Miguel Núñez • 12 abril, 2018
Las historias y controversias que rodean a María Magdalena no nacen de la Biblia, sino de fuentes externas a ella. Los llamados evangelios apócrifos, escritos por gnósticos durante los siglos II, III e incluso IV, usaron seudónimos de figuras del primer siglo para dar credibilidad a sus enseñanzas. Así, aunque Tomás o María Magdalena aparezcan como autores o personajes centrales en esos textos, ninguno de ellos los escribió ni los protagonizó. Esos documentos circulaban entre quienes creían en la existencia de conocimientos secretos reservados para los iniciados, y de allí proviene gran parte de la mitología que hoy rodea a esta mujer.
Lo que la Biblia dice sobre María Magdalena es, en realidad, muy sencillo. El pasaje de Lucas 8 la presenta como una mujer de la ciudad de Magdala, de la cual habían salido siete demonios. Su nombre completo era simplemente la forma común de distinguirla de otras mujeres llamadas María, un nombre muy frecuente en esa época. También sabemos que estuvo al pie de la cruz y que fue la primera en recibir una aparición del Señor resucitado. Nada más.
Algunas personas la han identificado con la mujer que ungió los pies de Jesús, pero el texto bíblico no establece esa conexión en ningún momento. Esa es especulación, no revelación. Lo que sí es claro es que ella encontró salvación en Jesucristo al ser liberada de esos espíritus.
El pastor Núñez concluye con una convicción firme: el creyente debe limitarse a lo que ha sido revelado en los documentos canónicos. Ir más allá de lo que la Escritura dice sobre María Magdalena no es enriquecer su historia, sino distorsionarla.