Miguel Núñez • 16 enero, 2017
La sociedad contemporánea enfrenta amenazas profundas que van mucho más allá de lo que se discute en los debates políticos o culturales del momento. Una de las más evidentes es el colapso del concepto de verdad absoluta. El postmodernismo ha instalado la idea de que nadie tiene la verdad —ni Dios, ni la ciencia, ni ninguna institución— y que todo es relativo. Sin un código moral compartido y considerado trascendente, ninguna sociedad puede sostenerse en el tiempo. La historia lo confirma: cada civilización que ha perdurado lo ha hecho anclada en principios que sus miembros consideraban absolutos.
Pero quizás el peligro más silencioso y destructivo es la disolución de la familia. El pastor Miguel Núñez señala que la familia es la unidad más pequeña de la sociedad, y que sin ella no hay sociedad posible. Cita a la pensadora estadounidense Mary Eberstadt, quien en su libro Cuando Occidente perdió a Dios concluye que Occidente perdió a Dios precisamente cuando perdió a la familia, porque es la familia la que transmite a las siguientes generaciones la fe y los valores. Casos como el aprobado en Canadá, donde una corte reconoció a un hijo con hasta cuatro padres, ilustran hasta dónde ha llegado la redefinición de lo que significa familia.
A esto se suma el individualismo radical y la rebelión contra toda autoridad. Ninguna sociedad puede funcionar cuando cada persona se proclama autónoma y rechaza someterse al orden civil. El pastor Núñez recuerda que incluso Abraham Lincoln llegó a reconocer que la Constitución de los Estados Unidos solo podía funcionar para personas religiosas, es decir, para personas que reconocen a un Dios dador de la ley moral. Sin ese fundamento, la convivencia misma se vuelve imposible.