada vez que yo hago algo en mi vida que no corresponde a los valores del reino o algo que un ciudadano no debería hacer, eso es algo productor de ansiedad temprano o tarde.
Y si tú miras hacia atrás, y puede ser un ejercicio momentáneo, de las veces cuando tú y yo hemos entrado en tribulación, en ansiedad, en dificultad, con toda probabilidad tú podrás encontrar que en esos momentos nosotros hemos violado de pensamiento, de acción o de omisión, uno de los valores del reino. La fe absoluta y confianza en Dios es uno de sus valores. De alguna forma yo no estaba poniendo ese señorío, o esa área de mi vida bajo el señorío y dominio de mi Señor.
Entonces ahora, a pesar de haberle pasado, a pesar de estar agobiados aquí, preocupados aquí en el reino de las tinieblas, y a pesar de haber pasado al reino de la luz, resulta que mi vida luce mucho como lucía antes. Cristo estaba consciente de esa carga inmensa con la que la humanidad vive. Y escucha sus palabras, escucha sus enseñanzas ahora en este texto: "Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde." Escucha ahora, no lo pierdas: "Y hallaréis descanso para vuestras almas." ¡Wow!
Cristo mira la humanidad, mira las multitudes y dice: "Están cargadas, están agobiadas, no me conocen. Venid, venid a mí y yo os haré descansar. Vosotros que habéis estado bajo la ley, que no les ha podido dar salvación, venid y yo los haré descansar." Parece que Cristo interpreta que mi llegada a Él debe ser sinónima con descanso.
El Jubileo que se celebraba en Israel cada cincuenta años apuntaba a la persona de Cristo. Era un año de gozo, de reposo; la tierra no se podía cultivar. Este era un año libre de cuidado y preocupación. ¿Por qué? Porque apunta a Cristo. Cristo, cuando llegué a Él, dice: "Venid a mí, yo soy el Jubileo. Llegó el Jubileo. ¡Jubiléate!"
Pero resulta que los hijos de Dios como que no pueden hacer eso. Entonces, una posibilidad, no la única, no estoy diciendo que es su caso, pero yo quiero traerlo dentro de las posibilidades que este texto encierra. Una de las posibilidades es que yo estaba aquí agobiado, preocupado, cansado, Cristo está allá y yo no he llegado. Yo creía que había llegado, pero no he llegado. Quizás. No sé si es su caso, está bien, yo no puedo juzgar eso, cada cual tiene que hablar con Dios, pero es posible.
"Pastor, me oye, pero yo estoy convencido que yo llegué." Ok, no vamos a discutir, yo no puedo argumentar eso. Usted llegó, pero todavía yo estoy cansado, preocupado y agobiado con frecuencia, distraído. Bueno, es que Cristo aquí dice otras cosas. Señal número uno: "Venid a mí los que estáis cansados y cargados, los haré descansar." Por decir algo más: "Tomad mi yugo sobre vosotros." Quizás es que no has tomado su yugo.
"Bueno, y entonces, quizás no tengo ningún yugo." No, nosotros siempre tenemos un yugo. Siempre. Cuando estamos en el mundo, el yugo es literalmente ese pedazo de madera, quizás algo nosotros hemos visto, que los bueyes tienen sobre el cuello y que es usado para poner dos bueyes juntos a trillar, a trabajar. Ese yugo es pesado, porque tiene peso aquí en el cuello, más el peso de aquello que yo tengo que tirar. Cristo dice: "¿Cómo tú vienes a mí? ¡Hey! Tú no tienes ese yugo, sométete a mi yugo."
En el contexto de la época, el yugo de los discípulos era la enseñanza de su maestro. De hecho, en el contexto de la época de Jesús, si una persona venía donde ese maestro y preguntaba: "¿Cuál es tu yugo?", él probablemente te diría cuál es el mandamiento que él consideraba más importante para agradar a Dios. En el caso de Cristo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas."
Entonces, quizás lo que ha pasado en aquellos que llegaron a Cristo es que tenían el yugo del mundo. Y el problema del yugo del mundo, la razón por la que es pesado, es que el yugo del mundo no solamente representa el pecado del mundo, y el pecado de ese mundo es inmensidad. Representa todas las exigencias y demandas que el mundo me hace y a las cuales yo quiero adaptarme, y con las cuales yo quiero competir, y las cuales yo quiero llenar. Y el mundo continuamente me sigue haciendo demandas de todo tipo en mi vida, a las cuales yo trato de conformarme, y eso crea mucha preocupación en mí.
Y Cristo dice: "¡Sal de ese yugo! Y entra ahora a mi yugo." "Bueno, pero ya estoy de este lado y todavía sigo cansado y agobiado." Bueno, el problema es que sigues tratando de vivir con el yugo del mundo que ya no tienes. Estabas así antes, te quitaron el yugo y has seguido así. De este lado, en este reino, pero todavía tratando de llenar las exigencias y las demandas de los valores del mundo y que el mundo te hace. En vez de, una vez quitado el yugo, levantar la cabeza y vivir de esta otra manera. Cristo dice: "¡Este es mi yugo!" Me enseña.
Quizás es que no estoy viviendo bajo su yugo. Y si no estoy viviendo bajo su yugo, no estoy bajo su señorío en todas las áreas de mi vida. Y donde no hay señorío, no hay supremacía de su reino, no hay búsqueda prioritaria de su reino.
¿Pues y qué más? "Tomad mi yugo, tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón." Aquí viene, sin puntos, sin pararse: "Y hallaréis descanso para vuestras almas." Es como que el final de esta enseñanza: el descanso para mi alma está íntimamente relacionado a un carácter que Cristo llama manso y humilde. Es que no estás aprendiendo de mí. Y pasaste de aquel mundo, de aquel reino a este reino. Estás ahora bajo mi yugo, pero hay una parte de tu carácter que no está reflejando el carácter del reino. No tienes mansedumbre, no tienes humildad. El orgullo presente está generando en ti muchas preocupaciones.
Toma. Primero el texto lo dice, y segundo: es el orgullo que trata de llenar las demandas del mundo, las exigencias del mundo. Quiere la aprobación del mundo, el aplauso del mundo. Compite con el mundo. El orgullo que quiere quedar bien, que quiere ganar los argumentos. El orgullo que quiere que se hable bien de él. Y todo eso nos genera tensión, tratando de garantizar que todas estas cosas ocurran. Cristo dice: "Aprended de mí, soy manso y humilde." El orgullo hace que haya competencia en mi corazón entre el reino mío y el reino de Dios. Por eso está la enseñanza: "Aprended de mí, y encontraréis descanso para vuestras almas."
El orgullo es lo que nos lleva a considerar, a querer, a veces a dar, a demandar, una serie de cosas que no pueden traer tranquilidad a nuestras vidas. Este es el mismo orgullo que al desear esas cosas no puede desear con la misma intensidad las cosas del reino de los cielos.
Yo decía que no es lo mismo buscar, mucho menos en este contexto "seteo", que desear, anhelar, añorar. No es lo mismo. Yo creo que eso necesitamos recordarlo, porque parte del problema es que lo anhelamos, lo queremos, pero no lo estábamos buscando. Y entonces tenemos que hacernos la pregunta: ¿qué es lo que causa en mi corazón, o que el corazón no tenga el deseo suficiente por las cosas del reino de Dios?
La pregunta no es, nunca ha sido, por qué el corazón humano es apático. No es verdad. Nuestro corazón, el corazón humano, o sea, algo nosotros sabemos especial, es un corazón apasionado. Él puede ser apático hacia el reino de los cielos, pero no es un corazón apático. "Bueno, nuestro corazón no tiene pasiones." "Bueno, pastor, no sé, porque yo nunca he tenido deseo por hacer mucha cosa. Yo realmente no hago nada." Bueno, tú tienes una pasión por la comodidad y el hacer nada. La haraganería es tu pasión. Pero todos tenemos pasiones en nuestros corazones.
El problema es que nuestros corazones tienen esos deseos que compiten con Dios. Y esos corazones están, yo quiero usar esta palabra, que tú lo pienses literalmente, plagados. Piensa en una plaga, porque son plagas. Nuestros corazones están plagados de ideas erróneas, mentiras, distorsiones, inseguridades y temores que forman ídolos para tratar de garantizar la seguridad que no tenemos. Y esos ídolos tienen todo un reino detrás que compite por la supremacía con el reinado de Dios.
Ahí está: buscar el reino de Dios primero. Pero ese reino de Dios tiene un rey. Y este ídolo compite con mi Rey. Y el ídolo tiene un reino que compite con el reino del verdadero y único Rey. Cuando Dios expulsó a Adán del Edén, Adán y Eva fueron los dos primeros ciudadanos del reino de los hombres. Porque hasta ese momento solamente había el reino de Dios, en el cual Adán y Eva existían y vivían, pero ahora se formó el reino de los hombres.
Cuando ellos pasan al reino de los hombres, experimentan un temor inmenso que ha sido heredado por cada uno de nosotros. Y esos temores, nosotros hemos tratado de calmarlos creando ídolos, de los cuales hablaremos un poco más adelante. Cada vez que nosotros experimentamos en el reino de los hombres un temor o una de esas inseguridades con la que venimos arrastrando, nosotros abrazamos nuestro ídolo otra vez, porque yo he crecido con él, me es familiar, y por lo menos me da una cierta seguridad inicial seguido por una gran intranquilidad peregrina.
Yo quiero que lo veas en ese orden. Hay una tranquilidad inicial que me hace buscar al ídolo en el tiempo de lo urgente, pero que va seguido de una intranquilidad peregrina que solamente Dios puede darme. Yo creo que lamentablemente, producto de esa expulsión de Adán de la presencia de Dios, la humanidad entera quedó sumergida bajo tres temores: el temor al fracaso o a fallar, el miedo al rechazo y el miedo a la soledad.
Déjenme hablar de algunas de esas cosas, porque esos temores han generado ídolos en nosotros con todos sus reinos detrás. Yo no tengo tiempo, esto tomaría varias sesiones para desarrollar todos estos o una gran parte de estos temores, pero algunas pinceladas nos van a ayudar y nos sirven de ilustración, y el Espíritu de Dios que se encargue de abrir cada una de nuestras mentes, de sanar todos los demás ídolos y reinos que tenemos detrás.
Es el miedo al fracaso o a fallar que nos vuelve perfeccionistas y controladores, y por eso dijimos que la preocupación es futurista, porque trata de controlar un futuro que solamente le pertenece a Dios. Pero déjame decirte algo. Piensa por un momento, por favor haz el ejercicio real, voluntario, y no te quedes simplemente así. Piensa en la situación más caótica que tú hayas vivido en tu vida, y si no la puedes pensar, por favor, invéntala en tu mente. No sé realmente, yo quiero simplemente ilustrar esto. La peor situación de más caos que tú hayas podido vivir, como en medio de un tsunami, como recientemente vivió Japón, o lo que sea, que sea un tsunami emocional.
En ese momento nuestro Dios estaba tan en control de tu caos y de tu vida como cuando tú hayas disfrutado de la mayor paz posible. Nuestro Dios está en su trono y en control, no importan los acontecimientos que estén ocurriendo debajo de la tierra y cuán caóticos parezcan. Él sostiene el mundo y su caos en su mano y lo orquesta para bien. Eso nos debe llenar de paz.
Cuando no tenemos el miedo a fallar o a fracasar, tenemos el miedo al rechazo, lo cual nos lleva entonces a buscar el aplauso de los hombres. Nosotros somos enfermizos con el aplauso de los hombres. El hombre de ciencia quiere el aplauso de la comunidad científica, y cuando su ciencia comienza a oler a la verdad de la Biblia y alguien le pregunta: "Pero ¿eso no es lo que la Biblia dice?", no, no, no, porque no quiere ser rechazado por su comunidad científica. Pero el evangélico de hoy en día quiere ser aprobado por el medio en que se envuelve, y por tanto, cuando los valores de la Biblia comienzan a chocar con el medio y el tiempo y la generación en la que se desenvuelve, de esa misma manera más fácilmente niega estos valores y abraza aquellos, porque estos me garantizan el aplauso de los hombres.
Escucha a Pablo, porque el problema de ese aplauso de los hombres es demasiado serio. Gálatas 1:10: "¿Porque busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres?" Escucha ahora dónde está la seriedad de este asunto: "Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo." Si estoy tratando de agradar a los hombres, no soy siervo de Cristo; si no soy siervo de Cristo, no estoy bajo su señorío; y si no estoy bajo su señorío, su búsqueda del reino no es prioritaria en mí; si su búsqueda no es prioritaria en mí, yo no puedo estar libre de preocupaciones.
¡Wow! Miedo al fracaso, miedo al rechazo, el miedo a la soledad nos lleva a pensar, a manipular, a planificar, a controlar nuestras circunstancias en formas no compatibles con la verdad de Dios. Cada vez más vemos en los periódicos personas, mujeres que expresamente no quieren casarse, pero quieren quedar embarazadas, piden una inseminación artificial o el pago a un hombre que las insemine. Sí, quiere quedar embarazada, pero no quiere casarse. Entonces, ¿para qué quieres un hijo? Su soledad. No quiere casarse, que pudiera resolver parte de su problema de soledad, y por eso Dios dijo que no es bueno que el hombre esté solo, pero su soledad la lleva a pensar en formas no bíblicas, y creamos, seguimos creando nuevos ídolos.
Entonces eso hace ese miedo al fracaso y miedo al rechazo. Ahora me voy a referir al miedo al rechazo. Eso hace que nosotros busquemos el éxito, y nuestra sociedad, no la de ahora, por muchos años, por muchos siglos, ha vivido intoxicada con el éxito. Pero la búsqueda del éxito no es más que una respuesta al miedo a sentirme rechazado, porque si fracaso me siento rechazado; si tengo éxito, la gente me buscará. Me buscará, y ahora yo necesito ser exitoso y lo voy a tratar de hacer. Y en ese sentido tenemos el corazón de los fariseos, que amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios, según Juan 12:43.
Eso es lo que ha hecho ese aplauso de los hombres. Es lo que ha hecho que hijos de Dios hayan, generación tras generación, cultura tras cultura, descollado más en las áreas que ellos consideran seculares —porque para el hijo de Dios no hay áreas seculares, toda la vida es sagrada— pero que ellos consideran seculares, versus las áreas que tienen que ver con su vida en el reino de los cielos. Y cuando comienzas esa distorsión desde temprano, ¿y quién causa la distorsión? Padres cristianos, ortodoxos doctrinalmente.
Yo voy a tratar de ilustrar. Es una ilustración, hay múltiples, esta es una para que usted pueda, con la ayuda del Espíritu, poder abrir el abanico. Nosotros le hacemos exigencias a nuestros hijos en su desempeño académico que las exigencias que le hacemos con las cosas que tienen que ver con su desempeño en el reino de los cielos ni se acercan en tamaño, en número, en intensidad, ni se acercan. Nosotros forzamos a nuestros hijos a estudiar, hacemos tareas con ellos, si tenemos que ponerle tutores le pagamos tutores, nosotros vivimos afanados continuamente: "¿Y está tu tarea? ¿Y está tu trabajo? ¿Ya estudiaste?" Continuamente. Pero por cada cien veces que hemos dicho algo parecido, ¿cuántas veces le hemos preguntado a nuestro hijo: "¿Cómo está tu alma? ¿Cómo está tu caminar con el Señor? ¿Cómo está tu estudio de la Biblia? ¿Ya leíste? ¿Cómo te fue en la escuela dominical? ¿Qué te enseñaron? ¿Qué aprendiste? ¿Qué no entiendes? ¿Qué te preocupa de lo que te han enseñado? ¿Qué choca con las cosas que quizás te enseñan en el colegio?"
No, no, no, lo que nos importa es que estén en cuadro de honor en el colegio, que no se les quede una materia, que sean buenos estudiantes. Y si tú piensas que yo estoy en contra de lo que es la excelencia académica, no, por Dios, yo estoy a favor de la excelencia, con la motivación apropiada. ¿Qué le estamos enseñando a la próxima generación? ¿Cuántas veces no le hemos dicho a nuestros hijos: "Tienes que graduarte, tienes que tener buenas notas para ingresar a una buena universidad, para que puedas atender a una profesión"? Por cada una de esas veces que hemos dicho eso, ¿cuántas veces le hemos dicho al mismo hijo la importancia que es tener, desarrollar un carácter piadoso, manso, humilde, una mente bíblica, un corazón bíblico? ¿Cuántas veces?
Forzamos a los hijos a ir al colegio, pero no queremos hacer el mismo grado de intentos y de forzarlos cuando tiene que ver con la iglesia, porque luego le cogen odio a la iglesia. Pero nunca se nos pasa por la mente que si los forzamos de esa otra manera les puede salir odio al colegio, lo cual nos dice a nosotros dónde tienen los padres su prioridad, porque no son consistentes en sus razonamientos.
Padre, si usted está en esta situación, yo no le estoy acusando. Estoy tratando de hacer una fotografía para que nosotros podamos acabar de entender lo que implica buscar el reino de Dios primero y hacer las correcciones apropiadas. Si hay otra actividad de la iglesia un día a la semana o un día al mes, otra actividad de la iglesia, pero al mismo tiempo lo ponemos en karate, en ballet, en judo, en no sé qué más, y lo llevamos todos los días y hacemos todo el esfuerzo, e incluso le decimos: "No, porque hay que estar en inglés ahora, dan karate ahora", como una cosa religiosa. Nosotros sabemos dónde está la búsqueda primaria, prioritaria: en el reino de los hombres. Seamos honestos.
Y es que el hombre es hombre. Escucha lo que dijeron los hombres que construyeron la torre de Babel: "Hagámonos un nombre famoso para nosotros", en Génesis 11. Ven, estaba comenzando la civilización y la gente quería fama. Hemos concluido: mis logros me dan significado, mi profesión me da importancia, mis posesiones hablan de quién soy. Nosotros los hombres somos muy buenos: llegamos a un lugar, Miguel Núñez, aquí está mi tarjeta de presentación. Y enseguida queremos que el otro sepa quién yo soy por lo que hago. Y vivimos enfermos con el éxito, con la fama, con el nombre, con el reconocimiento, con el aplauso de los hombres. Por eso buscamos dinero, fama, influencia, poder.
Salomón no nos ha enseñado nada. El pastor Héctor está enseñando el libro de Eclesiastés. Ese Salomón no nos ha enseñado nada, porque él buscó todo eso y quedó vacío.
Cuando no queremos ser aprobados por el éxito, queremos ser aprobados por la apariencia externa. Entonces gastamos toda suma de dinero en perfumes, peinados, ropas, gimnasios, cirugía plástica, carros, muebles, cortinas, todo lo que tú quieras, en lo externo. Pero comprometemos incluso los diezmos del Señor, porque los hemos gastado en cosas externas. Un seminario que cueste equis cosa, cristiano muy caro.
El retiro para nuestro ciervo de 3,300 pesos, muy caro, pero el campamento del verano cuesta 24,000, y 52 como yo vi en una tarifa recientemente, y 58. Y lo mandamos por el retiro de la iglesia 3,500, es muy caro, por eso no fue, pero están en un campamento secular 10 veces más caro, o 15 veces más caro. Bueno, por el que el retiro de iglesia 3,000 y el campamento era 6 semanas, sí, pero los valores de ese campamento le van a durar 3 días y a tu hijo le pueden durar 3 años, o sabrá Dios cuánto más.
Nos enfermamos con la apariencia externa, pero escucha 1 Pedro 3:3-4: "Que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro, vestidos lujosos, sino que sea el yo interno con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios." Que no sea externo. Calcula número de horas y número de dólares invertidos en apariencia externa del cuerpo para no pensar ni siquiera en casa y demás del cuerpo, y compáralo con número de horas y de dólares invertido en la cultivación del hombre interior, y tú vas a ver, porque el estudio se ha hecho en Estados Unidos, que la diferencia es abismal. Porque no tenemos la búsqueda del Reino de Dios en primer lugar. Un libro cristiano en quinientos pesos, muy caro. Un cine y una Coca-Cola, quinientos pesos, está bueno, está caro, pero está bueno.
Romanos 12 se nos dice que no debemos acomodarnos a los patrones de este mundo, sino ser transformados por medio de la renovación de nuestra mente. ¿Qué es lo que Romanos 12 está tratando de evitar? Que pensemos culturalmente y no pensemos bíblicamente. Eso es lo que Romanos 12 está tratando de evitar, porque cuando pensamos culturalmente buscamos reino terrenal, cuando pensamos bíblicamente buscamos reino celestial. Y ese reino celestial debemos buscar para que nuestros estilos de vida luzcan y sean compatibles con el valor del Reino de los Cielos.
La Palabra de Dios no nos fue dada solamente para memorizarla, nos fue dada para analizar toda la vida a través de ella. Y por tanto, si yo quiero pensar bíblicamente, yo necesito tener esa Palabra. Yo no necesito simplemente leer esa Palabra; mucha gente lee esa Palabra y no piensa bíblicamente. La búsqueda del Reino de los Cielos es minuciosa, es cuidadosa, es dinámica, es activa. Esta Palabra entonces necesita ser estudiada, porque aquí están los secretos del Reino. De la misma manera, de forma minuciosa, tienes que escudriñar la Palabra, memorizar la Palabra, meditar la Palabra, practicar la Palabra.
Pedro nos dice verdad. Le dice a las mujeres que ellas tendrían un yo interno caracterizado por un espíritu tierno y sereno, exactamente lo que Cristo dijo: "Aprended de mí que soy manso y humilde." Y Pedro dice tierno y sereno, y Cristo dice: "Y hallaréis descanso para vuestras almas."
¿Cuántas horas, cuántas preocupaciones no han surgido, usted no ha tenido? No porque me encierro en el salón, no porque se me van a bajar el pelo, porque te hallo viendo y se me van a engrizar los pelos y sí, con muchísimo sol me va a salir una mancha en la piel y se me va a arrugar la piel. Familia, me gusta que se me arruga la piel y el alma totalmente arrugada. Sí, pero es la piel que se ve a los hombres y lo que han de buscar es la aprobación de los hombres. Ya dice: "Sí, pero al final no son los hombres que te van a juzgar, soy yo, así que haz negocio conmigo."
Si yo quiero pensar bíblicamente, yo necesito, como decía Spurgeon, esta Biblia tiene que pasar a mi sangre, de tal manera que si la Biblia fuera azul, decía Spurgeon, y me cortan, yo sangraré azul. Mi sangre tiene que ser bíblica, decía él. Entonces yo tengo que preguntarme cuánto de mi estilo de vida realmente refleja esa cosmovisión que está aquí.
El problema es que vivimos de acuerdo a nuestros valores, y mañana, los valores con los que nosotros vivimos son los valores que hemos recogido. Francis Schaeffer decía lo siguiente: vamos acumulando nuestros valores como gérmenes o microbios por las calles de la vida. Los de esos viejos valores fueron absorbidos por ósmosis. Tú no tienes que sentarte con un hombre y enseñarle los valores del mundo. Cuando él vive en el mundo, él va a lucir como el mundo, no te preocupes. Él va a ser picado por ese mundo.
Y por eso es que nosotros, para deshacernos de esos valores viejos del hombre viejo absorbidos por ósmosis, nosotros tenemos que, en el mundo de Dios, de la luz, tenemos que hacer una búsqueda intencional. Lo otro fue por ósmosis, pero esto tiene que ser intencional para que esos valores puedan reemplazar los anteriores, empujarlos hacia afuera, encontrar un lugar en mi mente y en mi corazón. Y ahora entonces yo poder examinar toda mi vida, todo mi patrón de pensamiento y de conducta, a la luz de los nuevos valores y poder hacer los ajustes necesarios, porque había hecho demasiados ajustes culturales y familiares a lo largo del camino.
Nuestros estilos de vida están ampliamente influenciados, no, determinados por nuestros valores. Con esos valores yo veo el mundo, yo juzgo el mundo, yo reacciono al mundo, yo juzgo, yo hago, llego a conclusiones, yo comparo, yo emito juicio, yo acepto, yo rechazo, y todo eso tiene que ver con mis valores. Y cambiar esos valores no es algo que mucha gente quiere hacer porque le da miedo, y segundo, porque ya es tan parte de nosotros que nos gustan estos valores y lo que ha producido. Nosotros, por estos valores, determinamos mis emociones, mis sentimientos, mis deseos, mis hábitos y patrones de comportamiento. Cada patrón de comportamiento que usted ha tenido responde, y si usted lo califica en un momento dado de algo que Dios no aprobaría, eso corresponde a un valor que usted tiene.
Bueno, pastor, pero yo he visto eso en usted. Eso implica que yo soy parte de esa raza caída y que participo del pecado que nos afecta y nos infecta y nos contamina a todos. Eso no niega la verdad, simplemente me acusa de que violo la verdad. Ayer, hoy, quizás mañana.
Entonces, yo decía que esos valores los adquirimos por ósmosis, ok, pero ¿cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? Desde el primer día que yo salí a este mundo y tomé la primera respiración. Déjame decirte cuál es el área que más impacto tiene sobre la vida de un individuo en la formación de su cosmovisión: su núcleo familiar. Puede ser cambiado, claro, Dios quiere cambiarlo absolutamente, pero cuando usted entra al Reino de los Cielos, al entrar, su cosmovisión en ese momento, la que sea, sin usted saberlo, fue determinada mayormente por lo que pasó en su entorno familiar desde que usted tenía un año de vida, cuando comenzó a experimentar rechazos, comenzó a experimentar complacencia, comenzó a experimentar lo que usted quiera.
Entonces, los valores que yo tengo vienen de mi familia disfuncional, por eso yo necesito cambiarlos. Vienen de la educación secular que mis padres me proveyeron, de los amigos con los que yo me codeaba, y tengo que recordar que la mala compañía corrompe las buenas costumbres. De la cultura del momento, en cada momento hay una cultura con valores. De los libros que leo y de los que no leo. De los medios de comunicación, de Hollywood, de MTV, de los periódicos que leo, del mundo de la música secular, del alto cultural del momento y de las personalidades que nos llaman la atención, ya se llame Donna o cualquier otro.
El hombre lamentablemente copia sus valores de sus ídolos, y si hay algo que nosotros somos es expertos en la confección de ídolos y la perfección de los mismos. Y si pierdo uno, fabrico otro que ya estaba en proceso de fabricación.
Hoy en día la cosa es un poquito peor, porque en el pasado el dicho famoso dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres." Se refería a dime quién es tu vecino, dime con quién tú trabajas y te diré quién eres. Hoy en día el dicho "dime con quién andas y te diré quién eres" implica también dime con quién andas en la computadora, en el internet, y te diré quién eres. La gran cantidad de nuestros valores hoy en día han sido descargados, han sido bajados a la computadora del internet, de la computadora a nuestra mente, de nuestros corazones a nuestros estilos de vida. Por eso la pornografía de nuestros días quiere ser llevada a lo sagrado del matrimonio, porque hemos descargado la pornografía a nuestras computadoras y ya no solo está en la mente, ya está en el corazón, y ahora yo lo quiero en la práctica. Lamentablemente.
No nos comportamos como ciudadanos del Reino de la luz, nos comportamos más bien como ciudadanos del reino de las tinieblas. Estamos en una nueva ciudadanía, pero vivimos con una residencia vieja. ¿Y Cristo dice qué? ¿Tú quieres descanso para tu alma? Buscad primero Su Reino y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Aquí viene la conclusión: "Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana, porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástale a cada día sus propios problemas."
Abraham Lincoln, muchos años atrás, aparentemente estaba muy acostumbrado a cruzar un río en el estado de Wisconsin que se llamaba el río Fox. Entonces, como estaba tan acostumbrado y lo conocía también, alguien que quería cruzarlo quería hablar con él antes de cruzar y quería que le diera algunos tips, algunas claves. Le dijo: "La clave número uno que yo he desarrollado siempre en mi vida es no cruzar el río Fox hasta que yo no llegue a él." En otras palabras, yo no me preocupo hasta que yo no llegue a ver cómo está el río. "No os preocupéis por el día de mañana." Eso es lo que ilustra esto.
Cada día tiene su propio afán. La preocupación que tu vida y mi vida puedan exhibir en un momento dado son evidencia de que en ese momento, o en esa área, o ambas cosas, a momento y área, ahí yo no estoy buscando el Reino de Dios primero, sino algún interés terrenal. Y eso es lo que dispara mi ansiedad y falta de tranquilidad.
Esto es lo que dice Isaías 26:3: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado." La manera en que lo traduce la Nueva Traducción Viviente es casi igual, pero ayuda a entender un poquito más claro: "Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti, a todos los que concentran en ti sus pensamientos."
De manera que, de acuerdo a Isaías, cuando yo estoy fuera de paz —porque Dios es quien me mantiene en perfecta paz, Dios me mantiene en perfecta paz siempre y cuando mi pensamiento esté concentrado, enfocado en él— la ausencia de paz que yo experimento tiene que ver precisamente con que en ese momento, en esa área de mi vida, mi pensamiento no está enfocado en Dios. Está enfocado en el mundo de los hombres, está enfocado en mi propio entorno, en mi familia, en mis hijos, en mi iglesia. Yo pudiera hacer eso mismo: enfocarme en mi iglesia y no enfocarme en Dios, que son dos realidades distintas, relacionadas pero diferentes. Cuando yo no tengo mi pensamiento enfocado, concentrado en Dios, pierdo mi paz.
Cuando Jesús dice lo que Isaías dice, Dios dice a través de Isaías: "Buscad primeramente el reino y su justicia, y todas estas cosas por las cuales os preocupáis se os darán por añadidura." Pastor, pero antes que usted cierre, usted habló que si llevo los hijos, que si al karate, que si al judo, que si al inglés, pero eso no es pecaminoso. No estoy hablando de eso pecaminoso. El pecado no está en esos lugares donde usted lo llevó necesariamente, sino en que no tengo la misma pasión para poner el mismo énfasis, el mismo empeño y el mismo esfuerzo en la vida de mi hijo en las cosas que están relacionadas al reino de los cielos, su búsqueda y su justicia.
¿Por qué no me molesta todo ese esfuerzo en esa dirección, pero sí me molesta cuando tengo que hacerlo en la otra dirección? ¿Por qué me importa más? Por lo menos en la práctica, no en palabras —en palabras sabemos cómo quedar bien todo el mundo— pero en la práctica, ¿por qué me importa más el rendimiento académico de mi hijo que el carácter piadoso del mismo? "No, pero yo nunca he dicho eso." No, pero así vives. Eso es lo que tu hijo recibe de ti continuamente.