Integridad y Sabiduria
Sermones

Bienaventurados los que son perseguidos por su causa

Miguel Núñez 28 noviembre, 2010

La octava bienaventuranza rompe con las anteriores porque ya no describe el carácter que Cristo quiere formar en sus hijos, sino lo que esos hijos deben esperar de este lado de la gloria: persecución. Apenas en el segundo año de su ministerio, ante una multitud que había venido buscando sanidad física, Jesús les advierte que quienes abracen su causa y desarrollen un carácter semejante al suyo enfrentarán oposición. Pablo lo confirma de manera absoluta: todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. La única forma de evitarlo es no vivir piadosamente.

La persecución surge del choque entre dos reinos irreconciliables. Cuando la luz de Cristo brilla en un creyente, expone la oscuridad del mundo, y eso irrita. Juan el Bautista fue decapitado por confrontar al gobernador; Esteban fue apedreado mientras denunciaba la dureza de corazón de su generación; los profetas del Antiguo Testamento no dejaron a nadie sin confrontar. Si hubieran guardado silencio, su suerte habría sido otra. Pero quienes tienen hambre y sed de justicia no la quieren solo para ellos, sino para la sociedad que pertenece a Dios.

Ante la persecución, Cristo no pide resignación sino gozo. La palabra griega implica saltar y gritar de júbilo. Los apóstoles salieron del concilio regocijándose de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre. La recompensa en los cielos es grande, y pertenecer al mismo grupo de los profetas perseguidos significa identificarse plenamente con Cristo. El carácter de las bienaventuranzas solo se forja en el horno de la aflicción, donde Dios va quebrando todo lo que no luce como su Hijo.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, yo creo que la mayoría que ha estado aquí con nosotros recordará que las primeras siete bienaventuranzas que leímos en esencia todas tienen que ver con el carácter del individuo, aquellas características o cualidades que idealmente debieran estar presentes en aquellos que hemos sido llamados hijos de Dios. Nosotros recibimos junto con esas bienaventuranzas promesas, promesas que todavía nosotros no hemos recibido por completo. Y de una manera muy similar a las promesas que aquellos santos del Antiguo Testamento recibieron, de esa misma forma nosotros hemos recibido promesas, promesas que son seguras, promesas con las que podemos contar, pero que de la misma forma que la gente del Antiguo Testamento que creyeron en Dios, en su Palabra, saludaron las promesas desde lejos como si las hubieran recibido, de esa misma manera nosotros tenemos que saludar algunas de esas promesas también de lejos, porque de la misma forma que ellos eran solamente peregrinos y extranjeros, nosotros continuamos siendo peregrinos y extranjeros en esta tierra.

Cristo nos dejó ver en este texto que lo que Él ansía ver, lo que Él desea ver en sus hijos, es la formación de un corazón que sea pobre en espíritu, de individuos que sean capaces de llorar por su pecado, de personas que puedan ser mansos como Él lo fue, de gente que pueda tener hambre y sed de justicia, personas que puedan ser misericordiosos, limpios de corazón, pacificadores aquí en la tierra en aras de su causa. Él quisiera ver que aquellos que le representamos pudieran modelar esas características, y Él está formando esas cosas en nosotros a través de la acción del Espíritu que mora en nosotros.

Pero una vez Cristo termina de hablar de cuál es el carácter que Él quisiera haber formado en aquellos que son sus hijos, Él pasa a describir entonces cuáles son las expectativas que esos que somos sus hijos debiéramos tener de este lado de la gloria. Y es la razón por la que yo he querido separar estas bienaventuranzas, porque la próxima que viene ahora es totalmente diferente a lo que nosotros habíamos leído.

Y con esa introducción, yo quiero leerte esto que continúa en el versículo 10 hasta el 12: "Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y digan todo género de mal contra vosotros falsamente por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros."

Yo me imagino a la multitud pensando: "Jesús, Jesús, déjame ver si yo entendí bien. Si Tú trabajas en mí y me haces más parecido a la imagen tuya, y yo llego a ser pobre de espíritu, yo lloro por mi pecado, llego a ser humilde, llego a ser un pacificador, misericordioso, tengo hambre y sed de justicia, ¿lo que yo debo esperar es persecución de este lado de la gloria? ¿Es eso lo que Tú acabas de decir?" Pues sí.

La razón por la que esto es extraordinario, no solamente por el contenido de esas palabras, es que esto es apenas el segundo año de su ministerio. La gente que nosotros leímos en Mateo 4:23 y versos siguientes que vinieron a Él, eran enfermos, epilépticos, endemoniados, algunos con diferentes dolencias, dice el texto. Y esa gente viene en estas condiciones físicas, y es como que Cristo les está diciendo: "Yo los voy a sanar," el texto dice que los sanaba, "pero antes de irse yo quisiera hablarles de algo. Yo quisiera hablarles de qué tipo de seguidores yo quiero formar, y en caso de que ustedes se decidan quedarse conmigo, yo quiero hablarles de cuál es el costo de seguirme."

Y que a esa multitud Él le saliera con estas palabras: que si llegamos a ser mansos, humildes como Él, mientras más cerca estamos de su carácter, más alta la probabilidad de que yo pueda sufrir alguna persecución del tipo que le está refiriendo aquí.

Cuando Pablo viene y le escribe a su discípulo Timoteo, su discípulo más joven, Pablo le dice exactamente lo mismo y lo dice de una forma absoluta. Oye cómo Pablo lo escribe en su segunda carta, capítulo 3, versículo 12: "Y en verdad todos, no la mayoría, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos."

Todos los que quieren vivir piadosamente. En otras palabras, tú puedes evitar la persecución; lo único que necesitas hacer es no vivir piadosamente. Pero si decides hacerlo, la persecución es la garantía, algún tipo de persecución, de que realmente tú estás en ese camino.

Nosotros tenemos que recordar que vivimos en un territorio donde hay dos reinos encontrados que chocan continuamente: un reino representado por Cristo y el otro por Satanás, un reino representado por la luz y el otro por las tinieblas, un reino representado por la verdad y el otro por la mentira. Y cada vez que esos dos reinos se encuentran, hay una colisión de valores, hay un choque que produce calor, que produce persecución.

Yo creo que parte de lo que Cristo está haciendo, y es algo de lo que aprecio en la Palabra de Dios, es la transparencia con la cual Dios nos revela cuáles son las expectativas que debiéramos tener, con cuáles expectativas debiéramos vivir. Y la razón por la que eso es importante es porque, primero, ningún seguidor puede decir: "Ay, no me lo dijeron, yo no sabía que este era el costo." En segundo lugar, porque cuando yo sé cuál es una de las expectativas, pues las cosas no me sorprenden y ya no hay razón para desalentarme. Esto es lo que yo esperaba ver, porque muchas veces parte del desaliento tiene que ver precisamente con el hecho de que yo no esperaba esto. Y Cristo dice: "No, esto es parte de lo que le corresponde a aquellos que yo estoy formando a mi imagen."

Eso fue así en el Antiguo Testamento, eso fue así en el Nuevo Testamento, eso ha sido así a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Mira cómo el autor de Hebreos en el capítulo 11, reflexionando acerca de los santos del Antiguo Testamento, lo que él dice a partir del versículo 36: "Otros experimentaron vituperios y azotes, y hasta cadenas y prisiones. Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada. Anduvieron de aquí para allá cubiertos con pieles de ovejas y cabras, destituidos, afligidos, maltratados, de los cuales el mundo no era digno, errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra."

Yo leía ayer un recuento muy resumido de la historia del martirio a lo largo del Antiguo, Nuevo Testamento y la historia de la Iglesia, un resumen muy condensado, y mi corazón se entristeció, mis ojos se llenaron de lágrimas y hasta llegué a hacerme la pregunta: "Señor, ¿por qué? ¿Por qué tiene que ser de esa forma, Dios, tan cruel?" Leí cosas, algunas de las cuales yo conocía, pero me volvieron a sacudir otra vez. ¿Cómo es que un emperador toma a un cristiano, lo envuelve en pieles de animales y se lo tira a perros salvajes para que lo devoren? ¿Cómo es que él toma personas vivas, que son tus hijos, Dios, y les prende candela para iluminar el estadio donde él llevaba a cabo sus juegos? ¿Por qué tiene que ser de esta manera, Dios?

Y a la verdad que yo quería como cerrar lo que estaba leyendo porque no quería continuar oyendo o recordando la manera como ha sido. Pero esa es la manera como ha sido todo el tiempo. Y Cristo nos dejó claramente dicho cómo sería.

En el Nuevo Testamento, ahora escucha el testimonio de Pablo, Primera de Corintios 4, a partir del versículo 11: "Hasta el momento presente pasamos hambre y sed." Esos estómagos, pero en otras palabras, si yo tengo hambre y sed de justicia, es probable que yo termine pasando hambre y sed física. Los apóstoles lo pasaron. "Andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir. Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando nos difaman, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser hasta ahora la escoria del mundo, el desecho de todo."

La palabra en el original implica la basura del mundo, aquello que tú pones en el zafacón, aquello que tiene mal olor, que tú no lo quieres adentro de tu casa. Pablo dice, está dando testimonio de nosotros, en el contexto se refiere a los apóstoles, pero le pasó a otros que no eran apóstoles: "Nosotros los apóstoles hemos llegado a ser la basura del mundo, lo que el mundo coloca en su zafacón, lo que es despreciable."

Esa es la historia de los santos del Antiguo Testamento, del Nuevo, y Cristo dice aquí ahora en este texto: eso se les anuncia a mis seguidores. Primero las siete bienaventuranzas, y ahora yo tengo una bienaventuranza final, una bendición final, y esa bendición tiene que ver con aquellos que son perseguidos, que se identifican con mis hijos.

Yo quiero entonces hacer tres preguntas para que las exploremos en esta mañana acerca de esta bienaventuranza. Número uno: ¿quiénes son los bienaventurados? Porque no basta con ser cristiano y no basta con ser perseguido; no es exactamente así como el texto lo dice. Número dos: ¿cuál debe ser nuestra actitud ante la persecución? Y número tres: ¿cuál es el motivo de nuestra alegría al ser perseguidos?

¿Quiénes son los bienaventurados? Esa es la primera pregunta. Bueno, el texto dice que aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia. La palabra en inglés es righteousness, rectitud moral. Aquellos que han querido desarrollar, día a día, el trabajo que el Espíritu de Dios hace en nosotros, rectitud moral para parecerse a su Hijo, esos están en la lista alta de prioridades de que pudieran ser perseguidos. El problema es que esta gente que desarrolla santidad en sus vidas molesta e irrita a las personas del mundo cuya pecaminosidad se ve expuesta, a veces de forma consciente, a veces de forma subconsciente.

Hace unos años atrás les conté una historia que algunos conocen, otros no la conocen, por eso me voy a tomar el chance de repetirla. En una ocasión se celebró un torneo de golf y el premio para el ganador del torneo era jugar un juego de golf con el presidente de Estados Unidos, otro juego de golf con Billy Graham, y la tercera persona no recuerdo, pero no importa.

Bueno, el ganador del torneo comienza a jugar su juego con Billy Graham y cuando termina tiene un amigo que le está esperando. Y él le dice: "¿Cómo te fue?" Y le dice: "Billy Graham no tenía que tratar de meterme el evangelio hasta por la garganta, shove that gospel down my throat." El amigo, que conocía el carácter de Billy Graham, le dice: "¿De verdad que Billy fue de esa manera?" Y el otro baja la cabeza y le dice: "No, Billy no dijo una sola palabra, yo simplemente tuve un mal juego." Quizás de repente no se podía, cada vez que fallaba un tiro o la bola no iba donde iba a llegar, quizá no podía decir las palabras que acostumbraba a decir, pero él se sintió tan incómodo que quiso desplazar la culpa en este predicador que no dijo una sola palabra.

Cuando la luz que Dios ha puesto en ti brilla en medio de la oscuridad, como Pablo le dice a los filipenses que debiéramos ser como luminares que brillan en medio de la oscuridad, en medio de una generación perversa y torcida, esa luz expone la maldad, las obras malas de los demás, y eso es irritante. Cuando la verdad de Cristo que vive en ti es hablada o es predicada o es compartida o es vivida, o todas ellas juntas, esa verdad expone la mentira en la vida del otro, y eso es molesto. Y cuando el efecto o cuando la responsabilidad de ser sal y luz es tomada en serio y es llevada al seno de la sociedad, eso es lo que ha producido todas las persecuciones de la historia de la Iglesia.

Ejemplo: ahora mismo quizá no lo vemos tanto aquí, pero en sociedades como Europa y Estados Unidos, la única razón por la que el cristiano crea roncha es cuando él dice, entre otras cosas, el aborto hay que pararlo. Pero si el cristiano quisiera vivir su vida cristiana en un clóset, no hablar bien o mal acerca del aborto, no practicarlo porque esa es su convicción privada y quedarse callado, la sociedad no tuviera ningún problema con ese cristiano. Lo dejaría tranquilo, libertad de culto. Cuando el movimiento cristiano de alguna manera dice la homosexualidad es contraria a la Palabra de Dios, es un pecado, y lo comienza a publicar, la sociedad se levanta en contra de esa voz. Pero si el cristiano quisiera vivir su cristianismo en privado y simplemente no practicar la homosexualidad y no meterse con nadie, no tendría ningún problema.

La única razón por la que Juan el Bautista es decapitado es porque se metió con el gobernador de turno, le dijo: "Tú tienes una mujer que no es tu mujer, la mujer de tu hermano, tú no puedes seguir con ella." La única razón por la que Cristo es llevado a la cruz es porque denunció las acciones farisaicas de la generación de su tiempo. Si Cristo hubiese venido y realmente evita esa confrontación y predica simplemente, si nunca hubiera confrontado a nadie, él hubiese pasado sin cruz.

Esteban, que yo me imagino que debía haber tenido estas cualidades de las bienaventuranzas, porque cuando le están matando el texto dice que su cara lucía como la de un ángel. Yo me imagino que Esteban, que muere siendo apedreado y dice: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", yo creo que era uno de estos bienaventurados. La única razón por la que le están apedreando es porque mientras lo apedreaban, él estaba confrontando la dureza de corazón de su generación.

La razón por la que los profetas del Antiguo Testamento tuvieron tan mala suerte en sus vidas es porque nadie se les escapó. El profeta del Antiguo Testamento denunció al rey, al príncipe, al gobernador, al sacerdote, al profeta, al maestro, al escriba, a los comerciantes. Amós, quien viene llamado el profeta de la justicia social, porque les dice a las mujeres poderosas y ricas de la sociedad: "Vacas de Basán." Ellos podían haberse quedado todos callados y su suerte hubiese sido otra, pero aquellos que tienen hambre y sed de justicia no solamente la quieren para ellos, la quieren para la sociedad en medio de la cual ellos viven, porque esa sociedad le pertenece a Dios y no la quieren ver corrompida. Y eso es lo que causa estos problemas.

Cuando Cristo está siendo perseguido, en un momento dado le dice a su generación: "¿Saben qué? Ustedes son igualitos a sus progenitores." Y ahora los hago culpables de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada en Israel, desde el justo Abel hasta Zacarías, el último profeta muerto en los atrios del templo. En los atrios del templo de Dios, uno de los profetas de Dios, muerto, asesinado por el pueblo. Y ahora los hago culpables. Desde que Caín mató a Abel, desde el justo Abel hasta Zacarías. ¿Y cuál fue el problema de estos profetas? Fue la denuncia que ellos hicieron.

John Stott en uno de sus libros dice que la persecución es simplemente el choque entre dos sistemas de valores irreconciliables. Eso es. Cuando esos dos reinos, reinos en conflicto, se encuentran, ese choque produce calor, produce fricción, produce persecución. En otro escrito, MacArthur decía que cada vez que el mundo choca con el cristianismo, hay conflicto, convicción, culpa, resentimiento y persecución.

Cristo, previendo eso, previendo el choque, previendo lo que venía, previendo la suerte de aquellos que realmente abrazaran su causa —porque la manera de evitar el choque es o no abrazar su causa, o abrazarla a medias, o parecernos a los valores del mundo—, pero Cristo, previendo eso, dice: "Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, de ellos es el reino de los cielos." Y el próximo versículo vuelve a enfatizar otra vez la misma bienaventuranza, dice: "Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan y digan todo género de mal contra vosotros falsamente por causa de mí."

No basta con ser cristiano y ser perseguido, porque en ocasiones el cristiano ha sido imprudente, en ocasiones el cristiano ha violado la ley, ha sido perseguido, ha sido encarcelado. No es de ese tipo de encarcelamiento y persecución al que Cristo se está refiriendo, sino aquellos que por levantar el valor de Cristo, la verdad de Cristo, han encontrado un choque con el mundo, y en ese choque han terminado siendo perseguidos. De esos dice: "Bienaventurados." Y nos deja ver entonces en este texto que la persecución no solamente puede ser física, y no simplemente ha sido física, puede ser verbal. Dice: "Cuando os insulten", como a Cristo lo hicieron, como a los profetas le hicieron.

La realidad es que la historia de la Iglesia, y esta historia aquí escrita, está llena de gente que pasó por esas persecuciones y la soportó, no solamente con resignación, sino que la soportó gozosamente. ¿Y quiénes fueron? Bueno, precisamente aquellos que eran pobres de espíritu, que lloraban por su pecado, que habían sido hechos humildes, que eran misericordiosos, que eran pacificadores, aquellos que llenaban estas características de la bienaventuranza, aquellos que se parecían más a Cristo, y que por parecerse más a Cristo pues tenían más hambre y sed de justicia. Ellos fueron los que terminaron de esa manera.

Lo increíble es que esto está revelado en cada página de la Biblia y como que se nos olvida, y cuando esas circunstancias vienen a nuestras vidas, nos sorprenden una vez más. Por eso escuchamos a Pablo escribiéndole a los filipenses en 1:29: "Porque a vosotros se os ha concedido", charis, por gracia, "por amor de Cristo, no solo creer en él, sino también sufrir por él." Es un privilegio el que tú puedas sufrir por Cristo. No es simplemente una expectativa, no es simplemente como: "Bueno, es parte de las condiciones caídas de este planeta." Es un privilegio. Pablo dice: "Se les ha concedido la gracia", esa es la palabra en el original, charis, "la gracia de poder no solamente creer en él", porque para creer eso es una gracia, "pero para yo poder sufrir por él, eso es otra gracia." De manera que compartir los sufrimientos de la causa de Cristo es parte de los privilegios que Dios me ha concedido en mi salvación.

Esos son los que son perseguidos. La manera de no ser perseguido es no abrazando la causa como Cristo nos dejó dicho que debiéramos hacer. Esos son los perseguidos.

Segunda pregunta ahora: ¿cuál debe ser nuestra actitud ante la persecución? El versículo 12 dice: "Regocijaos y alegraos." Una cosa es tolerarla, otra cosa es aceptarla, otra cosa es resignarme, pero Cristo no usa ninguna de esas palabras. De hecho, en todo el lenguaje de la bienaventuranza, este es el único verbo que está en imperativo. Es un mandato: alegraos y regocijaos.

En otras palabras, el que usted se alegre y se regocije no es una alternativa que yo le doy, es un mandato, es una orden. Y peor aún, porque resulta que Él me dice "regocijaos", pero la palabra traducida como "alegraos" en el original es "agalliásthe", que significa brincar, saltar, gritar de júbilo. Ya es otra cosa todavía más allá. O sea, que cuando yo estoy siendo perseguido por causa de tu nombre, yo debo decir: "¡Wow, gloria a Dios! ¡Aleluya, gloria al Señor!" Eso es lo que el texto dice. Para eso yo tengo que prepararme, para eso yo tengo que caminar con Dios, para que cuando el momento me llegue, preso debe ser mi espectáculo.

Y la historia de la iglesia está llena de gente que supo hacer eso y supo hacerlo de esa manera. Está llena de múltiples casos. Vea, me da una, porque para muestra basta un botón, como dicen. En el capítulo 5 del libro de los Hechos, tú tienes a los apóstoles en Jerusalén predicando la Palabra y los han arrestado, y los echan a la cárcel. Y se aparece en medio de la noche un ángel y los saca de la cárcel. ¿Qué tú piensas que ellos hicieron? Volvieron para la plaza pública a hacer lo mismo. Ellos comienzan a predicarle el Evangelio, pero lo están haciendo de una manera confrontadora del pueblo. Y lo que dice: "Cuando ellos oyeron esto, se sintieron profundamente ofendidos y querían matarlos." Esta gente no está jugando, esta gente no está diciendo "son cristianos, no". Es como con Esteban, que vio el rechinar de los dientes. ¡Lo quieren matar! Eso es lo que está ocurriendo. Querían matarlos. Los metieron presos otra vez. El problema con los apóstoles es que cada vez que tú volteas la página están en la cárcel otra vez. Ya en la cárcel, los quieren matar.

Gamaliel se levanta y dice: "Señores, si han sabido, si esto no es de Dios, se va a morir, porque aquí han venido otros con la misma cosa. Pero si es de Dios, no vaya a ser que ustedes estén peleando contra Dios. De manera que déjenlos ir." Escucha el texto en el versículo 40: "Ellos aceptaron su consejo", el de Gamaliel, "y después de llamar a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús." Y los azotaron. Bueno, está muy bien, bueno, los azotaron. "Ellos salieron de la presencia del concilio regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre."

O sea, esta gente estaba haciendo lo que Cristo dice en el Sermón del Monte: "Alegraos y regocijaos." Ellos salen del concilio: "¡Wow, gloria a Dios! ¡Qué bueno que me dieron una paliza por el nombre de Cristo! Me consideraron digno de sufrir esa paliza." Yo no creo que eso es como la iglesia del siglo XXI piensa.

Y me imagino a Pablo y Silas. ¿Te acuerdas de Pablo y Silas? Que también los azotan. Otra vez Pablo, preso otra vez. Hechos 16. Yo creo que Pablo estaba más preso que suelto. Preso otra vez, le dan una paliza, 39 latigazos, que era la costumbre, lo más probable. Y a medianoche están cantando himnos a Él. Ellos están regocijándose una vez más. Yo no creo que eso es como la iglesia del siglo XXI piensa. Yo imagino a Pablo y Silas en el siglo XXI: "No Pablo, Silas, compa, yo no entiendo esto. Yo lo que damos es predicando y ahora mira, dijeron, nos están persiguiendo, nos están azotando. Yo no entiendo al Señor, las cosas del Señor yo no lo entiendo."

Y si Cristo estuviera ahí, a la iglesia le hubiera dicho: "¿Cuál parte de mi Evangelio ustedes no entendieron?" Porque la frase "seréis odiados de todos por causa de mi nombre" aparece en Mateo 10:22, en Marcos 13:13, en Lucas 21:17. Repetitivo, en desayuno, en cena: "Seréis odiados de todos por causa de mi nombre." Si me representan, si hablan en mi causa, si su carácter se hace semejante al mío. Porque si su carácter se hace semejante al del mundo, no, no, no, a perseguir no hay necesidad.

Nadie explicó mejor que Cristo la razón de la persecución. Yo te lo voy a leer en un momento. De nuevo, tú esperas que si esto era tan posible, porque Pablo habla de que todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido, uno espera que alguien dé alguna explicación. Probablemente nadie lo ha dicho más llanamente, más claramente, la razón por la que el cristiano se supone que sería perseguido cuando abrazas la causa de Cristo como verdaderamente él ha sido llamado a abrazarlo. Escucha a Cristo en Juan 15:19: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí de entre el mundo, por eso el mundo os odia." Esa es la razón. ¿No quieres ser perseguido? Te puedes parecer a ellos. Pero cuando tú comienzas a no parecerte a ellos, hay una cierta irritación que eso causa.

Yo ilustraba esto esta mañana de esta forma, en ocasiones, ya en otro contexto, no es de la predicación. ¿Usted no ha estado en algún círculo donde más o menos son quizás de la misma familia, o son amigos, o de una iglesia, de manera que usted tiene muchas similitudes, y hay alguien que llega y de repente uno dice: "Este hombre como que lo siento raro, sí, como extraño, bueno"? Y lo está poniendo como incómodo. ¿Qué es lo que lo pone incómodo a ese grupo? Lo distinto que es. Entonces, de esa misma manera, Cristo dice: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo." El mundo ama lo suyo. El problema es que mientras más te pareces a mí, menos te pareces a ellos, y por tanto más alta la probabilidad de la persecución. "Por eso el mundo os odia."

Entonces tenemos el mundo en contra, tenemos a Satanás en contra. A Satanás no le complace en nada que los hijos de Dios se hayan bendecido, estén tranquilos, sean prósperos. De hecho, el único récord que tenemos en la Palabra de Dios donde Dios habla con Satanás tiene que ver con la vida de Job. Y en esa conversación Satanás revela que le molesta que Job, el hijo de Dios, esté tan bien. Satanás va a donde Dios, y Dios le dice a Satanás: "¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra." Wow, cuando Dios dice eso, es grande. "Intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal."

Escucha las palabras de Satanás ahora: "¿Acaso teme Job a Dios de balde?" En otras palabras: "Él es tu carita, claro, así quién no." ¿Tú no sientes como el sarcasmo en sus palabras? Míralo aquí una vez más: "¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en toda la tierra." Así quién no. A Satanás le molesta cuando los hijos de Dios están tan bien, y él lo deja ver, él lo deja ver en su sarcasmo, en la forma en que le habla a Dios. Es como casi deseando: "Ojalá no fuera así."

Y Satanás dice: "Extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene; verás si no te maldice en tu misma cara." Satanás no cree que Dios puede producir hijos que pueden bendecirle en medio de la aflicción. Ahí está: "Extiende tu mano, toca lo que tiene, tú vas a ver si no te maldice en tu misma cara." Y Dios acepta el desafío: "Está bien, ahí va, ahí lo tienes."

Yo me imagino que tan pronto Satanás recibió el permiso, no solamente fue a trabajar en la vida de Job, él fue a trabajar en la vida de la esposa de Job. Porque cuando Job pierde todo lo que pierde, las primeras palabras de su esposa fueron las últimas palabras de Satanás para con Dios: "Maldice a Dios y muérete." Eso fue lo último que Satanás le dijo a Dios: "Toca todo lo que tiene y verás si no te maldice en tu misma cara." Y eso es exactamente lo que su esposa dice. Yo creo que él fue a trabajar en Job y fue a trabajar en su esposa al mismo tiempo.

Y Dios deja que Job caiga en la mano de Satanás, porque Satanás sabe que si él logra desanimarte, detenerte, hacerte caer, él puede desacreditar la fe cristiana. Y si él desacredita la fe cristiana, él cree que puede desacreditar el nombre detrás de la fe cristiana. Pero Dios acepta el desafío, por así decirlo, porque es una de las maneras como Dios muestra que ciertamente la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres y que cualquier otro ser en todo el universo.

¿Qué es lo peor que Satanás te puede hacer a ti y a mí si Dios le da permiso? Quitarme la vida. Y si Satanás me quita la vida, eso me pone directamente, me voy directo y en vivo a la presencia de Dios. Lo peor que Satanás me puede hacer produce lo mejor que a mí me puede pasar: irme a la presencia de Dios.

Entonces Dios dice: "¿Sabes qué, Satanás? Toma, lo toma Juan, lo toma Miguel, sacúdelo, haz lo peor que tú puedas hacer. Cuando tú termines de sacudirlo, cuando tú termines de hacer lo peor que tú puedas hacer, yo te voy a mostrar que yo voy a sacar lo mejor que yo puedo sacar de él." Ve y llénalo de tribulación. Y eso es exactamente lo que ocurre. El mensajero que abofeteaba a Pablo era de Satanás, y Dios estaba sacando lo mejor de Pablo.

De manera que nosotros tenemos una garantía en medio de la tribulación. No olvides que esto es parte de lo que se esperaba. No olvides que Dios está formando su imagen en ti. No olvides que esto tiene que ver con su causa. No olvides que esto tiene que ver con la actividad de Satanás. No olvides que esto tiene que ver con el rechazo del mundo. Y en medio de todo eso, recuerda que Dios está por encima de todo. Él tiene su mano ahí. Dios está contigo. Dios está en medio de tu persecución.

¿Y cuál es el motivo entonces de nuestra alegría al ser perseguido? Bueno, número uno, Cristo dice: "Grande es vuestra recompensa en los cielos." Llámame un rato pensando en esa frase, porque esta frase sale de los labios de Cristo y digo: "Wow, cuando Cristo llama algo grande, debe ser muy grande." Porque ¿qué es grande para Dios? Y Dios dice: "Grande es vuestra recompensa." Cuenta con ella, espérala, yo te la garantizo. Tu promesa es sí y amén en mí. No pierdas la esperanza, no importa cuán calurosa o cuánto calor tú recibas en medio de la persecución.

Número dos, Cristo dice aquí: "Bendecidos, porque de esa misma manera persiguieron a todos los profetas."

Bueno, pastor, pero ¿qué tiene eso que ver con mi gozo? ¿De qué manera me sirve gozarme? Que por lo menos el profeta te llame también. Tú eres de su círculo, tú eres de ese grupo, tú eres de aquellos bendecidos, tú eres de aquellos. Los profetas fueron enviados por Dios y ahí los persiguieron, y tú estás siendo perseguido igual que ellos. Tú eres de ese, permíteme usarlo simbólicamente, de ese grupo élite. Si tú pudieras decir que estás siendo perseguido, es porque en la persecución Dios está bendiciendo tu vida, formando su carácter, haciendo de ti lo que Dios quiere ver en ti. Tú eres bendecido, tú eres del mismo equipo. Los profetas fueron enviados por Dios y ahí los persiguieron, pues hay una completa identificación entonces en tu persecución con el nombre de Cristo, porque ellos profetizaron y hablaron de Él.

De manera que cuando tú eres parte de ese equipo, tú te has identificado con Cristo. Donde ellos vayan, tú vas. Lo que ellos reciban de herencia, tú recibes. Tú eres del mismo team, el mismo equipo, estás trabajando para el mismo Rey, el mismo amo, y el otro es del equipo contrario.

Ahora, escúchame, yo creo que no hay una sola persona aquí que no quisiera tener el carácter descrito en las bienaventuranzas. ¿Hay alguien aquí que no quisiera serlo? Déjame ver si hay alguien. Yo me imagino que todo el mundo quisiera ser bienaventurado como ahí lo describe. El problema es que ese carácter solo se forma en el calor de la aflicción. ¿Y es de esa manera? El corazón pobre de espíritu, el corazón que aprende a llorar por sus pecados, el corazón humilde, el hombre que tiene hambre y sed de justicia, la persona que es misericordiosa, el que es limpio de corazón y el corazón pacificador. No hay uno de esos corazones o esas cualidades que no haya sido forjada en el horno de Dios. No hay una.

Nosotros no nacemos así, nosotros somos todo lo opuesto de eso, totalmente. Eso no se forma en una silla, eso no se forma en una aula de clase, eso se forma en el calor de la aflicción de la vida. Y en ese calor Dios va quebrantando todas aquellas cosas que no lucen como el carácter de su Hijo, las va quemando. Y es vital, es vital para la formación del carácter de Cristo el pasar por esas tribulaciones. No es simplemente importante, es vital.

Déjame leerte varias cosas que yo escribí hace como dos años atrás, de por qué es importante que ese corazón sea quebrantado, y de hecho, que sea quebrantado intermitentemente. No es una sola situación de quebrantamiento. En el currículo de la Universidad de Dios, donde el carácter se forma, hay una materia que no es electiva sino obligatoria, que se llama aflicción. El problema de esa materia es que hay Aflicción 1, Aflicción 2, Aflicción 3, Aflicción 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, y cuando tú pasas la última, entras en gloria. Es toda la vida. Porque Dios me quiebra hoy y mañana yo me estoy reparando el área que Dios quebró, y tiene que volverme a quebrar. Y es un proceso repetitivo.

Mira la importancia del quebrantamiento, esto es lo que yo quería leerte tan literal como pueda. Cuando un corazón no quebrantado experimenta las bendiciones de Dios, él cree que se las merece. Solo eso primero. Él piensa: "Gracias, porque a mí tú me la das. Mira aquello, tú no se la has dado porque claro, no es tan dedicado como yo. Gracias." El corazón tiene que ser quebrantado para que no piense así.

Cuando un corazón no quebrantado experimenta la gloria de Dios, él cree que la ha producido él. Y nosotros tenemos que recordar que lo máximo que nosotros podemos hacer es una superficie de reflexión donde la gloria de Dios pueda ser reflejada, no más. Yo no brillo por mí mismo. Si Dios se aleja, yo soy totalmente oscuro. Es la gloria de Dios reflejada en sus hijos.

Cuando un corazón no quebrantado experimenta el poder de Dios, él hace alarde del poder, él usa el poder y luego abusa del poder, con lo cual Dios le hace perder el poder. Él usa el poder, él hace alarde del poder, él abusa del poder. Por eso Dios tiene que quebrantar ese corazón.

Cuando un corazón no quebrantado experimenta los privilegios de Dios, él llega a creer que esos privilegios son derechos. "Yo no entiendo, Dios. Ahora que te estoy sirviendo mejor, ahora es que más problemas tengo." Yo digo: ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Tú no me sirves para que yo te devuelva más abundancia. Tú me sirves. Ya yo te di a mi Hijo. Por mucho que me des, te queda corto lo que yo he entregado. Pablo, yo te leía, Pablo entonces vivía desnudo, con hambre, con sed, perseguido, era la escoria del mundo. ¿Qué tiene que ver la buena entrega con mi abundancia de provisión? Ni mi Hijo. Pero yo te dije que ese corazón no quebrantado piensa que los privilegios de Dios son derechos.

Y finalmente, cuando un corazón no quebrantado recibe un don, él llega a creer no que es un don, sino una destreza que yo desarrollé. Entonces, por ejemplo, si es el don de la enseñanza: "No, yo me he fajado mucho estudiando. ¿Sabes cuántos libros de predicación yo he leído?" O es el don de misericordia: "Mira, fulano, yo me he dado cuenta que tú tienes el don de misericordia." "Sí, pero yo tengo quince años yendo a la cárcel. ¿No te crees que eso se forma así nomás?" Y es: "Ey, ey, tienes quince años yendo a la cárcel porque yo te di un don que te permite ir a la cárcel, te da el deseo de ir a la cárcel." Eso no es una destreza que tú desarrollaste, eso es un don, es una gracia, y esa gracia es la que te permite hacer lo que tú estás haciendo.

De ahí la necesidad, entonces, de los quebrantamientos. El hermano del Señor: Satanás nos coge, nos sacude, y Dios dice: "Okey, ahí está Satanás, te dejo la tribulación en tu mano," como el caso de Job, "pero yo me encargo de los resultados finales. Cuando tú termines de hacerlo peor, yo te voy a mostrar que yo he hecho lo mejor de él." Y esa es la realidad.

La tribulación, la persecución. Mi pregunta: "¿Por qué, Dios? Ayer un versículo, pero no puede ser de otra manera." "No, es que yo muestro múltiples cosas cuando lo permito de esa manera." Yo no tengo la lista de todo lo que Dios hace en medio de eso, pero Dios muestra que su debilidad es más fuerte que cualquier otro hombre o cualquier otro ser. Dios usa la tribulación, la persecución, para limpiarnos de las asperezas.

Mira, mira cómo lo dijo esta persona, es un anónimo. Dice: "Los mejores sermones que yo he oído no han sido predicados desde púlpitos, sino desde camas. Las verdades más profundas de la Palabra de Dios han sido enseñadas por corazones humildes que han pasado por el seminario de la aflicción."

Yo recuerdo entrar en Estados Unidos a ver un paciente. Un paciente diabético, ciego, una pierna amputada, la otra por amputarse, en diálisis renal. Y yo, como soy diabético, yo fui a animarlo. Para sorpresa mía, el que salió animado soy yo. Porque yo voy donde él, comenzó a hablar, no sabía que era cristiano, y cuando comencé a preguntarle sobre su enfermedad y comencé a tratar, pensando que quizás no era cristiano o asumiendo que no lo era, de hablarle de la esperanza que podemos tener en Dios, él me para. "Mire ese doctor, me van a amputar esta otra pierna, pero yo tengo un gozo, yo tengo un gozo." O sea, ¿un gozo de una amputación? "Explica." "Porque yo tengo la idea, yo tengo este sueño, que la próxima vez que vuelva a caminar con dos piernas, la primera persona que yo voy a ver es a mi Dios." Yo digo: "¡Wow! Cuéntame más." Era cristiano. Un sermón sumamente poderoso yo escuché esa mañana de esa cama. Los mejores sermones que yo he oído no han sido predicados desde púlpitos, sino desde camas.

El apóstol Pablo en Romanos 8:18 nos dice: "Los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada." A ponerlo en lenguaje cotidiano, coloquial: dos personas, una persona hablando con Pablo. "Lo que esta vida nos hace sufrir, tengo tanto problema en la casa, las finanzas, los hijos, la esposa..." "¡Para! ¡Para! ¡Para! ¡Para! No sigas. Los sufrimientos de esta vida no son dignos de comparar con las promesas que tú tienes en el Reino de los Cielos. No las compares, no las pongas en la mano, es más, ni las menciones. No son..." A mí me encanta esa palabra: "no son dignos." En otras palabras, no lo compares, que ni se acercan.

La gloria de este mundo no es lo que debiéramos estar esperando, buscando su mano. Esta reina, esta es tierra temporal, pasajera, es terrenal, es carnal, y tú la experimentas. Cuando la experimentas en cuerpos corrompidos que corrompen esa gloria. Pero la gloria que nos espera, que nos ha sido anunciada, es celestial, es de Dios, es eterna, nadie te la puede quitar, no puede disminuir, es indescriptible para nosotros. Y cuando tú la experimentes, la vas a experimentar en cuerpos glorificados, y por tanto permanece contigo para siempre. No son dignos de ser comparados nuestros sufrimientos con la gloria que ha de ser revelada.

Lo peor de la tribulación produce lo mejor de nosotros. Escucha al salmista, yo creo que nadie lo ha dicho mejor que él en el Salmo 66: "Porque tú nos has probado, oh Dios, nos has refinado." El salmista pasó por la tribulación. Cuando él pasa por la tribulación, él mira para atrás y dice: "¡Guau! La verdad que me probaron, sí." Pero luego él mira para dentro y dice: "¡Guau! Pero mira lo refinado que estoy ahora comparado con aquel tiesto que yo era. Todas esas impurezas, todas esas deformidades del carácter, mira cómo Dios se las llevó en medio de la prueba." "Tú nos has probado, pero tú nos has refinado y nos sacaste a un lugar de abundancia." Este es el lugar que nos espera, es el lugar más abundante que tú puedas imaginar.

No puedes perder la perspectiva de la eternidad, no puedes dejar de fijar tus ojos en Jesús. Cuando tú estás en medio de la fricción, recuerda: el Padre te tiene ahí tallando la imagen de su Hijo, el Espíritu Santo está intercediendo por ti y el Hijo está identificándose con tu dolor, con tu padecimiento. Él sabe lo que es estar en esta carne, Él sabe lo que es la debilidad de la carne, lo que son las tentaciones, y Él ha sido colocado como Sumo Sacerdote a la diestra del Padre. Yo tengo toda la Trinidad invertida en mi aflicción creando la imagen de Dios en mí. No pierdas la perspectiva eterna.

Y si eso no fuera suficiente, si no fuera suficiente el hecho de que Dios está formando esa imagen, de que el Hijo está a la diestra identificándose con mi padecimiento, como dice el autor del libro de Hebreos, que no tenemos Sumo Sacerdote que no pueda identificarse con mi dolor y sufrimiento y tentaciones, porque Él en todo sufrió de esa misma manera. Si eso no fuera suficiente, si no fuera suficiente que el Espíritu Santo está intercediendo ante Dios por mí, recuerda: ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Porque en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Por Dios, no perdamos la perspectiva de la eternidad, no muevas tus ojos de la persona de Jesús. Él es quien nos tiene en la tribulación y Él es quien está formándonos a su imagen. ¿Tú has visto a alguien formando la imagen de algo en una piedra, en un tallo? Él tiene un modelo, y ve el modelo y lo va puliendo, lo va tallando. Resulta que cuando Dios Padre comienza tallando, Él tiene un modelo: la imagen de su Hijo. Él me va comparando, simbólicamente hablando. Él va podando. Sí, es un privilegio. A nosotros se nos ha concedido la gracia, el privilegio, no solo de creer en Él, sino después de haber creído, ser formados a la imagen de Él.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.