Si Cristo no resucitó, el cristianismo entero se derrumba. Esta es la tensión que atraviesa 1 Corintios 15: pensar que no hay resurrección de muertos conduce a conclusiones tan absurdas que resultan insostenibles. El domingo de resurrección es el día cumbre del calendario cristiano, no la Navidad, porque fue la resurrección lo que selló las promesas de Dios y confirmó que el Padre aceptó el sacrificio de su Hijo. Así como el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo y el pueblo celebraba cuando salía vivo porque Dios había aceptado la ofrenda, Cristo entró a la muerte y salió vivo, garantizando nuestra justificación.
Pablo argumenta con una lógica demoledora: si Cristo no resucitó, la predicación cristiana es vacía, los apóstoles son mentirosos, los creyentes permanecen en sus pecados, los que murieron en la fe están condenados, y quienes siguen a Cristo son los más dignos de lástima. Pero estas conclusiones chocan con la realidad. ¿Cómo explicar que Pablo pasara de perseguidor fanático a perseguido, dispuesto a morir por el mensaje que antes combatía? ¿Cómo explicar que más de quinientos testigos vieran al Cristo resucitado? ¿Cómo explicar que los mártires murieran cantando en lugar de retractarse?
La experiencia de conversión, esa sensación de que la culpa es levantada y la libertad es real, no puede ser una ilusión colectiva. Si Cristo no resucitó, ¿quién cambió tantas vidas? La respuesta es clara: Cristo ha resucitado, y su resurrección es la garantía de que también nosotros resucitaremos, libres de pecado y de toda limitación.
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Como dije al principio, para aquellos que llegaron tarde y que quizás no están enterados: hoy Cristo resucitó. ¡Amén! ¡Cristo resucitó! ¡Cristo resucitó! Gracias, Señor. Gracias, Señor. He estado pidiendo al Señor que me dé un entusiasmo acorde con esa realidad. Nosotros no celebramos las cosas con la intensidad que Dios las celebra, no lloramos el pecado con la intensidad que Dios lo llora, y qué bueno sería que nuestras emociones pudieran estar acordes a las emociones de Dios, que el pecado nos pese tanto como le pesa a Él, y que un evento como la resurrección de su Hijo lo disfrutemos y lo celebremos tanto como Él lo disfruta.
Hoy es el día cumbre del calendario cristiano. Algunos piensan que es Navidad, pero no es Navidad, por dos razones. Primero, porque Jesús no nació en Navidad; lo celebramos ahí, pero no fue ahí que nació. Claramente la historia indica que Él nació entre abril y mayo aproximadamente. Pero la segunda razón es que el nacimiento de Jesús, aunque fue necesario para que eventualmente Él se sacrificara por nosotros, lo que verdaderamente sella nuestras promesas, lo que sella a Cristo como lo que Él dijo que era, fue su muerte y su resurrección. El día cumbre fue para eso que Él nació; ese fue el objetivo de su nacimiento y de su venida a este mundo.
Y por esa razón, este domingo que celebramos —que sabemos históricamente que sí fue el día en el que Jesús resucitó, no es una fecha creada por los cristianos, es la fecha en la que históricamente se sabe que Cristo resucitó— es el día cumbre para nosotros. Pablo dice en Romanos 6 que Él fue resucitado para nuestra justificación. Es decir, somos justos delante de Dios; en otras palabras, somos salvos si hemos puesto nuestra fe en el sacrificio redentor de Jesucristo. Y sabemos que somos salvos porque Él resucitó. Si Cristo se hubiese quedado en la tumba, eso nos hubiera informado que la muerte lo venció, porque la paga del pecado es muerte, y si Cristo se hubiese quedado en la muerte, indicaba entonces que Él tenía pecados por los cuales pagar y, por lo tanto, no se pudo levantar.
Pero el hecho de que Él se levantó indica que no tenía pecado en sí mismo que pagar, sino que su muerte fue expiatoria, fue sustitutiva por cada uno de nosotros. Su resurrección es el sello de que Dios Padre aceptó el sacrificio en nuestro favor. Miren cómo lo ilustraba el Antiguo Testamento en esta realidad. El sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo una vez al año. Una vez al año este individuo tomaba un cordero perfecto, sin mancha, libre de todo tipo de impedimento físico, lo sacrificaba y llevaba la sangre al Lugar Santísimo, que representaba la misma presencia de Dios. Ahí él ofrecía la sangre y la esparcía en lo que era el propiciatorio, donde Dios simbólicamente habitaba en forma de una nube. ¿Qué pasaba? Cuando este individuo salía del Lugar Santísimo vivo, el pueblo aplaudía, porque Dios aceptó el sacrificio. Si él no salía, Dios no había aceptado su sacrificio.
Y el hecho de que Cristo fue a la muerte y salió vivo representa que Dios aceptó el sacrificio, y que por lo tanto tú y yo tenemos justificación delante de Dios basada única y exclusivamente —no hay nada que nosotros hagamos— sino en todo lo que Dios hizo en nuestro favor. De ahí entonces que la fe me salva, porque es la fe en el sacrificio redentor de mi Señor.
Primera de Corintios 15 es el capítulo más largo sobre la resurrección, no solamente de Jesús, sino que nos habla también de la resurrección de los creyentes. Y en base a ese capítulo es que vamos a tener nuestro mensaje el día de hoy, comenzando desde el versículo 12 hasta el versículo 20; esa será la porción que vamos a analizar. Si se fijan, es un capítulo largo, tiene 58 versículos. En los primeros 11, Pablo presenta la resurrección de Cristo; luego, en los versículos 12 al 19, presenta por qué Cristo tiene que haber resucitado; y luego, en lo que sigue, habla de la resurrección de los creyentes. Pero nos vamos a concentrar desde el versículo 12 hasta el versículo 20.
Lo que Pablo hace aquí es demostrar la resurrección usando una forma de argumentar que se llama reducción al absurdo. Es decir, Pablo toma diversos argumentos para demostrar que Cristo tiene que haber resucitado, porque pensar lo contrario terminaría en conclusiones absurdas. Es ridículo pensarlo, por los varios argumentos que Pablo va a entregar dentro de unos minutos. En la iglesia de Corinto, como muchos de ustedes saben, había muchos problemas de diferentes tipos: había problemas doctrinales, había problemas de práctica cristiana. De hecho, toda la carta a los corintios —Primera y Segunda de Corintios— fue escrita precisamente abordando diferentes problemas que estaban ocurriendo en la iglesia.
Nosotros sabemos que los corintios le escribieron a Pablo con una serie de preguntas: "Pablo, ¿qué hacemos con relación a esto?, ¿qué hacemos con relación a esto otro?". Y ustedes se van a dar cuenta, si leen las cartas a los corintios, que Pablo en diferentes ocasiones comienza el capítulo diciendo "en cuanto a tal cosa", "en cuanto a...". ¿Por qué? Porque está respondiendo preguntas que ellos le habían hecho previamente. Pero además de esas preguntas que Pablo responde, Pablo se toma también la libertad de corregir cosas que él había oído que se estaban dando entre ellos. Y había un concepto errado de la resurrección que Pablo quiere refutar y quiere contradecir. Eso es precisamente lo que está en el versículo 12 de Primera de Corintios 15.
Miren lo que Pablo dice al comenzar su argumentación: "Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?". Se fijan que es una especie de corrección que les está haciendo: ¿cómo es que, si el evangelio fundamental que nosotros hemos estado predicando es que hay resurrección de muertos, algunos de vosotros piensan, dicen o enseñan que no hay resurrección de muertos? La iglesia de Corinto estaba dentro del mundo grecorromano, un mundo pagano, muy idólatra, muy filosófico. La filosofía griega había influenciado tremendamente a los corintios, y si había algo que los griegos rechazaban era la resurrección corporal, porque los griegos tenían este concepto dualista donde el cuerpo es malo y el espíritu es bueno. Por lo tanto, para los griegos la muerte era la liberación de este cuerpo que no sirve para nada, que es malo en sí mismo, para poder tener una existencia espiritual sin estar sujeto a las limitaciones que este cuerpo nos somete.
Ese era el concepto griego, y por lo tanto ese concepto se coló dentro de la iglesia de Corinto. Muchos de ellos decían: "Sí hay una resurrección, pero no es física". Yo he tenido conversaciones con gente que entiende que Cristo no resucitó corporalmente. Hay personas que dicen que Jesús resucitó en espíritu, que lo que se apareció después a los discípulos y a otros cristianos fue el espíritu de Cristo que está vivo. Hay otros que piensan que Cristo está vivo entre nosotros en sus enseñanzas, no de una manera espiritual ni física, sino que su legado vive entre nosotros. Pablo trata de refutar cualquiera que sea esta idea de que no hay resurrección de muertos, argumentando de cinco formas distintas y demostrando que Cristo tiene que haber resucitado por los resultados que vemos, no solamente en el mensaje y la vida de la iglesia primitiva, sino en nuestras propias vidas. Porque hay realidades en ese aspecto de nuestras vidas que no pudiéramos explicar a menos que Cristo haya resucitado de entre los muertos.
Entonces, ¿cómo hay alguno entre vosotros que dice que no hay resurrección de muertos? El primer argumento reduce este planteamiento al absurdo: si Cristo no ha resucitado —versículos 13 y 14— entonces el cristianismo es una pérdida de tiempo. Miren lo que dicen los versículos 13 y 14: "Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación y vana también vuestra fe". Entonces, ¿qué es lo que estamos haciendo aquí? Si Cristo no ha resucitado, y ese es el mensaje principal de la iglesia primitiva, de los apóstoles —el mismo Señor habló en reiteradas ocasiones de que iba a morir y a resucitar—, si eso no fue así, entonces todo lo que hemos estado haciendo es una especie de circo teatral. Y eso no puede ser, y no puede ser por las realidades de la vida del apóstol Pablo mismo y por la realidad de la vida de Jesús.
Fíjense en los primeros 11 versículos del capítulo 15 de Primera de Corintios: Pablo relata lo que se conoce como el primer credo cristiano. Él comienza en el versículo 3, miren lo que dice: "Porque primeramente os he enseñado lo mismo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras". Hasta ahí está claro que lo que Pablo recibió era lo que él estaba transmitiendo, y consistía sencillamente en la muerte y resurrección de Cristo.
El mensaje cristiano es muy sencillo. Lo complejo es cuando el hombre comienza a lidiar con ese mensaje. "Bueno, para yo aceptar ese mensaje, yo tengo que reconocer que soy pecador, pero yo no me siento pecador." Yo lo entiendo, porque dicen eso. Yo entiendo que yo estoy tan mal porque hay otros peores que yo, y comienza el hombre a hacer un problema en su cabeza por no aceptar el mensaje sencillo del Evangelio.
Que Cristo vino para el perdón de nuestros pecados según las Escrituras, y resucitó al tercer día según las Escrituras. ¿Lo crees? ¿Lo abrazas? Tienes vida. Pero el hombre lo hace complejo por su condición caída.
Entonces aquí viene, en el versículo 5, a presentar una serie de evidencias acerca de la resurrección. Dice: resucitó al tercer día conforme a las Escrituras, que se apareció a Cefas, que es Pedro, y después a los doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, aunque algunos ya duermen. Después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles, y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también.
A mí, y ustedes me van a decir que Cristo no ha resucitado, o sea que lo que yo recibí, que es lo que les he enseñado, esto es vano, esto no sirve para nada, esto es una mentira, un teatro lo que hemos estado haciendo. Y todo esto lo hemos hecho con testigos, muchos de los cuales viven aún. Vayan y pregúntenles. La psicología nos ha dicho que la alucinación de masas no existe, no es posible la alucinación de masas. Una masa de gente no alucina una misma cosa. Todos vieron a Cristo resucitado; eso no es una alucinación, eso es una aparición del Cristo resucitado. Cuando muchos dicen ver lo mismo, eso es una aparición del Cristo resucitado: 500 hermanos, muchos de los cuales viven aún.
Lo sorprendente es pensar que la predicación de Pablo era vana. ¿Quién era Pablo? Pablo era un hombre que se enorgullecía de su fe en el Dios verdadero, en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Un fariseo, un judío, la crema y nata de los judíos, un hombre celoso, tan celoso que perseguía la iglesia. De hecho, aquí en 1 Corintios 15, si se fijan, el versículo 9 dice: "El último me apareció a mí, porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, pues perseguía la iglesia de Dios."
Los que no conocen la historia de Pablo se van a sorprender de conocer quién era él. Pablo era un hombre; si ustedes querían buscar la definición de devoto, devoto era Pablo. Un devoto de la fe judía, un hombre que respiraba la fe judía, la fe que le había sido legada por sus padres. En un momento dado, en el primer martirio de la iglesia, en el libro de los Hechos, vemos cómo Esteban, uno de los primeros diáconos de la iglesia, es apedreado, martirizado y muerto allí mismo. Es la primera vez que vemos a Pablo en la Biblia; se llamaba Saulo en esa época. Estaba Saulo —Pablo— agarrándoles los mantos a todos aquellos que estaban apedreando, consintiendo lo que estaba pasando: apedreando a un hombre no por sus actos, no por lo que había hecho, sino por lo que creía.
A partir de ahí comenzamos a ver a Pablo con un celo creciente por exterminar a los cristianos, porque los veía como una amenaza para la fe judía. Él fue donde los sacerdotes y les dijo: "Denme cartas, cartas que me autoricen a entrar en las sinagogas de los judíos a lo largo de todo este Imperio Romano." Denme cartas que me autoricen entrar en las sinagogas y tomar a aquellos que se profesan cristianos. Y dice la Biblia que iba casa por casa, casa por casa. Traten de imaginarse esta escena: un hombre resentido con esta fe cristiana que está, según él, distorsionando la fe de sus padres.
Y caminando a Damasco en una ocasión, yendo a buscar cristianos, Pablo es confrontado con el Cristo resucitado. Un instante bastó, un encuentro con Cristo bastó para que Pablo pasara de perseguidor a perseguido. Si Cristo no ha resucitado, explíqueme eso. ¿Cómo cambia este hombre de la noche a la mañana? ¿Cómo pasa de ser perseguidor a perseguido? ¿Cómo pasa de querer martirizar, de hacer víctimas a los judíos de su época, a una realidad totalmente diferente? Por eso se llama a sí mismo el más insignificante de los apóstoles: "Porque perseguí la iglesia." Y Cristo se le aparece y le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Pablo no estaba persiguiendo a Cristo personalmente; estaba persiguiendo a la iglesia. Pero para Cristo, la persecución de su iglesia, el maltrato a su iglesia, es un tema personal: "¿Por qué me persigues?"
Y Pablo es confrontado y cambia radicalmente. ¿Entonces la predicación es vana, vacía? ¿La predicación de Pablo es vacía? Fíjense en el argumento: reducción al absurdo. Es absurdo pensar que este hombre tenía una predicación vacía. Estaba basada en su encuentro con el Cristo resucitado; tenía un contenido. "Yo recibí lo mismo que os he entregado": es algo que quiero preservar, que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y se le apareció a Pedro, a los apóstoles, a quinientos hermanos. Vayan y pregúntenles. A mí se me apareció. ¿Qué más quieren?
Segundo argumento que hace absurdo el que Cristo no haya resucitado, versículos 15 y 16: "Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que Él resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado." O sea, dice Pablo: me están diciendo a mí que no hay resurrección de muertos, o sea que nosotros todos somos unos mentirosos, que todos los ministros del Evangelio hemos testificado falsamente contra Dios, porque estamos diciendo que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos, lo cual Él no hizo. Por lo tanto, somos todos unos mentirosos. ¿Quién se va a tragar eso?
Vamos a recrear cómo pudieron estos hombres ponerse de acuerdo en esta mentira, porque hay muchos escépticos al mensaje. Dicen: "Pero lo de Jesús, eso de que Jesús resucitó, fue que los discípulos se pusieron de acuerdo en un momento dado para continuar en el movimiento." Lo que la Biblia nos dice, y lo que la historia fuera de la Biblia nos dice, es que estos hombres, cuando Cristo fue crucificado, perdieron toda esperanza. Ellos pensaron que todo había muerto con Cristo. Se fueron a sus labores anteriores; encontramos a Pedro y a Juan pescando luego de la crucifixión. Volvieron a su negocio anterior. Me imagino la conversación entre Pedro y Juan: "¿Qué vamos a hacer? Porque el Señor murió y nosotros no somos los líderes." Volvieron a sus ocupaciones anteriores, tratando de recobrar la normalidad; uno se fue a un sitio, otro se fue a otro sitio.
Pero imaginémonos por un momento que esto es una creación de los apóstoles y de los discípulos, que se pusieron de acuerdo para continuar esta mentira de que Jesús había resucitado. Entonces se juntaron: "Bueno, señores, como ustedes saben, el Señor se fue, el Señor murió. Pero yo me siento raro haciendo otra cosa; tenemos que continuar enseñando y predicando." Y el otro le pregunta: "Bueno, ¿pero qué es lo que vamos a enseñar?" "No sé. ¿Qué dicen tú, Juan, Pedro, Andrés? Podemos decir que Él resucitó." "Oye, bien, está muy bien. Si decimos que Él resucitó, la gente va a continuar creyendo este mensaje. Pero entonces, ¿qué hacemos? Porque si decimos que Él resucitó, los romanos van a decir: '¿Que resucitó? Vengan a ver el cuerpo de Jesús. Vengan a ver el cuerpo.'" "No, no. Lo primero que tenemos que hacer es robarnos el cuerpo. Vamos a robarnos el cuerpo, nosotros dos, contra este batallón romano. Vamos la noche del sábado, antes de que amanezca, hay dos pelotones romanos, pero vamos. Nos presentamos, los engañamos, uno les habla, nosotros entramos, movemos la piedra que nadie puede mover, y Juan y Andrés sacan el cuerpo, nosotros nos quedamos hablando con la guardia." "Entonces, ¿después desaparecemos el cuerpo?" "Lo desaparecemos en el mar de Galilea, en algún lugar donde no haya muchos testigos; lo tiramos en algún sitio. ¿Ok? Bien."
"Pero señores, eso sí, después de eso, vamos a ponernos de acuerdo: nos vamos a pasar toda la vida yendo hasta el más recóndito de los lugares del mundo a decir que Cristo Jesús resucitó, para que nadie se eche para atrás. Y cuando te quieran difamar y torturar por razón de tu fe, no cedas, porque no vamos a delatar. Y si te quieren matar incluso, porque dices que Cristo resucitó, déjate matar, déjate matar. ¿Ok? ¿Estamos de acuerdo? Nadie puede decir una sílaba de que esto es mentira." ¿Eso es lo que tú crees? Yo no compro eso. Yo no compro eso.
Que los ministros de Cristo son unos mentirosos si Cristo no ha resucitado. Pero no lo son, porque Cristo resucitó. De lo contrario, si el mensaje hubiese caído, prontamente los propios enemigos de la fe cristiana hubiesen dicho: "¿Que resucitó? Miren el cuerpo. ¿Que resucitó? Miren las evidencias. ¿Que resucitó? Pedro se retractó, Juan se retractó." Búsquenla en la historia, no en la novela, en la historia. Si hubiera habido un discípulo retractándose, habría quedado registrado. El problema de los romanos en los primeros siglos, ¿saben cuál era? Matando cristianos, martirizando cristianos. Ellos mismos lo escribieron en sus crónicas históricas, diciendo: "El problema con esta secta es que ellos no solamente mueren callados; mueren cantando. Mueren cantando. ¿Cómo apagamos esto?"
¿Que Cristo resucitó? Eso cambia y transforma las vidas, transforma la cultura, transforma el mundo. ¿Y me van a decir que todos son unos mentirosos? Reducción al absurdo. Eso es un disparate.
Si Cristo no ha resucitado, decía Pablo, entonces somos unos mentirosos. Argumento número tres: versículo 17, "Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados." Miren la lógica de los argumentos. Si Cristo no ha resucitado, lo primero que vimos es que la predicación es vana, vuestra fe es falsa, y por lo tanto eso implica que nosotros somos unos mentirosos. Eso implica que usted está en su pecado, porque lo que nosotros hemos predicado es que Cristo murió en la cruz para el perdón de los pecados y resucitó, y esa es la manera como Dios demostró que Él aceptó el sacrificio. Por lo tanto, si la fe es falsa, si yo soy un mentiroso, usted está en su pecado, ustedes están perdidos.
¿Cómo explicas entonces tu experiencia de conversión, donde el Espíritu de Dios te hizo percibir, sentir y entender que la culpa te era levantada? ¿En qué sentido Cristo te ha hecho libre? Tú sientes la libertad que el Señor te ha dado con su cruz, ¿eso es mentira? Un esposo que confiesa voluntariamente su adulterio a su esposa para reconciliarse con ella, cambiado por el poder del Evangelio, ¿eso es mentira? ¿Es un disparate? Pablo dice: ¿está absurdo? Entonces estamos en nuestros pecados todos, todos aquellos que hemos sido liberados, que sentimos la libertad que Cristo nos ha dado. ¿Es mentira todo esto? Pablo dice no, esto es un absurdo, y ese es el tercer argumento que Pablo habla en esta porción.
El miércoles, para los que no estuvieron aquí, tuvimos una reunión, un evento especial donde recordamos el sacrificio del Señor y tratamos de traer a memoria muchas de las cosas que le sucedieron a Él. Hubo un momento en especial que para mí fue muy significativo: fue un momento donde presentamos un video y se cantó una canción que se titula "Y hubiera estado allí", la canción de Jesús Adrián Romero. La canción dice de esta manera: "Quiero explicar lo que sucedió en mí. Si hubiera estado allí entre la multitud que tu muerte pidió, que te crucificó, lo tengo que admitir: hubiera yo también clavado en esa cruz tus manos, mi Jesús." Si hubiera estado allí, pensándolo bien, también yo estaba allí. Yo fui el que te escupió y tu costado hirió. Pensándolo bien, yo fui el que coronó de espinas tu frente, buen Señor. También yo estaba allí.
Y así continúa la canción. Quizás el texto no indica todas las razones por las que entendemos que estábamos ahí, y algunos pueden oír estas letras y decir: "Bueno, yo no estaba ahí, y si yo hubiera estado allí, yo no hubiese hecho eso." Primera pregunta: ¿seguro? ¿Qué te hace diferente a ti del resto? Los que crucificaron a Jesús fueron los más devotos religiosos de su época, era la gente buena. Es Jesús quien viene y los desenmascara y les llama hipócritas a los fariseos, pero la gente del pueblo los veía como los maestros de la ley, los devotos, los justos, los maestros de la Palabra. Esos fueron los que crucificaron a Jesús. ¿Qué te hace a ti diferente? Eso es lo primero.
Pero segundo, Isaías 53 dice que Dios puso en Él el castigo por mi paz. O sea que, aunque tú no te consideres ahí, tú estabas ahí, porque salvarte a ti le costó al Hijo la muerte. Tú eres uno de los que infligió un latigazo, uno de los que escupió su rostro, uno de los que puso una espina en su cabeza, espiritualmente hablando, porque tu pecado fue lo que llevó a Cristo a la cruz.
Entonces, si Cristo no ha resucitado, el perdón de pecados es una total ilusión, no real. La sensación de libertad que tú sentiste en el momento en que Cristo te salvó, olvídate de eso, no existe, es falso, es absoluto. El Salmo 32:1 dice el salmista: "¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!" Gozoso, aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto. Yo he sentido ese gozo, el gozo de saber que, no importa lo que haya hecho, Cristo me perdonó en la cruz, y no hay pecado tan profundo, tan rojo, tan horrible, tan oscuro que la cruz no pueda limpiar y perdonar.
La razón de la crueldad de la cruz de Cristo es que Él murió por el peor de los pecadores; esa es la razón de la crueldad. Cuando vemos las imágenes de la película "La Pasión de Cristo", algunos las sienten morbosas, algunos las sienten excesivas, pero la Palabra nos dice que Cristo fue desfigurado a tal punto que era irreconocible. Cristo fue crucificado como muchos otros habían sido crucificados; normalmente al crucificado le rompían las piernas intencionalmente para que no pudiera levantarse sobre la cruz y poder respirar, y que muriera más rápido. Cristo murió tan rápido que no hubo necesidad de romperle las piernas. ¿Por qué murió tan rápido? Por la crueldad de la tortura previa. Fue totalmente desfigurado; no podía llevar sobre sí mismo su propia cruz como los otros crucificados lo hacían, y murió más rápido que todos, aun sin haberle roto las piernas.
Así fue la cruz de Cristo, como lo vemos en la película, por morboso que nos parezca. Pero no veamos solo la imagen de la destrucción física; veamos que eso representa el juicio sobre mi pecado que Cristo llevó en mi lugar. Esa canción "Tomaste mi lugar" es especialmente significativa; eso fue literalmente lo que pasó. Yo merecía estar en la cruz, Él merecía estar abajo, y ahora, por su cruz, yo recibo de Dios algo que Él se lo merecía. Es una gracia increíble.
Argumento número cuatro, versículo 18: "Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido." "Han perecido" es la expresión para decir que están condenados en el infierno. La lógica es clara: si mi predicación es vana y yo soy un mentiroso, los apóstoles somos unos mentirosos, hemos predicado un Evangelio falso; si es un Evangelio falso, nadie tiene perdón de pecados, y si nadie tiene perdón de pecados, todo el mundo está en el infierno, donde debe estar aquel que no tiene perdón de pecados. Y sí hay un infierno; la Biblia habla de un infierno constantemente, Jesús habló de un infierno constantemente. Es un lugar del que tenemos descripciones e imágenes mentales pero no una descripción precisa. Es un lugar donde se dice que habrá lloro y crujir de dientes, desesperación, sufrimiento. Es un lugar de tormento, ¿por qué? Por mi pecado, por tu pecado.
Es que nosotros no entendemos nuestra transgresión, nuestra violencia contra la ley de Dios, no lo entendemos, hermanos. Como yo no entiendo por qué un cirujano hace tanto escándalo: él va a operar, va con sus guantes esterilizados, y de repente toca una pared y dice: "¡Bótenme ese guante, bótenme ese guante!" ¿Qué pasa, doctor? Exagerado. Eso puede crear una infección mortal. Así como yo no entiendo por qué un cirujano es tan estricto con su lugar de trabajo, por los efectos que tiene la más mínima partícula, así yo no puedo entender cómo un Dios santo dice que el más mínimo pecado merece el infierno. Es así, porque nuestro estándar es relativo a mí o a los otros. Piénsalo en términos de un lugar moralmente pulcro, santo, perfecto, donde el más mínimo viso de pecado produce una infección mortal. Y hay un infierno para aquellos que no abrasen la vía que Dios ha provisto.
Cristo es la vía, el camino, la verdad y la vida. El orgulloso dice: "No puedo entender por qué solo a través de Jesús, nada más a través de Jesús." Yo no entiendo eso, un único camino. Bueno, dale gracias a Dios de que hay un camino por lo menos; no teníamos esperanza. El orgulloso está pensando en que deberían haber otros caminos, cuando lo que debería decir es: aprovecha que hay uno, aprovecha que se te ha abierto. Hoy en día es posible encontrar salvación a través de Cristo y se te está predicando. ¿Por qué cuestionas los métodos de Dios? "Pero debería haber más caminos para la gente que no conoce el mensaje." Ese es el cuarto argumento: si Cristo no ha resucitado, entonces los muertos están en el infierno.
Hebreos 11 describe que hay un grupo de santos esperando la salvación de Dios, que esperan una ciudad cuyo arquitecto es Dios. Si Cristo no resucitó, esa gente está perdida en el infierno. Absurdo, absurdo.
Y quinto argumento, versículo 19: "Si en esta vida solamente hemos esperado en Cristo, somos de todos los hombres los más dignos de lástima." La lógica es esta: el Evangelio es vano, tu fe es falsa, nosotros somos unos mentirosos, tú tienes tu pecado, los que han muerto están en el infierno, y ahora entonces, si tú estás aquí vivo supuestamente siguiendo la fe cristiana, tú eres el más digno de lástima. Absurdo, absurdo pensar que hombres y mujeres que han entendido el mensaje del Evangelio, que han sido transformados por el mensaje del Evangelio, sean gente digna de lástima.
Cuánta gente vemos insistiendo en vivir como les place: escogen una vida de pecado, escogen una vida de desenfreno, de descarrío. No he visto ninguno del otro lado diciendo: "¡Vengan, qué vida tan buena!" Normalmente los vemos de regreso, y nos describen su vida de miseria, de soledad y de insatisfacción vivida en el lado del pecado. "No, que eso, una mujer para toda la vida, la fidelidad bíblica, eso no es posible en este tiempo." Cuántos hombres han estado en el otro extremo y nos han dicho que tampoco encontraron lo que buscaban en esa supuesta forma de vivir. Los dignos de lástima son aquellos que dan rienda suelta al pecado en su vida, sufriendo en sí mismos la consecuencia de sus actos.
Conocía la verdad, escogió lo incorrecto y cosechó las consecuencias. Ese es el patrón que Dios ha determinado que ocurra. El hombre conoce la verdad en su conciencia, o alguien más se la dice, pero Dios ha dicho en Romanos 2 que ha puesto una conciencia a través de la cual Él se encarga de indicarle al hombre lo que está bien y lo que está mal. Y el hombre, sabiendo lo que está mal, constantemente escoge lo que es incorrecto, lo que es pecaminoso, lo que va en contra de su conciencia, y luego se queja porque cosecha consecuencias.
Dignos de lástima son aquellos que se encuentran en esa condición, pero no dignos de lástima aquellos que han entendido que hay salvación en Cristo, que hay perdón de pecados, que hay un Dios que me quiere guiar, cuya palabra es lámpara para mis pies y luz para mi camino. Bienaventurado, dice el Salmo 1, bienaventurado el que no anduvo en consejo de malos, ni se ha sentado en la silla de pecadores, ni se ha instalado —la palabra ahí— en la silla de los escarnecedores, sino que la ley de Jehová está su deleite y en ella medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, y su hoja no se marchita, y da su fruto a su tiempo.
Ese es el resultado de una vida aferrada a las verdades de la Palabra y de la bandera de Dios. No va a haber vida miserable. Olvídese del concepto que el mundo tiene, que el cristiano vive una vida miserable, una vida de abstinencia, una vida sin gozo. Es un gozo superior en todo el sentido de la palabra, en todo el sentido de la palabra. Ni siquiera se le puede llamar gozo a lo que otros disfrutan fuera del Señor.
Él concluye entonces, después de estos cinco argumentos. Miren cómo concluye. Dados los cinco argumentos, que todo lo concluye en que es absurdo que piensen de esa manera: "Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron." Mas ahora Cristo ha resucitado. ¿Tú crees que todo esto es un desperdicio de tiempo? Pero Cristo ha resucitado. ¿Tú crees que permaneces en tu pecado? Pero Cristo ha resucitado. ¿Tú crees que los que murieron en Cristo están condenados y perecieron? Mas Cristo ha resucitado, y constantemente trae esta verdad. Esta verdad arropa todos los demás argumentos: mas Cristo ha resucitado.
Esa es la realidad que él quiere predicar, que él ha predicado. Es la realidad que cambió su vida, que ha cambiado la tuya y la mía. Y yo me pregunto: si Cristo no ha resucitado, ¿quién cambió mi vida? ¿Quién cambió tu vida? ¿Quién cambia la vida de gente que vemos constantemente en consejería, en los pasillos, en conversaciones informales, contándonos de lo que Dios está haciendo en sus vidas? ¿Todo eso es una ilusión? ¿Todo eso es una ficción? ¿La gente se está imaginando cosas, suponiendo que es así? No. Absurdo. Reducción al absurdo. Eso no puede ser, eso no puede ser.
Cristo ha resucitado, y su resurrección es mi garantía de que yo también resucitaré, ya no con un cuerpo caído y pecador, sino con un cuerpo a semejanza del cuerpo del Señor: libre de pecado, libre de limitaciones, libre de inconvenientes, libre de problemas. Por cuanto Él vive, yo también viviré.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.