La falta de crecimiento espiritual es el primer paso hacia la muerte del alma. Antes de que una iglesia pierda su primer amor, antes de que se distraiga con otros amores y se aleje del Señor, ocurre algo más silencioso: deja de crecer. Y quien deja de crecer, perece. El autor de Hebreos interrumpe su enseñanza sobre el sacerdocio de Cristo para señalar un problema grave en sus oyentes: se habían vuelto "tardos para oír", una expresión que en el griego original implica pereza, negligencia culpable, torpeza espiritual voluntaria. No era incapacidad mental, sino resistencia del corazón.
Las consecuencias de esa apatía son devastadoras. Personas que debían estar enseñando a otros necesitaban que les repitieran el abecedario de la fe. Como un joven de veinte años que sigue tomando biberón cuando debería comer alimento sólido, estos creyentes habían retrocedido. La iglesia de Corinto padecía lo mismo: celos, divisiones, chismes, inmoralidad. Pablo les escribió que seguían siendo carnales, incapaces de digerir verdades profundas.
El alimento sólido produce discernimiento: la capacidad de separar verdad de error, bien de mal, lo sagrado de lo mundano. Sin ese discernimiento, es imposible encontrar la voluntad de Dios. Y esa madurez no llega por accidente; requiere práctica, esfuerzo máximo, disciplina. Si la salvación le costó a Cristo la encarnación, la humillación y la muerte, nadie puede pretender viajar por la vida cristiana en aire acondicionado. El llamado es claro: cuando Dios toque a la puerta, no ponerle el letrero de "no molestar". El tiempo de oportunidad —el kairós— se cierra, y quien no crece, perece.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
El escritor de Hebreos —que no sabemos exactamente quién fue, hay algunas postulaciones de que fue Pablo, otros que Apolos, y así sucesivamente; no vamos a emplear tiempo en eso ahora— el escritor de Hebreos comienza a hablar en el capítulo 5 a esta audiencia acerca de Melquisedec, y de cómo el sacerdocio de Cristo era de acuerdo al orden de Melquisedec. Y Melquisedec fue aquel personaje, sacerdote, que cuando Abraham regresaba después de haber derrotado a cuatro reyes para liberar a su sobrino Lot, que había sido capturado, él se encuentra con Melquisedec, que venía acompañado del rey de Sodoma. Y Melquisedec habla con él, Abraham cruza palabra con él, y Abraham termina dándole un diezmo de todos sus bienes capturados.
Y entonces él comienza a explicar que como Cristo no viene de la tribu de Leví, como debían venir los sacerdotes, sino que venía de la tribu de Judá, Cristo no era conforme al sacerdocio levítico, sino conforme al sacerdocio de Melquisedec, un personaje que no tuvo ni principio ni fin, dice el autor más adelante, sin genealogía. Y de repente él se detiene, no continúa hablando de Melquisedec y hace un paréntesis amplio que va de Hebreos 5:11 hasta el 7:1, donde él retoma el tema, y en el interior comenzó a hablar de otra cosa.
Y es por eso que el texto comienza diciendo: "Acerca de esto" —ese sacerdocio de Cristo— "tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar." Uno pensaría, si te paras ahí, que es difícil de explicar porque esto es profundo, es esotérico, extraño, solo quizás algunos más avanzados lo podrían entender. Nada de eso. Escucha la razón: "Puesto que ustedes se han hecho tardos para oír." En otras palabras, el problema radicaba en la condición espiritual en la que ellos se encontraban. Lamentablemente entonces no puedo seguir adelante con lo que quisiera que entendieran, porque no tienen la capacidad de digerirlo. Es más, quizás ustedes están tan mal que ni siquiera tienen el interés de escucharlo. De manera que déjenme detenerme aquí y abordar ese problema. Estaban demasiado contentos con ser enanos espirituales, una situación sumamente triste.
De manera que en este texto que acabamos de leer, yo quiero que veamos en primer lugar que nosotros llegamos a la apatía espiritual de forma voluntaria. Nadie nos obliga; nosotros tomamos la decisión de quedarnos donde estamos, y con eso desarrollamos en primer lugar una apatía espiritual y luego una muerte espiritual.
Evidentemente esta carta había sido escrita a personas que habían llegado a creer y habían comenzado a crecer hacía algún tiempo, pero que después de un tiempo se detuvieron. Y se detuvieron porque dice el autor: "Se han hecho tardos para oír." Este es el vocabulario de la Nueva Biblia de las Américas, que es de donde estoy leyendo. La palabra traducida como "tardos" en el original es nothros, que implica ser perezoso, vago, tonto, estúpido. Otra fuente consultada dice que esa palabra significa también ser negligente, y agrega entonces que con frecuencia implicaba una negligencia culpable. Quizás la Nueva Traducción Viviente nos ayuda a entender mejor lo que estaba ocurriendo. Escucha cómo traduce esta frase o la idea: "Han llegado a ser torpes espiritualmente, y tal parece que no escuchan."
La redacción del texto que yo leí da a entender que esto no se trataba de un problema de incapacidad mental, sino un problema más bien de resistencia espiritual, o de holgazanería mental, o quizás holgazanería espiritual. De manera que en algún momento la audiencia que recibe esta carta había comenzado a crecer, pero tomó la decisión de prestar poca atención —se hicieron tardos—, prestar poca atención a las enseñanzas, y perdieron el interés de seguir creciendo. Esa es la impresión que el texto va insinuando: que ellos voluntariamente decidieron eso. Obviamente eso produjo un detenimiento en su crecimiento y eventualmente un retroceso.
Hermano, déjame decirte algo con lo que quiero que te quedes: ningún cristiano permanece estancado de manera permanente en el sentido espiritual. Ningún cristiano permanece espiritualmente estancado de forma permanente, sino que primero se estanca y luego retrocede. Tú creces o pereces. O mejor dicho, tú creces o pereces.
Y una vez más, yo quiero enfatizar el hecho de que el autor de Hebreos conocía a su audiencia. Nosotros no; estamos conociendo algo de la audiencia. La conocía bien. Y en algún momento, aparentemente, según lo que dice, ellos cerraron sus oídos a la voz de Dios y comenzaron a oír su propia voz, que es uno de nuestros problemas mayores. Ya se ha hecho la observación de que la persona a quien tú más oyes, la persona con quien tú más conversas todos los días, es contigo mismo. Y la razón es sencilla: nosotros nos decimos las cosas que queremos escuchar. Tú hablas más de lo que piensas a ti mismo, y te lo crees.
Hermanos, yo quiero decirte que tú no puedes ser el paciente y el médico al mismo tiempo. Déjame ilustrártelo con un amigo colega que yo tengo. Me llama de vez en cuando cuando se enferma o tiene que hacerse algún procedimiento, porque quiere escuchar mi opinión. Él es pediátrico, pero él hace esto, y entonces luego que él me pregunta, al final me dice: "Recuérdate que el médico que se trata a sí mismo tiene un estúpido como paciente." En el mundo espiritual no es diferente, y tiene mucho de verdad lo que él me dice.
En el plano espiritual es igual. El que está enfermo espiritualmente tiene que recordar las palabras de Jeremías cuando nos dijo que el corazón —el tuyo y el mío—, el corazón es engañoso y sin remedio. Por Dios, Jeremías, dame esperanza. Sin remedio.
En otros casos, yo creo que la medicina me ayuda a ver muchas cosas entre el enfermo médicamente, físicamente, y el enfermo espiritual. Es cierto que en algunos casos el paciente me llama y me dice: "Doctor, ¿usted no tendría la posibilidad de prescribirme algún otro medicamento? Porque esa medicina es muy cara y yo no quisiera pagar ese precio." Y en ocasiones ciertamente no lo pueden pagar, pero en ocasiones el paciente es más honesto y dice: "Yo simplemente no lo quiero pagar."
En el plano espiritual es exactamente igual. Yo creo que muchos no siguen creciendo porque han tomado voluntariamente la decisión de no pagar el precio del esfuerzo requerido para crecer. Si eso es lo que me va a costar... No lo decimos así; lo decimos con los hechos. Otros no quieren abandonar aquella cosa que ha desplazado a Dios de su trono, y que ahora lo tengo compartiendo el trono de Dios. Pero sabe una cosa, como dicen en inglés: no me puedo comer el bizcocho y tenerlo al mismo tiempo. O me lo como o lo tengo.
Necesitamos recordar, y si no lo sabía, entonces aprenderlo: la caída del ser humano produjo en nosotros una pereza espiritual que ahora es intrínseca a tu naturaleza humana. Esa naturaleza humana, nos dice Pedro en su primera carta en 2:11, tiene pasiones carnales. No estoy haciendo una paráfrasis de Pedro, estoy literalmente citando: pasiones carnales que combaten contra el alma. ¿Cuidas del vocabulario que Pedro usa para referirse a tus pasiones y las mías en la carne? Son pasiones porque tienen fuerza, tienen fuerza de controlarnos, de empujarnos. Son carnales porque son propias de la naturaleza humana caída, pero no forman parte de lo que es mi espíritu ya regenerado; por eso son carnales. Y combaten, es la frase que Pedro usa, contra el alma, porque es una lucha, una lucha campal entre los deseos del espíritu y los deseos de la carne. Gálatas 5:17, que termina diciendo, Pablo diciendo: "Por tanto, no podéis hacer lo que queréis". Así es la lucha de intensa, de continua.
Nosotros primero sentimos la oposición de esas pasiones, luego le damos permiso a dichas pasiones para entretenernos, y luego pensamos que podríamos disfrutar de ellas por un tiempo, no pensando que seríamos debilitados hasta la muerte en ocasiones. Es por eso que Pablo, cuando le escribió a Timoteo en su segunda carta 2:22 —esta es la última carta de Pablo, perdón, este es el testamento de Pablo, esto es como lo más importante que le puede decir a su discípulo más joven, ya a Pablo le quedaban horas o días o semanas, él no estaba claro porque él decía que él estaba listo para partir, y después de esto no hay una tercera de Timoteo— él le dice a Timoteo en su segunda carta 2:22: "Huye de las pasiones juveniles".
Pablo no le dice mira, evítalas, voltea la cara. No: sal corriendo. Volví a chequearlo: no hay ninguna otra cosa en la Palabra de Dios que nos instruya, o por ninguna otra cosa que la Palabra nos instruya a huir, no la hay. De hecho, de Satanás la Palabra nos dice: "Resistid al diablo", no salgas corriendo de Satanás, "y él huirá de vosotros". Él de qué va a salir corriendo. De las pasiones juveniles me dice sal corriendo, porque están en mí y me controlan. El problema con estas pasiones es que son mías y tuyas, y son naturales a ti. Naciste con ellas y han crecido con la edad. Las disfrutas; es el problema mayor que no podemos negar si somos sinceros. Disfrutamos esas pasiones a un nivel. Las pasiones son engañosas porque me hacen creer que yo puedo disfrutarlas a un nivel y por un breve tiempo, y termino descubriendo que quiero más de ellas y por más largo tiempo. Y por eso son atractivas y adictivas.
De manera que este grupo, y nosotros, llegamos a la apatía espiritual voluntariamente, por una decisión que nosotros tomamos en algún momento de nuestro caminar cristiano. Número dos: veamos las consecuencias de la apatía espiritual. Punto número uno es que yo llego ahí por decisión propia. Punto número dos: ¿cómo llegué ahí? ¿Cuáles son las consecuencias?
Bueno, el versículo dos se comienza a darme alguna idea: "Pues aunque ya debieran ser maestros..." Bueno, ya esa frase me deja ver que el detenimiento ya ocurrió, y en vez de estar enseñando a algún otro acerca de la Palabra de Dios, en vez de eso ahora tengo necesidad otra vez de que se me enseñe lo que ya me habían enseñado. Y ese está el problema. No creo que con esto el autor está diciendo que todos debiéramos ser pastores, profesores de escuela dominical, predicadores. No creo. Yo sí creo que está diciendo que todos nosotros, después de un tiempo, debiéramos ser capaces de poder enseñar a algún otro acerca de aquellas cosas que una vez me habían enseñado.
Y escucha cómo el versículo dos se lo explica en la segunda parte: "Otra vez tienen necesidad". Tú ves, el problema aquí no es tener maestro; yo necesito maestro que me enseñe. El problema está en esta frase: otra vez. "Otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe" también una cosa que ya habían aprendido: "los principios elementales de los oráculos de Dios, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido". Escucha la Nueva Traducción Viviente: "Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. ¿Asumtiendos? En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la Palabra de Dios". Quizás ya habían, quizás aprendieron el ABC y se les olvidó. O quizás no se les olvidó, quizás memorizaron el ABC pero no tenían la menor idea de la implicación, no sabían que con las letras se hacen oraciones, se conversa, se escriben libros.
Y el autor entonces pasa al uso de esta metáfora. Él dice que "han llegado a tener necesidad de leche", pero es algo otra vez, "y no de alimento sólido". La frase "han llegado" implica que ya ustedes pasaron y ahora volvieron para atrás. Tú conoces los niños: ellos nacen y hacen de alimento de leche, pero pasado tiempo necesitan alimentos sólidos. La idea es esta: imagínate un joven, era un niño, creció, era un infante, era un niño, creció, ahora es un joven, veinte años, veinticinco años, y tú entras a su casa y le encuentras en la sala con un biberón de leche. Y vuelves en la cena y él está con un biberón de leche, y tú le llevas un plato hecho quizás por el mejor chef, muy oloroso, y él te dice: "Ah, no, es que yo no puedo comer, me hace daño". Es como la idea.
Lo peor de todo es que este no es el único grupo y la única congregación que tuvo ese problema y que lo ha seguido teniendo a lo largo de dos mil años. La iglesia de Corinto pasó por la misma condición y el apóstol Pablo le escribió prácticamente con las mismas palabras acerca del mismo problema. Quizás Pablo escribió Hebreos. Escucha lo que Pablo dice en Primera de Corintios 3, del 1 al 3: "Así que yo, hermanos" —eran cristianos porque les está llamando hermanos— "no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, no alimento sólido" —tú ves que es el mismo lenguaje— "porque todavía no podían recibirlo. En verdad, ni aun ahora pueden, porque todavía son carnales".
Esto es lo que Pablo está diciendo: yo llegué allá, sé la idea, el año 50, 51, mi primer viaje misionero, planté la iglesia, enseñé a uno de ustedes, me fui, y ahora estoy escribiendo la primera carta a los corintios tres, cuatro años después. En el año 53, 54 se estima que esta carta se escribió. Y cuando yo fui les di a tomar leche porque no podían comer el alimento sólido, y ahora que estoy escribiendo la carta, tres, cuatro años después, tampoco pueden. Pero Pablo les dice por qué: ustedes son carnales. La dieta espiritual del año 50 es la del año 54. Ni en el niño se ve eso. Había una imposibilidad de pasarles enseñanzas más pesadas. Tenían un retraso espiritual que solo impedía. Tres años no habían crecido, cuatro años no habían crecido.
Ahora pudiéramos preguntarnos, porque de la iglesia, de los miembros de la iglesia de Corinto conocemos mucho más que de estos hebreos, como el lenguaje es el mismo y el problema es el mismo, pudiéramos preguntarnos: ¿cuáles fueron las manifestaciones de ellos a quienes Pablo les llama carnales? Porque quizás, quizá yo estoy ahí. Bueno, entre ellos Pablo les señala —literalmente estoy usando las palabras de Pablo— celos: carnal; envidias: carnal; chismes: carnal; división: carnal; pleitos: carnal; especulaciones acerca de Pablo. La segunda carta a los Corintios, Pablo tratando de explicar su ministerio porque ellos han hecho todo tipo de especulaciones de por qué Pablo, el ministerio. Especulaciones de por qué el pastor, de por qué el hermano, de por qué el otro. Eso es carnal. Tienes que ponerle nombre, no están dentro de mí. Y finalmente, inmoralidad.
Pedro habla de esas pasiones carnales en su primera carta en 2:11. Santiago habla de esas pasiones carnales, y en nuestra próxima serie, prontamente, de las pasiones carnales se toma cuatro de cinco capítulos para hablar de ellas, cuatro de cinco capítulos. Pablo habla de esas pasiones en Romanos 6 y 7.
Pero yo decía hace un momento atrás, Pablo llega ya en el año 50, 51, y luego escribe la carta en el año 53, 54. Tres, cuatro años después están en el mismo lugar, eso no ocurría ni siquiera, y con la misma dieta, eso ni siquiera ocurre en el niño. Y déjame, para continuar con la ilustración, déjame decirte lo que la Academia Americana de Pediatría dice, y cito: "Por lo general, cuando los bebés duplican su peso, generalmente alrededor de los cuatro meses de edad —dicen ellos— y pesan alrededor de trece libras o más, pueden estar listos para recibir alimentos sólidos de algún tipo".
Yo creo que espiritualmente ocurre algo parecido. Tan pronto la persona nació de nuevo, necesitamos alimentarle con la leche, pero prontamente tenemos que comenzarle a probar, darle a probar alimento sólido para alimentarlos apropiadamente, porque de lo contrario la oveja se va a desnutrir, pronto se va a detener en su crecimiento y pronto va a comenzar a morir.
Y lamentablemente, en los últimos años, la condición general de la iglesia en el mundo se ha ido deteriorando. George Gallup, de la empresa Gallup, en el año 2006 —hace diecisiete años de eso— escribió acerca de, y cito: "La asombrosa falta de conocimiento acerca de la Biblia, de su doctrina básica y de la tradición de nuestra iglesia cristiana, y la superficialidad de la fe de muchas personas que no conocen lo que creen ni por qué lo creen". Ni conocen lo que creen ni por qué lo creen años después.
Mi pregunta, hermanos: si no tienes espacio por profundizar las enseñanzas de la Palabra, porque al no profundizar me muestras que no tienes espacio, si no tienes espacio por profundizar las enseñanzas de la Palabra, ¿por qué razón tú piensas que el hermano que tú estás tratando de ganar para Cristo va a prestar algún interés hacia algo hacia lo cual tú eres apático? Ni Dios te va a endosar tu testimonio a la hora que lo compartas. Y me refiero al conocimiento de la Palabra.
Nota cómo el autor de Hebreos continúa revelando las consecuencias de esa apatía espiritual y falta de crecimiento. Versículo 13: "Porque todo el que toma solo leche no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño." La frase clave ahí es "la palabra de justicia", eso de "no está acostumbrado". Esta frase ha sido interpretada de diferentes maneras; no voy a entrar en todos los detalles, pero como la comparación es entre la leche y la palabra de justicia, yo quiero creer que la palabra de justicia es el alimento sólido. Esta palabra, pero ya más allá de las enseñanzas básicas, es la enseñanza que va más allá de simplemente decirle a una persona cómo puede llegar a conocer a Cristo. Es la enseñanza que comienza a hablarme de una forma que va construyendo una mente bíblica y va formando en mí una cosmovisión bíblica para ver el mundo y la vida como Dios la ve.
Es la enseñanza de la Palabra que comienza a decirte: no se trata de ti. No, no se trata de ti. Se trata de un plan de redención. Para que puedas como verlo en tu mente, se trata de un drama de redención donde hay actores. Tú eres uno de cientos y miles y millones de actores a lo largo de mucho tiempo que va a durar el drama. Durante el drama algunos se morirán y el drama continuará hasta su final, de tal forma que debes verte como criaturas hechas en Cristo Jesús para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduvieses en ellas. De manera que tu rol es encontrar en qué cosas estaba pensando Dios cuando pensó en crearte, traerte al mundo, porque para esas cosas Él te dio dones, talento, inteligencia, preparación, condición y todo lo demás. Porque de lo contrario estás caminando en obras que tú te preparaste para caminar en ellas y no Dios, y estás viviendo un despropósito.
No se trata de crear nuevas finanzas o desarrollar tu empresa; se trata de crear el reino de los cielos. No se trata de la belleza física; se trata de la belleza espiritual. Tienes que morir a ti mismo. Es la enseñanza que te dice: tú tienes que verte como un siervo del dueño de las ovejas, y tú eres una de ellas. Tú tienes que... Dios tiene que ser tu primer amor y tu prójimo, tu próximo amor. Yo quiero creer que esa es la enseñanza que ya no es leche, que ya es alimento sólido, y que aquí el autor de Hebreos en el versículo 13 le llama "la palabra de justicia", porque justicia es righteousness o carácter moral, the word of righteousness. Yo creo que es eso.
Tercer lugar, yo quiero que veamos ahora el beneficio de consumir el alimento sólido. Vimos las consecuencias de la apatía espiritual o de la falta de crecimiento; yo quiero que veamos ahora el beneficio de consumir el alimento sólido. Versículo 14: "Pero el alimento sólido es para los adultos." ¿No te cayó un rayo? Como que esto es otra cosa. El alimento sólido es para los adultos, los cuales, por la práctica —hay una práctica involucrada—, tienen los sentidos ejercitados —hay un ejercicio— para discernir el bien y el mal.
La palabra para discernimiento, porque dice que esta gente puede discernir, tienen discernimiento, en el griego la palabra para discernimiento es diakrinō. Implica separación, hacer distinción, juzgar. Implica leer entre líneas lo que no está escrito. La persona que come alimento sólido tiene esa capacidad. Él no solamente ha estudiado la Palabra, no solamente recuerda la Palabra; él ha practicado la Palabra. Lo leíste: "El alimento sólido es para los adultos, los cuales, por la práctica, han ejercitado sus sentidos, sus mentes, sus capacidades, hasta el punto que ahora pueden discernir el bien y el mal."
Si yo no tengo discernimiento, voy a vivir tropezando y voy a vivir tomando caminos vecinales, atajos. El discernimiento es el fruto de haber consumido alimento sólido y llevarlo a la práctica. Es el discernimiento. Es aquello, verdad, tiene que ver con aquellos que poseen la capacidad para separar la verdad del error, el bien del mal —dice el autor de Hebreos—, la verdad del error. Para separar lo sagrado de lo mundano, de manera que en la vida del siervo de Dios no exista lo sagrado y lo mundano al mismo tiempo. Para separar y distinguir lo que me hace crecer, lo que me detiene, lo que me hace retroceder y lo que me mata. La capacidad para leer entre líneas. Eso estaba ausente en los consumidores de leche de la ciudad de Corinto y también en este grupo de hebreos.
Si en mi mente yo no sé separar la verdad del error, ¿tú sabes qué va a pasar? Que voy a llamar al bien mal y al mal bien, que fue exactamente lo que dice Isaías 5:20. Que es exactamente lo que dice Isaías 5:20. Dice: el pueblo de Dios estaba siendo juzgado porque era un pueblo que había llegado a llamar al bien mal y al mal bien. Eso es exactamente donde está la generación de hoy en día, donde al diseño de Dios de hombre y mujer, que eso es lo que está bien, se le ha llamado que está mal, y a lo que está mal se le ha llamado que está bien. Y cuando tú apruebas el diseño de Dios y desapruebas la distorsión del diseño del hombre, entonces tú estás haciendo discriminación y mereces ser juzgado. Y hay múltiples iglesias que han abrazado esa ideología.
Notaste que el autor de Hebreos dice que el alimento sólido es para los que tienen los sentidos ejercitados. Hay un ejercicio. No es por accidente que cuando Pablo le escribe a Timoteo le dice: "Ejercítate para la piedad", 1 Timoteo 4:7. Otra versión le dice: "Disciplínate para la piedad." Hay un esfuerzo, hay una disciplina, hay cosas que yo tengo que decir que no. ¿Te has fijado cómo los atletas que entrenan para las olimpiadas emplean horas y horas y horas y horas al día, y se niegan alimento y horas de sueño, hacen toda clase de negación? Pero no los hijos de Dios.
Hermano, si no te vas a llevar nada más porque se te va a olvidar todo, llévate esta. Te lo voy a leer: Si tu salvación le costó a Cristo la encarnación, la humillación, gotas de lágrimas, gotas de sangre y finalmente la muerte para darte vida eterna, no puede ser, no puede ser que quieras viajar a través de la vida cristiana en aire acondicionado y acorchado. No. ¿Cómo podemos ser tan insensibles a la muerte de Cristo, al sacrificio de Cristo? La leche de que habla el autor de Hebreos es como lo que le damos a los niños en kínder a comer o a ingerir. Y la carne es lo que produce madurez espiritual y crecimiento, discernimiento. ¿Es eso claro?
Déjame leerte algo más para que te lleves dos cosas en vez de una: La falta de discernimiento espiritual debido a la falta de crecimiento en la fe es la causa número uno por la que la mayoría de los cristianos no pueden encontrar la voluntad de Dios. Cristianos, los hijos de Dios, viven continuamente: "Yo quiero... yo no... no, se me hace difícil encontrar la voluntad de Dios." Y Dios allá revelándose: "Yo la estoy revelando todo el tiempo, la quiero revelar. Todo el tiempo revelé una gran parte de mi Palabra ya, y pongo mi Espíritu dentro de ti para que te pueda empujar y crear deseo en la dirección de mi voluntad, y todavía permaneces confundido acerca de mi voluntad. ¿Sabes por qué? Porque tienes mucho ruido alrededor de ti, dentro de ti. Tienes demasiadas distracciones, demasiadas cosas que te atraen, y por eso en medio de todas esas luces y colores y ruidos y sonidos, claro que mi voz está siendo ahogada. Claro que no puedes discernir la verdad del error, el bien del mal, mi camino de lo que no es mi camino."
Y mientras tanto, cada vez que tú encuentras algo que no debiera ser, que es contrario a la Palabra de Dios, cada vez que tú pones eso a un lado, lo que queda de este lado es la voluntad de Dios. Es tan sencillo como eso, tan práctico como eso. Y aquí está todo el consejo de Dios, todo el consejo de Dios.
Necesitamos el discernimiento espiritual, y eso requiere múltiples cosas, pero hay dos de las cuales yo quiero hablar que están relacionadas a todo el texto de hoy. Obviamente yo necesito consumir el alimento sólido; sin eso no puedo, porque esta es la Palabra que mide la verticalidad de lo que está torcido. Yo necesito consumir la Palabra, pero esa es la Palabra que los de Hebreos no estaban consumiendo. Esa es la Palabra que la mayoría de los hijos de Dios no van a consumir hasta el próximo domingo cuando se sienten en una iglesia a escuchar otro sermón, pero luego quieren encontrar la voluntad de Dios.
Nosotros necesitamos la llenura del Espíritu, porque el Espíritu fue quien inspiró esta Palabra y el Espíritu es el que ilumina la mente para que entienda lo que Él inspiró. Por tanto, yo necesito la llenura del Espíritu. Además, yo necesito la llenura del Espíritu para que produzca en mí el fruto del Espíritu, del cual forma parte el dominio propio, para yo poder negarme las pasiones carnales que combaten contra mi alma. Entonces yo necesito llenura del Espíritu.
Mira lo que es esta Palabra, mira lo que es este alimento. Déjame leerte medio verso del Salmo 119, medio verso del Salmo 119. Verso 7, segunda parte: "El testimonio del Señor es seguro, que hace sabio al sencillo." La Palabra de Dios, el alimento sólido, la palabra de justicia te hace sabio para la vida. No está diciendo que te hace inteligente para que estudies matemáticas o astronomía, o seas un científico de la NASA. Lo que está diciendo es que te hace sabio para saber cómo vivir correctamente sin tropiezos ni desvíos.
Ya me dispongo a darte algunas aplicaciones finales, algunas otras, porque ya hemos hecho un número de ellas. Pero recordemos que el problema de este grupo de personas a las que se refiere el autor de Hebreos tiene que ver con una pereza espiritual. Tiene que recordar también que dijimos que la naturaleza caída tiene de manera inherente una pereza que tiene que ser vencida, de manera que la madurez espiritual requiere un esfuerzo, y no pequeño. Déjame decirte otra vez: la madurez espiritual requiere un esfuerzo, y no pequeño.
De hecho, Pablo le habla a Timoteo en Segunda de Timoteo 4:7, su última carta, la última cosa que quería decirle, y le dice: "Yo he peleado la buena batalla." Es como, permíteme el vocabulario, me he ido a las trompadas en esta carrera. ¿En contra de qué, Pablo? En contra de las pasiones de mi carne. Por eso Pablo les escribió a los corintios, les dice: "Yo disciplino mi cuerpo." En contra de las pasiones de mi carne. ¿En contra de qué, Pablo? De las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestiales, Efesios 6. ¿En contra de qué, Pablo? En contra de las corrientes de este mundo y todas las enseñanzas que se oponen a la voluntad de Dios y se oponen al consejo de Dios.
Martín Lutero decía: nosotros tenemos una lucha, una batalla que librar a tres niveles todo el tiempo. No es que sea fácil eso. Tienes una batalla que librar en contra de tu carne y sus pasiones, en contra del mundo y sus ideologías, y en contra de Satanás mismo.
La Palabra de Dios es tan congruente porque tiene un solo autor. Luego Pedro nos escribe, primera carta, segunda carta de Pedro, en el capítulo uno. Pedro nos habla de que Dios nos ha provisto todo lo necesario para la vida y la piedad. En otras palabras, no tienes nada de qué quejarte ni carecer de nada. Dios proveyó todo lo que necesitas. ¿Por medio de qué, Pedro? Para la vida y la piedad, ¿cómo lo proveyó? Por medio de su poder divino que habita en ti. ¿Y cómo más, Pedro? Por medio de sus promesas, la Palabra de Dios. Eso es lo que le está diciendo. Pedro está diciendo: tienes la Palabra y tienes el Espíritu, ya Él proveyó todo lo que tú necesitas para la vida y la piedad.
Lo interesante es que en la Nueva Biblia de las Américas esa lista de virtudes que yo debo cultivar, de acuerdo a Pedro, con eso que Dios me proveyó, comienza diciendo que lo haga con toda diligencia, y la frase "con toda diligencia" significa esforzarse al máximo. ¿Cómo fue, Pedro? Que las virtudes espirituales o características de la vida espiritual que todo cristiano debe cultivar requieren máximo esfuerzo. Máximo esfuerzo, porque tienes una batalla a tres niveles.
Mira cómo la Nueva Traducción Viviente traduce Segunda de Pedro 1:5, que es a lo que me estoy refiriendo: "En vista de todo esto," de que Dios proveyó por medio de su divino poder y sus promesas todo, "esfuércense al máximo por responder a las promesas de Dios, complementando su fe con una abundante provisión de excelencia moral." Sí, pero la excelencia moral que requiere este esfuerzo máximo es parte de la madurez espiritual o crecimiento del cual me estaba hablando el autor de Hebreos.
Y si eso no fuera suficiente, el apóstol Pablo, preocupado por el crecimiento de sus seguidores también, les escribe a los efesios y les dice en el capítulo 5, versículos 15-16: "Por tanto, tengan cuidado." En el capítulo 4, Pablo le dice que debemos crecer a la estatura de Cristo, ¿ok? Tu meta es crecer a la estatura de Cristo. Eso no es poca cosa. En el 5 le dice entonces: "Por tanto, tengan cuidado cómo andan," bueno, simplemente andar en la vida, "no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos." Hoy son terribles. "Así pues, no sean necios," sabios, necios, insensatos, "sino entiendan cuál es la voluntad del Señor."
¿Viste dónde caímos? Es la voluntad del Señor. Para yo entender, descubrir, encontrar, cualquier palabra que tú uses, la voluntad del Señor, yo no puedo ser insensato, yo no puedo ser necio, yo tengo que ser sabio y tengo que aprovechar bien el tiempo. Yo dije todo eso con otras palabras.
Ahora, en la Palabra de Dios el contraste entre la insensatez y la sabiduría no tiene nada que ver con capacidad intelectual, sino con la capacidad de vivir moralmente bien delante de Dios. Esa es la diferencia entre un insensato y una persona sabia. En la Palabra de Dios, el insensato o necio es la persona que vive de forma indisciplinada. Él vive como si Dios no existiera, como si él no fuera a rendir cuenta a ese Dios, como si Dios no existiera. Quizás él dice creer en Dios, pero sus días revelan que él vive de espaldas a Dios. Por el contrario, el sabio en la Palabra de Dios es la persona que conoce la sabiduría de Dios, vive conforme a ella para honrar a su Dios. Esa es la persona que obtiene el mayor beneficio, el mayor gozo o la mayor satisfacción.
Nosotros necesitamos todo eso para vivir, encontrar y vivir en la voluntad de Dios. Hermano, si tú no vives en medio de la voluntad de Dios, tú vas a vivir en medio de tu propia voluntad o vas a vivir en medio de la voluntad del enemigo. De hecho, Pablo, cuando les escribió a Timoteo en su segunda carta, en 2:25-26, le dice precisamente que trate con mansedumbre a los que se oponen, por si acaso Dios les concede el arrepentimiento, escucha ahora, para que escapen del lazo del diablo que los tiene cautivos para hacer su voluntad. Fíjate que hay una voluntad del diablo, que hay una voluntad de Dios. ¿Cuál de las dos quieres vivir?
La persona insensata no considera las consecuencias y se considera sabia en su propia opinión. Dios quiere que yo mire alrededor, mire hacia adelante, mire hacia arriba, considere las consecuencias inmediatas y las remotas de cada decisión. De cada decisión. Y cuando digo de cada decisión, eso no implica simplemente de cada decisión espiritual, no, de mi día a día: de la hora que me levanto, cómo crío, cómo educo, cómo aconsejo, cómo instruyo, cómo soy esposo, cómo soy esposa, cómo soy hijo.
El insensato, el problema que tiene el insensato es que, como no es sabio, él no sabe considerar todas sus opciones, consecuencias, lo de atrás, lo de adelante. Él mira solamente, puede ver una sola cosa a la vez. Es como Adán y Eva. Ellos se comieron una fruta prohibida y actuaron como insensatos, porque no consideraron las consecuencias inmediatas que le fueron anunciadas por Dios a Adán cuando le dijo: "El día que comas, morirás." Consecuencia inmediata. Y las remotas de "era y después que muera." Tú sabes que no vas a vivir de la misma manera que vives ahora, porque vas a vivir espiritualmente muerto, y eso tiene toda una gama de cosas que tú y yo estamos todavía experimentando y viviendo.
El insensato ve una sola cosa a la vez. Él vio la fruta prohibida, lo prohibido. No vio la floresta y el bosque que le había sido entregado por completo a ellos, sino la prohibición. "Pero tienes el resto." "No, pero es que no puedo ver ambas cosas." No, porque no está siendo sabio. Él vio a la serpiente, pero no vio a Dios. Vio la fruta, pero no vio las consecuencias. Oyó la voz de la serpiente, pero no la voz de Dios. El sabio oye la voz de Dios. Él no es sordo, él oye las otras voces, pero como suenan tan distintas a la voz de Dios, las rechaza, y cuando se queda solamente con la voz de Dios, encontró la voluntad de Dios.
Supongo que por eso Pablo nos manda a no vivir de esa forma, sino a vivir como sabios en Efesios 5. El sabio piensa, medita, reflexiona, consulta la Palabra, va y ora, y cuando todavía no está claro, va y busca consejo espiritual, considera las consecuencias de sus acciones. Y Pablo nos dice entonces que todo eso es parte de lo que implica usar bien el tiempo. Usen bien el tiempo porque los días son malos. En días malos no puedo darme el lujo de escoger cosas y tomar decisiones que me van a traer grandes consecuencias. No seas insensato, sé sabio. Es lo que Pablo está diciendo.
Hermano, ¿tú te has fijado? Yo le he dado mucha mente a esto, créeme, Dios se me es testigo. ¿En cuántas cosas el ser humano emplea su tiempo de manera trivial? Cosas tan triviales que pertenecen como al chisme de la sociedad, las redes sociales, cosas que se van a quedar aquí. ¿Tú has leído a Pedro? ¿Tú te has dado cuenta lo que Pedro dice, que este mundo entero se va a quemar? ¿Tú sabías que tienes un planeta desechable y tú estás acumulando y preocupándote por lo que vas a adquirir aquí y dejando un patrimonio aquí? Cosas que no tienen ninguna repercusión en el reino de los cielos, que cuando vayas allá ya no vas a encontrar. No has ahorrado nada aquí, porque todo está allá abajo, y aquí no entra lo de allá abajo.
¿Y cuánto tiempo y dinero la gente gasta en cuidar su cuerpo? "Si no me pueden salir cuadritos, voy al cirujano que me lo haga." Me estoy relajando, como si yo le diera importancia a eso. Todo eso en el cuido del cuerpo, con el poco tiempo que la gente emplea en cuidar el hombre interior. Muchas veces tenemos un hombre interior lleno de arrugas mientras el hombre exterior está planchadito. Un hombre interior débil, sucio; un hombre exterior limpio y robusto. Eso es vivir de forma insensata.
Pensando en todo eso, llegué a una nueva definición de la insensatez. La insensatez es todo lo que fortalece al hombre exterior. No me puedo parar ahí, porque yo necesito fortalecer eso también. Pero escucha, la insensatez es todo lo que fortalece al hombre exterior mientras debilitamos al hombre interior.
Ahora sea usted el jurado. Mira tu hombre interior, pregúntate cómo está. Mira tu hombre exterior. Mira hacia dentro y pregúntate cómo está tu salud espiritual, cómo está tu relación con Dios, cómo está tu relación con los demás. Todo eso corresponde al hombre interior. Y ahora, con esa visión del hombre interior, compara ese estado, esa evaluación, con el resto de tu vida: con el estado de tu cuerpo físico, de tu casa, de tu carro, de tus cuentas de banco, de tu trabajo, tus pasatiempos, tus hobbies. ¿Cuál de esos dos hombres luce mejor, el exterior o el interior? ¿Cuál luce más fuerte, el exterior o el interior? Porque si tu hombre exterior luce mejor que tu hombre interior, estás perdiendo tu tiempo, estás contradiciendo la Palabra de Dios cuando dice "aprovechando bien el tiempo."
Hermano, la palabra que aparece en el texto de Efesios 5:15-17, que yo te acabo de leer, cuando habla de aprovechar bien el tiempo, ni siquiera es la palabra cronos, que es el tiempo del reloj. No te dice aprovechar las 24 horas del día bien, es algo más que está diciendo. La palabra es kairós, es otra palabra en el griego para tiempo, que implica una oportunidad. Y Pablo, Dios se está diciendo por medio de la pluma de Pablo, vamos a decir, te está diciendo: aprovecha cada oportunidad que yo te voy dando en mi plan de redención para que al máximo puedas vivir el propósito para el cual yo te pensé. Que aprovechemos cada oportunidad que tenemos en la vida para vivir el propósito de Dios.
El kairós es una ventana de oportunidad. Padres que están aquí con hijos que están creciendo, cuando sus hijos se vayan de la casa y se vayan ya a la universidad a estudiar, o se casen, o se vayan simplemente porque ya trabajan y no están estudiando, pero ya trabajan y se independizaron, se cerró el kairós de influenciarlos de manera significativa. Tu tiempo es ahora, ¿le estás dando tiempo a hacer eso? Aprovecha el tiempo ahora, no hay más kairós después de eso.
Tus años de juventud y productividad van a terminar. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Un patrimonio? ¿Te preocupa el estado espiritual con el que vas a llegar cuando allá se pase lista para hacer rendición de cuentas según 2 Corintios 5 dice? Yo estoy completamente consciente y preparado de que va a llegar un momento cuando ya yo no podré enseñar más o predicar más. Yo no sé si será mañana, esta noche o en 20 años. Yo no lo sé, pero estoy completamente consciente. Como estoy consciente de que mi kairós se va a cerrar, por eso yo quiero dar la última gota de sudor y hasta de sangre si es necesaria detrás de este púlpito y para atender las ovejas de Dios. Descanso, lo necesario está ahí el día de descanso. ¿Sabes qué vacaciones voy a tener? Una eterna, larga, para siempre en la presencia de Dios. Mientras tanto quiero hacer la voluntad de Dios en el tiempo de Dios con los recursos de Dios para la gloria de Dios.
El kairós tiene que morir a ti mismo, a tus deseos, sueños, pasiones y amores para que Cristo viva en ti. Si no lo haces, vivirás toda tu vida insatisfecho y acusando a otros de tu insatisfacción, y Dios te dirá: así no se entra al reino de los cielos y así no se vive dentro del reino de los cielos. Porque en mi providencia yo he determinado todo y las circunstancias en las que te encuentras. Tienes que desear vivir en medio de la voluntad de Dios.
El miércoles pasado vimos varios testimonios extraordinarios de aquellos que se estaban bautizando. Si no estuviste aquí te perdiste una de las mejores noches que hemos tenido. Y una de esas personas me decía: yo no había tomado la decisión de ser cristiana porque creía que tenía que dejar muchas cosas atrás. Eso sigue pasando hasta la muerte en mucha gente. Tienes que poner tus ojos en la eternidad, hermano, para que puedas volar tan alto como el propósito de Dios haya determinado que tú vueles.
Lo penoso y triste es que frecuentemente, no dije siempre, pero frecuentemente, excelencia en el reino de los hombres implica mediocridad en el reino de los cielos. ¿Qué quieres, el aplauso de los hombres o el aplauso de Dios? ¿Cuál es esta necesidad incesante de que los hombres me aprueben y los hombres me alaben y me aplaudan y me busquen y me levanten y me exalten? Mientras Dios dice: yo no te creé para los hombres, yo te creé para mí.
Para cerrar, permíteme usar una ilustración. Está un poco modificada justamente porque no era una ilustración para un sermón, pero es de alguien de nuestra oficina, una ilustración que tiene puntos excelentes para cerrar. Tiene que ver con el hecho de cuando suena la alarma en la mañana. Como mucha gente, verdad, lo ponen en lo que llaman el snooze o el botón de repetición para que suene en 5 o 10 minutos otra vez para seguir durmiendo, cada vez que tú le das: no me voy a levantar. Pues cuando Dios haga sonar tu despertador para que salgas de tu sueño espiritual, no le des al botón de repetición, porque eso sería la forma de decirle a Dios: ahora no, Dios, voy a cambiar mañana, empezaré a vivir para ti mañana, comenzaré a compartir mi fe mañana, comenzaré a atenderte mañana.
Tampoco hagas, y es que todos ustedes han estado en hoteles o lo han visto en películas, hay unos letreritos que tú pones afuera de tu puerta que dicen "no molestar", lo conocen, ¿verdad? De manera que alguien va a tocar y ve el letrero que dice "no molestar". Pues cuando Dios vaya a tocar tu puerta no le pongas el letrero de "no molestar", porque cuando haces eso le estás comunicando: estoy contento con ir a la iglesia, estoy contento con ir a la IBI, voy a ir acondicionado, cómodo, con ir y sentarme, pararme, mirar lo que estás haciendo, oír el testimonio de otros, escuchar lo que estás diciendo y volver a casa sin cambiar. No me molestes.
Tu kairós se va a cerrar, hermano, y cuando no se cierra por edad muchas veces se cierra porque Dios te lo cierra. Tú has leído lo que Pablo dice, que la razón por la que él corría como corría: no sea que yo mismo después de haber predicado sea descalificado. En otras palabras, no sea que me cierren mis kairós y continúe viviendo, y aunque continúe eventualmente de aquel lado de la eternidad, el Pablo no será el Pablo de antes. Ya yo terminé contigo, no sirves para mis propósitos. Pablo dice: por eso yo no voy a tomar ese chance de que me cierren el kairós y vivir entonces arrastrándome aquí cuando podía volar alto, levantado por Dios para sus propósitos, en cualquier lugar donde Dios te haya puesto.
Padre, gracias. Está obvio en tu Palabra que cada cosa que escribiste, dijiste, ordenaste fue para mí. Señor, cada cosa que yo dije en este mensaje, si no fue para mí primero, no tenía nada que decirle a mis hermanos. Si no tenía un espejo en el que yo podía verme y seguir corrigiéndome y adorarte, Espíritu, no tenía el más mínimo derecho de tomar el espejo y ponerlo delante de mis hermanos. De manera, Señor, que ciertamente empieza en mí, todo empieza en mí, todo comienza conmigo. El avivamiento de esta iglesia no se va a producir si cada uno de nosotros no lo anda buscando, no lo está anhelando y no hace lo que necesita hacer para que ocurra. Empieza en mí, Dios. Ayúdame a morir a mí mismo.
Tan claro en tu Palabra: si alguien busca su propia vida, busca salvar su propia vida y no muere a sí mismo, no es digno de seguirme. Señor, si yo no muero a mí mismo, no soy digno de seguirte. Martilla eso en la mente de cada uno de nosotros, que dejemos de caminar como insensatos, que seamos sabios, que usemos cada kairós para tu gloria.
Oh Dios, gracias porque de la misma manera que a las peores iglesias de Apocalipsis tú les llamas al arrepentimiento, esa misma manera tú dices: yo estoy a la puerta y llamo, cuando yo llame, cuando yo toque, si alguno abre yo voy a entrar, voy a cenar con él. Esa misma manera, no importa, no importa lo mal que pueda estar alguien que haya escuchado estas palabras, tú estás a la puerta llamando. De hecho, este mensaje es parte de tu toque. Si hoy oyes su voz, no le pongas el letrero de "no molestar". Abre la puerta, invítalo y permite que él comience a limpiar y arreglar tu habitación, hasta que él esté complacido con el orden del interior de tu habitación.