Miguel Núñez • 16 febrero, 2018
La pregunta parece sencilla, pero abre una ventana hacia la teología, la filosofía y la historia del mundo antiguo: ¿por qué la Biblia llama a Jesús el Verbo de Dios? La respuesta comienza en el griego, porque la palabra que usó Juan no fue "verbo" sino logos, y entender ese término es clave para comprender quién es Cristo.
En el mundo filosófico de la antigüedad, los estoicos usaban la palabra logos para referirse a la fuerza que, según ellos, había creado el universo. No era un dios personal, sino una energía impersonal. Por su parte, el pensamiento hebreo había llegado a identificar a Dios con su palabra de una manera profunda y orgánica: la palabra de Dios no es algo separado de Él, sino una extensión de lo que Él es. Dios nunca ha actuado de otra manera que hablando; así creó el mundo, y nada fue hecho sin esa palabra. Incluso en el Targum de Jonatán, una traducción antigua de la Biblia al arameo, se reemplaza la palabra "Dios" por "la Palabra" en ciertos pasajes, mostrando cuán arraigada estaba esta identificación en la mente judía.
Jesús recibe el nombre de Logos porque Él es esa Palabra encarnada: una representación exacta del Padre, no una copia, sino una extensión de su ser. Como el mismo Jesús dijo, quien lo ha visto a Él ha visto al Padre. Y puesto que Dios creó el mundo hablando, y Juan afirma en su evangelio que todo lo que fue hecho fue hecho por medio de Cristo, el nombre más adecuado para Él es precisamente la Palabra.
El pastor Núñez sugiere que la traducción "Verbo" usada en algunas versiones en español puede tener su lógica: en el idioma hispano, el verbo es la palabra de acción, aquella que marca lo que sucede. Y Jesús es, en efecto, Dios en acción: agente de la creación, de la encarnación y de la vida que nos ha dado.