Joel Peña • 26 enero, 2018
El león Aslan de las Crónicas de Narnia ofrece una imagen poderosa para entender quién es Dios: no es seguro, pero es bueno. Esa tensión entre lo temible y lo bondadoso resulta esencial para comprender el verdadero temor de Dios. Cuando solo vemos a un Dios castigador y justo, desarrollamos lo que se llama un temor servil —el temor del esclavo ante un amo tirano—. Este temor nos lleva a escondernos como Adán, a enterrar nuestros talentos como el siervo de la parábola, a alejarnos progresivamente de la oración, la Palabra, los hermanos y finalmente de la iglesia misma. Es un temor que produce huida en lugar de arrepentimiento.
Pero existe otro temor: el filial, el del hijo que ama a su padre bueno pero le respeta por su dignidad. Este temor no nos aleja de Dios sino que nos empuja hacia Él. Reconoce su poder asombroso pero está informado por el conocimiento de que somos hijos amados. Jesucristo mismo modeló este temor, deleitándose en él según Isaías 11. El perfecto amor echa fuera el temor servil, no porque Dios deje de ser temible, sino porque ahora podemos llamarle Padre. El verdadero temor produce gozo, no parálisis; nos restringe del pecado no por miedo al castigo, sino porque amamos a Aquel a quien el pecado ofende.
¿Cuál es la diferencia fundamental entre el temor servil y el temor filial según se presenta en esta clase, y cómo ilustra la parábola de los talentos el temor equivocado?
La clase menciona una "escalera descendente" que comienza cuando dejamos de orar por temor a confrontar nuestro pecado. ¿Cuáles son los pasos de esa escalera y hacia dónde conduce?
Cuando piensas en tu relación actual con Dios, ¿hay áreas donde te relacionas con Él más como un esclavo temeroso del castigo que como un hijo que confía en su padre? ¿Qué evidencias específicas ves de uno u otro temor en tu vida de oración o en cómo respondes después de pecar?
La clase señala que el temor servil tiene raíces en un incorrecto entendimiento de la obra de Cristo y de lo que Dios sigue haciendo en nosotros. ¿Hay alguna verdad del evangelio que necesitas recordar con más frecuencia para que tu temor sea filial y no servil?
Si el verdadero temor de Dios produce deleite —como lo vivió Jesús según Isaías 11— ¿cómo podríamos reconocer en la práctica la diferencia entre alguien que teme a Dios de manera sana y alguien que simplemente le tiene miedo?