Integridad y Sabiduria
Sermones

¿La buena vida o la vida buena?

Miguel Núñez 2 mayo, 2021

La diferencia entre "la buena vida" y "la vida buena" no es un simple juego de palabras. A lo largo de la historia, filósofos como los epicúreos definieron la buena vida como una existencia dedicada al placer y a evitar el dolor —los hedonistas de hoy. Pero la Biblia presenta algo radicalmente distinto: una vida buena es moralmente correcta, complace a Dios y honra su evangelio. Salomón mismo vivió ambas. Cuando caminó bajo la dirección de Dios, construyó un templo magnífico en siete años. Cuando siguió los impulsos de la carne, dedicó catorce años a edificar su propio palacio para alojar a sus muchas mujeres.

Pedro, al concluir una larga enseñanza sobre cómo debe lucir el evangelio en la vida del creyente, presenta cinco características esenciales: unidad, compasión, amor fraternal, misericordia y humildad. Pero luego eleva el estándar hacia lo verdaderamente contracultural: no devolver mal por mal ni insulto por insulto, sino bendecir. Cuando alguien te maldice y tú bendices, muestras que te has vestido del nuevo hombre; cuando maldices, revelas que sigues vistiendo el viejo. Una historia lo ilustra bien: un soldado cristiano, tras recibir sus botas embarradas como burla, las limpió, las lustró y las dejó al pie de la cama de quienes lo habían humillado. Varios de esos soldados llegaron a Cristo.

La fórmula para ver días buenos incluye refrenar la lengua, apartarse del mal, hacer el bien y buscar la paz —shalom en hebreo, que significa todo el bienestar y la benevolencia que Dios puede dar. Y la garantía de esa vida buena es esta: los ojos del Señor están sobre los justos y sus oídos atentos a sus oraciones.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

De no ser más que fuerte y útil, Señor, nosotros acabamos de cantar una de las más grandes verdades en toda tu revelación. Y es que tu gracia es de tal magnitud que no hay pecado que no pueda ser perdonado por ella. Señor, si hay alguno aquí en esta mañana que piensa que ha cometido el pecado imperdonable, yo te pido en el nombre de Cristo y por medio de tu Espíritu que tú vayas suavemente a su corazón y lo convenzas de lo contrario, que el único pecado imperdonable es el rechazo de tu Espíritu que regenera el alma.

Dile a él o a ella que se haya llegado aquí, que está en esa condición, o simplemente que a través de la canción tú, Señor, le abriste los ojos y le mostraste que él está en necesidad de salvación, y él reconoce su pecado, él o ella, y al mismo tiempo reconoce el sacrificio de Cristo en la cruz, que en este momento él pueda venir a ti y decirte: Señor, perdóname en base a lo que tú hiciste en la cruz. Gracias por la sangre derramada que limpia mis pecados, que toma mis pecados rojos como la escarlata y los deja blancos como la nieve. Tú puedes poner eso en tus propias palabras, pero eso es algo que necesitas entender, creer y estar convencido de. Y al mismo tiempo tú puedes decir: Sí, Señor, toma mi vida, mi vida pasada, mi vida de tinieblas, y ahora tráela a la luz, a tu luz. Yo reconozco que tú eres el Salvador de mi vida y de la vida de los demás, y el Señor de todo el universo, pero ahora yo reconozco que tú eres mi Señor.

Por otro lado, Dios, si hay alguno de nosotros aquí que, conociendo esa realidad de que tu gracia es capaz de perdonar todo pecado, ha hecho algo ligero del pecado, yo te pido que tú también vayas a esa persona. Ahí él o ella pueda pedir perdón y decir: Señor, yo te pido perdón porque yo he tomado tu gracia a la ligera y mi pecado también. Ayúdame a darle peso a mi pecado, peso a tu gracia, conociendo que tu gracia siempre pesará más que mi falta. De manera que ayúdame a salir de aquí en esta mañana con una mayor dedicación a la santidad. Y que aun eso tú me vas a ayudar a hacerlo por gracia. Gracias por el poder en tu gracia, Dios, en Cristo Jesús. Si su pueblo dice amén.

Gracias por estar. Y digo gracias por estar porque yo creo que, aunque Dios es quien invita, nosotros humanamente también tenemos un rol que jugar. Hemos estado invitando a la iglesia que regrese, a que esté, y la iglesia está respondiendo. Y a la verdad que no es lo mismo estar frente a una computadora, pero tampoco es igual estar aquí parado con una representación muy pequeña de un pueblo sabiendo que hay mucha gente que pudiera estar. De manera que gracias por venir y hacernos compañía, pero al mismo tiempo gracias por entender la necesidad del cuerpo de Cristo todo el tiempo, pero especialmente en tiempos como los nuestros.

Y ahora específicamente, por la predicación, porque estaba viendo en otra dirección, aquí con ustedes, ojos abiertos, pero ya no es yo, que dio Jesús esta exposición de su Palabra para ayudarnos a entender un poco más de cosas que Pedro viene diciendo. Ya son varios sermones, mensajes consecutivos, y que tiene que ver con la manera como nosotros debemos vivir. Que el Espíritu de Dios tome estas verdades. Yo creo que están bastante claras en el texto de hoy. Las pueda llevar a nuestras mentes y producir una transformación, de manera que prontamente se pueda hablar de una iglesia bíblica incluso pre-Pedro y post-Pedro, si yo voy a llamarle. Pre-Primera de Pedro, post-Primera de Pedro. Y estoy convencido que la Palabra tiene el poder, puede hacerlo, pero más que nada es el convencimiento al que yo pueda llegar después de haber entendido cosas muy prácticas que Pedro tiene que decirnos.

En el día de hoy he titulado mi mensaje en forma de pregunta, y esta es la pregunta y el título: ¿La buena vida o la vida buena? Para algunos quizás eso simplemente sea un juego de palabras o algo semántico, pero no lo es. Estas frases, dos palabras ordenadas de forma distinta, comunican algo diferente en cada caso a través de la historia incluso.

Para el filósofo griego Aristóteles, la vida buena más bien tenía que ver con una serie de virtudes que cada ser humano debía poseer, que debía llevar a la práctica, y que de alguna manera, cuando eso ocurriera, contribuiría al florecimiento humano. Aristóteles recibió de parte de Dios, porque Dios es quien lo da todo, mucha gracia común, hasta el punto que es el teólogo no cristiano que probablemente ha influenciado más a algunos de los teólogos cristianos de mayor renombre en la historia.

Por otro lado, los epicúreos, filósofos griegos también, veían ahora la buena vida como una vida de placeres, una vida dedicada a complacer los deseos del cuerpo y a evitar el dolor. Estos filósofos continuaron, sus descendientes continuaron hasta la época de Pablo. Pablo se encontró con ellos. Hechos 17:18 menciona a los epicúreos, y Pablo tuvo un encuentro y un debate con ellos junto con los estoicos. Los epicúreos de ayer son los hedonistas de hoy, la misma cosa: el placer, el disfrute de la vida. Esa es la buena vida.

Cuando llegas a la Biblia, tú te encuentras con un hombre como Salomón que se desvió, y por un tiempo él vivió la buena vida, de manera que él llenaba la definición de lo que eso es conforme a este mundo. Sin embargo, cuando él escribió el libro de Proverbios, la mayoría de ellos, porque no todos fueron escritos por Salomón —el libro de Crónicas habla de que él escribió más de tres mil proverbios, de manera que hay otros que él escribió que no están aquí—, pero cuando él escribió el libro de Proverbios, él sentó las bases para la vida buena.

Es increíble que el mismo hombre que pudo haber vivido un tipo de vida en un momento dado vivió otro tipo de vida en otro momento. Él vivió la vida buena bajo la dirección de Dios; él vivió la buena vida bajo la dirección de los impulsos de la carne. Él, viviendo la vida buena, construyó un templo a Dios para glorificar a Dios, un templo de cuya gloria todavía se habla: siete años construyendo el templo de Dios, extraordinario, magnífico. Pero cuando él estaba viviendo la buena vida, él construyó su casa: catorce años construyendo su casa, donde él alojó muchas de las mujeres de su harén. Increíble. Él tomó el doble del tiempo para construir su palacio donde él vivía que el tiempo que tomó para construir el templo de Dios.

La Biblia obviamente no alaba la buena vida, pero sí habla mucho de la vida buena. En general, voy a decir, no hay una definición en la Biblia como tal, pero hay múltiples pasajes que hablan de la vida buena. En general, una vida buena es una vida que es moralmente correcta, pero que al mismo tiempo complace a Dios, honra su nombre y honra su evangelio. Es una vida buena. Es una vida que es buena, pero es completamente contracultural a la vida que nosotros pudiéramos llevar en este mundo y a la manera como la vida es concebida por este mundo.

Pero realmente, ¿quién quiere ir con la forma de vida de este mundo cuando, como se ha dicho, solamente los peces muertos van con la corriente? ¿Tú quieres ir en esa dirección? ¿O quieres ser un pez que nada contra la corriente justamente porque tiene una vida que es buena? Pudimos decir en el mensaje anterior que la fe cristiana, el cristianismo, es el conjunto de valores más contracultural que jamás haya sido escrito, pensado o tratado de vivir. La manera como ese cristianismo y esa forma contracultural debe ser vivida continúa siendo descrita por Pedro. Eso lo vamos a hacer hoy. Eso fue una introducción.

Yo quiero ahora que tú leas conmigo. Primera de Pedro, capítulo 3, ahí estamos, del versículo 8 al 12, y ahí nos vamos a parar por hoy: "En conclusión, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde." Aquí viene lo contracultural: "No devolviendo mal por mal o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición. Porque el que desea amar la vida y ver días buenos" —ahí está la buena vida, días buenos— "refrene su lengua del mal y sus labios no hablen engaño. Apártese del mal y haga el bien, busque la paz y sígala, porque los ojos del Señor están sobre los justos y sus oídos atentos a sus oraciones, pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal."

En el texto que yo acabo de leer aparece una frase y una oración que a mí me llaman la atención. La frase es "en conclusión" y la oración es "el que quiere amar la vida y ver días buenos", o una vida buena. Ahí mi título. Yo digo esto porque cuando tú lees la frase "en conclusión", suena como que Pedro está concluyendo algo, obviamente. Para terminar. Él no está terminando el capítulo, entonces eso hace más obvio: si no está terminando el capítulo, él tiene que estar terminando una idea. Y la pregunta es: ¿cuál es esa idea que Pedro está terminando?

La idea es la que viene desarrollando por un buen tiempo ahora. Él comenzó, y te voy a decir básicamente qué es lo que él está desarrollando. Él está desarrollando las obligaciones de aquellos de nosotros que nos llamamos cristianos en diferentes esferas. En 1:16, él habla de que, como Dios es santo, nosotros debiéramos ser santos. En 1:18 al 2:3, Pedro nos dice que, como Cristo nos redimió de la vana manera de vivir, debido a que nosotros hemos probado su bondad, debido a esas dos razones, nosotros debemos dejar a un lado formas pecaminosas de vivir como la malicia y el engaño, el engañar a otros, mentir. En 2:4 al versículo 12, Pedro nos dice que, debido al trabajo redentor de nuestro Dios, nosotros somos un pueblo escogido, una nación santa, nosotros pertenecemos a un Señor de manera total, y eso debiera llevarnos entonces a abstenernos de las pasiones de la carne y a mantener una buena conducta.

De 1 Pedro 2:13 al 3:7, Pedro nos llama al principio de la sumisión. Debemos someternos a las autoridades que gobiernan. Los siervos deben someterse a sus amos, y de hecho las esposas deben someterse a sus esposos, y los esposos debieran de una forma sometida tratar a sus esposas como un vaso más frágil. Y luego Pedro tiene otras recomendaciones para aquellos de nosotros que hemos decidido honrar nuestro llamado, pero ahora lo que Pedro está haciendo es ayudándonos a entender, además de todo lo anterior, qué es lo que hace falta para dejarnos ver cómo luce una vida que ha sido impactada por el satisfecha que está decidida a vivir el satisfecha. Y es donde viene la frase "en conclusión", de manera que esa idea que comenzó en el capítulo primero está terminando aquí.

Entonces, yo quiero ver en primer lugar este versículo 8, que comienza con la frase "en conclusión": "Sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde." Eso es como un verso corto y sin embargo es un verso que tú pudieras tomar potencialmente cada una de esas palabras y hacer un solo sermón de ellas. Aquí hay cinco características que se supone tú y yo debemos exhibir, y la primera es unidad. Pedro llama a la unidad con esta frase: sed de un mismo sentir.

Esa es una frase repetitiva en el Nuevo Testamento. Tú encuentras la misma frase, la idea parece todavía más frecuente, pero la misma frase, el mismo llamado de ser de un mismo sentir, encuentras eso en Romanos 12:16, en 15:5, en 1 Corintios 1:10, en 2 Corintios 13:11, en Filipenses 2:2, en Filipenses 2:20. Increíble la insistencia de parte de Dios de que tú y yo tenemos que ser de un mismo sentir. En el libro de los Hechos es una de las cosas que se dice de la iglesia que comenzó a hacer, que eran de un mismo corazón, la misma idea.

Y es importante para Dios que su gente permanezca unida. Eso no implica que todos nosotros tenemos que ser iguales, no implica que todos nosotros tenemos que estar de acuerdo en cada opinión, no, no implica nada de eso. Sí implica que debemos ser de un mismo propósito, que cada uno debe considerar a otro como más importante que a sí mismo, considerar las ideas y opiniones de los demás. Que cuando uno le falta al otro, ese al que le fue faltado, fue ofendido, pues para ser de un mismo sentir debe perdonar. El otro quizás debe venir y pedir perdón, pero nosotros necesitamos mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, de acuerdo a lo que se nos dice en la carta a los Efesios.

Dios está consciente que la manera de tú tener victoria en la vida cristiana es estando firmes, y nosotros no podemos estar firmes estando divididos. Y de ahí la necesidad de ser de un mismo sentir. La división nos debilita, nos aleja de Dios, nos distrae, y como nos distrae nos enfoca en nosotros mismos y en lo que nosotros queremos hacer. Nosotros tenemos que luchar, tú y yo tenemos que luchar continuamente. Si somos honestos tenemos que admitirlo, contra las pasiones de la carne de un tipo u otro, y tenemos que luchar contra el mundo. Y si esa lucha es continua, no nos podemos dar el lujo de encima de eso estar divididos.

A Satanás le encanta cuando los cónyuges se dividen. A Satanás le disfruta ver a los padres y a los hijos divididos. Le encanta ver a los pastores de una misma iglesia o entre iglesias divididos. Él promueve la división de pastores y ovejas. Él promueve la división de oveja a oveja. El camino más rápido a la destrucción es la división. Dios crea la unidad, Satanás crea la división. Nosotros tenemos que decidir en cuál de esos dos equipos queremos jugar.

En ambas manos tú y yo tenemos demasiada oposición de nuestra propia carne y del mundo y aun del mundo de las tinieblas para darnos el lujo, como ya mencioné, de estar divididos. Eso es lo que nosotros no podemos hacer. Y mucho menos aquí adentro. La oposición más temida es la oposición interna, porque cuando la oposición es de afuera, como ahora mismo está ocurriendo, como que parece ser que cada vez más nos estamos abocando a un tiempo donde la iglesia será perseguida, a esa oposición no le tengas miedo. La iglesia siempre se ha unido más, ha buscado más de Dios, se ha fortalecido, se ha purificado cuando la oposición ha venido de afuera, porque ahí estamos obligados, nos necesitamos unos a otros y no buscamos de nosotros. El problema ha sido cuando la división se ha dado desde adentro, ahí está el problema. La manera que Pedro en conclusión dice: sed de un mismo sentir. Todo esto anterior es verdad, pero ahora está motivando a los hermanos.

Y luego nos llama a la compasión. Claro, yo no puedo ser de un mismo sentir contigo si no soy compasivo, la habilidad de sentir por el otro. No es simplemente que si tienes hambre te doy algo de comer o te ayudo. Tú puedes hacer eso sin sentir por el otro. No, es que tu dolor me duele, y como me duele quiero ayudarte, disfruto ayudarte y procuro ayudarte y le doy seguimiento a tu dolor.

Pero nos llaman en ese versículo 8 al amor fraternal. Y a veces nosotros tratamos de hacer grandes diferenciaciones entre el amor ágape y el amor fraternal, y no nos damos cuenta que Dios habla de que amó a su Hijo con amor fraternal. Dios habla de que Él nos ama con amor fraternal, fileo, la misma palabra. Que Cristo amó a los discípulos con amor fraternal, de manera que lo que la Palabra hace es que toma una palabra común del griego de esa época y eleva su valor para ayudarnos a entender que el amor entre hermanos es el amor familiar de Dios hacia nosotros, de Cristo hacia los discípulos, de Dios hacia su Hijo. Ese amor fraternal es extremadamente especial.

La misericordia. Pedro nos dice que somos llamados a ser misericordiosos, de corazón tierno, de corazón blando, que no nos hacemos de corazón duro, que nos duele el dolor del otro, que nos duele herir al otro, que nos duele ser piedra de tropiezo para el otro, que nos duele ver al otro que ha caído.

Y finalmente Pedro nos llama a la humildad. La humildad promueve la unidad, de hecho la ausencia de humildad imposibilita, no hace difícil, imposibilita la unidad. Yo no voy a hablar extensamente acerca de la humildad porque es un tema que hemos hablado tanto, no sé ni decirles, pero voy a decir un par de cosas porque está aquí en el texto.

Martyn Lloyd-Jones, a quien algunos consideran el mejor predicador, mayor predicador del siglo pasado, siendo un hombre de Dios, dice que el hombre que es verdaderamente humilde se asombra de que Dios y el hombre puedan pensar en él y tratarlo también como lo tratan. El asombrarse de que Dios y ustedes puedan pensar en mí y tratarme también como me tratan, aun cuando en alguna conversación no sea también tratado. Lloyd-Jones agrega, dice: el ser verdaderamente humilde significa que ya no nos protegemos a nosotros mismos porque no hay nada que defender. ¿Qué es lo que voy a defender si Dios me encontró destituido de su gloria? ¿Qué es lo que voy a defender si yo tengo que confesar que en el mejor de los casos yo soy un hombre de labios inmundos y vivo entre gente de labios inmundos? ¿Qué es lo que voy a defender si tengo que confesar con Pablo que yo soy el primero de los pecadores? ¿A qué se debe toda esta actitud continua de defensa que nosotros tenemos? Al orgullo que tenemos y a la humildad que no tenemos.

Pero si no exhibimos estas características, no honramos a Cristo, el mensajero de Dios Padre para nosotros, pero tampoco honramos el mensaje que Él trajo de Dios. Entonces Pedro nos dice que esta es la manera de vivir, está completando su idea, que la manera como el satisfecha debe lucir en tu vida y en la mía.

Ahora eso es como hermanos, nosotros como hermanos, pero eso habla de amor fraternal. Si Pedro fuera a referirse al amor hacia los de afuera, él sube la vara todavía más, porque habla de amor ágape, porque obviamente para yo amar al de afuera que no conozco necesito un amor ágape, un amor incondicional, porque yo ni lo conozco. Y el amor para el enemigo, claro que tiene que ser ágape, porque qué condición tiene el enemigo para yo amar. Por eso es que esta recomendación del versículo 8 es para nosotros los que estamos en Cristo, que necesitamos ser de un mismo sentir. No puedo ser de un mismo sentir con el inconverso que está afuera.

Pero ahora en el versículo 9, Pedro comienza a dar instrucciones de cómo vivir con ese mundo hostil que está allá afuera. No simplemente el mundo inconverso, el mundo hostil. Escucha en el versículo 9: "No devolviendo mal por mal o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición."

Aquí está Pedro ahora diciendo: ustedes tienen, como hijos de Dios, una prohibición, no una sugerencia, no una recomendación, una prohibición de pagar el mal con el mal. De que alguien te habla mal y tú le devuelves. "No, mire pastor, porque yo la primera la soporté, la segunda pendiente, pero mire la tercera, yo le dije a esta persona que ya usted sabe. Este es el mal que él sirvió. Yo creo que se lo merecía. Yo sé que me pasé pastor y yo debo pedir perdón a Dios, pero mire, él se lo merecía." Esta prohibición elimina nuestro ajuste de cuentas. Si ha habido en ocasiones que hubo mis ideas y si no fue un ajuste de cuentas, algo que había ocurrido y como que se debía eso.

Bueno, nosotros no tenemos armas, no debiéramos tener armas para ajustar cuentas, pero tenemos una boca que dispara más rápido que las armas. El problema es que es el orgullo que venga la herida tratando de causar en el otro otra herida, de manera que no te podría herir con una bala, pero te hiero con mis palabras o con hechos.

Pero no podemos olvidar tú y yo, hermanos, que la ofensa que yo recibo es el cincel de Dios en su bondad tallándome a su imagen. De manera que tu queja y la mía no es contra el ofensor en último caso, es contra Dios porque no me gustan sus cinceles, no me gustan sus golpes, son muy duros. Claro, nos duele.

Me parece la realidad; yo te lo puedo decir hasta por mi propia experiencia en la vida. Prohibido pagar insulto por insulto, de la manera como Cristo lo hizo, y como lo hizo cuando lo insultaron, él guardó silencio. Tú conoces la frase muchas veces: que el silencio es más elocuente que las palabras. Pero sobre todo, porque pudiera guardar silencio de una ira que tengo y no quiero hablar. Pero el silencio más elocuente que las palabras, sobre todo, cuando yo guardo silencio porque quiero proteger la integridad, la dignidad del hermano, a quien no quiero herir ni ofender, y prefiero callar.

Pablo le dice a los corintios, que estaban llevando a los hermanos a la corte: "¿Por qué no sufrís mejor la injusticia?" Okey, yo entiendo, esta persona fue injusta contra ti. ¿Cómo te atreves a llevarlo a la corte? Busca algo en la iglesia que pueda hacer algo de ese problema, y si no, ¿por qué no simplemente lo perdonas y cargas con la injusticia? A la manera de Cristo. A todo, porque algo tiene que pagar, sí. Pedro te dice cómo él debe pagar: pagamos bendiciendo. Yo te dije que era el código de valores más contracultural de toda la historia.

Escucha a Cristo en Lucas 6, el versículo 28: "Bendecid a los que os maldicen." ¿Ya estabas diciendo, hermano, aquí también? Eso es muy fácil. Mira este: "Que Dios te bendiga, hermano." Escucha a Cristo otra vez en el Sermón del Monte, pero en la versión de Mateo, capítulo 5, versículo 39 al cuarenta: "Pero yo les digo: no resistan al que es malo. Antes bien, a cualquiera que te abofetee la mejilla derecha, vuélvele también la otra." Es como que: mira, me dejaste cojo, ¿tú quieres darme aquí también? "Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. A cualquiera que te obligue a ir un kilómetro, ve con él dos."

Roma y Grecia entendían como que si tú ibas un kilómetro, una mejilla, eso era bastante bien. En términos no medibles, pero en términos como del esfuerzo, Cristo dice: no, al doble de lo que ellos consideran. Y ese es el patrón continuamente en la Palabra de Dios. Yo no sé por qué nosotros como que se nos hace... bueno, sé por qué se nos hace difícil: en naturaleza carnal. Pero ¿por qué no lo entendemos más claramente, que esto es una enseñanza continua que yo acabo de mencionar?

Escucha varios pasajes, porque eso fue lo que quise hacer hoy, para que podamos quedar convencidos y confiando en el poder que la Palabra tiene, que yo no tengo. Mis palabras, a ver si estas cosas no pueden cambiar una vez y para siempre. Romanos 12:14: "Bendigan a los que los persiguen; bendigan y no maldigan." Eso incluye a mi jefe, pastor; eso incluye a tu jefe, y al que me debe tres salarios todavía, sí, a él también. "Bueno, puede ser, pero yo estoy seguro que a mi esposa no la pueden incluir, o a mi esposo no lo pueden incluir."

Primera de Corintios 4:12-13: "Cuando nos ultrajan," dice Pablo, "bendecimos; cuando somos perseguidos, lo soportamos; cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar." Mira: "Fulano habló mal de ti." "Déjame ver dónde vive Fulano, a ver cómo yo me reconcilio con él." "Pero no fue él que habló mal de mí." Sí, pero yo era el que andaba mal, y Cristo vino a buscarme y reconciliarme. Yo no necesito esperar que el otro venga; yo puedo ir.

Primera de Tesalonicenses 5:15: "Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno, los unos para con los otros y para con todos." No es solamente entre nosotros aquí adentro, sino para con todo el mundo, que debemos procurar que no devuelva mal por mal, sino procurar lo bueno. La idea, el estímulo, es a imitar a Dios.

Y finalmente, Romanos 12:19-21: "Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: 'Mía es la venganza, yo pagaré,' dice el Señor." Tú escuchaste lo que te dije. No creas que la injusticia que se comete contigo se va a quedar sin pagar. No, lo que yo no quiero es que tú la hagas pagar, porque tú eres muy mal cobrador. Pero yo te garantizo que hay un día de rendición de cuentas y de ajuste de cuentas, pero yo hago eso.

"Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer." ¿También a mi enemigo? Soy tu enemigo. "Y si tiene sed, dale de beber." Y esa instrucción, escucha: "Porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien."

En este pasaje que acabo de leer, se nos prohíbe tomar venganza, número uno. Si decidimos vengarnos, hay historia de este tipo en el Antiguo Testamento: lo más probable es que vamos a pecar más grandemente que aquel que hizo algo contra mí. Dios dice: "No, no lo hagas, porque en tu ira tú vas a pecar más grandemente, y ahora voy a tener que imponerte consecuencias a ti también." Entonces no devuelvas de esa manera; déjamelo a mí.

Ahora escúchame: si tú haces el bien, tú estás pagando. ¿Cómo pagamos? Tú haces el bien cuando te hacen el mal. Tú bendices cuando te maldicen. Tú amas al enemigo. Cuando te abofetean en una mejilla, tú pones la otra mejilla. Cuando hablan mal de ti, tú tratas de reconciliar; eso es lo que Pablo dice. Y alguien pudiera decir: "Bueno, porque nada de eso suena como pago, como venganza." Ah, que perdiste, pasaste por alto una frase: "Que haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza." ¿O sea, algo te ha pasado?

¿Qué es lo que Dios está diciendo? Dios está diciendo: tú pagas el mal, tú pagas con bien, tú amas a quien te odia. Ahí una de dos cosas van a pasar: o la persona, antes de llegar el día final, se arrepiente y todo quedará saldado; o cuando llegue el día final, el bien que le hiciste solamente va a elevar el estándar con el cual él va a ser juzgado, y su consecuencia sería peor. ¿Escuchaste? Cuando obras bien, lo único que haces es que amontonas carbones encendidos sobre su cabeza. Ahora, lo ideal es que él se arrepienta.

¿Por qué esas cosas han ocurrido? Leía esta semana de una historia de un grupo de soldados norteamericanos, donde había uno de ellos que era cristiano y siempre cantaba y leía la Palabra. Y los demás se burlaban de él. Un día, uno de ellos, un par de ellos, airados con él, tomaron esas botas que ellos usan, estaban todo enlodadas, y se las tiraron, ya molestos con él. Bueno, llegó la noche, se acostaron, durmieron. Al otro día, cuando se levantaron, el que había sido herido, vamos a decir, con esa acción, había lustrado, brillado las botas que le habían tirado; le había limpiado, le había brillado, se las había puesto al pie de la cama. Y su acción hizo que varios de esos soldados llegaran a Cristo.

Cuando te maldicen, tú bendices. Cuando tú bendices, tú muestras que te has vestido del nuevo hombre. Cuando tú maldices, tú muestras que sigues vestido del viejo hombre. Nosotros decidimos cuál vestido vamos a lucir. Cuando tú bendices, tú reflejas a Cristo. Cuando tú maldices, tú reflejas al anticristo. Tú decides a quién tú quieres reflejar. Pero tú tienes un llamado a nadar contra la corriente. Tú tienes un llamado a lucir totalmente diferente a como el mundo ha lucido.

Ahora, del versículo 10 en adelante, Pedro comienza a dar no la fórmula de la vida buena o de días buenos. Escucha, lo voy a leer otra vez; ya lo leímos, pero lo voy a leer otra vez: "Pues el que quiere amar la vida y ver días buenos..." Yo lo traduje a nuestro lenguaje de hoy: "vida buena" en vez de "días buenos." "Refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño. Apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones. Pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal."

Si tú tomas los versículos 10 al 12 que yo acabo de leer, y te vas al Salmo 34, del versículo 13 al 16, esto es una cita casi palabra por palabra del Salmo 34. Increíble, casi idéntica. Yo creo que sería bueno que esta tarde puedas leer el salmo entero, porque el salmo entero dice muchas cosas; habla incluso de dificultades que pasamos en este mundo, y lo que debiéramos esperar, y cómo debiéramos responder. Pero literalmente esta es una cita del Salmo 34, versículos 13 al 16.

El versículo 10 inicia con una conjunción: "Pues el que quiere amar la vida y ver días buenos," o "Porque el que ama la vida y quiere ver días buenos." Entonces esa conjunción "porque" me está conectando todo lo anterior con lo que sigue. Es como que yo te diga: "Oye, voy a comer temprano," y lo deje ahí, y luego, segundos después, te diga: "Porque voy a recibir visita." Obviamente el "porque" me conectó las visitas que vienen con el hecho de que voy a comer temprano. Entonces ahora Pedro estaba diciendo: todo eso que yo acabo de decir está conectado con estos días buenos que tú quieres ver, y si verdaderamente tú quieres amar la vida. Es como el puente entre los versículos 8 y 9 y los versículos 11 y 12. Ok, 8 y 9; el puente es el versículo 10, y ahora el 11 y el 12.

El versículo 10 es como la viga de amarre. ¿Y qué es la viga de amarre? Yo no soy ingeniero, así que tengo que ser cuidadoso, porque acá hay ingenieros. Pero es una viga de concreto, de hormigón, y según lo que leí como definición, tiene la función principal de unir muros de bloques de alguna manera, que trabajan solidariamente frente a las cargas laterales, que pueden ser incluso vientos o terremotos o alguna otra. De manera que hay una unión que puedas resistir los embates. El versículo 10 une todo lo anterior con todo lo que sigue, de manera que pueda formar un texto sólido para sostener la vida cristiana. Este es el elemento de unión, entonces.

Ok, y aquí hay instrucciones. Escucha la primera instrucción, la primera parte del versículo 10: si quieres ver días buenos, tienes que refrenar la lengua. ¿No te llama la atención cómo que Pedro introduzca la lengua aquí en este contexto? O sea, Pedro, de todo lo pesado que tú tienes que decirme... Tú no ves a Pedro diciendo: "Refrénese de la inmoralidad," lo cual tenemos que hacerlo. No es que Pedro no sabe que hay pecados que todo el mundo sabe que hay pecado, pero hay otros que son respetables, pecados honrosos. Claro, pero no debería hablar así.

No, yo sé, pero todo el mundo lo hace, ¿y quién no pasó? Refrene su lengua. La lengua es como esa chispa que enciende todo un bosque. El problema de la lengua, incluso, no es la lengua, porque usualmente el problema no es el problema. El problema de la lengua es que de ella habla la abundancia del corazón, de manera que la lengua es como el órgano más largo del cuerpo, porque va desde los labios hasta el corazón. Y cada vez que tú hablas, hay algo del corazón. Entonces, si vas a refrenar la lengua, tienes que refrenar o cambiar el corazón, mejor cambiar el corazón para no tener que refrenarlo. Entonces la instrucción número una: refrena la lengua.

Instrucción número dos, tiene que ver con la lengua otra vez: y que sus labios no hablen engaño. No es lo mismo, pero está relacionado al mismo hecho. La razón por la que Pedro está hablando de que sus labios no hablen engaño, es porque Pedro sabe que el corazón es engañoso y Pedro sabe también que la lengua habla del corazón, de la abundancia del corazón. Entonces, ¿cuál es la solución a mi problema, el cambio del corazón? De manera que el corazón, cuando se exprese, o que no se exprese, pero todavía mejor, que cuando nos expresemos nosotros, pues lo expresado sea de agrado a nuestro Dios.

Y él dice que no hablen engaño, porque el engaño siempre va a traer consecuencias, va a traer consecuencia a mi persona, va a traer consecuencia a otras personas. Y tú puedes engañar a un grupo de personas por una parte del tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo, y no puedes engañar a Dios. Yo estaba dando una clase el viernes, precisamente, a estudiantes del Sodán, vía Zoom. Y no sé cuál fue la pregunta, pero yo le decía que no entendía, sobre todo de unos años para acá, el afán que nosotros los humanos tenemos de ocultar cosas de los demás, cuando la persona más importante del universo lo sabe de forma detallada. Y como yo pienso que eso es desconocido, cuando en los cielos se sabe. Como posteó alguien recientemente, creo que era una frase del pasado que decía que un pecado oculto en el reino de los hombres es un secreto a voces en el reino de los cielos. Pedro sabe que el engaño nunca resultará en una vida buena porque va a traer consecuencias.

Tercera instrucción, versículo 11: apártese del mal y haga el bien. La Palabra de Dios, con frecuencia, yo no voy a decir siempre porque realmente no sé si es siempre, pero con frecuencia se nos llama no solamente a apartarnos de algo o de alguien, sino que al mismo tiempo a acercarnos a algo o alguien. No es solamente que yo me aparto del pecado, yo me acerco a la santidad. No solamente yo me aparto del mundo y de Satanás y su influencia, sino que yo me acerco a Dios y a los valores de su mundo, de su reino. Y aquí está entonces el mismo principio: te apartas del mal, pero tienes que hacer el bien. Cuando nosotros practicamos el mal, eso nos une al trabajo del enemigo. Pero es tan real para mí, en esa silla que estoy enseñando guerra espiritual de una manera bíblica, y al mismo tiempo cuando haces el bien, te unes al trabajo de Dios. La pregunta es: ¿con cuál de los dos equipos tú quieres trabajar? ¿A dónde tú quieres que te entre el trabajo? ¿Quién tú quieres que pague tu salario, por así decirlo?

Cuarta recomendación para la vida buena: busque la paz y sígala. Aquí este concepto es primordial en las Escrituras. Es tan importante que la palabra paz aparece no menos de 400 veces. En hebreo la palabra es shalom. En alguna ocasión yo he hablado de esto, no sé qué tanto lo he hecho con toda la iglesia. La palabra en el griego es eirene, que aparece 26 veces en los 27 libros. La razón por la que tú y yo estamos en el problema y dificultad que estábamos como raza humana fue porque una primera pareja rompió su paz con Dios y entró en guerra. De hecho, es como Pablo nos define antes de venir a Cristo: en enemistad con Dios. Adán rompió su paz con Dios y entró en enemistad con él, y pronto, Caín hizo lo mismo porque no estaban en paz.

Alguien ha dicho, no sé cómo hicieron el cálculo, que en los últimos 3.500 o 4.000 años apenas ha habido 300 años de paz. El cálculo comentaba, quizás sobre eso o alguna otra estadística, pero decía que esos años de paz solamente han servido para que la gente estuviera cargando sus armas otra vez.

Ahora, escuchen, porque esto es vital para entender lo que Pedro está diciendo. Pedro es judío, recuerden, de manera que cuando él habla de la paz, aunque escribió en griego, el concepto que él tiene en su mente no es el concepto griego de paz, es el concepto hebreo. De manera que él está pensando en shalom y es importante que podamos entender eso, porque la manera como los judíos se saludan o se despiden muchas veces es shalom. Nosotros decimos buenos días, que vaya con Dios, y ellos frecuentemente dicen shalom, y ellos no se están refiriendo solo a una ausencia de conflictos. Escuchen lo que en el hebreo, de una forma muy sencilla, muy breve, implica la palabra shalom: expresa todo el bienestar y la benevolencia que Dios puede darnos. ¡Wow!

De manera que cuando Pedro está diciendo que procuremos la paz, Pedro está diciendo: tú debes vivir una vida que procure todo el bienestar y la benevolencia que Dios puede darte. De manera que tu indisciplina no evite beneficios, bendición, que Dios puede darte. Cuando tú eres de Cristo, Cristo vino y no estableció simplemente el camino de salvación, sino que él también trajo al hombre toda la benevolencia, toda la bendición que Dios puede darle a una persona cuando está en paz con él.

Y ahora Pedro está diciendo: si tú quieres una vida buena, ¿sabes cómo se define? ¿Sabes cuál es la forma más breve de decir qué es lo que tú necesitas? Tú necesitas shalom. No necesitas más nada para una vida buena. ¿Y qué es eso, Pedro? Todas las bendiciones y bienestar que Dios puede darte. Pero eso requiere un estilo de vida, no porque yo me gane las bendiciones de Dios, sino porque cuando tengo un estilo de vida que no representa lo que Dios quiere, yo evito que las bendiciones lleguen a mí.

Entonces, ahora está más claro lo que es una vida buena porque tiene que ver con esto que nosotros acabamos de hablar. Si Dios envió a su Hijo para terminar la enemistad entre el hombre y él, y el Hijo estuvo dispuesto a ir a la cruz para terminar dicha enemistad, entonces nosotros no tenemos ninguna excusa para permanecer en guerra con nadie. Si Dios, que tiene serafines que cantan santo, santo, santo, Creador, Sostenedor del universo, le pide a su Hijo que venga a terminar la enemistad con él, y el Hijo está dispuesto a sufrir como él sufrió para que ese estado de guerra termine, entonces tú y yo no tenemos ninguna excusa, de ningún tamaño, para permanecer en guerra con un hermano en Cristo.

El caso de Hebreos dice algo más. Hebreos 12:14 dice: busquen la paz con todos. O sea, con el inconverso también. Yo creo que todos incluye al inconverso, ¿o no? Los estados de irreconciliación niegan al Evangelio, totalmente. La irreconciliación tampoco es compatible con la vida buena, porque habla de que Dios hizo algo que nosotros no estamos dispuestos a hacer.

Escuchen cuando Pablo escribe a los corintios en su segunda carta, en el capítulo 5, versículo 19, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. No tomando en cuenta cada transgresión del hombre. Dios no me contó ayer todas las transgresiones que yo cometí, porque yo ni siquiera las conozco todas. Yo no sé si tú las conoces, pero yo sé que yo no las conozco. Y sin embargo, me perdonó. ¿Cómo lo sé? Porque estoy predicando la Palabra y estoy bien en paz con él, entiendo yo.

Dios nos reconcilió con él no amontonando nuestras culpas, ni haciendo una lista de las veces que el hombre violó su ley. Cuando alguien se entrega a Cristo, Dios no le dice: espérate tres minutos, que te voy a estar ya, que te perdone de todos tus pecados. Tú tienes que hacer una lista, ve a tu casa y vuelve entre tres años con una lista larga, vamos a revisarla uno por uno. No amontonando, no contando al hombre sus transgresiones. Lo increíble es que Dios extendió su perdón a los hombres de manera unilateral, cuando nosotros ni siquiera lo estábamos buscando. Y Dios nos llama, entonces, a imitarlo.

Uno de los puritanos, quizá no conozcas su nombre porque no es un nombre tan conocido, pero él fue un hombre muy destacado entre su grupo, Cotton Mather, vivió en los años de 1600. Él recibió múltiples cartas acusándolo, y él estaba seguro que hasta un día tomó las cartas, las amontonó todas, como que las enrolló, les puso como un cordón o una soga alrededor y les puso un letrero: Padre, perdónalos. Y esa fue la manera como él procuró la paz con todos.

¿Qué tan importante es esta idea de que Dios vino a terminar la desreconciliación con él y de que él nos entregó la palabra de la reconciliación para tratar de reconciliar al hombre con él, pero la reconciliación del hombre con él requiere, demanda, espera que nosotros los hombres nos reconciliemos también? ¿Qué tan importante? Bueno, sabes que Cristo hizo su entrada al mundo con un anuncio de paz. Escuchen: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace. Cristo entra al mundo con anuncio de paz, Cristo sale del mundo con un anuncio de paz. Ahora, es antes de su crucifixión: mi paz os dejo, mi paz os doy. La noche antes de su crucifixión, Cristo oró por la paz y oró para que nosotros fuéramos uno. Él oró por la paz, él murió por la paz, él pagó por la paz entre Dios y el hombre, para que la reconciliación luego entre el hombre y el hombre pudiera ser posible.

Así es como se da: mi paz. Primero yo tengo paz hacia arriba, luego yo tengo paz hacia adentro y luego yo tengo paz hacia afuera. Primero yo tengo paz con Dios, después yo tengo paz conmigo mismo por el perdón de Dios, y luego yo puedo tener paz con los demás cuando voy a vivir el Evangelio que trajo paz a mi interior.

Eso es como se da. Ahora, en el momento que entras en paz con Dios, comienza otra guerra. Tú entras en guerra con el mundo de las tinieblas. Literalmente, ablandar, como dice Paul Tripp, el ministerio. Para los que de nosotros que estamos en el ministerio, tenemos que recordar que el ministerio no es el campo de refugio, es la línea de fuego.

Ya nosotros no pertenecemos al mundo al que pertenecíamos antes. Lo que decide a la hora de vivir es con cuál reino nos vamos a identificar, a cuál reino vamos a pertenecer. Si al reino de Satanás, pues ya vamos a tener que seguir en guerra con Dios. Si al ejército de Dios, pues procuremos la paz con Dios y con los hombres, pero estaremos en guerra con Satanás. Y si tú estabas entonces en el mundo, ahora estás con Dios, tenemos que cambiar de ejército.

Y tú sabes, ¿qué pasa? Que cuando cambias de ejército, tienes que cambiar de uniforme, porque si no te van a disparar. Entonces, cambia de uniforme. ¿Y cómo se llama eso en la Biblia? El nuevo hombre. Que te vistas del nuevo hombre. ¿Y cómo se llama el otro uniforme? El viejo hombre. Y si pertenecemos a Dios, no podemos seguir batallando con las armas del mundo, que incluyen el debate, la discusión, la acusación, la ira, la división y el rencor, y la falta de perdón. Nuestras armas no son carnales.

"Sí, pastor, pero eso es lo que funciona, es el lenguaje que ellos escuchan." No, no importa si ellos lo escuchan o no lo escuchan. Tú necesitas el lenguaje que Dios escucha, no el que los hombres escuchan. Y nuestras armas son poderosas en Cristo Jesús, y Pedro nos dio varias de ellas. ¿Cuáles son esas armas? La unidad, la compasión, el amor fraternal, la misericordia, la humildad, el refreno de la lengua, el dejar a un lado el engaño, el apartarnos del mal, el hacer el bien, buscar la paz.

Oye, tú nunca pensaste que todo eso estaba en esos versículos, ¿no? Se supone que esas son las virtudes que caracterizan la vida buena. Ahora, lo que garantiza la buena vida, lo que hace posible la vida buena, ese es el último versículo, el versículo 12: "Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones."

Voy a terminar el verso ahora, pero te imaginas eso. Se supone que Pedro quiere que yo entienda: "Oye, esta es la vida que tú tienes que vivir." Y la garantía de esa vida, la garantía de la abundancia de esa vida, ¿sabes qué es lo que la establece? Que los ojos del Creador del universo, del Dios soberano, del Dios que lo ve todo, están sobre los suyos. Y que sus oídos están continuamente atentos.

"Miguel, me hablaste... o sea, tengo tres días que no me has hablado, ¿qué pasa?" Dios desea hablar contigo, Dios desea escuchar tu oración. No entiendo la cadencia, la falta de oración de parte del pueblo de Dios. ¿Cómo es que no vamos a hablar con Dios cuando el Creador del universo nos da una audiencia las 24 horas del día, los 7 días de la semana? Y no es falta de tiempo. Decía John Piper recientemente que Twitter y Facebook van a probar en el último día que la falta de oración no era por falta de tiempo.

Hermanos, vamos a orar, vamos a crear movimientos de oración. Dios tiene sus oídos prestos para escucharnos, y si nos escucha, nos va a responder. "Pastor, pero yo he orado a Dios y Él no me responde." No, Él te ha respondido siempre, porque Él o responde la oración que le hiciste, o te va a responder la oración que debiste haberle hecho, que es mejor. Pero te va a responder.

Ahora el texto termina y dice: "Pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal." Eso es pesado. La vida buena es posible después de Cristo, después de que te has reconciliado con Cristo, porque Cristo garantiza las bendiciones de Dios. Cristo está a la derecha del Padre, Él tiene sus ojos puestos en ti, y eso implica que Dios guarda la vida de los suyos.

¿Qué implica eso de que Dios tiene los ojos puestos sobre nosotros, pastor? Bueno, Él guarda tu vida, Él está pendiente de tus necesidades, Él observa tus caminos. Él sabe si el COVID viene en tu dirección o no viene en tu dirección, y si va en tu dirección, Él sabe lo que tú puedes hacer, lo que no puedes hacer, y Él sabe lo que Él puede hacer. Él observa los pasos de aquellos que viven en obediencia.

Pero los ojos del Señor sobre los justos están relacionados a su benevolencia, porque Él tiene los ojos sobre los suyos. Por su compasión y benevolencia, Él quiere ver de qué manera llena tus necesidades y las mías, sobre todo las espirituales y las emocionales. Por eso yo escribía ayer en un tweet y decía: la seguridad del cristiano es nuestro Dios, que lo ve todo, lo controla todo, lo juzga todo, lo decide todo, y quien termina todo si Él lo ha comenzado. Esa es tu seguridad.

Escríbalo, que es 2 Crónicas 16:9: "Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo." Recorre toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo. Eso habla de compromiso.

Eso implica que Dios está atento, que Dios responde al clamor de los suyos, que Dios es sensible, que Dios se deja encontrar cuando nosotros le buscamos. "Me buscaréis y me hallaréis, cuando me busquéis de todo corazón. Yo me dejaré encontrar." Que cuando nosotros somos silenciados porque la carga física... Imagínate que estás tan enfermo, tan emocionalmente debilitado, tan espiritualmente debilitado, por el peso de uno de los hijos de Dios, y tú has sido silenciado, entonces Dios hace que el Espíritu que mora en ti pueda interceder por ti con gemidos indecibles.

Cristo se identifica con nuestro clamor, porque Él es tu Sumo Sacerdote, y nosotros tenemos un Sumo Sacerdote que es capaz de simpatizar con mis dolores, mis dificultades, con mis tentaciones, porque Él fue tentado en todo.

Ahora, la última frase. Si hubiera crecido creyendo que... si hubiera como deprimirme, porque es pesado cerrar con eso. Dice: "El rostro del Señor está contra los que hacen el mal." Si tú tienes a Satanás contra ti, de frente, eso es pesado. Pero sabes que eso no es problema: mayor el que está en ti, que el que está en el mundo. Pero cuando tú tienes a Dios en tu contra, tú tienes el poder infinito de todo el universo, tú tienes a la Persona que llena cada pulgada cúbica del universo entero en tu contra. ¿A dónde vas?

Y de hecho, aún para con sus hijos, Él puede ejercer oposición cuando dice que Él se opone al orgulloso. Yo no puedo pensar nada peor que Dios esté en mi contra, en el sentido que estamos hablando. Pero la primera parte del versículo 12 es la mejor: sus ojos están sobre los suyos, sus oídos están atentos. Y es la razón por la que Dios instruye a Moisés para que instruya a Aarón y le enseñe la oración.

Esta es la oración que yo quiero que Aarón, como sumo sacerdote, pueda hacer sobre el pueblo, ¿ok? Entonces, yo me voy a adueñar momentáneamente de la oración, y esta oración, en representación de todo el cuerpo pastoral, es mi oración, nuestra oración para contigo:

Que el Señor te bendiga y te guarde. Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia. Que el Señor alce sobre ti su rostro —que su rostro no te encuentre en contra, no— que el Señor alce sobre ti su rostro y escucha ahora: y te dé shalom. Y te dé shalom.

Todas las bendiciones y bienestar que Dios te pueda dar. Y pensar que esa oración se la inventó Dios, la creó Dios para que tú la hagas y para que Él la responda. ¿Tú puedes creer eso? Mira, esto es como yo quiero que ellos oren. Yo quiero responder lo que me están orando. Yo quiero darle shalom a mi pueblo. Yo quiero bendecirlo, satisfacerlo, llenarlo, darles una vida buena de plenitud espiritual donde ellos puedan sentirse totalmente en paz en relación conmigo.

Gracias. Gracias por tu satisfacción. Gracias por tu palabra, gracias por tu bondad, gracias por tu paternidad. Gracias, porque las mejores cosas vienen de ti. Las mejores cosas fueron pensadas por ti. Las mejores cosas no solamente fueron pensadas por ti. Tú creaste el camino de cómo nosotros podíamos recibirlas, nos comunicaste, nos revelaste el camino, nos pediste que hiciéramos uso del camino porque era tu intención regalarlas. Gracias por el gran regalo de Cristo Jesús y todo lo que viene con Él. Gracias por tu gran misericordia, gracias por tu gran amor, gracias por tu gran poder. Ahora nosotros queremos cantarte, adorarte, y queremos también orarte en canción. En tu nombre, Jesús. Su pueblo dice: amén.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.