Miguel Núñez • 13 mayo, 2020
En tiempos de crisis, la necesidad del prójimo no disminuye, sino que se intensifica. Y con ella, la pregunta que todo creyente debe hacerse: ¿estoy dispuesto a moverme? La Palabra de Dios llama siempre a ayudar al que está en necesidad, ya sea de manera material, física o emocional, porque esa es una expresión concreta de amar al prójimo como a uno mismo. No ayudar en momentos así no es solo una omisión; es dejar de reflejar algo esencial del carácter de Cristo.
La compasión está en el centro de todo esto. No es una cualidad natural ni frecuente, pero fue —según un estudio que el pastor Núñez atribuye a B.B. Warfield— la característica emocional más prominente de Jesús en los Evangelios. Dios mismo es generoso por naturaleza: hace salir el sol y llover sobre buenos y malos. Sus hijos están llamados a reflejar esa misma abundancia. La compasión no solo prueba el carácter; cuando falta, lo moldea.
Ante la pregunta de cómo actuar en medio de una pandemia sin arriesgar la propia salud, la respuesta es práctica y directa: cuando hay voluntad, hay forma. Se puede orar pidiendo a Dios que traiga a la mente a alguien necesitado, preguntar a pastores o hermanos cercanos, ayudar con dinero, alimentos o medicinas, y si el temor al contagio es real, dejar provisiones en una puerta con precaución. El pastor Núñez, hablando desde su experiencia como médico, recuerda que vivir implica tomar riesgos, y que cuando realmente queremos hacer algo, encontramos el modo de hacerlo bien.