Integridad y Sabiduria
Sermones

¿Cuál es la razón por la que vives?

Joel Peña 7 mayo, 2023

¿Cuál es la razón por la que vives? Esta pregunta, nacida en medio del dolor por la partida de seres queridos, lleva a confrontar una verdad transformadora: una persona no está lista para vivir a menos que esté lista para morir. El apóstol Pablo, encadenado a un soldado romano las veinticuatro horas del día, escribe a los filipenses no desde la queja sino desde el gozo, y resume el propósito de su existencia en una frase que sostiene todo lo demás: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia."

Vivir es Cristo significa que el progreso del evangelio se convierte en el mayor interés sin importar las circunstancias adversas. Pablo había soportado palizas, naufragios, hambre y encarcelamientos, pero su enfoque permanecía intacto: aunque él estaba preso, la palabra de Dios no estaba presa. Vivir es Cristo también implica que las relaciones difíciles no desvían del propósito mayor. Algunos predicaban a Cristo por envidia, buscando causarle angustia, pero Pablo se regocijaba igual porque Cristo era proclamado. Las ofensas pueden ser rápidamente superadas cuando lo secundario ocupa su lugar correcto.

Morir es ganancia no porque el cristiano odie la vida, sino porque partir significa estar con Cristo, lo cual es mucho mejor. La palabra griega para "partir" evoca soldados desarmando sus tiendas para moverse, marineros soltando amarras, bueyes liberados del yugo tras la jornada. Policarpo, con ochenta y seis años sirviendo a Cristo, agradeció en la hoguera por ser digno de compartir la copa de su Señor. Mientras ese día llegue, permanece la labor fructífera: hacer progresar el evangelio con toda la vida.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Muchas veces cuando te toca predicar, compartir la palabra en cualquier círculo, ya sea en este momento o en un ambiente familiar o lo que sea, tú tienes varias opciones. En nuestro caso aquí, si ya hay una serie, uno se conecta a esa serie y habla de lo que se ha estado hablando. En otras ocasiones te dicen lo que tienes que hablar, vas a una conferencia, una charla y hay que hablar de eso. En otras ocasiones hay una necesidad muy conocida en el mundo, en la sociedad, en el país o en la misma iglesia, ahí se necesita abordar esa necesidad puntual y ahí es un tema para hablar de la palabra de Dios y obtener las verdades que apliquen.

Pero muchas otras ocasiones, como es el caso de hoy, tú no tienes esas fuentes o esos parámetros para decidir qué vamos a hablar, sino que tú tienes que ir a tu relación con Dios, a lo que Dios te ha estado hablando últimamente, por lo cual te ha estado llevando a orar en estos días, semanas o meses, y de allí entonces tomar: "Dios, tú me has estado hablando de esto y yo quiero compartirlo con la iglesia." Esa es mi posición hoy. Dios, como a muchos de nosotros, nos ha puesto a llorar con otros en estos días, nos ha llevado a orar por su consuelo, su esperanza, su paz, debido al dolor de perder a alguien muy querido en diversas ocasiones, increíblemente en estos días.

Y en esos momentos uno piensa, reflexiona acerca del significado de nuestra partida en algún momento, y también como consecuencia, cómo debemos vivir antes de que nuestros días aquí terminen. Se ha dicho en varias ocasiones que una persona no está lista para vivir a menos que esté lista para morir. No puedes vivir la vida cristiana adecuadamente, correctamente, a menos que abras la perspectiva cristiana y bíblica sobre nuestra inminente partida. Lo claro está también es que se está más listo para esa partida cuando hemos tenido claro cuál es el propósito de nuestra vida. Podemos estar más seguros de que si vivimos de acuerdo a ese propósito revelado, nuestra partida está incluso hasta deseada.

Y entonces en este tiempo, Dios nos ha, por lo menos a mí, puesto a pensar mucho en la pregunta que es el título de nuestro mensaje de hoy: ¿Cuál es la razón por la que vives? Porque si tú y yo entendemos y abrazamos el propósito correcto de por qué estamos vivos, entonces viviremos con gozo, con plenitud, con libertad, en los días que Dios nos permita estar aquí y de este lado. Y cuando llegue la partida también, estaremos listos y, como dije, deseosos de encontrarnos con nuestro Creador.

Así que para responder esa pregunta, ¿cuál es la razón por la que vives?, nosotros vamos a ir a Filipenses capítulo 1. Vamos a leer un pasaje, varios pasajes desde el 12 al 26. Así que únete conmigo y vamos a leer lo que el apóstol Pablo escribe a los Filipenses 1:12:

"Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto han redundado en un mayor progreso del Evangelio, de tal manera que mis prisiones por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, tiene mucho más valor para hablar la palabra de Dios sin temor. Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. Estos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del Evangelio; aquellos proclaman a Cristo por ambición personal, no con sinceridad, pensando causarme angustia en mis prisiones. Entonces, ¿qué? Que de todas maneras, ya sea fingidamente o en verdad, Cristo es proclamado, y en esto me regocijo. Sí, y me regocijaré, porque sé que esto resultará en mi liberación mediante las oraciones de ustedes y la provisión del Espíritu de Jesucristo, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, ahora y como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces no sé cuál escoger, porque de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor. Sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de ustedes. Y convencido de esto, sé que permaneceré y continuaré con todos ustedes para su progreso y gozo en la fe, para que su profunda satisfacción por mí abunde en Cristo Jesús a causa de mi visita otra vez a ustedes."

Grandiosas verdades en un solo pasaje. Esta es una carta muy conocida y tiene hasta un apodo: la carta del gozo. Quince referencias al gozo en tan solo cuatro capítulos, y es increíble estas referencias porque Pablo no está en un resort o en un spa o en un lugar de comodidad. Él está en la cárcel, encadenado a un soldado romano las 24 horas del día, y él está escribiendo una carta en referencia al gozo en medio de esa situación. Tan solo conocer esto, uno se pregunta, perdón en el lenguaje dominicano y coloquial: ¿este tipo está loco?

Este hombre está con una perspectiva en la mente y un enfoque que no es común para aquellos que caminamos en esta tierra. A pesar de la situación difícil y adversa en la cual él está, él no muestra tristeza, él está gozoso. Él no está quejándose, él está exaltando a Cristo. Él no está pensando en él y su comodidad o placer; su pensamiento está consumido por la causa de Cristo. Y este enfoque lo resume y lo ancla al propósito de su vida en el verso 21: "Pues para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia."

Esta expresión, este verso, es como la columna vertebral que sostiene todo lo que él ha dicho antes y va a decir después. Su razón de vivir, su razón de partir de esta tierra, es Cristo. Y nuestra intención en esta tarde es tomar ese pasaje y partirlo en dos, y tratar de entender según el contexto y todo lo que Pablo dice qué significa y qué implica "vivir es Cristo." En la segunda parte de esta porción, nosotros vamos a tomar el resto de ese pasaje, "morir es ganancia," qué significa, qué implicación tiene el que morir sea ganancia.

Nosotros inmediatamente vamos a tomar esa primera parte: vivir es Cristo, su significado. Lo que vale la pena resaltar antes de entrar a lo que significa esa frase es que Pablo no dice esa frase de una forma impersonal. Totalmente lo contrario, él dice: "Para mí el vivir es Cristo." Esto no es una experiencia ajena, esto es lo que yo creo y de lo que estoy convencido. Sin embargo, esas dos palabras "para mí" resaltan algo, hermano, y es que él está consciente también de que para otros el vivir no es Cristo. Y esto es una gran realidad, pero a nosotros hoy, no solamente para los no creyentes o los que no tienen a Cristo como su Señor y Salvador, nosotros podríamos decir: "Bueno, para mí el vivir es Cristo, pero para estos otros no, o todavía no."

Sin embargo, yo creo y estoy consciente a través de lo que muestra la Palabra de Dios, de que Pablo también se está refiriendo a cristianos que, a pesar de que Cristo les salvó, para ellos en su día a día su vivir no es Cristo. Se han desenfocado, han tenido otras metas, han sido tentados o permeados con lo que el mundo tiene como propósito de vida, y entonces su vivir es otra cosa pero no es Cristo. Y por eso él trata de aclarar desde el inicio: para mí esto es vivir, Cristo. Y me hace recordar verdad en siglos pasados cómo un hombre de Dios también se pone de pie delante de un pueblo que iba con tendencia a la idolatría y apartarse de Dios, cómo este Josué se levanta y dice: "Yo y mi casa serviremos al Señor". Es posible que muchos otros no lo hagan, pero yo y mi casa lo haremos. Y es lo que Pablo dice aquí: para mí el vivir es Cristo.

Y nosotros entramos entonces en el significado de esa frase. Vamos a ir por tres significados que él mismo da en este texto. Del 12 al 14 él nos dice que vivir es Cristo significa que él, Cristo, y el progreso de su causa es su mayor interés, no importando las circunstancias adversas en las que se encuentre. Leemos 12 al 14: "Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en que me he visto han redundado en mayor progreso del satisfacción. De tal manera que mis prisiones" —y ahí la palabra es cadenas— "mis cadenas por la causa de Cristo se han hecho notorias en toda la guardia pretoriana y a todos los demás. La mayoría de los hermanos, confiando en el Señor por causa de mis prisiones, cadenas, tienen mucho más valor para hablar de la Palabra de Dios sin temor."

Hermanos, esa breve descripción que Pablo incluye allí en ese verso 12 dice: "Quiero que sepan, hermanos, que las circunstancias en las que me he visto han redundado para el mayor progreso del satisfacción." Esa circunstancia no es simplemente el que esté preso ahora mismo. Si tú conoces toda la historia de Pablo hasta este momento, pudiéramos decir que son muchas las circunstancias que ha habido hasta este punto. Y 2 Corintios capítulo 11 lo resume muy bien, y yo voy a tratar de resumir eso que ya está resumido en 2 Corintios 11. Y nos habla de que Pablo había trabajado duro y sufrido mucho por causa de Cristo.

Y aquí viene la descripción: su cuerpo había soportado azotes, había sido apedreado, numerosas palizas, varios encarcelamientos, tres naufragios, peligros frecuentes de muerte, muchas noches de insomnio, muchas veces con hambre y sed, con frío. Y por último, como para ponerle la cereza allí en el delado del pastel, muchas preocupaciones por las iglesias. Ahora se encuentra encarcelado una vez más con la posibilidad incluso de ser condenado a muerte.

Pero como hemos mencionado, en lugar de quejarse, en lugar de cuestionar a Dios, culpar a otros, negar su fe, desanimarse o apartarse del satisfacción, él afirma: "Quiero que ustedes sepan, hermanos, que todas estas circunstancias en que yo me he visto han redundado en un mayor progreso del satisfacción. Quiero que ustedes sepan, hermanos, que si ustedes están enterados según las noticias y las cosas que les llegan que yo estoy preso y que he pasado por muchas cosas, pues bien, eso no tiene relevancia. Lo importante es que el satisfacción está progresando."

Vivir es Cristo implica que hay un interés genuino en el cristiano de que, no importa la condición, incluyendo la adversa o la difícil, él está interesado más en cómo esto está produciendo que el satisfacción sea conocido, Cristo sea exaltado y proclamado. ¡Asombroso! Pablo está hablando de que no se trata de él, se trata de la causa del Señor. El satisfacción está progresando, y el progreso incluye algo inesperado realmente para cualquiera de nosotros.

Él está preso en una cárcel romana, y allí en esa cárcel dice él que es notorio su encarcelamiento por la causa de Cristo en la misma guardia pretoriana, o sea, la guardia del palacio del gobernador donde él está encarcelado, y a todos los demás. Yo me reía internamente mientras leía ese pasaje y meditaba en él, porque es impresionante. Pablo está preso, custodiado por soldados, verdad, que la intención era silenciar a Pablo. Cero predicación, ya está bueno. Y ahora estos soldados son los que están forzados por Dios a escuchar al mensajero de Dios compartiendo el mensaje en medio de la cárcel.

Y es que Pablo estaba convencido de algo, hermanos, de lo que tú y yo tenemos que recordar: aunque él estaba preso, la Palabra de Dios no estaba presa. Lo que dice 2 Timoteo capítulo 2, del 8 al 10, dice: "Acuérdate de Jesucristo, Timoteo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi satisfacción, por el cual sufro penalidades hasta el encarcelamiento como un malhechor. Pero la Palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús y con ella gloria eterna."

Estaba claro de que la causa de Cristo lo llevó a la prisión, pero la prisión no significaba que la causa de Cristo estaba en pausa, como muchos de nosotros, ¿verdad? Hay temporadas en la vida nuestra que nos fuerzan a no hacer lo que acostumbramos. Hay algunos de ustedes, y a mí me ha ocurrido, de que por la situación que estoy no puedo estar en la iglesia con la frecuencia que debo estar. Mi corazón está allí, yo quiero estar allí, pero no puedo. Pablo estaba en esa situación: quería estar con los hermanos, seguro quería servir a Cristo afuera predicando, pero estaba en la cárcel.

Muchos de nosotros somos forzados a tener la tentación de que no solamente la pausa de nuestras acciones o tradiciones o eventos sea una realidad, sino que pausamos nuestra relación y la misión que tenemos. "Ah, no, que me ha dado dificultad, ya cero oración, cero predicación, cero utilizar cada cosa para el Señor, y hasta que yo no salga de la cárcel, entonces ahí vuelvo a predicar." No, no. Pablo tenía con claridad que toda circunstancia, toda condición o situación es una plataforma dispuesta por Dios para tú seguir viviendo por la causa de Cristo.

¿Cuál es tu plataforma ahora mismo, brother o sister? ¿Qué está en tu mente, en tu corazón, en tus labios, en tus acciones cuando en esta vida tú estás en medio de situaciones adversas? ¿Será tener este corazón de Pablo, y que aunque esta dificultad verdad está allí presente, tu anhelo constante es que la causa de Cristo progrese? Pablo estaba claro ya que no importa que él estuviera libre o preso, lo importante era hacer avanzar el satisfacción, y va a ser mostrado con su vida.

Y nosotros, hermanos, y nosotros... Yo decidí pensar en un momento en algunas situaciones de nosotros. Si estás casado o estás soltero, vivir es Cristo. Tu meta debe ser darle a conocer en una o la otra. Su causa es más relevante que tu estado civil. Los casados decimos: "Ah, cuando yo estaba soltero, si yo estuviera soltero, estuviera predicando un cacho, visitando aquí y allá." Y ahora, la causa de Cristo no determina... o tu estado civil no determina que si la causa va a avanzar o no. Y los solteros están pensando: "Si tan solo tuviera una compañera, entonces yo pudiera, o compañero, yo pudiera hacer muchísimas más cosas." Eso no está determinado por nuestro estado civil.

Si tienes hijos o no los tienes, que tu vivir sea Cristo y su causa también. Si los tienes, a progresar la causa en medio de tu crianza. Y si ya están criados, testifica. Y si no los tienes, que el mundo conozca cuál es tu plenitud: se llama Jesús, no el tener hijos. Aquellos que tenemos trabajo y que ese trabajo, verás, nos consume nuestra fuerza, hay retos, dificultades con personas, con situaciones, que eso no te desoriente de tu fin último de estar allí en ese trabajo, y es mostrar a Cristo con tu labor, tus actitudes, tu testimonio. Él te tiene allí y Él quiere usar eso para dar a conocer su persona.

"Pero yo ni siquiera trabajo tengo." Ah, ok, y la provisión es corta, no tengo mucho que hacer. Bueno, es en ese momento que tú tienes que mostrar cuál es la fuente de tu verdadero gozo, paz y provisión real: se llama Cristo, ¿o no? Y como Habacuc tú pudieras decir: "Con todo, yo me alegraré en el Señor y me regocijaré en el Dios de mi salvación. Sí, yo espero tu provisión, sí, yo clamo por ella, pero en ese proceso esto no servirá de silenciador de mi boca y de mi vida para yo exaltarte." Sano, enfermo, con comida, en ausencia de ella, con limitaciones o en abundancia.

Hermanos, necesitamos hacer ver a este mundo el maravilloso, el glorioso mensaje de Cristo con nuestras vidas, que puede salvar a pecadores como lo hizo Dios contigo y conmigo. Es increíble cómo de la manera en que manejamos las pruebas, Cristo será magnificado o no delante de un mundo escéptico y sin fe. Somos como ese telescopio que sirve para muchos el poder ver. Allí ven ellos la vida de este cristiano y pueden ver con claridad la inmensidad de Dios si lo capaz que es de sostener Él a un hombre y una mujer débil. O podemos girar ese telescopio y verlo a la inversa, y ese telescopio cuando tú lo tomas a la inversa, lo gigante y majestuoso se ve pequeñito. Y nuestras vidas, de acuerdo a como manejamos esas pruebas, hacemos ver a Dios como Él es, gigante y maravilloso, o pequeño y sin poder.

Vivir es Cristo, primero, significa que mi mayor interés en cualquier situación, aunque sea adversa, es que yo quiero que su causa prospere. Segundo, vivir es Cristo, en los versos del 15 al 18, podemos ver que significa que mi mayor gozo es que Cristo sea proclamado aun en medio de relaciones difíciles con otros. Ahora nos acercamos a algo como más personal.

Versos 15-17: "Algunos, a la verdad, predican a Cristo aun por envidia y rivalidad, pero también otros lo hacen de buena voluntad. Estos últimos lo hacen por amor, sabiendo que he sido designado para la defensa del satisfacción. Aquellos, los otros, proclaman a Cristo, pero es por ambición personal, no con sinceridad, y ojo aquí, pensando causarme angustia en mis prisiones."

Pablo está aquí hablando de dos grupos que salen de un grupo general. Él dijo en el verso 14 de que la mayoría de los hermanos está tomando valor para predicar la Palabra sin temor. Ok, la mayoría de los hermanos. Y ahí está ese grupo, la mayoría, y dentro de...

Ese grupo hay dos grupos más. Tienen cosas similares, pero una gran diferencia. ¿Cuáles son las cosas similares? Bueno, lo primero es evidente: son hermanos, tienen la misma fe. Sí, creen el evangelio, somos de la misma familia. ¿Cuál otra característica común? Bueno, Pablo dice que ellos están predicando a Cristo, y ambos lo hacen. O sea que ambos predican el mismo mensaje. Además de tener la misma fe, predican y proclaman a Cristo. Su mensaje es el que salva. Ninguno de los dos grupos le añade o le quita a Cristo para salvación; todos predican el evangelio verdadero.

Pero hay una pequeña diferencia, y es la motivación por la cual predican. Pablo dice que hay unos que lo hacen de buena voluntad y lo hacen por amor. Por amor a los perdidos, pero también por amor a mí, sabiendo que he sido designado para la defensa del evangelio. Ellos están claros de que yo estoy en la cárcel, pero es una cárcel por causa de Cristo. Ellos predican conociendo eso.

Otros, las palabras que Pablo usa aquí son fuertes, porque ellos predican a Cristo por envidia y rivalidad. Imagínatelo, hermano. No, no te lo imagines; es una realidad. Estos hermanos estaban pregonando la salvación del Señor, pero con su mente, en sus afirmaciones, ahí había, como decimos en dominicana, tiradera. Envidia. Estaban en contra de Pablo. Y decimos que se refieren a Pablo porque termina describiéndoles con ambición personal, sin sinceridad, pensando en causarme tristeza, angustia en mis prisiones. O sea que estos hermanos pregonaban la Palabra fielmente, pero dentro de ese mensaje su motivación detrás era pisotear a Pablo por envidia.

Hace unos once años, el pastor Miguel predicó de esta carta en una serie de sermones y trajo una definición de la envidia que para mí fue bien ilustrativa. Dice así: cuando experimentamos envidia, el problema no es que queremos lo que el otro tiene. Ese no es el problema; eso se llama codicia, querer lo que el otro tiene. La envidia va más allá. Lo que produce la envidia, sigue la cita, es hacernos desear que el otro no tenga lo que tiene, y con eso desposearlo de lo alcanzado.

¿No lo ven los niños, verdad? "¿Por qué le dieron eso a él? Está bien, pero ¿por qué él es mejor?" Al final, lo que quiere es quitárselo. Eso no se ve en los niños solamente; se ve en nosotros adultos también. "Ese tipo no se merece esa posición, ese ascenso que le dieron. Yo trabajo más que él. Además, él debería estar fuera de la compañía." Ese sentimiento, la envidia, no solamente quiere lo del otro, sino que trata o desea que el otro no tenga lo que tiene.

En este caso, ¿por qué podría haber envidia con Pablo? Está preso, ¿qué envidia hay ahí? En eso no. Es que ellos saben de alguna forma que Pablo ha tenido una preponderancia grandísima en todas las iglesias gentiles de toda esa zona de Asia, incluyendo en Filipos. Había entonces envidia de toda esta, entre comillas, popularidad o fama de Pablo y su influencia. Había rivalidad, había ambición personal, y querían añadirle angustia.

Yo me hacía la pregunta, hermano, y yo sé que usted tal vez se la pudiera hacer: ¿será posible que sean cristianos? Y Pablo les llama hermanos. Y nosotros podemos ver eso en púlpitos hoy, de que se utiliza esto que debe ser sagrado para predicar la Palabra y a la vez tirarle a otros hermanos o iglesias que son cristianas también. Pero no solo estos púlpitos; hay otros púlpitos que son electrónicos y están en las redes sociales, donde cristianos se tiran el uno al otro, verdad, se juzgan, se cuestionan, se ofenden. Y lamentablemente hay una motivación que es incorrecta, como este caso.

Pablo, en esta misma carta, en el capítulo dos, versículo tres, dice: "No hagan nada —ojo— no hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo." Ese es el estándar para vivir como Cristo, pero estos no lo estaban viviendo así.

Ahora, lo que más llama la atención de este pasaje es la reacción de Pablo. Evidentemente, versículo 18: "Entonces, ¿qué? De todas maneras, ya sea fingidamente, como esos, o en verdad, como otros, Cristo es proclamado, y en esto me regocijo. Sí, y me regocijaré." Lo importante no soy yo. Lo importante no es si ellos están hablando de mí, si me ofenden, si le agrado o no le agrado. Mira, Cristo está siendo proclamado. Tranquilo, hay gozo para mí.

Uy, hermanos, cuánto significado, cuánta implicación hay en esa reacción. Porque esto tiene que ver con opiniones de otros, relación con otros, lo que el otro dice y piensa de mí, cómo yo reacciono con esto. Y aquí Pablo pone todo eso en un lugar secundario, lo baja de nivel y categoría, y levanta lo importante. Lo relevante es que Cristo siga siendo conocido. Es la causa de mi vida; no importa cómo ellos me traten.

Esta semana yo tuve una reunión que el centro era ministerio, hablar del ministerio, hablar de temas de servicio al Señor, cómo íbamos, cómo estaba todo. Y en esa conversación, Dios como que movió el tema para que un par de los hermanos allí presentes abordaran una situación en la que ellos habían tenido roces y había provocado una aparente lejanía en su relación. Sin embargo, Dios ministró profundamente a mi corazón cuando yo les oí hablar de esa situación y lo que ellos habían determinado hacer. Yo oí expresiones como esta: "Era así, yo me sentí mal por esto y aquello, pero Dios me ha llevado a pasar eso por alto y no darle tanto peso, porque Cristo es digno y su evangelio es más importante."

¿Te imaginas, hermano, que en los hogares haya ese tipo de actitud? ¿Te imaginas que una esposa y un esposo tengan diferencias y su relación esté siendo afectada, y al final ellos sean movidos a pasar por alto la ofensa porque ellos viven para un propósito mayor? ¿Te imaginas en las relaciones aquí de hermanos, lo que el otro dijo, lo que el otro piensa, en mis relaciones con los que trabajo? Que como yo tengo claro que mi vida aquí es Cristo, esas otras distracciones que me tientan a defenderme, a poner en la lupa o en el estrado mis derechos, son puestas a un lado. Porque no, no, no, yo tengo una labor en este trabajo y es Cristo. Yo tengo una labor en esta familia y es Cristo. Yo tengo una labor en esta iglesia y es Cristo. Mientras Él sea proclamado, todo lo demás será sobrellevado con gracia que viene de Él.

Obviamente, eso no quiere decir que no haya momentos en que tengamos que abordar esos temas, como fue el caso de este ejemplo. Pero incluso el abordaje trata al final de levantar a Cristo. Él es digno.

Pablo lo explicaba de una forma hermosa en 2 Corintios 5:15, lo que significa ser cristiano: "Y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos." Mi vida en esta tierra, todo lo que ocurre, incluyendo mis relaciones, están sujetas a algo mayor. Yo vivo no para mí, sino para Aquel que murió y resucitó por mí. Y él lo dice en Gálatas 2:20 también: "Ya no vivo yo, vive Cristo en mí. Y lo que vivo ahora en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios." El cristiano ya no vive para sí; vive para Cristo. Por eso, aun las ofensas de otros pueden ser rápidamente superadas, porque eso es secundario y su mayor gozo es que Cristo sea proclamado. Y en eso Pablo se regocijaba.

Tercero: ¿qué es "vivir es Cristo"? En los versículos 19 al 20, nosotros vemos que vivir es Cristo significa que cuando yo esté enfrente de la posibilidad de vivir o morir, mi mayor anhelo es que Él sea exaltado de cualquiera de las dos formas, ya sea que viva o que muera. Y ya ahí estamos pasando a nuestro segundo y último punto.

Pablo expresa en los versículos 19 al 20 lo siguiente: "Porque sé que esto resultará en mi liberación, mediante las oraciones de ustedes y la provisión del Espíritu de Cristo, conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado, sino que con toda confianza, aún ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte."

Hay una esperanza, claro, que Pablo tiene, y es que él va a ser liberado. Y Dios va a usar un par de cosas para esa liberación que le espera: las oraciones de los cristianos de Filipos y la provisión del Espíritu Santo. Esas dos cosas, la oración y el Espíritu Santo, van entrelazadas y no se separan. Pablo confiaba en que Dios escuchaba la oración de sus hijos y que, como resultado de esto, Él proveía de su Espíritu para ayudarle, y en este caso, para librarle.

Y yo me ponía a pensar, verdad. Uno no entiende cómo el Dios dueño ilimitado de todo el universo, capaz de hacer lo que Él quiere hacer, que no tiene que pedirle permiso a nadie, puede involucrar en medio de esa soberanía y poder la oración de una mujercita y un hombrecito de la tierra para hacer su obra. Que Él decide utilizar las oraciones de sus hijos como medio, como canal, para manifestarse y librar y sanar y dar fuerzas y salvar.

Pablo sabía el poder de la oración, hermanos. Y esto no lo dice aquí; él pide oración en muchos de sus cartas. Y solamente traje un par de referencias simplemente para resaltar este punto. Colosenses 4:3-4: "Oren al mismo tiempo también por nosotros. Oren, ¿para qué? Para que Dios nos abra una puerta para la Palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también he sido encarcelado, para manifestarlo como debo hacerlo." Pablo sabía que si él quería vivir la causa de Cristo, necesitaba la ayuda de Dios y las oraciones de los hermanos.

2 Tesalonicenses, capítulo tres, también en la referencia: "Finalmente, hermanos, oren por nosotros, para que la palabra del Señor se extienda rápidamente y sea glorificada, así como sucedió con ustedes. Oren también para que seamos librados de hombres perversos y malos, porque no todos tienen fe."

La oración tiene poder, hermanos. Por eso, en la historia de la iglesia cristiana, nosotros conocemos hombres como el pastor Charles Spurgeon, que mientras él tenía una predicación exitosa y muchos venían a la salvación, él tenía un ejército de personas orando en un sótano por esa predicación. Hace unas horas, en el primer servicio, un pastor de esta iglesia llamado Miguel Núñez, pero lo conocerán si acostumbran a venir, antes de predicar me dice: "Tú predicas, nosotros oramos, y Dios obra." Confianza en Dios, pero en el...

Pablo tenía esa certidumbre a través de la oración y la provisión del Espíritu. "Yo tengo la esperanza de ser librado, yo tengo la confianza no solamente de eso, sino también que yo no voy a ser avergonzado. Yo tengo la confianza, aun ahora como siempre, de que Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte." Qué convicción, hermanos, de que Dios era su razón de vivir. No importa a dónde vaya su vida, el destino final, ya sea continuando viviendo o que se acabó todo esa vida, Cristo va a ser exaltado.

¿Cómo Cristo es exaltado? Bueno, uno viene a pensar que Cristo es exaltado, claro que sí, cuando lo liberan. ¡Qué poderoso Dios! Cristo es exaltado cuando levanta los enfermos y los sana. Nadie pudo hacerlo, solo Él. Pero Pablo no dice eso. Pablo dice: aunque yo viva, Él va a ser exaltado, y aunque yo muera, Él va a ser exaltado.

Años cercanos a esta fecha donde Pablo vivía y escribía esta carta, tenemos ejemplos claros de esas dos opciones: vivir o morir y Cristo glorificado. El apóstol Pedro, preso por Herodes, a punto de encontrarse con Herodes para un juicio final, y Dios envía un ángel. Se le aparece en medio de la cárcel a Pedro, las cadenas de repente se caen, la primera puerta se abre, la segunda se abre, la tercera se abre, y Pedro ya está fuera. Cuando llega al lugar, la gente no lo creía. "Mira, que lo que es Pedro." "No sé, no, Pedro." Pero la sierva estaba glorificando a Dios, llena de alegría. "¡Pero está libre!" Realmente Cristo es glorificado cuando somos librados y tenemos vida.

Tenemos más ejemplos. El apóstol Pedro fue librado. El apóstol Jacobo no fue librado, sino que murió decapitado. Lo maravilloso de eso es que en todo el proceso él nunca negó su fe, se mantuvo proclamando a su Salvador, y esa muerte también exaltó al Cristo a quien Jacobo creyó. Ya sea por vida o por muerte.

¿Cuál es el propósito de tu situación actual, hermanos? ¿Será que en el transcurso, en el proceso, mientras pasan los años, cada hora, cada día de tu existencia, procures levantar a Cristo, magnificarlo? Eso es lo que significa exaltarlo: hacerlo ver como es. O incluso en tu camino a la muerte, ese camino que todos, o la mayoría, temen caminar, rechazan incluso hablar de eso. Pero el cristiano que tiene como objetivo en su vida "vivir es Cristo," aun la muerte es una oportunidad para exaltarlo.

Nosotros vamos a seguir hablando de esto ya en el segundo y último punto: morir es ganancia. ¿Cuál es su significado e implicaciones? Verso 21: "Pues para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia."

Para explicar lo que significa esa frase "morir es ganancia," primero yo creo que es sabio comenzar explicando qué no significa esa frase. Lo primero que no significa es que el cristiano debe desear la muerte porque odia la vida. Normal, o sea, que está tan mala aquí que "mira, yo voy a estar aquí, vámonos, salgamos huyendo de aquí." No. Incluso Pablo, cuando tiene delante de él la posibilidad de que él pudiera irse con el Señor, él dice: "Quiero irme y partir con Él porque eso es mucho mejor, pero si quedándome aquí yo voy a hacer y trabajar en una obra fructífera para la obra de Cristo, yo no sé cuál voy a escoger." Porque esta vida tiene sentido cuando la vivo para Cristo, y él no odiaba la vida. Él mostraba gozo incluso a pesar de las condiciones de esta vida.

Por tanto, mientras tengamos vida, hermanos, yo estoy hablando de aquí a jovencitos, jóvenes, jóvenes mayores, adultos, adultos mayores y adultos súper extra mayores, como usted le quiera llamar, mientras tengas vida aquí en la tierra tienes propósito para hacer una obra fructífera para Dios. No tengas duda. El concepto occidental de retirarse, ya retirarse no solamente del trabajo sino también de todas las labores que yo tengo que hacer como cristiano, hermanos, es un concepto antibíblico. Tú eres su instrumento mientras estés aquí.

Que tampoco significa, "morir es ganancia" no significa que el cristiano no se duele por la muerte de esos seres queridos. No significa que no lloramos. No significa que, como Cristo así lloró la pérdida de su amigo Lázaro, nosotros no lloraremos. No, Él lloró, y Él es una excelente evidencia de que hay razones para llorar. Romanos 12:15 también nos dice: "Gócense con los que se gozan, pero lloren con los que lloran." Hay muchas razones para llorar: identificarnos con otros, la pérdida de alguien, la enfermedad, el dolor. Sin embargo, la Palabra también dice en Primera de Tesalonicenses que no lloramos como los que no tienen esperanza. Esa es la gran diferencia. No es que no vamos a llorar, sino que vamos a llorar, pero con un aliento de esperanza que baña ese dolor, porque Cristo venció a la muerte.

¿Qué sí es "morir es ganancia"? Verdad, ¿qué sí es "morir es ganancia"? Bueno, ya he mencionado una parte. Morir es ganancia significa que el cristiano afronta la muerte como otra manera más de exaltarlo, otra de glorificarlo. Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte. Y hermanos, es asombrosa la cantidad de ejemplos, de modelos que nosotros tenemos de eso. A veces a nosotros se nos olvida, y a veces cuando la muerte llega repentinamente, a veces cuando estamos en una situación donde esto es una realidad, a veces nos quedamos como sin palabras. "¿Y qué pasó, Señor?" Pero cuando Dios nos lleva a su Palabra primeramente y nos muestra todos los tesoros que hay en referencia a esa etapa de nuestra vida, pero también nos lleva a la historia de la iglesia, nosotros encontramos demasiados ejemplos de cómo exaltar a Cristo camino a la muerte.

Yo traje un par de ejemplos. ¿Saben que en Inglaterra había una reina? Hubo una reina llamada, o le decían, "Bloody Mary," María la Sangrienta. Su nombre real era María Tudor, y en ese reinado al menos 288 personas murieron quemadas en la hoguera por negarse a abandonar sus creencias protestantes. Todos, un gran grupo de esos mártires, fueron fieles en sus muertes y lo vieron como un medio para exaltar a Jesús.

Primer ejemplo: alguien que no conozco, y seguro ustedes no lo conocerán, es un equis para nosotros. Un amigo del obispo John Hooper le suplicaba con muchas lágrimas que se retractara y así salvaría su vida. Este amigo había sido salvado por la predicación de este obispo John Hooper, y ahora que John iba a ser llevado a la hoguera, este amigo le clamaba con lágrimas: "Mira, dile que sí, que tú te retractas, y ya salvas tu vida." Y el amigo lo instó a recordar. Oigan las palabras del amigo: "Mira, la vida es dulce, la muerte es amarga, ven." Pero Hooper, conociendo la verdad bíblica, le respondió: "La vida eterna es más dulce, y la muerte eterna es mucho más amarga. Yo tengo una decisión clara." Aun allí, en el momento final, exaltó a Cristo.

Otro ejemplo de esos tiempos de María la Sangrienta: un hombre llamado John Bradford. Se llamaban John mucha gente en ese tiempo. John Bradford tenía 35 años, y estando en la hoguera levantó las manos hacia el cielo y exclamó: "¡Oh, Inglaterra, Inglaterra, arrepiéntete de tus pecados! ¡Cuidado con la idolatría! ¡Cuidado con los falsos anticristos! ¡Cuidado que no les engañen!" Entonces se volvió hacia un joven que estaba a punto de ser ejecutado con él y le dijo: "Alégrate, hermano, porque tendremos una cena grandiosa con el Señor esta noche." Hermanos, aun en ese momento final, le estaba claro para dónde iba.

El último ejemplo que quise traerles es mucho más conocido, y seguro ustedes lo han oído, pero es tan hermoso, tan representativo de esta gran verdad de exaltar a Cristo en la muerte. Líder de la iglesia de Esmirna y discípulo del apóstol Juan: Policarpo. En su juicio se le insistió que si juraba por el emperador romano y maldecía a Cristo, quedaría libre. A lo que Policarpo respondió: "Llevo 86 años sirviéndole." ¿Escucharon bien lo de mayores? "Y ningún mal me ha hecho. ¿Cómo he de maldecir a mi Rey que me salvó?" No sé, que pueden guardar la pausa todavía. Finalmente los soldados lo agarraron para atarlo a una estaca. Atado ya en medio de la hoguera, y cuando estaban a punto de encender el fuego, Policarpo elevó la mirada al cielo y oró en voz alta: "Señor Dios soberano, te doy gracias porque me has tenido por digno de este momento, para que junto a tus mártires yo pueda tener parte en la copa de Cristo. Por ello te bendigo y te glorifico. Amén." Últimas palabras. ¿Te imaginas, hermanos, que aun en el momento en que ya todo se acabó, ahí tú aproveches? "Señor, hasta aquí yo he llegado, pero gracias a ti, te glorifico, mi vida es tuya." Eso muestra que morir es ganancia.

Morir es ganancia obviamente por lo que Pablo dice en ese verso 23: "El deseo de partir y estar con Cristo, para mí esto es mucho mejor." Es ganancia porque yo parto y no me quedo en el aire, en el limbo, esperando que alguien ore por mí acá, ahora, santito lo que sea, como quiera que se llame. No, Pablo habla claramente: parto y estoy con Cristo inmediatamente, y eso es mucho mejor. Mucho mejor. Morir significará entonces estar con el Salvador, y esa es la mayor ganancia de todo creyente.

La palabra que Pablo usa para "partir" es tan rica, hermanos. Yo no tengo tanto tiempo para detenerme en todo lo que significa, pero voy a ser rápido. Es una palabra usada por soldados que desarmaban sus tiendas de su campamento en la guerra y estaban listos para moverse a otra parte. "Recojan todo, que nos vamos." Eso significa morir para un cristiano: "Recojan, yo no tengo nada, que me voy para donde yo realmente pertenezco." Era usada por los marineros desatando un barco para que quede libre para navegar. "Suelten el ancla, suelten las amarras, el barco navegando." Así es el cristiano cuando va a la presencia del Señor: suelta las amarras que este cuerpo tiene y queda libre para estar con su Rey. Era un término político usado para describir la liberación de un prisionero: "Partió, ya salió." Y también era utilizada por los granjeros con el significado de desyuntar a los bueyes cuando su trabajo había terminado. El buey trabajó sus jornadas, quítenle el yugo ahora, que coma y descanse. ¿Se imaginan? Tu muerte, mi muerte, será ese momento donde el yugo, el yugo no solamente de esa muerte, sino de todo lo que la carne nos pesa, hermanos. Si hay una de las razones, además de estar con Cristo y vivir para Él, de yo querer ese momento, es poder ser libre de

Todas estas intenciones, maquinaciones, deseos y expectativas que este cuerpo tiene, hermano, yo quiero vivir para él. Pablo decía: "Verdad, yo con mi ser interior quiero agradar a Dios y voy a obedecer su ley, pero la ley de mi cuerpo quiere otra cosa." Es una realidad, y el cristiano que va a la presencia de Dios es soltado de ese yugo. Y no solo eso, de la labor de la causa que él tiene aquí en esta tierra. Todo lo que te he dicho es eso: vivir para la causa de Cristo. Eso para el pastor, el predicador, ya lo hemos hablado. En tu soltería, en tu matrimonio, en tu trabajo, en todo lugar estás allí por una causa, y es Cristo. No lo olvides, no lo olvides.

O sea que morir es ganancia porque voy a estar con ese Señor, y se va a cumplir por fin la expresión del mismo Pablo: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Devorada ha sido la muerte en victoria."

Terminamos con dos preguntas. ¿Para quién vives? ¿Para quién vivimos? Si pasamos un escáner a tu vida, a mi vida, ¿qué muestra el día a día? Tus decisiones, tus pasiones, tus deseos, tus sueños, tus anhelos, el tiempo libre, tu entretenimiento, ¿cómo eso muestra la razón de tu vida? ¿Estás consumido por las razones temporales de este mundo, materialistas y vanas, o Cristo es tu razón de vivir? Pero no solamente la pregunta es para quién vives, sino ¿para quién mueres? Si tú has pensado en tu vida y sabes que vivir es Cristo, entonces verás la muerte no como un destino oscuro y final, que se acabó todo, sino lo verás como ganancia, porque la muerte te llevará a tu verdadero hogar: Cristo.

Una historia muy real de un misionero llamado Samuel Morrison, quien había pasado veinticinco años haciendo un ministerio en África. Ahora, anciano, regresó a Estados Unidos. Algunos habrán escuchado esa historia. En el mismo trasatlántico que trajo al presidente, nada más y nada menos que Theodore Roosevelt. Él estaba en África, el misionero, veinticinco años predicando al Señor. Theodore Roosevelt estaba en África por un par de semanas en una expedición de caza. Al llegar al puerto, el presidente Roosevelt fue rodeado con decenas de personas que le dieron la bienvenida a casa después de su expedición. Se necesitaban vallas y escoltas policiales para evitar que las masas de personas se abalanzaran sobre el presidente y lo acosaran y aplastaran, incluso mientras lo recibían con vítores y festejos.

El viejo Morrison salió del barco y nadie se dio cuenta. Nadie sabía que él estaba allí. Ni siquiera por todo ese desorden él podía llamar un taxi para que lo llevara. En su corazón, Morrison comenzó a quejarse con Dios y comenzó a decirse: "El presidente estuvo en África cazando durante tres semanas. Fueron tres semanas matando animales por deporte, y todo el mundo se voltea a darle la bienvenida a casa. Yo he dado veinticinco años de mi vida en África sirviéndote, y nadie me ha saludado. Ni siquiera saben que yo estoy aquí." Pero su corazón se quedó reflexionando y pensativo, hasta, como él mismo describe, sentir dentro de sí la dulce y amorosa voz de Dios susurrarle a su espíritu: "Oh, hijo mío, aún no has llegado a casa."

Nuestra verdadera casa, amados, nos espera con Cristo. Eso no tengamos duda. Los que ya se fueron y tuvieron a Cristo como su razón de vivir, hoy están más plenos que nadie, viviendo lo que Pablo decía: partir y estar con Cristo es mucho mejor. Si tú le pudieras hacer una encuesta, una pregunta: "¿Vuelvo para acá, que hay muchas cosas?" Diría: "No, tranquilo. Yo te vi viviendo, pero aquí es mejor."

Ahora bien, mientras ese día llegue para ti y para mí, es el momento de seguir nuestra labor aquí, nuestra obra fructífera, por necesidad de otros y de la causa de Cristo. Tienes una razón para vivir y estar aquí: hacer progresar el satisfechos con toda tu vida y viviendo para el propósito más trascendente del universo. Vivir es Cristo.

Oremos. Señor, después de leer, revisar, meditar, reflexionar en estas verdades, no hay duda de que el primer clamor es perdón. Perdón porque muchos de nosotros, aun siendo creyentes, nos hemos dejado empapar, contagiar, infectar de la forma de pensar de este mundo, y el objetivo de nuestra vida se ha tornado en unas pocas cosas pasajeras, temporales, vacías, sin sentido. Nuestro clamor hoy es perdón. Danos arrepentimiento verdadero. Permítenos abrazar, amar tu causa y vivir para tu gloria, exaltarte en mis relaciones, en mis situaciones retantes, y aun con la posibilidad de morir.

Tal vez otro, Señor, ni siquiera te tiene como Rey, como el propósito de su vida, y está muy lejos de ti. Está aquí hoy, ha escuchado todo lo que tú has dejado revelado aquí en tu Palabra, y hoy él ha podido tal vez ver que está viviendo para un rumbo que no lleva a ningún lado. Y hoy, en tu gracia y misericordia, tal vez le has despertado y le has abierto los ojos. Si ha querido ahora decir: "Ya está bueno, voy a vivir para aquel que me ama, aquel que se entregó por mí, aquel que dio todo por amor a aquel que es pecador. Voy a vivir para aquel que da sentido a cualquier vida desorientada. Voy a vivir para aquel que da sentido a los días aquí en la tierra y da gozo, plenitud, deseo de estar contigo aun después de esta tierra." Salva, Señor. Trae a tus hijos a tu familia. Lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.