Miguel Núñez • 16 marzo, 2017
La pregunta parece sencilla, pero la respuesta honesta exige reconocer que no lo es: ¿descalifica permanentemente a un líder el pecado sexual? La respuesta depende de factores que no se pueden ignorar: qué tipo de pecado ocurrió, en qué momento de la vida del líder, si fue un evento aislado o parte de un patrón, y si hubo fornicación consumada o solo una relación emocional que no avanzó más allá de las palabras.
Dicho eso, en la mayoría de los casos donde un pastor cae en adulterio con fornicación durante su pastorado, la descalificación sí es la respuesta correcta. No porque Dios no pueda restaurar a una persona, sino porque ese tipo de caída rara vez ocurre de forma aislada. Con frecuencia, detrás hay años de lucha con la lujuria, problemas con pornografía, noviazgos múltiples, y señales que la propia esposa ya venía advirtiendo. El adulterio recurrente o repetitivo cae claramente bajo esa misma categoría.
Sin embargo, hay casos que merecen un trato distinto: el pecado cometido antes del matrimonio, una caída puntual tras años de vida irreprochable, o una situación que nadie en la congregación conoce. Esos casos no deben resolverse con una respuesta única y automática.
Lo que sí parece casi imposible, señala el pastor Núñez, es restaurar a un pastor dentro de la misma iglesia donde cayó. El respeto se pierde de forma irreparable en ese contexto. Si hay restauración, debe ocurrir en otro lugar, con tiempo, con sanidad real, y con el consejo de varios pastores que evalúen la naturaleza específica de lo ocurrido.