Miguel Núñez • 27 octubre, 2023
Siempre han existido falsos maestros, y la razón no es un misterio: siempre ha habido personas dispuestas a escucharlos. Esta realidad no es nueva ni sorprendente para Dios. Ya en tiempos del profeta Jeremías, el Señor describía con palabras que deberían estremecernos una situación que se repite hasta hoy: los profetas profetizaban falsamente, los sacerdotes gobernaban por su propia cuenta, y el pueblo —lejos de protestar— lo disfrutaba. La complicidad del oyente es tan grave como el engaño del maestro.
Hay una conexión inseparable entre el falso maestro y el falso seguidor. Uno no puede prosperar sin el otro. Donde hay un pueblo que prefiere las mentiras cómodas a las verdades exigentes, siempre habrá alguien dispuesto a ofrecérselas. Por eso el simple hecho de que alguien tenga multitudes no es garantía de que esté predicando la verdad.
Pero lejos de esto ser motivo de desesperanza, el pastor Núñez señala que Dios es soberano incluso sobre este fenómeno. Los falsos maestros han sido permitidos con un propósito: atraer hacia sí a los cabritos, a los falsos seguidores, y de esa manera dejar las iglesias más llenas de verdaderas ovejas. Lo que parece un desastre eclesiástico forma parte del gobierno de un Dios que no ha perdido el control.
Las verdaderas ovejas del Señor, en cambio, saben escuchar y discernir la voz de su Pastor. No se conformarán con ningún sustituto. La dieta de Dios —su Palabra fiel y sin adulteración— es lo único que las satisface verdaderamente.