Miguel Núñez • 3 marzo, 2017
La herencia moral que dejó la administración Obama no es simplemente un asunto político: es el resultado visible de una erosión profunda en los fundamentos sobre los cuales se construyó la sociedad norteamericana. Durante ocho años, el país experimentó una aceleración sin precedentes en la revolución moral postmoderna, donde los valores dejaron de anclarse en principios absolutos para adaptarse a las cambiantes creencias de la cultura. El pastor Núñez señala que esto no es un progreso, sino una pérdida peligrosa.
Por siglos, la sociedad norteamericana fue formada por valores cristianos traídos por los puritanos y reflejados en sus leyes y constitución. Que Estados Unidos haya sido o no una nación cristiana puede debatirse, pero lo que nadie puede negar es que esos valores dieron forma a su estructura moral y jurídica durante más de trescientos años. Lo que ocurrió bajo Obama fue justamente el desmantelamiento sistemático de esa herencia: desde órdenes ejecutivas sobre baños transgéneros hasta la legalización del matrimonio homosexual, pasando por la exportación agresiva de esos mismos valores a otras naciones a través de embajadores y presión diplomática.
Las consecuencias no son solo culturales, sino también médicas y sociales. El pastor Núñez menciona evidencia que vincula las relaciones homosexuales con mayores índices de depresión, uso de sustancias y ciertos tipos de cáncer. Ninguna nación puede sostenerse sin una base moral firme, y cuando esa base se destruye desde adentro, las consecuencias —aunque tardías— son inevitables. Lo que se sembró en esos años ya está produciendo fruto, y aún hay más por ver.