Miguel Núñez • 7 febrero, 2018
La pregunta parece sencilla, pero lleva siglos de profundidad teológica: ¿por qué era necesario que Jesús naciera de una virgen? La Biblia no lo explica de manera directa, pero la reflexión teológica ha permitido llegar a conclusiones que iluminan tanto la persona de Cristo como la naturaleza del pecado humano.
El pastor Núñez señala un patrón que recorre la vida de Jesús: Dios tiene una manera de hacer las cosas de forma distintiva para Su Hijo. El asno en el que entró a Jerusalén nunca había sido montado por nadie. La tumba donde fue sepultado tampoco había sido usada. Y bajo esa misma lógica, el vientre de María era uno que nunca antes había concebido. Hay algo deliberado en esa primera vez, algo que marca a Jesús como único y separado de todo lo ordinario.
Pero la razón más profunda tiene que ver con el pecado. Cuando un hombre y una mujer se unen para engendrar un hijo, ambos transmiten su naturaleza caída, y de esa unión nace un alma igualmente pecadora. Algunos teólogos sostienen que es a través del varón que el pecado se transmite, lo cual explicaría por qué José fue excluido de la ecuación. En su lugar, el Espíritu Santo completó lo que María por sí sola no podía dar. Así, Jesús recibió naturaleza humana a través del óvulo de María, pero sin la contribución masculina que habría traído consigo la corrupción del pecado.
El resultado es claro: para que Jesús pudiera ser verdaderamente humano y completamente sin pecado, tenía que nacer de una virgen. No fue un detalle decorativo, sino una necesidad teológica profunda.