Integridad y Sabiduria
Sermones

El amor genuino, la marca distintiva del cristiano

Miguel Núñez 14 febrero, 2021

El amor genuino no es un sentimiento ni una emoción pasajera: es la marca distintiva que identifica a un verdadero cristiano. Si alguien preguntara cuál es la señal inequívoca de que una persona ha nacido de nuevo, la respuesta bíblica no sería la santidad en abstracto ni la vida piadosa en general, sino el amor. El apóstol Juan lo expresa con claridad contundente: es imposible ser cristiano y no amar al hermano. No difícil, imposible. Quien dice ser cristiano pero no ama vive una contradicción.

Primera de Pedro presenta este mandato a creyentes bajo persecución: ya que han sido limpiados de sus pecados al obedecer la verdad del evangelio, ahora deben amarse unos a otros entrañablemente, de corazón puro. La capacidad de amar no surge del esfuerzo humano sino del nuevo nacimiento. El amor es de Dios, y solo quien ha nacido de Él puede amar como Él manda. El pecado nos hace egocéntricos, y personas centradas en sí mismas no pueden darse incondicionalmente ni recibir amor correctamente.

El amor que Dios demanda se define según su carácter, no según nuestros sentimientos. Es paciente bajo presión, bondadoso por inclinación natural, libre de envidia y arrogancia. No busca lo suyo, no se irrita fácilmente, no guarda registro del mal recibido. El pastor Núñez ilustra este amor sacrificial con la historia de un cirujano cuyo paciente quedó con el rostro desfigurado tras una operación. El esposo de ella, al verla, torció sus propios labios para acomodarlos a los de su esposa y la besó, mostrándole que su amor seguía funcionando. De manera similar, Cristo torció su vida y su cuerpo en la cruz para alcanzarnos en nuestra condición torcida por el pecado, demostrando que el sacrificio redentor funciona para todo aquel que cree.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Señor, grande eres. Acabamos de cantar que tú eres mi Redentor y Salvador, tú eres la persona que ha permitido que tengamos vida, y vida en abundancia, y vida eterna. Y lo hiciste en un momento cuando nosotros no buscábamos de ti. De hecho, tu Palabra habla de que éramos enemigos de Dios. De manera que si se ve ahí alguien que ha demostrado el amor que ha expresado en su Palabra, eres tú, Dios.

Nosotros te damos gracias porque, debido a tu amor, porque nos salvaste, hoy nosotros podemos amarte a ti, disfrutar de tus bendiciones, amar al hermano, y aun cuando fallamos, ver que contamos como hijos con un amor disciplinario o una disciplina amorosa. Gracias por amarnos en todo tiempo. Ayúdanos a recordar cómo es que tu amor nos debe transformar y cómo es que tu amor debe, como decía Pablo, producir en nosotros algo que él expresó como que el amor de Cristo me constriñe, me apremia, me obliga o me controla. Señor, yo quiero pedirte en el nombre de tu Hijo Jesús que tu amor nos controle en nuestras vidas, verticalmente y horizontalmente. En Cristo Jesús te lo pedimos. Si su pueblo dice amén, amén.

Bendiciones, hermanos. Buenas tardes ya a esta hora. Es bueno ver sus rostros, y sobre todo en un día como hoy donde el mundo celebra el famoso, conocido día de San Valentín, o día del amor, o día de la amistad. Mencionaba en el servicio anterior que me sorprendí al encontrar que es un día más celebrado, más reconocido de lo que yo pensaba. No es solamente Norteamérica, Centroamérica, Suramérica, el Caribe, Europa, pero países como China y la India, que reconoció el día, bueno, entre ellos por lo menos a partir del año 1992, Irán, Israel. Aunque algunas de esas naciones la celebración se da en días distintos, pero aun así, de alguna manera el mundo ha reconocido que hay un día en el año como para reconocer una virtud con la cual el mundo no vive, a pesar de que la celebra.

En el día de ayer nosotros le hablamos a un grupo de parejas de aquí de la iglesia. Le hablamos de un tema similar. Habíamos titulado esa charla "Liberados para amar", entendiendo que para nosotros poder amar como Dios menciona en su Palabra, hay una sola forma de poder hacer eso, y es naciendo de nuevo. Dicho de otra forma, hay una imposibilidad, de acuerdo a lo que Dios revela, en la persona que no ha nacido de nuevo de amar como Él nos manda a amar.

En esta mañana, de manera providencial, literalmente hablando, Dios orquestó que el tema que nos tocaba cubrir tiene que ver precisamente con la encomienda de amarnos unos a otros. De forma que aquellos de ustedes que estuvieron presentes en el día de ayer, yo voy a tratar de no ser repetitivo, pero hay algunas cosas que les van a sonar familiar, y es porque no puedo exponer este texto sin hacer mención de ellas.

El mensaje de hoy lo he titulado un tanto diferente. Lo he titulado "El amor genuino como la marca distintiva del cristiano". Yo me hacía la pregunta más tempranamente: si alguien nos hubiese preguntado a nosotros qué es lo que distingue al cristiano por encima de cualquier otro, cuál es esa marca que pudiéramos decir, si está presente en él o en ella, de manera categórica pudiéramos decir es un cristiano. Yo dudo mucho que hubiésemos escogido el amor como esa marca. Yo no creo que yo lo hubiera hecho, y eso no dice que usted no lo hubiera hecho, pero usualmente no pensamos en esos términos. Yo creo que yo hubiera pensado más como en la santidad o en la vida piadosa o algo similar.

Y a manera de ilustración, yo decía que algunas personas tienen alguna marca de nacimiento, que a veces es un lunar, a veces alguna otra mancha en la piel, alguna cicatriz fruto de alguna cirugía previa, que se queda de tal forma que en ocasiones cuando alguien ha muerto en un accidente y no se tiene claro quién es, alguien ha podido decir: "Bueno, busca esa marca en tal sitio, que si está presente, ese es él o esa es ella". Lo mismo se ha hecho a veces en fotografías de personas que se estaban buscando por algún delito, algún crimen, y se han hecho menciones de ese tipo.

De esa misma forma, entonces, pudiéramos decir que en el cristiano, si hubiera algo que escudriñar, si hubiera algo que buscar en su vida, en su trayecto, de acuerdo a lo que la Palabra revela, la marca que deberíamos estar buscando es el amor. De hecho, es un énfasis hecho a lo largo de toda la Biblia con palabras distintas, palabras diferentes. De acuerdo al apóstol Juan, esta virtud es tan típica, tan característica, que él habla de que es imposible ser cristiano —no difícil, dice Juan— es imposible ser cristiano y no amar a tu hermano. Si eres las dos cosas, como que yo soy cristiano pero no amo a mi hermano, es una contradicción.

Lamentablemente nosotros, los que vivimos en Occidente, hemos crecido acostumbrados a pensar en el amor como un sentimiento. Pero si tú revisas la Palabra de manera detallada, el amor es más bien un estilo de vida, una decisión. Comienza con una decisión, se convierte en un estilo de vida, y luego pudiéramos hablar de algún tipo de sentimiento humano. Pero esa no es la manera como nosotros pensamos. Y es que la definición que Dios nos da del amor, la definición que aparecería en el diccionario de Dios, por así decirlo, es muy distinta a la definición que aparecería en cualquiera de los diccionarios humanos.

Mira cómo el apóstol Juan, en sus años noventas, probablemente ya envejecido, con la experiencia, la teología, la aplicación de lo aprendido, cómo él entiende que se da la relación Dios, yo, el amor, el otro. Escucha, 1 Juan 4:7: "El amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios". Tú ves claramente cómo Juan lo entiende: si tú amas, eso implica, si tú amas verdaderamente como la Biblia manda a amar, eso implica que tú has nacido de Dios, porque hay una sola forma como tú puedes amar, y es que Dios te lo ha dado, porque el amor es de Dios. Y eso dice la Palabra, que en esto sabemos que somos sus hijos. ¿Y qué cosa? En que amamos a Dios. Pero si amamos a Dios es porque Él nos amó primero.

Lamentablemente estamos tan acostumbrados a pensar en el amor en términos de un sentimiento, porque nosotros definimos el amor en términos de lo que yo soy, de lo que yo siento, de cómo tú me haces sentir. Pero cuando Dios define el amor, Él define el amor conforme a su carácter, a lo que Él es. Esa es la razón por la que cuando alguien está tratando de ayudarme a crecer en la dirección de la imagen de Cristo, yo muchas veces no interpreto eso como amor. Interpreto eso más como quizás algún tipo de disciplina, o quizás como alguna forma que ese otro tiene, no muy bondadosa, no muy amorosa, de empujarme en una dirección. Y veo al otro que sí está tratando de hacerme sentir bien como alguien que sí me ama.

Esa es como la introducción a lo que Pedro tiene que decirnos hoy. Quería mencionar eso porque yo creo que nos va a permitir entender mejor lo que Pedro se estaba refiriendo, y luego entender mejor lo que la Palabra define como amor.

Escucha ahora el texto de hoy. Primera carta de Pedro, capítulo 1, el texto va del 22 al 25, pero yo voy a leer dos versículos primeramente, solamente, 22 y 23: "Puesto que en obediencia a la verdad ustedes han purificado sus almas para un amor sincero de hermanos, ámense unos a otros entrañablemente de corazón puro, pues ustedes han nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece".

Ahí en esos dos versículos hay dos conceptos que yo necesito entender, y hay un tercero que no está ahí pero que tenemos que traerlo para poder entender mejor lo que esos dos versículos nos quieren decir. Los dos conceptos que están en esos dos versículos son los siguientes: número uno, la necesidad de amar, ¿por qué?; número dos, ¿qué es lo que me capacita para amar al otro? Y el tercer concepto que yo necesito entender, y donde vamos a emplear un buen tiempo, es qué es el amor. Porque si yo no entiendo lo que es el amor, y obviamente vamos a tener que ir a otro pasaje para verlo, pero si yo no entiendo lo que es el amor, yo no sé qué es lo que Pedro me está diciendo cuando me dice, cuando me expresa, cuando escribe, que ame profundamente, entrañablemente, de forma genuina. Yo no entiendo eso. No sé exactamente lo que quiere decir. Cada uno de nosotros pudiera estar pensando en conceptos o ideas distintas.

Recuerden que esta carta fue dirigida a hermanos que estaban bajo persecución, en tribulación. De alguna forma, Pedro entendió que hermanos en esa condición necesitaban de algunas cosas, y esta una de ellas. Necesitaban de algunas cosas para poder permanecer fieles en la carrera hasta el final. Y eso es lo que él trata de hacer al final de este capítulo. De hecho, él les da siete imperativos de cosas o disposición de espíritu que ellos necesitan para mantenerse en la carrera siendo fieles a Dios.

Yo te voy a resumir brevemente, a manera como de puntos, seis de los siete que ya cubrimos, para volver a leer el número siete que está en el texto de hoy. El primero que Pedro les dice que ellos necesitan para poder pelear la buena batalla es: preparen su entendimiento para la acción, versículo 13, primera parte. Número dos: sean sobrios en espíritu, versículo 13, segunda parte. Número tres: pongan su esperanza completamente en la gracia que les traerá la revelación de Jesucristo, versículo 13. Noten cómo estos versículos están todos en imperativos. Número cuatro: no se conformen a los deseos que antes tenían en su ignorancia, versículo 14. Número cinco: sean ustedes santos en toda su manera de vivir, versículo 15. Seis: condúzcanse con temor durante el tiempo de su peregrinación, versículo 17.

Ahí hay seis, ya los cubrimos. El número siete, que está hoy, es otro imperativo.

La forma es, de hecho, un participio perfecto en el lenguaje original, lo que implica que esto es algo que tenemos que continuar haciendo. Esto es lo que dice: "Ámense unos a otros entrañablemente de corazón puro". El versículo 22 no me deja una opción: ámense. Permíteme leer el versículo de la Nueva Traducción Viviente. Yo creo que te puede dar un poquito de color a lo que se está diciendo. Escucha cómo lo dice: "Al obedecer la verdad, ustedes quedaron limpios de sus pecados". Al obedecer la verdad quedaron limpios de sus pecados. Por eso ahora, ahora que quedaron limpios, tienen que amarse, tienen que amarse unos a otros como hermanos, con amor sincero. Ámense profundamente de todo corazón.

Nota la frase: "por eso ahora". Ahora, ¿cuándo? Ahora que han sido limpios de corazón. ¿Cuándo ocurrió eso? Cuando nací de nuevo. Al obedecer la verdad, al obedecer el Evangelio. De hecho, esta frase "obedecer la verdad" o "vivir en la verdad" en diferentes pasajes del Nuevo Testamento es equivalente a vivir en el Evangelio, haber abrazado el Evangelio, obedecer el Evangelio. Le van a dar sentido a lo que Pedro está diciendo: como ustedes ya obedecieron el Evangelio y creyeron, por eso ahora que han nacido de nuevo —lo vamos a ver reforzado un poco más adelante— ahora tienen que amarse los unos a los otros con amor sincero.

Tiene sentido que Pedro les haga esta observación, porque ellos están en tribulación, están en dificultad, están en debilidad. En ese sentido, imagínate ahora que, encima de toda esa tribulación, además ellos están divididos. Una de las cosas que a mí me preocupa mucho, creo, es que dados los tiempos difíciles que estamos viviendo, veo en las redes muchas veces a cristianos mordiéndose unos a otros. Pablo les dice, cuando escribe a los gálatas, que cómo es que nos mordemos unos a otros, nos vamos a terminar destruyendo los unos a los otros. Pedro dice en la NTV, Nueva Traducción Viviente: "Ámense profundamente de todo corazón". Es la única manera de sobrevivir. Nota que Pedro no le da ese mandato como una opción, sino como una obligación.

De nuevo el versículo 22, por la Nueva Biblia de las Américas que ya leí: "Al obedecer la verdad, ustedes quedaron limpios de sus pecados. Por eso ahora tienen que amarse unos a otros como hermanos, con amor sincero". Ellos abrazaron el Evangelio, creyeron el Evangelio, nacieron de nuevo. Y por tanto, la implicación del versículo es que cuando tú naces de nuevo, cuando tú eres una nueva criatura, se supone que tú amas al hermano. Y se supone, de acuerdo a lo que Juan revela en su primera carta, que si no has nacido de nuevo, no puedes amar al hermano. Y que si digo que amo al hermano, y que también que no amo al hermano, y que no amándole soy cristiano, Juan dice: no, eso no es posible, eso no será. Te voy a leer un poco más adelante prontamente lo que Juan dice.

La razón por la que yo tengo que nacer de nuevo es porque el amor es de Dios. Y cuando yo nazco de nuevo, el Espíritu de Dios viene a morar en mí, y Él es quien produce el amor en nosotros. Gálatas 5:22-23: el fruto del Espíritu es amor, gozo... Es el fruto del Espíritu. De manera que eso es coincidente o coincide, congruente con lo que Pablo dice, con lo que Pedro dice, ambos apóstoles.

Lamentablemente, yo también he intentado entender algo que hablábamos ayer. El pecado en nosotros, primero antes de venir a Cristo, nos impide amar y nos impide ser amados correctamente. Pero aún después de venir a Cristo, el pecado remanente en nosotros impide que podamos amar de manera entrañable, sincera, genuina. Porque el pecado nos hace egocéntricos, y personas egocéntricas no pueden darse incondicionalmente; esa es una realidad. Y de la misma forma también, el egocentrismo nuestro no nos permite ser amados por otro en retorno, porque muchas veces la manera como mi esposa me ama en retorno o no es apreciada por mí, o no la veo, o no creo que es suficiente, o la malinterpreté y pensé que había hecho una acción simplemente porque yo he hecho una previa. Y tú puedes ver, entonces, que todas estas formas pecaminosas de pensar, de actuar, de reaccionar, no solamente no me permiten amar al otro incondicionalmente, pero no me permiten ser amado de regreso.

Pero la Palabra me dice que el comienzo de eso es un nuevo nacimiento. Y por eso le decíamos al grupo de parejas ayer que yo iba a decir algo de manera sobria, pero podía sonar jocoso o contradictorio, pero no lo es. Y es que, en cuanto al amor se refiere, tú y yo necesitamos nacer de nuevo, coma, de nuevo. Necesitan nacer de nuevo, de nuevo. En otras palabras, yo necesito, aún después de ya haber nacido de nuevo, adquirir un nuevo conocimiento, una nueva dimensión de las verdades relacionadas al amor de Dios, al amor de Dios por mí, a mi amor por Dios y a mi amor por el otro.

Entonces déjame leerte un par de versículos de la primera carta del apóstol Juan que nos complementan, nos traen luz sobre el pasaje de hoy. Primera de Juan 3, versículo 10: "En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo". ¡Wow! Es como que, bueno, te advierto para que lo notes: Juan me va a decir algo después, dos puntos, que establece la diferencia entre los hijos de Dios y los hijos del diablo. O sea que, cuando tú estés leyendo eso, si lo lees otra vez, como que eso merecía una pausa de "sí, pero, esto que viene es importante". Entonces aquí está la diferencia: "Todo aquel que no practica la justicia no es de Dios". Eso es entendible. Punto y coma. "Tampoco aquel que no ama a su hermano". O sea, para Juan, si tú no amas a tu hermano, no eres hijo de Dios.

Versículo 11: "Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros". El "porque" establece la razón por la que está diciendo lo que está diciendo. ¿De cuál principio? Del principio de la Biblia. En el Pentateuco, en el libro de Levítico, está el mensaje de amarnos unos a otros. Y en la carta de Juan, una carta corta de cinco capítulos, aparece varias veces no solamente la necesidad de amarnos, sino la idea de que si no he nacido de nuevo, no amo; no puedo decir que he nacido de nuevo y no amar al mismo tiempo.

Mira cómo Juan, otra vez, todavía en el capítulo 3, pero dos versículos más abajo ahora, el versículo 14, mira cómo él lo dice: "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida", o sea, que nacimos de nuevo. ¿Cómo, Juan? ¿Cómo es que sabemos que nacimos de nuevo? Porque ahí está la explicación: "Amamos a los hermanos". Me voy a leerlo entero otra vez: "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte". ¿En cuál muerte? En la muerte espiritual, del que no ha nacido de nuevo.

Dwight Moody, fundador del Instituto Moody, lo decía de esta manera: tú puedes ser un buen médico sin amar a tus pacientes; tú puedes ser un buen abogado sin amar a tus clientes; tú puedes ser un buen geólogo sin amar la ciencia. Lo que tú no puedes ser es un buen cristiano y no amar. Pedro dice: no, no, no, no te equivoques. Tú ni siquiera puedes ser cristiano —no un buen cristiano, no— cristiano, punto, sin amar. Por eso que el texto de hoy dice: "Ustedes tienen que amarse unos a otros como hermanos, con amor sincero". Pero dice ¿por qué? Porque ya fueron limpios de sus pecados. Ya fueron libertados, las amarras fueron soltadas. Y fueron perdonados y salvados por amor. Por tanto, tú debes entender en qué consiste el amor. Ve y practica lo mismo de manera horizontal que ya lo has recibido de manera vertical.

Entonces yo necesito ahora entender cómo es que la Biblia define el amor. Hemos dicho siempre que la Biblia interpreta la Biblia. Entonces no puedo ir a un diccionario a buscar qué es lo que significa el amor, aunque a veces es bueno hacer eso; yo lo hago con cierta frecuencia. Pero si queremos saber exactamente qué es lo que la Biblia dice, la Biblia interpreta la Biblia. Entonces, como la Biblia interpreta la Biblia, yo necesito entender lo que es el amor para saber qué es lo que Pedro significa cuando escribe que yo debo amar de corazón puro de acuerdo a la Nueva Biblia de las Américas, NBLA; con amor sincero, NBLA; de forma entrañable en la NBLA; o con amor sincero en la NTV, Nueva Traducción Viviente; profundamente en la NTV; de todo corazón en la NTV.

Entonces lo que yo necesito saber ahora es qué es lo que la Palabra define como amor, para interpretar las dos verdades que yo le mencioné que están en este texto: una, la necesidad de amar; y la otra verdad que dijimos que estaba en este texto es que, para tú amar, tú tienes que nacer de nuevo. Ya que han nacido de nuevo, tienen que amarse los unos a los otros.

Dios define el amor, como dijimos, conforme a su carácter. Cuando una persona exige lo que quiere, cuando quiere, como lo quiere, eso no es amor. Yo creo que es fácil de ver. El amor no demanda. "Tanto amó Dios al mundo" que demandó que se sometieran a Él. No. Dios te pide que te sometas a Él, pero Cristo redefinió la obediencia relacionada al amor: "Si me amas, obedece mis mandamientos". Cristo no dice: "Si me temes, si me temes mi disciplina, si me temes mi consecuencia, si me temes la manera como yo juzgo, te he de cuidar, porque yo soy...". No. Él dice: "Si tú me amas...". La conexión entre el sometimiento y lo que está hablando Pedro ahora, la conexión es el amor. Si tú me amas, tú obedeces mis mandamientos.

"Tanto amó Dios al mundo que dio...". El amor, el amor del que la Palabra habla, el amor ágape incondicional. Pedro menciona dos palabras distintas en un par de versículos. Una es el amor filial, fileo. De ahí viene el nombre Filadelfia, la ciudad de Filadelfia. Eso es lo que el nombre de la ciudad significa: el amor fraternal. Y luego la otra palabra es ágape, o amor incondicional. Las dos están ahí en el texto de Pedro. De manera que cuando un hermano verdaderamente ama al otro, él no le hace demandas.

Las demandas hablan más de mi egocentrismo que del otro. Pero nosotros intentamos sentirnos seguros y hacemos estas demandas como una forma de decir: "Ven y asegúrame, ven y asegúrame en mis inseguridades." Yo creo que eso se ve más claramente en el ámbito del matrimonio, pero no exclusivamente. El amor da, y ese amor que da es un amor que evita quitarle al otro. Puede evitar quitarle su gozo, su libertad. Evita quitarle algo de su caminar cristiano. Evita herir al otro, perjudicar al otro, aprovecharse del otro, dañar al otro.

Entonces, yo necesito entender mejor lo que es el amor a los ojos de la Palabra de Dios, para saber dónde yo estoy. Yo creo que todos sabemos que el pasaje clásico que me define lo que es el amor se encuentra en la carta de Pablo a los Corintios, capítulo 13. Pablo tenía una congregación, o había sido pastor, había sido el apóstol, una autoridad espiritual en la iglesia de Corinto, una iglesia altamente pecaminosa, egocéntrica, inmadura. Y en un momento dado, ellos habían sido bendecidos con dones espirituales extraordinarios, múltiples, y los estaban usando no conforme a la regla del amor.

Entonces Pablo comienza a hablarles acerca de estos dones en el capítulo 12 de la primera carta a los Corintios, y luego él como que dice: "Un momento, pero déjenme, antes de seguir hablando acerca de estos dones, déjame explicarles cómo es que estos dones deben funcionar, qué es como la regla que los debe regular," va a hablar la redundancia, "que los debe normar." Y entonces toma una porción significativa del capítulo 13 para definir el amor, y luego él continúa al 14, donde él reanuda su descripción del uso de los dones. Tú puedes ver que aun a la hora de usar los dones, la norma para regularlos era todavía el amor.

Y cuando él comienza en este capítulo 13, él comienza diciendo, mira, lo voy a poner en lenguaje cotidiano, en lenguaje de hoy: tú puedes ser pastor, puedes ser un gran orador, pero si tú no tienes amor, tu predicación no sirve para nada. Tú puedes tener todos los dones espirituales, hablar todas las lenguas angelicales; si tú no tienes amor, eres un címbalo que resuena. De manera que la ausencia de amor es como que le quita importancia a todo lo que yo hago.

Y lo primero que Pablo dice en el versículo 4 del capítulo 13 en esa carta es que el amor es paciente. La palabra es makrothumeo; thumeo hemos hablado de eso en otras ocasiones. Implica permanecer bajo presión o bajo calor por mucho tiempo. En otras palabras, en lenguaje de hoy pudiéramos decir que la manera como yo demuestro que estoy siendo paciente con mi esposa es que en las situaciones difíciles que nos toque vivir, ya sea en nuestra relación, en la vida, en tiempo de tribulación, en una enfermedad, bajo ese calor de la presión, yo permanezco paciente, yo permanezco sin irritarme, yo permanezco fiel a ella. Eso es como la paciencia se demuestra. Las iras, nuestras impaciencias, hablan más del amor que tenemos hacia nosotros mismos, literalmente hablando.

Si le digo a alguien: "Mira, si tú haces lo que yo quiero, como yo quiero, cuando yo lo quiero, entonces yo seré paciente contigo," en serio, eso no es paciencia, eso es conveniencia. Lo siento, lo increíble es que los ateos pueden hacer eso también. La Palabra dice que la paciencia va a implicar que yo voy a esperar ver a Dios obrar, voy a esperar por el poder de Dios obrando en el otro para cambiar, y que yo voy a esperar considerando la actitud que yo debo tener en la espera, porque yo puedo esperar con una mala actitud, yo puedo esperar con una buena actitud. La palabra paciencia implica que tú estás esperando con una buena actitud. Y nadie ha sido más paciente que nuestro Dios esperando por nosotros, a veces por la conversión. De hecho, Pedro nos dice que Dios ha retenido su regreso, no porque no piensa hacer justicia, por así decirlo, sino porque no deseando que nadie perezca, eso es amor, sino que todos vengan al conocimiento de la salvación, Él ha hecho más lento, vamos a decir otra palabra, que ha sido paciente en la espera.

Pablo luego agrega, y es que no solamente el amor es paciente, el amor es bondadoso. Entonces, ¿qué es la bondad? Bueno, la bondad es como esa inclinación natural que Dios tiene a hacer el bien al otro. La bondad es esa cualidad que Dios tiene, que algunos tienen parcialmente, de estar siempre procurando llenar una necesidad en el otro a beneficio del otro. A veces hacemos eso hasta para beneficio nuestro, porque llenamos la necesidad para que nos la llenen a nosotros. Esto es para que el otro sea beneficiado. La persona bondadosa inicia muchas veces la acción antes de que se le pida. Antes de que el otro acuda a mí pidiendo ayuda, la persona bondadosa, como es una inclinación natural, tiende frecuentemente a iniciar la acción de la ayuda voluntariamente. Aun el diccionario de la Real Academia, un diccionario secular, define la bondad de esa manera: inclinación natural a hacer el bien. Lamentablemente, nuestra inclinación natural frecuentemente es autoprotegerme, autocuidarme, cuidar mi tiempo, mi espacio, mi tiempo de diversión, que nadie me lo estropee, por así decirlo.

Pablo luego pasa a decir que el amor no tiene envidia. El amor no tiene envidia, no es celoso, dependiendo de la traducción que usted tenga. En el hebreo no está tan clara la diferenciación entre uno y el otro. La palabra es qana, que significa como estar rojo, intensamente rojo. Entonces lo que Pablo está diciendo es: mira, el amor no tiene envidia. De otra forma, cuando estás en una relación con tu esposa, con tus hijos, con hermanos de la iglesia, y ese hermano de iglesia tiene algo que tú no tienes, es promovido, su sueldo lo subieron, el tuyo no, ya sea que trabaje contigo o no trabaje contigo, tú no tienes envidia de eso que él tiene y tú no tienes. A ti no te molesta, no hay razón para eso. El amor no es celoso porque no se siente amenazado por la persona a quien ama, porque quizás él o ella me quite algo a mí, o ya sea que me quite respeto, me quite posición, me quite beneficios, me quite comodidad. Pero la envidia, que por ahí comenzamos, es como una expresión de ingratitud, porque si algo tiene el otro y yo lo estoy envidiando, yo no tengo gratitud, complacencia con lo que Dios me ha dado. Pablo dice no, el amor no se comporta de esa manera.

El amor no es jactancioso, no es arrogante. Cuando la mayoría de nuestras conversaciones comienzan conmigo, ya sea con el pronombre "yo" o simplemente aludiendo a mi situación, a lo que me hiciste, cómo me heriste, cómo me ofendiste, cómo yo fui afectado, y no estoy considerando, no estoy tratando de entender cómo el otro fue afectado, cómo fue herido, cómo el otro fue también afectado, sería la palabra, pues de nuevo estoy mostrando un cierto grado de orgullo y de egocentrismo, porque es cómo yo estoy viendo mis relaciones y viendo la vida. Pablo dice no, el amor no es jactancioso.

El esposo jactancioso, decía esta mañana que iba a usar al esposo simplemente para incriminar a mi género y no al género femenino, el esposo jactancioso siempre tiene una opinión independientemente de lo que la esposa esté hablando. Él siempre quiere tener la última palabra. Él siempre sabe qué hacer, aunque él no sepa de lo que está hablando. Como decíamos esta mañana, la diferencia entre la persona sabia y la persona necia: el sabio siempre tiene algo que decir, pero el necio siempre tiene que decir algo. Pablo dice no, la persona que ama no es así, no tiene jactancia, no está centrada en él, está centrada en el otro. Filipenses 2: "Considera al otro como superior a ti mismo. Tened la misma actitud que hubo en Cristo Jesús." La jactancia celebra los propios logros, no los del otro.

La jactancia considera, imagínate que tú llegas a tu casa, algo que veía recientemente, llegas a tu casa, tu esposa tuvo un mal día, tú un día excelente. Ella comienza a contarte de su mal día. La jactancia dice: "No, pero déjame contarte del mío, el mío sí fue diferente, muchacha, totalmente distinto al tuyo." No, el amor dice: "Wow, no me digas," y se calla su buen día por sensibilidad al otro, por considerar al otro.

Pablo dice que el amor, si tú quieres entender lo que es el amor, el amor no se comporta indecorosamente, ni en público ni en privado. El amor, el verdadero amor que está centrado en el otro, no usa palabras hirientes, no es cruel, no es grosero, no es áspero, no le habla mal al otro. No pierde los estribos, trata de no ofender al otro, no usa palabras indebidas para no menospreciar al otro, no, porque no se comporta indecorosamente. Es decoroso, ni en público ni en privado. Cuando maldecimos, cuando usamos malas palabras, si la palabra es obscena, si la palabra es hiriente, o abrimos la boca de forma grosera, no estamos actuando conforme a la regla del amor. Yo creo que todas estas formas hablan más de mí que de cómo el otro se está comportando, de cómo yo soy, de lo que yo soy cuando somos groseros con el otro.

"Mano, eso es un problema de temperamento, que yo soy colérico, yo sé que tengo un problema. Yo además, sabes que yo tengo una cosa y es que yo soy muy celoso con las cosas del Señor." ¿En serio? Dejemos esa pincelada de cristianismo y revistamos el lenguaje de piedad y no tratemos de justificar.

El amor no busca lo suyo. Y es que claro, porque es Dios quien ha inspirado esto. Claro que no va a buscar lo suyo, si el amor está centrado en el otro y no en yo, en mí mismo. Porque el amor no tiene que ver conmigo, tiene que ver con el otro. Tanto amó Dios al mundo, al otro, que dio a su Hijo para salvar al otro. No tenía nada que ver con Dios. Cristo no tenía nada que buscar acá abajo que tuviera que ver con Él; tenía que ver con el otro. Él lo tenía todo. El amor piensa en el otro, le sirve al otro; por tanto, el amor es sacrificial, el amor es sacrificial. Busca siempre oportunidad de servir.

"Pastor, ¿y qué uno hace? Porque a veces, mira, yo he tratado de hacer eso con mi pareja, pero él o ella no aprecia lo que hago."

Y entonces, ¿qué hago? Bueno, ¿tú piensas que verdaderamente tú y yo hemos apreciado completamente todo lo que Dios ha hecho por nosotros? ¿Tú piensas verdaderamente? Claro que no. Entonces, ¿cómo Dios ha reaccionado? Cuando yo no he apreciado todo lo que Él ha hecho por mí, ha reaccionado con paciencia, con bondad, en espera. Bueno, entonces, ¿qué hago cuando mi cónyuge no aprecia lo que yo hago? Tú esperas como Dios, ese Dios que ha estado esperando por ti, contigo. Porque Cristo nos dice que nosotros, literalmente salido de su labio, amémonos unos a otros como yo os he amado. Tú quieres saber qué es lo que significa amarse unos a otros cuando yo lo dije, tú mira cómo yo te he amado y así es que yo quiero que lo hagas.

El amor no se irrita, dice Pablo. Bueno, pero eso tiene que ver con paciencia. Eso tiene que ver con comportarse decorosamente. Sí, pero como que Pablo está pensando: sí, pero esta gente necesita que se les diga más de una vez, de más de una forma, porque si no, no se la llevan. No se irrita. La facilidad con la que nosotros nos irritamos con alguien habla de mi falta de amor. La facilidad con que un médico se irrita con su paciente habla de su falta de amor. La facilidad con la que un adulto se irrita con los niños habla de su falta de amor. La enorme paciencia que la gente tiene con perros, gatos y otros tipos de animales habla de que ellos aman a los animales. Entonces, ahora, por eso Pablo está diciendo: la irritación fácil manifiesta nuestra falta de paciencia, y el amor es paciente, por tanto la falta de amor.

Tú puedes ver que Pablo está definiendo el amor no en términos de un sentimiento; está definiendo el amor en términos de una decisión que yo hago. De hecho, todas esas palabras en el lenguaje original, en el griego del Nuevo Testamento, son verbos. En términos de una decisión que yo hago, de un estilo de vida, de una forma como yo he decidido vivir.

El amor no toma en cuenta el mal recibido, dice Pablo. Oye lo que él estaba diciendo. Pablo no dijo el amor no se hiere. Claro, yo puedo herirme. Cristo fue herido hasta el punto de llorar. Se entristeció por Jerusalén. El amor que Pablo está hablando cuando dice que el amor no toma en cuenta el mal recibido, no está diciendo que no se acuerda de lo que hicieron ayer o hace un año. Claro que nos vamos a acordar, a menos que hayamos caído con falta de memoria, claro que nos vamos a acordar. Pero cuando dice que no tome en cuenta el mal recibido, es en este sentido como Pablo lo usa con 2 Corintios, capítulo 5, versículo 19, y dice que Dios estaba en Cristo no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones. Entonces, cuando no les tomó en cuenta sus transgresiones, ¿qué hizo? Les envió a su Hijo. Si les hubiera tomado en cuenta sus transgresiones, no les envió a nadie, ni un ángel. Pero les envió a su Hijo, porque lo que hizo fue como que, sabiendo lo que estaba ahí, lo pasó por alto e hizo conforme a su carácter. Su amor, su benevolencia, le movió a querer salvarlos.

Entonces, cuando me pide que no tome en cuenta el mal recibido, es que no esté mirando hacia atrás, que mire hacia adelante, que no me vuelva histérico en revisar lo que pasó en el pasado. Tú estás en el presente, te mueves hacia adelante. A eso es que se está refiriendo. Tú reconoces lo que pasó, tú perdonas lo que pasó, y tú esperas por lo que puede pasar en el futuro.

El amor no se regocija de la injusticia, dice Pablo, cuando va cerrando su definición. Por tanto, el amor ama estar en la verdad. El amor ama vivir en la verdad. Evita, como ama la verdad y vivir en verdad, evita todo mal, toda injusticia contra el otro. El amor se regocija en la verdad, no usa la verdad para lastimar al otro. Hay una forma de tú expresar la verdad en amor. De hecho, hay una forma de amar que requiere, demanda, el uso de la verdad. Entonces, la verdad yo no la uso para herir al otro, para enrostrarle algo al otro. La verdad es expresada bondadosamente. Tú amas a través de la verdad, y tú expresas la verdad a través del amor.

El verdadero amor implica que tú dices la verdad, aun cuando duela, pero sabe cómo decir la verdad. El verdadero amor no va, como yo oí otra vez también, y dice: "No, pero yo lo que dije fue la verdad. Si se ofendió, el problema de él, yo le dije la verdad." No, verdadero amor dice: "Yo tuve que decirle la verdad. Yo sé que le dolió y no me fue fácil, pero yo oré con él, o con ella, y pedí a Dios que me diera gracia." Básicamente eso es.

Oye lo que dice Proverbios 27:6: "Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo." Tú estás viendo lo que el autor de Proverbios te está diciendo: que hay un amigo verdadero que te ama verdaderamente y que a veces te hiere, pero es una herida fiel. Y luego hay un enemigo que te llena de besos, que te hace sentir bien, pero no es tu amigo. Nosotros usualmente valoramos el amor conforme a cómo nos sentimos.

Decía una frase que leí recientemente de Tim Keller, que el verdadero amigo te hiere para luego sanarte. Tiene la intencionalidad, no de herirte, de sanarte. Pero para sanarte tiene que decir algo que puede ser que te hiera, igual que el cirujano que te corta, pero para sanarte. Y visto así, entonces alguien pudiera decir: "¿No es así? ¿No es que si tu intención no es mi sanación, no quiero tus heridas, no las necesito?" Ahora, si tu intención es mi sanación, amigo, ven y hiéreme.

Amar implica decir la verdad sin destruir al otro, sin destruir su carácter, sin destruir su caminar, sin destruir su testimonio, sin destruir su fe, sin destruir sus emociones. Alguien decía que amar verdaderamente es dar al otro el poder de destruirte y confiar que no lo va a hacer. Piensa en eso por un momento. Si el amor verdadero, incondicional, se da al otro de tal manera que el otro conoce tanto de ti que pudiera destruirte, pero tú has confiado en el amor, en el amar al otro tanto, has confiado tanto en el otro que tú piensas: "Pero él o ella no lo va a hacer." Eso implica, entonces, que has amado incondicionalmente. Eso implica también que tú has confiado pensando que no te va a destruir, pero para tú hacer eso, tú tienes que estar espiritualmente crecido y emocionalmente maduro. De lo contrario, jamás tú vas a tomar esos riesgos. De manera que tú necesitas ambas cosas.

El amor todo lo sufre, el amor todo lo cree. Cuando habla de todo lo sufre tiene que haber paciencia. Todo lo cree, no es que voy a creer cada mentira que la persona amada me dice, claro que no. Pero yo no voy a tener un amor desconfiado, yo no voy a estar hurgando continuamente detrás de la palabra, de lo que me dijiste, de las intencionalidades. Yo estoy confiando que dentro de lo que es el entendimiento del amor, que tú también tienes buenas intenciones al hablarme, al decirme, y por el momento estoy creyendo. No, como decimos aquí, no le busco la quinta pata al gato.

El amor todo lo espera, todo lo soporta. Espera el poder de Dios obrando en el otro. Espera por promesas que quizás el otro hizo, que mañana mismo todavía no ha podido cumplir, pero estoy esperando porque quizás más adelante él o ella podrá hacerlo. Tengo la paciencia para esperar.

Visto así, tú puedes entender mejor las implicaciones de lo que Cristo dijo cuando le preguntaron cuál era el más grande de todos los mandamientos. Él dijo: "Bueno, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza." Y el segundo, pero no le preguntaron del segundo, preguntaron cuál es el mayor, y Él dice: "No, pero yo te quiero dar la implicación del primero para que puedas ver la necesidad de hacer el segundo." Y el segundo semejante a este: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Implicación explicada por Juan claramente: no puedes hacer el segundo sin el primero.

De hecho, Pablo le dice a los gálatas que Dios nos llamó a libertad, y luego les explica a los gálatas, les dice que toda la Biblia, por así decirlo, se puede resumir en una sola palabra: les dice que ames a tu hermano. Y el primero, ¿dónde lo dejaste, amar a Dios? No es que no puedes amar a tu hermano si no amas a Dios primero. De manera que Pablo resumió todavía más.

Entonces, el amar a Dios con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza, todo tu corazón, y el amar al otro es lo que ha sido llamado por los académicos, o interpretado mejor dicho, como la ley de Cristo. Cuando Pablo les dice a los gálatas también en 6:2, y a los corintios en el capítulo 9 en su primera carta, y habla de la ley de Cristo, ¿qué es la ley de Cristo? Lo que los académicos entienden es que la ley de Cristo es la interpretación y resumen que Cristo hizo de toda la Biblia. Cuando Él dice que en el amar a Dios, en el amar al prójimo, ahí se resume toda la ley y los profetas. Esta es la ley de Cristo. Tú haces eso y después tú haces lo que tú quieras. Tú amas a Dios y tú amas al hermano y luego lo que tú quieras.

Bueno, pero yo no puedo hacer eso si yo no muero a mí mismo. No. La Palabra me llama a morir a mí mismo. Y pudiéramos preguntarle a cada uno de nosotros qué significa morir a uno mismo y pudiéramos dar diferentes respuestas. Déjame darte esta interpretación de alguien que escribió esto de forma anónima para que podamos entender qué implica morir a ti mismo.

Cuando a ti se te pasa por alto, o se te deja a un lado, o se te considera un don nadie, y eso te duele y te molesta porque es un insulto o descuido, pero tu corazón está contento sintiéndose digno de sufrir por Cristo, eso es morir a ti mismo. Cuando lo que haces bien otro lo critica, ¿ya te ha pasado eso, verdad? No, no te ha pasado. A algunos de nosotros. Cuando lo que haces bien, no lo que haces mal, lo que haces bien otro te critica. Cuando tus deseos son pasados por alto y tu recomendación no cuenta y tus opiniones no son tomadas en cuenta, y tú rehúsas la ira de tu corazón y rehúsas defenderte y lo tomas de una forma callada y paciente, eso es morir a ti mismo. ¿Cómo Cristo lo hizo? De una forma callada y paciente.

¿Cómo oveja que es llevada al matadero? Cuando tú amorosamente y pacientemente soportas cualquier irregularidad o molestia, y cuando puedes enfrentarte cara a cara con la extravagancia, los excesos, la insensibilidad espiritual y lo soportas como Cristo lo soportó, eso es morir a ti mismo. Cuando estás contento con cualquier comida, cualquier ofrenda, cualquier clima, cualquier sociedad, con cualquier actitud, con cualquier interrupción por la voluntad de Dios, eso es morir a ti mismo. Cuando nunca estás interesado en referirte a ti mismo en cualquier conversación, o guardar un récord de tus propias buenas obras, ni te inflas después que se te halague, o cuando tú amas permanecer como un desconocido, eso es morir a ti mismo.

Yo no puedo, sin morir a mí mismo, llevar a cabo la ley de Cristo: amar a Dios y amar al prójimo. Es imposible. Y para eso tengo que nacer de nuevo. Lo que quiero es que yo termine entendiendo que la mayoría de nuestros problemas que generamos es mi falta de amor hacia el otro, que frecuentemente lo genera. "No, pastor, que mi esposa tal y tal cosa..." Pero es su falta de amor hacia el otro lo que lo genera. O sea, que va en ambas direcciones.

Pedro llamó a los hermanos que están bajo persecución a amarse unos a otros, porque de lo contrario ya no van a poder sobrevivir. En la división no está el beneplácito, la complacencia de Dios. Pero Pedro les dice: "Por tanto, tienen que amarse unos a otros." Y luego, en el versículo 23 que leímos, les dice por qué: pues ya que, debido a que ya han nacido de nuevo, es la razón. Como ya han nacido de nuevo, pues esto es como natural, esto es lo que toca, esto es lo que sigue, esto es lo que se supone que siga, que ocurra, que se vea como demostración de que han nacido de nuevo.

Entonces luego les explica cómo fue que nacieron de nuevo: no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible. ¿Cuál es esa simiente incorruptible? Es decir, y cito a Pedro: "Mediante la palabra de Dios que vive y permanece." La simiente es una semilla. De acuerdo a la parábola del sembrador, al final la semilla representa la palabra. Aquí también: naciste de nuevo mediante una semilla, una semilla incorruptible que es la palabra de Dios que vive y permanece.

Lo que Pedro está haciendo ahora es ayudarlos a ver la temporalidad de la vida, que lo vamos a ver un poco mejor ahora en los próximos versículos, versus la permanencia, la eternidad de la próxima vida, de la vida que ahora tengo, de la vida nueva que he recibido, que la recibí por medio de la palabra. La palabra que es viva, la palabra que es eterna, esa palabra me ha dado vida nueva y vida eterna. Con relación a esa, con relación a los nuevos criterios, a la nueva naturaleza de esa nueva vida, es que yo tengo que ahora amar.

Y escucha cómo Pedro termina cerrando esta porción del capítulo uno, haciendo la comparación entre lo temporal y lo eterno: "Toda carne es como la hierba, y toda su gloria como la flor de la hierba. Secase la hierba, caece la flor." Ahí está la temporalidad. Ayer lo hace y la flor se cae. Pero aquí viene la eternidad: "La palabra del Señor permanece para siempre." Esa es la palabra que a ustedes les fue predicada. Esta es la palabra que a ustedes les fue predicada, la verdad que fue expresada, la verdad que ustedes abrazaron, la verdad que ustedes decidieron, que le permitieron hacerles de nuevo, que les permitió amarse unos a otros.

Entonces, dicho de otra manera, mi nuevo nacimiento me permite amar incondicionalmente. Cuando no lo hacemos, hay grados de rebelión en nosotros y de naturaleza caída en nosotros que lo están impidiendo, pero no es incapacidad. En la palabra es importante diferenciar entre incapacidad y una indisposición. Cuando la palabra dice: "Nadie puede venir a mí," dice Cristo, eso es una incapacidad. La mente del hombre pecador no se somete a Dios y ni siquiera puede. Eso me dice que es una incapacidad. El nuevo nacimiento me quitó esa excusa. No tienes una incapacidad, lo que tienes es una indisposición que yo necesito conquistar.

Entonces, ¿cómo es que Dios mostró eso? Bueno, en su Hijo, en la cruz. Y en la cruz Él derramó sangre, y eso lo hizo. Dio su vida para darnos a nosotros vida. Totalmente centrado en el otro, total, completamente bondadoso, totalmente paciente. Escuchó cosas inapropiadas en cualquier momento, pero delante de Dios sobre todo, y las soportó, y creyó que ellos podían cambiar, y los vio cambiar.

Déjame cerrar con esta historia. Es una historia real. Mencionaba que Richard Selzer fue un cirujano retirado. Practicó la medicina hasta el año 2016, y lo hizo en la ciudad de New Haven, Connecticut. Él escribió varios libros; de hecho, recibió un premio por esos libros escritos. Y en esos libros él habla de sus pacientes, de casos en particular, y cosas que él aprendió y cómo él creció. Uno de esos libros se llama "Mortal Lessons", lecciones mortales, pero lecciones aprendidas.

Déjame resumirte parte de la historia. Él operó a una mujer joven casada. Tenía un tumor en la cara, y al operar tuvo obligatoriamente que seccionar una parte del nervio facial, y ella quedó con una parálisis. Entonces, ahora él está en la habitación, de este lado de la cama. La esposa está del otro lado de la cama. Ahí, como una pequeña penumbra, no hay mucha luz. Él fue a visitarla después de la cirugía, contestaba preguntas y demás. La boca quedó un poco torcida, como fruto del nervio que tuvo que ser cortado, a pesar de que él siguió meticulosamente las líneas, los músculos, el trayecto del nervio. El esposo joven está ya al lado, del otro lado, y él incluso está como preguntándose quién es esta persona, en un sentido quizás existencial. No es simplemente si es el esposo o es la esposa.

Y la paciente le pregunta al médico que si su boca se va a quedar así, torcida, de manera permanente. Y él le dice: "Lamentablemente sí, porque el nervio fue seccionado." Él cuenta que la paciente como que sonríe, y yo no me imagino que fue una sonrisa de gozo, sino ese tipo de sonrisa que es como de resignación. Y el esposo, que está del otro lado, inmediatamente interrumpe y dice: "A mí me gusta. I like it. And looks kind of cute," y luce como bonito.

Y de repente el cirujano dice que él puede ver cómo el esposo baja la cabeza. Y no es como tan íntimo el momento entre ellos, o que él está un poquito intimidado. Él baja la cabeza, baja la mirada, pero él puede ver cómo de repente el esposo dobla sus labios, tuerce sus labios para acomodarlos a los labios de ella, y la besa, para mostrarle que su beso todavía funcionaba.

Cuando Cristo vino, Él no torció sus labios, Él torció su vida. Y cuando fue a la cruz, Él torció su cuerpo para ayudarnos a nosotros a entender que, a pesar de lo torcidos que estamos, de lo pecaminosos que éramos, de lo no meritorios de gracia que éramos, Él estaba dispuesto a torcer su vida, a torcer su cuerpo, a derramar sangre para perdonar mis pecados y mostrar que el sacrificio de la cruz todavía funcionaba para la redención del plan de Dios.

Y Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no contando a los hombres sus transgresiones, y nos ha dado a nosotros el ministerio de la reconciliación, de manera que nosotros ahora podamos decir a los hombres: "Reconciliaos con Dios," que Dios pueda decir a los hombres por medio de nosotros: "Reconciliaos con Dios." Ese ministerio de la reconciliación lo tenemos nosotros, pero no lo podemos llevar a cabo de ninguna manera si nosotros no aprendemos a amar primero: a amar a Dios y a amar al prójimo, en ese mismo orden.

De manera que el mundo pueda saber que literalmente Dios envió al Hijo, el Hijo me salvó, y ahora yo le represento, y que mi marca distintiva es el amor incondicional que viene de Dios, que hoy yo reflejo para la salvación de aquellos que Dios está persiguiendo a través de mí, a quien Él salvó primero, pero que ha continuado buscando de toda forma posible, de manera que su esclavitud al pecado pueda ser vencida, y él también, ella también, puedan ser liberados y puedan aprender a amar a Dios y a los hombres.

Padre, ¡gracias! Gracias por recordarnos lo que has hecho en Cristo Jesús. Gracias por dejarnos ver que el amor verdadero no es lo que yo siento, no es lo que yo pienso, no es lo que yo defino, no es lo que yo ni siquiera quiero. Es lo que tú eres: Dios es amor.

Padre, nosotros te pedimos perdón por no saber amar ni a ti ni a los hermanos. Te pedimos perdón por decidir selectivamente "aquí amamos y aquí no," por decidir selectivamente cómo amamos a uno y cómo amamos al otro, por decidir selectivamente "voy a amar después que me amen," por decidir selectivamente que si no me hablan conforme a mis lenguajes de amor, no hay otro lenguaje que yo pueda interpretar como amoroso. Perdónanos por ver el mundo, amarte a ti, amar al otro conforme a lo que yo entiendo, a lo que yo creo, no conforme a lo que tú has revelado, a lo que tú has mostrado, a cómo tú lo has hecho para con nosotros.

Gracias por salir detrás de mí en tu amor y no parar hasta que me encontraste y me salvaste. En Cristo Jesús, amén.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.