Miguel Núñez • 2 marzo, 2017
Evaluar un gobierno que apenas comienza exige cautela, pero también honestidad sobre lo que ya se puede observar. Con ese equilibrio, el pastor Núñez responde a la pregunta sobre la toma de posesión del presidente Donald Trump, reconociendo primero que la campaña que lo llevó al poder fue profundamente divisiva y que el historial personal de Trump no es consistente con los valores de la fe cristiana. Esa claridad no es un ataque, sino una advertencia para que los creyentes no construyan expectativas ilusorias sobre un líder político.
Dicho esto, hay razones concretas para celebrar los primeros pasos de esta administración. Trump firmó una orden ejecutiva deteniendo el financiamiento federal a la promoción del aborto en el exterior, algo que la administración anterior impulsó de forma agresiva incluso fuera de las fronteras estadounidenses. Además, la agenda LGBT fue retirada de la página oficial de la Casa Blanca, y se prometió cortar los fondos a Planned Parenthood, organización que no solo promovió el aborto sino que estuvo envuelta en la venta no ética de órganos de fetos abortados. La presencia de pastores orando al Dios de la Biblia en la ceremonia inaugural también fue señalada como algo significativo y alentador.
Más allá de las decisiones puntuales, lo que el pastor Núñez destaca es la diferencia de plataformas. La plataforma demócrata representaba valores anticristianos, un gobierno grande y controlador. La plataforma que Trump abraza apunta hacia un gobierno más pequeño, mayor libertad, recuperación de la ley y el orden, y una Corte Suprema más conservadora. Son señales positivas, observadas con esperanza pero también con la prudencia que exige un gobierno que recién comienza.