Miguel Núñez • 9 marzo, 2018
¿Puede una mujer ser reconocida como diaconisa en la iglesia? La respuesta, según la práctica y la reflexión bíblica del pastor Miguel Núñez, es que sí es posible, pero con una condición fundamental: que ese rol no implique ejercer autoridad espiritual ni enseñanza sobre los hombres adultos de la congregación.
La clave está en entender el contexto de cada iglesia. En algunas congregaciones, especialmente de tradición bautista, los diáconos funcionan en la práctica como ancianos: toman decisiones de autoridad, enseñan a toda la iglesia y gobiernan junto al pastor. En ese esquema, incorporar diaconisas violaría el orden que Dios ha establecido, porque ellas estarían ejerciendo una autoridad que la Escritura reserva para los hombres. Pero en iglesias donde pastores y ancianos llevan la responsabilidad del liderazgo espiritual y la enseñanza congregacional, las diaconisas pueden servir con plena libertad dentro de sus áreas específicas.
En la iglesia del pastor Núñez esto es una realidad concreta. Las diaconisas consejean a mujeres, apoyan a sus esposos en la dirección de grupos de parejas, enseñan en la escuela dominical y atienden a los niños en la guardería. Son roles de servicio genuino, no de segunda categoría, y el pastor confiesa abiertamente que la iglesia no podría funcionar sin ellas.
El fundamento bíblico para todo esto es Romanos 16:1–2, donde Pablo presenta a Febe con la misma palabra griega usada para "diácono", aunque en femenino no existía en el griego de esa época. Eso, lejos de debilitar el argumento, lo fortalece: el texto mismo apunta a que Febe ejercía un ministerio de servicio reconocido por la iglesia.