Miguel Núñez • 20 mayo, 2020
La pregunta sobre si la pandemia está relacionada con la implantación de un nuevo orden mundial abre una reflexión más amplia y urgente: los ingredientes para ese orden ya se están instalando en el mundo, independientemente de cualquier crisis sanitaria. No es la pandemia en sí lo que marca el rumbo, sino una serie de tendencias que, sumadas, apuntan hacia un control global sin precedentes.
El pastor Miguel Núñez señala que la Biblia habla de una figura del anticristo que logrará implantar un sistema global capaz de obligar a las personas a actuar en una dirección determinada, al punto de que quien no lo haga no podrá comprar, vender ni participar en la vida comercial. La famosa "marca de la bestia" puede ser literal o simbólica, pero lo que apunta es real: un mecanismo de control total sobre la vida cotidiana. Y ese mecanismo ya tiene forma reconocible hoy: el uso masivo de tecnología para rastrear personas, la dependencia casi obligatoria de tarjetas de crédito y plataformas digitales, y la vigilancia que se ha normalizado en nombre de la seguridad.
A esto se suma el terrorismo, que empuja a las sociedades a demandar líderes autoritarios capaces de actuar sin restricciones éticas, a cambio de ceder libertades civiles. Y también la agenda de las Naciones Unidas, que pretende controlar la educación sexual de los hijos de familias que esas instituciones ni conocen ni sostienen, pero sobre las cuales buscan ejercer influencia ideológica.
Todo esto configura un cuadro donde el nuevo orden mundial no llega de golpe, sino que se construye silenciosamente, ladrillo a ladrillo, muchas veces con el aplauso de quienes no perciben lo que están cediendo.