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Siete características de una amistad extraordinaria

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Cuando nos referimos a la amistad, estamos considerando primordialmente un regalo de Dios. Dios nos hizo seres relacionales y todos nacemos con esa natural necesidad de cultivar intimidad con nuestros semejantes.

El Señor Jesucristo demostró con su vida, de una manera perfecta, las cualidades de un verdadero amigo. El amó como nadie en este mundo puede amarnos; El se humilló y renunció a muchos privilegios con el propósito de bendecirnos; El pudo darlo todo sin esperar nada a cambio; El se sacrificó por los suyos aún dando su propia vida en la cruz; y aún hoy, continúa orando por los suyos con el propósito de hacerles el bien. Todos aquellos quienes han recibido el don de la fe y quienes han sido regenerados por la obra exclusiva del Espíritu Santo conocen en la persona de Jesús, la esencia fundamental de lo que es un amigo. El es el mejor amigo por excelencia que jamás podremos conocer en este mundo.

No obstante, Dios en su infinita bondad, también nos ha concedido en esta tierra la bendición de cultivar amistad entre nosotros. Son seres especiales con quienes nos identificamos tan íntimamente que resultan ser algo más que conocidos y relacionados. Nuestras vidas se enlazan tan inexplicablemente a ellos que se convierten en parte de nosotros mismos. Son personas ordinarias pero que Dios los hace extraordinarios para nosotros. A ellos les llamamos amigos.

¿Cuáles características se identifican en una relación tan exclusiva? Yo quisiera sugerir siete características que, aunque seguramente no son las únicas, sin embargo, conforman un gran fundamento de lo que enlaza a dos personas comunes en una relación extraordinaria.

1.- Una extraordinaria conexión en propósito y convicción.

Los verdaderos amigos aman lo que Dios ama y odian lo que Dios odia. Ellos han aprendido a ver las cosas de esta vida desde una perspectiva eterna. Su principal unidad viene de estar apasionados en abrazar el propósito de Dios en este mundo. Los une una extraordinaria pasión por la palabra de Dios. En Amos 3:3 el profeta lo expresa con estas palabras, “¿Pueden dos caminar juntos sin antes ponerse de acuerdo?” ( NVI). Y, en el texto, este acuerdo es primordialmente en la voluntad revelada de Dios.

2.- Una extraordinaria resolución en perseverar juntos.

Los verdaderos amigos resuelven como un pacto de amor permanecer unidos a pesar de los desafíos de esta vida. Proverbios 17:17 dice: “En todo tiempo ama el amigo, y el hermano nace para tiempo de angustia.” (LBA) La Amistad en tiempos de abundancia y prosperidad se puede conseguir fácilmente, pero la amistad incondicional, y especialmente en tiempo de aflicción y necesidad, sólo puede esperarse de aquellos que te aman por lo que eres y no por lo que puedan obtener de ti. Un verdadero amigo te acompaña en todo tiempo.

3.- Una extraordinaria lealtad para consolar y confrontar.

Los verdaderos amigos no son movidos a una relación basada en temor sino en amor. Por tanto, actúan con libertad en sus motivaciones de procurar nuestro bien. Una real amistad no está exenta de confrontaciones, sino que, al contrario, es enriquecida por estas. Una de las más profundas ilustraciones de este proceso aparece en Proverbios 27:27 cuando dice: “El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre.” (NVI)

Por tanto, cuando somos seducidos a una conducta inconsistente con nuestras convicciones, el verdadero amigo no escatimará esfuerzos por desafiarnos a cambiar. Proverbios 27:6 dice “Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo.” (LBA)

Pero de igual manera siempre estarán presentes para experimentar junto a nosotros en las diferentes circunstancias que la providencia de Dios nos trae. Ellos celebran nuestros triunfos y ellos sufren nuestros fracasos. El Apóstol Pablo nos exhorta con estas palabras: “Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran.” (LBA)

4.- Una extraordinaria disposición de sacrificio para hacer bien.

Los verdaderos amigos renuncian al egoísmo natural que esta en todos nosotros, porque hallan un deleite especial en servir a aquellos a quienes aman. En Juan 15:13 el Señor Jesucristo alertó acerca de este impresionante nivel de amor. Estas fueron sus palabras: “Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos.”  Y la idea aquí es, que no debe existir una sacrifico que sea demasiado grande que nuestro amor por un amigo no pueda asumir. La real amistad no está evidenciada por lo apropiado que nos parezcan nuestras demandas sobre el otro, sino por nuestra incomprensible disposición para servirle con gozo.

5.- Una extraordinaria práctica de perdonar.

Los verdaderos amigos aprenden a pasar por alto las ofensas. En una relación de tanta intimidad siempre estarán expuestos a los agravios y malentendidos. Sin embargo, su relación florece y permanece porque está saturada de la gracia de Dios. Proverbios 17:9 dice: “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.” (NVI)  Si el dolor de la ofensa resulta para mi mayor al valor de la amistad, el resultado será distanciamiento  en vez de reconciliación.

6.- Una extraordinaria apertura y aceptación.

Los verdaderos amigos se conocen. Han decidido abrir sus corazones y mostrarse vulnerables ante aquellos a quienes confía. Ellos no tienen necesidad de fingir comportamientos ni pretender simular conducta. Ellos son libros abiertos el uno al otro. Ellos no sólo comparten sus circunstancias externas, sino también sus pensamientos y sentimientos internos. El Señor Jesucristo ilustró esta realidad con sus discípulos. En Juan 15:15 él les dijo: “Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes.” (NVI) Una evidencia innegable que muestra el nivel de amistad es el grado de intimidad en nuestros sentimientos y pensamientos que estamos dispuestos a compartir con otros.

7.- Un extraordinario disfrute de su compañía.

Los verdaderos amigos se disfrutan. Hay algo inexplicablemente dulce que se experimenta por el solo hecho de compartir con ellos. Somos bendecidos con sus vidas, somos inspirados con su ejemplo, somos estimulados y consolados con sus palabras. Su simple presencia nos reporta un sentido de compañerismo en contraste a la soledad. Proverbios 27:9 dice: “El perfume y el incienso alegran el corazón; la dulzura de la amistad fortalece el ánimo.” (NVI)

En una generación donde se evidencia un individualismo y egoísmo tan marcado, debemos dar gracias a Dios por los amigos que El nos ha regalado. Y debe ser nuestra oración, no sólo que Dios nos conceda la gracia para perseverar, sino que podamos aún más, cultivar amistades extraordinarias para la gloria de su nombre.

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Luis Méndez
Luis nació en Santiago, República Dominicana. El conoció al Señor Jesucristo mientras cursaba sus estudios universitarios en 1985. Desde ese momento empezó a asistir a la Iglesia Bautista de la Gracia en la ciudad de Santiago donde Dios le concedió crecer en el conocimiento de su gracia, y allí más tarde sirvió como diácono desde 1987. En agosto del 1997, cinco años más tarde, en esa misma iglesia, recibió su llamado al ministerio pastoral y allí sirvió como pastor desde el 1997 hasta el 2006. En Julio del 2006, después de un largo tiempo de oración y consideración, Luis decide mudarse junto a toda su familia a Minneapolis, MN para recibir un entrenamiento teológico formal en el Instituto Teológico de Bethlehem Baptist Church, bajo la guía del pastor John Piper. Luego de completar sus estudios, allí se desempeñó como pastor y anciano hasta Agosto del 2016. En Septiembre del 2016 Luis ha iniciado un proceso de transición para integrarse al liderato de la IBI enfocado principalmente en el área de Consejería. Luis es miembro de la Asociación de Consejeros Bíblicos Certificados en Estados Unidos (ACBC) y también un Life Coaching Certificado con la American Association of Christian Counselors y ejerce parcialmente esa labor con varias organizaciones y personas particulares, incluyendo entre otros los jugadores hispanos de diferentes organizaciones de baseball profesional en los Estados Unidos. Luis está casado con Vilma desde 1988, junto a quien ha procreado tres hijos: Raquel, Eva y Luis Jr y su residencia esta compartida en Arizona, USA y Santo Domingo, R. D.