Miguel Núñez • 27 octubre, 2023
La práctica de liberación y autoliberación de demonios en creyentes, que se ha extendido con fuerza desde finales de los años noventa hasta nuestros días, no es una verdad espiritual profunda: es un error grave que nace de una mente que no ha sido formada por la Palabra de Dios. La idea de que todo cristiano tiene demonios o está poseído, y que por tanto necesita ser liberado por otra persona o incluso por sí mismo, ha generado libros, ministerios y prácticas que se presentan como avance espiritual, pero que en realidad contradicen de raíz lo que la Escritura enseña.
La razón es clara: cuando Cristo viene a la vida de una persona, esa persona es declarada libre por el Juez del universo. Lo que antes la esclavizaba —el pecado— ya no tiene dominio sobre ella. Pensar que alguien que ya es posesión de Dios, en quien ya mora el Espíritu Santo, todavía puede ser poseído por un demonio o necesita que alguien con un supuesto don de liberación venga a completar lo que Cristo ya hizo, es ir directamente en contra de la revelación divina.
La guerra espiritual es real, pero no es lo que muchos círculos describen. El pastor Núñez señala que Efesios nos habla de una guerra que es, en esencia, una batalla por la verdad contra la mentira: la mentira que Satanás ha sembrado en la mente de los seres humanos, frente a la verdad que Cristo vino a encarnar. Volver a la Palabra es la única respuesta sana ante esta confusión.
La promesa es firme: si el Hijo del Hombre te hace libre, eres verdaderamente libre. No a medias, no provisionalmente, no con la posibilidad de que un demonio siga habitando en ti. Libre.