Miguel Núñez • 28 abril, 2020
Cuando una iglesia sigue reuniéndose en medio de una pandemia, la pregunta no es solo de convicción personal, sino de obediencia a principios que van más allá de la preferencia individual. El pastor Núñez responde a alguien que se enfrenta precisamente a esa situación, y su consejo es claro: antes de tomar una decisión unilateral, lo primero es hablar con el pastor y razonar con él desde múltiples frentes.
El primer frente es la salud. Las autoridades médicas, de manera prácticamente universal, han señalado que reunirse en espacios cerrados con muchas personas contribuye a propagar un virus que, aunque no mata a todos, ha cobrado vidas de manera real y dolorosa. El segundo frente es la ley. Romanos 13 llama a los creyentes a someterse a las autoridades, y en muchos países esas autoridades han legislado contra las reuniones masivas, no para perseguir a la iglesia, sino para proteger a toda la sociedad sin distinción de credo. El tercer frente es la conciencia, que debe calibrarse siempre con la Palabra de Dios.
Lo que el pastor Núñez quiere dejar claro es que estas restricciones no son un ataque singular contra la iglesia de Cristo. Son medidas generales que incluso comunidades de fe anteriores tuvieron que enfrentar, como ocurrió durante la plaga bubónica en tiempos de Martín Lutero, cuando la sociedad entera tuvo que recogerse. Someterse en este contexto no es debilidad ni falta de fe; es obediencia sabia a una Palabra que ya anticipó estas situaciones.