Miguel Núñez • 24 febrero, 2017
La práctica conocida como "danzar en el espíritu" no tiene fundamento bíblico. Esta es la respuesta directa que ofrece el pastor Miguel Núñez ante una pregunta que toca a muchos creyentes hispanohablantes que quizás han tenido esta experiencia en algún momento de su vida cristiana. Aunque la respuesta se da con sensibilidad pastoral, la conclusión es clara: esta idea no aparece en ningún lugar de las Escrituras, y la experiencia que describe —creyentes danzando de manera frenética y sin control supuestamente bajo la acción del Espíritu Santo— no corresponde al carácter del Dios que la Biblia revela.
Pablo enseña en 1 Corintios 14, en el contexto del abuso de los dones espirituales, que nuestro Dios es un Dios de orden y no de confusión. Cuando el descontrol y el frenesí caracterizan una reunión, eso no es señal de la presencia del Espíritu Santo, sino todo lo contrario. El pastor Núñez recuerda haber presenciado personalmente este tipo de manifestaciones, con personas tumbando sillas a su alrededor, y afirma con seguridad que aquello no era obra del Espíritu de Dios.
Lo que la Biblia sí describe como danza desenfrenada y frenética aparece en un contexto muy diferente: el de los profetas de Baal en el monte Carmelo. En 1 Reyes 18, esos profetas danzaban alrededor de su altar, se herían con espadas y lanzas, y gritaban sin cesar, pero nadie respondía. Esa conducta incontrolable es precisamente la que ha caracterizado los movimientos espiritistas y animistas a lo largo de la historia.
El Dios verdadero no actúa así. Desde la creación, todo en su obra refleja orden, propósito y lugar. Ese mismo orden debe prevalecer cuando su pueblo se reúne para adorarlo. La llamada "danza en el espíritu" no es bíblica, no está descrita en la Palabra y tampoco está regulada por ella, simplemente porque no aparece en ella.