Miguel Núñez • 14 marzo, 2018
La Gran Tribulación es uno de los temas escatológicos que más preguntas genera, y la razón es que no existe una sola manera en que los creyentes han leído los textos que la describen. Una posición, conocida como preterismo, sostiene que las palabras de Cristo en Mateo 24 y 25, así como el libro de Apocalipsis a partir del capítulo 4, se cumplieron simbólicamente con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Sin embargo, el pastor Núñez no comparte esa lectura, porque considera que los eventos descritos apuntan claramente hacia el futuro: Cristo mismo los comparó con lo que ocurrió en los días de Noé, anticipando algo que aún estaba por venir antes de la llegada del Hijo del Hombre.
Esos eventos futuros son de escala mundial, no local. Se trata de convulsiones cataclísmicas que afectarán a toda la población de la tierra y que precederán la segunda venida de Cristo. A esto se suma el testimonio del profeta Daniel, quien en el capítulo 12 describe un tiempo de angustia sin precedentes en la historia de las naciones, en el que el pueblo de Israel será asediado y luego librado de manera milagrosa por Dios, algo que todavía no ha ocurrido.
En cuanto a la duración de este período, muchos lo entienden como siete años, vinculándolo con la semana número 70 de la profecía de las setenta semanas de Daniel. En el hebreo, "semana" no implica necesariamente siete días, sino cualquier agrupación de siete unidades, y el contexto del texto sugiere que aquí se trata de siete años. Ese período final, separado de las sesenta y nueve semanas anteriores, es lo que la Biblia llama la Gran Tribulación, descrita en Mateo 24–25, Daniel 12 y el libro de Apocalipsis.