Miguel Núñez • 3 junio, 2016
El conocimiento teológico sin transformación del corazón no es la meta de la Palabra de Dios; es apenas su punto de partida. Esta es la tensión que el pastor Núñez plantea en esta tesis: una generación joven que ha despertado a las doctrinas de la gracia, que estudia en seminarios, que lee con entusiasmo y se prepara con rigor, pero que corre el peligro de convertir la información teológica en un fin en sí mismo. Y cuando eso ocurre, el conocimiento no edifica, sino que envanece.
El apóstol Pablo ya lo advertía en 1 Corintios 8: el conocimiento envanece. Un gran cerebro con un corazón pequeño no produce ministros eficaces; produce personas que transmiten la verdad de una manera que el otro no quiere escuchar, y si no quiere escucharlos, tampoco querrá seguirlos. El daño que puede hacer alguien doctrinalmente preparado pero emocionalmente endurecido puede superar con creces el bien que buscaba hacer.
El llamado es claro: Dios no quiere solamente tu mente informada, quiere tu corazón agigantado por ese conocimiento. La mente informa, pero es el corazón transformado el que ministra. Cuando el conocimiento desciende de la cabeza al corazón, produce reverencia, sumisión a Dios, sujeción a su Palabra y una actitud de mutua humildad en las relaciones con los demás. Esas son las marcas de alguien que no solo sabe la verdad, sino que ha sido moldeado por ella.
Este es el recordatorio que el pastor Núñez dirige especialmente a pastores jóvenes, estudiantes y maestros de la Palabra: la preparación teológica es indispensable, pero nunca suficiente si el corazón no ha sido debidamente preparado delante de Dios.