Integridad y Sabiduria
No es tan simple como parece
No es tan simple como parece

Si debemos hacer todo para la gloria de Dios, ¿no es eso egocéntrico de Su parte?

Miguel Núñez 17 febrero, 2017

00:00 00:00

La oración no fue diseñada principalmente para obtener cosas de Dios. Esa suposición, aunque muy común, parte de un error de base: pensar que orar es esencialmente un mecanismo para devengar beneficios. Cuando entendemos la oración así, nos frustramos cada vez que Dios no responde como esperábamos. Pero la Biblia nos muestra un propósito mucho más profundo: la oración existe para intimar con Dios y para entrar en sus propósitos, no para doblar su voluntad hacia los nuestros.

Santiago advierte que muchas de nuestras peticiones nacen de motivaciones erradas y egocéntricas. Pedimos lo que no necesitamos, y a veces lo que pedimos nos haría daño si Dios lo concediera. Por eso, cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, Él no les dio una fórmula para conseguir lo que querían, sino que les enseñó a pedir que se hiciera la voluntad del Padre. Eso mismo vivió Jesús en el huerto de Getsemaní: pidió que pasara de Él aquella copa, pero concluyó con "que se haga tu voluntad y no la mía", poniendo en práctica exactamente lo que había enseñado.

Si la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta, no tiene sentido pedirle que la cambie por la nuestra. Dios responde de tres maneras posibles: sí, no, o todavía no. Reconocer eso libera al creyente de la frustración y reorienta su vida de oración. Como enseñó Jesús en el Sermón del Monte, cuando buscamos primero el reino de Dios, todo lo demás viene por añadidura. La oración, entendida así, nos transforma desde adentro y nos alinea con lo que Dios ya está haciendo.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.

Episodios relacionados