Integridad y Sabiduria
Sermones

Bienaventurados los que procuran la paz

Miguel Núñez 21 noviembre, 2010

La paz que el mundo anhela sigue eludiendo a la humanidad, y la razón es más profunda de lo que solemos reconocer. Santiago lo resume en un solo versículo: las guerras y conflictos vienen de pasiones que combaten dentro de nosotros, no de circunstancias externas. La bienaventuranza de Mateo 5:9 no promete bendición a quienes simplemente desean la paz, sino a quienes la procuran activamente. Hay una diferencia enorme entre anhelar algo y hacer sacrificios concretos para lograrlo.

Cristo es el modelo supremo del procurador de paz. Abandonó la gloria del cielo, dejó su posición y prerrogativas, y vino a negociar una paz que el hombre ni siquiera estaba buscando. No tomó en cuenta las transgresiones humanas, no hizo listas de ofensas, no reclamó derechos. Sangró por la paz, pagó por ella y murió para establecerla. Si él pudo dejar tanto para reconciliarnos con Dios, ¿por qué nosotros tenemos tanta dificultad en dejar nuestra posición de orgullo para reconciliarnos con otros? El puritano Cotton Mather recibió cartas con falsas acusaciones, las enrolló juntas y les puso una etiqueta que decía: "Padre, perdónalos".

Segunda de Corintios 5 revela que ahora tenemos el ministerio de la reconciliación. Dios envió a su Hijo como embajador; ahora el Hijo nos envía a nosotros. Cuando procuramos la paz —primero entre el hombre y Dios mediante el evangelio, luego entre los hombres— exhibimos un carácter que refleja al Padre. Por eso seremos llamados hijos de Dios: no solo por haber sido regenerados, sino porque nuestra conducta revela de quién somos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mateo 4:23: "Y Jesús iba por toda Galilea enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se extendió su fama por toda Siria, y traían a él todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los sanaba. Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán."

"Y cuando vio la multitud, subió al monte; y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados. Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios." Y aquí viene nuestro texto: "Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios."

Padre, gracias por hacernos tus hijos. Te pedimos en esta mañana que tú nos des entendimiento acerca de esta palabra. Mira, Dios, es una palabra que tiene que ver con el estado de paz en que nos encontramos nosotros individualmente y que se encuentra la humanidad, o la ausencia de esa paz. Gracias te damos, porque a ti te la debemos aquellos que la hemos alcanzado, porque tú la has hecho posible. Ayúdanos a entender cuál es nuestro rol ahora, qué es lo que tú has dicho, con qué nos has dejado, qué tú requieres de aquellos que nos llamamos tus hijos.

No ve más, Dios, perdónanos cuando no hemos tenido esa paz. Nuestras condiciones físicas a veces nos impiden, nuestras condiciones emocionales, pero otras veces nuestras condiciones espirituales nos impiden disfrutar la paz que tú compraste. Perdóname a mí, Dios, cuando no la he tenido pudiendo haberla tenido. Escudriña mi corazón, nuestros corazones, y enséñanos en cada caso qué nos ha robado la paz, pero no eres tú. Y perdóname, perdónanos. Hemos permitido ladrones entrar al corazón nuestro y robar tu tesoro en Cristo Jesús. Amén, amén.

Como vieron, esta bienaventuranza tiene que ver con nuestro estado de paz. Yo creo que es quizás la más conocida de las bienaventuranzas, porque aun humanistas seculares con frecuencia apelan a esta bienaventuranza, dándonos a entender que ellos también entienden la necesidad o el anhelo que todo ser humano tiene de algún día poder vivir en paz. Y sin embargo, esa paz parece eludir al hombre. El hombre quiere vivir en paz y no encuentra la manera de cómo hacerlo.

En gran manera, valga la redundancia, se debe al hecho de que con frecuencia estamos buscando en el mundo exterior a nosotros las razones de nuestra falta de paz interior, cuando la Palabra de Dios revela claramente que la paz interna que yo debo tener tiene muy poco que ver con mi mundo exterior y más con mi mundo interior. De hecho, Santiago lo dice en un solo verso, 4:1: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre vosotros? ¿No vienen de vuestras pasiones que combaten en vuestros miembros?" ¡Wow!

Yo no sé si usted ha meditado lo suficiente sobre eso, pero eso es solo un verso. Cuando me dieron que yo meditara y preparara este mensaje, fue suficiente para cortar mi corazón en dos. Porque la realidad es que la falta de paz interior se debe a pasiones que todavía no se han rendido al señorío de Cristo. La verdad es que todavía luchan dentro de nosotros, y lamentablemente lo sabemos pero se nos olvida. Y en otros casos, verdad, es el hombre que todavía no ha entregado su vida a Cristo, no reconoce a Cristo como ese Príncipe de Paz, y su ausencia de paz se debe precisamente a la ausencia de señorío en su corazón.

Las multitudes de las cuales yo he estado hablando, refiriéndome al principio de cada mensaje porque aparecen en Mateo 4, que venían y se acercaban a Jesús, yo no creo que ninguna de ellas vino buscando o vino en respuesta a que hay una ausencia de paz que yo siento, yo he identificado, y yo te he reconocido a ti como el Mesías que me la puede dar. Yo no creo. Pero una y otra vez la Palabra de Dios nos habla de que Cristo predicaba el evangelio del reino. Eso es lo que ellos pudieron haber venido a buscar si estaban en búsqueda de paz, pero no. O venían con sus enfermos, con sus epilépticos, con sus endemoniados, porque el hombre ha tenido una dificultad en discernir que su mayor necesidad no es física, es espiritual. Con frecuencia, él vive más preocupado por lo que le afecta físicamente que por lo que le afecta espiritualmente.

Hablamos precisamente la semana pasada de cómo esta gente venía aquejada de diferentes enfermedades y dolencias, y cómo Cristo los recibía. Pero lo que los atormentaba a ellos, de acuerdo a lo que el texto nos revela, no era tanto su ausencia de paz interior, sino el hecho de que no tengo salud, o mi hijo no tiene salud, no tiene salud física, o mi hijo, como en un caso, está poseído. Y esa posesión revela quizás el extremo más severo de la ausencia de paz en la humanidad. Pero muchos de nosotros hemos tenido ausencia de paz y no hemos estado poseídos. Por lo menos no hemos estado poseídos de uno de esos demonios, pero yo creo que muchas veces hemos estado poseídos de nuestro propio yo. Y ese yo es el que hace guerra contra Dios.

Hasta el punto, ese yo está en guerra, que en el libro de Romanos 5 días nos habla de que a nosotros, antes de reconciliarnos con Cristo, éramos literalmente enemigos de Dios. Yo no creo que ninguno de nosotros, antes de ser regenerado, realmente se vio como un enemigo de Dios, pero era la realidad. Así de extrema y de severa es la guerra del yo contra Dios. Pero en ocasiones, ese yo quiere revelarse aún después de haber sido reconciliado con él.

Ciertamente, la mayoría de la humanidad quisiera vivir en paz. Yo creo que eso es un deseo que pudiéramos reconocer. Digo la mayoría, porque yo no creo que eso es toda la humanidad. Hay gente que vive y hace su vida, se gana la vida, irrumpiendo el orden y la buena costumbre. De manera que ellos no están deseando la paz, porque la viven rompiendo continuamente. Pero la mayoría de las personas quisieran vivir en paz, pero no lo lograremos, literalmente no lo lograremos, hasta que Cristo pueda instaurar su reino sobre la tierra.

Esta bienaventuranza, sin embargo, tiene muchas cosas que decirnos a aquellos que vivimos en este estado de ahora pero no todavía. El reino de los cielos ha sido inaugurado ahora, pero no todavía está completamente con nosotros.

Yo quiero entonces ver rápidamente esa bienaventuranza y hacernos cuatro preguntas. "Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios." Primera pregunta: ¿Quiénes son los bienaventurados? Número dos: ¿En qué consiste la paz? Número tres: ¿Cuál es la fuente de paz? Y número cuatro: ¿Qué implica ser llamado hijo de Dios en el contexto de esta bienaventuranza? Nosotros sabemos lo que implica ser llamado hijo de Dios porque tú has sido regenerado. Juan 1:12 dice: aquellos que le recibieron, aquellos que le recibieron y le proclamaron Señor, a ellos les ha sido dado el derecho de ser llamados hijos de Dios. Pero en el contexto de esta bienaventuranza, ¿qué implica ser llamado hijos de Dios?

La primera pregunta: ¿Quiénes son los bienaventurados? A veces leemos un texto y estamos tan familiarizados con él, o parece tan claro, que no nos detenemos a pensarlo y creemos haberlo entendido, hasta que hacemos una segunda lectura y nos percatamos de que realmente no lo habíamos entendido tan bien como habíamos pensado. El texto no dice que bienaventurados o bendecidos son los que anhelan la paz. No dice eso. No dice que bienaventurados son los que desean vivir en paz, porque de ser así toda la humanidad prácticamente sería bienaventurada. Toda la humanidad desea vivir en paz, pero el texto no dice eso. El texto dice que bienaventurados son los que procuran la paz.

En otras palabras, yo puedo amarla, yo puedo desearla, yo puedo quererla, y no hacer absolutamente nada para que se dé. Y ahí no está mi bendición. Mi bendición no está en que yo la desee; mi bendición está en que yo la procure. Y eso es importante que yo lo entienda, porque muchas veces nosotros mismos, aún después de haber sido hijos de Dios, no hemos llenado la condición de procurar estar en paz con los hombres porque no hemos entendido cuál es nuestra responsabilidad a la luz de esta bienaventuranza.

La palabra en hebreo, en el inglés es bienaventurados los "peacemakers", los que hacen paz, los que procuran la paz en español. En el griego la palabra es "eirenopoios". Y lo menciono simplemente porque, de acuerdo a historiadores de la antigüedad, esta palabra era usada para referirse a embajadores de alguna nación que iban a negociar una paz entre territorios que estaban en enemistad.

De manera que si pudiéramos pensar en Cristo, él es el más grande "eirenopoios", porque cuando él vino, el territorio de los cielos y el territorio de la tierra estaban en enemistad, y él fue enviado como un embajador a negociar, si pudiéramos como quiera usar la palabra, a conseguir la paz. Él es el mejor embajador que jamás haya pisado la tierra. Y cuando vino tuvo que enfrentarse al mayor ejército enemigo que jamás pudiera acumularse, porque cada ser humano que ha pisado esta tierra, con excepción de Jesucristo, ha entrado a este mundo en guerra contra Dios sin saberlo. Tú no tienes que firmar un formulario, tú no tienes que ser reclutado para ser parte del ejército enemigo; tú eres parte del ejército enemigo simplemente por nacer en este mundo. Pero ahora se nos promete una bendición, una bienaventuranza especial en este contexto, para aquellos que procuran la paz, aquellos que hacen esfuerzos y sacrificios para que esa paz pueda darse.

El primero que lo hizo, el esfuerzo, el sacrificio, aquello que era necesario, aquello que el hombre no podía hacer, fue Dios mismo, la persona de su Hijo. Él hizo un sacrificio, él hizo un esfuerzo, él procuró la paz, él fue, él es un verdadero eirenopollo. Pero nosotros tenemos ahora una responsabilidad que Dios nos ha dejado en nuestras manos.

Cuando Cristo vino, él vino a hacer esa paz, pero la vino a hacer de una manera tan distinta como nosotros conocemos la manera o la forma de hacer la paz. En muchos casos las naciones hacen la paz haciendo la guerra primero y luego subyugando a la nación más débil, y entonces establecen la paz. Esa no es la clase de paz que Cristo vino a pregonar ni a establecer. Sus armas fueron distintas, su estrategia fue totalmente diferente, y por tanto, cuando él vino no le reconocieron.

El pueblo judío estaba esperando un Mesías, y estaba esperando un Mesías que viniera y estableciera la paz, que los liberara a ellos, pero no a la manera como él vino a hacerlo. Él vino a un pueblo que estaba esperando un Mesías fuerte a la manera de los hombres, alguien impositivo, imponente a la manera de los emperadores, un verdadero guerrero como ellos estaban acostumbrados a verlo, y cuando lo vieron no lo reconocieron, hasta el punto que lo mataron.

Jonathan Edwards decía que nosotros somos tan enemigos de Dios que si el hombre pudiera ponerle la mano a Dios, lo matara. Y yo pongo un pie de página: el hombre le puso la mano a Dios y lo mató. Eso es lo penoso, porque Cristo vino y el hombre le puso la mano a Cristo, Dios encarnado, y lo mató. Eso nos habla a nosotros de cuán grande y severa es nuestra enemistad con Dios, pero no la reconocemos.

Dios estaba procurando la paz con el hombre, una paz que el hombre no estaba buscando. Esto es lo paradójico: que Dios estaba procurando la paz con el hombre, una paz que él no estaba procurando. Y él no simplemente suplicó; cuando él vino, no solamente suplicó por la paz, sino que Cristo vino y se encarnó y fue hasta la cruz para establecer una paz que no había roto y terminar una guerra que nunca comenzó.

¿Te das cuenta de hasta dónde este eirenopollo, este enviado, procurador, embajador de la paz, realmente hizo su trabajo? Él hizo todo lo que le tocaba hacer, él procuró la paz. Ahora recuerda que la Palabra de Dios dice que bienaventurado es aquel que procura la paz. Cristo vino, se encarna, se sacrifica, va a la cruz, y cuando él procura la paz, cuando él sube, él recibió su bienaventuranza, porque él fue conferido un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se postre toda rodilla de los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Él fue un bienaventurado, el más grande bienaventurado, porque fue el que mejor ha procurado la paz entre el hombre y Dios. Dios cumplió su bienaventuranza con su propio Hijo.

Es la razón por la que él es llamado Príncipe de Paz en Isaías 9:6. Y Dios su Padre, quien envió a su Hijo, Dios es el Rey, su Hijo obviamente debe ser el Príncipe. Dios, quien dio a su Hijo, no solamente revela el deseo que él tiene por la paz al llamar a su Hijo Príncipe de Paz, sino que Dios mismo es llamado en el Nuevo Testamento no menos de cinco veces Dios de paz. Es llamado así en Romanos 15:33, en Romanos 16:20, Filipenses 4:9, 1 Tesalonicenses 5:23 y en Hebreos 13:20. Dios de paz, Dios de paz, Dios de paz, Dios de paz, Dios de paz. ¿A qué precio? ¿A qué precio estableció esa paz? Jesús, el enviado, el embajador.

Para que nosotros vayamos manteniendo una idea: si este Hijo de Dios hizo esto, ¿qué debemos hacer los demás hijos de Dios? Y me estoy avanzando en mi mensaje, porque este es el Hijo de Dios, este es el prototipo. Ahí va, entonces ustedes vienen después como hijos adoptivos, de manera que miren a mi Unigénito, de manera que a partir del Unigénito puedan tener una idea de qué implica procurar la paz.

Cristo vino, abandonó el cielo, dejó su posición, se encarnó, se humilló, predicó a favor de la paz con Dios, oró por ella en varias ocasiones, sangró por la paz, pagó por la paz, compró la paz y murió por ella. Ese es el ejemplo del prototipo de eirenopollos. Y ahora Dios viene y dice: "Bienaventurados los que procuran la paz", y nos deja un ejemplo de cómo lo hizo entre Dios y el hombre.

La razón número uno por la que el hombre muchas veces hoy todavía no tiene paz con Dios, habiendo Dios establecido el puente, el camino de paz entre Dios y el hombre, es precisamente la irreconciliación con Dios a pesar de la oferta de paz de parte de ese mismo Dios. Y hasta que esa reconciliación con Dios no se dé, no habrá paz en el hombre, y mucho menos paz entre los hombres. No habrá paz en el hombre y mucho menos paz entre los hombres.

Por eso, un espíritu contencioso no es compatible con un corazón regenerado, porque el corazón regenerado es hijo de Dios ahora, y ese hijo de Dios debe reflejar lo que Dios es, su nueva naturaleza. Y a la medida que el tiempo pasa, nuestro corazón contencioso debe ir entonces aminorando.

Vamos a aplicar el texto inmediatamente para no tener que esperar hasta el final para la aplicación. Si Cristo dejó su gloria, su derecho, su prerrogativa, su lugar de preferencia, lo que realmente le pertenecía, lo que era digno de él, para venir a establecer la paz, ¿por qué tú y yo tenemos tanta dificultad en dejar nuestra posición de orgullo, de conveniencia, para ir a establecer la paz con otros? Si Cristo vino de tan lejos, ¿por qué tú y yo no podemos ir tan cerca hacia el otro? Si Cristo no reclamó derechos ni prerrogativas, ¿por qué tú y yo reclamamos terreno, derecho, lugar, espacio, autoridad, posición, que nos impiden precisamente poder ser un procurador de la paz?

Bienaventurados los que procuran la paz, no simplemente los que la aman. ¿Por qué a ti y a mí no nos molesta tanto cuando no estamos en paz con el otro? Cuando debiera ser algo como una piedrita en el zapato que no nos deja tranquilo, hasta el punto de que, al no estar tranquilo, decimos: ya voy, ya voy.

¿Por qué? Dios, yo creo que quiere decirnos algo el día de hoy, porque si él es el Príncipe de Paz y nosotros somos sus enviados, ahora somos sus embajadores, nosotros tenemos que ver qué fue lo que hizo primero para nosotros entonces hacerlo igual. Cristo no hizo reclamaciones de ningún tipo; su meta era establecer la paz del hombre con su Padre. Esa debería ser nuestra meta.

Cristo no entiende, si me permiten usar la comparación: ¿cómo es que después que yo pagué por tu paz, tú puedes vivir tan tranquilo, yo puedo vivir tan tranquilo cuando no tengo paz con mi hermano? Y él no lo comprende tampoco, y él dice: ¿Sabes qué? Si tú vas al templo a ofrendar o adorar, porque ofrendar es una forma de adorar, y cuando llegas al templo y estás a punto de ofrendar, te recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti —si tú tienes algo contra él, no, no, no— si te enteras que tu hermano tiene algo contra ti, no adores, detente, no ofrendes, detente, regresa, reconcíliate con tu hermano y ven y adórame. Porque la ofrenda de un corazón irreconciliado con su hermano, cuando yo pagué por la irreconciliación de ese corazón con su Dios, a mí no me honra. Y si no me honra, no es adoración, y si no es adoración, es como si no la hubieras hecho. Regresa.

Vete a tu casa, ve y reconcíliate, y luego ve y ofrece. Él nos devuelve. Y pensando en eso, tiene sentido, porque si no es una adoración que a él le honra, no es adoración. Si él no la va a recibir, lo mismo da que me quede en mi casa. Y me dice: regresa, regresa.

Bienaventurados los que procuran, los que se devuelven, los que hacen el esfuerzo, los que dejan sus lugares, los que no reclaman sus derechos para establecer la paz. El Señor lo dejó claro: que para ser uno de estos embajadores requiere sacrificio, esfuerzo, dejar atrás preferencias, deseos, cosas que quizás hubiésemos preferido no tener que dejar a un lado, como la gloria del cielo, como la presencia del Padre, como la adoración de los ángeles, para venir a un mundo... como la santidad absoluta del cielo, para venir a un mundo de pecado, de crueldad. Y el autor de Hebreos nos recuerda, dice en Hebreos 12:14: "Buscad la paz con todos". No dice con los que te conviene solamente, con todos.

Lo interesante es cómo el autor de Hebreos une estas dos ideas, porque la segunda parte de Hebreos 12:14 todo el mundo la conoce y la primera parte no la recordamos. Porque Hebreos 12:14 dice: "Procurar la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá a Dios." Esa parte la recordamos muy bien. ¿Y por qué la otra no la recordamos? Porque "la santidad sin la cual nadie verá a Dios" como que tiene que ver con nosotros solamente; entendemos nosotros y tratamos de luchar ahí con nuestros esfuerzos, nuestras obras, de limpiarnos, y entonces bueno, estoy tratando.

Pero cuando se me habla de la paz para con todos que buscar... Oye, bien, como que dice "buscar la paz." Es como "procurar la paz," y "bienaventurados son los que procuran la paz," dice la bienaventuranza. Y eso tiene que ver con otros; como que mejor me olvido de eso, mejor me acuerdo de la segunda parte y sueno más espiritual: "Sin la santidad..." Recuerda, hermano, que sin la santidad nadie verá a Dios. Y el hermano que me está huyendo, que quizás está abajo... En la primera parte dice, y la primera parte: ¿Y tú qué? ¿Estás reconciliado con tu hermano? Porque eso es parte de esa santidad.

¿Cuál es nuestra responsabilidad? Entonces escuche, porque yo lo he estado diciendo, pero se lo he estado diciendo yo. Vamos a ver lo que la Palabra dice de cuál es nuestra responsabilidad. La Palabra me va a unir ahora lo que Cristo hizo con el camino que me toca hacer, y lo va a hacer de una forma que usted la conoce. Pero yo quiero, en este contexto, que la revisemos; lo va a hacer de una manera hermosa, como la Palabra, solamente la Palabra, lo puede hacer.

Segunda de Corintios 5:18: "Y todo esto —todo esto que ya está doblando— procede de Dios." No hay duda de eso. "¿Quién nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo?" Ok, eso es lo que a Dios le tocaba hacer. "Todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo." Hasta ahí estamos bien. Y aquí viene el resto; tiene que ver conmigo: "Y nos dio el ministerio de la reconciliación." Es a mí mi ministerio ahora, el de la reconciliación. Es a mí mi responsabilidad, lo que yo tengo que hacer como ministro.

"A saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones." Hasta ahí es lo que a Dios también le tocaba hacer, esa otra parte. Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones. "Y nos ha encomendado" —aquí viene nuestra responsabilidad ahora— "la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, enviados, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: Reconciliaos con Dios."

Ahí está. Dios hizo su parte y nos reconcilió. Te lo he bien bajado ahora: Dios Padre eligió a su Hijo como embajador, y su Hijo nos elige a nosotros como sus embajadores. Y entonces dice: "Cuando yo envié a mi Hijo y él predicó, yo rogaba por medio de mi Hijo: 'Reconciliaos con Dios.' Cuando él ascendió, yo envié al Espíritu y el Espíritu moró dentro de los demás hijos. Ahora yo ruego al mundo por medio de vosotros: 'Reconciliaos con Dios.'"

Somos embajadores de Cristo. ¿Qué es un embajador? Es un enviado a negociar, a establecer amistades, negociaciones, relaciones, lazos entre dos grupos, si pudiéramos decir. Y Cristo dice ahora: "¿Y sabes qué? Te he dado la palabra de la reconciliación, y con la palabra de la reconciliación y el Espíritu que mora en mí, tienes ahora el ministerio de la reconciliación." Que es lo que el texto dice.

Mira cómo lo dice. Entonces eso fue Pablo escribiendo a los corintios, pero cuando él escribía a los romanos, mira lo congruente que es lo que la bienaventuranza dice, lo que Pablo dice a los corintios y lo que Pablo dice a los romanos: "¿Y cómo predicarán si no son enviados?" Ok, tenemos que ser enviados. Tal como está escrito: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!" La palabra de la reconciliación. Coincidencialmente tenemos unos pies pintados ahí de una actividad de ayer. "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!"

El evangelio del bien en Romanos... Tú recuerda cómo se llama ese mismo evangelio en Efesios 6, en el contexto de la guerra espiritual y la armadura de Dios. Vamos a llamarlo el evangelio de la paz. Ve cómo las Escrituras son congruentes. Pablo le dice a los corintios: "Vosotros tenéis el ministerio de la reconciliación." Le dice a los romanos: "¿Cómo van a escuchar? ¿Cómo van a predicar si no son enviados?" Cuando son enviados y van, hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien. Y Pablo le dice ahora a los efesios: "¿Sabes qué? ¿Cómo tú haces la guerra espiritual contra el reino de las tinieblas? Este evangelio es el evangelio de la paz."

Bienaventurados los que procuran la paz. El significado primario de esta bienaventuranza —no el único, y los estudiosos están de acuerdo con esto— el significado primario de esta bienaventuranza es que bendecidos son aquellos que procuran vía el evangelio de la paz seguir reconciliando al hombre con su Dios, establecer la paz de otros que están irreconciliados. Primera bendición: "Os rogamos por medio de Cristo: Reconciliaos con Dios."

Cuando lo hacemos, y lo hacemos para su gloria, y lo hacemos a su manera, y lo hacemos por medio de su Palabra, Dios promete una bendición para aquellos hijos. Pero noten que todo comienza con esto: es que todo esto procede de Dios. O sea, Dios es el que provee de sus fuentes de riqueza, de gracia, todo el recurso para que esto pueda ser hecho.

Ahora nota en el texto de Segunda de Corintios que yo leí, ¿cómo Dios lo hizo? Porque no fue solamente que Dios lo hizo enviando a su Hijo; es verdad. Pero cuando Dios envió a su Hijo, él tuvo que enviar a su Hijo con una condición, si pudiéramos decir, para poder lograr esa paz. Oye, cómo lo dice el texto de Segunda de Corintios 5:18 en adelante que yo leí: "No tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones." No contando cada transgresión que el hombre hizo, no amontonando su culpa, no haciendo una lista de cuándo el hombre me hizo esto y cuándo el hombre me hizo aquello, sino olvidando sus transgresiones y ofreciendo su sangre a pesar de sus transgresiones.

Y en ese contexto entonces es como diciéndonos: "Entiende bien lo que yo hice para que sepas qué debes hacer. Cuando vayas a proclamar el evangelio de la paz, no le tomes en cuenta al hombre sus transgresiones." ¿Cuántas veces yo he pecado, cuántas veces tú has pecado por tomarle en cuenta al hombre su transgresión? ¿Cuántas veces yo no he lucido como el hijo de Dios por haber tomado en cuenta a los hombres sus transgresiones? Que son de menor cuantía que las que cometemos contra Dios. De hecho, no solamente peco al hacerlo de esa manera; peco por robarle a Dios un lugar, o querer un lugar que a mí no me corresponde.

El único árbitro en el universo que tiene la autoridad para cantar —permítanme usar un argot popular y de pelota— para cantar las bolas, strike o bolas, es Dios. El único árbitro que tiene la autoridad para ponchar un pelotero es Dios. Y nosotros vivimos ponchando gente a la derecha y a diestra y siniestra. "¡Se ponchó!" Y le vivimos cantando out a todo el mundo: "¡Ah, pa' fuera!" Y Dios dice: "¿Quién te ha dado el derecho? Yo soy el único árbitro en el universo entero que tiene ese derecho."

Yo lo quise proveer. Veré Proverbios 13:10, porque nos dice por qué somos tan malos árbitros. Nosotros, bueno, ni árbitros somos, pero queremos hacerlo. Dice que el orgullo solamente produce contiendas, pleitos, guerras, conflictos, sino ánimos, dependiendo de la traducción que usted esté usando. ¿Cuál es el problema con mi orgullo? Que el orgullo no se queda callado. ¿Perdonarnos? No, ese es el problema.

Pero Cristo nos enseñó, conociendo esto. Dice: "¿Sabes qué? Cuando te hieran en una mejilla, quédate callado, pon la otra." Pero ¿por qué? Para que muestres que eres hijo de Dios. Cuando a mí me abofetearon, ¿qué yo hice? Cuando a mí me clavaron, ¿qué yo hice? Cuando me escupieron, ¿qué yo hice? Así como mi Padre me envió a ellos, os envío como ovejas entre lobos, y así os dejan de tratar. Ustedes son mis embajadores, dice Cristo, mis embajadores de reconciliación.

El puritano Cotton Mather en una ocasión recibió una serie de cartas acusatorias, falsas acusaciones. Él al cabo no las puso una arriba de otra; hizo un rollo, le puso un cordón, le puso un letrerito que decía: "Padre, perdónalos." Y lo puso en un estante de su librero. Yo tengo que recordar eso. Eso es mi ejemplo en el evangelio.

"Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden." Y más abajo: "Si no perdonáis a los hombres vuestros pecados, yo no os perdonaré tampoco." Es como que Dios dijera: "¿Cuál parte de ese perdona tú no entiendes?" Porque está tan claro, y la paz depende... La paz conmigo depende de ese perdón, y la paz con otros depende de ese perdón.

El significado primario es obviamente la reconciliación del hombre con Dios. Este es el evangelio de la paz; bienaventurados los que lo predican. Qué hermosos son los pies que vienen. Pero luego Dios dice: "Pero me interesa también la paz entre ustedes, por el testimonio que le dejan al mundo."

Cierro la primera pregunta. La segunda pregunta: ¿En qué consiste esa paz? Porque el concepto de paz no es —por lo menos el sentido bíblico— simplemente ausencia de guerras. Eso es una de las implicaciones. En el hebreo la palabra es shalom, pero este es un concepto que aparece en no menos de 400 veces en la Biblia. En el hebreo shalom, en el griego es eirene, y esa palabra eirene aparece en 26 de los 27 libros del Nuevo Testamento, de manera que esto está prácticamente en cada página de la Biblia.

Y la razón por la que el mundo no tiene paz es porque Adán rompió su paz con Dios. Dios los sembró aquí, por así decirlo, lo puso aquí en medio de una paz. Y cuando Adán rompió la paz con Dios, al poco tiempo Caín rompió la paz con su hermano Abel y lo mató.

Pero lo que vino es la rotura de esa paz primera que Dios estableció en el jardín de Edén, y desde entonces no ha habido paz sobre la tierra. Alguien calculó que en los últimos 3,500 a 4,000 años solamente hemos tenido menos de 300 años de paz. Creo que fue Douglas MacArthur quien escribió en una ocasión que la paz que el mundo ha tenido es el tiempo que las naciones han tomado para recargar sus cañones para la próxima guerra. De manera que la paz del mundo no es una verdadera paz.

Oye lo que dice la Palabra de Dios en Tito: ¿Cómo nosotros éramos antes? Aborrecibles, o sea que nosotros teníamos en nosotros, éramos de tal grado, de tal forma que podíamos ser aborrecidos, éramos aborrecibles. Pero luego dice: y odiándose unos a otros. Romanos 3, tratando de mantener la congruencia de la Palabra, el versículo 17 dice: "Y la senda de paz no han conocido." El texto de Romanos 3 que dice que nadie busca a Dios, no hay justo ni siquiera uno, es toda una sección que va desde el versículo 10 hasta el 17. El 10 comienza hablando de que no hay justo ni siquiera uno, nadie busca a Dios; el 17 termina diciendo: "Y la senda de paz no han conocido." La senda de paz es Cristo. El puente de paz entre Dios y el hombre no lo han conocido, y cuando lo conocen, no lo ponen en práctica hacia los demás.

Usted conoce la palabra shalom. La palabra shalom en el hebreo no es simplemente ausencia de conflicto. Cuando un judío se despedía, o todavía hoy en día saluda o despide a otros judíos, es "shalom." Él no le está simplemente deseando que no tenga guerras, no le está simplemente diciendo que no tenga conflictos; le está deseando todo el bienestar y la bendición que Dios pueda hacer llover sobre su vida. De manera que la palabra shalom, paz en el hebreo, implica mucho más que una ausencia de conflictos; implica todo el bienestar que Dios puede traer a tu vida como resultado de que tú estás en paz con Él. Eso es el concepto de shalom.

Pablo menciona en sus salutaciones, en sus cartas, en diez cartas del Nuevo Testamento al saludar, Pablo habla de paz de Dios para dejar claro de dónde viene, de dónde viene esta paz. Entonces, Cristo estableció esa paz y ahora el Señor nos dice: vayan y procuren la paz entre Dios y el hombre por medio del evangelio de la paz, y entre los hombres también buscar la paz con todos, como leíamos. En eso consiste la paz: en vivir en un estado de reconciliación con Dios, pero un estado tal que me permita recibir el bienestar, la bienaventuranza, las bendiciones, las lluvias de bendiciones de nuestro Dios. Eso es shalom, así Dios quiere que vivamos.

La próxima pregunta, entonces la número tres que debemos responder es: ¿quién es la fuente de paz? Yo creo que es obvio por todo lo que he venido diciendo. ¿Quién es la fuente de paz? No soy yo, no eres tú, no son los gobernantes, no son las Naciones Unidas, no es Washington. Alguien decía que Washington, la ciudad de Washington, Washington D.C. como le llaman, está llena de monumentos a la paz, construidos todos después de terminar una guerra. Y así ha vivido el hombre.

Bueno, ¿quién es la fuente de paz? Estamos hablando de la fuente de la verdadera paz, porque las Naciones Unidas han conseguido paz en ocasiones aquí y allá, pero eso es como el mundo la da. Él no está hablando, Dios no está hablando de esa paz. La paz que no es la paz de Dios más bien es una paz que aquí llamaría tregua, hasta el próximo conflicto. Hay una tregua hasta que volvamos a pelear de nuevo.

Y Cristo dejó claro no solamente quién era la fuente de paz, pero cuando dejó claro quién era la fuente de paz, dejó claro también que hay una diferencia entre la paz de Dios y la paz del mundo. Escucha a Cristo hablando, Juan 14:27: "La paz os dejo, mi paz os doy. No os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo." La paz que el mundo da depende de la circunstancia, depende de que el viento esté soplando a mi favor. Hasta que el viento esté soplando a mi favor, yo estoy en paz; cuando el viento toma la dirección contraria, yo pierdo mi paz. La paz que Cristo da no depende de la dirección del viento, depende de mi relación con Dios, de tal manera que yo estoy en paz cuando mi relación con Dios está bien. Entonces tengo shalom, un estado de bienestar.

De hecho, eso es lo que Pablo le dice a los Filipenses cuando les escribe en 4:6-7. Les dice: "Por nada estéis afanosos." En otras palabras, por nada perdáis la paz, eso es lo que les está diciendo. En otras palabras, no perdáis la paz por nada; antes bien, con acción de gracias presentad vuestras súplicas a Dios, y la paz que sobrepasa todo entendimiento os acompañará. Pero él me está diciendo: no estés afanoso por las circunstancias, porque esa paz que se va con la circunstancia es la paz como el mundo la da. "Mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da." Mi paz depende, mi shalom depende del estado de bienestar que yo puedo darte en tu relación conmigo. Cristo te digo, ¿cuál es la fuente de paz? "Mi paz os dejo."

El Nuevo Testamento llama a Dios, o perdón, llama a Dios la paz verdadera, paz de Dios, en diez veces. Como yo les mencioné en otra ocasión, es una paz que perdura, es una paz como la que Cristo disfrutó, es una paz que aún en la cruz tú puedes tener en medio de la angustia; tu relación con Dios se mantiene. Quizás el único momento donde Cristo pudo como hombre haber perdido esa paz es cuando Él grita: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" en su gran angustia, porque Dios es la fuente de esa paz.

De hecho, si hay algo que el pueblo de Israel no supo hacer, fue saber celebrar cuando verdaderamente debían celebrar porque estaban en paz con Dios, y llorar cuando debían llorar porque no tenían paz con Dios. Y Dios trae esa acusación a ellos precisamente. Oye lo que le dice Dios a través del profeta: "Y estará mi mano contra los profetas que ven visiones falsas y hablan adivinaciones mentirosas. No estarán en el consejo de mi pueblo, no serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni entrarán en la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy el Señor Dios."

¿Por qué? ¿Por qué Dios está hablando en contra de estos profetas falsos? ¿Por qué Él está diciendo no van a entrar en mi tierra, en la tierra de Israel? ¿Por qué no los voy a inscribir en mi libro? Escucha: porque sí, porque han engañado a mi pueblo diciendo paz cuando no hay paz. Porque le han dicho a mi pueblo: "Shalom, shalom, bienaventurados, benditos, las bendiciones de Dios están con vosotros," cuando no estaba mi bendición con ellos. Porque cuando debieron haber llorado estaban celebrando "shalom, shalom." Cuando yo les envié a mi Hijo, que debieron haber celebrado, entonces querían seguir ayunando y vinieron y cuestionaron a mi Hijo de por qué sus discípulos no ayunaban. Y Él les dijo: "Cuando el novio está con la novia, no tiene sentido que ellos sigan ayunando. Es tiempo de celebrar, no es tiempo de acongojarnos y de golpear el cuerpo," como Pablo hablaba. "Es tiempo de celebrar." Entonces el pueblo celebró cuando debía haber llorado, lloró cuando debía haber celebrado, y Dios le dice a los profetas: "Tengo algo en contra de ustedes por decirle a mi pueblo shalom, shalom, cuando no hay shalom."

Adán rompió la paz con Dios, y cuando la plenitud del tiempo llegó, Dios envió a Emmanuel, Dios con nosotros. Es algo que nosotros vimos esa palabra Emmanuel. Hasta una película obscena se hizo con el nombre Emmanuel. Se nos hace tan común el nombre Emmanuel, pero tú sabes lo que implica tener a Dios con nosotros, en carne y hueso, que tú lo puedas ver, que le pudieron tocar, que pudieron abrazarlo, que pudieron escuchar los sermones predicados. ¿Tú te imaginas lo que es tener la Palabra de Dios predicada verbalmente, audible, por Dios? Emmanuel, Dios con nosotros. Y Emmanuel es la fuente de la verdadera paz. Sin Él no hay paz.

Y finalmente, la cuarta y última pregunta: ¿por qué son llamados bienaventurados esos que procuran la paz? Y llamados entonces hijos de Dios. Hay un par de palabras diferentes en el idioma original para hablar de hijos, pero esta es huios, que enfatiza el carácter, la conducta. De manera que Dios dice: cuando procuras la paz como yo lo hice, estás exhibiendo una conducta y un carácter similar, parecido —no igual, nunca— pero parecido al mío, que procuré la paz.

En el hebreo hay pocos adjetivos, y por tanto el hebreo usa nombres para aplicarlos como adjetivos. Por ejemplo, Bernabé, en vez de ser llamado no sé qué cosa, le llamaron hijo de consolación. Se hace un nombre del adjetivo y se llama así. De manera que ahora Dios nos está llamando hijos de Dios. Si tú le dices a alguien "tú eres un hijo de perro," lo que estás enfatizando es que su carácter es similar a la de un perro. Tú no estás hablando de su progenitor. Cuando tú le dices a alguien en hebreo, por ejemplo, "hijo de perro," tú no estás hablando de sus padres; sus padres están intocados. Están hablando de ti, de tu carácter, de tu conducta, de cómo luces. Pues Dios dice: aquellos que procuran la paz exhiben un carácter y una conducta que me refleja; serán llamados hijos de Dios.

Nosotros ya somos hijos de Dios, hemos sido regenerados. Pero Dios no está hablando tanto de mi regeneración ahora, porque ya eso pasó. Me está diciendo ahora: ya tú eres regenerado, ahora que eres mi hijo, yo quiero que tú sepas que cuando actúas procurando la paz, me place llamarte hijo de Dios en este contexto, porque reflejas mi carácter y tu conducta habla de mí. A esos que Cristo se está refiriendo, porque me está representando apropiadamente.

El concepto de paz predomina en toda la Biblia. La Biblia abre en el jardín de Edén en completa paz, y comienza la guerra. Y toda la Biblia por ahí es guerra, guerra, guerra, guerra, guerra, guerra, hasta ya las últimas dos páginas prácticamente, y cierra en paz otra vez.

Cuando Cristo vino, recuerda qué pasó cuando él fue puesto en un pesebre, que los ángeles aparecieron. ¿Se acuerdan cuáles fueron sus palabras? Paz a los hombres en quien Dios se complace. Esa es su entrada. Horas antes de salir, en el aposento alto: "Mi paz os dejo, mi paz os doy." Cristo entra a este mundo con una proclamación de paz, Cristo sale de este mundo con una proclamación de paz.

Y él fue a la cruz, él oró por la paz en el aposento alto para que ellos sean uno. Eso es una oración por la paz, porque cuando somos dos, ya se rompió la paz. Él no solamente oró por la paz, como dice Thomas Watson, él murió por la paz, él sangró por la paz. No solamente oró por la paz, él sangró por la paz, él pagó por la paz.

Y la manera entonces como tú y yo pasemos es primero vertical con Dios, luego interior y luego exterior. Tiene que fluir hacia arriba para que fluya en mi interior, y luego de mi interior pueda fluir hacia los demás. Y entonces yo puedo tener shalom, el estado de bienestar: paz con Dios, paz consigo mismo, paz con los demás.

Cuando los caminos del hombre —estoy con el Eclesiastés, yo les he citado tantas veces— placen a Dios, él hará que aún sus enemigos estén en paz con él. Dios se encarga, cuando mis caminos le placen, de que mis enemigos estén en paz contigo. Y tus hermanos no son tus enemigos, tu esposa no es tu enemiga, tu esposo no es tu enemigo, tus hijos no son tus enemigos, y la suegra que esté en paz contigo. Procura estar en shalom con Dios. No solo en el momento de la reconciliación con su Hijo, sino honrando la reconciliación en la manera en que tú y yo vivimos y caminamos. Y todo eso por el Emanuel, Dios con nosotros.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.