Miguel Núñez • 27 octubre, 2023
Ningún ser humano puede ofrecer cobertura espiritual a otro. Esta es la afirmación central de esta tesis, y tiene implicaciones directas para una práctica que se ha vuelto alarmantemente común en las iglesias latinoamericanas de hoy. Con frecuencia se escucha cómo ciertos ministros amenazan con retirar su supuesta "cobertura espiritual" a quienes se atreven a disentir de su enseñanza o simplemente deciden buscar una congregación donde la Palabra de Dios sea fielmente proclamada. Este tipo de manipulación no es solo un error pastoral, es una enseñanza completamente antibíblica.
La Escritura es clara: es Dios, y solo Dios, quien puede proteger y cubrir a sus hijos. El salmista lo expresó con hermosa precisión al declarar que quien habita al abrigo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente. Ningún pastor, ningún apóstol, ningún líder espiritual tiene en sus manos ese poder. Atribuirse esa autoridad no es humildad ministerial, sino una distorsión que juega con los temores y las emociones de personas que han sido redimidas por la sangre de Cristo.
El llamado, entonces, es volver a la cruz. Es en Cristo donde el creyente encuentra su verdadera protección, no en figuras humanas que condicionan su favor espiritual a la lealtad personal. Él prometió caminar con los suyos, y sus palabras antiguas siguen siendo tan firmes como siempre: aunque pases por las aguas, no te ahogarán; aunque pases por el fuego, no te quemarás. No temas, porque Él está contigo.