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La hiperconectividad y tu familia en esta cuarentena

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“Una de las cosas más peligrosas es pensar que la tecnología tiene un efecto neutro”.

John Dyer, Director tecnología-Seminario Teológico de Dallas

Las medidas impuestas para evitar la dispersión de la pandemia del COVID-19, han desencadenado un fuerte incremento del uso de recursos tecnológicos en nuestros hogares. Para una gran parte de las familias, las semanas de confinamiento han supuesto más tiempo delante de una pantalla, ya sea un teléfono inteligente, un televisor o un ordenador, en cualquier caso, nuestro espectáculo favorito, nuestros afectos y responsabilidades están siendo vistos durante la cuarentena a través de los pixeles de una pantalla. Solíamos no querer estar distraídos, ahora lo buscamos de múltiples formas.

Para confirmar mi enunciado, bastaría con invitarles a revisar las evidencias. Los reportes semanales del tiempo en pantalla de nuestros teléfonos móviles, afirman como centro de atención o adoración familiar a este dispositivo. Cuando padres e hijos están atrapados en casa, y las empresas de telecomunicaciones reportan un incremento de más de un 100% en uso de banda ancha fija en hogares, familias que ya tenían una penetración por encima del 80% en móviles, el resultado es que nos convertimos en lo que algunos llaman discípulos de pantallas.

El confinamiento revela nuestras prioridades, modifica nuestros hábitos, expone nuestro pecado, profundiza nuestras adicciones y dirige nuestra atención a los ídolos que adoramos. Si tomamos en cuenta la descripción de Juan Calvino al referirse al corazón humano como una fábrica de ídolos, pudiéramos agregar que nunca tuvimos más tiempo disponible para la fabricación.

La tecnología y los medios digitales han afectado positiva y negativamente de múltiples formas todas las esferas de la vida. Las familias no operan en un vacío, es por eso que la mayor tensión que enfrentan en este momento de aislamiento social los hogares identificados como cristianos es si aprovecharan este tiempo para vivir como verdaderos discípulos de Cristo, o serán familias distraídas del aburrimiento mediante Netflix, YouTube, Fortnite o Instagram. Debemos evitar la dicotomía de tener hogares digitalmente informados, conectados a altas velocidades de fibra óptica y sin embargo tener vidas espirituales en velocidades de dial up.

De acuerdo con un estudio recientemente publicado por la empresa de investigación Barna Group, el cual se llevó a cabo con jóvenes que han crecido como cristianos, en rangos de edades de 15 a 29 años, refleja que un joven pasa un estimado de 2,767 horas al año utilizando pantallas, mientras solo dedica 291 horas al consumo de contenido espiritual, existe un desbalance entre la ingesta de contenido espiritual y el tiempo dedicado al consumo digital. No es de extrañar ver como la generación Z (nativos digitales) son la generación con el menor % de cosmovisión bíblica de la historia de la humanidad, de acuerdo con otro estudio de la misma empresa. Como el principal predictor del consumo mediático de nuestros hijos, es el comportamiento digital de los padres, los patrones de consumo en gran parte lo definimos o permitimos nosotros, esta realidad que afecta toda una generación, ocurrió bajo nuestro turno de guardia.

Es importante entender los tiempos en que nos ha tocado ser padres, de hecho, entender estos cambios y saber qué hacer es una profunda idea bíblica (1 de Crónicas 12:32.) Sin importar la cohorte generacional a la que pertenezcamos, debemos ver la tecnología y el contexto a través de las verdades bíblicas, conocer el impacto y las implicaciones de la transformación digital en nuestras familias y saber que aunque el contexto es altamente disruptivo, la condición humana se mantiene sin alteración desde Génesis 3, tenemos una naturaleza caída, somos pecadores que necesitan un salvador y la buena noticia es que Dios eligió revelarse a sí mismo en forma análoga, en la persona de Jesús, Dios encarnado, quien vivió entre nosotros, murió en la cruz, resucitó, ascendió a los cielos, quien reina y quien vendrá nuevamente. Esa verdad no ha cambiado ni cambiará sin importar el confinamiento o el efecto de la crisis sanitaria, humana y económica que produzca la COVID-19.

Recomendaciones

El Discipulado familiar es una asignación dada por Dios, nuestra descripción de puesto como padres es ser obedientes y diligentes cuidadores de almas, en cualquier contexto y momento, tal como se nos instruye en Deuteronomio 6:6-7. Nuestro rol esencial se mantiene intacto en cuarentena: Cuidar a personas creadas por Dios, redimidas por su Hijo, que necesitan ser santificadas por su Espíritu. Ese cuidado es provisto por Dios y solo teniendo una fuerte comunión con El podemos llevar a cabo esa tarea.

Este es un tiempo propicio para estar atentos y ser intencionales en guardar nuestro corazón y el de nuestras familias, fijando nuestra atención en Cristo, como Pablo exhorta a los Corintios en 2 Corintios 3:18: Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu. (NBLA).

El reto en cuarentena es lograr que, en este contexto híbrido, la adoración digital no supere la vida devocional análoga en el hogar. En nuestros hogares el distanciamiento requerido no es social es digital. En palabras de G.K. Beale, “A lo que las personas veneran, se parecerán, ya sea para ruina o restauración”.

Algunos consejos prácticos a tomar en cuenta para la desintoxicación y bienestar digital durante este tiempo:

  • Establecer límites claros con respecto al consumo de pantallas, escribirlos y hacerlos visibles para cada miembro. Expertos recomiendan un promedio 3 horas al día de tiempo de pantalla, como excepción ante la situación de confinamiento. Tiempos en familia durante el día sin el uso de pantallas (análogos) deben ser fijados y asegurar adherencia a los mismos.
  • Conocer cuánto tiempo realmente pasan nuestros hijos en sus pantallas y asegurar descansos o recesos programados. Algunas dispositivos o aplicaciones que pueden acompañarte a establecer y medir estos tiempos podrían ser Qustodio, Google WiFI, Circle, MOMENT o simplemente ajustar sus dispositivos móviles (IPHONE/ANDROID) a medir el tiempo en pantalla.
  • Fijar horarios para las responsabilidades escolares. Las asignaciones virtuales deben tener un horario fijo de realización y de este modo evitar confusión con los tiempos de distracción y los de formación escolar.
  • Filtrado de noticias, establecer fuentes confiables de contenido noticioso que consumirán y compartirán vía sus redes sociales. Tener como meta respetar las políticas establecidas en los diferentes grupos o chats a los que pertenecen. Antes de compartir debemos preguntarnos: es verdad, edifica a la persona que recibe, es contenido coherente con lo establecido en el grupo que compartiré.
  • Continuidad de las disciplinas espirituales de manera individual y en familia mientras nos quedamos en casa. Este tiempo es propicio para asegurarnos que con toda diligencia guardamos nuestros corazones.

Dios nos ha encomendado educar a nuestros hijos en el entrenamiento y la instrucción del Señor (Efesios 6:4). Si abdicamos nuestra responsabilidad en medio de este tiempo de confusión y confinamiento, cosecharemos al debido tiempo las consecuencias. Situaciones como esta nos deberían llevar a que Dios sea quien ocupe el centro de nuestra atención y hasta que podamos unirnos en adoración a nuestra iglesia local, disfrutemos en familia de manera responsable las facilidades tecnológicas que tenemos, recibidas con acción de gracias, santificadas mediante la palabra de Dios y la oración. 1 Timoteo 4:4-5.

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Padre Cristiano, profesional del área de las Telecomunicaciones y Medios digitales en la República Dominicana. Al combinar su experiencia profesional y fe, ha dedicado varios años al análisis del impacto de la transformación digital en la vida espiritual de los jóvenes y la familia. Gabriel es un egresado del Instituto Integridad y Sabiduría, actualmente sirve como líder de un grupo pequeño y es coordinador de uno de los grupos de ujieres en la iglesia Bautista Internacional (IBI). Ha sido invitado por diferentes Colegios y Asociaciones Cristianas a compartir con padres, profesores y alumnos acerca de cómo la ubicuidad y el impacto de la era digital, están afectando como damos forma a nuestras almas. Gabriel vive en Santo Domingo junto a su esposa Teresita y sus dos hijos, Gabriela Marie y Gabriel Antonio. Puedes encontrarlo en Twitter @tellerias