Miguel Núñez • 5 marzo, 2018
El don de palabra de ciencia —también llamado don de conocimiento— se refiere a la capacidad sobrenatural de conocer algo sobre una persona o situación sin que nadie lo haya contado. No es intuición ni deducción: sería, por ejemplo, saber que alguien está atravesando una crisis matrimonial sin que esa persona lo haya mencionado, simplemente porque el Espíritu de Dios lo pone en el corazón de quien lo recibe.
La pregunta más difícil no es qué es este don, sino si sigue activo hoy. Hay creyentes ortodoxos, llamados cesacionistas, que sostienen que estos dones sobrenaturales especiales cesaron junto con la autoridad apostólica. El pastor Miguel Núñez no se ubica completamente en ese campo, pero sí se muestra sumamente cauteloso. Su postura es que nadie posee hoy la infalibilidad necesaria para afirmar con autoridad lo que el Espíritu le ha revelado sobre otra persona.
Lo que el pastor Núñez sí considera posible es que Dios, en su soberanía, produzca en un momento específico —como en el contexto de una consejería bíblica— un cierto impulso o sentir que lleve a formular una pregunta oportuna. Pero incluso en ese caso, la manera de expresarlo importa: no "yo sé por el Espíritu que tú tienes este problema", sino "tengo un sentir, como hemos orado, de que quizás algo está ocurriendo en esta área de tu vida". La humildad en el lenguaje no es debilidad teológica, es honestidad.
Lo que claramente no es bíblicamente sustentable, a su juicio, son las filas de personas que se forman para que alguien con supuesto don de ciencia les prediga el futuro, como si se tratara de una lectura de manos o un horóscopo. Ese uso pone el don al servicio de la curiosidad humana, y eso dista mucho de cómo Dios obra en su providencia.