La iglesia que atraviesa persecución y sufrimiento necesita consejos específicos para mantenerse firme, y el apóstol Pedro ofrece siete de ellos en el cierre de su primera carta. El primero es la sumisión a los ancianos, un llamado poco comprendido en una generación marcada por el individualismo y la rebelión contra la autoridad. El segundo es revestirse de humildad en el trato mutuo, porque la humildad facilita el perdón, la comunicación y la capacidad de seguir relacionándonos aun cuando no estamos de acuerdo. Si el orgullo es como Pedro —que niega, que corta orejas, que presume—, la humildad es como Cristo, que restaura, que sana, que perdona setenta veces siete. Y hay una razón poderosa para cultivarla: Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.
Los siguientes consejos incluyen humillarse bajo la mano poderosa de Dios aceptando las circunstancias con gratitud, echar toda ansiedad sobre él porque él cuida de nosotros, y mantenerse alerta porque el adversario anda como león rugiente buscando presas aisladas y débiles. También está el llamado a resistir firmes en la fe, sabiendo que el sufrimiento no es exclusivo sino compartido por hermanos en todo el mundo. Finalmente, Pedro recuerda que el sufrimiento es el camino hacia la gloria eterna, pavimentado por la gracia de Dios que perfecciona, afirma, fortalece y establece.
El pastor Núñez cierra con la historia de Hugo Latimer y Nicolás Ridley, quemados en la hoguera en 1555. Mientras las llamas subían, Latimer clamó: "Este día encenderemos una vela en Inglaterra que jamás se apagará". La mano de Dios estaba detrás del fuego, y tres años después la antorcha de la Reforma ardía con fuerza.
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Señor, nosotros acabamos de cantar lo que Tu Palabra declara. La batalla Tuya es. Un Dios poderoso, ¿quién puede contra Ti? Tú ordenas y las cosas suceden. Nosotros te servimos, no tenemos nada que temer, porque cuando yo veo batallas, Tú ves victoria; cuando yo veo cenizas, Tú ves la belleza que has de hacer con las mismas cenizas, Dios. Tú no eres el Dios de la muerte, Tú eres el Dios de la vida, Tú le das vida a los muertos. Tú dejaste la tumba vacía, Tú vas a dejar las nuestras vacías por igual. Tú eres un Dios poderoso. Perdona la debilidad de nuestra fe ante el poder Tuyo, Dios. Dios sabio, infinito, eterno. Dios soberano, Dios sustentador y creador.
Señor, gracias por enseñarnos a pelear nuestras batallas, no como el mundo lo hace, sino como Tus batallas se pelean: de rodillas. Padre, en las guerras del mundo los hombres toman sus armas; Tú nos llamas a deponer nuestras armas y nos dices que nuestras armas son poderosas, pero no son carnales, y son poderosas en Cristo Jesús para destrucción de toda fortaleza que se levanta contra el conocimiento Tuyo, Dios. Adonai, nos has dado una vida tan distinta, un diseño tan diferente. En las cortes de los hombres todo el mundo es presumido inocente hasta prueba de lo contrario, pero en Tu corte todo el mundo es culpable hasta que Tú lo declares de otra forma.
Dios, ¿cuándo es que vamos a aprender que nosotros no peleamos como el mundo pelea? Los hombres, los soldados, necesitan ser fuertes físicamente para pelear; nosotros necesitamos ser fuertes espiritualmente. A ellos se les entrena a erguirse, a levantarse; a nosotros, a arrodillarnos. Ellos se enorgullecen en sus habilidades y Tú nos mandas a humillarnos. Pero ahora sí, Tú nunca has perdido una batalla, Tú no sabes lo que es perder. Cuando Tú aparentemente pierdes, como en la cruz, es solamente para ganar aún más grande. Tú eres un Dios poderoso.
Te pedimos en esta mañana, Señor, que Tú abras nuestros ojos, que Tú abras nuestros ojos a lo que Tú has revelado en Tu Palabra, y que Tú puedas, por medio del Espíritu que la inspiró, ahora ayudarnos a entenderla mientras Tú la iluminas, de manera que nosotros podamos extraerle aquellas cosas que están plasmadas allí para Tu iglesia de hace dos mil años atrás, y ahora otra vez en el tiempo de hoy, y para todas las épocas de la historia redentora. Es la misma Palabra; Tu Palabra es eterna, no cambia, no se marchita. Tu Palabra es omnipotente porque es Tuya, y Tu Palabra refleja Tu ser.
Sé con nosotros ahora en espíritu y en verdad, y sé con Tu siervo. Tú tienes una encomienda y él necesita ser fiel a Tu encomienda. Dale lo que él necesita para llevar a cabo el propósito para el cual Tú le tienes parado. Gracias por Tus propósitos en nosotros y para con nosotros. En Cristo Jesús, y Su pueblo dice amén. En bendiciones podemos sentarnos.
¿Quién tiene un Dios poderoso? ¿Tienes un Dios poderoso? Amén, amén. Entonces, nuestro Dios.
Se me ha pasado. Nosotros predicamos la primera parte de este mensaje, dijimos que era un mensaje en dos partes y que era como una moneda con dos caras. El mensaje de la semana anterior era una cara de la moneda y este es la otra cara de la moneda. Y lo dijimos de esa forma porque el apóstol Pedro escribe a los ancianos pastores de la iglesia en primer lugar, en el contexto de una iglesia que está siendo perseguida, y en el contexto de una iglesia incluso que aparentemente Dios ha decidido juzgar, cuando habla al final del capítulo 4: "Porque es tiempo de que el juicio de Dios comience y que comience por Su iglesia primero". Y luego entonces se pasa a hablarle a otra porción de la iglesia, y luego a toda la iglesia, ancianos y el resto de las ovejas, todos juntos, en el contexto nuevamente de este sufrimiento que ellos estaban atravesando.
Nosotros cubrimos hasta el versículo 4 en el primer mensaje y hablamos de que el llamado pastoral, el cuidado de las ovejas, es un privilegio enorme, pero al mismo tiempo es una gran responsabilidad. El privilegio tiene que ver con el hecho de que el Dios de los cielos te llame a cuidar ovejas que Su Hijo labró con sangre, y la responsabilidad tiene que ver justamente con la misma cosa: el hecho de que Él te confíe vidas que ahora son Suyas.
Pero por otra parte, el ser una oveja del redil de ese Dios que cuando se encarnó entregó Su vida, ese es al mismo tiempo, de la misma manera, un privilegio sin medidas y una responsabilidad extraordinaria. Por la misma razón, porque el precio que se pagó por la vida de esa oveja ahora requiere que esa oveja responda de una forma al llamado que ha recibido, a la salvación que ha recibido, de forma tal que Dios tiene una expectativa. Dios espera cierto comportamiento; de hecho, demanda cierto comportamiento de nosotros, de tal forma que tú puedas desvestirte del hombre viejo y ponerte el hombre nuevo.
Las enseñanzas que siguen son para toda la iglesia, pero aquí había una connotación especial por este tiempo de dolor y sufrimiento y persecución en medio de la cual estos hermanos estaban. Las enseñanzas son para todos los tiempos, pero en ese tiempo particular ellos necesitaban estar aún más apercibidos de las dificultades en medio de las cuales se encontraban, y requerían de un entendimiento especial.
Y con eso quiero invitarle a que puedas leer conmigo el capítulo 5 de la primera carta de Pedro a estos hermanos perseguidos, dispersos, comenzando en el versículo 5 del capítulo 5, hasta el 11. La parte final la vamos a leer hoy, pero más adelante.
Primer versículo 5: "Asimismo ustedes" —ya le habló a los ancianos— "los más jóvenes, estén sujetos a los mayores. Y todos" —toda la iglesia ahora— "revístanse de humildad en su trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. Humíllense pues bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes. Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo. Y después que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá. A Él sea el dominio por los siglos de los siglos".
Estas son las palabras de cierre del apóstol Pedro en esta primera carta a estos hermanos, lo dijimos ya, perseguidos, dispersos. Y él tiene recomendaciones especiales para esta —no lo voy a llamar iglesia porque él no se está dirigiendo a una iglesia en particular, no hay nombre de la iglesia—. Estos son hermanos que pertenecen a la Iglesia Universal; quizás tenían grupos en estas cinco provincias que mencionamos al principio, en Asia Menor, pero tiene que hablarles como miembros de una iglesia, la Iglesia de Cristo. Y por tanto yo he titulado este mensaje: "El consejo de Dios para una iglesia bajo ataque".
Y Pedro le ha hablado a los ancianos de esos grupos dispersos, les ha dicho lo privilegiados que son de haber sido llamados a cuidar de la familia de Dios, les ha dejado ver también la enorme responsabilidad, la carga que implica llevar a cabo dicho llamado. Y ahora él se dirige a los más jóvenes, y en el contexto que él está hablando, creo que prácticamente ningún académico piensa que él está hablando a personas jóvenes cronológicamente simplemente, sino al resto de la iglesia. Porque en el contexto del primer siglo, con toda probabilidad, aquellos que eran ancianos pastores de la iglesia eran al mismo tiempo los de mayor edad, los de mayor sabiduría, los de mayor carácter y los de mayor respeto, los de mayor reconocimiento. Y por tanto esto es como un mensaje: "Al resto de ustedes que son más jóvenes".
Y en primer lugar los llama a someterse al liderazgo de la iglesia. Sométanse, eso es lo que él dice en el versículo 5: los más jóvenes sométanse, estén sujetos a los mayores. Yo no creo que ese llamado ha sido bien entendido en la iglesia del siglo XXI. Yo creo que es uno de los llamados menos entendidos, la importancia de tal cosa.
Y menciono eso porque esta generación, sobre todo del año 1960 para esta parte, ha sido caracterizada por el mundo secular como una generación de independencia, rebelión, egocentrismo e individualismo. La frase clave de la década del 70, hasta en los bumpers de los carros estaba puesta, era: "Cuestiona a la autoridad".
El autor de Hebreos nos ayuda a entender lo que Pedro nos está diciendo. Pero está diciendo: sométanse a sus líderes, a sus ancianos. El autor de Hebreos escribe en el capítulo 13, el versículo 17, y él dice lo siguiente: "Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos" —ahí está la palabra— "a ellos, razón: porque ellos velan por sus almas como quienes han de dar cuenta". Y ¿cuál es el beneficio de eso? Permítanles que lo hagan con alegría o con gozo, y no quejándose. Pero, ¿por qué? Porque eso no sería provechoso para ustedes.
Ya en pasajes anteriores Pedro había hablado de la necesidad de que los ciudadanos se sometieran a los gobiernos, de que los esclavos se sometieran a sus amos, de que las esposas se sometieran a sus esposos, y ahora está hablando de que los miembros de la iglesia se sometan a sus líderes. El autor del libro de Hebreos, o de la carta a los Hebreos, está ayudándonos a entender —a la oveja le está ayudando a entender— que su comportamiento no debería ser uno que lleve a sus líderes a hacer su trabajo con queja que haya reemplazado el gozo, y le dice incluso la razón: a ti no te conviene, a ustedes no les va a ser provechoso.
A principios de semana recibí una carta de alguien que ya no está en nuestra iglesia, que quisiera hacer algo que pienso que debiéramos dejar que haga.
Esta persona está afuera y decía que después del mensaje del domingo pasado recibió convicción de que debiera escribir una carta y venir en algún momento que le facilitemos a leerla, a pedir perdón porque entiende que en su momento su conducta trajo dolor a mi vida y al resto del liderazgo de la iglesia. Yo creo que Dios estuvo hablando. Si eso es gracia, esa es la gracia: cuando Dios te habla.
El apóstol Pedro está ayudándonos a entender, o ayudándole a la iglesia a entender, este es el diseño de Dios. La sujeción de unos a otros es parte del diseño de Dios. No funciona perfectamente porque este es un mundo caído y nosotros somos personas caídas, pero por eso no deja de ser medicina. Y entonces les dice a los más jóvenes, al resto de la iglesia: sométanse a sus ancianos. Consejo número uno. Consejo número dos, la segunda parte del versículo 5: y todos —todos, se ha singularizado los pastores también— y todos revístanse de humildad en su trato mutuo.
Es algo que me llama la atención: cuánto el llamado a la humildad permea toda la Escritura. Eso, sobre todo en los últimos dos o tres años, como que de una u otra manera me sale en cada página de la Biblia. Y después cuando yo meditaba el porqué, no solamente podía ver que ese es el origen de todo el problema en medio del cual nosotros nos encontramos: el orgullo de la criatura. Pero luego yo encuentro el gran ejemplo de Cristo en Filipenses 2, quien era igual a Dios, sin considerar esa igualdad como algo a qué aferrarse, sino que se humilló a sí mismo. De manera que si ese es el modelo, entonces eso es lo que tenemos que seguir.
Daniel Doriani es un hombre de Dios, maestro de la Palabra, autor de varios libros que tienen que ver incluso con la hermenéutica o interpretación de la Palabra, con la aplicación de la Palabra, pero tiene varios comentarios. Muchos en inglés diría muy insightful, muy sabios. Y él escribe lo siguiente con relación a este texto: que de la misma manera que algunas enfermedades son tratables pero nunca curables, de esa misma forma el orgullo es tratable pero nunca completamente removible. El orgullo es un mal que resiste el tratamiento. Y él agrega: el orgulloso no se percata de su pecado. Si alguien, dice Doriani, le señala algún pecado, el orgulloso apela a alguna circunstancia especial o algún malentendido. Y si algún amigo le señala que su incapacidad para admitir su pecado es orgullo y que el orgullo es la raíz del problema, el orgulloso protesta y dice: "Pero no he hecho nada malo, ¿por qué te has cogido conmigo? Tú eres tan crítico".
Por otro lado, decía un misionero que si él pudiera escoger dos frases que pudieran cultivar el crecimiento espiritual, serían estas dos. "No sé", que habla de humildad. Y la otra sería "lo siento", para admitir que te has equivocado o cometido un error. Yo estaría de acuerdo. Esas dos frases son importantes, pero he estado enseñando ya por un tiempo —mi esposa me ha oído esto no sé cuántas veces— que la frase "lo siento" o el famoso "I'm sorry" en inglés es para un accidente. Yo voy caminando, yo te choco, tengo: "I'm sorry, lo siento". Pero cuando yo te he ofendido o simplemente te he irrespetado, independientemente de que yo sepa si te ofendiste o no, ese simple hecho, la frase bíblica es "perdóname". Pero mi dificultad para pedir perdón está directamente relacionada a mi orgullo, a mi grado de orgullo.
La humildad, yo estoy convencido, es la reina de las virtudes. Algunos pudieran decir: "No, no, no, el amor". No, no, la humildad. Escucha, Cristo dijo: "Aprended de mí que soy manso y humilde". Él no me dijo: "Aprended de mí a amar", porque a amar no se enseña; el amor es algo que crece en un corazón humilde. La humildad es la reina de las virtudes. La humildad facilita el perdonar, la humildad facilita el olvidar, facilita la comunicación, facilita el dejar atrás el pasado, facilita el poder seguir relacionándonos cuando no estamos de acuerdo y relacionándonos perfectamente bien en este mundo de tantas controversias. Cerca del COVID y de las vacunas, las iglesias, los pastores, cómo se han estado peleando en las redes. No tenemos que estar de acuerdo para comunicarnos bien, relacionarnos bien y seguir siendo amigos. La humildad facilita la sumisión. Sométanse a sus ancianos: la humildad es la que facilita eso. Facilita la admisión de errores, de pecado, y por tanto facilita mi arrepentimiento. La humildad raramente se ofende y fácilmente perdona.
Dicho de otra manera, para ilustrarlo: la humildad es como Cristo y el orgullo es como Pedro, más o menos así. La humildad perdona setenta veces siete; el orgullo recuerda setenta veces siete. El orgullo corta la oreja del criado en el huerto de Getsemaní; y la humildad sana la oreja que Pedro cortó. El orgullo niega hasta tres veces en una noche, después de haber afirmado horas antes que nunca lo haría aunque todos los demás lo hicieran; y la humildad restaura tres veces después que tú le has negado otras tres. El orgullo es hipócrita y aparenta ser una cosa que no es; por eso Pablo tuvo que desenmascarar a Pedro en un momento dado. La humildad es veraz y es transparente. Dicho otra vez: la humildad es como Cristo y el orgullo es como Pedro, o quizás una es como Cristo y la otra es como nosotros. ¿A cuál te pareces?
Todas esas son razones por las cuales tú y yo deberíamos cultivar la humildad. Hay un llamado en este pasaje. La sumisión, que fue el primer consejo, requiere humildad. Ahora se nos pide que nos humillemos y que exhibamos, que nos vistamos de esa humildad en el trato mutuo. Pero si no vieran ninguna otra razón y solamente existiera esta otra, esta que sigue en el mismo versículo, la última parte del versículo 5 sería razón suficiente porque es extremadamente poderosa: vestidos de humildad en el trato mutuo. ¿Por qué? He aquí la razón. En este texto varias veces Pedro nos manda hacer una cosa e inmediatamente, es bueno, dice la razón: porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes.
Esa es una cita literal del Salmo 3:34 en su versión griega. En otras palabras, él vuelve a traducir una Septuaginta al griego; dice exactamente lo que yo acabo de leer. De tal forma que lo que fue verdad en el Antiguo Testamento sigue siendo verdad en el Nuevo Testamento. Ahora, piensa por un momento: la omnipotencia de Dios se opone a los soberbios. La omnipotencia de Dios se opone al orgullo que existe dentro de nosotros.
Y la razón por la que Pedro está enseñando a esta iglesia a ser humilde, me hace un paréntesis: hay dos formas de tú enseñarle a una iglesia cómo pasar por la tribulación, el sufrimiento. De una manera o de una forma tú lo puedes hacer hablando de la bondad de Dios, de la misericordia de Dios, de la gracia de Dios, del perdón de Dios, del amor de Dios, del cuidado de Dios, y Pedro hace todo eso. Pero hay otra forma en la que tú puedes enseñar al creyente a pasar la dificultad y que tiene que ver con su conducta, su comportamiento y su reacción ante las dificultades. Y Pedro les está diciendo: la mejor forma de ustedes pasar por la tribulación y la persecución es cultivando la humildad, porque de lo contrario lo que el orgullo va a hacer entre ustedes es que los va a dividir. Imagínate una iglesia pasando por la persecución dividida. O quizás hasta peor aún: si esa humildad no existe, ustedes no van a tener solamente al imperio romano en contra; ustedes van a tener a Dios en contra, lo cual sería mucho peor.
Consejo número uno: esté sujeto a los mayores o a los ancianos. Consejo número dos: revístanse de humildad en su trato mutuo. Consejo número tres, o el versículo 6 ahora: humíllense, otra vez pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que los exalte a su debido tiempo. Los tres primeros consejos están directamente relacionados a la humildad.
Dios orquesta la historia del mundo entero conforme a su consejo sabio, de acuerdo con su voluntad soberana, en conformidad con su poder infinito. Nosotros frecuentemente decimos: "Dios quita y pone, Dios es soberano, Dios va reinando", y podemos ver eso y estamos dispuestos a aceptarlo con mucho mayor facilidad que cuando comenzamos a pensar que Dios orquesta igualmente mi vida de la manera que está resultando. Y entonces la ira, la queja, la ingratitud a lo que Dios ha dispuesto es rebelión. El Dios que dijo a Nabucodonosor: "Comerás hierbas con las bestias del campo por siete años, hasta que reconozcas que el Altísimo reina sobre los reinos de los hombres", es el mismo Dios que gobierna sobre cada una de nuestras vidas.
Lo que Pedro está ayudándonos a entender, ayudándole a ese grupo a entender, es que es preferible humillarte bajo la mano poderosa de Dios, a esperar que Él tenga que ser la persona que te humille a ti o a mí. Que lo que a ti te toca hacer es lo que a mí me toca hacer, y es lo que a Cristo le tocó hacer, y es que Él se humilló a sí mismo. La aceptación de las circunstancias de nuestras vidas de una forma agradecida es la forma sabia de vivir.
José no se irritó cuando él fue vendido como esclavo. Más bien él que calmó la agitación de sus hermanos, que pensaban que él se iba a vengar, les dijo: "No, lo que ustedes hicieron, y lo hicieron pecaminosamente, y lo hicieron por mal, Dios lo permitió para bien". Y el razonamiento de José al no castigar a sus hermanos: José en todo momento vio la mano poderosa de Dios detrás de los eventos.
De igual manera, Job no se irritó cuando Dios permitió que diez hijos murieran en una noche, sobre todo si él se hubiera enterado que la razón por la que eso ocurrió fue porque Satanás fue y desafió a Dios con la vida de Job, y Dios le dio permiso a Satanás para que lo hiciera. La esposa de Job se irritó y le dice a Job: "Maldice a Dios y muérete". Y Job dice: "No. Jehová dio, Jehová quitó; bendito sea el nombre del Señor". Esa es la forma sabia de vivir.
Oseas no se irritó cuando Dios le pidió que se casara con una prostituta. Y sobre todo, él toma a Gómer, se la lleva, y Gómer vuelve y se vende a la prostitución, y Dios le dice: "No, ve y búscala otra vez." Él no se irritó. Dios sabe lo que hace.
Ezequiel, quien no se llenó de ira ni de queja cuando Dios le dice: "En la mañana, esta noche te voy a quitar la niña de tus ojos, el amor de tu vida, tu esposa, y no la puedes llorar. No puedes botar una sola lágrima por ella, porque lo que tú vas a hacer va a ilustrar algo para la nación de Israel."
Todos ellos se humillaron bajo la mano poderosa de Dios, y solo aquellos que se humillan ante su poderosa mano serán restaurados en su gracia y por su gracia. Hasta ese entonces, nosotros permanecemos heridos, debilitados y desesperanzados.
Consejo número cuatro: echando toda su ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. En medio de esta agitación, persecución, claro que hay como un motivo humano de ansiedad, pero sabes que Dios no es ignorante de eso. Dios es quien lo está permitiendo, de manera que toma tu ansiedad, por así decirlo, quítatela, vétela atrás, pónsela a Dios. Y ahí mismo, después que él te da el mandato, él te dice el porqué una vez más: porque él tiene cuidado de ustedes.
Este es un llamado a la no preocupación. La preocupación usualmente, o quizás siempre, es algo pecaminoso en el cristiano. La preocupación por lo que a mí me acontece, en cierta manera, cuestiona la omnisciencia de Dios. Es como decirle a Dios: "Tú sabes qué, tú no estás al tanto de lo que a mí me está pasando. Yo no creo que tú entiendas. Tú no entiendes los detalles, tú no entiendes la profundidad de mi dolor, tú no entiendes. Tú no estás aquí abajo para saber cómo se siente."
Mi preocupación cuestiona la sabiduría de Dios, porque es una forma de decirle a Dios: "Sabes qué, si yo tuviera que orquestar mi vida, si verdaderamente tú orquestas la vida de los hombres, si yo tuviera que orquestar mi vida, yo creo que lo haría mejor que tú, porque yo lo haría diferente." Como me dijo un paciente mío en Estados Unidos, judío, a quien estaba tratando de... Bueno, el dueño de la oficina que rentábamos, del espacio. Cuando ya veníamos para acá, yo fui a firmar un contrato para que me dejara fuera de un acuerdo, para que me dejara fuera del contrato. Y yo estoy tratando de testificarle y explicándole por qué yo vengo para acá, y le estoy hablando de que Dios, si Dios está en control del mundo, Dios me ha enviado para aquí. Y me dijo: "Bueno, pues si ese Dios está en control del mundo, debieran cancelarlo porque está haciendo muy mal trabajo."
Mi preocupación cuestiona esa sabiduría. Cuestiona el poder de Dios. Quizás tú estás al tanto, quizás tú lo sabes, quizás tú eres bondadoso, quizás te duele que esté atravesando esto, pero quizás tú no puedas cambiarlo. En resumen, mi preocupación cuestiona la bondad de Dios, pues él cuida de ustedes, dice Pedro.
Nos preocupamos. La preocupación, la ansiedad, no cambia nada, pero seguimos preocupándonos. Si este grupo de cristianos perseguidos, encima de la persecución, va a vivir ansioso, si va a vivir preocupado, se van a morir de la preocupación antes de la persecución, porque era real y era intensa. Pero ni la ansiedad ni la preocupación ha cambiado absolutamente nada.
Mi preocupación está directamente relacionada a mi confianza en Dios. A mayor confianza en la soberanía de Dios, el derecho que Dios tiene, la autoridad que Dios tiene de hacer todo cuanto a él le place, como dice el Salmo 115: "Dios está en los cielos y ha hecho lo que le place." A mayor confianza, y no hay que yo lo afirme, confianza en dicha soberanía, mayor mi grado de paz, hasta el punto que la paz es tan extraordinaria que trasciende el entendimiento. No lo entiendo, los hechos son grandes, pero estoy en paz.
Mi preocupación está directamente relacionada a mi conocimiento de Dios. Mientras más conozco, mientras más conozco su bondad para conmigo, mientras más conozco que él cuida de nosotros, más tranquilo yo puedo vivir.
Mi ansiedad está directamente relacionada a mi grado de control, o deseo de controlar. Mi deseo de controlar me vuelve ansioso. "Esto se puede caer de este lado, y se puede caer por el frente, se puede caer por atrás." "Ya está cercado, no estoy preocupado." "¿Y si algo le cae arriba?" "Bueno, lo vamos a cubrir." "Yo sigo preocupado porque el cielo se rompe del peso que tiene." Mi ansiedad está directamente relacionada a mi deseo de control. Mientras menos quiero controlar las cosas, porque entiendo que Dios está en control, mayor es mi tranquilidad.
Ahora, mi deseo de control está directamente relacionado a mi inseguridad. Adán y Eva, cuando vivían así, nunca experimentaron inseguridad de ningún tipo. Cuando ellos se separan, la inseguridad comenzó. Mientras más lejos vivo de Dios, más inseguridad experimento, más deseo de controlar yo tengo. Mientras más cerca de Dios yo estoy, más tranquilo yo puedo vivir, reconociendo quién verdaderamente tiene el control. Gente perseguida necesitaba entender quién controla la persecución. Literalmente hablando, es Dios, claramente demostrado en la Palabra de Dios, revelado de esa forma.
Consejo número cinco, versículo ocho: sean de espíritu sobrios, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente buscando a quién devorar.
Bueno, nosotros vivimos en la antesala de la eternidad. No puede ser que vivamos con la frivolidad con que la mayoría de las personas vive en la antesala de la eternidad futura. Es como que te vayan a operar de corazón abierto, es muy tonto y se compara, pero ilustra algo. Te van a operar de corazón abierto y hay como una salita antes de entrarte a la sala de cirugía, y tú te estás ahí sentado jugando bolitas. Eso no se va a dar así. Y por eso Pedro llama a esta gente y le dice que tienen que hacer, de espíritu sobrios. Ustedes necesitan estar alerta.
Pedro está convencido que es más fácil ser seducido por nuestras propias pasiones y tentaciones propias de esta vida cuando nuestra actitud frente a la vida es una de entretenimiento. Pedro está convencido que es mucho más fácil ser distraído y seducido por nuestras pasiones y las tentaciones propias del diario vivir cuando nuestra actitud frente a la vida es una de entretenimiento. Dios no nos llamó a ser entretenidos o entretenedores. Dios nos llamó a ser embajadores que proclaman un mensaje de salvación, como si Dios rogara por medio de nosotros: reconciliaos con Dios.
Aquellos de ustedes que han estado siguiendo la serie de guerra espiritual saben que hemos dicho varias veces que estamos habitando en territorio enemigo. No puede ser que vivas en territorio enemigo y no vivas en un estado de alerta. No podemos jugar a ser cristianos cuando hay gente todos los días yéndose a la condenación eterna. No podemos jugar a ser cristianos cuando cincuenta a cien mil personas se van todos los días a la condenación eterna sin nunca haber oído el mensaje de Cristo Jesús. No podemos jugar a ser cristianos cuando continuamente hay hijos de Dios que están tropezando y cayendo y deshonrando el nombre de Cristo. No podemos jugar a ser cristianos, como Pedro escribió a esta gente que estaba siendo perseguida para ser obliterada. Esas no son condiciones para jugar a ser cristiano, y sobre todo cuando tenemos un adversario que es astuto, que es maligno, que juega sucio, que no tiene escrúpulos, que es poderoso y que es invisible. Estén alerta.
Este adversario en un momento dado supo jugar el rol de una serpiente, y en el jardín del Edén él no rugió, él conversó. Él no trajo una amenaza, él trajo una tentación con una aparente buena intención. Es el mismo que, detrás de las religiones paganas del mundo, se ha vestido de ángel de luz. Ha traído información, conocimiento que tiene que ver con la otra dimensión, y meditación, cosas que te van a llevar a otro plano. Y lo mismo ha pasado en las corrientes filosóficas: se ha vestido de ángel de luz. Él es como un camaleón, cambia de traje.
Pero en este contexto de la persecución, que es él quien la causa, si no me crees, lee lo que el texto de Apocalipsis dice acerca de la iglesia de Esmirna. Juan le dice: "Satanás va a echar a algunos de ustedes a la cárcel." No el imperio romano, Satanás va a hacer eso. Entonces, en otras ocasiones... ahora con la persecución él está rugiendo.
A él le encanta imitar lo que Cristo hace. El verdadero León es Cristo, León de la tribu de Judá, pero él quiere imitar a ese León. Y ahora Pedro estaba tratando, verdad, como de usar esta imagen para ayudarnos a entender algunas cosas. Con la serpiente nos dejó ver la astucia, lo venenoso de sus mentiras. Con la imagen de ángel de luz, es que pudiéramos entender que él puede venir con conocimiento espiritual o místico, como si fuera un ángel. Pero ahora, con esta imagen de un león rugiente, él quiere comunicarnos algo.
Y precisamente, dada esta imagen, en el día de ayer me propuse leer un poco acerca de cómo es que los leones cazan, para ver cómo es que él quiere cazarme a mí. Me sorprendió, porque todos los videos que yo he visto de leones cazando son de día, pero me sorprendió al leer que los leones cazan de noche, o prefieren cazar de noche. Y tratando de como aplicar la imagen al día de hoy, dije: "Wow, quizás es la razón por la que la mayoría de la pornografía es de noche." Detrás de ahí estoy convencido que está Satanás. Quizás es la razón por la que la mayoría de las cosas inmorales ocurren de noche. Quizás es la razón por la que mucha gente de noche busca la inmoralidad de diferentes formas, aplicando la ilustración.
Leía que el león es capaz de ser sumamente paciente a la hora de cazar, y es capaz de acostarse ahí en unas hierbas por horas observando a la próxima víctima.
Cuando hay una manada, ellos usualmente son las leonas las que cazan. Ellas vienen y vienen también como una manada de varios, pero no la atacan directamente, sino que se enfrentan a la manada, se acercan y se retiran, y tratan de intimidarla hasta que logran causar pánico y la manada se dispersa. Entonces ellas se lanzan detrás de la presa que se va quedando atrás: la más débil, que es la más joven, quizás la más vieja, la que está herida. Y esa presa que está sola, que es la más débil, la más indefensa, la que está aislada, esa es la presa que él prefiere.
Entonces el cristiano que no lee su Palabra, que no está orando y que ha decidido retirarse de la manada —nosotros somos un redil, pero voy a seguir usando la idea— que se ha retirado de la manada, que está solo, ese es una presa para el león rugiente. El cristiano que no hace uso del ensamblaje local, que se encuentra en aislamiento, ese cristiano ha quedado expuesto al ataque del león rugiente.
El cristiano que se encuentra en pecado —y cuando yo digo eso, inmediatamente lo que viene a la mente de nosotros es como pecado inmoral— no, de cualquier tipo, que va desde ira, resentimiento, falta de perdón, avaricia. Se encuentra en pecado, él es una presa fácil. Porque escucha lo que dice Isaías 59:2 en la Nueva Traducción Viviente: "Son sus pecados los que los han separado de Dios. A causa de esos pecados, él se alejó y ya no los escuchará." Son sus pecados. Y se ha de decir, pero no es simplemente porque pecaron, porque tú y yo pecamos. Son sus pecados y su falta de arrepentimiento. Su permanencia en el pecado es lo que ha hecho que ustedes se separen de Dios. Una vez separado de Dios, Dios decidió retirarse también. Ustedes siguen orando y Dios decide que no los va a escuchar hasta que no haya arrepentimiento.
Cuando estos cristianos bajo persecución, este cristiano que está bajo persecución, yo no sé, no se pueden dar el lujo de estar en pecado de diferentes tipos, para que Dios ni siquiera escuche sus oraciones. Y mucho más cuando Dios había dicho versículos antes: es tiempo de que el juicio comience y que comience por la casa de Dios.
Pero estábamos en el versículo 8. Entonces leemos: "Sean de espíritu sobrio, estén alerta, tengan cuidado."
Consejo número 6, versículo 9: "Pero resístanlo, firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo." Satanás puede ser resistido, hasta el punto que la Palabra nos manda a resistirlo. Cristo lo hizo en el desierto y el texto dice que Satanás lo dejó por un tiempo. Santiago nos dice: "Resistid al diablo y él huirá de vosotros." Pedro nos dice: "Resístanlo, firmes en la fe."
El llamado continuo del cristiano con relación a Satanás es resistirlo, pero resistirlo de una manera. No es ir a la ofensiva; eso no nos toca a nosotros, Cristo se encarga de eso. Este estar firmes es lo que Pedro dice: estando firmes en la fe. Es lo que Pablo dice cuando le escribe a los efesios en el capítulo 6, versículos del 13 al 17. Los primeros cuatro versículos de ese texto del día se envuelven alrededor de la guerra espiritual, la armadura de Dios. En cuatro versículos, tres veces Pedro, digo, Pablo dice: estad firmes, estad firmes, estad firmes.
Detrás del llamado a estar firmes está la idea de un grupo de soldados a quienes se les entrega una posición. Si lo buscan en el original, se nos entrega una posición conquistada por Cristo. Ahora tú la preservas. ¿Cómo? Estando firmes.
Entonces, ¿qué significa eso de estar firmes? Bueno, significa varias cosas. Por un lado, puede comenzar con una posición. ¿Y cuál es la posición? En Cristo. Vamos a leer otra vez, dos veces todavía vamos a leer esa frase en este texto: en Cristo. Pablo la tiene no sé cuántas veces. Nosotros estamos en Cristo. Yo tengo que tener esa realidad claramente: que yo estoy en Cristo. Entonces, si estoy firme sabiendo que estoy en Cristo, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Eso me da cierto grado de firmeza.
Número dos: es un estado de alerta mental, de no distracción. No te pongas a discutir, por así decirlo, un buen dominicano, con pasajeros que te deben distraer, como Eva. Un estado de alerta. Esto es una distracción. Eso no corresponde a algo que Dios aprobaría. Es un compromiso a no movernos de la verdad, como Eva se movió. Tenía una verdad y abrazó la mentira.
El llamado continuo en el Nuevo Testamento es a estar firmes. Escúchalo: Primera de Corintios 15:58, "Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes." Primera de Corintios 16:13, "Estad alerta, permaneced firmes en la fe, portaos varonilmente, sed fuertes." Colosenses 4:12, "Para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios." Segunda carta a los Tesalonicenses 2:15, "Así que, hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra." Santiago 4:7 nos llama a la firmeza de otra forma: "Por tanto, someteos a Dios; resistid pues al diablo, y huirá de vosotros."
Entonces, ¿cómo yo puedo estar firme en la práctica? Yo tengo que cuidar mis emociones, porque mis emociones dan origen a los pensamientos, y mis pensamientos dan origen a las acciones. Mis emociones, origen a pensamientos; los pensamientos, origen a las acciones. Yo tengo que cuidar no solamente mis emociones y mis pensamientos y mis acciones; yo tengo que cuidar mis relaciones, porque las malas compañías echan a perder las buenas costumbres, la buena moral, dependiendo de la traducción que ustedes tengan.
Si queremos estar firmes, yo tengo que ocuparme con temor y temblor de mi salvación, escribió Pablo. Ocúpate de tu salvación con temor y temblor. ¿Qué implica eso? Involúcrate en todo lo que tu salvación implica, en todo lo que es la causa de Cristo, en todo lo que tiene que ver de manera de alimentar tu alma.
Si queremos estar firmes, tenemos que cuidar del uso del tiempo. En consejería, en conversación, esta semana lo oí de una persona más hablando de cómo se había percatado del mal uso de su tiempo, el efecto que estaba teniendo en su vida, la cantidad de tiempo y las cosas a las que le dedicamos ese tiempo. El apóstol Pablo le escribe a los efesios y les dice en el capítulo 5:15 que estemos firmes, para cuidar nuestro tiempo porque los días son malos. Y si eran malos hace dos mil años, ahora que son malos de verdad.
Entonces ahora, si queremos estar firmes y ver si el texto es congruente lo primero con lo último, entonces tenemos que regresar al primer versículo del texto de hoy y ver de qué manera es que vamos a estar firmes. Escuche.
Si vamos a estar firmes, tenemos que vivir en sumisión a nuestros líderes espirituales, versículo 5, primera parte. Si vamos a estar firmes, tenemos que revestirnos de humildad, versículo 5, segunda parte. Si vamos a estar firmes, tenemos que humillarnos bajo la mano poderosa de Dios, versículo 6. Si queremos estar firmes, tenemos que echar toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él cuida de nosotros, versículo 7. Si queremos ser firmes, tenemos que ser de espíritu sobrio y estar alerta, versículo 8.
Tenemos que correr con la perspectiva correcta. Escuche el versículo 9: "Sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo." En otras palabras, mi sufrimiento, mi persecución, yo no soy el único que estoy en eso. Quizás unos están siendo perseguidos, otros fueron afectados por la pandemia, otros fueron afectados por un cáncer, otros fueron afectados por un edificio en la ciudad de Miami que colapsó y le quitó la vida a casi 150 personas en un momento en que todo el mundo moraba ahí dentro y pensaba que las cosas estaban bien. Ese sufrimiento, tu experiencia, es común a todos los que vivimos de este lado de la eternidad.
Consejo número 7 y final. Lo voy a leer tal cual yo lo escribí, porque quiero que lo recuerden, y después les voy a leer cómo Pedro lo dice de otra manera.
Consejo número 7: Recuerda que tu sufrimiento no ocurre separado de Dios, que tu sufrimiento es justamente el camino que te conduce a la gloria eterna, y que dicho camino está revestido, pavimentado por la gracia de Dios, la cual te es suficiente porque ella te perfecciona en la debilidad, de tal manera que cuando eres débil entonces eres fuerte.
Me sirve otra vez: Recuerda que tu sufrimiento no ocurre separado de Dios, que tu sufrimiento es justamente el camino que te conduce a la gloria eterna, y que dicho camino está revestido, pavimentado por la gracia de Dios que te es suficiente, porque en la debilidad es cuando tú verdaderamente eres fuerte.
Como dice Pedro, eso más o menos similar, en el versículo 10: "Y después que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo" —está la frase— "el mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá." ¡Wow! El mismo Dios de gracia. Esa es la gracia que te acompaña, esa es la gracia que te va a llevar a la gloria eterna, esa es la gracia que ha estado contigo desde el mismo momento que entraste a estar en Cristo. Está haciendo lo que está haciendo con la intención de perfeccionarte, afirmarte, fortalecerte y establecerte. Son cuatro verbos, y cuatro verbos poderosos, prometedores, protectores, promotores. Son poderosos porque me hablan de Dios, son prometedores porque me recuerdan de su promesa, son protectores porque cuidan de mi fe para que no se me enfríe, y son promotores porque cultivan dicha fe.
Lo que Dios está diciendo es: "Escúchame, yo voy a dar permiso a Satanás para que persiga mi iglesia. Mientras él la persiga, voy a separar los mansos de los cimarrones," como decimos nosotros. En inglés hablan de separar los hombres de los muchachos, "men from the boys." No sé cómo lo dirán en otras partes. Bueno, la Biblia lo dice: de la oveja de los cabritos. Pero en cuanto a ti, si eres una oveja, la misma persecución que está haciendo todo eso, yo lo que pretendo es perfeccionarte. Yo voy a eliminar tus impurezas, o las voy a ir eliminándolas. Yo pretendo afirmarte de manera que tu confianza en mí crezca. Yo pretendo fortalecerte de manera que tus temores se vayan yendo hasta que en el día final desaparezcan completamente. Y yo te voy a establecer de tal forma que jamás podrás ser movido de aquí para allá.
Y ante esa realidad tan extraordinaria, Pedro irrumpe entonces en una doxología breve pero necesaria, en el versículo 11. Se dice: "A él sea el dominio por los siglos de los siglos. Amén." Tienes que entrar aquí en el espíritu de Pedro. Aquí más que hacer el honor y la gloria y el poder y el dominio, que no sea ahora, escucha, es una forma de darle gloria a Dios. Si Dios desplegó su gloria en la creación y lo piensa hacer otra vez en la recreación al final de la redención, si el Hijo desplegó su gloria en la crucifixión, y si el Espíritu desplegó su gloria el día que te levantó a ti y a mí de la muerte y nos dio vida, entonces tu llamado y tu compromiso —y el mío también— es desplegar su gloria en las peores circunstancias de la vida.
Si vas a ser agradecido con Dios, porque de no haber Dios intervenido en tu vida, tú sabes lo que tú y yo fuéramos. O quizás tenemos una idea de lo que fuéramos, porque probablemente fuéramos peor de lo que nos imaginamos. Y al mismo tiempo tenemos una idea de lo que vamos a llegar a ser, precisamente porque Dios ha intervenido. Entonces en nuestro compromiso de desplegar su gloria convertimos en gloria lo que ya ha sido soportado en medio del sufrimiento, el dolor y la persecución.
Voy a cerrar brevemente con esta historia. Durante la época de la Reforma, quizás los dos predicadores más poderosos de la Reforma en Inglaterra en el siglo XVI fueron Hugo Latimer y Nicolás Ridley. Los dos fueron quemados en la hoguera el mismo día. Oí una porción de la historia, si la quieren leer un poco más completa, que aparece en la página de La Coalición por el Evangelio, en español, publicado en inglés, traducido al español.
Esto es lo que dice: el 16 de octubre del año 1555, después de pasar 18 meses en una celda de la torre, Latimer y Ridley se encontraron en una hoguera en Oxford, con Latimer vistiendo una túnica y un gorro, y Ridley en su atuendo de obispo. Los dos hombres hablaron y oraron juntos antes de que el verdugo los atara a la madera. Ridley fue el primero en consolar a su amigo: "Ten ánimo, hermano, porque Dios aliviará la furia de la llama o nos fortalecerá para sufrirla." Ten ánimo, que Dios va a bajar la furia de la llama o nos va a fortalecer para sufrirla.
Mientras el manojo de palos, la leña, se incendiaba debajo de ellos, Latimer tomó su turno. Alzando la voz para que Ridley pudiera oírlo, clamó: "Tenga confianza, maestro Ridley, y tengamos valor. Este día encenderemos una vela en Inglaterra que, por la gracia de Dios, confío que jamás se apagará."
Tres años más tarde, la reina María Primera murió, responsable de la persecución, y el reino pasó a su media hermana Elizabeth, una reina protestante. La vela de Latimer y Ridley estalló convirtiéndose en una antorcha. Ten ánimo, Ridley. Ten ánimo, Latimer. La mano de Dios está detrás del fuego y de la leña. No estamos solos, estamos supervisados y cuidados y designados para arder, para que el resto del mundo arda por la verdad que hoy nosotros ardemos.
Padre, gracias. Qué poca idea tenemos nosotros, qué tan pequeña idea tenemos del precio que tú pagaste y que por tanto nos toca a nosotros completar los sufrimientos de Cristo, como decía Pablo. Danos hombres y mujeres, danos una iglesia, danos muchas iglesias, oh Dios, dispuestas a arder en la hoguera una vez más para que la antorcha vuelva a recorrer las naciones, los hombres tengan salvación y tu gloria sea desplegada sobre toda la tierra. En el nombre de Cristo. Amén.