Miguel Núñez • 15 abril, 2016
Hay una contradicción inquietante en muchas iglesias de hoy: el mismo creyente que trata a Dios con ligereza y poca reverencia, experimenta un temor profundo e incluso paralizante ante Satanás y sus actividades. Esta inversión no es accidental. El pastor Núñez señala que Satanás ha logrado precisamente lo que buscaba: desviar la atención de la iglesia hacia él mismo, y en eso ha conseguido una gran victoria.
La respuesta a esta distorsión no está en técnicas espirituales ni en estrategias de guerra, sino en regresar a lo que la revelación de Dios enseña. La Palabra llama al creyente a tener temor reverente de Dios, no de su enemigo. El salmista lo expresa con claridad: «Temed al Señor vosotros sus santos, pues nada les falta a aquellos que le temen». Ese temor no es angustia ni terror, sino la postura correcta del corazón ante quien realmente tiene toda autoridad y poder.
Desde esa postura nace la seguridad verdadera. Quien teme a Dios como corresponde descubre que vive bajo su cobertura y su protección, y que el enemigo que tanto intimida no es lo que parece. Satanás es un enemigo ya desarmado y derrotado. El llamado que resuena en esta tesis es directo: no temas a Satanás. El Dios de nuestra redención es el vencedor, y quienes le temen a él no tienen razón para temblar ante ninguna otra fuerza.