Miguel Núñez • 15 marzo, 2017
El requisito de que los líderes de la iglesia sean "maridos de una sola mujer", tal como aparece en 1 Timoteo 3, no es tan difícil de entender como a veces se supone. La intención primaria del texto apunta a la fidelidad conyugal: el hombre que aspira al liderazgo no debe tener más de una mujer, ni esposa y amante al mismo tiempo, ni tampoco varias esposas como ocurría en el Antiguo Testamento. Eso es lo que Pablo quiere decir, y sobre eso existe amplio consenso.
Sin embargo, el pastor Núñez señala que esta pregunta suele hacerse con otra intención de fondo: determinar si las mujeres pueden ser pastoras. Y aquí es donde es importante ser precisos, porque aunque la Biblia sí enseña que el pastorado no corresponde a la mujer, este versículo no es el texto correcto para sostener esa enseñanza. El fundamento bíblico adecuado es la instrucción explícita de Pablo a Timoteo: que la mujer no debe enseñar ni ejercer autoridad sobre el hombre en la iglesia.
Esta restricción no tiene que ver con capacidades, inteligencia o conocimiento bíblico. Tiene que ver con el diseño de Dios para toda la creación, un patrón visible a lo largo de toda la Biblia: profetas, apóstoles y líderes fueron hombres, y aun en la Trinidad existe sujeción, donde el Hijo se sujeta al Padre. La iglesia, como familia ampliada, sigue ese mismo orden.
Lo que Pablo le comunica a Timoteo en ese pasaje es, ante todo, una lista de requisitos de carácter: fidelidad, sobriedad, prudencia, hospitalidad, buen gobierno del hogar, buena reputación. Anclar una enseñanza correcta en un texto que no la sostiene directamente debilita el argumento. La Palabra merece ser interpretada con esa misma honestidad.