Miguel Núñez • 13 marzo, 2018
No todas las traducciones de la Biblia son iguales, y elegir bien entre ellas importa más de lo que muchos creyentes suponen. La diferencia no es solo de estilo o de facilidad de lectura: tiene que ver con los manuscritos utilizados, el grado de literalidad de la traducción y, en algunos casos, decisiones editoriales que pueden afectar el sentido teológico del texto.
En español, la Reina Valera 1960 ha sido históricamente la versión más conocida, pero fue traducida a partir de manuscritos disponibles en los siglos XVI y XVII. Con el tiempo aparecieron manuscritos más antiguos y de mayor confiabilidad, y sobre ellos se construyó la Biblia de las Américas, una traducción más literal que el pastor Núñez identifica como su preferida. La Nueva Traducción Viviente, aunque más dinámica y accesible, sacrifica en ocasiones la literalidad. La Nueva Versión Internacional fue una buena traducción hasta el año 2000, cuando sus editores introdujeron cambios problemáticos en la dirección del lenguaje inclusivo de género. Un ejemplo concreto: en el Salmo 8, la expresión "Hijo del Hombre" —un título cristológico que Cristo usó decenas de veces para referirse a sí mismo— fue sustituida por "ser humano", borrando así una referencia profética importante. Aunque los editores corrigieron parte de esos cambios, nunca regresaron del todo a la versión anterior.
En inglés el panorama es similar: la King James comparte base manuscrita con la Reina Valera, mientras que la New American Standard Bible y la English Standard Bible, más literales y basadas en mejores manuscritos, son las preferidas del pastor Núñez para el estudio serio de las Escrituras.