El temor de Dios es uno de esos temas que la Biblia menciona más de trescientas veces, que atraviesa tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, y que sin embargo la iglesia contemporánea ha dejado de predicar y de vivir. Esta clase abre una serie dedicada a recuperar esa verdad olvidada, partiendo de una pregunta incómoda: ¿qué clase de Dios adoramos si ya no nos produce ningún temor? El pastor Joel Peña comparte que su propio encuentro con este tema surgió cuando el Espíritu Santo le mostró áreas de su vida donde simplemente no estaba temiendo a Dios — decisiones, hábitos, formas de vivir que revelaban una desconexión entre lo que profesaba y lo que practicaba.
El temor de Dios, según se define en la Escritura, no es solo terror ni solo reverencia: es una mezcla inseparable de ambos. Por un lado, incluye un miedo legítimo ante un Dios santo que juzga el pecado — el mismo miedo que sintió Adán cuando se escondió en el huerto. Por otro lado, incluye admiración, asombro y respeto profundo ante un Dios cuyo amor inmerecido nos alcanzó en Cristo. Cuando falta el primer elemento, tratamos el pecado con ligereza. Cuando falta el segundo, nuestra relación con Dios se reduce a la de un esclavo aterrorizado. Solo cuando ambos se unen en el corazón — el reconocimiento de nuestra indignidad y la gratitud por su bondad abrumadora — experimentamos el verdadero temor que produce gozo, obediencia y bendición.
Según la clase, ¿cuáles son los dos significados principales de la palabra "temor" en la Biblia, y cómo se combinan ambos para formar el concepto bíblico del temor de Dios?
¿Por qué el pastor Joel Peña afirma que el verso "el perfecto amor echa fuera el temor" no elimina la necesidad de temer a Dios? ¿Qué matiz aporta al entenderlo en contexto?
El pastor compartió que descubrió este tema cuando reconoció áreas de su vida donde no estaba temiendo a Dios. Si hicieras un inventario honesto de tu semana pasada — tus pensamientos, decisiones y reacciones cuando nadie te veía — ¿qué revelaría sobre tu temor de Dios?
La clase menciona que la desaprobación de Dios debería ser "el mayor de todos los males" para el creyente. Cuando pecas o fallas, ¿tu primera preocupación es lo que Dios piensa, o te preocupa más la opinión de otros o las consecuencias visibles?
¿Cómo puede una iglesia o grupo pequeño cultivar un ambiente donde se predique y se viva el temor de Dios sin caer en el legalismo ni en una relación de esclavitud con Él?