Miguel Núñez • 7 mayo, 2020
Orar pidiendo que la pandemia termine no está mal, pero tampoco es suficiente. La pregunta más profunda no es cuándo terminará, sino para qué la permitió Dios y si sus propósitos se habrán cumplido antes de que lo haga. Desde esa convicción, el pastor Núñez propone que el modelo de oración en tiempos de crisis no es el ruego desesperado ni la exigencia de alivio inmediato, sino la oración de Jesús en el Getsemaní: "que pase de mí esta copa, pero que se haga tu voluntad y no la mía."
Esa oración no es resignación pasiva. Es reconocer que Dios está haciendo algo específico a través de la pandemia, ya sea en la vida personal del creyente, en su iglesia o en la humanidad, y pedir la fe, la paz y la seguridad necesarias para atravesarla. Significa pedirle a Dios que use este tiempo para producir introspección, corrección y santificación, y que ponga al creyente en contacto con otros, por cualquier medio disponible, para que esa obra no se interrumpa.
La oración más valiente que un creyente puede elevar en medio de la crisis es precisamente esta: "Señor, no te lleves esta pandemia hasta que hayas logrado el propósito para el cual la permitiste." Con esas palabras no se está instruyendo a Dios, sino declarando confianza en su sabiduría y en su carácter. De la misma manera que pedir misericordia es apelar al carácter de Dios y no a méritos propios, esta oración es una forma de decirle: mi fe está depositada en quién tú eres, y eso es suficiente.