Héctor Salcedo • 16 enero, 2017
El mandato cultural que Dios dio al ser humano en Génesis —llenar la tierra y sojuzgarla— no fue solo una instrucción para Adán y Eva, sino una delegación permanente que define el propósito de todo trabajo humano. Llenar la tierra implica no solo procrear, sino civilizar: crear instituciones, establecer normas, proteger la familia, ordenar la sociedad. Sojuzgar significa extraer de manera responsable el potencial de la creación para beneficio de la comunidad humana. Así, cada profesión —desde el abogado hasta el agricultor, desde el periodista hasta el constructor— participa de algún modo en este mandato divino. El trabajo no es primariamente algo que hacemos para nosotros mismos; es nuestra participación en la obra continua de Dios en el mundo.
Lutero llamó a la vocación "la máscara de Dios" porque detrás de cada trabajo legítimo, Dios provee para las necesidades humanas. Cuando oramos por el pan de cada día, ese pan llega a través de agricultores, transportistas y vendedores que cumplen sus funciones. Esta visión derriba la división artificial entre lo sagrado y lo secular: si la salvación no es por obras, entonces el trabajo del pastor no tiene mayor mérito espiritual que el del ingeniero o la madre que sirve en su hogar. El evangelio, al destronar nuestros ídolos de dinero, reconocimiento y poder, nos libera para trabajar con nuevas motivaciones, nuevos métodos y nuevos objetivos —no para construir nuestro propio reino, sino para reflejar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Según la clase, ¿cuáles son los dos componentes del mandato cultural en Génesis 1:28 y qué tipo de trabajos caen bajo cada uno de ellos?
¿Qué quiso decir Lutero al llamar a la vocación "la máscara de Dios", y cómo ilustra esto la oración por el pan de cada día?
Si el evangelio destronó los ídolos de tu corazón, ¿cómo debería verse eso concretamente en la forma en que manejas una semana difícil en tu trabajo o en cómo reaccionas cuando no recibes el reconocimiento que esperabas?
Piensa en tu labor diaria —remunerada o no—: ¿puedes identificar de qué manera específica contribuye al florecimiento de otros, más allá del beneficio que te trae a ti?
Si dos tercios de los miembros de una iglesia no pueden servir en ministerios formales dentro de ella, ¿qué tendría que cambiar en la manera en que las iglesias discipulan y celebran el trabajo de sus miembros fuera de sus paredes?