Integridad y Sabiduria
Sermones

Una carta confrontadora

Miguel Núñez 6 septiembre, 2009

Lo que satisface el alma no es una doctrina nueva ni una experiencia mística reservada para unos pocos, sino la misma verdad proclamada desde el principio: el Verbo de vida que vino en carne, que fue visto, oído y tocado por testigos reales. La primera carta de Juan nace en un contexto donde corrientes heréticas —como el gnosticismo— negaban la encarnación de Cristo y prometían salvación a través de conocimientos secretos. Frente a esto, Juan no apela a su autoridad apostólica sino a su experiencia directa: él conoció a Cristo personalmente, y ese testimonio es lo que transmite.

El propósito de esta carta es doble. Primero, desenmascarar las falsas enseñanzas que amenazaban a la iglesia. Segundo, afirmar a los creyentes genuinos en su fe, para que sepan que tienen vida eterna. Juan escribe sin zonas grises: o se ama al Padre o se ama al mundo; o se ha nacido de nuevo o se vive en la práctica del pecado; o hay comunión verdadera con Dios o no la hay.

Esa comunión —una vida compartida con el Padre, el Hijo y los hermanos— produce un gozo completo que ninguna circunstancia puede robar. El pastor Núñez señala que la ausencia de gozo en muchos creyentes revela una comunión rota, ya sea por pecado o por falta de sometimiento a la voluntad de Dios. Cuando Cristo es solo parte del mundo de una persona y no su mundo entero, la satisfacción permanece incompleta. Solo quien hace de Cristo el centro de su existencia experimenta el gozo que Dios diseñó para sus hijos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Este día estamos iniciando una nueva serie sobre la epístola o la primera carta de Juan a sus seguidores, a varias iglesias, porque realmente no hubo una sola iglesia que fuera la destinataria de esta carta. Yo quiero que leamos en breve los primeros cuatro versículos de la carta. Yo creo que esta carta va a servir para hacer muchas cosas en nosotros como individuos, como congregación. Me van a permitir tiempo suficiente para introducirla hoy, porque cuando no sabemos de qué trata una carta, para qué fue escrita, sus propósitos, la ocasión, muchas veces no entendemos su contenido. De manera que estén un poquito pacientes y apenas vamos a cubrir hoy los primeros cuatro versículos, porque el tiempo no nos da para más con la introducción que tenemos que hacer.

Comenzando en el versículo primero, Juan dice: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos acerca del Verbo de vida, pues la vida fue manifestada y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros. Y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo", o "vuestro gozo" dependiendo de la traducción que usted tenga.

Padre, gracias te damos de nuevo por tu Palabra, tu Palabra santa, tu Palabra bendita, tu Palabra infinita, tu Palabra incuestionable, inquebrantable. La que fue ayer es hoy, la que es hoy será mañana. Tú y tu Palabra son las únicas cosas que no cambian. Te pedimos en el día de hoy que tú puedas de una manera especial, a través de tu Espíritu, inspirar a tu siervo, a tu instrumento, hablar a través de él como tu micrófono, Dios. Permite que aquellos que escuchan puedan ser cambiados. Permítenos escuchar no solamente con nuestros oídos, ayúdanos a procesar con nuestra mente, ayúdanos a sentir con el corazón y ayúdanos a actuar con la voluntad rendida a ti. En tu nombre, Jesús. Amén.

Bueno, decía verdad que estamos comenzando una nueva serie. Yo creo que va a ser una serie de bendición porque nos va a ayudar a ser edificados, nos va a ayudar a ser afirmados. En otras ocasiones nos va a ayudar a ser cuestionados, y ciertamente la Palabra de Dios se supone que haga eso cada vez que la abrimos. Cada texto bíblico debiera interpretarnos, debiera leernos, debiera edificarnos y examinarnos, y fortalecernos y afirmarnos en ocasiones. Y otras veces colar, colar aquellas malas enseñanzas que no están de acuerdo con su revelación, colar a aquellos que quizás han estado llamándose siervos de Dios pero que ciertamente no lo son. Y de hecho uno de nuestros valores no negociables como iglesia dice que la Palabra de Dios es la única intérprete de lo que somos y de lo que hacemos. Y eso es lo que esta carta va a hacer con nosotros como individuos y como iglesia.

Yo me estoy refiriendo a esta carta o a este documento como una carta, aunque muchos han creído que quizás esta no fue una carta. Y la razón por la que dicen esto es porque las características típicas de las cartas de aquella época del mundo grecorromano en que esta carta fue escrita no están presentes en ella. No hay una identificación del autor al principio de la carta como solía ser, no hay una identificación del destinatario como también era costumbre, no hay en la carta expresiones de gratitud que era acostumbrado, no hay al final de la carta una despedida tampoco. Cosas que las cartas de Pablo sí tienen.

Cuando uno lee a Pablo uno se encuentra que Pablo tiene un estilo lógico, metodológico, tiene una retórica o una forma de expresarse, sobre todo en cartas como Romanos, un tanto judicial, porque en ocasiones acusa, en ocasiones defiende. Y esa forma de Pablo hablar, lógica, persuasiva, es lo que tú no encuentras en Juan. Juan tiene una carta aquí que es un tanto ilógica en el patrón de expresión que sigue. Él pasa de un tema a otro con suma facilidad sin introducirlo, vuelve, regresa al tema del cual ya habló. Y eso es lo que ha hecho que algunos hayan cuestionado cuál es la retórica, el tipo, el estilo. Realmente esta carta, ¿fue una carta? ¿Fue un sermón? ¿Fue un tratado?

Y yo decía esta mañana que es bueno recordar que parte de la problemática estriba en que nosotros como personas del mundo occidental tenemos una forma de pensar, de hacer las cosas, de dar las charlas, de preparar nuestros mensajes, y pensamos que todo el mundo tiene que adaptarse a esa metodología también. Y cuando no lo hace, entonces consideramos que está mal. Por años he dicho desde que comencé a predicar, que cuando leo o escucho que un sermón debe tener tres puntos, yo digo: ¿dónde? ¿Por qué? ¿Quién dijo eso? Y luego, oyendo a Ravi Zacharias hace poco, decía que aplicando eso y pensando en estos tres puntos, la mayoría de los sermones de Jesucristo no pasarían un examen de homilética de hoy en día.

Hoy recientemente alguien, un pastor a quien aprecio, valoro, estimo, decía que alguien le contaba que le había oído decir que para conectar con la gente la manera de predicar era que el sermón debía tener un solo punto. Y decía: bueno, pero si es así, no necesitamos el Espíritu de Dios para tocar la gente entonces, solamente necesitamos la metodología. Y te das cuenta cómo nuestra forma de pensar occidental, nuestra visión... Tenemos que recordar que esta carta fue inspirada, fue escrita no por Juan sino por Dios. Y si Dios quiso inspirarla de esa manera, pues yo creo que nosotros tenemos que simplemente someternos a su manera. Quizás es la forma de Dios recordarnos que no puede ser encasillado.

Bueno, ciertamente esta carta no parece una carta cuando la usamos de esa manera. Parece quizá un tratado, quizá un sermón. Pero independientemente de lo que haya sido, aunque muchos piensan, la mayoría quizás, que sí, que fue una carta que fue enviada a iglesias relacionadas a la iglesia de Éfeso, que es donde Juan estaba en este momento, lo que sí es cierto, lo que sí es claro, es evidente que es un documento, es una carta con alto contenido doctrinal, sumamente demandante. Es raro que tú encuentres en toda la Biblia textos más demandantes que esto que Juan escribe a lo largo de estos cinco capítulos. Su lenguaje es sencillo, su contenido es profundo, pero asimismo es intenso. Como que tú no encuentras en Juan, ya al final de sus años, tú no encuentras zonas grises cuando él escribe.

Él te dice en 2:15, por ejemplo, que tú amas al mundo o amas al Padre, pero no ambos. Cuando tú llegas a 2:22-23, tú tienes al Padre y tienes al Hijo, o no tienes a ninguno. Cuando tú llegas al 3:6-9, tú has nacido de nuevo y por tanto no andas en la práctica de pecado, o tú no has nacido de nuevo y por tanto andas en la práctica de pecado. Cuando llegas a 3:10, te dice que tú eres hijo de Dios y amas a tu hermano, o tú no eres hijo de Dios y por eso aborreces a tu hermano. Cuando llegas a 4:6, te dice que tú estás en la verdad o estás en el error. No hay zonas intermedias. Al final, al ocaso de la vida de Juan, él dice: no, yo lo he visto todo, yo lo he visto claro, yo lo tengo ya entendido cómo son las cosas. Lo que esta carta va a hacer es que va a afirmar a aquellos que somos creyentes en nuestras creencias y nos va a cuestionar a todos en nuestras conductas. Y es por eso que yo creo que esta va a ser una carta que nos va a edificar mucho como iglesia.

Yo he estado hablando de que Juan es el autor y lo he estado diciendo porque la iglesia primitiva lo ha aceptado desde el principio. Por los siglos así fue aceptado que este era Juan, uno de los doce discípulos, uno de los tres del círculo íntimo: Juan, Pedro, Jacobo. Hermano de ese Jacobo, hijo de Zebedeo, llamado hijo del trueno. Que ese es el autor de Primera de Juan, Segunda de Juan, Tercera de Juan, el Evangelio de Juan, Apocalipsis. Hasta el siglo XVIII. El siglo XVIII se levanta el movimiento de la alta crítica donde todo comenzó a ser criticado, y ahora ningún autor era el autor de ninguno de los libros de la Biblia. Y los libros tampoco fueron escritos en el primer siglo, fueron escritos en el segundo, en el tercero. Y la alta crítica, tan destructiva que ha sido, comenzó a cuestionar junto con eso que Juan había escrito esta carta. Sin embargo, el testimonio de la iglesia es temprano, es que este era su autor.

Decía que desde muy temprano, Juan tuvo un discípulo muy famoso, Policarpo, muy conocido. Y Policarpo tuvo otro discípulo muy conocido, Ireneo. Ireneo, discípulo de Policarpo, Policarpo de Juan. Ireneo decía, o escribió al final del segundo siglo, que Juan era el autor de este libro. Clemente de Alejandría junto con Tertuliano, que fueron padres de la iglesia y contemporáneos también de Ireneo, afirmaron la misma cosa. De manera que nosotros creemos, afirmamos, enseñamos que Juan es el autor de esta carta.

Esto la escribió, ¿en qué ocasión? Bueno, se piensa que unos años antes, algunos quieren ser tan precisos como el año 67, pero no hay precisión. Unos años antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70, la comunidad de Juan, su congregación, se mudó de Jerusalén a un área de Asia Menor correspondiente a la ciudad de Éfeso, en lo que es hoy la Turquía moderna. Quizás debido a la persecución, quizá debido a las condiciones. Recuerden que los apóstoles habían estado en Jerusalén todos, y poco a poco muchos de ellos fueron dejando Jerusalén. Y se piensa que Juan lo hizo alrededor del año 70 y que esta carta entonces fue escrita años después, quizás alrededor del año 80, quizás alrededor del año 85.

Pero, ¿para qué la escribió? Usualmente las cartas son escritas con un propósito, raramente sin él.

Bueno, nosotros pudiéramos escribir cartas familiares para saludar, pero usualmente cuando tú la diriges a una iglesia, como en este caso se piensa que fue dirigido a iglesias, tienen un propósito. Y a menos que yo entienda el propósito o los propósitos para la cual la carta, el documento fue enviado, muchas veces al leerlo yo no tengo claro qué fue lo que se dijo, por qué dijo lo que dijo. Y es la razón por la que todas las Biblias de estudio tienen introducciones antes de comenzar a leer el libro, y ustedes no deberán leer el libro sin leer la introducción, porque solamente el contenido tiene su sentido cuando ya entiendo el contexto en el cual se escribió.

La primera razón, hay dos razones principales, dos motivos principales para esta carta. La primera que quiero mencionar tiene que ver con contrarrestar enseñanzas herejes, corrientes de pensamiento que comenzaban a tener vida y que eventualmente alcanzaron un clímax en el segundo siglo y que llegaron al tercer, cuarto y quinto siglo. Este era el final del primer siglo donde se estaban gestando las corrientes de pensamiento que hicieron tanto daño en los próximos siglos.

Y es la razón por la que Juan habla de falsos profetas que han salido al mundo en 4:1. Él habla de aquellos que son representantes del anticristo en 2:18 y 4:3, de personas mentirosas que afirman que Jesús no es el Cristo en 2:22, y de personas que estaban tratando de engañar a los creyentes en 2:26. Y él dice más, pero él es claro, él es directo cuando se refiere a ellos. De esas personas que yo acabo de mencionar, Juan dice que no son de Dios, dice que no conocen a Dios, que son del mundo y que son del diablo. ¡Wow! Es increíble ver, verdad, porque él, a sus hijos, a sus seguidores, a esa edad de 80, 90 años, está llamando "hijitos", y a estos falsos maestros les está llamando de una manera extremadamente confrontadora y sin mucha diplomacia.

La Palabra de Dios en cada libro de la Biblia tiene alguna advertencia, alguna dirección o instrucción acerca de falsos profetas, falsos maestros, malas enseñanzas, y es porque Dios entiende que el error no puede ser tolerado porque el error es fatal para lo que es su revelación. Y Juan enfrenta aquí el engaño, la mentira, a los falsos maestros de una manera directa y cortante.

El segundo propósito para el cual él escribió esta carta está claramente especificado hacia el final de la carta, con un lenguaje muy similar al que él usa cuando reveló el motivo por qué él escribió su Evangelio. En 5:13 de esta carta Juan dice: "Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis, a creyentes, a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios." ¿Para qué? Ahí viene el porqué la escribí: "Para que sepáis que tenéis vida eterna." Cuando tú lees la carta, lo que Juan está haciendo es decir: a ustedes creyentes yo les estoy escribiendo para que entiendan que cuando llenan estos requisitos de los cuales yo les voy a hablar a lo largo de mi carta, ustedes ya tienen vida eterna porque han creído.

Cuando tú lees el Evangelio de Juan, él también al final del Evangelio revela el porqué, el propósito de su Evangelio, y lo revela con un lenguaje muy similar. En 20:31 dice, ahora del Evangelio: "Pero estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer," por tanto esto era para incrédulos, "tengáis vida en su nombre." El Evangelio le escribí para incrédulos, para que al creer podáis tener vida en su nombre: "Estas cosas os he escrito para que sepáis, para que creáis." La primera carta dice: "Estas cosas os he escrito a vosotros que ya creéis, para que sepáis que ya tenéis vida eterna." Ahí está el propósito.

Para un contexto histórico en el que esta carta se escribió, hay cosas que están pasando. Es como que yo escriba algo ahora, que en nuestro país hemos estado teniendo ciertos problemas de corrupción que han estado saliendo a la prensa. Si usted no conoce eso, cuando yo me refiero a alguna situación local, dos mil años después la gente no tiene idea por qué yo dije lo que dije.

Entonces en esta ocasión había cosas que estaban ocurriendo. Y una de ellas es que hay gente que se está saliendo del grupo de Juan, estaban abandonando la comunidad, lo están dejando solo. Y quizás dentro de la comunidad hay personas que se estaban preguntando: ¿y qué? ¿Eran o no eran? ¿Por qué se fueron? ¿Regresarán? ¿Perdían la salvación, no perdían la salvación? ¿Eran salvos, no eran salvos?

Y en 1 Juan 2:19 aparece un texto al cual hemos aludido continuamente, que dice: "Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros. Que si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros, pero salieron a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros." Juan está diciendo a su grupo: ¿Sabes qué? Hay gente que está saliendo. Quizás se están uniendo a estas corrientes anticristianas de nuestro tiempo, pero quiero que sepan que esta gente nunca fue de nosotros, no eran creyentes. Y de hecho, la forma como sabemos que no eran creyentes es porque salieron de nosotros. Y si no permanecieron con nosotros, el salir es su evidencia de que nunca fueron. De manera que entiendan que ellos no estaban perdiendo su salvación, ellos estaban mostrando que nunca la tuvieron.

Y esta gente quizás pasó y fue aparte de estos grupos, uno de los cuales fue el movimiento gnóstico de esa época. Y mucho de lo que Juan tiene que decir de aquí en adelante tiene que ver con responderle apologéticamente al movimiento gnóstico. La palabra gnóstico, ¿qué significa? Conocimiento. Cuando tú oyes a alguien decir "yo soy agnóstico", a-gnóstico: sin conocimiento, yo no tengo suficiente conocimiento o evidencia para saber si Dios existe. Eso es el agnóstico. Pero este movimiento era el movimiento gnóstico, gente que creía que tú te salvabas por medio de obtener conocimientos secretos, verdades secretas, a las cuales tenían acceso una minoría, una élite, y esa élite miraba con desdén a aquellos que no las conocían.

Pero ese movimiento venía con una mezcolanza de filosofía griega, sobre todo de pensamiento platónico, y habían dividido el mundo en dos. Tenían una especie de dualismo: todo lo material era pecaminoso, incluyendo el cuerpo; todo lo espiritual era no pecaminoso, incluyendo mi espíritu. Bajo esa óptica entonces ellos decían: tú puedes pecar en el cuerpo, eso no afecta tu espíritu. Entonces se daban a la sensualidad. Y por otro lado había otros dentro del mismo movimiento que se iban al otro extremo y eran sumamente ascéticos, con prácticas de restricciones, de dietas, de baños, de una serie de cosas tratando de santificarse.

Ahora, dentro de ese movimiento gnóstico había dos grupos, porque Juan está hablándole a ambos en diferentes momentos. Un grupo llamado los docetistas, del verbo dokeo que significa "parecer". Los docetistas decían que Cristo no había venido en la carne. Lo que ellos vieron fue algo que se parecía a Cristo, como un fantasma, como una teofanía del Antiguo Testamento cuando se aparecía un ángel, algo que representaba a Dios pero que no era Cristo en sí. Él no había venido en la carne.

Y por eso Juan escribe en 4:2 y dice: "En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios." Necesitas conocer el contexto, porque si lo sacas de contexto y dices: "Bueno, los testigos de Jehová creen que Cristo vino en la carne, ah pues entonces ellos son salvos." No, los testigos de Jehová no estaban en esta época, Juan no les estaba escribiendo a ellos. "Bueno, los musulmanes creen que Cristo vino en la carne." Sí, pero yo no estaba aquí tampoco, Juan no les estaba escribiendo a ellos. Aquí Juan les estaba escribiendo a un grupo de docetistas que decían: "Cristo no vino en la carne," y nosotros sí decimos que vino en la carne. Y Juan dice: ese grupo de nosotros que está diciendo que sí, esos son de Dios; los otros no.

El otro grupo dentro de lo gnóstico decía que Jesús vino en la carne, pero su espíritu, el llamado espíritu de Cristo... Jesús vino en la carne pero no tenía su espíritu. Su espíritu vino en el Jordán. En el momento del bautismo descendió como la paloma, descendió el espíritu de Cristo sobre él, y antes de ir a la crucifixión el espíritu de Cristo se fue. Y a quien crucificaron fue a Jesús humano. Por eso Juan más adelante en su carta dice: "No, el mismo Jesús que bautizaron, el mismo Jesús que crucificaron." El del agua, el de la sangre. No es más que responderle a toda esta gente.

Y te das cuenta que Dios siempre ha levantado apologistas dentro de su pueblo, porque la verdad no puede ser dejada, no la podemos dejar caer porque se corrompe. ¿Quién le va a transmitir a las generaciones futuras la pureza de su verdad? Aquellos que la defienden.

Entonces, con todo ese trasfondo detrás que ahora entendemos, Juan comienza su carta de esta manera: "Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos acerca del Verbo de vida, pues la vida fue manifestada y nosotros la hemos visto y damos testimonio, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó. Lo que hemos visto y oído os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros. Y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo."

Tú viste cómo Juan comienza el texto: "Lo que existía desde el principio."

Aquí no hay nada nuevo. Estas enseñanzas gnósticas nuevas, esto no es lo que vamos a creer. Lo que nosotros enseñamos hoy es lo mismo que enseñamos en el principio. Lo que fue es lo que es hoy y lo que debe ser dos mil años después. La iglesia de hoy necesita entender eso, porque muchos son los que quieren enseñanzas nuevas basadas en visiones, basadas en sueños, basadas en nuevas revelaciones. Y la verdad es que la Palabra de Dios es la misma ayer, hoy y siempre. Es eterna, incambiable, incuestionable. Dice lo que supimos, lo que enseñamos, lo que fue desde el principio; esto es lo mismo que hoy estamos enseñando.

Ese era el mismo sentir de Pablo cuando va a los gálatas: "¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os ha podido engañar tan pronto?" Si nosotros o un ángel del cielo bajara al futuro y enseñara otro evangelio que no sea el que ya ha sido enseñado desde el principio, que sea anatema. Una proclamación de maldición para todo aquel que proclame un evangelio diferente a lo que había sido hace dos mil años atrás. Y ese es el sentir de Juan: lo que fue desde el principio, de eso nosotros estamos dando testimonio.

Y Juan dice aquí: "Nosotros lo oímos, lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que hemos contemplado" —que es más que ver. Yo puedo ver el libro y decir "bueno, yo lo vi", pero Juan usa dos verbos diferentes. Dice "lo que hemos visto, lo que hemos contemplado", que implica ver detenidamente, analizar lo que vimos. De esa manera lo dice y añade: "y lo que tocamos". No me vengan a hablar de que este Cristo era una cosa que parecía un fantasma. No, yo lo oí, yo lo vi, yo lo contemplé, yo lo toqué. Él vino en carne. Y ese es el Verbo de vida, es el que Él llama en Apocalipsis el Verbo de Dios, el mismo Verbo que en el principio estaba con Dios y que era Dios y que se encarnó y habitó entre nosotros, que dice en su Evangelio. De Él está hablando.

Ahora, cuando Juan llama a Cristo el Verbo de vida, la palabra "vida" es importante, porque en el griego hay dos palabras para vida. La primera es "bios", como biología, el estudio de la vida. Pero Juan no usa aquí la palabra "bios". No oí en el Verbo de "bios". La palabra que usa es "zoé", y esa palabra implica la esencia de la vida. Este es el Verbo esencia de la vida. Este es de quien depende la vida, este es quien sostiene la vida, este es el dador de vida. Y de ese dador de vida yo soy testigo auditivo, yo soy testigo visual, y si pudiera decir, yo soy testigo táctil también: yo lo toqué. Nosotros tenemos experiencia.

Lo que Juan está haciendo es sacando sus credenciales para probar que él es un testigo fidedigno. Él no apela a su apostolado como muchos hacen. No, yo voy a apelar simplemente a que yo vine y vi lo que ustedes no vieron, y oí lo que ustedes no oyeron, y toqué lo que ustedes no tocaron. Yo sé de lo que estoy hablando y ustedes no. Yo tuve una experiencia personal, un contacto con Él.

Él es la esencia de la vida. Mi vida tuvo un comienzo, la suya no. Mi vida depende de alguien, la de Él no. Él tiene vida en sí mismo. Cristo dijo: "Así como el Padre tiene vida en sí mismo, así el Hijo tiene vida en sí mismo." Él es presentado entonces como el dador de la vida, pero Él es presentado en diferentes momentos como el dador de diferentes tipos de vida, si pudiéramos decir. Él es el dador de la vida física: la suegra salió fuera y la suegra salió caminando. Él es el dador de la vida espiritual: cuando estábamos muertos en delitos y pecados, Dios nos dio vida en Él, espiritual. Y Él es el dador de la vida eterna: Marta y María oyeron de sus labios cuando Él dijo "el que cree en mí, aunque muera, vivirá." Por eso Él es la esencia de la vida y no simplemente alguien que está vivo.

Y esa vida, entonces, dice Juan, fue manifestada. Y de esa vida manifestada yo doy testimonio de lo que he visto, yo he oído y tocado. Para eso Cristo nos ha dejado en esta tierra: para que nosotros demos testimonio de la vida que ha sido dada a nosotros y de la persona que fue nuestro dador de vida. Y sin embargo, muchos de sus hijos no cumplen con esa función de ser testigo de la vida que tú has recibido.

Y decimos: "Realmente ese no es mi temperamento, no soy como otro que tiene facilidad para hablar, y realmente yo soy tímido." Pero nosotros sabemos que luego vemos a esa misma persona en unos casos hablar mucho de pelota, de basketball, de política, y no los vemos tímidos. Y los vemos hablar con relativa facilidad. En otros casos vemos a la misma persona hablar del último guay de la moda, de lo último que salió, de lo que salió en la revista Estilo o en Ritmo Social. O vemos a la misma persona hablar de los peinados o múltiples cosas similares: recetas de cocina, la última receta. Y sabemos entonces que el problema —y los vemos hablar con facilidad de una cosa y de la otra— no es la personalidad. El problema no es la timidez. El problema es que yo sé, oigo, leo, escucho más de política, de deporte, de recetas, de modas, que de esta Palabra o de los mensajes que tienen que ver con esta Palabra. Con una cosa yo tengo experiencia y con la otra no la tengo. Una cosa la conozco bien y la otra no la conozco bien. Eso es lo que me hace testigo de una cosa y no de la otra.

Tenemos que ser honestos. Tenemos que ir delante de Dios, agarrarnos por los pantalones y decir: "Dios, por primera vez yo vengo delante de ti a admitir que esto que yo venía diciendo por tanto tiempo es una mentira. Perdóname, yo he sido mentiroso. Yo hablo de pelota, yo hablo de deporte, yo hablo de mi trabajo, yo hablo de esto, yo hablo de las modas, yo hablo de lo que leo, yo hablo de la revista, y lo hablo con relativa facilidad a uno, a dos, a cinco y a diez. De ti yo no hablo. Y las razones, Dios, hoy yo me confieso delante de ti: que yo conozco más, tengo más interacción, tengo más experiencia con todas esas cosas que con tu Palabra, que con tu Verbo de vida, con tu Espíritu o contigo, Padre. Perdóname." Esa es una excelente oración, es una oración honesta, es una oración sincera, es una oración de arrepentimiento. Y quizá las cosas comiencen a cambiar.

No puedo hablar de lo que no conozco, no puedo hablar de con lo que no interactúo. No puedo hablar... Usted se va de vacaciones y cuando regresa, usted quiere hablar de lo que vio: de los ríos, de los lagos, de las montañas, de las ciudades, de los parques, de Disney World, de los juguetes, de las montañas rusas. Hasta el punto que hay gente a su alrededor que dice: "Pero ya, por Dios, ¿cuándo se va a callar?" ¿Por qué usted no va a los sermones y hace lo mismo cuando sale? ¿O va a los retiros cristianos y hace lo mismo cuando sale? Que digan: "Por Dios, ¿cuándo se va a callar?" No, no, no, no, no. "¿Qué pasa, que yo soy tímido?" No. Lo que pasa es que yo disfruté una cosa y lo otro no lo disfruté. Lo que pasa es que le dediqué tiempo a una cosa y a la otra no. ¿Te das cuenta de cuál es la realidad?

Juan dice: "No, a mí, de lo que yo oí, de lo que yo vi, de lo que yo contemplé y de lo que yo palpé, de eso yo soy un testigo y lo estoy proclamando. Estoy hablando de eso, estoy dando testimonio. Damos testimonio y os anunciamos la vida eterna. De eso que yo vi, de eso que yo palpé, de eso que yo conozco, de eso yo sé."

Y luego él dice: "¿Para qué estoy dando testimonio?" Dos razones: el versículo 3 y el versículo 4. El versículo 3: "De lo que hemos visto y oído os proclamamos también a vosotros, para que..." Ahí está el "para qué", por eso lo estamos proclamando: "...para que también vosotros tengáis comunión con nosotros. Y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo."

Juan dice: "Nosotros tenemos ya una comunión con el Padre y con su Hijo, y ahora estamos proclamando esto para que ustedes puedan tener comunión con nosotros, y nosotros con el Padre y el Hijo, todos juntos. Y ahora todos tenemos una sola comunión. Y si no la podemos tener, entonces obviamente hay algo que ustedes no tienen que nosotros sí tenemos." De lo cual vamos a hablar la próxima semana; no vaya muy rápido.

La palabra "comunión" implica koinonía, o significa, o mejor dicho, viene del griego "koinonía". La palabra koinonía no es lo que muchas veces pensamos que es. No es que cuando yo vengo a la iglesia me quedo al final y hablo con los hermanos; eso no es lo que la palabra significa. La palabra koinonía no significa que, bueno, aparte de quedarme con los hermanos, yo salgo a comer con los hermanos; eso no es lo que la palabra significa. "Bueno, pues entonces yo durante la semana también me junto con los hermanos." Esto tampoco es lo que la palabra significa. Todo eso queda debajo del significado, pero no es el significado. El significado de la palabra es una vida compartida.

De manera que Juan está diciendo: "Nosotros tenemos una vida compartida con el Padre y con el Hijo. Y si vosotros oís de Dios, también tendrán una vida compartida con nosotros, entrelazada. Tu vida es mi vida y la mía es la tuya. Y ahora nuestra vida es compartida con el Padre y con el Hijo." Por eso hablamos de la comunidad de creyentes, de la intimidad que debiéramos tener el uno con el otro. Uno de los criterios de lo que vamos a hablar más adelante es esa presencia de vida compartida entre todos los que han nacido de nuevo.

Y esa comunión es un regalo de Dios. Esa comunión que tenemos con Él es un regalo de Dios. Es su respuesta a la soledad de la vida. Dios dijo que no es bueno que el hombre esté solo, por eso le da ayuda idónea. Pero sabes que a veces no me han dado la ayuda idónea y estoy solo. O a veces me han dado la ayuda idónea pero sigo solo. O a veces la ayuda idónea tiene su cabeza, pero ella está sola. O a veces Dios orquesta de cierto modo y estamos solos. Y Dios dice: "Mi comunión contigo es mi respuesta a tu soledad."

Razón número uno, versículo 3: ¿Para qué estamos proclamando todo esto? Para que tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo. Razón número dos por la que Juan está compartiendo esto: capítulo 1, versículo 4.

Os escribimos estas cosas para que nuestro gozo sea completo. Algunas Biblias dicen "vuestro gozo". Los estudiosos todavía no acaban de ponerse de acuerdo si es "nuestro gozo" o "vuestro gozo", pero al definitiva es el gozo de nosotros los creyentes, y la razón para esto es para que ese gozo sea completo. El gozo entonces es algo que va a depender de esa comunión previa de que hablamos.

Yo comentaba esta mañana que, hablando de ese gozo y de este verso en particular, Martín Lloyd-Jones, a quien Dios bendijo de una manera extraordinaria para escribir, cogió estos cinco capítulos de Juan, seis páginas de mi Biblia, siete páginas de mi Biblia ni siquiera, y escribió casi ochocientas páginas sobre ellas. Y en eso él comienza a hablar de ese gozo, y él dice que el gozo es algo que yo no lo puedo producir, lo cual usted sabe, y es algo que es externo, producido por algo externo a nosotros, lo cual usted sabe. Pero él define ese gozo como un estado de completa satisfacción. Y él dice: si algo entonces está insatisfecho en mí, yo no puedo tener gozo. Y él continúa que ese estado de satisfacción implica que mi intelecto, mis emociones y mis deseos tienen que estar satisfechos, y aún más, ellos todos tienen que estar satisfechos juntos al mismo tiempo.

Por ejemplo, si su intelecto está satisfecho en el trabajo que está haciendo, está siendo promovido en el trabajo y está haciendo algo productivo, están aplaudiendo, pero usted tiene condiciones en la casa de insatisfacción, su gozo no está. Mi intelecto está satisfecho, pero hay un área de insatisfacción en mi vida. Por otro lado, él dice: yo puedo encontrar manera de satisfacer los deseos de la carne y tener mi carne satisfecha, pero luego mi conciencia y mi mente me acusan, y entonces no puedo tener gozo tampoco. El gozo es un estado de satisfacción completa: de la mente, de la voluntad, de los deseos, de las emociones. Y eso depende de Dios.

Cuando digo que depende de Dios, digo que depende de Él porque Él es el único que lo puede producir. Pero lo que no digo es que depende de Dios a quién Él se lo otorga o no se lo otorga. Depende de quiénes tienen una comunión y quiénes no tienen una comunión con Él. Y es importante porque tú tienes dos grupos entonces con relación al gozo. Tú tienes un grupo de incrédulos que no tienen gozo porque nunca lo han tenido y nunca han tenido una comunión con el Padre. Entonces no tienen gozo. Tú tienes un grupo de creyentes que ahora tampoco tienen gozo, y eso es frecuente. Satisfacción completa. Porque la comunión ha sido rota, y la manera como ha sido rota en ocasiones es por pecado, pero en ocasiones es simplemente falta de aceptación de las condiciones que Dios nos ha puesto, o falta de la sumisión de la voluntad, que es prácticamente lo mismo. Pero yo no tengo una comunión con Dios fresca, continua, diaria, que permita que Dios día a día renueve mi gozo aun en las peores circunstancias.

Y John MacArthur agrega que el gozo produce una especie de fuerza y poder, y que es la motivación más fuerte —el gozo del Señor, les está hablando— que el individuo pueda encontrar. Porque es lo que te permite decir en la tristeza, en la pérdida, en el llanto: así sé que Dios está conmigo, y sé que tengo esperanza, y tengo razón para vivir. Estoy motivado y quiero ir y quiero continuar y quiero seguir corriendo. Pero eso solamente ocurre cuando tienes una comunión íntima, fresca con Dios.

Entonces, ¿cuál es el porciento de cristianos que pueden decir que viven completamente satisfechos en Dios? Yo no sé si la encuesta se ha hecho, pero no hay que hacerla: es una ínfima minoría. Y bien dice John MacArthur, junto con múltiples otros autores a lo largo de la historia del cristianismo, eso es una contradicción. Dios viviendo dentro de nosotros, en individuos desprovistos de gozo. Que Dios pueda bajar, descender, introducirse en la vida de una persona, y el Dios todopoderoso no sea capaz con su presencia de moverlo a gozo. Esa ecuación como que no cuadra. El Dios descendió sobre el monte Sinaí y el monte se sacudió. Cosas inanimadas responden a la mera presencia de Dios. ¿Cómo es que Dios vive dentro de nosotros con vidas no sacudidas?

Respuesta: estoy convencido, estoy prácticamente en mi vida por esta, hoy en día. En la realidad, en la mayoría de esos casos, Dios no vive en el interior. Yo no veo cómo. Yo no veo cómo el monte Sinaí se conmueve, tiembla ante la presencia de Dios, cosas muertas, e individuos vivos pueden no tener un descenso sino una presencia continua de Dios, y sus vidas no están sacudidas. No veo cómo.

Lo que hemos visto, lo que hemos oído, lo que hemos tocado, eso compartido para que haya gozo en Él. Esta es la persona que escribió acerca de este Verbo de vida, fue la persona que escribió cuando el Verbo se hizo carne. Y cuando él escribió de eso, él escribió también que Dios amó tanto al mundo que nos dio a su Hijo unigénito. Este es el mismo autor: para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.

Cuando Dios quiso revelarse a sí mismo en su plenitud, Él nos dio la creación. La creación me revela a Dios parcialmente: su sabiduría, su poder. Dios no me dio mi conciencia para revelarse en su plenitud; mi conciencia me habla un poco de su justicia, sentido de lo bueno y lo malo. Dios me dio a su Hijo, en quien yo puedo verlo todo, incluyendo su amor, su gracia, su misericordia. Lo llevó a la cruz, lo clavó, yo puedo ver su justicia. Caminó sobre las aguas, yo puedo ver su poder. Hizo milagros, yo puedo ver su poder. Habló con sabiduría.

Y Él tomó a su Hijo y lo envolvió en una especie de papel de regalo que era una humanidad. Y se lo dio. Y el hombre tomó el regalo, no lo abrió, y como no le gustó, un día lo cogió y le puso una moña en forma de corona de espinas con los hilos que representaban la sangre que corría por su rostro, y clavó el regalo en la cruz con moña, sin haberlo abierto. Y José de Arimatea tomó el regalo rechazado que nadie quería, él lo enterró, pues, en un sepulcro. Y tres días después el regalo no estaba, porque estaba caminando. Y Dios lo había desenvuelto en un cuerpo glorificado.

Lo que habían esperado, este regalo anunciado por Dios por los siglos, llegó el regalo y no lo quisieron. Quizá pensaron que era muy poca cosa, o tenían tantos regalos que ya no les cabían en la mano, y pensaron que era uno más, cuando en realidad este era el único verdadero exclusivo regalo que no podía ser duplicado, no podía ser imitado. Las imitaciones ni se parecían, y todos los demás eran los muchos más. Este era el regalo. El Cristo vino y quedó sin ser desempacado por muchos.

¿Cómo tú llamas a una persona que le regalas un regalo y no lo abren? No lo quiere abrir, no lo quiere ver, no lo quiere usar. Ingrato, insensible, malagradecido, malcriado, todas las anteriores. Como no lo abrieron, nunca descubrieron la hermosura de su ser, nunca descubrieron lo increíble de su naturaleza, y nunca descubrieron que en Él moraba la plenitud de Dios.

Algunos lo abrieron. ¿Sabes quiénes? Gente como la prostituta, o prostitutas, que ya le habían quitado, los hombres que habían pasado por su vida se habían llevado todos sus regalos. Y como no les quedaba ninguno, hermano, estaban vacías, y había espacio para el regalo. Ellas, los leprosos, lo abrieron y encontraron que este Verbo de vida era capaz de darme vida, de perdonarme el pecado y calmar mi conciencia. ¡Wow, qué regalo!

Nadie tenía con qué pagarlo. Las prostitutas entendieron eso, supieron eso, descubrieron eso. Nadie en la tierra. Dios sabía eso, y como Dios sabía eso, no lo puso en venta, sino que su única opción fue entregarlo. Y tanto amó Dios al mundo que nos dio el Verbo de vida, lo entregó. No porque no valía, sino porque nadie podía pagarlo. Tan caro que nadie podía pagarlo, tan barato que nadie quiso abrirlo, porque era gratis y queríamos ganárnoslo por nuestras obras. Pero nuestras obras son más baratas aún y no podían comprar, pagar su precio.

Además, este Verbo de vida no solamente nos ha dado la vida, pero es el perdón de tus pecados. Es la sanación de tus heridas. El norte para el que está perdido. Él es el viento debajo de las alas para el que está abatido. Él es el agua para el que está sediento. Él es el pan para el que está hambriento. Él es la luz para el que está en oscuridad. Él es la calma en medio de la tormenta. La razón de tu vida y el único propósito de tu existencia.

¿Tú sabes cuál es el porciento de cristianos nacidos de nuevo en quienes Cristo es el propósito de su existencia, demostrado por la manera como viven? Ese porciento es ínfimo también.

Hablaba con un joven de nuestra iglesia esta semana y él me decía: "Bueno, descubrí recientemente que yo me hacía el centro del universo". ¿Amén? "Descubrí también que Cristo era parte de mi vida, pero era parte de mi mundo, pero no era el centro de mi mundo".

Todavía yo quiero ilustrarlo de esta manera. Tú tienes cristianos en quienes Cristo es parte de su mundo. Tú tienes cristianos en quienes Cristo es la parte más importante de su mundo. Tú tienes un porciento ínfimo en quien Cristo, o para quienes Cristo, es su mundo. Cuando Cristo es tu mundo, Cristo es tu gozo en todas tus circunstancias, dimensiones, dificultades.

Cuando mis hijos son mi mundo, mis hijos tienen suficientes insatisfacciones, no me dan gozo. Cuando mi trabajo es mi mundo, mi trabajo tiene suficientes insatisfacciones para quitarme el gozo necesario. Cuando mi esposo, mi esposa es mi mundo, ellos tienen suficientes imperfecciones para no poderme mantener el gozo. Cuando el ministerio, la iglesia es mi mundo, ahí hay suficientes insatisfacciones para yo no poder mantener el gozo.

Realmente, cuando Dios es mi mundo, Él no tiene insatisfacciones para jamás yo perder su gozo. Él es suficiente. Él es la satisfacción. Él es el oasis en el desierto. Él es el compañero fiel. Él es la consolación para el que está sufriendo. El gozo en medio de la tristeza, paradójicamente.

¿Te das cuenta qué clase de regalo Dios nos ha dado? Algunos no lo abrieron. Otros lo abrieron.

Y al mes, al año, a los cinco años, están tan acostumbrados que han comenzado a jugar con Él. Y a veces se deja caer, y el regalo ha ido sufriendo daño, porque nosotros no hemos sabido apreciar su regalo con temor y temblor y cuidarlo, atesorarlo, abrazarlo, cuidarlo. "Porque ya es viejo, tengo mucho tiempo en la vida cristiana, ya yo me lo sé, cuando tú ibas yo venía, tengo experiencia, yo he ido tanto, ¿qué más me van a enseñar?"

Este es el Verbo de vida, esta es la esencia de la vida, Él es el que sostiene tu vida. Él es, ¿sabes qué? Él es el universo, aunque no seas el tuyo. Él es el universo, Él llena el universo, sostiene el universo. No creo, hoy lo sostiene. El universo gira para su gloria.

Todos los días el sol se levanta para glorificar a Dios y se acuesta para glorificar a Dios. Eso es como nos levantamos y nos acostamos. El sol entiende mejor que nosotros su propósito: "Hay uno, la gloria de mi Creador, de mi Hacedor". Y el sol se levanta cuando Dios dice que se puede levantar, y se acuesta cuando Dios dice que se puede acostar. Pero quien lo dice es el Verbo de vida, de quien Juan habla, de quien Él dio testimonio, y de quien nosotros debemos dar testimonio.

Integridad y Sabiduría es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet, www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos con Integridad y Sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.